La noche era gélida y el agua caía helada hería la piel como agujas para nada placentera pero necesitaba caminar todas esas calles que separaban la mansión Black de la casa de Hermione, para saber si su decisión era la correcta o no. No es que lo hubiera planeado antes, sabia que tenia que dejarla, no insistir mas y olvidarse de sus besos y sus ojos ámbar llenos de deseo y esperanza. Seguro ella no lo sabia, estaba seguro que Hermione no tenía ni idea de la manera en que se le llenaban los ojos de esperanza por las mañanas cuando él despertaba pegado a su cuerpo. Había sabido leer e interpretar todas esas fantasías, que un sueño placentero y relajante impregnaba en sus ojos cuando recién despertaba, con solo verla pero había fingido no hacerlo, ¿Por qué? Porque sabía que no tenían futuro, eran amigos y no podían ser amantes, por lo menos no con sus familias cerca. Y Hermione jamás dejaría a Ron y pondría en peligro la estabilidad de su familia.
Pero era ella la elegida, Harry lo supo desde que la beso, y había sido injusto haberla tenido toda la vida cerca y no haberse dado cuenta. Así de jodida era la vida, y él siempre se había llevado la lotería en cuanto a vidas trágicas que el universo regalaba a algunos ineptos como él. Pero seria muy difícil verla en brazos de Ron y saber que a sus espaldas se quitaban la ropa con desesperación, por eso había decidido mientras la abrazaba por última vez en la sala de apariciones que esa era la despedida, que no volvería a tocarla con deseo o pensar en ella como algo más que solo la chica que era su mejor amiga y consejera. Lo había intentado de verdad, se había paseado por la mansión rezando a las fuerzas sobrenaturales que regían la humanidad, fuera quien fuera, que le diera coraje y valor para evitar correr detrás de ella. Recito como plegaria el nombre de sus hijos y de Ginny en medio del eco ensordecedor del agua sobre el tejado, para hacer sus nombres razones de peso para no cometer el pecado de amar a la mujer a la cual no le había jurado frente al altar su amor eterno y mientras los nombres se deslizaban de su boca hubo uno que inicio a sonar en su mente con mas potencia que los otros hasta que también este termino de escapar hacia sus labios, fue necesario pronunciarlo unas diez veces mas para convencerse de que no era un capricho, que la necesitaba, que no podía luchar contra la morar porque con ella había perdido todo rastro de razón y etiqueta social.
Por eso cuando se paro frente a la puerta de su casa y golpeo suavemente tres veces la puerta deseo que fuera Ron quien le abriera, porque a pesar de esperar que el miedo le hiciera cambiar de opinión a través de la larga caminara bajo la fría lluvia aun deseaba proponerle un acuerdo de lo mas inmoral. Pero nadie abrió, sabia que si llamaba al timbre despertaría a Ron, pero si Hermione aun estaba despierta de seguro escucharía sus suaves llamadas a la puerta. Pero después de tres intentos mas la puerta seguía cerrada. Intento tirar pequeñas piedras contra el cristal de la habitación, Ron no era famoso por tener sueño ligero, pero si Hermione. Cuando nada resulto se sentía cansado, devastado y decepcionado. Tal vez no fuera el destino, por mas decidido que él estuviera Hermione no aceptaría. Se sentó en la orilla de la calle junto a la cerca, las manos se le estaban congelando y la lluvia le mojaba toda la ropa.
La luz del farol fue cubierto por un momento y la lluvia dejo de caer sobre su espalda, cuando levanto la vista los risos castaños pegados al rostro de ella fuero lo primero que vio antes de verse en los ojos ámbar que lo miraban con asombro y su maldito y traicionero corazón salto dentro de su pecho. Se levantó de golpe, llevo las manos hasta la cintura de ella y la empujo hasta el pequeño espacio que separaba su casa de la del vecino, un callejón oscuro donde dejo de pensar y la beso en los labios con posesión. Ella era suya, lo quisiera o no, le diera permiso o se negara rotundamente, no lo estaba pidiendo si no que lo exigía, era su derecho.
-Mia- susurro entre sus labios aferrándola por el cuello y la cadera- mía para siempre.
-Harry- le dio un empujón ligero sobre el pecho pero Harry no iba escuchar razones, solo existía una sola razón y era que ella no tenía voz en ese asunto. Porque él podía ser sincero por los dos esta vez, dejaría que ella lo descubriera despacio mientras tanto él sería la razón por los dos.
-No Hermione- le metió la mano debajo de la blusa que se le pegaba al cuerpo y le acaricio el pecho con rudeza haciendo que salieran maldiciones de los labios de ella- maldita seas mujer, ¿Qué me has hecho?
Hermione se resistió nuevamente pero a Harry le pareció que iniciaba a menguar sus fuerzas y se entregaba cada vez más. Dejo sus labios por un momento mientras le sujetaba las manos detrás de la espalda para evitar que siguiera alejándolo y sujeto entre el pulgar y el índice el pezón tirando de él hasta escucharla gemir otra vez. Le beso el cuello y la clavícula, clavándole los dientes con fuerza en esta última, donde el escote cubría y nadie vería sus marcas pero ella sabría que estaban ahí.
-Harry- los labios apretados de ella dejaron escapar su nombre cuando Harry volvió a subir por su cuello y le mordió la oreja.
-¡Oh! Hermione, eres una maldita hechicera- Volvió a juntar los labios y se perdió en el beso que ella le entrego sin restricción, el agarre que ejercía en las muñecas de ella se aflojo lo suficiente para que Hermione pudiera liberar sus manos. Sin que Harry pudiera hacer nada ella le sujeto el rostro con fuerza.
-Eres idiota, no puedes hacer esto- Harry intento retomar el control pero las uñas de ella se clavaron en la tierna piel de su rostro como advertencia y Harry se detuvo al instante- maldito Potter- lo beso con furia como él lo había hecho apenas hace unos minutos.
-Cuidado con tu lenguaje- dijo él mientras ella le mordía el labio inferior en una pausa, sus manos ya fuera de la ropa de ella la mantenían pegada a la pared.
-Iniciaste tu a llamarme así.
-Porque eres mía…- nuevamente Hermione le tiro el rostro hacia atrás con ambas manos, con una fuerza tal que Harry trastabillo.
-No lo vuelvas a decir, por Merlín. En esa habitación sobre nuestras cabezas está durmiendo el hombre que se llevó mi juramento y tú no puedes reclamarme como tuya cuando también le perteneces a alguien más.
-No. No hay nadie a quien pertenezca a menos que seas tú.
Por un momento Hermione no dijo nada y Harry pensé que tendría que volver a recordarle a quien pertenecía, Así que cuando ella los desapareció a ambos y la puerta de la Mansión Black se materializo frente a él quedo muy descolocado.
