Si hay algo que caracteriza a Hermione, es su seguridad. La seguridad que tiene cuando toma una buena decisión y después nadie puede cambiarla de parecer. En este momento, mientras va caminando hacia la torre de Gryffindor, tiene esa sensación de que todo saldrá bien, muestra una seguridad en su rostro y esa sonrisa que se forma en él sólo confirma que ha tomado la decisión correcta. Después de las últimas semanas peleando contra ella misma por sus sentimientos hacia Draco, se sentía feliz y tranquila.

Son las once de la noche y la Premio Anual caminaba con toda la tranquilidad del mundo, incluso comienzo a tararear una canción muggle de amor que ha escuchado de la colección de música de sus padres.

Hermione rio, se siente como una niña de nuevo, quiere reír sin parar, brincar, correr, bailar… Aún quedan tantas cosas por realizar y disfrutar que por un momento teme que el tiempo no le alcancé.

–Babosa carnivora –dijo Hermione a la Dama Gorda, quien le abrió gustosa sin reclamarle de la hora.

La sala común estaba muy callada, a pesar de que al otro día sería domingo y no habría clases, la chimenea aún seguía prendida por lo que le brindó una ola cálida que la reconforto. Siguió tarareando feliz mientras caminaba hacia las escaleras de los dormitorios.

–Hermione, ¿Dónde estabas? –la voz de Harry hizo que se sobresaltará, no lo había visto y no esperaba que estuviera ahí en uno de los sillones apartados.

Hermione volteó hacia él y sonrió tímidamente, de pronto se acordó que había quedado con él para hablar y sintió palidecer.

–Haciendo ronda –fue lo primero que se le ocurrió decir.

–Es la una de la mañana, ¿no es algo tarde para eso? –preguntó Harry viendo que su amiga no sabía mentir.

–¿¡La una…!? –exclamó Hermione sorprendida, sin darse cuenta que acababa de delatarse a si misma.

–Ya me tengo que ir –dijo Hermione levantándose del sillón.

Draco Malfoy le agarró la mano deteniéndola, ambos sonrieron.

–No creas que te vas a ir sin responderme –le dijo con una media sonrisa.- No huyas Granger

–Bueno Malfoy no estoy huyendo pero ya es tarde –le contestó con el mismo tono que él uso.

–¿Tarde? –Preguntó y miró su reloj, marcaban las doce de la noche.- Pero apenas son las diez.

Y la jaló de la mano haciendo que se tropezará y cayera junto a él en el sillón. Hermione lo miró sorprendida y Draco se acercó a ella peligrosamente. Ella comenzó a reír y exclamó:

–Esta bien… me quedó pero sólo una hora más y ya –dijo Hermione queriendo sonar mandona.

–Como tú digas Granger…

"¡Maldito hurón…!" Pensó Hermione después de recordar, aunque bueno tampoco se podía quejar.

–No tienes porque mentirme –le dijo Harry seriamente sacándola de sus cavilaciones.

–Perdí la noción del tiempo –se disculpó diciendo parte de la verdad.

Se hizo un silencio. Hermione no lo miraba, se sentía avergonzada por hacer sido descubierta entrando a esa hora a la sala común y sobretodo por tener que mentir.

–Bueno no importa –comenzó Harry recargándose en el respaldo de uno de los sillones.– Necesito hablar contigo.

–Lo sé -murmuró Hermione sentándose junto a él pero manteniendo cierta distancia. Su mejor amigo sonrió, era muy obvio su nerviosismo.

–No sé como empezar –declaró mirándola con ternura a través de sus ojos verdes.– Pero es muy claro sobre lo que quiero hablar, debería ser sencillo ¿no?

Con cada palabra que decía, Hermione se sentía más culpable y pronto esa felicidad que sentía hace unos momentos se extinguía.

–Sabes que yo te quiero muchísimo Hermione, eres más que mi mejor amiga desde hace un tiempo… y ayer cuando me besaste yo…

–No sigas –interrumpió Hermione sabiendo que no soportaría seguir escuchando.– Harry perdóname en verdad… lo siento mucho.

–¿De qué hablas? –preguntó él incrédulo por el tono de voz en Hermione.

–Ya sé lo que dirás Harry, pero no será posible… en verdad perdóname –comenzó a disculparse Hermione sintiéndose la persona más cruel porque sabe que esta hiriendo a su mejor amigo.– Te voy a decir la verdad. Yo quiero a alguien más, hace algunos meses estaba segura que tu eras el indicado para mi… yo también sentía que éramos algo más que mejores amigos.

Hubo una pausa, las palabras le salían torpemente de su boca y sin mucho sentido. Harry se dio cuenta de la forma de hablar de su amiga, además hablaba en pasado sobre lo que siente por él y eso comenzó a preocuparle.

–Cuando inició este año, digamos que conocí a alguien. No lo tomé en cuenta pero se convirtió en alguien importante para mi… –trató Hermione de comenzar a explicar, sonrió tímidamente.– Se hizo inevitable que sintiera algo por él, me costo mucho aceptarlo y aún así sigo sin saber si es lo correcto pero algo en mi interior me dice que lo es.

–¿Puedo saber quién es? –preguntó Harry escondiendo el coraje que comenzó a sentir.

–¿En verdad necesitas saberlo? –pregunto Hermione, evitaría a toda costa decirle quien es.

–Sólo quiero saber si es bueno para ti… si te entiende y conoce como yo lo hago.

Hermione sintió un nudo en la garganta, hay una gran diferencia entre Harry y Draco eso no lo iba a negar, aunque sabe que hay mil razones para no estar con Draco ya ninguna le parece suficiente.

–No te preocupes, lo hará –contestó convenciéndose más a si misma.

Harry sonrió tristemente, no le pareció satisfactoria esa respuesta. Poco a poco comienzo a sentir esa punzada en el pecho, esta mañana cuando repasaba lo que le diría a Hermione, se imagino una escena totalmente diferente en donde ambos terminarían besándose… Ni por un segundo le paso por la mente que Hermione quería a alguien más y lo peor es que en ningún momento lo vio venir.

–No me dirás quién es, ¿verdad? –insistió Harry.

–No, quiero evitar problemas.

"¿Problemas? ¿A qué se refiere?" Pensó Harry, no entendía la actitud de Hermione, era como sí quisiera evitar hablar de la persona y no era como sí temiera que él pudiese hacerle algo sino era algo más que no podía identificar.

–Entonces, ¿por qué me besaste? –reclamó Harry.

Hermione palideció, hasta ahora no se le había ocurrido una excusa para lo que paso en Halloween.

–Porque… porque estaba confundida. Sé que hice mal pero era la única forma de saberlo, me sentía desesperada al no saber por quien sentía algo más que solo amistad. En verdad lo siento Harry, no es mi intención herirte y espero no me odies–contestó Hermione con la voz llena de arrepentimiento y diciendo todo rápidamente.

Harry rió, en su interior aquellas palabras de Hermione le agrandaron la punzada en el pecho y aún así logro hacerlo reír.

–Faltaría algo mucho más grande para que llegue a odiarte –dijo Harry al ver la cara de confusión de su mejor amiga.

–No quiero que nadie cambie entre nosotros Harry.

–No te preocupes, nada cambiará –contestó brindándole una gran sonrisa.

Hermione se sintió más aliviada pero la expresión de su rostro seguía llena de preocupación y culpabilidad. Harry la miró con ternura, camino los pocos pasos que lo separaban de ella y la abrazo por el hombro.

–Compón esa cara Hermione, yo aún te quiero –trató de subirle el animo logrando que ella sonriera un poco.– Si hay algo que he aprendido durante todos estos años es... acercó su rostro al de ella, con su respiración acarició su mejilla y le susurró al odio.- Nunca darme por vencido…

Ambos saben que aquello fue una promesa y Harry nunca rompe sus promesas. Así es él, nunca se da por vencido sin importar lo difícil de la situación, dispuesto hacer hasta lo imposible. Hermione sintió un escalofrió recorrerle la espalda, Harry siempre lucha por lo que quiere, ¿hasta que punto estará dispuesto por ella?

–Buenas noches –se despidió Harry y le dio un beso en la frente.

Hermione observó como subía las escaleras hasta el dormitorio de los chicos. En cuanto estuvo sola soltó un gran suspiró, de pronto se sintió demasiado cansada, habían pasado tantas cosas en un solo día que la idea de estar en su cama le resulto sumamente tentadora. Con lentitud subió hasta su cuarto sin dejar de pensar, ¿qué es lo que deparará mañana?


Luna Lovegood corría lo más rápido que sus piernas le permitían, moría por contarle algo a Ron y algo le decía que buscará por los invernaderos del colegio. Casi brinco los últimos peldaños de la escalera para llegar al vestíbulo, sin detenerse empujo con fuerza la puerta que da al exterior. Ya no llovía pero la humedad permanecía en el ambiente, enseguida se arrepintió de no llevar algo más grueso para taparse. Su largo cabello rubio era agitado bruscamente por el aire y el movimiento de sus pasos y sujetaba con la mano izquierda los collares de colores que llevaba en el cuello.

Comenzó a disminuir sus pasos en cuanto estuvo a un par de metros de los invernaderos, aún así no se detuvo a recuperarse un poco. Siempre le ha gustado visitarlos, sobretodo cuando va con Neville y le enseña un montón de cosas sobre las plantas y sus diferentes usos. Se adentró a los pasillos, de pronto escuchó una risa traviesa, no reconocía la voz pero era claro que pertenecía a una mujer. Se detuvo para tratar de localizar de donde provenía esa voz, cuando de pronto a unos cuantos metros de distancia apareció Ron y antes de que pudiera gritarle, Lavender Brown salió tras él.

–Vamos Ron –le dijo emocionada agarrándole su mano.

Luna se quedó paralizada viendo la escena, ¿Qué hacían ahí Ron y Lavender? La pareja no se daban cuenta de la presencia de Luna.

–Lavender, ya te dije que no –contestó Ron sin mucho convencimiento de que aquello era un no definitivo.

Ella se acercó lentamente al pelirrojo, rozo por unos segundos los labios de éste y luego se aparto divertida.

–Yo sé que todavía te gusto Ron, no puedes negármelo –le dijo Lavender al oído, haciendo que Ron se estremeciera.

–¿Qué te hace pensar eso? –la desafió Ron, sin poder evitar mirar sus labios.

Lavender sonrió traviesamente, había sido un error haber cortado el año pasado pero ahora que sabe lo que quiere, esta dispuesta a recuperarlo.

–Porque no dejas de mirarme los labios…. –respondió seductoramente.

Entonces, se besaron… Luna sintió que algo se rompía dentro de ella, ¿cómo pudo haber sido tan tonta? Sin poder soportarlo más, salió corriendo de allí. Y pensar que tendría una oportunidad con Ron cuando es obvio que nunca la va a querer más que una amiga… Tal vez ya sea hora de que deje de soñar despierta.


Domingo por la tarde, no tienes nada que hacer pero tampoco quieres hacer algo. Estas en la aburrición total y el sólo hecho de pensar que al otro día es lunes, te desanimas por completo. Sobretodo si tus mejores amigos te abandonaron por una practica de Quidditch y acabaste todos los deberes que pudiste adelantar.

Aunque claro, sus amigos la invitaron a ver la practica pero Hermione no quiso. Estar sola en los asientos del estadio, con todo el frio del viento pegándole en el cuerpo, tratando de aparentar que disfruta viéndolos jugar y gritarse entre todos, viendo a veces los esfuerzos inútiles de Harry para que le hagan caso… aquello no era su idea perfecta de pasar un domingo por la tarde, prefirió estar sola en la sala común, con el calor de la chimenea y leyendo.

Ya estaba cerca de su sala común cuando de repente alguien le tapó los ojos, soltó un grito ahogado. No reconocía esas manos, eran frías, era obvio que pertenecían a un hombre… trató de quitárselos de encima y sólo recibió que el extraño se apegara más a su cuerpo. La respiración de Hermione comenzó a agitarse y sus latidos estaban a mil por hora.

–¿Por qué tan nerviosa, Granger? –le susurró Draco al oído. En ese momento le destapo los ojos.

Hermione se volteó hacia él con la sorpresa en su rostro, alzó el puño y le pegó a Draco en el estomago, él no se esperaba ese tipo de reacción, creía que las mujeres se emocionaban cuando el chico que les gustaba se acercaba a ellas de esa forma.

–¡Me asustaste! –exclamó Hermione justificándose por lo que hizo.- ¿te dolió?

–No… estoy bien –dijo Draco resentido.

Draco se agarró el estomago donde le había pegado, cuando de repente Hermione lo abrazó. Ahora el sorprendido era él, por un momento se quedó estático. "Primero me golpea y ahora me abraza… ¿qué sigue? ¿Lanzarme un maleficio?" No esta acostumbrado a ese tipo de tratos, ni siquiera a los abrazos por muy triste que pueda escucharse. Pero por primera vez, ya no le dio tantas vueltas al asunto. Le correspondió el abrazo a Hermione dejándose permitir disfrutar de esa calidez y del olor que desprendía ella, quien al sentir los brazos de Draco esbozo una gran sonrisa y lo estrecho con más fuerza.

–¿Tienes algo que hacer? –le preguntó Draco después de un momento, se percato de la peligrosidad de estar ahí a la mitad del pasillo, juntos.

Entonces, la idea de estar sola en la sala común leyendo un libro y disfrutando el calor de la chimenea, le resulto ser una pésima idea para pasar un domingo en la tarde.

–No, no tengo nada que hacer –respondió esbozando una sonrisa.

Se separaron, Draco tenía una media sonrisa en el rostro.

–¿Te apetece un chocolate caliente? –sugirió y ella asintió gustosa.

Juntos caminaron hacia las cocinas, estaban separados por un metro de distancia para no levantar sospechas fingiendo que iban arreglar un asunto de prefectos con la profesora McGonagall. Aún faltaban muchísimas cosas por conocer uno del otro y por esos momentos, inconscientemente estaban dispuestos a mentirles a todos.


–¡Ya es suficiente por hoy! Vayamos a descansar –exclamó Harry aterrizando en el campo después de una hora y media de entrenamiento.

Todo el equipo aterrizó feliz, había bajado la temperatura y su cuerpo les reclamaba una ducha caliente. Entre risas y bromas, caminaron a los vestidores, sin darse cuenta que su capitán se quedó en el campo viendo hacia el cielo.

La noche anterior no había podido dormir, las palabras de Hermione aún resonaban fuerte en su mente, ¿quién será el otro? No puede creer que haya pasado eso, ¿en que momento fue? Porque ni siquiera se dio cuenta…

–¿Estas bien? –preguntó Ginny a su lado, en ningún momento la escucho acercarse.

Harry sonrió con amargura, detectó otro significado a esa pregunta.

–¿Ya te contó? –le preguntó sin siquiera mirarla, su vista estaba en el cielo.

–Si, me contó esta mañana -respondió, odiaba verlo de esa manera.– No me quiso decir quien es al que quiere, se rehusó a seguir hablando de ello como si fuera algo prohibido.

–Bueno, es mejor no enterarme quien es… –dijo Harry.

Ginny lo miraba con compasión, deseó decirle que olvidará a Hermione, que ella puede ayudarlo a olvidarla… ¿acaso no se da cuenta? Todavía lo quiere y a pesar de haber salir con otros chicos, ella nunca pudo dejar de quererlo. Pero lo único que dijo fue:

–¿Seguirás intentándolo? –pregunto Ginny con miedo de esa respuesta.

–Si –respondió en un susurró.

–¿Y si sales herido…? –repuso Ginny sin pensarlo, quería darle ánimos para seguir intentándolo pero inconscientemente no podía.

–Qué ironía entonces, la única persona que me ha sabido curar… termina hiriéndome –le respondió Harry sonriendo por la posibilidad de ello.

–Harry sabes, que hay muchísimas chicas que mueren por estar contigo y no porque seas el Elegido o el niño que vivió, sino por lo que eres realmente –dijo Ginny escondiendo tras esas palabras el significado: "inténtalo conmigo".– Estarían dispuestas a todo por ti…

Harry por primera vez la miró. Se sorprendió un poco al verla ruborizada y los ojos le brillaban… como de coraje. De alguna forma, cuando su mejor amiga no esta, Ginny intenta levantarle el ánimo por lo general lo logra pero esto es diferente y ella sabe que esas palabras solo le provocan un vacio.

–El problema es, sólo quiero a Hermione… y ella es única –le respondió sinceramente sin darse cuenta el daño que le hicieron esas palabras a Ginny.– Gracias por querer levantarme el animo, iré a cambiarme.

Se alejó de ahí, dejándola sola con esa sensación familiar de un nudo en la garganta, la punzada en el pecho y con las esperanzas rotas. Aquello le pasa por no haberle dicho toda la verdad a Harry cuando tuvo su oportunidad, ahora se tiene conformar con darle la verdad a medias.