Nada de esta historia me pertenece, excepto mis locas idea.
La carta
Los días de finales de octubre se iban haciendo más y más fríos a medida que noviembre se acercaba, pero Hermione no tenía tiempo de apreciarlo. Snape y Alan, Parecían estar en una continua batalla por ver quien estaba más tiempo enseñándole cosas. Parecía como si, ambos intentaran ser aún mejor que el otro.
-¿entonces que hiciste?- la voz de Ginny estaba muy interesada en eso que su amiga le contaba. Parecía tan sorprendida como al propia Hermione.
-Pues le dije a Alan que estaba cansada. Que necesitaba irme a casa y descansar. Llevaba desde las nueve de la mañana viendo el departamento de enfermedades mágicas raras. Lo que en un principio me parecía interesante empezó a darme dolor de cabeza.
Ginny dio un sorbo con su pajita del zumo de calabaza que habían pedido su amiga y ella, pensativa.
-¿sabes? Parece como si se pelearan por ti
Hermione se atragantó.
-¿Qué?
-Si es como… como cuando yo intentaba pasar el mayor tiempo posible con Harry y ser mejor que Cho Chang.
-Pero eso es diferente Ginny, En este caso, yo no soy el amor por el que luchar.
-¿Quién te dijo eso?
Hermione la miró raro.
Bueno, sería bien raro que Alan y Snape se pegaran por ella y por llamar su atención. Ninguno de los dos parecía tener su prototipo de mujer en alguien como ella. Y si acaso más normal sería en Alan que era más joven y se le daban mejor las relaciones con la gente. Pero Snape…la piel del cuello se le erizó al pensar en Snape, luchando por conseguir su amor.
-Ginebra Weasley, deja de decir bobadas- Gruñó la castaña. Ginny se reía a carcajadas, quizá por imaginar lo mismo que ella. Era absurdo, totalmente absurdo. Y sin embargo, no podía dejar de pensar en que, algo en su mente, no adaba bien.
-Te has quedado un poco preocupada.
-Oh no, estoy bien, sólo que lo que dijiste suena absurdo.
Ginny sonrió.
-Si claro, sería terrible si Snape realmente te cortejara
Hermione forzó una sonrisa, y mordió su labio inferior, Pensativa. Si claro, realmente terrible ¿o no?
Afortunadamente Su amigo Harry llegó a recogerlas. Había quedado con Ginny para ir a dar una vuelta y los tres amigos se encaminaron hacia la casa de Snape, para dejar a la castaña allí. Hablaron poco en el camino, y casi todo el rato de Ron. El joven Weasley estaba muy contento con su nuevo trabajo, o eso le contaba a Harry por lo que sabía de las lechuzas que su amigo mandaba. Hermione tuvo la sensación durante el camino que Harry seleccionaba la información que le contaba a ella para protegerla. Sin embargo la castaña ya estaba bastante resignada en cuanto a Ron. Por ella como si no volvía nunca más. Había asumido en aquel tiempo que su relación con el sería imposible. Y ahora que le habían ofrecido oportunidades de futuro en algo que le gustaba, iba a luchar aún más, y a pasar de lo que sabía en cuanto a Ron y su vida como súper estrella.
Cuando llegaron a la calle de la Hilandera, se despidió de sus amigos prometiéndoles una visita pronto. Abrazó a ambos y se encaminó a la casa donde sabía que encontraría a profesor Snape.
Abrió la puerta principal de la casa y todo parecía en silencio. Le extrañó ver las luces del pasillo superior encendidas y sin embargo el salón estaba a oscuras sólo iuminado por la chimenea donde solo quedaban las brasas del fuego.
Dejó las llaves en el mueble de la entrada y se adentró en el hall para subir por las escaleras que llevaban a la planta de arriba. Apoyó un pie en el primer escalón y el quejido de la madera la hizo sobresaltarse.
La figura de Snape apareció repentinamente de una de las habitaciones de la planta baja.
- No pensé que llegara tan temprano Granger.
Ella se giró al escuchar su voz.
-ni yo que estuviera en… casa…- su voz se congeló en a garganta. Snape se presentaba ante ella con su pecho casi totalmente al descubierto mientras abrochaba desde abajo , los primeros botones de la camisa. Hacía tanto que no le curaba que había olvidado lo absolutamente masculino que resultaba el hombre. No, en realidad, mientras descansaba en la cama, no le había resultado tan sexy como en ese momento. Su pecho descubierto, el pelo oscuro caía aún un poco mojado casi sobre sus hombros, su gesto parecía relajado, y había una maravillosa fragancia muy suave pero a la vez embriagadora que le envolvía.
-¿Granger va a quedarse ahí todo el día?
Ella parpadeó saliendo de su ensimismamiento, y abrió la boca para contestar deseando que su brillante cerebro tuviera una respuesta que no la dejara en peor lugar del que la habían hecho quedar sus hormonas alocadas.
-No, solo me preguntaba si se quedara a cenar.
Snape alzó una ceja.
- No, voy a salir.
Hermione parpadeó nuevamente al verle desparecer en el interior del mismo cuarto del que había salido. Subió las escaleras, pensativa, y se tiró en la cama sin quitarse ni siquiera el abrigo. ¿Voy a salir?
Se encontraba sorprendida. Severus Snape iba a salir. Tenía una cita. No, no podía ser una cita. Tenía que ser un encuentro con algún amigo o algo así.
Pero entonces… ¿Por qué iba con el pelo recién lavado y con aquella elegante camisa?
Hermione dio media vuelta en la cama muy calentita entre las sabanas. Tanteó la mesilla para buscar el despertador era extraño que no hubiera sonado. Abrió los ojos y parpadeó ante la luz que se filtraba en la mañana con niebla espesa y vio el despertador tirado en el suelo. Bien, lo había apagado y se había dado media vuelta. ¿Por qué no la había despertado Snape? recogió el despertador del suelo. Bueno solo se había dormido media hora, si se duchaba rápido Snape no notaría demasiado su retraso.
Se dio una ducha rápida y cambió su pijama por unos vaqueros y un suéter gris cómodo y bajó a la cocina, para desayunar algo rápido antes de que su profesor reclamara sus horas de clase.
Encontó allí al profesor Snape sentado en la amplia mesa de madera leyendo el periódico absorto en las letras impresas. La figura oscura ni se inmutó cuando ella apareció por la puerta. Así que dispuso a tomarse el desayuno con calma. Calentó la leche y se quedó de pie, frente a la ventana. Miraba el exterior a través de los cristales empañados y removía con una cucharilla el contenido de la taza, mirando de reojo de vez en cuando a su profesor. Parecía exactamente la misma persona de siempre. Seria , silenciosa, y oscura. Con las mismas ropas odiosas de negro oscuro abotonadas hasta el final del cuello. Por un momentó pensó que había imaginado lo de la noche anterior. La camisa, el pelo limpio el olor a colonia masculina…
-Granger – el susurro cortante la sacó de su recuerdo.- espero que haya descansado bien esta noche. Hoy queda un largo día de trabajo.
Ella volteó la mirada y contuvo un gruñido. Si definitivamente, se lo había imaginado. Nadie ligaría con semejante murciélago amargado.
-si señor.
-ah y… restaremos media hora de su almuerzo. Por su retraso esta mañana.
Un par de días después, llegó de san Mungo, abstraída en lo que había aprendido aquel día. Había parado en una librería para conseguir un par de libros sobre antídotos y emplastos, y algo de compra para la cena así que no le sorprendió que al llegar a la casa esta estuviera vacía. ida privada de Snape, últimamente la vida privada de Snape , estaba en pleno apogeo, aquella sería la cuarta vez en dos semanas que salía al atardecer, hasta altas horas de la noche. No era como si a ella le importara saber que hacía el en sus ratos libres. solo sentía curiosidad por saber con quien se vería el hombre. ¿quien sería capaz de aguantar a Severus Snape?
Dejó las bolsas en la mesa de la cocina , el abrigo en el recibidor de la entrada y recogió el correo que estaba en la mesilla del salón. Era un pergamino doblado, pero sin sellar.
Lo desdobló y leyó lo que contenía.
Estimado Señor Snape.
Se le comunica que debido a la reciente infracción contra la ley de seguridad mágica sección novena de la confederación internacional del estatuto de brujos, se requiere su presencia en la vista disciplinar en el ministerio de Magia el día 28 de octubre a las 08:00 horas.
Con mis mejores deseos
Atentamente,
Oficina de Servicios de administración del wizengamot
Departamente de aplicación de la ley mágica
Ministerio de Magia
Hermione contempló la carta y la leyó otro par de veces más. ¿por qué habría dejado Snape aquello a la vista? ¿sabría harry lo de la vista en el ministerio? ¿sería un jucio para culparle por la muerte de Dumbledore?
La muchacha tembló, no le gustaba la idea de se Snape tuviera que someterse a jucicio, porque eso podría significar su ingreso en prisión. Hacía unos meses habría rezado porque eso sucediera, pero aquella tarde de noviembre, se sentía asustada.
No quería que fuera acusado injustamente. Dejó la carta en su sitio y continuó con sus cosas, sin dejar de pensar en la vista. Sería la mañana siguiente, ella había quedado con Alan para conocer otros departamentos de San Mungo, pero de pronto, el hospital, le pareció vanal en comparación con la vista.
Dejó las cosas de la compra desparramadas en la cocina y corrió escaleras arriba. Tenía que mandar una lechuza.
espero que os guste. he estado muuuucho tiempo desaparecida, pero tenía que recuperar a mi musa.
Un beso a mis lectoras!
