N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar...


CAPÍTULO 8: PODRÍA HABER SIDO PEOR

Blaine fingió que estaba cansado para poder ir a su habitación pronto. Por suerte, Sam no se mostró extrañado o preocupado, ya se había acostumbrado a algunos de los síntomas del embarazo de su amigo.

El moreno cerró la puerta en cuanto llegó a su dormitorio y se tumbó en la cama. Puso una de sus manos sobre su vientre para acariciarlo mientras buscaba un número en la agenda de su móvil con su otra mano. Pulsó el botón de llamada y esperó a que respondieran.

– ¡Hola Blainey-Days! ¿A qué debo tu llamada? – Una voz femenina se escuchó a través del aparato y el joven no pudo evitar sonreír. A pesar de los años que habían pasado, ella seguía siendo una persona muy importante en su vida.

– Tina... Casi cometo el mayor error de mi vida. – El ojimiel respondió, asustando a su mejor amiga. La chica se imaginó que ese "error" tendría que ver con Kurt... Nada más alejado de la realidad.

– ¿Qué ha pasado? – Ella preguntó.

– Casi beso a Sam. – Anderson admitió tristemente.

– ¡¿Qué?! Ya tardas en contármelo todo.

Blaine le contó lo que había pasado hacía apenas unas horas. Estaba totalmente avergonzado, se sentía como un gay acosador que no sabía respetar los límites de su amistad con un hombre heterosexual.

– Bee... No creo que Sam piense lo mismo que tú. Llevo años diciéndote que deberías confesarle la verdad sobre tus sentimientos. Sam no es un crush de instituto como lo fuiste tú para mí. Él es tu amor... Estás enamorado y eso debe saberlo. – Tina insistió. Ella conocía los sentimientos de los dos y estaba desesperada. Podrían llevar cinco años juntos pero en vez de eso, los dos ocultaban su amor consiguiendo que ambos sufrieran.

– No quiero perder su amistad. Lo necesito a mi lado. Sobretodo ahora, con el embarazo.

– Jamás lo perderás. Por favor, Blaine... Díselo.

– No puedo, Tina, no puedo.


Sam esperó media hora para asegurarse de que Blaine estaba dormido. Necesitaba hacer una llamada importante pero él no debía enterarse. Sabía que lo que había pasado, o mejor dicho, lo que casi había pasado, era algo que él llevaba deseando durante años. Sin embargo, tenía tanto miedo a no ser correspondido que se alegraba de que la madre de su amigo los hubiera interrumpido. No estaba preparado para perder a la persona más importante de su vida.

– Hola Sammy-Days. – El rubio no notó el tono cansado de la joven. Después de una conversación con Blaine, esperaba que el otro la llamara con el mismo problema. La verdad era que la asiática se estaba cansando de estar en medio de esos dos idiotas cobardes que no se atrevían a confesar su amor.

– ¡Ey Tina! Necesito hablar contigo... ¡Casi beso a Blaine! – El ojiverde confesó. Se sentía mal porque pensaba que no era el mejor momento.

– Lo que no entiendo es por qué se quedó en el "casi" . Debiste besarlo. – Ella gritó molesta.

– No quiero perderlo. Ahora me necesita más que nunca y no pienso arriesgar nuestra amistad. Quiero estar con él al menos hasta que nazca el bebé.

– Sam, el que no arriesga no gana. ¿Y si Blaine te corresponde? Piensa en lo felices que seríais y en que el bebé tendría dos padres y todo sería mucho más sencillo. Tienes que ser valiente y decírselo. No es necesario que sea un gran gesto o que tengas que preparar una gran cita. Sólo tienes que mostrarle a Blaine lo que sientes y lo que tenga que pasar, pasará.

– No es el momento Tina, puedo esperar.

Después de despedirse, la asiática colgó el teléfono y miró a Mike. Ellos habían vuelto hacía apenas unos meses y había compartido con él ese secreto. No podía traicionar la confianza de sus amigos y contarle al otro lo que pasaba pero tampoco conseguía que se declararan su amor.

– Tendremos que visitarlos. – Ella le dijo a su novio.

– Yo sólo tengo vacaciones en navidad pero ellos irán con sus familias... – El joven informó.

– Eso es lo mejor, pasarán las navidades los dos juntos en Nueva York. – La chica sonrió.

– Creo que pasaremos los cuatro la navidad en Nueva York. – Chang le devolvió la sonrisa a su novia, le encantaba hacerla feliz, sobretodo si su plan era algo tan noble como ayudar a dos amigos.


Blaine y Sam estaban viendo la televisión mientras disfrutaban de un atracón de comida basura. Era algo sagrado para ellos y nada impediría que tuvieran su momento cada semana. Ni un embarazo ni un casi beso podrían evitar que ellos siguieran siendo los de siempre. Los dos estaban relajados mientras recitaban todos los diálogos de la película, Avatar, la favorita del rubio.

El timbre sonó y ambos se sorprendieron. El ojiverde se levantó y fue a abrir. Al otro lado de la puerta se encontró con el agente Rodriguez, el encargado de la investigación de la violación del moreno. Un hombre de unos cuarenta años, latino y con una sonrisa que enamoraba. Atractivo y alegre, conquistaría a cualquiera.

– Hola Sam. ¿Está Blaine? – El policía preguntó.

– Sí, pasa por favor. – El más alto lo dejó pasar.

El agente saludó al moreno y se sentó en el sofá que estaba libre. Evans se sentó junto a su mejor amigo y le agarró la mano con fuerza. Fuera lo que fuera, estaba seguro de que no eran buenas noticias.

– Hemos detenido a un grupo de chicos acusados de violar y asesinar a una joven. Siempre sospechamos que el caso estaba relacionado con el tuyo y las pruebas de ADN así lo confirman. Hemos detenido a tus agresores. – El policía explicó. Anderson estaba tranquilo, era una noticia que aliviaba sus miedos a volver a encontrarse con ellos. Sin embargo, se extrañó al escuchar un sollozo que sabía que no era suyo. Giró la cabeza, vio a su amigo intentando controlar su llanto y su mundo se derrumbó. Si el rubio estaba así, el mundo perdía la mayor fuente de felicidad.

– Sam, ¿qué te pasa? – El moreno preguntó mientras se acercaba más para abrazarlo.

– Podrías haber sido tú. Podrían haberte matado a ti... ¿Y yo qué habría hecho sin ti? No puedo, no puedo... – El rubio empezó a mostrar la dificultad que tenía para respirar. El ojimiel apoyó su mano en la espalda del otro y susurraba palabras tranquilizadoras para intentar calmar su disgusto.

– Sam, relájate, por favor. – El más bajo suplicó.

– Blaine te necesita. – El policía intervino. Desde que había conocido a esos chicos tres meses atrás, había entendido que el lazo que los unía era muy fuerte. Tal vez no comprendía como de fuerte, pero sí sabía que sólo necesitaba decir eso para que el ojiverde se calmara. Todos esperaron a que Sam se recompusiera, el rubio se sentía avergonzado por el ataque de ansiedad.

– ¿Y ahora que va a pasar? – Anderson preguntó.

– Tendrás que ir a reconocerlos y luego tendrás que declarar en el juicio. Será algo difícil pero es la mejor opción que tienes para que ellos no venzan. Vas a necesitar todo el apoyo que puedas conseguir... Y aquí es donde entra Sam. – El agente explicó.


Sam no paraba de dar vueltas en la cama, no podía dormir por lo ocurrido esa tarde. El hecho de que su amigo pudiera haber muerto por culpa de esos hombres le rompía el alma. Ni siquiera el pensar que no iban a poder atacarlo de nuevo podía aliviar su dolor. Por un momento había intentado imaginar su mundo sin su mejor amigo pero había sido imposible.

Se levantó de la cama y se dirigió a la habitación de Blaine, consciente de que sólo verlo a salvo podría tranquilizarlo. Entró sigilosamente en la habitación del moreno y se tumbó en la cama, despertando al embarazado.

– Lo siento. No podía dormir. – El rubio se explicó.

– Es por lo de antes, ¿verdad? – El ojimiel preguntó y el otro asintió. – Estoy bien, no debes preocuparte.

– No voy a estar tranquilo mientras no te proteja... A ti y al bebé. – Anderson no pudo evitar sonreír por la preocupación de su amigo mientras se movía para que tuviera más espacio en su cama. – ¿Te importaría darte la vuelta? Sólo se me ocurre una manera de estar en contacto con los dos ahora mismo.

Blaine puso cara de curiosidad pero no dijo nada, simplemente se dio la vuelta para quedar mirando a la pared, con el ojiverde en su espalda. Notó como Evans se colocaba todo lo cerca que podía y pasaba su mano por sus caderas hasta llegar a su vientre. Entonces entendió la frase del otro. Quería tocar su tripa para sentir que estaba tocándolos a los dos. Ambos cerraron los ojos para intentar dormir, sin preocuparse de lo poco común que podría resultar la posición para dos amigos como ellos, o lo raro que se podría ver que el más alto oliera el pelo de su compañero de piso para calmarse gracias a ese olor a gomina de frambuesas y ese algo más que era propio de Blaine. El amor que ambos sentían se ocultaba bajo una amistad que muy pocos comprenderían. Sin embargo, ninguno de los dos era lo suficientemente valiente como para dar un paso al frente. La pregunta era cuánto tiempo podrían aguantar así.