Harry se acomodó en la silla mientras el tema de ese día se desarrollaba. Sentía el brazo un poco adormecido así que se masajeo la parte interna descuidadamente.

-¿Se encuentra bien Señor Potter?

Pregunto el Ministro Danes que se sentaba a su izquierda. Harry le sonrió y dijo que seguramente había dormido mal pero que no era nada de importancia. Se contuvo las ganas de mirar a su derecha porque estaba seguro que Hermione estaba sonriendo discretamente.

Se acomodó nuevamente en la silla sin lograr encontrar una postura que le gustara. Se sentía inquieto así que intento olvidarse de que tenía que pasar las próximas dos horas ahí y escuchando hablar a todas las delegaciones del día.

Su pie izquierdo le inicio a cosquillar después de 45 minutos del discurso del embajador de Venezuela que hablaba de igualdad entre los magos y los muggle y el racionamiento de la comida en las escuelas de su país. La espalada inicio a dolerle una hora después cuando el embajador de Dubai decía que la arena estaba afectando los partidos de quidditch y que necesitaban ayuda con la crianza de camellos al estilo muggle. Pero gracias a Merlín el día concluyo con el embajador de Escocia que pedía leyes modernas para los trabajadores que criaban dragones.

Se levantó y le tendió la mano a Hermione que se estiro lo más discretamente que pudo. Ella le sonrió y el dolor y el cansancio desapareció de la mente de Harry.

-Interesante- fue el comentario de ella antes de salir hacia el recibimiento buffet que les tenían preparado.

Harry se quedó viendo el nido de hormigas bien vestidas y refinadas abalanzarse sobre la comida. No tenía hambre a pesar de la hora. Así que decidió esperar a que la zona se despejara un poco. Una mano delgada en su antebrazo lo hizo girar hacia el rostro hermoso de Hermione que le sonreía de esa manera que apenas la noche anterior había descubierto que sabía sonreír.

-Ven conmigo- él asistió y camino detrás de ella hasta adentrarse en la cocina y luego a la zona trasera donde se veía que llegaban los camiones de frutas y verduras que surtían la cocina. Bajaron por unas escaleras y luego caminaron pegados al edificio con arbustos tupidos cubriéndolos al otro lado. Un jardín inmenso se extendía la final del pasillo de arbustos y en el centro un laberinto alto.

-¿Te trae algún recuerdo? – dijo Hermione.

-No muy agradable- le dio un apretoncito en la mano como apoyo y él le agradeció sonriendo.

El jardín tenia varios arbustos verdes formando figuras geométricas a ambos lados de una fuente del dios apolo sobre su carro dorado tirado por cuatro caballos y acompañado de su corte. El laberinto estaba en el fondo del jardín con paredes altas que se confundían con el cielo.

-Ahora entiendo el nombre del hotel- dijo Harry.

-¿No habías visto por tu ventana?

-En realidad no.

Caminaron hasta la entrada del laberinto y luego de varios giros dentro de las paredes verdes Harry la tomo de la cintura y la apoyo contra la pared.

-Hola- Hermione le sonrió acariciándole el rostro.

-Hola- el beso refresco los labios de ambos y les dio la primera sacudida del dia, en el estómago. Se aferraron al otro, explorando con manos ahora expertas.

Se sentía bien saberse queridos y deseados de esa manera, y luego de la mañana aburrida y extensa que habían tenido necesitaban ese aire, esa ansiedad que las manos y los besos del otro regalaban, la manera elocuente que los gemidos demostraban lo satisfactorio que era tenerse de esa manera tan íntima.

Hermione se arrodillo frente a él y a pesar de la oposición de Harry logro bajarle el cierre y torturarlo con una uña traviesa el bajo abdomen, donde beso; ganando gemidos de su amigo.

-No tienes que seguir- dijo él entre un gemido y otro.

-No tengo que hacerlo- ella había descubierto lo erótico y lo excitante que era tenerlo de esa manera, no se sentía para nada humillada o menospreciada, los gemidos de Harry eran su recompensa, verlo vibrar ante sus ojos, sentirlo crecer en su boca…no tenía precio.

-Deberíamos regresar.

-Mmm- Harry la acerco más a su pecho, uno de sus brazos sólidamente aferrado a la cintura mientras le acariciaba con la nariz el cuello descubierto.

-Teníamos hambre ¿Recuerdas?- Talvez no deberían de estar sentados ahí en el suelo del laberinto, talvez no debería de haber tenido sexo en medio de esas paredes verdes, talvez no debería sentirse tan bien estar acurrucada en el pecho de Harry.

-Los chicos te mandaron saludos- sin necesidad de verla supo que sonreía.

-Espero que James no se meta en más problema este año.

-Si claro, y Luna dejara de ser tan despistada- ambos iniciaron a reír.

-¿Hablaste con ellos anoche?

-No, esta mañana. Bueno con Lily en realidad.

Se quedaron nuevamente en silencio. Harry llevo su mano libre hasta el cuello donde enredo los dedos en el cabello rizado.

-Me gusta verte dormir por las mañanas.

-No es la primera vez que despertamos juntos.

-Pero nunca había dormido amarrado a tu cintura…y desnudo.

-Punto para ti- sonrió. Harry la alejo un poco para poder verla a los ojos.

-No tenias que haberlo hecho- Hermione acaricio el perfil de la mandíbula con la yema de los dedos.

-No te escuche quejarse- Harry se sonrojo y ella llevo sus dedos sobre la piel roja con ternura.

-Es que…- Harry tartamudeo y aparto los ojos de los de ella.

Hermione le beso la mejilla y le alzo el rostro para que la mirara, le gustaba ver el pozo sin fin de esos esmeraldas, eran como una laguna cálida y acogedora donde podía relajarse y hundirse, sin problemas.

-A ella no le gusta hacer eso. Y no me malinterpretes, no es que yo se lo pida o lo necesite- dijo apresuradamente. Hermione no podía dejar de sonreír de manera discreta ante la repentina timidez- aunque se siente jodidamente bien- volvió a sonrojarse, esta vez sin desviar sus ojos- pero las pocas veces que el tema salió a la superficie dijo que nunca lo haría, que ya no estábamos en la época donde las mujeres se arrodillaban.

-Harry- su nombre sonó cálido y acogedor, él vibro de deseo por ella- no estoy de rodillas porque tú me lo pides, lo hago porque tu placer aumenta el mío. Nunca haría algo con lo que no estuviera de acuerdo.

-"Tu placer aumenta el mío"- le susurró al oído, lo mordió y con la lengua trazo la curva del cuello- esta noche.

La tomo de la cintura para ponerse en pie. Hermione no se movió de su lugar, primero la encendía con su estúpida y sensual lengua y luego la dejaba con las bragas bañadas.

-Calienta bragas- lo golpeo en el hombro y camino delante de él con paso firme hacia el interior del hotel. Su enojo aumento cuando escucho la risa de Harry a la distancia.

El cierre de la cumbre estuvo bastante bien, especialmente porque había sido rápido. El día era luminoso en California, en Londres no tanto, pero el humor de Hermione no se podría comparar ni con el peor clima del mundo. Se sentía decaída, gris, como si un mal augurio revoloteara sobre su cabeza y se metiera debajo de su piel. Los últimos cuatro días habían sido un tortura por tener que estar tan cerca de él y tener que fingir y no arrancarle la ropa. Pero durante la noche no lograba separar los labios de la piel cálida que la adoraba con devoción casi pecaminosa. Dejarse amar por Harry era la cosa más sencilla del mundo e iniciar a amarlo, de una manera más fuerte y apasionada, era un paseo en carrusel.

Ahora que regresaban a casa tenía miedo. Miedo de sentirse culpable al ver a Ron y no poder vivir con ella. Pero lo que más la aterraba era que ya no podría despertar con Harry a su lado, de no escuchar esa respiración pesada en su oído, de las manos cálidas que siempre descansaban en su cintura, de los ojos verdes que aun a medio despertar le sonreían. Le asustaba también la fuerza de esos sentimientos que parecían aferrarse a ella, como si se tratara de una vida juntos que de repente se veía trágicamente cortada.

-¿Lista?- ella asistió y se tomaron de la mano mientras tocaban el plato de porcelana. El tirón conocido fue solo un pretexto para abrazarse a él.

Cuando todo a su alrededor dejo de dar vueltas se descubrió acurrucada al pecho de Harry mientras este la sostenía de la cintura, su brazo en contacto con su cuerpo la tranquilizo por un segundo, solo un segundo. Se miraron por un momento sin hablar, ella sabía que no podía quedarse más tiempo así, pero lo deseaba tanto, un poco más del contacto de sus calor, de sus ojos mirándola con mucho más que pasión o posesión, más que anhelo carnal, mirándola con necesidad, con urgencia de sentirse querido tal cual ella lo miraba a él. Sumergirse en esa laguna verde y olvidar que era una mujer casa.

Pero Harry aflojo su presa y a su pesar ella también dio un paso atrás. Alrededor de ellos, en la sala de aparición, los esperaba el Ministro de Magia, junto a otro grupo de funcionarios. Se acercaron a saludar alegremente, estrechando las manos con ellos, Harry hizo un rápido recorrido entre ellos y con un movimiento de cabeza se disculpó con todos, argumentando que tenía que reportarse con los aurores. Lo vio irse sin despedirse y algo en ella se rompió, la Hermione que había besado esos labios hasta dejarlos rojo granada golpeaba las paredes de su cabeza y rasgaba su piel por querer escaparse detrás de su pasos, pero la Hermione con responsabilidades y el anillo al dedo debió dejarlo ir