San Mungo
Hermione escuchó la puerta de la calle cerrarse y sonrió. Snape se encontraba muchísimo mejor. Cada vez requería menos de sus atenciones. Ya eran contadas las veces que le curaba la herida. Sus funciones en aquella casa eran cada vez menos. Había terminado de ordenar todo y la casa parecía otra nueva, había terminado de arreglar el jardín o al menos la parte mas gorda, y su paciente estaba ya estupendo de la salud. Pero había algo en ella que no quería que las cosas cambiasen. Le gustaba la sensación de que él la necesitara, aunque fuera solo para atar bien la venda, porque se sentía mal… la hacía sentirse útil. Además la convivencia con Severus le suponía una concentración constante, pues era un hombre de lengua afilada, y requería las contestaciones necesarias para aplacar su mal humor. Aquello la mantenía despierta, entretenida, alejada de sus problemas como la marcha de ron o el retraso en la vuelta de sus padres.
Pero no todo eran disputas constantes con su profesor. También estaban los momentos de paz, los momentos en los que la conversación era interesante.
Había descubierto que Snape era un hombre muy entregado a sus estudios y que sabía una gran cantidad de cosas no solo referente a las pociones sino a otras materias. Y aquello le gustaba. Le gustaba saber que preguntara lo que preguntara el hombre sabía que debía contestar. Podía pasarse horas escuchándole hablar de cualquier tema que él le contara.
Lastima que sus palabras solo llenaran unos minutos. Pues era hombre de pocas palabras.
Alan entró en la cocina distrayéndola de sus pensamientos.
-Herms, Snape acaba de decirme que no sabes si quieres ser medimaga…- por su voz parecía disgustado.
-no es que no sepa Alan, es solo que quería pensarlo bien. Es mi futuro, quiero estar segura de que es lo que me gusta.
-Has pasado dos meses de tu vida cuidando de una persona que ni siquiera te caía bien. ¿Y no sabes si te gusta? Eso no lo hace cualquiera.
- bueno tampoco es que Snape sea tan horrible.
La ceja de Alan se alzó en un gesto escéptico y al miró fijamente.
-no me mires así , no era mi mejor amigo pero era mi profesor.
- era el hombre que mató a Albus Dumbledore.
-No, era el hombre que había salvado la vida de Harry. Mi mejor amigo. Por eso le salvé. Porque Harry me lo pidió.
- pero Harry no te pidió que te quedaras con el dos meses.
Ella se volvió y le dio la espalda.
-Alan no me presiones lo he estado meditando
-¿y?
- Alan…yo…
-¿Qué?
- ¿realmente crees que pueda ser una buena Medimaga?
- Si, se que vas a serlo. Sino no habría recorrido todos los departamentos ministeriales para que me concedieran mil permisos para evitar que volvieras a Hogwarts. Snape va a ayudarte, aprovéchate de ello. Aprende de él y vente conmigo a San Mungo para convertirte en una gran Medimaga.
Hermione se volvió dándole la espalda. Y se quedó pensativa. Aquello era una oportunidad de alargar un poco más su tiempo en aquella casa en compañía de Snape. Eso era lo que quería en aquel momento. No volver a su casa Muggle vacía o a casa de los Weasley donde oiría hablar de Ron. Quedarse allí le propiciaba una oportunidad para cambiar su vida.
- lo haré
Severus Snape alzó la vista de su periódico y la miró con la ceja alzada. Preguntándose de que hablaba.
-No me diga que va a volver a colocar todos los libros de la biblioteca, no creo que sea capaz de superar ver los libros por el suelo, otra vez
Ella frunció el ceño y se puso en jarras.
- muy gracioso, profesor, pero me refería a lo de ser medimaga.
Ahora fueron ambas cejas las que se alzaron en la frente de él.
- ¿y a que se debe ese…repentino cambio?
Sabía muy bien a que se debía pero, a sus oídos masoquistas les gustaría escuchar que era por aquel estúpido mequetrefe rubio trajeado.
- En realidad es solo una escusa para no volver a la casa de los Weasley. Si me quedo aquí estudiando pociones, no tendré que volver allí.
-si es por eso puede volver a su casa.
- La señora Weasley no lo permitirá sabiendo que mis padres aún no han vuelto. Instinto maternal supongo.
Severus se quedó mirándola pensativo
-Bueno ¿Qué me dice? ¿Aún sigue en pie su oferta para aprender pociones?
Una leve sonrisa salió de los labios de Snape. así que solo era una escusa para pasar más tiempo allí en su casa, con el. Al fin y al cabo no era tan terrible su compañía a pesar de las continuas discusiones.
-si, aunque en realidad solo sea un instrumento más en su malvada trama de librarse de la señora Weasley…
La joven se rió y se sentó a su lado con un par de vendas nuevas.
- no lo diga así, suena terrible…
El hombre sonrió levemente y dejó caer su cabeza hacia atrás en o que ella desabrochaba un poco su camisa para quitar todo el vendaje.
Era la única persona en la que confiaba plenamente para relajarse hasta el punto de cerrar los ojos y dejar que hiciera de él lo que quisiera.
Hermione contempló el rostro de Snape silenciosamente. Parecía relajado y tranquilo, con al respiración pausada y aún una mueca ligeramente divertida que nunca antes en sus seis años de profesor le había visto.
Era humano al fin y al cabo. Recordó que había estado enamorado de Lily. Él no sabía que ella conocía ese secreto suyo, quizás era mejor. No debía haberse enterado, aquello era algo privado suyo. Y tenía derecho a elegir si lo compartía o no…
Pensó en la madre de Harry y se preguntó que clase de relación tendría con Severus Snape, y por qué no había decidido casarse con él.
Era un hombre calmado e inteligente. Contempló su pecho medio descubierto. Y recordó como se definían los músculos en su cuerpo, aunque delgado, fibroso y en forma.
Sus dedos acariciaron la piel ya cicatrizada de la herida. Absorta en la textura y el cosquilleo que producía aquella caricia en su piel, sus dedos, siguieron deslizándose inconscientemente hasta el reborde de la camisa oscura, donde los botones abrochados no le dejaban seguir.
Sus labios se despegaron y dejaron escapar en un silencioso suspiro el aire. Mientras sus dedos recorrían de nuevo la misma distancia ascendiendo ahora, desde su pecho hasta su cuello. Y haciéndola sentir un cosquilleo agradable en el estómago.
Snape movió ligeramente la cabeza y su mano rozó contra el reborde de su mandíbula, la barba que comenzaba a salirle raspó su piel haciendo el cosquilleo aún más intenso.
¿Cómo sería rozar aquella piel con los labios?
Parpadeó.
Y despertó de su sueño sonrojándose. ¿En que estaba pensando?
Alcanzó el tarro con la crema que había estado aplicando en la herida en los últimos días intentando distraer su mente de sus pensamientos anteriores. Y contempló como estaba la herida. Quizás no debería vendarla de nuevo.
Snape abrió los ojos y vio como dejaba la venda sobre la mesa del salón. Se habían acabado. Había llegado el día. Su herida estaba lo suficientemente. Y las atenciones de Granger se habían acabado.
La mañana del lunes Hermione esperaba impaciente frente a los grandes almacenes de ladrillo rojo , con aspecto destartalado.
Había recibido su carta a noche del sábado, para que se presentara allí a primera hora de la mañana del lunes, y eso mismo había hecho. Había dejado una nota sobre la mesa de la cocina al salir de la casa pues Snape ya no estaba allí aquella mañana cuando se había levantado, y después de ponerse un vestido sencillo y unas sandalias cómodas, se había dirigido allí.
Alan tardó en presentarse diez minutos más desde su llegada. Nunca era puntual, así que tampoco tenía que extrañarse. Legaba sonriente, con el pelo alborotado y las mejillas encendidas. Había ido corriendo un buen trecho seguro.
Hermione se tapó con disimulo la boca para evitar que la viera reírse por su aspecto desarreglado.
- ¿llevas mucho esperando?
- lo cierto es que si, más de lo que me gustaría.
- lo siento, tuve que acercarme a por unos papeles para un paciente, y me los tenías que dar en una oficina dos pisos más abajo.
- si Alan si, la cuestión es… que llegas tarde. Como siempre.- bromeó ella.
- La cuestión n es señorita Granger, que aquí el maestro soy yo, y usted solo es la alumna así que, limítese a mantenerme contento y su nota será estupenda.
Hermione sonrió de nuevo, se sentí exultante aquella mañana, entusiasmada por conocer un poco como funcionaba aquello. Y se preguntaba si se parecería a lo que conocía de los hospitales muggles.
Alan la tomó de la mano y se acercó con disimulo al maniquí espantoso que había en el escaparate.
-Buenos días Bertha, ¿nos das permiso?
Hermione miró asombrada como el maniquí asentía casi imperceptiblemente y después solo sintió la mano cálida de Alan tirar de ella hacia adentro hasta una sala abarrotada de gente. Pestañeó entre horrorizada e impresionada. Aquello era como un zoo. Había gente con todo tipo de alteraciones. Parecía una película de terror de clase B
- ¿que es esto?
- Bienvenida a San Mungo preciosa.
Pasaron rápido al lado de un par de sanadores que tomaban nota a los magos y brujas que esperaban ser atendidos y Alan les saludó amablemente sin pararse a hablar con ellos.
Alan se acercó a un mostrador con una larga cola de personas en diferentes estados de transformación y se puso al lado de la mujer que estaba tras el mostrador atendiendo.
La mujer , que según ponía en un enorme rotulo en la pared de atrás se llamaba Dilys, dedicó una enorme sonrisa con tres dientes de oro a Alan.
-buenos días Dr Cleveland, que agradable sorpresa que venga a visitarme.
-Buenos días Dilys, verás necesito una bata para esta encantadora bruja que me acompaña
La mujer la examinó de pies a cabeza y sonrió de nuevo mientras se levantaba entusiasmada y les pedía que esperaran. Dejando a su compañera de recepción sola y a su fotografía del cuadro guiñando el ojo a Alan.
Hermione aún no se había recobrado de su impresión cuando La mujer de pelo plateado volvió con una bata blanca impoluta para ella.
Sonrió y le agradeció la mujer al cogerla y después siguió a Alan hacia el ascensor.
Había leído el cartel de las plantas y la especialidad de cada una pero, no sabía cual era la de Alan.
-¿Dónde vamos?
-tercera planta: envenenamientos producidos por pociones y plantas. . Respondió sonriente mientras la ayudaba a abrocharse la bata.
-gracias – dijo ella que estaba tan nerviosa que le costaba abrochar bien los botones.
- no me las des, es una autentica pena que tengas que ponértela. Estabas realmente preciosa con el vestido.
Hermione se sonrojó y apartó la vista. Ese era Alan, siempre soltando lo primero que pensaba. Incluso sin ser consciente que la estaba incomodando por a gran cantidad de gente que había con ellos en el ascensor y que se les había quedado mirando.
Por suerte, ninguno de los que subían bajó en la misma planta que ellos. Lo que significaba que ninguno era compañero de la misma planta y nadie sabría que Alan tenía cierta debilidad por su nueva alumna. Había varias puertas, con el nombre de diferentes salas en función de la gravedad. Alan la guió hasta la tercera puerta a la derecha y antes de entrar pudo ver un cartel: sanador responsable: Alan Cleveland , Sanador en prácticas: Hermione Granger
La muchacha miró a Alan sorprendida. Y este solo la guiño un ojo , antes de guiarla al interior de una sala pequeña. Con seis camas de las cuales solo cuatro estaban ocupadas.
-bueno Hermione Granger. Esto es una pequeña parte de mi mundo. Esta sala es mi responsabilidad, pero los otros dos sanadores y yo colaboramos en los pacientes de las cinco salas de esta planta.
-esto es… nunca lo hubiera imaginado así…
- Alan Sonrió – me alegro que te guste.
Hermione pasó todo el día intentando orientarse un poco en la sala que le había mostrado Alan. Solo eran cuatro pacientes pero daban mucho trabajo. Ayudó a Alan a recuperar la historia de o sucedido con cada uno de ellos. Saber que habían usado en cada poción o que habían manipulado. Era una entrevista meticulosa y a veces era difícil legar au na conclusión porque el paciente mentía o no colaboraba.
Le había explicado los síntomas más característicos de algunos envenenamientos, y donde estaban distribuidos los antídotos mas importantes en casos de urgencia.
Estaba tan emocionada que cuando el reloj de la sala de reuniones dio las siete se sorprendió de que fuera tan tarde. Había sido un día absolutamente fantástico.
Alan entró por la puerta y la miró sonriente.
-¿Cómo va?
-ya tengo la mayoría de los síntomas, la historia, he revisado su historial clínico y ya le ha pasado esto alguna vez. Podría ser que esta mujer cultivara ago que le de alergia.
-¿a cuestión es que? Habrá que investigarlo.
Hermione le miró con ojos como platos.
-¿lo sabías?
-¿Qué?
-que era alérgica a algo
-pues claro
-y a pesar de todo me has hecho escribir todo y hacer todo el trámite como si fuera un caso dificilísimo.
Alan se rió alegremente.
- esto me hace ver lo buena que eres en tu trabajo
- ya…
-prometo darte algo más difícil el próximo día, pero vayamos poco a poco.
Hermione sonrió levemente y se restregó los ojos con cansancio.
- había pensado que has trabajado genial y… bueno, ¿te apetece ir a cenar conmigo? Así celebraremos tu primer día de prácticas.
Ella sonrió encantada.
-por supuesto.
Snape, alzó la vista al reloj de su salón.
Las nueve.
Bebió un trago más de su copa. El mejor whiskey de fuego que tenía y le estaba sabiendo fatal. Suspiró y soltó una carcajada con amargura al ver las cajitas de lata donde estaban los ingredientes que había comprado aquella mañana para su clase con Granger.
Solo que al volver, Granger se había largado con aquel medimago.
Al final, todas eran iguales, Granger, Lily…
Restregó sus ojos con cansancio.
Y escucho la puerta de la calle abrirse. Los pasos suaves de Granger y el olor dulce a su perfume inundaros sus sentidos haciéndole sentir aún más amargado.
La joven apareció en el salón con su vestido ligero azulado y sus sandalias y le miró como si no le reconociera.
-profesor…
-vaya, al fin llega- dijo en tono agrio.
Ella le miró sorprendida y frunció levemente el ceño al darse cuenta de que algo no iba bien.
-¿es ese el nuevo uniforme de san mungo? No sabía que fuera cómo trabajar así de elegante.
- Alan me ha llevado a cenar al salir.
-entiendo, eso también entraba en el plan de su Profesor o simplemente quería llevarla a la cama
-No se atreva a insinuar nada de eso. Es solo un compañero de trabajo.
-¿que la lleva a cenar a un restaurante de gala un día cualquiera al salir del trabajo?
- Si tanto le molesta, ¿por qué no me lleva usted?
- céntrese en sus estudios Granger, le irá mejor que saliendo de cena por ahí hasta las tantas.
-céntrese en su vida Profesor, le irá mejor que meter las narices en la de los demás. Usted no es nadie, para decirme con quien debo o no salir y divertirme.
- Se lo diré mientras sea mi alumna le guste o no, esta en mi casa y es mi responsabilidad.
-no soy su hija, solo su pupila, no me diga que debo hacer y que no, he cuidado de mi siempre sin que usted estuviera ahí.
-estupida niña
-no soy ninguna niña
-si, una que cree que lo sabe todo y no sabe nada Granger
-y usted que sabe? Toda su vida solo, sin nadie, como un ermitaño envenenándose con sus propias pociones y su soledad. Y va a enseñarme a como debo socializarme con la gente, ¿cuando debo salir? NUNCA me oye NUNCA
Severus se acercó a ella. Acorralándola contra la pared.
Su figura parecía el doble de alta que otras veces, oscura, proyectando sombras en la habitación escasamente iluminada por las brasas del fuego. Rozando su cuerpo, casi encima de ella. Sin darle pie a escapar. Sus ojos se pusieron a la altura de los de ella brillando con una furia intensísima.
-no tiene ni idea de nada
A joven alzó la mano para abofetearle pero él fue más rápido y la sostuvo en alto contra la pared
-suéltame ahora mismo pedazo de…
El insulto quedó sofocado por su boca, que la devoró en un beso enfebrecido por la furia y la pasión.
Hermione sintió el peso del cuerpo del hombre contra ella y los labios acariciando en un baile desatado los suyos.
La soltó y sus bocas se separaron. Ella clavó sus ojos melados en él. Su respiración estaba agitada, y no sabía si era por la sorpresa, por la discusión o por la excitación del beso prohibido.
Los labios de Snape se vencieron de nuevo hacia su boca y aquella vez ella no se quedó atrás. Sus manos se deslizaron por su pelo y se devoraron uno a otro como si solo existiera ese segundo para ellos. Las mano de Severus la estrecharon contra él y su erección palpitante se clavó en la cadera de ella, haciéndola desear aún más. Desearlo entero y solo Para ella.
El gemido largo y sensual de la joven sacó de la realidad a Snape.
se apartó de ella.
¿Qué estaba haciendo?
Los labios de Hermione estaban enrojecidos, húmedos e hinchados, su pecho subía y bajaba con agitación. Y le miraba como si lo extraño fuera que se hubiera separado de ella.
Deseaba con toda su alma quedarse con ella, y hacerla suya, allí mismo, en aquel rincón.
Pero sus pasos le llevaron lejos de su deseable presa.
No, Granger era solo una niña. Y el solo un murciélago amargado y ahogado en whiskey de fuego.
Aquello no podía ser.
