–Vamos a llegar tarde –susurró Hermione tratando de sonar convincente pero su voz se perdió cuando Draco la sujeto con más fuerza.
–Muy importante la clase de Historia de la Magia –dijo Draco sarcásticamente.
Hermione ya no pudo insistir porque nuevamente los labios de Draco estaban sobre los de ella. La habitación cerca de la torre de astronomía, era la única testigo de los besos robados, la insistencia de quedarse un poco más y de las palabras que nunca serán pronunciadas fuera de ésta. Draco sabe con certeza, no hay marcha atrás… ha probado lo suficiente para volverse adicto a Hermione.
Una voz en el interior de ella, le susurraba lo tarde que llegaría a la clase. Se resistió unos instantes pero su parte responsable y lógica le ganó. Sabía que Draco no la dejaría ir tan fácilmente… sonrió traviesa.
–¡Auch! –exclamó Draco sorprendido.
Hermione le había mordido el labio y ahora salía corriendo mientras reía, sin salir de su sorpresa no dudó en seguirla. Corrieron escaleras abajo y sin fijarse, ella abrió la puerta y corrió hacia la clase del profesor Binns, Draco estuvo a punto de alcanzarla pero ella ágilmente se escapo.
–No te vas a escapar Granger –exclamó divertido Draco, le sorprendió lo ágil que era pero él no se quedaba atrás.
La risa de Hermione lo contagiaba, tuvieron que esquivar un grupo de alumnos de primer y tercer año quienes eran los únicos con hora libre a esa hora, él estuvo a punto de atropellar a una niña que solo pudo gritar de sorpresa.
–Creí que las serpientes eran rápidas… –lo provocó Hermione burlona cuando perdieron de vista a los alumnos.
Draco apretó el paso, por la tonta niña se atrasó y para alcanzarla tuvo que bajar de tres en tres las escaleras. Se dio cuenta que faltaba ya muy poco para llegar al aula, pero él tendría su venganza… sonrió, de un movimiento rápido agarró a Hermione y la colocó contra la pared.
–Esta bien… esta bien, me atrapaste –se rindió entre risas.
Ambos se quedaron quietos para recuperar el aliento, entonces Draco la miró con ojos entrecerrados y una sonrisa traviesa en el rostro.
–Quien iba a pensar que podrías jugar sucio –susurró Draco.
–No deberías subestimarme, Malfoy –respondió Hermione imitando los gestos de arrogancia de Draco.
El slytherin no pudo evitar sonreír, con lentitud comenzó acercarse a Hermione para besarla…
–Aún tienes que aprender mucho de mí –susurró Hermione rozando sus labios y rápidamente se escabullo de Draco alejandose divertida.
Con un rubor peculiar en las mejillas, la castaña entró primero al aula del profesor Binns sin ver la sonrisa con la que Draco la miraba mientras desaparecía tras la puerta.
Así es el nuevo amor… cuando dos personas empiezan una relación se sienten totalmente felices, se llenan de gran seguridad y todo lo demás no tiene importancia. Esas ansias de ver a la otra persona te llenan por grandes momentos. Así fueron los primeros días de la semana para Draco y Hermione.
A ambos le sorprendían lo natural que era estar juntos, después de todos los años de odio mutuo nunca pensaron que podrían llevarse bien además de descubrir que tenían muchas cosas en común. Nunca habían hablado con alguien a un nivel en que desafiaran su inteligencia, que les hiciera cuestionar sus ideas y que la otra persona tuviera interés en escuchar más.
A pesar de todo, había ciertos momentos y temas que simplemente ninguno de los dos tenía la confianza de hablar, resaltando nuevamente sus grandes diferencias, Hermione fue criada en un mundo muggle y Draco en el mundo mágico bajo conceptos ideales fuertes. Entonces, comenzaban a discutir por las grandes diferencias en sus personalidades y en su forma de pensar, aunque después se olvidarán de ello al parecer siempre habría esa brecha entre los dos.
Y ninguno de los dos lo comprenderían tanto hasta el jueves. Durante la clase de pociones, entre el vapor de los calderos y el olor fuerte a hierbas, Draco Malfoy dejó caer discretamente un pedazo de pergamino junto al caldero de Hermione.
Hoy no podré ir...
Era todo lo que decía aquel pedazo y Hermione se sorprendió sentirse tan desilusionada por ello… Aunque podría aprovechar la tarde para pasar tiempo con sus amigos, no le pareció muy atractiva esa idea. Cuando el profesor Slughorn anunció el tiempo que quedaba, Hermione despertó de su ensoñación y se apresuró a terminar la poción, pensando que aquella tarde se le haría eterna.
Draco Malfoy caminaba solo por los pasillos del colegio, aún era temprano y ya no tenía tiempo de ir a comer algo. Esa misma mañana recibió un mensaje de parte de su tía Bellatrix, decía que el Señor Tenebroso quiere verlo en cuanto terminarán las clases para no levantar sospechas. Sin embargo, lo primero que pasó por su mente fue que esa tarde no vería a Hermione. Pero entre más rápido acabe con ese asunto podría alcanzarla.
Empujo las grandes puertas de madera y el viento le azoto en el rostro, no le importó el frío, siguió caminando con paso decisivo hacia el bosque prohibido. Ya conoce de memoria el camino para llegar a los límites del colegio donde pueda desaparecer, después de varias incursiones ya tampoco tenía miedo de aquel bosque. De pronto, sintió un pequeño ardor en el antebrazo izquierdo.
–Ya voy –murmuró malhumorado justo en el momento en el que llegaba a los límites y sin más desaparecío entre los árboles.
Apareció a unos metros de la gran reja con una M enlazada con distintas formas, detrás de ésta se divisaba la enorme Mansión. Estaba muy lejos de sentirse en casa como antes, ahora es como entrar a una especie de tortura en la cual no ve la hora para poder salir de ahí y alejarse de toda la gente maniática. Con un simple movimiento de varita, la reja se abrió reconociendo al dueño de esa mansión. Sentía con cada paso que daba una pesadez, como si la grava debajo de sus zapatos se volviera lodo espeso ¿de qué se trataba esto?
"Basta, mantén la cabeza fría..." Se dijo a si mismo. No podía entrar y encontrarse con Lord Voldemort de esa manera. Subió los peldaños de la entrada, abrió la puerta con fuerza y apenas entrando se vio rodeado de un elfo.
–Señorito Malfoy... Su capa por favor –dijo con su acostumbrada reverencia.
–No es necesario –lo corto com frialdad pasándolo de largo.
–Están en el salón –murmuro el pequeño elfo sabiendo de lo que podía pasar si hacia enojar a su amo.
–Lo sé –le contestó y siguió su camino.
¿Ya cuanto tiempo tiene que su mansión se convirtió en el cuartel general? "Desde que mi padre falló..." recordó con amargura. Tocó dos veces la puerta del salón y entró. Como siempre la única luz de la habitación provenía de las llamas de la chimenea, había varios mortifagos dispersos, entre ellos su madre ya que Lucius seguía en Azkaban. Por supuesto su tía Bellatrix se encuentra muy cerca de Voldemort.
–Draco –exclamó Voldemort como si le diera la bienvenida, muchos voltearon a verlo con burla y odio. Draco se detuvo a unos pasos del Señor Tenebroso e hizo una ligera inclinación. Odiaba tener que hacer eso, cada vez sentía que perdía un poco de su dignidad y peor, se sentía como un elfo domestico.
–Veo que has recibido mi mensaje. Te contaré tu misión –comenzó a decir como si se tratará de un cuento, se sentó en el gran sillón y llamó a Nagini.– En Barnton reside un mago que se esconde entre los muggles, su nombre es Robert Odge. Tiene información importante para mí pero no ha querido colaborar y lamentablemente se encariño con una familia muggle…
Todos en el salón soltaron una risa maliciosa, excepto Narcisa Malfoy quien miraba expectante a su hijo.
–Entiendo –dijo Draco inexpresivo
–Viven detrás del cementerio, casa número 20, será fácil encontrarlo es un pueblo pequeño… No quiero que los mates aún, es sólo una advertencia para nuestro querido amigo –continúo el Señor Tenebroso.– Dales el pequeño mensaje: si Robert no me da lo que yo quiero… matarás a todos.
–Si, mi Lord –respondió Draco con una ligera inclinación de cabeza, dispuesto a irse.
–Me alegra confiar en ti Draco, has resultado mucho más útil que Lucius…–Voldemort acariciaba a Nagini de tal manera que intimidaba, no sabías en que momento le ordenaría matar.– Llegarás lejos, no me decepciones.
–No lo haré –respondió Draco con todo su autocontrol.
–Narcissa deberías estar muy orgulloso de él, es un gran ejemplo para los demás sangre pura –agregó Voldemort mirando a Narcisa Malfoy.
–Lo estoy –respondió de forma mecánica e incomoda ante la mirada de todos.
Draco la miró a los ojos por primera vez, se miraron con ternura. Madre e hijo se entendían.
–Ya puedes irte –le indicó Voldemort cambiando su tono de voz.
"¿¡Cómo se atreve a echarme de mi propia casa!?" Lo odiaba. ¡Tener que tragarse su orgullo para obedecer a ese mestizo…! Todo para limpiar su apellido, para cubrir las fallas y malas decisiones de su padre. Estando lejos del salón, con furia arrojó un jarrón al suelo e inmediatamente el elfo doméstico apareció para limpiar el desastre, Draco lo ignoró. "¡No vale la pena…!" pensó. Odiaba sentirse acorralado, no tenía otra alternativa que obedecer.
Con fuerza abrió la puerta y salió, aún faltaba mucho para anochecer pero el ambiente ya era más frío, atravesó el camino de grava y desapareció lejos de ahí. Todo se dejó de mover en cuanto tocó tierra firme, apareció a las fueras de Barnton, con determinación comenzó su camino hacia el lugar. "Y pensar que esa pobre familia muggle no sabe lo que le espera…"
¿En qué momento se convirtió en una especie de torturador? ¿Cuándo fue que su vida dio un giro tremendo? "Al terminar el cuarto año en Hogwarts" En su regreso del curso escolar, su padre le contó todo: Voldemort había regresado y ellos estarían a sus ordenes para mejorar a la comunidad mágica, se enteró que su padre es un mortifago y eso también estaba en su destino. Esa noche, no durmió pensando en su futuro y se emocionaba al pensar el día en que le marcarían la Marca Tenebrosa en el antebrazo izquierdo… ahora lo detesta.
Al principio estaba deseoso de poder ayudar en algo, resaltar para que Voldemort viera lo buen mortifago que podría llegar a ser. Las ideas con las que su padre lo educó tenían más valor porque sería para gobernar ese nuevo mundo que dibujaba su padre. Esas vacaciones de verano aprendió muchas cosas tenía dos maestros perfectos: Bellatrix y Snape.
Cuando regreso a su quinto año en Hogwarts, se sentía poderoso y se convirtió el líder de la casa de Slytherin, no le temía a nada e incluso apoyo a esa profesora loca Umbridge perteneciendo a la Brigada Inquisitorial y atrapó a Potter en sus estúpidos planes. Para Draco todo iba perfecto… hasta que su padre falló en esa misión en el Ministerio de Magia. Entonces, todo se vino abajo… su padre en Azkaban, Voldemort furioso por el fracaso, su madre echa pedazos porque sabía lo que vendría, en la sociedad mágica los Malfoy se convirtieron en sinónimo de despreciables.
Algunos seguían respetándolos por puro miedo o compasión, pero no era lo mismo. Entonces sucedió: bajo órdenes de Voldemort, su tía Bellatrix lo preparó para ser un mortifago. Nunca olvidaría esas semanas, viajaron a varios lugares muggles donde lo ponían a prueba… en esos momentos dudó por primera vez si todo lo que su padre le enseñó era correcto.
Pronto, Voldemort le prometió que le grabaría la Marca Tenebrosa en él y sería oficialmente parte de los mortifagos, no supo cómo fue en realidad pero recuerda que le respondió con un no. Todos los presentes se sorprendieron, su tía Bellatrix le gritó traidor y su madre lo miraba atónita. Es sorprendente como un simple no, puede causar un caos. Voldemort lo amenazó con la vida de Narcissa, él no supo cómo interferir pero Snape intervino y quedó por algún tiempo protegida… Draco no tuvo alternativa, o era unirse a ellos y ser el hombre que respondiera al apellido Malfoy o morir junto con su familia. Su madre también pensaba ello, no había nada que hacer y mucho menos con Lucius en Azkaban. Es por ello que a partir de estas pequeñas misiones, obtienen "el perdon" de Voldemort.
El frío hizo que regresará a la realidad y se encontró en la calle principal de Barnton, fue muy fácil localizar el cementerio. Para su suerte estaba desierta la calle donde vive la familia muggle, así tendría que ahorrarse borrar memorias.
"¡Qué idiota! No colocó ninguna clase de protección para ellos…" Abrió la puerta de madera y entró al jardín, antes de entrar, coloco los hechizos necesarios para que nadie llegara a interrumpir o escuchar. Para estos momentos, aprendió que lo mejor es mantener la mente fría y el rostro inexpresivo, debajo de su capa sacó su mascara de mortifago de esa manera podría interpretar perfectamente su papel.
Entonces, abrió la puerta… lo primero que escuchó fue un aparato muggle prendido, alguien en la cocina. Azotó la puerta al cerrar y obtuvo lo que buscaba. De ambos cuartos donde salía el ruido, salieron los esposos sorprendidos y la señora gritó al verlo imponente en el recibidor de su casa. Rápidamente, Draco sacó su varita y con un "Incarcerus" los inmovilizó.
–¿¡Quién eres!? ¿Qué haces aquí? –exclamaba la señora desesperada.
–¡No hemos hecho nada! –también exclamaba el señor.
"Falta alguien…" pensó Draco ignorando los reclamos. Comenzó a buscar con la mirada, pero su respuesta llegó cuando escucho que alguien bajaba las escaleras.
–¿¡Qué sucede!? –preguntó asustada la hija.
–¡No bajes! –gritó la señora asustada, pero Draco se adelantó y la vio en los últimos escalones, la hija gritó y antes de poder volver a subir las escaleras, Draco usó el mismo hechizo y la inmovilizó.
A los tres, los llevó a la sala con un movimiento de varita. Desde hace un año se volvió muy hábil para los hechizos.
–¿¡Quién rayos eres!? –gritó el señor tratando de hacerse el valiente.
–Soy un mensajero… ¿ustedes conocen a Robert Odge? –comenzó Draco hablar de esa manera arrogante característica de él.
La señora negó con la cabeza pero la mirada de la hija, delató que si lo conocen.
–¡No mientan! –exclamó Draco.– Robert, tiene información para el Señor Tenebroso… pero él no quiere colaborar, si no lo da por las buenas… entonces será por las malas.
–¡Aquí no vive! –exclamo la hija desesperada, sabía de la existencia de los magos gracias a Robert, pero no conocía en absoluto sobre la magia y aquel hombre frente a ellos no les ocasionaría cosquillas con trucos.
Draco volteó a mirarla, se dio cuenta que tenía más o menos su edad. Pero eso no fue todo, tiene un parecido con alguien… por un momento se quedó congelado. ¿Quién era él para castigar a esas personas inocentes? El problema es con ese tal Robert, no ellos.
–Lo sé… pero tengo entendido que se encariño con ustedes –continuó Draco pero su voz perdió un poco de credulidad.
–¡Pero por favor…! –chilló la señora.
–¡Silencio! –gritó Draco
"Termina con esto…" pensó Draco para mantener la cabeza fría, estaba dudando. Apuntó la varita hacia la señora quien comenzó a tratar de zafarse de las fuertes cuerdas, su vacilación fue muy obvia.
–¡Maldito seas! ¡Todo ustedes son unos fenómenos! ¡Ni siquiera deberías llamarte humano! –gritó con odio el señor.
Entonces su duda termino, fue reemplazada por coraje. Lo había ofendido un insignificante muggle y todas las ideas con las que creció regresaron de golpe.
–¡Cállate! –gritó Draco apuntando ahora hacia él, detrás de la mascara había un cierto parecido en la expresión de Bellatrix Lestrange.– ¡Tú no sabes nada de mi, inútil muggle! ¡Ustedes no son nadie junto a nosotros…! ¡Alguien debería exterminarlos….! Alguien debería castigarlos…
–¿Muggle? –cuestionó la hija pero la ignoro.
–¡No te tengo miedo! –gritó el señor como respuesta aunque ya no se veía el mismo valor con que lo ofendió al principio.
–Deberías… –respondió Draco con frialdad.– Tu valentía termina aquí, tal vez aprendas a respetarnos y saber cuál es tú lugar: abajo de nosotros, los fenómenos.
-¡No! -gritó la hija cuando vio las intenciones.
Pero Draco la ignoró, sin ninguna duda ya, apuntó al pecho del señor y exclamó:
–¡Crucio!
Hermione sin muchos ánimos, caminaba hacia la torre de astronomía. La tarde se le estaba haciendo eterna sin la presencia de Draco aunque ya desde hace un buen rato había anochecido. Nunca le había pasado algo así, la ansiedad de verlo, el cosquilleo intenso cuando la miraba… ¿en verdad se estará enamorando? No, aún falta mucho para llamarse enamorada. Pero no va a negar que nunca se había sentido de esa manera, ahora ni estar en la biblioteca le entretenía.
"Estoy perdida…" pensó mientras seguía caminando, en verdad sin querer había cambiado desde que empezó a tener una especie de relación con Draco. Cuando llegó al lugar ya bastante familiar, entró al aula, caminó hasta detrás del escritorio y entró al cuarto, agarró el libro y la estantería se abrió… con menos ánimos, subió las escaleras y entró al cuarto, su calidez la envolvió. Suspiró, ese cuarto le parecía igual de frio como el aula de abajo sin la compañía de él… Se acomodó en el sillón y comenzó a leer el libro que llevaba.
Los minutos pasaron, al parecer bastaba estar en ese lugar para que leer volviera a entretenerla. Hermione estaba perdida entre las líneas del libro sobre hechizos no verbales, cuando la puerta se abrió de repente. Draco Malfoy entró con una expresión abrumadora a la habitación y se sorprendió ver ahí a Hermione. Se veía cansado y algo pálido, pero también lucía realmente preocupado.
–¡Draco! –exclamó Hermione con una sonrisa, no pudo evitar sentirse feliz con su presencia.
–Hola… –respondió el slytherin por lo bajo.
Algo andaba mal. Hermione lo observó y se dio cuenta que sus zapatos y parte del pantalón estaban manchados de tierra. ¿Habrá ido al bosque prohibido?. Draco se sentó junto a Hermione sin decirle nada más.
–¿Estas bien? –le preguntó ella preocupada al ver el estado de Draco.
–Si –murmuró casi con indiferencia, ni siquiera la miró.
La castaña se quedó mirándolo esperando a que dijera algo más pero no fue así. Decidió darle su espacio entonces, cuando quiera hablar, hablará. Por primera vez notó lo poco que se conocían uno del otro, Hermione en realidad nunca lo había visto así por lo que no sabe cómo manejar la situación y por eso decidió esperar, agarró otra vez su libro y reanudo su lectura.
"Ahora lo entiendo…" pensó Draco cuando finalmente miró a Hermione leyendo. Todo el camino de regreso ha estado pensando ¿por qué dudo? ¿Por qué por un momento no pudo seguir cuando estaba en Barnton? Ahora lo sabe, esa muchacha tenía algo que lo detuvo. Se parecía a Hermione… estaba muy lejos de ser igual de bonita que ella, pero sus rizos castaños y esa valentía en los ojos de ella, eran iguales.
"¿Hasta que punto Hermione ha llegado a cambiarme?" pensó preocupado, eso no esta bien… por su culpa estuve a punto de fallar esa misión. No puede ser así… Simplemente no iba a permitir volverse vulnerable a sus sentimientos por ella, lo único que provocaría es que fracasará y francamente no está en la situación ideal para eso. Existen prioridades más grandes que el amor.
–¿Por qué siempre estas leyendo? –preguntó Draco de repente con un tono frío de voz.
Hermione lo miró confundida. ¿Qué rayos…?
–¿Te molesta? –le contestó algo enojada.
–Si, ¿no tienes otra cosa que hacer? –respondió Draco. No podía controlar sus palabras, de pronto se sentía furioso.
–Podría estar contigo… pero desde que llegaste pareces estar muy lejos –le reclamó Hermione mientras cerraba el libro con rudeza.
–Estoy cansado –contestó Draco al tiempo que se levantaba del sillón y se alejaba de ella.
–Esa no es justificación para que me hables de esa manera –le respondió Hermione más enojada y también se levantó.- ¿Estuviste en el bosque prohibido?
Esa fue una alarma para Draco, rápidamente volteo a mirarla, ¿acaso sabe algo?.
–Yo no tengo porque dar explicaciones a nadie y mucho menos a ti, sangre sucia –le contestó de una manera muy fría.
Hermione de pronto se sintió ofendida y enojada consigo misma, por pensar que las cosas habían cambiado. Agarró sus cosas dispuesta a irse de ahí, no tiene por qué soportar ese tipo de humillaciones.
–Ahora soy sangre sucia ¿no? –enfatizó lo último con el mismo tono que él empleo.– Mañana ya seré Granger y luego Hermione ¿no?
Draco no contestó. Sabe perfectamente que cruzó el limite pero aún así no piensa disculparse, sólo se limitó a mantener la mirada.
–¿A qué estas jugando? –exclamó la castaña.
Eso fue lo último que dijo Hermione antes de salir de la habitación echa una furia. Draco escuchó sus pasos perderse en la escalera y después la puerta cerrándose fuertemente, estuvo a punto de seguirla pero algo lo detuvo en su mente.
"¿A que estoy jugando?" pensó ahora enojado consigo mismo, miró las llamas de la chimenea.
–Sólo no quiero lastimarte… –murmuró para si mismo deseando que Hermione nunca llegará a ver el Draco mortifago, cruel y despiadado que es... Deseando que nunca ella tenga que convertirse en la misión.
Hola,
perdón, perdón, perdón por la tardanza. Estuve en finales de semestre y me fue imposible poder actualizar. Pero ya estoy de vacaciones :)
Bueno, como ya vieron, no todo es color de rosa entre Draco y Hermione. Aún existen muchas cosas que ella no sabe y él no puede decirle. Espero les haya gustado el capitulo.
¿Llegaremos a los 50 reviews? :)
Besos!
