La idea de Alan

Severus se removió en la cama. Movió la cabeza de un lado a otro y no sintió dolor alguno. Lo que sentía era calor. Estaba más cómodo que nunca en su vida. Había descansado mejor que en mucho tiempo.

Recordaba haberse tumbado en la cama la noche anterior, con un dolor intenso en la herida y una sensación de malestar que se había alargado todo el día. Debía haberse quedado dormido, no recordaba haberse metido en la cama.

Parpadeó un par de veces, pero dejó los ojos cerrados porque le molestaba la escasa luz que filtraba en el cuarto.

Respiró profundamente para estirar los pulmones y sintió una opresión, como algo pesado sobre el pecho. Desplazó su mano hacia la zona y sus dedos rozaron un montón de hebras suaves y sedosas.

Parpadeó de nuevo.

Sus ojos descendieron la cama y encontró lo último que esperaba ver.

Hermione Granger, estaba hecha un ovillo sobre la cama. Sostenía un paño seco en su mano, y apoyaba su cabeza sobre su pecho y sobre su cabeza descansaba su mano, enredada en los mechones castaños de la joven.

¿Qué diablos estaba haciendo ella en su cama?

Miró a su alrededor, buscando alguna explicación. Encontró el maletín con las pociones desperdigadas sobe la mesilla de noche, vendajes, y un par de barreños que seguramente la Noche anterior estuvieron rellenos con agua.

Se había quedado dormida, cuidando de él.

La mucha se removió, suspiró y acurrucó su cuerpo tendido sobre la colcha oscura junto al de Snape, que estaba dentro de la cama, seguramente en busca de calor. Al moverse, sus largos mechones castaños se desparramaron por la cama, sus labios quedaron entreabiertos y el primer botón de su camiseta se soltó del ojal, dejando ver el comienzo de su escote. La oscura mirada del hombre se deslizó por la cascada de mechones, y continuó deleitándose con la suave piel del cuello hasta el botón que se había desabrochado.

El olor a flores frescas de su perfume se apreciaba de lo cerca que estaba de ella. Hacía mucho tiempo que no tenia una mujer tan cerca, y mucho menos en su cama, ya fuera con conocimiento de causa o por casualidad.

Agitó la cabeza para apartar las imágenes y aquellos pensamientos de su mente. ¿En que estaba pensando? Granger no era una mujer. Era una niña.

Se apartó con cuidado de no despertarla, y se sentó al borde de la cama. No se encontraba mareado ni parecía dolerle nada. Retiró su pelo oscuro de los ojos. Y volvió su mirada hacia la joven aún dormida.

Recordó la mañana anterior. Había encontrado a la Gryffindor cotilleando entre las cosas de sus padres. Se había enfadado mucho, incluso ahora, al recordarlo se sentía enfadado. Él ya la había advertido que debería tener cuidado y no cotillear las cosas. Esa maldita sabelotodo tenia que meter sus narices en todo.

Se volvió de nuevo a mirarla y frunció el ceño. Un ligero sentimiento de culpabilidad le inundó por dentro. Se había pasado un poco. Ella había recibido un buen susto por culpa del Boggart y él en vez de tenerlo en cuenta, había perdido los papeles y había gritado más de la cuenta.

Pasó su mano por la cara y restregó los ojos.

No iba a disculparse, pero debería tener más cuidado con su carácter, A veces era demasiado fuerte.

Se levantó de la cama y la rodeó para acercarse a la Muchacha. Continuaba durmiendo. Estuvo tentado a despertarla pero tras unos instantes viéndola dormir tan profundamente, cambió de idea. Necesitaba descansar.

Severus se inclinó hacia el cuerpo menudo de la castaña, la levantó y la sujetó sobre su pecho para poder retirar la ropa de cama bajo ella. Ella era cálida, liviana y suave. Sus pequeñas manos se aferraron a la camisa, arrugada tras haber pasado la noche con ella.

Él dejó de respirar.

Hermione enterró la nariz en el cuello del hombre, entre sueños, Severus sintió el cálido aliento de la joven sobre su cuello y el murmullo algo inteligible susurrado en su oído. Aquello hizo que un escalofrío le recorriera como un latigazo por el cuerpo y que se le erizara el vello de la nuca. Retiró las mantas y las sabanas y la dejó sobre la cama tapándola hasta la barbilla y separándose rápidamente de ella y de su cuerpo menudo y cálido.

La castaña se enroscó nuevamente sobre si misma y se quedó quieta.

Snape le dio la espalda y salió de allí tan rápido como si le persiguiera el diablo.

El agua fresca de la ducha le sentó fenomenal e hizo que se le quitara e sofocón de los pensamientos sobre Granger. Tras cambiarse la ropa sucia Por unos pantalones limpios y una camisa sin arrugas. Retiró el pelo de la cara y cogió algo de abrigo. Tenía alguien a quien visitar.

Se apareció frente a una enorme verja de hierro forjado. Las bisagras Chirriaron al abrirse y despejar el camino de piedras que serpenteaba hasta una enorme mansión. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Las últimas veces que había visitado aquel lugar, había sido para encontrarse con el señor tenebroso.

Podía escuchar el sonido del agua de la fuente del jardín tras unos setos perfectamente recortados, y el incesante canto de varios pájaros de los árboles cercanos. Parecía que tras la muerte del señor tenebroso todo había vuelto a su lugar.

Legó hasta la puerta de madera oscura enorme de la entrada y alzó la mano para tocar con a aldaba, pero no le dio tiempo a llamar. La puerta se abrió lentamente hacia el oscuro interior, revelando entre las sombras una figura oscura, delgada y alta.

-Severus Snape…No estas muerto, después de todo.

El hombre entrecerró los ojos e intentó distinguir aquella voz que arrastraba las palabras. La asociaba a alguien pero…no podía ser…

Se adentró un paso y tras acostumbrarse a la oscuridad del interior. Pudo reconocer la figura.

-Draco. Al parecer tu también estas bien...

Le examinó con la mirada. No parecía el muchacho asustadizo que había visto al última vez, había crecido un poco más. Sus hombros parecían más anchos, o quizá fuera aquel elegante traje de negocios que llevaba. Sus mechones rubios estaban apartados del rostro repeinados hacia atrás y su rostro había perdido todo rastro infantil que pudiera conservar.

-ha pasado mucho tiempo.- susurró Snape

-Solo un mes y un par de semanas, pero el mundo ha cambiado tanto que parecen años.

Snape recorrió con su mirada la entrada. No se escuchaba ningún ruido en la casa.

El joven Malfoy, se removió incómodo de pronto. Y retrocedió un paso.

-¿No vas a ponerme al día? ¿Qué hay de los mortífagos, de tus padres, de todo lo que pasa? Te aseguro que levo todo este tiempo ajeno a todo.

-disculpa mi grosería, pasa no nos quedemos aquí de pie.

Se encaminaron hasta el salón principal . había un par de orejeros frente al fuego, y un libro con la página marcada, además de una copa servida. Al parecer había interrumpido el rato de relax de Draco.

-toma asiento. ¿Te apetece tomar algo?

-Un whiskey de fuego por favor.

El joven sirvió la copa y la dejó en la mesa cerca del sofá donde se había sentado el hombre. Pero él no se sentó. Sino que se paseó por la alfombra, degustando su propia copa.

-me preguntaba si vendrías alguna vez.

-Tu familia es lo más parecido a una familia que me queda. Soy tu padrino Draco, aunque no o creas, me preocupo por ti.

-tiene gracia que seas tu el que te preocupas, cuando eres tu el que has estado al borde de la muerte.

-¿tan grave ha sido?

El joven rubio, sonrió levemente al ver la mueca burlona en los finos labios de su padrino.

-¿Dónde están tus padres?

-en el ministerio. Ahora tenemos que arreglar muchas cosas en lo que se refiere a limpiar nuestro nombre. – Snape vio como una mueca sarcástica cruzaba el rostro del joven mago. – Al parecer ,Potter ha hablado en nuestro favor. Mi madre salvó su vida. San potter y su necesidad por hacer el bien. – escupió el joven.

-así que tus padres serán exculpados.

-si, pero no será tan fácil, les están sometiendo a una especie de juicio, tendrán que pagar por todo lo que hemos hecho. El dinero arreglará una gran parte, pero mi padre quizás pase un tiempo en Azkaban.

-Narcisa estará desolada.

Los labios finos de Draco se fruncieron y asintió a penas perceptiblemente.

- Se oye mucho sobre ti sobre todo en la prensa. Has sido noticia en los últimos tiempos.

Severus gruñó ante el giro que había dado la conversación. No le agradaba nada saber que se decía de él. Había pasado el último mes en la cama ignorando que sucedía a su alrededor. Había intentado olvidar lo sucedido durante el último mes, pero los recuerdos de aquella noche en la casa de los gritos, y de las últimas atrocidades que había tenido que cometer desde el regreso del señor tenebroso le atormentaban cuando intentaba dormir. No quería saber lo que el mundo pensaba de él , o mejor dicho lo que el mundo imaginaba que sabía de él.

-se oirán estupideces

-Si, nadie sabe muy bien como te salvaste. Solo se sabe que Potter te defiende con ahínco.

-supongo que le debo mi vida- dijo el hombre con resquemor – al menos en parte.

-¿en parte?

-la que más tiene que ver en todo esto es Hermione Granger

-¿Granger?- Draco apartó la copa de sus labios que formaban un gesto entre incredulidad y asco.

-ha estado cuidando de mi este tiempo.- reconoció a regañadientes Snape.

- vaya…que interesante noticia.- de pronto El joven parecía interesado- Con una cuidadora personificada y nada mas y nada menos que la niña lista de Gryffindor. ¿y a que se debe?

-circunstancias puntuales

Snape parecía reacio a dar más explicaciones del asunto y desvió el tema.

-¿y que hay de ti?

- intento adaptarme. He conseguido trabajo en el ministerio. Un buen puesto en el departamento de seguridad que hay paralelo al de los aurores.

-¿Cómo lo conseguiste?

-es un departamento de nueva creación, más cercano a la gente de la calle que los aurores, que están más especializados en situaciones de emergencia. Ahora mismo ese departamento está saturado y hacía falta a gente para resolver problemas más cotidianos además de todo lo relacionado con el señor tenebroso y la captura de seguidores. Necesitaban gente joven y mi padre aún tiene contactos y gente que le debe favores.

-¿te gusta?

-es un buen trabajo. Aún estoy en el despacho, me encargo de temas burocráticos, pero no descarto el trabajo de campo a pie de calle.

Severus sonrió levemente. Se sentía orgulloso de Draco. Había errado en algunas decisiones, pero había salido.

-en fin, creo que será mejor que vuelva, si no quiero escuchar las inoportunas quejas de cierta sabelotodo impertinente.

- parece como si tuvieras miedo.

-si…tiemblo ante la idea de uno de sus sermones.

Snape se levantó del confortable asiento y se colocó a la altura del joven.

-siento que hayas venido en el momento en que no estaban aquí. - dijo Malfoy

-no es un problema, puedo volver en cualquier otro momento, me gustaría hablar con…

-Severus.

La voz de mujer resonó por toda al estancia a pesar de que a penas había sususrrado el nombre.

Los dos hombres se volvieron y encontraron al figura de Narcisa Malfoy.

-pensé que no volverías por aquí.


Hermione se estiró entre las mantas aún en duermevela. Se encontraba tan cómoda que no quiso moverse. Más aún, enterró la cara en el colchón y aspiró el aroma a especias. Era como...como…era un olor conocido, como la sala de ingredientes de Hogwarts, se sintió embriagada por él. Parpadeó y entreabrió los ojos Ligeramente. Sentía el peso de las numerosas mantas sobre ella dándole un calor muy confortable, estaba tan agustito en la cama.

No había luz que la molestara pues aún estaba oscuro en la habitación se acurrucó de nuevo y se explayó. "cinco minutos mas" pensó. "Snape puede esperar hoy" al fin y al cabo la noche anterior le había dedicado mucho tiempo a que se mejorara. Estaba tan cansada que había dormido como una marmota. No recordaba ni haberse metido en la cama.

Un momento.

Despegó un ojo y miró a su alrededor. ¿Sábanas oscuras y colcha oscura?, ¿cortinas verdes que tapaban la luz solar?

Se incorporó como movida por un resorte. Y miró a su alrededor.

¡oh Merlín! ¡Había dormido en la habitación de Snape!

¡En su cama!, ¡con el!, ¡oh Merlín, y el ya no estaba en la cama así que la había visto!. Solo esperaba no haber cometido ninguna locura.

Se levantó rápidamente e intentó recordar. Había estado intentando bajarle la fiebre, pero no recordaba haberse metido en la cama con el o nada parecido.

¿La habría metido el?

"¡Maldito pervertido!"

Se levantó rápidamente y se metió en la ducha intentando recordar algo pero fue imposible. Aún media hora después seguía dándole vueltas pero lo que mas le alteró fue comprobar que la imagen que le devolvía el espejo empañado, con sus mejillas sonrojadas de solopensarlo.

El timbre la sacó rápidamente de sus pensamientos. Se puso con dificultad los vaqueros por la piel húmeda y la camiseta sin mirar. Para bajar las escaleras a toda prisa.

Al abrir la puerta de la calle encontró para su sorpresa la figura alta de Ron que sujetaba entre sus manos un ramillete de flores destratado, de colores muy vivos.

-Ron… ¿Qué haces aquí?

-eh…yo…- el pelirrojo, que nunca había sido muy locuaz se había vuelto del color de la grana y sus enormes manos parecían no poder estar quietas. Y cada vez retorcían más el envoltorio del maltratado ramo.

-¿si?

-me preguntaba si…querrías salir a dar una vuelta, tu y yo. Pensé que…necesitabas despejarte.

La castaña le miró sorprendida. Se presentaba allí, sin avisar ni nada, con un ramo de flores. Y el solo. Aquello sonaba a cita. Se mordió la lengua para evitar reírse po el intento tan torpe del pelirrojo por sonar casual. Resultaba muy mono.

-si, vale.

Una sonrisa idiota se dibujó en el rostro pecoso de su amigo. Que la contempló de arriba abajo.

-Hermione ¿Por qué llevas la camiseta del revés?

Fue el turno de la castaña sonrojarse.

-deja que me cambie. En cinco minutos bajo.

-claro cinco minutos- respondió el vi8endola desaparecer escaleras arriba. – un momento Hermione, esta es la casa de Snape, ¿Qué haré si aparece?

-intenta no cabrearle

Genial, una gran idea. Solo esperaba que no apareciera en esos cinco minutos. Ya sería mala suerte.


Pero Severus estaba lejos de allí. Se encontraba en el salón de los Malfoy, paseándose ante la chimenea, y contemplando de reojo la pálida piel del rostro de Narcissa Malfoy. La mujer, parecía agotada, y tenía entre sus manos temblorosas una pequeña copa que le había traído uno de los elfos domésticos.

- Es bueno verte y saber que estas bien Severus. Nos has tenido preocupados. Desapareciste la noche que el señor tenebroso atacó Hogwarts.

-Las cosas se complicaron.

La mujer frunció los labios. Y palideció aún más. Aún recordaba con temor la mentira hacia su señor y el miedo en su cuerpo a haber perdido a su hijo o a perder su propia vida si él la descubría.

-¿Qué fue lo que pasó?

La mujer cogió aire y rememoró en su memoria lo ocurrido en aquella terrorífica noche. Recordaba el bosque oscuro el olor a tierra húmeda, el sonido de los animales salvajes que aquel lugar escondía. Tenía gravado en su mente el fogonazo de luz verde y el cuerpo de Potter tendido en el suelo.

-Potter estaba allí, le había plantado cara al señor tenebroso y había muerto por ello. Estaba pálido, inmóvil. Había caído sobre él la maldición imperdonable de la muerte, el Avada Kedavra. Pero…al acercarme a él, pude sentir el calor de su cuerpo y como su corazón seguía funcionando. Recordé a mi hijo que aún estaba en Hogwarts y Potter venía de allí. Tenía que saber si Draco aún estaba vivo. Así que me pegué a su pecho fingiendo explorarle y le pregunté por mi hijo.

-Traicionaste al señor tenebroso ante él. Le mentiste.

La mujer parecía a punto de echarse a llorar. Sus labios estaban crispados en una mueca de auténtico disgusto, era como si reviviera en su mente paso a paso lo ocurrido.

-cometió el error de creerme, y con ello llegó su caída. Como bien sabrás.

Severus asintió gravemente. Aquello ya lo sabía.

-nunca supimos que pasó contigo.

-Me quería muerto, para poder llevar a cabo sus planes. Y casi lo consiguió.

El hombre soltó los primeros botones de la túnica que llevaba y mostró el aparatoso vendaje del cuello.

La mujer ahogó un grito y se tapó la boca con la mano.

-¡por Merlín Severus!,¿ cómo sobreviviste?

-Potter, y su sentido del honor y por supuesto,y… la buena mano de Granger que ha sabido tratarme.

Volvió a tapar la herida y contempló a la mujer que había cambiado la forma de mirarle.

Aún era muy hermosa, conservaba la figura delgada y el porte elegante de su tierna juventud. Sus cabellos rubios conservaban su color natural, y su piel de porcelana no tenía ni una arruga, sin embargo, aquellos ojos grises, altivos y orgullosos, estaban llenos de tristeza y dolor. Severus sabia que algo le pasaba, Pero si ella decidía contárselo o no, era decisión suya. Era paciente. Y sabía que al final ella confiaría en el, solo necesitaba tiempo.

-Siempre fuiste tan valiente…

Se acercó a ella y se sentó a su lado en el sofá. Parecía tan derrumbada.

-yo Siempre he tenido tanto miedo por mi familia y por mí…

-no era valiente Cissy, solo no he tenido nada que perder. Él ya me lo arrebató todo hace mucho tiempo.

La mujer alzó la mirada y clavó sus ojos grises en los pozos oscuros del hombre. Había dolor en aquella mirada fría, siempre había existido ese dolor desde la muerte de la única mujer que había amado toda su vida.

Lily Potter.


Severus volvió al atardecer a la casa. no se oía ningún ruido. Buscó a Granger en su cuarto, en la biblioteca y en la cocina pero parecía no estar. Al pasar por su habitación encontró todo colocado, la cama bien hecha, y las cosas en su sitio. Se preguntó que habría paensado Granger al amanecer en su cama, quizá tenía que haber esperado para poder ver su rostro de desconcierto al abrir los ojos y encontrarse tendida sobre su pecho. No, había hecho bien marchándose, se había sentido, incómodo, como un adolescente de quince años hormonado. No había sido capaz de contener sus instintos, y por un instante había deseado permanecer allí , al abrigo del calor humano que le proporcionaba la joven.

Suspiró.

Se sirvió un Whiskey de Fuego, y miró por la ventana el ocaso, pronto se haría de noche. La madera del suelo crujió a sus espaldas, sus sentidos se dispararon y le faltó un segundo para sacar la varita y apuntar con ella a la persona que estaba de espaldas a él.

-eh , eh…cálmate

Severus bajó lentamente la varita y dejo de apuntar al joven medimago que se había colado en su casa. Alan Cleveland, el "amiguito" de Granger.

El medimago llevó una mano su pecho y resopló con alivio

-creí que iba a matarme

-créame Doctor, he estado a punto.

Por un instante Alan palideció y miró a su alrededor, ¿Dónde estaba Hermione cuando la necesitaba?

-he venido a ver como se encontraba.

-perfectamente, ahora que ya lo ha visto.

-¿Dónde esta Hermione?

-No venía a verme a mi?

-si pero…

-entonces no necesita a la señorita Granger para nada.

-En realidad, con quien quiero hablar es con usted sobre ella.

Snape se volvió hacia é con curiosidad y dio un pequeño sorbo de su copa. Decidió que ser un poco correcto con aquel joven no le vendría mal.

-¿y bien?

Alan se paseó un poco por el salón como meditando lo que iba a decir o cómo iba a decirlo.

-he estado pensando en Hermione- el ceño de Snape se hundió en el entrecejo al poner cara de pocos amigos. – y he llegado a la conclusión de que es la mejor cualificada para ser medimaga que he conocido en mucho tiempo. Es aplicada, tiene interés, le pone entusiasmo...

-la señorita Granger, tiene que cursar el último curso de Hogwarts que empieza en un par de semanas.

-Ya…pero realmente, para esto solo necesitaría un éxtasis en pociones. No todos los demás.

Snape se mantuvo en silencio, no entendía muy bien que era lo que pretendía.

-verá, conozco a…ciertos, cargos del ministerios encargados de este tema del acceso apuestos de trabajo. Hace falta un examen de acceso que consiste en la destreza en pociones y algo de temario relacionado con la medicina mágica para acceder a Esta profesión, y después solo tiene que ser acogida como aprendiz de un medimago.

-no entiendo muy bien a donde quiere llegar.

-es muy sencillo. Podría hablar con estos amigos del ministerio para que se hiciera un excepción con Hermione para que no perdiera un año en repetir el curso de Hogwarts entero. Y así podría hacer el examen de acceso a San Mungo.

-la señorita Granger, no tiene el nivel en pociones suficiente para superar ese examen si no cursa séptimo.

-Ahí es donde entra usted.

Alan parecía emocionado y se acercó a é aferrándole por el hombro amistosamente, como si se conocieran de toda la vida. El gesto de Snape se agrió e intentó apartarse de él sin miramientos.

-Piénselo Snape, seguro que en su vida ha tenido una alumna tan talentosa, ella está destinada ser medimaga, Yo puedo tomarla de aprendiz, pero necesito que usted la ayude a entrar, Quiero que sea su profesor privado.

-esta loco. No pienso ser el profesor de nadie

-¿Por qué no? Lleva siendo profesor diecisiete años.

-no tuve más remedio, no pienso volver a Hogwarts.

-pues quédese aquí, tendrá tiempo de sobra para enseñarla. Solo serán unos meses. Después ella será medimaga y desaparecerá de su vida.

-olvídelo Cleveland. No voy a ser profesor de nadie, Granger , tendrá que apañárselas de otro modo.

El joven frunció él ceño y se apartó de él.

-De cualquier modo, piénselo, se lo debe y ella necesita su ayuda. - Snape se volvió de nuevo hacia la ventana dándole la espalda. – tengo que volver a San Mungo, solo espero que el próximo día haya meditado su respuesta y piense un poco en la joven que le ha salvado la vida.

Severus se quedó solo, sus manos se cerraron en un puño apretado y tiró la copa al suelo. Malditos fueran todos, Creían que iban a controlarle a él así como así. Primero había sido Dumbledore con sus juegos estupidos de palabras y tocando los resortes que más daño le hacían para así conseguir de é lo que quería.

Y ahora, ese niñato rubio de San Mungo , venía haciendo de juez de la justicia. ¿Qué se lo debía? ¿Por qué?

Ella le había salvado la vida por voluntad propia, él no se lo había pedido. Preferiría que le hubiera dejado morir antes que manejarle así con semejante escusa.

Si quería que Granger fuera una maestra en pociones mejor que se buscara a otro.

La puerta de la calle se abrió y snape se volvió enojado deseando que no fuera de nuevo ese medimago engreído.

Resulto ser granger, que llegaba sonriente y acompañada.

Se levantó y se acercó hasta la entrada.

- Ya pensé que se había marchado Granger, pero ya veo que solo estaba en…pésimas compañías.

Ron, había perdido la capacidad de hablar, y se había quedado tan blanco que hasta as pecas habían perdido color.

-bueno…mejor me voy, nos vemos el sábado Hermione.

Le falto tiempo para desaparecer y cerrar la puerta de la calle.

La castaña se volvió hacia el hombre. Enojada.

-veo que ya esta muy bien – dijo mordazmente

-Oh, no lo crea Granger, si lo estuviera, habría sido o suficientemente rápido como para transformar a ese zoquete pelirrojo en una zanahoria o algo útil.

Los ojos miel de la castaña rodaron y suspiró.

No tenía remedio.


Hola a todas :)

FELIZ AÑO!

uf al final he tardado más en actualizar de lo que esperaba porque he tenido que viajar :S espero que me perdonéis y que este capitulo lo compense ^^

Muchísimas gracias a todas las que lo leéis y que me comentáis vuestras dudas, sugerencias, insultos, maleficios y demás en los reviews jajaja y por supuesto muchísimas gracias a todos aquellos que lo leen en el anonimato . todavía hay gente que esta descubriendo la historia y que también les gusta ^^ solo deseo seguir enganchandoos con mis locuras por son una y exclusivamente para vosotras :D

sevillana: ¿Que te pasa? mi loquisima favorita! Confiesa, puedes hacer legremancia no? Siempre te me adelantas jajajaj. Espero que este capitulo satisfaga todo lo que me has pedido en tu comentario ;)

gracias tambien a Aracei y a Dary que no tienen cuenta y no puedo agradecérselo por respuesta privada.

A todas las demás creo que os estoy respondiendo los comentarios si no es así, os dejo que me mandéis un maleficio por mi despiste, el próximo prometo responderlo solucionando todas vuestras dudas :)

UN BESOOOOOO