De vuelta

Alan se levantó del sofá después de pasarse más de tres horas contemplando la figura de hermione en su cama. El cuerpo de la bruja había dejado de temblar. Nunca la habría imaginado así de hundida. Había sido incapaz de explicarle lo que había ocurrido.sólo lloraba entre hipidos. y sus lagrimas bañaban su camisa y las sábanas de la cama. Suspiró y paso su mano por los mechones desordenados del pelo. Recogió su abrigo del brazo del sofá y salió por la puerta.

Para su sorpresa pudo aparecerse en el Hall de la casa. Snape debía haber retirado el encantamiento protector. Sus pasos le dirigieron al salón donde la luz aún estaba dada. Y encontró la figura de Severus snape en el orejero con la mirada perdida en las llamas y un vaso de Whiskey vacío en sus manos.

- es un poco tarde para visitas ¿no cree?- cuando habló su voz sonaba pastosa y ronca.

- necesito que me diga que ha pasado. ¿Qué le ha hecho a Hermione?

La mirada vidriosa de Snape le miró con furia. Llevaba más de una copa de más.

-no se atreva a acusarme.

- bien pues explíqueme que acontecimiento repentino ha sido el que ha dejado a Hermione sin fuerzas de llorar. – por un momento Alan creyó ver dolor en el gesto de Snape.

- sólo le dije que no podían seguir las cosas entre nosotros

-¿Por qué el cambio?

- ¿tengo que dar explicaciones de mi vida?

- si cuando le influyen a la vida de hermione.

- Esto no tenía futuro.

- haberlo pensado antes.- Alan dejó que su voz denotara la furia que sentía por dentro.- ya es suficiente mayor para pensar en las consecuencias de los actos.

- no me sermonee.- se levantó del sofá intentando no tambalearse por el alcohol.-

- esto es lo que quería. Razone Snape. Ella esta mal y usted…sólo esta ahogado en alcohol. Ella podría cambiar su vida. Déjela que lo haga.

La figura de Snape se paró junto a la puerta y Alan vio como sus nudillos palidecían por la fuerza al apretar el puño.

- coja las cosas de Granger y lárguese.


Hermione abrió los ojos en la oscuridad de la habitación en la que se encontraba. Miró el reloj de la pared. Marcaba la hora, las ocho de la tarde, y el día, dos de febrero. Parpadeó al comprender que al menos habían pasado todo un día desde el último recuerdo que tenía en su mente. El de Snape. Después de eso sólo recordaba una nube en la que aún podía sentir los brazos de Alan rodeando su cuerpo y cargando con ella. Recordaba la voz del mago hablando entre la neblina de sus recuerdos pidiéndola que comiera, que bebiera agua, sentado a su lado en la cama. Pasó las manos por su rostro, e intentó contener un par de lágrimas, que se escaparon de sus ojos y siguieron el mismo camino que las miles de lágrimas que había derramado los días anteriores, por Snape. Aún recordaba sus palabras. "lo siento hermione" cerró los puños con fuerza y golpeó el colchón con rabia. Que tonta había sido. ¿cómo podía haber pensado que él la querría de verdad? ¡Era Snape!

Se levantó de la cama y se mareó, tuvo que aferrarse a la mesilla de noche para no caer al suelo, tenía las piernas temblorosas y la boca seca. ¿Cuanto hacía que no comía ni bebía nada? No reconocía la habitación donde estaba. Era un cuarto pequeño pero sencillo una cama grande, un armario junto al que estaba su maleta una escritorio y un ventanal con cortinas corridas. Había dos puertas y la que estaba frente a la cama resultó ser la que comunicaba con un baño. Entró en él. El baño también era pequeño pero acogedor. Encontró una pila de toallas en el armario y todo lo necesario para la higiene. Agradeció aquello. Necesitaba una ducha. No quiso ni mirarse en el espejo se desvistió y Se metió en la ducha. Las gotas heladas golpearon su piel y su cabeza y lo agradeció a pesar de que pronto empezó a tiritar de frío. Cuando salió de la ducha se sentía un poco más humana. Pasó el peine por su espesa melena y se miró al espejo. Su cara estaba pálida y bajo sus ojos había unas ojeras que quitaban el brillo a su mirada. Los labios estaban agrietados, y los ojos enrojecidos de llorar. Suspiró y sintió que su estómago se revolvía. ¿Cómo podía ser tan tonta?

Secó su pelo con fuerza, frotando la toalla como si así pudiera olvidar los recuerdos. Y cuando estuvo vestida con ropa limpia salió de la habitación hacia un pasillo corto con varias puertas. No conocía aquella casa. Caminó apoyándose en la pared por la debilidad que sentía y llegó al cuarto del fondo, donde encontró la figura de un hombre recostada sobre un escritorio. Reconoció la cabellera castaña de Alan y la ternura la llenó por dentro. Él era su ángel salvador. Se acercó por detrás y cuando llegó a su altura vio que dormía sobre un montón de papeles. Acarició su pelo con suavidad. Ni se movió.

Examinó los papeles sobre la mesa era trabajo del hospital. Seguramente tendría atrasados los informes por cuidar de ella. Se mordió el labio sintiéndose culpable. Él la había entregado todo. Su tiempo su paciencia, ahora su casa. Alan era una gran persona. El medimago se movió y levantó al cabeza pesadamente apartándose el pelo de la cara.

Se volvió para ver a la joven bruja detrás de él y se sobresaltó al verla

-¡Hermione! ¿Qué… Cuando te has levantado?

-hace un rato.

Alan la miró detenidamente. Parecía apagada, pero al menos se había levantado de la cama por iniciativa propia. Le había tenido realmente preocupado desde que la noche anterior se la había llevado casi en volandas hasta su casa. No sabía que había ocurrido. Solo sabía que lo que había entre Snape y ella se había terminado.

-¿Cómo estas?- se atrevió a preguntar. Una sombra de tristeza cruzó el rostro de Hermione

-Avergonzada.

-¿cómo?

-siento mi comportamiento Alan, me he dejado llevar. Lo siento.

Él se levantó para abrazarla.

- ey, no tienes que avergonzarte Herms, los amigos están para apoyarte en ellos. Sabes que estoy aquí para lo que necesites.

-gracias. – respondió ella con tono suave, intentando contener las lágrimas.

-toma, esto es para ti.

Hermione cogió el papel que Alan le entregaba. Era una carta del ministerio, donde decía que su tutor por los próximos seis meses sería Alan.

-Y esto?

- lo solicité el otro día. Para no perder las buenas costumbres. – Una leve sonrisa ilumino su rostro.

- muchísimas gracias Alan, esto es muy importante para mi. Gracias por ser tu el que me apoye.

- No iba a dejar que te cogiera en prácticas cualquiera, créeme algunos dan realmente miedo.

Otra nueva sonrisa surgió en el rostro de Hermione. Y Alan sintió que su corazón saltaba. Esa era la Hermione que él quería ver. Suspiró levemente. Al menos no la había perdido del todo.

Un par de semanas más tarde el medimago resoplaba mientras intentaba razonar con la castaña para que se quedara con él en su piso. Hermione había recuperado parte de su autoridad y chispa anterior. Pero seguía preocupándole la tristeza que había en sus ojos.

- he dicho que no Alan.

- ¿Qué más te da quedarte aquí mientras estés de prácticas? Dijiste que tus padres volverían este mes de Australia. Quédate aquí y después vuelve a casa con ello.

Sus padres. Les había olvidado por completo. A penas había pasado una semana desde la fiesta de los Weasley y había estado tan centrada en no pensar en Snape que no había pensado nada. Sus prácticas habían comenzado un par de días atrás y era lo único en lo que era capaz de concentrarse.

- es que tenga nada en contra tuya Alan, es solo que quiero mi propia casa. Con el dinero que gane de trabajar en San Mungo quiero mi propio alquiler.

- pero si alegras mi casa, tan sola y vacía sin ti- la vio sonreir con su broma. Pero aún no era la Hermione que había conocido. Por eso no quería dejarla marchar. Tenía miedo. De que ella no estuviera bien.

- he de recoger las cosas de mi casa, quiero que mis padres vuelvan y sea como si nunca se hubieran ido, aun tengo cosas que recoger, limpiar, por no hablar de encontrar mi nuevo apartamento.

- ¿estas segura?

- totalmente. Lo necesito de verdad.

El brazo de Alan la rodeó repentinamente desde atrás. Sintió el aliento en su coronilla y como él la estrechaba con fuerza.

- sólo quiero que estés bien.

- estaré genial no te preocupes.

- ¿Quién me hará la cena ahora?

- has sobrevivido sin mi todo este tiempo.

- me has malacostumbrado.

- tranquilo te invitaré a cenar tantas veces como quieras.

Alan sonrió. Tenía que ocuparse de Hermione, aunque ella se negara a verlo tenía que cuidar de ella porque necesitaba alguien que la vigilase. Aún podía ver la sombra de la tristeza en sus preciosos ojos miel. Aún le costaba reírse de las bromas. Y se quedaba absorta mirando al infinito. Pensando en él.


Severus snape contemplaba desde el enorme ventanal de la Mansión Malfoy el jardín de la casa. Era un día despejado de invierno. Hacía ya una semana desde que Hermione había desaparecido de su vida. Pero le había parecido un mes. Un mes largo y tedioso, donde su vida había vuelto a ser como anteriormente. Pociones y clases.

No se había dado cuenta nunca lo había que había estado su vida hasta que ella había llegado a ponerla patas arriba. Con sus ordenes, su sinceridad, las sonrisas, los buenos ratos, las cenas y comidas calientes e incluso con algo que nunca nadie le había dado: El calor del amor.

Sabía que la había hecho mucho daño pero era lo mejor para los dos. Ella tenía por delante una vida larga y perfecta, un profesión respetable, renombre, podía encontrar a alguien mucho mejor que él. Había sido lo mejor. Aunque le doliera todo. Recordarla, pensar en ella , pensar en su soledad, hasta respirar dolía.

-estas muy distraido Severus. ¿Ocurre algo?

- no, pensaba en las clases tengo que corregir bastante.

- por que no te relajas un poco y te tomas algo con nosotros.

Él agradeció la oferta y se sentó en uno de los sofas de piel mientras se servía una copa.

- Leí en el periódico que le dieron el premio a tu alumna y esta de prácticas en San mungo.

- si, aprobó el examen.

- ¿sigue en tu casa?

- ahora que los exámenes terminaron no tenía mucho sentido.

- nunca tuvo sentido.

El gesto de snape no varió mientras mantenía su mirada oscura fija en los ojos grises de la mujer. Ella pensaba como todo el mundo. ¿Qué sentido tenía que un profesor y una alumna compartieran piso? Ninguno, menos aún que compartieran cama. Por eso la había dejado escapar. Había sido una locura e irresponsabilidad por su parte. Y un iluso por pensar que la gente lo aceptaría. Aún recordaba la cara del profesor Flickwick cuando entró en su despacho o la de Macgonagall cuando se enteró que Hermione vivía en su casa. Quizás ese era su destino, estar perdido y alejado de la felicidad, y conocer el amor y no poder tenerlo de su lado.

- te enteraste del cocktail que darán los Nott en su mansión. Sería interesante que nos acompañaras- Snape escuchaba la voz de Narcisa por encima de sus pensamientos amortiguada. No tenía ganas de socializarse ni de eventos de ese tipo. Pero tenía que actuar normal.

-¿cuándo es?

-es la semana que viene.

-tengo que organizar mis clases cuando la haga ya te diré.

Narcisa le miró fijamente y vio como él evitaba mantener su mirada. Había vuelto a Ser el Severus Snape de siempre. Frió distante, apagado y amargado. Por un tiempo pensó que la cercanía a la muerte el día de la batalla con Voldemort le había hecho cambiar su firma de ver las cosas, pero él había vuelto a su estado habitual. ¿Y si era otra cosa lo que e había hecho cambiar? ¿Y si era una persona? ¿Qué había ocurrido entre Hermione granger y Severus Snape?


Alan se dejó caer en el sofá color crema totalmente agotado. Habían tenido la enorme suerte de encontrar en el mismo bloque de pisos donde él vivía un pequeño apartamento para Hermione que estaba de alquiler. A penas contaba con una habitación una cocina un saloncito y un baño, pero para ella era perfecto. Y el la tendría sólo a dos pisos de distancia. Podría controlar que se sintiera bien. O si necesitaba algo.

Las maletas en realidad no habían supuesto mucho problema porque sólo habían sido dos pisos. Pero habían empleado su día libre en recoger el piso. Había sido agotador. Pero a la vez gratificante. Hermione, después de un par de semanas de lo ocurrido con snape ya sonreía más habitualmente, Hermione aún continuaba pasando el cepillo por el suelo de la casa. Parecía sofocada, tenía las mejillas sonrojadas y los mechones de pelo se salían del pañuelo que intentaba contenerlos.

- deberías sentarte un poco.

- sólo quiero acabar.

- y yo quiero cenar. Tengo hambre.

- no hay nada en la nevera Alan, hasta mañana no voy a poder hacer compra.

- pues bajo a buscar comida. ¿Qué te apetece? ¿Hacemos emparedado de carne?

- si algo así sencillo.

Hermione le vio salir por la puerta de la calle. Y suspiró agotada mientras guardaba su cepillo de barrer nuevo en la alacena. Le agradaba mucho su nueva casa. Era pequeñita pero acogedora y estaría cerca de Alan. Se dejó caer al sofá agotada. Esa semana había pasado limpiando la mayor parte de su tiempo libre. Había dejado su casa en Londres perfectamente recogida para cuando regresaran sus padres. Todas las tardes pasaba allí un rato por si fuera ese el día que volvían. Y con el piso nuevo también había estado recogiendo para dejarlo de su forma. Le había puesto sabanas nuevas, una colcha de la cama nueva velas, pero aún le quedaban muchas cosas por hacer. Tenía una caja llena de libros que colocar en su estantería. Se acercó a la caja y la miró con cansancio. Si se lo quitaba ahora no tendría que hacerlo después. Alan volvió cargado con la cena.

-¿me hechas una mano?

- tengo que terminar esto, empieza tu.

Desempaquertó la caja y fue sacando libros uno a uno intentando hacer un hueco a todos en la pequeña estantería. Colocándoles por título y preferencia. Metió la mano en la caja y recogió uno de los últimos libros por colocar. Su corazón se praró en seco. Era su regalo de navidad. El libro que Snape la había comprado. La pena llenó su pecho y sintió que se ahogaba. Era como si no hubiera pasado ni un solo minuto desde el momento en que él se marchó. Ya no se sentía feliz por la casa, ni por el regreso de sus padres. Solo sentía vacío en su interior. Secó las lágrimas con el dorso de la mano y se serenó. Dejando el libro en uno de los estantes más bajos para no verlo muy a menudo. Necesitaba depejarse.

Un olor a carne frita le llegó desde la cocina. Su estomago se arrebujó como una bayeta y sintió como la bilis pujaba por subir. Se levantó y fue hasta la cocina. No podía realmente con ese olor.

-¿Qué es eso que huele?

- es la cena.

-Ahggggg

-¿Ahg? Estoy poniendo mi mejor esfuerzo y tu dices Ahg

- me revuelve ese olor.

- pensé que te gustaba

- lo siento Alan, déjalo , no me apetece comer eso. No cocines más.

- tengo hambre.

Ella sonrió mientras le veía recoger.

- bien no hay problema.- cogió su teléfono móvil muggle y le sonrió- voy a adentrarte en el maravilloso mundo de la comida para llevar.

Aquella semana continuó tranquila. Hermione continuó con la rutina de la semana anterior y mientras Alan terminaba papeleos del trabajo ella pasaba el tiempo en su casa esperando el regreso de sus padres. Estaba un poco preocupada, pues su regreso tenía que haber sido en navidades y febrero ya estaba pasando.

La tarde del viernes. Fue como todos los días. Se despidió de Alan y se dirigió a su casa en un aurbanización de Londres realmente bonita. Entró en el jardín y al meter la llave, solo tuvo que girar una vez para abrir la puerta. Al principio se asustó. Pero al entrar en la casa, escuchó la suave voz de su madre al fondo, y sintió su corazón palpitar fuerte.

Por un momento se quedó congelada en el Hall, no sabía muy bien cómo actuarían sus padres. Que recordarían y si tendrían concienci de haber pasado tanto tiempo fuera. ¿se acrodarían de ella? ¿habría revertido del todo el hechizo? Cerró la mano con fuerza en un puño y se clavó la llave en la plama. Suspiró y Avanzó hasta el salón con determinación. Encontró a los Grangrer deshaciendo maletas. Su madre tenía el pelo más corto y su padre había afeitado su barba. Pero por lo demás estaban igual que siempre.

Cuando se volvieron sintió que el corazón se le salía del pecho. Tenía ganas de llorar. Su madre se llevó las manos a la cara y su padre sonrió.

Hermione Sonrió intentando aparentar normalidad y parpadeó para no derramar lágrimas.

- papa, mama ¿Qué tal las vacaciones?

- oh querida.- su madre la abrazó con amor. – se nos han hecho realmente largas sin ti.

Hermione la estrechó más fuerte aún.

- Es bueno que hayáis vuelto ya a casa.


uff me ha costado escribir este capitulo. se que no ha pasado gran cosa pero prometo más acción en el siguiente.

por cierto gracias por dejar que siga viviendo despues de lo que escribí en el capitulo anterior jaja no he recibido crucios... aunque alguna me odia.

tequilanervous: tranquiiila es que la istoria tiene que ser asi, pero no va a quedar así de mal. ^^

mama shimi: hasta que Snape no acepte su pasado no podrá vivir con su futuro. teme por el que dirán pot no arruinar la reputación de hermione.

nuane: jajaja el cap daba una buiena pista pero como no os esperabais esto pues era dificil de adivinar. me alegro que te guste a pesar de que ha sido triste!

patyvendemalfoy: si sev es así. necesitaba deshacerse de su antiguo YO ;) pero volverá. :)

lun black: yo tb he odiado escribir algo tan triste jeje pero tiene q ser asi :)

ErreDeRojas: nooooooo no quería hacer llorar a nadie sorry. se soluciinará.

yazminsnape: tranquiiila no soy tan malvada como para no arreglarlo más adelante ;)

sailor mercuri o neptune: yaaa...jooo soy mala, pero sldrá bien al final asi que ni una lágrima nena.

Aria: siii medico? yo soy enfermera :) ^^ q way no? espero que te gustara el cap!

Alexa snape: si es triste, me costó escribirlo, pero creo q el auténtico Snape sería así de comedido. despues de todo es una persona seria y reservada.

sevsanap: tranquila, mantendré a cissy alejada ;)

yetsave: no lagrimas porfavor. esto tiene solucion asi que sólo paciencia.

Guest: ya estoy akí jajaj :) no tienes que venir por mi

rozesakuraaa: me alegra que te guste el fic aunque has llegado en el momento más triste ^^ espero que disfrutes este nuevo cap.

pues nada voy a seguir con el siguiente capitulo ^^ q es muyyyy interesante :)

beeeesoooooooooooooooos!