Hermione le ordeno extender los brazos hacia los costados. Puso su mano en el pecho y lo empujo hacia la habitación, Harry bajo una de las manos y trato de tomarla de las caderas pero ella lo golpeo e le ordeno volver a extenderlas.

-Hermione mandona- dijo en un murmullo sensual.

-Obedece o te daré un buen castigo.

-¿Qué cosa puede ser peor que no tocarte?

-El mal de las bolas azules es muy real, además fue tu culpa no busque culparme ahora a mí.

Harry tuvo que tragar saliva ante la amenaza, esta vez no soportaría no llegar hasta el final, ya nada podía impedirlo, solamente ella.

-Tu camisa me a molestado todo el día- parados frente a la cama pensó que jamás había deseado tanto ser tocado y dominado como en ese momento. Hermione tenía la capacidad de hacerle desear cosas que jamás había pensado poder desear, como la mujer de su mejor amigo por ejemplo.

Con la camisa de Harry abierta hacia los lados Hermione se dio cuenta que nunca había sido tan atrevida, con Ron todo era…pasivo, como una pareja de ansíanos que ya han vivido todo y solo descansas en la misma cama compartiendo memorias de mejores tiempos, solo que entre ellos dos los mejores tiempos era una etapa que no existía, en realidad sus mejores tiempos siempre fueron al lado de Harry, y no existía ni una sola de sus memorias felices en la que él no estuviera. Ron era su cachorrito, siempre tratando de agradarla con detalles superficiales, comprándole libros que jamás leería porque no eran ni de cerca el genere de libro que ella leería, comprándole flores, rosas rojas, especia que jamás había sido de su agrado; tomándole la mano para caminar por la calle sin atreverse ni una sola vez a besarla rallando lo pasional delante de nadie, jamás demostrando ese deseo que sería normal en una pareja de recién casados y menos ahora que 22 años había pasado. Su cuerpo ya no era el de antes, pero no lo era ni el de ella, pero seguía teniendo ese fuego dentro que nunca había sido dominado y menos apagado. Ahora sentía una hoguera en el centro de su cuerpo, sacando chispas de la punta de sus dedos, los labios como brazas ardientes, esa pequeña sensación cosquillante detrás de su cuello que le recordaba lo indecente de toda la situación la excitaba aún más, todo era prohibido y Hermione Granger había aprendido de ese hombre que tenía delante que lo prohibido era algo atrayente, hipnotizaste y sobre todo algo con lo que no se lucha simplemente se hace y ya.

Besar el pecho de Harry de arriba hacia abajo, adorando cada ángulo y fisura era algo que bien podría convertirse en un vicio. Su piel olía muy bien, pero estaba segura que aunque no lo hiciera ella no podría parar. Mientras bajaba por su abdomen por quita vez rozo la parte de su cuerpo que aun cubrían los pantalones, Harry sostuvo el aire de manera violenta y ella no pudo evitar sonreír.

-¿Algún problema?- pregunto maliciosa.

Se enderezo y le mordió y beso la clavicular mientras llevaba su manos a la hebilla del cinturón.

-Hermione…

-Brazos extendidos- le recordó al ver que los bajaba.

Los pantalones se deslizaron por el peso del cinturón hacia las rodillas, un par de bóxer grises bastante adherentes le cubrían los muslos y el trasero haciéndolo mucho más deseable.

-Sabes Harry, nunca he estado tan excitada como en este momento. No tengo relaciones desde hace 6 meses- se acuclillo a sacarle los zapatos y el pantalón- creo que tendrás que hacer un buen trabajo si quieres que esto se repita.

-Estás jugando sucio pequeña sabelotodo.

-No sabía que habían reglas en este juego.

-Yo tampoco pero al parecer alguien te ha puesto a ti de juez- dicho esto la atrapo por la cintura y la beso sin darle tiempo de protestar.

La lanzo a la cama donde dio un pequeño rebote sobre el colchón, se colocó sobre ella de un salto y le levantó los brazos sobre la cabeza.

-Has puesto a la prueba toda mi resistencia- mordió el mentó de ella, beso su mejilla y luego sus labios- no debiste hacerlo.

-¿No?- abrió las piernas para darle espacio a Harry que se acomodara en medio de ellas- acaso no te gustan las mujeres con iniciativa…me pregunto qué clase de hombre es realmente Harry Potter en la cama.

-Te gustara descubrirlo estoy seguro- soltó sus manos y se incorporó un poco para acariciarle las piernas, una a una, con ardor, mordiendo y besando.

Ella se quitó su blusa y desabrocho la falda. Harry se encargó de hacer desaparecer ambas prendas antes de volver a encargarse de los muslos de ella.

-Sabes muy bien- el aliento cálido de él subió desde el interior de sus muslos hasta el centro de su cuerpo.

Se incorporó a medias y lo tiro hacia arriba, a sus labios, lo giro dejándolo acostado sobre la espalda.

-¿Segura que quieres hacer eso?- sus ojos verdes eran cristalinos, lo contrario de lo que se supone que deben ser cuando estas excitado, talvez no había nada en Harry Potter que fuer ordinario.

Sin responderle le saco los bóxer y se encargó de tomar su miembro entre las manos, acariciando despacio, saboreando sin prisas.

-Tú tampoco sabes tan mal.

-¡Merlín Hermione! como puedes ser más hermosa a cada segundo que pasa.

-Nunca me habías dicho eso- Harry la coloco a su nivel y permaneció observándola en silencio.

-Eres hermosa, eres condenadamente hermosa- la mano de Hermione acariciaba su rostro tan delicadamente que era extraño, habían pasado de un momento de completo éxtasis a una calma y ternura inmensurable.

-Eres todo un caballero.

-Solo soy sincero. Creo que estoy sintiendo cosas que no debería sentir por ti.

-¿Es malo?

-No sabría decirlo.

-Espero que no, porque yo creo iniciar a sentir cosas muy diferentes de las que creí sentir por ti.

-Somos un par de idiotas.

-Ni que lo digas- le beso la sien y él la atrajo acurrucándose en su calor por un momento- ¿Necesitas ayuda con esto?- toco su miembro y él sonrió sobre sus pechos.

-Debo decir que a él le agradas.

-¿En serio? No tengo idea de por qué será- se rio divertida.

-Ellas me agradan también- estaba besando el borde de sus pechos aun cubiertos por el sostén.

-Creo que tampoco le desagradas tú a ellas.

-Espero que no, porque sinceramente no quiero prescindir de sus presencias- desabrocho el sostén y se dedicó a morder y succionar los pezones erectos mientras ella masturbaba su miembro, envolviéndose en los gemido de ambos, ahogándolos entre besos y mordidas.