N/A: Muchas gracias por leer esta historia. Tengo muchas ideas y este fic está muy lejos de acabar... Aviso por si alguien piensa que con el nacimiento del bebé va a terminar la historia... ¡Y sólo es el comienzo! Podría decirse que esta historia son tres partes y estamos a punto de terminar una... Así que disfrutar...

Y por cierto, sé que no tocaba hoy la actualización pero tengo el capítulo listo y... No quería haceros esperar... La semana que viene vuelvo a los domingos... ¿O quién sabe?

Olga, muchas gracias. Me alegra que te guste. El padre de Sam no ha reaccionado muy bien, la verdad... ¿Te parece bien 3? Ya sabes a qué me refiero ;) Besos


CAPÍTULO 18: EN LO BUENO Y EN LO MALO

Cuando Blaine llegó, se encontró a Sam abrazando sus rodillas mientras lloraba desconsoladamente. El moreno se acercó y se sentó junto a él para abrazarlo y dirigirlo hasta su pecho. El rubio se agarró a él con fuerza, buscando el consuelo de su amado.

– No lo acepta, mi padre no lo acepta. – El ojiverde sollozó, con su cara escondida en el hueco que se formaba entre el cuello y el hombro de su pareja.

– Yo estoy contigo, mi amor. Sé que es duro pero... Igual acaba aceptándolo, como mi padre. – Anderson intentó consolarlo, recordando que su padre no se había mostrado muy comprensivo cuando salió del armario, incluso reconstruyeron un coche para "que fuera heterosexual".

Los dos se abrazaron con fuerza, sabiendo que estaban pasando por su primer problema en pareja. Pero les quedaba el consuelo de saber que su amor era más fuerte que todo.

El timbre sonó y Blaine y Sam se sorprendieron. El moreno dio un último beso a su novio para consolarlo antes de caminar hacia la puerta. Esperó a que el rubio desapareciera en dirección al baño para abrir, no quería que nadie viera los restos de las lágrimas de su pareja. Se quedó inmóvil frente a las personas que acababan de llegar.

– Hola Blaine... ¿Está Sam? – Mary preguntó mientras acariciaba suavemente el brazo de su marido, que miraba al embarazado de manera extraña.

– Sí, está en el baño... Pero antes de dejarles pasar, voy a advertirles una cosa. No voy a consentir que le hagan más daño. Si han venido a decirle que no aceptan que sea bisexual, será mejor que vuelvan por donde han venido. A mí no me afecta que no aprueben mi vida, hace años que me acostumbré al rechazo de las personas intolerantes, pero Sam es nuevo en esto. No está solo, me tiene a mí y no voy a dejar que luche ninguna batalla solo... ¿Queda claro? – El moreno estaba muy serio.

– Sí. ¿Puedes decirle a nuestro hijo que queremos hablar con él? – La mujer preguntó mientras entraba y se quitaba el abrigo.

El ojimiel fue al baño y llamó a la puerta. Poco después Sam salió y lo miró con una tímida sonrisa.

– Tus padres quieren hablar contigo. Yo iré a la habitación, si me necesitas no dudes en avisarme. – Anderson se puso de puntillas para besar a su pareja, abrazándolo para mantenerlo cerca... Al menos, todo lo cerca que se lo permitía su vientre abultado por el embarazo.

– Gracias. Te amo. – El rubio suspiró a escasos centímetros de los labios de su amado.

– Yo también te amo.

Sam caminó despacio hasta el salón, donde sus padres estaban esperándolo para hablar. Estaba muy nervioso, sabía que todo dependía de esa conversación. No quería perder a sus padres pero tampoco quería poner en peligro su relación. Blaine era la persona que siempre había estado a su lado, quién le mostró que era más que un cuerpo bonito en el instituto y cuando decidió dejar su carrera de modelo, el que lo amaba por como era y no por como podría llegar a ser, quién le aconsejaba, acompañaba y apoyaba en las cosas importantes y en las más sencillas. Era la primera persona que lo había conocido y aceptaba y amaba cada parte de él.

– ¿Queríais hablar? – El menor preguntó desde la puerta, tenía miedo de acercarse a ellos, tenía miedo de que algo fuera mal y perder a su familia para siempre.

– Sí, siéntate. – Dwight le ordenó y el joven obedeció.

– Tu padre y yo hemos estado hablando. – Mary informó.

– ¿De qué? – Sam quiso saber, aunque intuía que tenía que ver con su confesión horas antes.

– Sobre tu homosexualidad. – El mayor explicó.

– Bisexualidad, papá. Soy bisexual. – El joven aclaró cansado.

– ¿Cuál es la diferencia? – El padre preguntó.

– Una persona homosexual sólo se enamora y se siente atraído por personas de su mismo género, ya sabes, hombres por hombres y mujeres por mujeres. Las personas bisexuales nos sentimos atraídas y nos enamoramos de hombres o mujeres. Yo no me enamoro de un género, me enamoro de la persona, de lo que tiene en su interior... Me he enamorado de Blaine por su dulzura, por su fortaleza, porque me ve tal como soy, porque es perfecto... No estoy con él porque sea un hombre, estoy con él porque me hace feliz. – El hijo se mostró firme, no iba a consentir que hubiera dudas por eso.

– Lo que tu padre intenta decir, – Mary intervino, – es que te apoyamos, no importa con quién compartas tu vida mientras sigas siendo tú mismo y seas feliz.

– ¿De verdad? – El menor miró a su padre, esperando la confirmación de las palabras de su madre.

– De verdad.

Los tres se abrazaron, contentos de haber solucionado el problema. La mujer había hablado con su esposo, ayudándolo a comprender lo que había ocurrido. No había sido difícil, Dwight no era realmente homófobo, había conocido a Blaine años atrás y no había tenido nunca ningún problema... Incluso lo había visto cariñoso con Kurt y en la intimidad de su dormitorio, a solas con su esposa, había comentado que eran una pareja adorable. El verdadero problema era que no lo había visto venir y la sorpresa, acompañada del desconocimiento de lo que era la bisexualidad en realidad y la duda de si los dos jóvenes habían confundido su gran amistad con amor, habían hecho que cometiera un gran error. Pero por algo Dwight se había casado con Mary. Ella era la mujer que le ayudaba a ver y corregir sus errores. Ella le había explicado pacientemente todo e, incluso, había descubierto que su mujer llevaba tiempo sospechándolo... Mientras él pensaba en lo buena pareja que eran Kurt y Blaine, su mujer estaba desesperada y deseaba que Sam y Blaine se dieran cuenta de sus sentimientos.

– Y ahora... ¿Puedes pedirle a Blaine que se una a nosotros? – La señora Evans pidió cuando acabaron su abrazo y su hijo asintió.

Sam caminó hasta el dormitorio y llamó a la puerta antes de entrar. Blaine estaba tumbado, parecía incómodo mientras acariciaba su vientre.

– ¿Estás bien? – El rubio se preocupó.

– Sí... Es sólo que Valerie está inquieta. – El moreno aclaró.

– ¿Y eso? – El ojiverde se acercó y puso su mano sobre la redondeada barriga de su amado mientras se sentaba a su lado.

– Por ti y por la situación con tus padres. Se preocupa por ti. – El actor explicó.

– No bromees. – Evans rió. – ¿Qué ocurre?

– Es la verdad. Yo estoy nervioso por lo sucedido con tus padres y ella lo nota. Por eso está moviéndose tanto que juraría que está asistiendo a su primera clase de ballet. – El ojimiel aclaró.

– ¿Va a ir a clases de ballet? – El más alto preguntó divertido.

– Me gustaría que siga mis pasos... Pero ella elegirá lo que quiere hacer. – Anderson explicó.

– Vamos, mi madre está deseando que le cuentes todo sobre su futura nieta. – Sam le guiñó el ojo y lo ayudó a levantarse.

– ¿Todo bien? – Blaine preguntó.

– Todo perfecto. – El rubio lo besó en los labios antes de salir a reunirse con el resto de los Evans.

Los cuatro pasaron toda la tarde entre risas, contando anécdotas e intentando eliminar cualquier resto de incomodidad que pudiera quedar entre ellos. Cuando madre e hijo fueron a la cocina para preparar algo rápido para la cena, Dwight se quedó a solas con el embarazado.

– Sé que no tengo que pedírtelo porque amas a mi hijo y eres la mejor opción para él pero... Prométeme que lo cuidarás y lo harás feliz. – El mayor pidió.

– Se lo prometo.

– Tutéame, somos familia.

La sonrisa del ojimiel fue inmensa al verse aceptado por los Evans. Sabía que eso era lo único que les faltaba para ser completamente felices pero ya lo tenían y no podía desear nada más.