Al cerrarse la puerta del elevador Harry la empujo contra la pared, la levanto de las caderas para que quedara sujeta entre su cuerpo y la superficie fría de la pared. Le acaricio ardientemente la pierna, desde la rodilla hasta el muslo y de regreso. Con la otra mano acaricio el rostro, delineándole el mentó con el pulgar. Ella no ponía resistencia pero tampoco colaboraba. Lo miraba enojada. Harry deseaba arrancarle un pequeño gemido o un ronroneo bajo pero al parecer si estaba enfadada con él porque ni un solo sonido salía de sus labios. La mano de la pierna subió hasta la cadera y luego por el vientre, sin quitar los ojos de los suyos. Acaricio el costado del pecho y luego con el pulgar intento acariciar el pezón aunque era un poco difícil por las capas de ropa. Controlo el piso en el que se encontraba el elevador y de golpe la soltó poniéndola de pie y alejándose de ella. Tratando de ser indiferente a ella como ella estaba siendo con él pero le fue imposible.
-¿Estas bien?- ella parada a su lado asistió con la cabeza sin quitar su vista del frente. No necesito más, conocía suficiente a Hermione como para saber que si ella hubiera querido irse ya lo hubiera golpeado o maldecido.
Las puestas del elevador se abrieron y caminaron al mismo nivel hacia la habitación de Harry. Cuando estaban a un par de puertas de distancia de una de ellas salió el Subdirector del Ministerio de Magia de Irlanda, un señor con hombros anchos y rostro cuadrado, iba junto a su secretaria, una chica joven y atractiva pero que tenía la mala costumbre de hablar de todos y de todo.
-Subdirectora Weasley- la saludo el hombre.
-Granger- le corrigió ella.
-¿A su esposo no le importa?- dijo la chica con interés morboso.
-¿Por qué debería?- ni ella ni Harry se detuvieron y pasaron al lado de ambos.
-¿Dejan la fiesta?- volvió a preguntar ella.
-Asuntos del Ministerio. Subdirector, Señorita- saludo con un movimiento de cabeza y prosiguió.
-¿Su habitación no queda de la otra parte?- señalo él.
-Si, pero no voy a descansar. Tengo trabajo que hacer. Que pasen muy buenas noches.
Se detuvo enfrente de la habitación de Harry, él abrió con toda tranquilidad y le cedió el paso. Antes de entrar pudo ver que tanto el hombre como la chica los observaban y no le pudo importar menos.
La habitación de Harry olía a él; aunque apenas llevaran ahí tres días parecía que las paredes absorbían su esencia. O posiblemente era ella quien tenía su olor pegado a la nariz, confundiéndole las ideas.
Se quedaron de pie en la penumbra una frente al otro. Harry dio un paso hacia ella y ella retrocedió. Él se detuvo escaneando sus ojos, los conocía tan bien que se sorprendía que no se cansara de verlo. No sabía que decirle… ¿Debí dejarte bailar con ese viejo horrible? No, para nada, no lamentaban habérsela quitado de las garras, ¿Lo siento por haberte tocado ayer de la manera en que lo hice? Maldito sea su apellido si de su boca salía semejante mentira.
-¿Ahora te quedas sin palabras? Se está haciendo costumbre ¿No te parece?
-Hermione…
-Deja de decir mi nombre, no tienes derecho a decir mi nombre de esa manera, no soy tu amante, no soy alguien a quien debas dirigirte con ese tono de voz cadencioso, no digas mi nombre- ella estaba enloqueciendo con cada palabra, estaba por explotar de rabia y rencor- ¡NO!- le grito cuando Harry dio otro paso hacia ella.
-Ayer no puede, lo siento- siguió avanzando hacia ella, no era una acción consciente, no se había dado cuenta cuando empezó a caminar y extender su brazo hacia ella.
-No tienes que darme explicaciones, detente- siguió retrocediendo pero la pared detuvo su retirada, y tenía que ser sincera consigo misma…quería ser tocada por él, necesitaba ser tocada por él.
-Hermione.
-Deja de decir mi nombre- lo golpeo en el pecho con los puños cerrados al mismo tiempo que él la atraía por el hombro- deja de decir mi maldito nombre.
-Hermione- Harry escondió el rostro en el cuello de ella dejándose golpear- anoche deseaba tenerte con tanto deseo que me dio miedo.
-Ya lo habíamos hablado, no es más que sexo.
-¿Se siento como eso? Si te poseo no podre dejar de desearte.
-¿Entonces?
-No lo se- la beso despacio, como tantas veces. Ahora entendía que era el hueco en el centro de su estómago, no era hambre, era el sabor de sus labios el que le faltaba. Era extraño como podía desear de esa manera a Hermione, porque en realidad había tenido oportunidades a lo largo de los años pero jamás había visto ese lado deseable, esa mujer que se escondía detrás de la melena castaña y esa mente ágil. Siempre inhibió esa parte que lo impulsaba a pensar en ella como algo mas que la amiga de infancia, negando a su mente a procesar los verdaderos motivos que lo empujaban hacia ella como imán, justificándose tantas veces con la simple idea de buscarla solo por el apoyo que los años que vivieron en el mismo castillo les había otorgado. Pero nada valió la pena el día que olvido frenar su mente de imaginar que seguía luego del escote que lucía, que se sentiría tocar la piel de sus muslos, o dejar de ignorar el embriagante aroma de su cuerpo. Ese día firmo la sentencia a una cadena perpetua de autoflagelación y semanas de autosatisfacción bajo la ducha, tratando de olvidar que había traspasado esa barrera de la amistad para hundirse en una oscura y profunda obsesión por tenerla cerca ¡Y ahora aquí estaba! Olvidándose de su vida entre sus labios, siendo un hombre libre mientras se ataba a su calor, amarrando por siempre su alma a esos dedos que sujetaban su cabello.
-Quítame la ropa- Hermione no lo ayudaba, tratando de luchar con la última migaja que quedaba del hombre que había sido negó con la cabeza. Le sostuvo el rostro entre las manos, mirándola a los ojos mientras le sonreía.
-No- pero Hermione Granger no comprendía el significado de esa palabra tan simple y compleja a la vez. Le tiro el cabello con fuerza y lo beso violentamente mordiéndole el labio.
-Quítame la ropa- ordeno obteniendo otra sonrisa de lado de parte de Harry, volvió a tirarle el cabello para quitarle esa mueca burlona pero lo único que logro fue aumentarla. Sabia a lo que se refería con el miedo de la noche anterior, ella lo había sentido también, pero le dolía mucho más el rechazo que el remordimiento. Era mas fácil cargar con el castigo luego de disfrutar que cargar con la culpa con solo la idea de lo que hubiera sido- quítame la ropa.
-Si lo hago… jamás podre dejar de hacerlo- le acaricio el labio inferior y beso la mejilla, tenía que dejar sus manos muy quita en el rostro de ella para evitar, no quitarle la ropa, si no arrancarla.
-Entonces lo hare yo.
-Adelante, quítatela.
-No a mí. A ti.
