Ginny.

La luz de la luna se colaba por el balcón esparciendo sus rayos tenues sobre la cama de Hermione. la joven se volteó por milésima vez para mirar el reloj que descansaba en la mesilla de noche. Las tres de la madrugada y había sido incapaz de cerrar los ojos tan siquiera.

Resopló.

Se levantó de la cama y se asomó al cristal del balcón. No se veía nada en la calle solo oscuridad. Su vista paseó por los árboles que adornaban la acera de enfrente y después por las casas silenciosas enfrente de la suya. Pero no servía de nada.

Seguía recordando a cada segundo el sabor del beso con Snape.

Dejó caer su frente sobre el cristal frío que alivió un poco sus ideas revolucionadas en su mente.

Aún no podía creerse lo sucedido. Era una locura. Severus Snape, el gran murciélago de slytherin besándo a alguien. A ELLA!

Y eso no era lo más sorprendente. Su reacción había sido lo más sorprendente. Le había gustado. Por todos los…magos de la historia, había sentido un cosquilleo agradable en el vientre, había deseado que la levantara en brazos y la estrechara contra su cuerpo fibroso.

Sin embargo el Severus Snape que conocía había resurgido de nuevo y había huído como alma que lleva el diablo escaleras arriba.

¿Qué le estaba sucediendo? Ni siquiera Ron Weasley la había hecho sentir así el día que la había besado.

Se dejó caer en la cama y cerró los ojos. Lo que más la intrigaba era que iba a hacer al día siguiente.

No, si que lo sabía. Aquello no sucedería más. Nunca más.

Aquella semana, fue una especie de infierno personal para Hermione. Severus estaba distanciado, más distanciado que nunca. Y aquel distanciamiento hacía que no hubiera comenzado aún con pociones avanzadas, pues ninguno de los dos se cruzaba más de tres segundos en la misma habitación o se dirigía la palabra. Hermione pasó las mañanas en san Mungo, centrada en superarse a si misma, para intentar sacar de la cabeza lo sucedido con Snape.


-buenos días Alan.

El hombre alzó sus ojos grises y miró extrañado su reloj.

-las 9 y media…

-si yo también se leer la hora – respondió ella escuetamente. Mientras se colocaba su bata nueva y dejaba los libros sobre su escritorio. Alan había tenido la amabilidad de pedir un escritorio pequeño para ella en su enorme despacho.

- solo me preguntaba… ¿Qué te hace madrugar tanto últimamente?

-bueno hacía un calor sofocante en casa y… así saldré antes por la tarde.- la joven mantenía una sonrisa nerviosa desde su llegada.

-cierto, será mejor que no te quedes todos los días hasta tan tarde o suspenderás pociones avanzadas.

Hermione empalideció instantáneamente. Cerró los ojos y respiró intentando tranquilizar los latidos de su corazón desbocado.

¿Quién la había mandado a ella meterse en semejante lío?

-si tienes razón. Ahora voy a concentrarme en mis cosas.- respondió recuperando aquella sonrisa amplia y poco convincente.

Alan sonrió. Pasaba mucho tiempo con Hermione y ella era realmente la mejor alumna que había tenido nunca. Aquello le hacía intentar superarse para enseñarle todo lo que supiera. Aunque si seguía así pronto le superaría.


Severus Snape, había madrugado esa mañana. Bueno, en realidad, no había descansado en Toda a noche. ¡Qué demonios! No había podido pegar ojo en toda la semana.

Maldita Granger.

En aquel momento, paseaba de un lado a otro de la habitación como un gato enjaulado. Se sentía Enfadado consigo mismo y no sabía si era por su reacción impulsiva de besar a la joven o por dejarla escapar cuando las propias manos de ella enredaban su pelo y sus labios le devoraban. Había pensado en ello toda la semana. Había evitado a toda costa cruzarse con ella. Pues aún podía oler el perfume de su cuerpo embriagándole, mientras se acomodaba en sus suaves curvas femeninas.

Sacudió la cabeza y aparto él recuerdo de su mente.

Como podía haberse dejado llevar así. Él. Severus Snape, el hombre que no tenía sentimientos. Se había dejado llevar hasta el punto de perder el control con aquella niña.

Por merlín que aquello había sido una equivocación. Se había dejado llevar por la furia, por la mirada de ella, por el sentimiento de lujuria que despertaba en el sus cabellos castaños cayendo en bucles sobre su rostro ovalado de piel suave.

Aún podía saborear el tacto de sus labios rojos por la furia de sus besos.

Granger se había rendido a él. La pregunta era ¿por qué?


Hermione llegó a la casa a las 3 de la tarde como había hecho esa última semana. Cargaba con un par de libros sobre remedios para los envenenamientos caseros más típicos y otro sobre plantas exóticas del mundo mágico que le había llamado la atención al verlo en el despacho de Alan. Subió las escaleras ,sigilosa, para no alertar a su profesor de que había llegado a la casa y se dirigió a su cuarto al fondo del pasillo.

Le esperaba un largo fin de semana. Alan tenía un importante evento y no estaría en a consulta, así que ella lo pasaría revisando pociones avanzadas. La pregunta era ¿cómo?

Desde la ventana del segundo piso se veía la hermosa tarde otoñal y apacible. Le daba pena encerrarse en la casa y más aún con el ambiente tenso que había en aquel lugar, pero, por otro lado, la perspectiva de un buen libro…

-Granger.

La voz gélida, sensual y suave hizo que se le erizase el vello de la nuca. Severus Snape la esperaba en la puerta de su habitación.

-buenas tardes pro- profesor

Snape miró a al joven con los vaqueros desgastados y el jersey de punto fino ajustado y sintió las mariposas removerle las tripas en su interior y sentir un escalofrío. Cogió aire y lo expulsó poco a poco intentando recuperar la compostura.

Había ensayado sus palabras toda la semana, incluso su actitud ante la joven Gryffindor, debía permanecer impasible ante ella como si nada hubiera sucedido. Sin embargo, sus rodillas habían flaqueado al oírla titubear al llamarle profesor.

-me ha sorprenduido encontrarla aquí tan pronto. He revisado sus horarios en san Mungo, y me he dado cuenta de que pasa demasiado tiempo allí. Sus clases de pociones deberán tener un horario estricto. No puedo permitir que se presente a semejante examen de pociones avanzadas nombrándome como su tutor y que me deje en vergüenza Granger.

Ella se mordió el labio y asintió. Él tenía toda al razón.

-¿Qué pretende pues?

-hablaré con el Dr Cleveland para que sus horarios sean más flexibles. Me he informado y por lo general, si usted no tiene el experto en pociones no debería pasar tanto tiempo en san Mungo. Sin embargo y…dado su "buena" relación con su mentor, su Caso es excepcional.

Hermione frunció el ceño ante a mención de su relación con Alan. Bueno , si era cierto que se llevaban bien pero era lógico. Disfrutaban estudiando juntos casos clínicos y él tenía mucho que enseñarle. "estúpido murciélago idiota… no es Alan el que me restriega su…ahg!"

-lo mejor será Granger que comencemos cuanto antes nuestras clases.

Ella asintió. Aunque lo que menos le apetecía era una tarde de clase con Severus Snape. pero no iba a demostrárselo, si él iba a actuar como si nada hubiera sucedido, genial. Ella no sería menos indiferente.

- ¿Cuándo empezamos?


Cuando el reloj del salón tocaba las nueve de la noche, Hermione despegó su pequeña nariz respingona del libro que le había entregado Snape. Aquel Maldito murciélago grasiento la había entregado tres enormes libros que hablaban solo de especies de plantas y de sus múltiples usos. Y le había recomendado que hiciera una lectura rápida pero a la vez intensa, de ellos, para así recuperar el tiempo perdido. Y ella había pasado toda la maldita tarde leyendo como si no hubiera otra cosa en el mundo mejor que hacer. La lectura era interesante, pero le resultaba soporífera. Y necesitaba despejarse.

Bajó al piso de abajo. Todas las habitaciones estaban a oscuras. Excepto el salón. Donde Sanpe estaba enfrascado en la lectura.

-Son las nueve- apuntó la castaña mirándole desde la puerta.

-una brillante anotación Granger, ahora entiendo por qué era usted la mejor de su curso según McGonagall. No creo que hubiera sido capaz de saberlo si usted no me lo dice.

Ella le miró enfurecida. Conseguía sacarla de sus casillas.

-Bien , ahora entiendo pues por qué no ha hecho nada de cena. Ni siquiera sabe en que hora vive.

Severus alzó la vista de su libo para verla voltearse hacia la cocina y encaminarse allí con su andar indignado.

Hermione casi gruñía en la cocina. Y sacaba los cacharros haciendo un estruendo espantoso, golpeando unos con otros sin querer por la furia contenida. ¿Qué había hecho ella para merecer semejante castigo?

Suspiro y puso al fuego una sartén para hacer algo de cena. Mientras escuchaba el silencio absoluto del resto de la casa. Snape era un hombre extraño que la desconcertaba. Hacía tan solo una semana se había abalanzado sobre ella para devorar su boca y recorrer con sus manos todos los rincones de su cuerpo, y ahora, cuando ella no era capaz de quitarse de la cabeza aquello, él actuaba como si nada hubiera sucedido, siendo igual de ácido en sus comentarios hacia ella y lo que era peor aún, comportándose como el murciélago de las mazmorras que había sido en sus seis años en Hogwarts. ¿por qué era tan complicado entender a los hombres?

Suspiró e intentó tranquilizarse, mientras removía con una cuchara de madera el contenido de una cacerola. No sabía que le indignaba más, el beso de su profesor, o el hecho de que el ignorara que ese hecho había ocurrido. Bueno, tampoco esperaba una declaración de amor, ni que él se abalanzara sobre ella cada vez que girara una esquina, pero había disfrutado tanto de aquel beso frugal… aquel cosquilleo en su vientre, y la calidez de su cuerpo sobre el de ella.

Aparto un mechón rebelde de su cara, y sonrió con amargura.

-estaba destinada a que los hombres mostraran interés por ella y después desaparecían de su vida sin explicación. Krum, Ronald… y ahora, Snape.

El olor a quemado del contenido de la cazuela la sacó de sus pensamientos. ¿En que diablos estaba pensando? No es como si fuera a iniciar un romance con ese hombre. ¡La sacaba casi veinte años!

Sería mejor que siguiera dedicándose a sus estudios y consiguiera pronto esa plaza de sanadora en San Mungo.


Molly Weasley dejó la bandeja con la tetera y las tazas ya preparadas. Para las dos muchachas. Y salió de la cocina excusándose de lo mucho que tenía que hacer. En realidad era mentira, pero la relación de las dos chicas se había enfriado en los últimos meses y necesitaban hablar ellas dos solas.

Hermione había salido aquella tarde de su casa dejando a Snape en su lugar habitual, frente al fuego, leyendo un libro ensimismado y sin preocuparse por lo que ella hacía o dejaba de hacer, como había ocurrido en las dos últimas semanas después de aquel pequeño incidente.

La castaña miro como Ginny sirvió té en las tazas aún en silencio, casi como desde que había llegado.

-bueno, ¿Cómo te va?- dijo al final la castaña intentando iniciar así una conversación decente.

-Eso mismo quisiera saber yo de ti.

Hermione sonrió a notar el rencor en las palabras de su amiga que aparentaba estar dolida.

-Sabes que estoy Bien Ginny.

-oh, ahora se llama estar bien a pasar de tu amiga, a ignorarme, a no contarme nada…

-Ginny. Es suficiente. te comportas como una cría que riñe a su amiga porque no la avisó para decidir su vida.

-No quiero decidir tu vida. Quiero que vuelvas a incluirme en ella.

-estas incluida. Donde estoy puedes ir a verme cuando quieras.

-pero no es tu casa. Es la casa de Sape Hermione, ¿no lo ves? No es normal como te comportas. Durmiendo, comiendo, estudiando en la casa de un hombre que…que…

-¿Qué?

-un hombre que es un Mortífago

-No estoy del todo de acuerdo.

-¿por que le defiendes?

-¿Por qué le odias?

-¡Porque no estas siendo justa contigo misma! ¡EL NO TE APORTA NADA!

-¿Y Ron si?

Ya.

Lo había dicho.

La pregunta que podía decidir si conservaba a su amiga, o la perdía para siempre.

-¿estas comparando a Ronald con Snape?

-solo me preguntaba si tu lo hacías.

Ginny no podía articular palabras. Pero sus ojos estaban anegados de lágrimas de dolor. ¿Qué pasaba con su amiga?

Hermione, se derrumbó y dejó caer el peso de su cabeza sobre sus manos entrelazadas, clavando su vista en la mesa de madera desgastada de la cocina de la madriguera.

-siento haber estado demasiado ocupada este tiempo de atrás. Siento no haberme preocupado por nosotras. Pero necesitaba tiempo. Ronald, se marchó sin darme tiempo siquiera a asumir que no iba a verle mas en una larga temporada. Y que mi amor por el… durante seis largos años, había sido estúpido, infantil y sin resultados.

Ginny dejó escapar un par de lágrimas rebeldes y alargó su mano para tomar entre sus dedos la mano de su amiga, para que la conexión fuera aún mayor.

-Ron nunca te ha apreciado como mereces.

-¿tu crees? Entonces he sido tonta mucho tiempo.

-Y yo te he dejado serlo- susurró la pelirroja con culpabilidad. – en el fondo sabía que él no era bueno para ti. Pero seguía insistiendo en vosotros, y vuestro futuro ficticio.

Quedaron largo rato en silencio, silencio reconfortante que decía mucho y a la vez no decía nada. Ellas sólo no soltaban sus manos unidas.

-Quiero que me dejes estar a tu lado. – pidió Ginny sin dejar de mirarla.

-Nunca he pretendido lo contrario.

Sonrieron y el silencio volvió a reinar unos segundos.

-siento realmente lo del estupido de mi hermano.

-Bueno, nadie nos dijo nunca que el futuro fuera como nosotros deseamos.- dijo la castaña intentando sonreír alegre. Recordar a Ron aún la dolía.

-¿Y que es lo que quieres ahora tu para tu futuro?

-Quiero, conseguir aquello por lo que lucho. Ser medimaga.

-¿y donde queda Snape en todo esto?- preguntó Ginny.

-¿quieres que te sea sincera?- la pelirroja asintió- No tengo ni la menor idea…