-Quiero ver tu rostro- ella que lo escondía en el cuello de Harry levanto la cabeza con las mejillas sonrosadas- aún podemos parar- la respiración de Harry era fuerte y cada exhalación hacia que su pecho se moviera contra el de ella.
-No quiero parar, estoy harta de pensar demasiado- enrollo sus piernas en las de Harry y con una mano en el trasero de él lo empujó hacia abajo, hacia ella.
Años después ella trato de rememorar las sensaciones que experimento cuando él la penetro por primera vez pero no las recordaba, su mente solo guardaba esas olas de sensaciones que su miembro había despertado en su interior al entrar y salir, todas esas terminales nerviosas de su pared vaginal que él descubrió para ella y que la hicieron sucumbir a una de las noches más memorables.
Harry gemía en su oído mientras lo mordía. Empujando cada vez con más fuerzas, sosteniendo un pecho entre sus manos, mordiendo el pezón del otro, acariciando su pierna o su clítoris. Hermione estaba realmente fuera del alcance terrestre, sus neuronas bailan al son de Harry, lo acompañaban en cada embestida entregándose a cada una de sus salvajes caricias. Y sin esperar mucho más el primer orgasmo la sacudió por completo, mordió la punta de la almohada y enterró las uñas en el glúteo de Harry ahogando el gemido.
-No- le dijo él quitándole la almohada del rostro- déjame verte.
Harry se arrodillo entre sus piernas, levantándolas hasta pasarle los brazos por debajo de las rodillas y flexionarlas hacia su abdomen dándose mayor accesibilidad. Haciéndola sentir más expuesta y abierta para él. Hermione no se podía quejar de nada, le gustaba, le gustaba tanto.
El sudor caía de la punta de la nariz de Harry, lamentaba a ese punto no haberla conocido de esta manera cuando aún era joven, cuando sus músculos podían soportar horas de ejercicio extremo, lastimosamente en esa época jamás deseo hacerle el amor a alguien de esa manera.
-Déjame a mí- dijo Hermione incorporándose. Con una mano en el pecho de Harry lo empujó hacia atrás haciéndolo sentarse sobre los talones, salió de él un momento para poder subir hacia su regazo. El cabello azabache se le pegaba en la frente por el sudor, el pecho lleno de gotitas salinas brillaba bajo la tenue luz de la habitación. Con los labios le recorrió la mandíbula mientras abría las piernas para anclarse a sus caderas, guiando el pene hasta su entrada con la otra mano.
Harry sostuvo el aire mientras ella bajaba despacio, aprisionándolo en su interior. Con una mano en su trasero la ayudo a bajar y subir pero siempre al ritmo que ella marcaba. Succionando el pezón que bailaba frente a él, delineándolo con la lengua mientras lo sentía ponerse más duro por sus cariseas. Explorándole la espalda con la punta de los dedos, imaginando dormir sobre esas curvas y despertar por ellas y para ellas, adoraba esa sensación familiar que toda la situación le provocaba, como si siempre hubiera pertenecido a ella, a sus caricias, a su olor, a la manera en que lo aprisionaba y lo arañaba, Hermione estaba siendo una total revelación de que toda su vida había mirado hacia el lado contrario del mundo y ahora por fin encontraba el norte. La nube de su orgasmo se iniciaba a formar, llevo una mano a la unión de sus cuerpos hasta encontrar el clítoris y masajearlo mientras absorbía el éxtasis de su rostro. Harry sintió las uñas clavarse en sus bíceps, los dientes en su hombro y las paredes vaginales contraerse en torno a él.
Ambos soltaron gemidos mientras Hermione seguía cabalgándolo de manera desenfrenada. La ultima contracción recorrió el cuerpo de Harry, mientras se elevaba a un mundo paralelo, donde él era una estrella y su oxigeno se terminaba en los labios de ella, provocando que su vida llegara al final, explotando en partículas esparzas en el espacio, provocando un supernova a su existencia.
Se abrazó a su cintura, sintiendo sus espasmos. Beso la piel salada que quedaba a su paso, recorriéndole el cuello con ternura, delineando los hombros mientras sentía como ella se hacía frágil y suave en sus brazos. La acomodo frente a él sin soltarla esperando que regresara de su propio mundo.
-Harry- suspiro contra su pecho. Doblo el brazo bajo la cabeza y con el otro recorrió la espalda de Harry.
-El mismo.
-¿Tienes hambre?- pregunto con los ojos cerrados.
-Un poco- le beso los parpados cerrado, era obvio que no se levantaría por el momento, se le veía cansada y somnolienta.
-Yo también.
De golpe abrió los ojos, le tomo el rostro entre las manos y le dio un beso fuerte pero breve. Se puso de pie y fue hasta el teléfono.
-Dos hamburguesas con papás fritas, un helado de menta- cubrió un momento la corneta y le hablo a Harry- ¿De qué quieres el helado?
-Vainilla- dijo recuperándose de lo impresionado que estaba de ella.
-Otro de vainilla- continúo hablando al teléfono- y dos sodas. Gracias.
Cuando regreso a la cama y se apoyó en el respaldo de esta Harry le sonreía desde el extremo contrario.
-¿Qué?- dijo un poco brusca por la manera en que él la miraba.
-Nada- se incorporó y fue hasta ella- ¿Por qué?
Hermione lo beso y luego lo acomodo en su pecho, enrollándose mechones de su pelo en los dedos.
-Por qué no podía ser de otra manera- no era necesario que le explicara a que se refería, ella misma se hacia esa pregunta casa dos segundos, en especial en momentos donde parecía que ambos giraban en la misma orbita, en una que solo ellos conocían y donde eran perfectos simplemente estando juntos.
-¿Te sientes culpable?- ella no respondió y Harry creyó que a pensar de lo abierto y claro que había sido todo desde el inicio algunas cosas era mejor dejarlas en el limbo, no preguntarlas, no saber más de lo necesario para poder seguir adelante, no era necesario hablar de todo siempre, aclarar sentimiento o situaciones incomodas, como todos los matrimonios, como su matrimonio.
Así que levanto la cabeza y la beso, así es como las cosas se arreglaban en su casa.
-No- respondió ella luego de responder al beso y apoyar su frente contra la de él- no me siento culpable, puede que sea una mujer sin principios o que prefiero echarle la culpa a lo mal que las cosas están entre nosotros desde hace mucho pero tú no me pareces motivo de culpa.
Harry sonrió, ella no era Ginny sin duda.
-Por lo único que me puedo sentir culpable es por no haber descubierto antes este poder que ejerzo sobre ti- alzo una ceja y Harry se derritió ante su lado salvaje como lo hacía siempre, pero traro de mantener la compostura.
-¿Control? No tienes ningún control sobre mí.
-Yo creo que si- le hablo al límite de su boca, con los labios rozándose brevemente- creo que puedo hacer lo que quiera contigo- enterró los dedos en los cabellos azabaches y los tiro hacia atrás exponiéndole el cuello- lo que sea que se me antoje- le beso el cuello y luego le recorrí la barbilla con la lengua- y no me dirás que no- termino de hablar sobre su oído con un susurro sensual.
Harry se abalanzo sobre sus labios y ella lo detuvo colocando un dedo sobre ellos, mismo con el que se los recorrió, disfrutando de la textura de esos labios carnosos; coloco el dedo entre los labios y Harry se lo succiono provocativo, mirándola a los ojos, acariciándole las caderas con una mano mientras se sostenía sobre la otra. Al final fue ella quien perdió la guerra de miradas y lo beso con hambre.
Rodaron en medio de las sabanas, explorándose, provocándose, excitándose con caricias profundas hasta que dos golpes en la puerta los hicieron parar.
-La comida llego- anuncio Harry dándole un último beso y cogiendo la bata del baño.
-Bien jugado- dijo ella mientras se dejaba caer boca abajo en la cama, desnuda y sintiéndose por primera vez completamente en paz y sincronía con el mundo- ¿Qué me estás haciendo Harry? – susurro contra el colchón, mientras del salón le llegaban el sonido de la voz de Harry hablando con el empleado del hotel.
