El dulce sabor a hidromiel de la navidad.
Nevaba abundantemente cuando Hermione se apreció en los campos salvajes que rodeaban la madriguera. Podía oler la chimenea de la casa. Ya casi estaba. Le gustaban esas fechas. A veintitrés de diciembre, todo le parecía precioso, los campos nevados, el agua del charco helada, y la enorme casa de los weasley iluminada y desprendiendo calor.
Tuvo que llamar tres veces a la puerta para que una agitada señora weasley llegara a abrirla. Para cuando lo hizo, la joven bruja estaba castañeando los dientes con los labios morados de frío.
-¡Hermione! que alegría querida, cuanto tiempo sin verte. – la hizo pasar y cerró la puerta deprisa.- perdona que haya tardado tanto, estos hijos míos me van a matar. Están probando sus nuevos inventos para la tienda de sortilegios Weasley y no paran de estorbar- Hermione sonreía mientras se quitaba el abrigo y lo colgaba del brazo. Sabía que en el fondo la señora Weasley se sentía muy orgullosa de los gemelos. Y más después de que Fred casi perdiera la vida en la batalla de Hogwarts. –que delgada te has quedado, trabajas demasiado, esos dos profesores tuyos van a acabar contigo. No puedes ser medimaga si no puedes con el peso de la cuchara al remover el caldero. Ven, te pondré algo para comer.
-oh, no se preocupe señora Weasley he desayunado esta mañana muy bien, gracias.
-tonterías, un buen desayuno no lo es si no te lo preparan.
-mama, déjala un poco respirar- Hermione se alegró de ver a Ginny en la escalera sonriéndola. Se abrazaron con fuerza cuando al pelirroja estuvo a su altura- deja que se instale. Luego bajamos a comer.
Molly se dio por vencida y desapareció en la cocina para atender el fuego.
- ¿Cómo te va? – preguntó la pelirroja.
- sobrevivo, que no es poco. – respondió ella. Tenía pocas ganas de hablar de sus últimos días con Snape. Y de la discusión.
-vamos a mi cuarto, tenemos que colocar todo. Harry llegará pronto.
Desplegó su ropa en el armario de Ginny y recolocó las cosas con cuidado. Era agradable estar allí. Era como sentirse en casa. Al salir de la habitación para ir al baño y se cruzó con una figura alta y musculosa.
- Hermione. ¿Qué tal?
-Ron…cuanto…cuanto tiempo.
Los dos parecían azorados. Ron había crecido en los últimos meses. Y había echado espaldas. Estaba guapo, con el pelo recién cortado y desordenado.
-si eh…el equipo, me ha tenido entrenando duro.
-si he visto los titulares. Aunque ya sabes yo, no entiendo demasiado de quidditch.
- si ya…bueno…
-bueno, te veo abajo ahora. –Hermione deseaba salir de aquella situación tan absurda e incómoda. Y avanzó por el pasillo dejándole atrás.
- Hermione. – Se giró para mirarle.- se que… me fui un poco de improviso, que no te he escrito y… bueno que no he hecho bien las cosas. – ella frunció los labios y apartó la mirada. – quería pedirte perdón.
Aquello la sorprendió. Ron pidiendo perdon. Se miraron por unos segundos, en la penumbra del pasillo. Y sintió como se le ablandaba el corazón y sus ojos se de lágrimas, casi podía recordar el primer día que se habían conocido. Tenía miles de recuerdos agradables con Ron. Y otros no tanto. Pero al final, por encima de todas las cosas era su amigo.
- yo tampoco lo he hecho del todo bien Ron. .- admitió.
El muchacho sonrió y se acercó para rodearla en un torpe abrazo. Ella era Hermione Granger, la insufrible sabelotodo con la que había compartido la mitad de su vida. No quería perderla. Al menos no como amiga.
- te he echado de menos.
Aquella noche, la familia Weasley al completo, con Harry y Hermione entre ellos, compartió una agradable cena de salchichas y huevos rotos, de alegría y viejas anécdotas. De noticias sobre viejos conocidos distanciados. Compartieron el calor de la chimenea y del saber que el día de nochebuena estaba ahí, que solo quedaba un día. Y que por primera vez en años, no había señor tenebroso que importunara las fiestas tan familiares.
Pero una pequeña parte de Hermione se sentía mal consigo misma, pensando en la soledad que viviría en aquel momento su tutor. Severus Snape.
La tarde previa a la cena de nochebuena todo era una auténtica algarabía en la casa de los Weasley. Hermione, Luna y Ginny ayudaban a la señora weasley con los preparativos. Habían lanzado un hechizo de ampliación porque con todos los invitados de aquella noche No cabían en el apretado comedor de los weasley, y aún así , se iban a ver justos de espacio.
- podríamos haberlo hecho en Grimlaud Palace, habría mas espacio.
-Harry deja de repetirlo- le pidió luna en un descanso que tuvieron a media tarde. Se habían escabullido al piso de arriba para poder hablar. Neville tenía a Luna entre sus rodillas. Mientras que Harry se había apoyado sobre Ginny y ron y Hermione ocupaban puntas opuestas del cuarto.
– Todos sabemos que adoras esa casa- añadió Ginny- pero mama se habría puesto como loca. Ya sabes esta Sin limpiar.
- esta limpia.
- no lo suficiente para mama y lo sabes. Eso supondría haber tenido que limpiar toda la cubertería de plata, por no hablar de las copas.
- eso suponiendo que Mundungus Fleatcher no se llevara todo – respondió Hermione con Amargura.
- Pues a mi me gusta- repitió el chico con empeño.
- Hermione, ¿al final leíste mi artículo sobre el juicio?- preguntó luna con interés intentando cambiar de tema. No habían tenido ocasión de verse el día de la sentencia y tampoco después.
- si, lo leí. Mucho mejor que el profeta.
- el profeta solo dice mentiras- añadió Neville- el quisquilloso es mucho más de fiar.
Harry Ginny Ron y Hermione se miraron entre ellos intentando contener la Risa. Neville estaba realmente enamorado.
- mentiras o no son graciosas. Mama ha leído todos los artículos sobre Snape desde que fue el juicio- dijo Ron- lloraba por el. "pobrecito, tan sólo todo este tiempo… hemos sido tan malos"- añadió con la voz en falsete para imitar a su madre.
- vamos Ron, no seas así. – dijo Hermione tensa por el tema de Snape en el aire. – tu madre siempre ha sido muy sensible.
- si pero preocuparse por Snape, es absurdo.
- venga ron, deja atrás el rencor. – Añadió Harry – snape ha demostrado no ser un mal tio.
- ¡Harry! Te pones de su lado. Snape nos hizo la vida imposible durante seis años en Hogwarts, por si no lo recuerdas.
- Es que tu no estudiabas su asignatura- replicó la castaña sonriendo.
- desparezco dos días con el equipo y esa Skeeter os envenena con sus mentiras. ¿Qué es esto?- parecía indignado- sabéis que el profeta lo inventa todo. ¿Snape enamorado? Venga ya, además es la madre de Draco, esta casada.
- sabemos que eso es mentira- respondió luna.
- ¿por que no iba serlo lo demás?
- ya vale Ronald, es suficiente. – contestó Hermione ligeramente enfadada. – Supera ya la etapa de alumno de Hogwarts y asume que Snape ya no es tu profesor. Además no se le ha juzgado por ser buen o mal profesor, sino por ser o no un Mortifago.
- si.- añadió Harry. – y ha demostrado ser mucho mas valiente que gente que conocemos que se proclamaba seguidor de Dumbledore. Nos caerá mejor o peor, pero hay cosas innegables, tío.
Ron pareció darse por vencido.
-Harry cuéntanos ¿Qué fue lo que mostraste al Wizengamot de Snape en los recuerdos?
El chico, se quedó pensativo unos segundos. Todos en la habitación parecían expectantes a su respuesta. Excepto Hermione que le miraba consciente de que se trataba de los secretos mejor guardados de un hombre al que le debía su vida.
- eso, en realidad es cosa del Profesor Snape Luna. Pero digamos que es mucho mejor persona de lo que aparenta ser. Él es…
- es Snape. – añadió Hermione con una sonrisa nostálgica. Si tan solo alguno de sus amigos supiera lo que aquello significaba.
A partir de las seis de la tarde, se acabó su rato de calma y tranquilidad. Molly Weasley les encontró vagueando en el cuarto y les asignó a cada uno una tarea.
Por suerte Hermione y Ginny les tocó juntas organizar la cubertería y la vajilla del salón. Así que pusieron en la radio la emisora corazón de bruja y se entretuvieron colocando las cosas al ritmo de música animada.
Los invitados empezaron a llegar poco más tarde. Y la casa se llenó de gente conocida. Los primeros en llegar fueron La profesora MacGonagall, el ministro de Magia, y Hagrid que estrechó a los tres amigos con fuerza, y les contó cosas a cerca de Hogwarts y su casi terminada reconstrucción. Y sobre su medio hermano Grawp .
-ya casi habla
-¿en serio? No sabía que pudiera aprender eso- comentó Ron, que recibió un pisotón de Hermione por su comentario insensible. Por suerte Hagrid no pareció darle importancia.
-si, con un poco de suerte incluso puede que sea capaz de enseñarle para que me ayude con las clases.- respondió muy satisfecho consigo mismo.
Ellos no se molestaron en explicarle a Hagrid que ni aunque aprendiera a bailar ballet como una bailarina profesional la profesora Macgonagall permitiría que se acercara a los alumnos. Pero daba igual. Hagrid no lo entendería jamás.
Los padres de Tonks llegaron un poco más tarde con el pequeño hijo huérfano de Lupin y la metamorfamaga. Bill y Fleur llegaron cargados de postres dulces típicos de navidad y Charly, con un enorme Dragón de chocolate, fue el último en llegar a la desordenada fiesta.
El ruido era atronador en el comedor. Sin embargo Hermione, fue perfectamente capaz de escuchar aquella voz susurrante e imponente que sonaba desde la puerta de la calle. La conocía demasiado bien
- nos alegra que hayas decidido venir Severus.
- he estado algo ocupado. Siento el retraso. He traído estas botellas de hidromiel para la cena.
-oh , no hacía falta, muchas gracias, estará delicioso con el pavo.
La castaña corrió hasta el hall, y se paró frente a la puerta, contemplando la imponente figura negra de Snape frente a ella. No dijeron nada, solo bastaba con mirarse. Hermione dejó escapar una pequeña sonrisa de triunfo antes de volverse al salón con sus amigos.
Molly Weasley les mandó a sentarse a todos en la mesa porque se iba a servir la cena. El señor weasley sirvió el hidromiel que había llevado Snape en las copas y Hermione tomó la suya para probarlo.
- ¿esta segura que debería beber eso? La última vez no le sentó muy bien, señorita Granger.
Ella miró a Snape tomó un segundo sorbo, retándole con la mirada. Mientras escondía una sonrisa traviesa.
- ¿y usted esta seguro de que debería estar aquí?. Socializarse tampoco le sienta bien.
Una ligera sonrisa curvó los finos labios de Snape. Hermione podía sentir electricidad entre ellos cuando se miraban quizás fuera la atmosfera, el calor, el ambiente navideño, o puede que simplemente fuera el hidromiel.
Se sentó entre Ginny y luna esperando que la cena comenzara. Una parte de ella se sentía más feliz, sabiendo que él estaba allí.
Después de una gran variedad de canapés, pavo, frutas confitadas y dulces caseros e incluso una enorme porción de dragón de chocolate. La algarabía del principio se había convertido en una tranquila sobremesa de ambiente mas relajado. Todos estaban separados en pequeños grupos en los sofás dispersos del salón, mientras los restos de la cena se fregaban en la cocina, controlados por la señora weasley y la madre de Tonks.
Hermione compartía una interesante charla sobre aurores con Harry y Ginny desde hacía un rato. Aunque casi escuchaba más que hablaba. Harry parecía realmente entusiasmado con el tema y acaparaba casi toda la conversación. Recorrió con la mirada el salón. Había visto salir a Snape hacía un rato de él y había escuchado la puerta de la calle. Sabía que no se había ido, pero se preguntaba que le empujaba a salir fuera aquella fría noche.
Se disculpó con Harry y Ginny y se deslizó sigilosamente sin llamar la atención hasta el hall donde se abrochó bien su abrigo y salió al jardín.
Fuera estaba bastante oscuro. A penas funcionaban dos o tres de las lámparas del exterior y con la niebla que había, le daba un aspecto brumoso y blanco de cuento de hadas. Distinguió al fondo la figura del profesor, junto a la ventana que daba al comedor. Estaba apoyado en la pared, mirando a la nada.
- ¿es bonita verdad?- preguntó acercándose a él mientras bajo sus pies crepitaba la nieve blanca. – es una imagen de postal, aunque hace demasiado frío para no preferir verla desde a ventana.
Se apoyó en la pared junto a él. Con el aire gélido helando su pequeña nariz.
-hace demasiado calor ahí dentro.
- querrá decir que hay demasiada gente. – respondió ella sonriente.
- ¿tan evidente es?- la ceja oscura de Snape se alzó como interrogación.
- nos vamos conociendo. Quizás solo es eso.
El silencio se apoderó de nuevo del ambiente. Era un silencio cómodo. Con el viento como música de fondo.
- realmente creí que no vendría.
-si, pareció muy sorprendida al verme.
Hermione cambió de posición apoyando su hombro en la pared y mirándole con curiosidad.
-¿Qué le hizo cambiar de opinión?
Él dudó. Y se colocó frente a ella apoyando también su hombro contra la piedra.
-dejémoslo en que cambié de opinión.
Hermione sonrió una sonrisa lenta pero deslumbrante. Se acercó un poco más y bajó la voz.
-¿sabe? Me alegro de que esté aquí.
Las miradas se cruzaron, el viento agitó su pelo y Sus pies la alzaron sobre sus puntas haciendo que sus labios se encontraran con los de Snape. Solo iba a ser un roce instantáneo, pero él se inclinó más sobre ella atrapando con sus labios los de Hermione. Sabían a hidromiel, y eran tan suaves como les recordaba, o aún mejor. Las manos de la castaña se deslizaron por sus hombros y se enredaron en su pelo oscuro, podía sentir las frías yemas de sus dedos en el cuello lanzándole escalofríos por todo el cuerpo, Su aliento calentándole el alma. Y se dejó llevar. Rodeó su cintura con el brazo y la atrajo hacia él. Mientras sus labios no dejaban de encontrarse en un movimiento cadente con suavidad y con impaciencia, con ternura y ansia, deseando ser uno solo.
-¡Hermione!- la voz de la señora Weasley desde la ventana de la cocina les sacó de su universo propio haciéndoles volver a la realidad. Y la realidad era que se estaban devorando en el jardín de los Weasley. – hace frío tesoro. Entra antes de que te resfríes.
Snape miró a la joven bruja, ella sólo le miraba a él ajena a todo lo demás. Tenía las mejillas rojas de frío y los labios húmedos y aún más rojos del beso. Volvió a besarle una vez más. A penas un roce imperceptible y se apartó de él.
- Feliz navidad Profesor.
Espero que os guste como veis me he tomado la libertad de dejar a Fred vivo, y es que me daba mucha pena que faltara uno de los pelirrojos gemelos. Se que quiero que la historia sea lo más parecida posible al libro pero este pequeño desliz me lo he querido permitir. Espero que no os importe.
Y por fin… el esperado beso… ¿Qué ocurrirá en los próximos capítulos?
Besitos!
Gracias a Tentación prohibida, Alexza Snape, Tequilanervous, Aria, Patybendedmalfoy, ErreDeRojas, Blackcherryblood, mama Shimi, sailor mercuri o neptune, lady Prince, sevsanp, lun Black …
MUAAAAKKKKKK
