hola a todos pirmero pedir mil perdones a todos aquellos que seguis la historia y que os gusta que se actualice pronto, ha sido terrible pro mi parte haceros esperar tanto :( pero mi vida ha dado un gran giro, he conocido a mi Severus Snape, y necesitaba tiempo para amoldar mi vida a una nueva persoan con quien compartirla y a un cambio de pasar de ser estudiante a la vida laboral, por ello he tenido mucho menos tiempo de hacer lo que me gusta q es escribir , solo porque se que hay gente al otro lado que le gusta leer lo que escribo.

A todos vosotros, mil perdones, especialmente a todos aquellos que me habeis maldecido pro abandonaros, prometo que ahora q mi vida esta más ordenada intentaré actualizar más frecuentemente.

un besazo a todooooooooooooooos

espero que os guste!


Cambio de planes.

El fuego crepitaba en la pequeña chimenea del salón en aquella Lúgubre casa de la calle la hilandera. Era glorioso estar allí sentado, frente al fuego, mientras la lluvia empapaba el exterior. Severus apartó por un segundo la vista de su interesante libro de pociones que había rescatado de lo alto de una de las estanterías, para echar un vistazo al reloj de pared. Eran las nueve de la noche y Granger, aún no había salido de su habitación.

Ya habían pasado varias horas desde que habían llegado de la comida y la joven Gryffindor, había subido directamente desde la puerta de la calle hasta el piso de arriba donde solo había escuchado el golpe seco de la puerta al cerrarse.

No tenía que echarle mucha imaginación al asunto para saber que pasaba con Granger, no tenía más que recordar su cara de disgusto cuando Molly Weasley anunció ante todos la admisión de su hijo Ronald en el equipo de los Chuddley cannons. La joven a penas había hablado mucho más durante lo que restaba de la cena y después de despedirse brevemente se habían marchado de allí sin demorarse demasiado. Severus suspiró y pasó una hoja más del libro que leía. No debía alegrarse de la desgracia de la joven pero aquello había hecho que tuviera que sufrir menos la agonía de permanecer en aquella fiesta más tiempo. Además por otra parte no le vendría mal un poco de distanciamiento con ese pelirrojo descerebrado. Granger era una joven culta con un futuro laboral seguramente brillante. Su lado no estaba al de un jugador de Quiddicht famoso, arruinaría su futuro.

Pero ¿Qué futuro? Las palabras de Alan a cerca de las habilidades como medimaga de Hermione no hacían mas que darle vueltas a la cabeza. Su negativa había sido muy rotunda al principio pero cada vez estaba más convencido de que la joven realmente valía para ello. Aquella misma tarde se lo había demostrado al llevar sus medicinas por precaución, y al contemplar solo su lenguaje corporal había sabido que necesitaba.

Apartó el libro de sus manos desistiendo de la lectura poco productiva. Había releído el mismo renglón tres veces y no recordaba que decía.

Contempló el fuego ensimismado. Lo que Alan le había propuesto no estaba tan mal. Granger, pasaba mucho tiempo con el ahora que cuidaba de su herida. No estaría mal aprovechar ese tiempo en enseñarla lo que necesitaba saber sobre pociones. Al fin ya l cabo Granger era una buena alumna, no es como si fuera a tratar de enseñar a Longbottom.

Severus salio de su ensimismamiento al sentir el leve movimiento de las cortinas. Se giró bruscamente y apuntó detrás de el a al figura alta que había aparecido en el salón.

-no esperaba verle

Severus gruñó y guardó la varita, maldiciendo al medimago que dejaba con toda tranquilidad sus cosas sobre el sofá como si estuviera en su casa, aquello le hizo fruncir el ceño. Aquel maldito polluelo rubio se tomaba muchas confianzas.

-yo no esperaba tener que volver a verle- respondió con acritud.

- si bueno, puede que no, pero esa herida está pidiendo a gritos que le echen un vistazo y…- sus ojos vagaron por el cuarto- en vista de que Hermione no está… voy a ser yo quien la mire.

Snape desabrochó los primeros botones del cuello fulminándole con la mirada. Solo dese prisa y déjeme relajarme con mi lectura.

- ¿Dónde está Hermione?

- se encuentra indispuesta. Esta descansando.

- ¿En serio? Quizás deba pasar a verla por si es grave…

Snape miró el gesto Interrogatorio del medimago y alzó la ceja con ironía. Sería posible que Alan, que se movía por su casa con total libertad, le estuviera pidiendo permiso para ir a ver a Hermione.

- no soy el padre de la chica. Haz o que quieras.

-no se lo tome a mal pero... Tenía pensado hacerlo.

Los ojos oscuros de Snape rodaron y suspiró con cansancio, como si no lo supiera. Alan echó un vistazo rápido a la herida, sin levantar del todo la cura. Y valoró que estaba mejorando.

Igual era cosa suya pero juraría que había tardado muchísimo menos que cuando Hermione pululaba alrededor.

Cuando terminó de abrocharse el último botón de su túnica y se dirigió a las escaleras esperando a que el medimago le siguiera.

- y ha ocurrido algo para que Hermione se sintiera mal? ¿Alguna discusión… o algo?

- ¿insinúa que si soy el culpable Dr cleverland?

-no, no en absoluto – respondió a pesar de que su gesto decía todo lo contrario- solo preguntaba que podía haber sucedido.

-cansancio acumulado – respondió con ironía el hombre. – Los weasley pueden llegar a producir auténticos dolores de cabeza.

- entiendo…y esos weasley ¿han estado aquí?

- no, peor aún, hemos estado en su casa.

Alan contemplo el rostro serio del hombre mientras abría la puerta de una habitación. ¿Había dicho "hemos"?

- Vaya…

Alan se volvió hacia el interior de la habitación y encontró a la joven bruja tumbada sobre la cama dormida.

- realmente si estaba cansada. – dijo a la vez que pasaba al interior del cuarto.

Snape permaneció en el pasillo. Aquel cuarto no tenía nada de especial pero que fuera la habitación e Hermione hacía que tuviera una sensación extraña, como que no formaba parte de la casa de sus padres, sino que era un cuarto a parte. El cuarto estaba tal cual había estado siempre. La joven a penas tenía un par de efectos personales a la vista, y sin embargo el verla tumbada sobre la cama, hacía que se sintiera como un extraño en su propia casa.

Alan por el contrario se sentía perfectamente cómodo incluso invadiendo la intimidad de su joven alumna. Contempló como el medimago se acercó a la muchacha y la removió para poder meterla entre las sabanas. Hermione abrió los ojos levemente por el movimiento y el posó un dedo en sus labios

-es muy tarde, descansa – susurró y la joven se dio media vuelta entre las sabanas para continuar durmiendo.

Snape, no pudo evitar sentir una punzada extraña en el estómago. Él también había tenido entre sus brazos el cuerpo cálido de la joven y había hecho aquel mismo gesto de meterla entre las sábanas y arroparla. Y se preguntó por que Alan no se sentía tan incómodo con aquellos pequeños gestos de ternura como se sentía él.

Tal vez él no estaba hecho para ese tipo de cosas o Tal vez había pasado una vida demasiado larga solo.

Esperó al medimago en el salón y sirvió un par de copas con whiskey de fuego. Cuando el hombre apreció por las escaleras le ofreció una de las copas y asiento en el sofá.

-¿le preocupa algo?

-¿Qué le hace pensar eso?

-bueno, no todos los días desde que le conozco me ofrece una copa y asiento amablemente.

Severus admitió que tenía razón y decidió ir al grano.

- he estado pensando en lo que me dijo de Hermione, a cerca de sus cualidades como medimaga

- ¿y bien?

- puede que tenga algo de razón. – contestó ligeramente molesto ante el gesto de triunfo de Alan.

- bueno , eso es un gran paso, entonces, ¿será su maestro de pociones?

- no tan rápido. ¿En que consistiría exactamente el aprendizaje?

- bueno, sería prepararla igual que si fuera a examinarse de los ÉXTASIS y quizá un nivel un poco superior. Centrado principalmente en el ámbito que ella necesita.

- Podría enseñarle muchas cosas Señor cleverland debería especificar más.

- Bueno primero que aprenda lo que debería haber estudiado en Hogwarts y después hablaremos. Ella llevará un aprendizaje paralelo conmigo en San mungo o en alguna clase que yo le de. A partir de ahí sabrá que necesita aprender.

- ¿y esto se puede hacer?

- el caso de Hermione será particular, por su situación y demás. Creo que me darán el permiso. Sino se de buena tinta que la profesora McGonagall hablará por ella muy bien.

Ambos hombres quedaron en silencio mirando al vacío. Compartiendo el silencio y saboreando el líquido que llenaba sus copas.

- es consciente de que Granger es probablemente la mejor alumna que tendrá nunca ¿verdad?

La sonrisa de Alan iluminó su rostro aunque no apartó la vista del punto inefinido de la alfombra donde la tenía fijada.

- lo se muy bien, y eso es lo que más me anima de todo. Espero que llegue a ser una gran medimaga.

-¿Qué estas haciendo aquí Alan? Es tardísimo.

La figura delgada de la joven había aparecido sin hacer ningún ruido en el rellano de las escaleras. Tenía aún el ligero vestido de aquella tarde y el pelo alborotado de haber estado en la cama descansando.

- Herms, había venido a ver a mi paciente.

- tu paciente tiene que descansar, aún le duele la herida

Alan miró interrogativo a Snape ¿aquello era cierto? Y no se lo había dicho… frunció el ceño, y se enfurruño, su nueva alumna era mas aventajada de lo que esperaba realmente.

- será mejor que me vaya y mañana me pase otro rato. – dijo mientras se levantaba y recogía sus cosas.

- mañana vengo, que tengáis buena noche.

La castaña bajó a despedirle hasta el Hall y cuando se hubo cerrado la puerta con magia volvió hasta el salón.

- ¿no debería estar descansando?-preguntó la joven a Snape que a penas había abierto la boca para despedirse de Alan con un seco hasta luego.

- No siento la necesidad de una mama gallina que me proteja Granger.

-¿no? Vaya no parecía lo mismo esta tarde cuando tomó el antídoto contra el dolor que yo había recordado llevar.

La ironía en sus palabras y el golpe bajo hicieron acallar las quejas de Severus.

-no soy el único que necesita descansar Granger, al parecer no recuerda que se ha quedado dormida nada mas tumbarse en la cama.

- no soy yo la que esta enferma, profesor - replicó ella- soy la que esta cuidando de usted y la que valora si necesita o no descansar. Así que si quiere seguir leyendo que sea en la cama, no quiero que se quede trasnochando y que le pase algo por su cabezonería.

Severus la fulminó con la mirada oscura de sus ojos. Era realmente una sabelotodo insufrible.

…...

Los dos días siguientes a la charla que Snape mantuvo con Alan el medimago no apareció por la casa. No había comentado nada a Granger aún a cerca de su idea de que fuera medimaga, ni de su predisposición a ser su maestro en pociones si ella decidía seguir aquel futuro, pero no quería hacerlo hasta que Alan hubiera hablado con a dirección de Hogwarts y del consejo de medimago, por si aquello no era legal y al final no se lo permitían.

Mientras, Hermione seguía pululando por la casa levantando cada rincón abandonado y quitando la última mota de polvo que existiera en las esquinas. No era de extrañar ver los platos fregarse solos en la pila o la fregona y el cepillo danzando por las habitaciones.

Y por supuesto, la joven Gryffindor aún le atendía a el.

- quiere dejar de gruñir de una vez, no puede estar doliéndole tanto

- por supuesto que me duele, No sabe o que yo siento Granger así que no sea presuntuosa

La joven resopló y un mechón castaño se apartó de su frente arrugada por el enfado. Las curas diarias eran una rutina. La herida estaba tardando bastante en mejorar, pero ya se encontraba muchísimo mejor. A penas tenía fiebre ya, y el dolor había remitido hasta el punto de no necesitar calmante más que por las noches para poder conciliar bien su sueño, ya de por si disperso.

Realmente, no necesitaba la ayuda de Granger, podía hacerlo el solo perfectamente, pero debía admitir que le gustaba el trato de la castaña, las atenciones que ella le prestaba, porque era la primera vez en toda su vida que alguien le trataba así. Quizá por ello se comportaba de esa forma tan quejita e insoportable, solo por seguir teniendo a Granger pendiente de sus atenciones.

Sabía que pronto acabarían porque su mejoría sería demasiado evidente, pero, pensaba aprovechar al máximo los cuidados de la joven.

-realmente no puedo creer que sea tan insoportable, ya esta mucho mejor.

-A lo mejor no estoy tan bien

-se sentiría mejor si comiera algo más. A penas come nada de lo que le preparo

- no se que obsesión le ha entrado por ser la mujer de la casa perfecta Granger, pero le aseguro que no necesito que sea así. ¿Por que no retoma sus estudios en vez de limpiar y cocinar tanto?

-he leído varios de los libros de su biblioteca particular. Y son entretenidos pero no puedo estar todo el día leyendo

-en Hogwarts lo estaba.

-¿Y usted que sabe? Tenía mi vida ¿vale?

-Oh si… tomaba el te todos los días con las chicas de su casa y tenía citas todos los fines de semana con un chico diferente, Miss popular.

Severus vio como las pequeñas manos estrujaban el trapo con el que había limpiado la herida, con furia.

- Para su información hay cosas de mí que no sabe.

- ¿si? ¿Cómo que?, su amor imposible por el señor Weasley-cabeza- de–bludger? Créame Granger que hay pocas cosas que me pueda esconder, su rostro es como un libro abierto.

El gesto de la joven había perdido parte de su color y había pasado de la furia a la sorpresa ante el comentario, inesperado, sobre sus sentimientos.

-bueno, creo que este tema no es de su incumbencia- respondió lo más serena que pudo aunque le temblaba el parpado del ojo en un tic nervioso por la furia. – ahora si me disculpa, termine de curarse solo, tengo cosas q hacer.

Snape la vio salir del cuarto a toda prisa y frunció el ceño. Genial, gracias a su maldita bocaza Granger se había enfadado y no iba a terminar de curarle.

Seguro que había vuelto a las tareas de la casa.

Un estruendo de platos rotos y cosas caídas al suelo le sobresaltó y se llevó la mano a la cabeza restregando sus ojos cansados

Severus solo esperaba que Alan tardara poco en los trámites burocráticos o Hermione destrozaría la casa.

Enfadada, no, furiosa, NO, aún peor… muy pero que muy muy ¡CABREADA! Era exactamente así como se sentía Hermione tras su conversación accidental con Snape, aquel murciélago de pelo grasiento y lengua venenosa la hacía cabrearse con sus comentarios acidos a cerca de su vida personal, y de sus sentimientos hacia Weasley…

Ronald…¡ahgggg!, Le daban ganas de arrancarle la cabeza a mordiscos y entregársela a los hipogrifos más salvajes de todos . la furia se canalizó en su varita y a vajilla de cerámica cayo sobre la mesa con más ímpetu del debido, haciéndose pedazos.

Había malgastado siete años de su vida, enamorada de ese pedazo de idiota sin cerebro que no se enteraba de nada ¡nada!

Y ahora, la abandonaba en aquella estupida ciudad, y se iba con los chudly cans esos, dejó caer el cepillo y los trozos de la cerámica quedaron esparcidos por el suelo. Sin importarle se dejó caer a él clavandose algunos trozos en las palmas de las manos.

Y ahora él y su idiotez máxima estaría camino de firmar el contrato aquel…

Resopló.

Estaba cansada, cansada de ser la empollona, de responder siempre como se esperaba de ella. Quería cambiar, ser otra persona y disfrutar de os pequeños detalles que se había perdido en esos siete años.

Pero Ron le había hecho tanto daño…

-¿Hermione?

La muchacha no alzó la vista, no necesitaba hacerlo para saber que nuevamente Alan había aparecido en la casa sin avisar. Perfecto, ahora el la vería hecha una mierda.

Alan no podía creerse lo que estaba viendo. La cocina parecía un caos completo. Las ollas al fuego, los platos lavándose y secándose solos atravesando la cocina, la otra mitad d la vajilla rota en el suelo y un cepillo medio loco esparciendo los trozos de cerámica aún más, en vez de rejuntarlos todos. Y lo peor de todo es que el cuerpo menudo de Hermione estaba arrodillado en e suelo, con el pelo sobre la cara, sentada sobre los cristales rotos.

-¿Qué está pasando aquí? – realizó un movimiento de varita y la magia paró al instante, los cristales fueron a la basura el cepillo volvió a su lugar, y los cacharros sucios se quedaron en la pila en remojo.

Una vez fue seguro entrar allí Alan se acercó a la joven.

- ¿Qué haces aquí tirada Hermione? ¿Qué ha pasado? ¿ha sido Snape?

-ella quería gritar que si, que había sido Snape, pero no era cierto. Él se había limitado a decirle una verdad, una verdad que había desencadenado todo los sentimientos que ella había intentado aplastar y esconder en su interior. Negó con la cabeza ante la incapacidad de articular palabra. – Hermione cuéntame que ha pasado…

La castaña sorbió los mocos y se limpió uan lagruma de su mejilla con su mano ensangrentada por los cristales.

Alan se alarmó al ver la mano magullada. Y la ayudó a levantarse del suelo, sosteniéndola.

Alan la atrajo hacia sus brazos y la estrechó con cuidado contra su pecho.

-shhhh, todo estará bien – susurró el joven a pesar de no saber que pasaba con ella.

La castaña restregó su nariz contra la chaqueta azul del medimago sintiéndose confortada. Si no fuera por el…

Un carraspeo repentino les separó. La figura oscura de Severus Snape , estaba junto a la puerta. Atravesándoles con al mirada

-cuanto, amor- replicó con su tono ácido mientras miraba fijamente a Alan.

Hermione intentó ocultar su rostro entre los pliegues de la túnica de Alan, para que Snape no viera su estado. Pero el hombre no la miró en ningún momento, pues no apartaba su oscura mirada de Alan.

- esta lechuza lleva un mensaje con un sello de San Mungo y su nombre, Dr Cleverland… debe ser importante si ha venido hasta aquí, para buscarle.

Alan alargó la mano y la lechuza apoyada en la estantería alargó la pata para permitirle ver el mensaje, que leyó en a penas unos segundos.

- Podría usar la chimenea del salón? Tengo que comunicarme con alguien urgentemente.

Severus se apartó de la puerta dejándole pasar y él salió con rapidez de la cocina, dejándole a solas con la Gryffindor, que se había puesto a recoger cosas de espaldas a donde estaba él. No la veía el rostro, pero podía apreciar el temblor de su espalda por el llanto.

Alan a penas tardó unos minutos que se hicieron eternos en el silencio de la cocina, donde nada se había movido en su ausencia. El medimago se acercó a Hermione que había recobrado un poco la compostura a pesar de continuar con los ojos hinchados por el berrinche.

- Tengo que ir a algo urgente. Pero prometo volver esta tarde.- susurró acariciando las manos de la muchacha.- Si necesitas cualquier cosa, sabes donde puedes encontrarme. La red flu de mi despacho está abierta para ti.

Ella asintió sin decir nada y se volvió a hacer sus cosas.

Alan, Salió hacia al puerta principal , pero antes de llegar la mano blanca y fuerte de Snape le retuvo sujetándole por la manga de la túnica. Al alzar la vista sus ojos grises se clavaron en los oscuros del hombre, no dijo nada hablado , pero su mirada había dejado todo dicho.

A Severus Snape, no el gustaba su trato hacia Hermione.