"No creo en el amor a primera vista, pero creo en el enamorarse con cada mirada"

La lluvia seguía cayendo con fuerza en el exterior, incluso la temperatura descendió algunos grados. Después de un rato Draco encendió la chimenea y se sentó junto a Hermione rodeándola con el brazo.

–Cuando tuve consciencia de lo que hacía, como mover objetos o desaparecerlos, supe que era especial… –seguía contando Hermione sobre cuando era niña.

Draco le pidió que siguiera con su historia después de que le reveló cómo fue su primera manifestación de magia, quería conocerla más porque a pesar de haber pasado tantos días juntos en realidad aún sabía muy poco de ella.

–No me mires así –dijo Hermione apenada sonriendo evadiendo la mirada burlona de Draco.– Me refiero a que… si, estaba a gusto con mis amigos muggles y me encantaba ir a la escuela pero algo me decía que estaba destinada a algo más.

–¿También te crees la elegida? –se burló Draco sin poder contenerse.

–No –contestó mirándolo casi ofendida.– Pero desde ahí comencé a leer todo tipo de libros para saber lo que me pasaba a mi, claro no encontré nada hasta que llegó mi carta de Hogwarts.

Draco se imaginó a una niña pequeña en su habitación, rodeada de un montón de libros avanzados para su edad, perdida en la lectura con su cabello castaño todo alborotado… La simple imagen lo hizo sonreír con ternura a la vez que recordaba algo más en concreto. Nunca había conocido a otra persona como ella y aunque antes nunca lo hubiese admitido, desde el principio le llamó su atención tremendamente su forma de ser.

–¿En qué piensas? –interrumpió Hermione sus pensamientos después de un rato.

–¿Crees en el destino Granger? –le preguntó Draco sin mirarla, mientras tomó su mano con cariño.– ¿Crees que esto haya sido una coincidencia o haya estado escrito?

Hermione lo miró confundida, pero le respondió:

–Pienso que cada uno escribe su propio destino, dependiendo de las decisiones tomadas y sus consecuencias –dijo con lógica, miró sus manos unidas y luego nuevamente volvió su mirada a Draco con cautela.

–Entonces, ¿esto lo planeamos? –cuestionó él sin ser claro cuál era el punto de todo.

–No, pero fue tu decisión dejar de ignorarme –respondió Hermione.

–¿Surgió de la nada? –preguntó el rubio haciendo que por un momento la castaña dudara de sus palabras.

Hermione lo miro curiosa, Draco alzó su mirada hacia ella y tenía un brillo en los ojos, como de expectación a la vez que le sonrió divertido.

–¿A dónde quieres llegar Draco? –le preguntó confundida y perdiendo un poco la paciencia.

Hace un rato cuando ella cruzó la puerta, Draco lo entendió. No fue una estupidez del destino, ni amor a primera vista, ni siquiera una coincidencia; tuvo que ser algo más poderoso que eso… quizás simplemente fue un encuentro de algo que se formó durante años… Si, era difícil de explicar pero el slytherin comprendió.

–¿Aún no te das cuenta? –le preguntó alzando una ceja como gesto burlón. Amaba esos momentos en los que él se veía más inteligente que ella.

Hermione negó con la cabeza, a veces resultaba difícil de interpretar a Draco.

–Cada día me pregunto si en verdad eres tan inteligente –se burló Draco recibiendo un codazo en el estomago.

–Mientras yo termino preguntándome, ¿por qué el hurón? –Draco la miró ofendido y ella le dedicó una sonrisa.– Mejor dime a lo que quieres llegar.

Draco observó a su alrededor buscando algo, aprovecharía la luz del día.

–Ven… –le dijo agarrando su mano y la condujo hasta la puerta de cristal que da hacia la terraza.

Ambos vieron su reflejo en el vidrio, sus manos aún seguían agarradas. "¿Así nos vemos juntos?" pensó Hermione y por alguna razón le dio pena.

–Miranos –pidió Draco y ella le hizo caso.

Primero se fijo en él. Las facciones de su rostro son afiladas y demuestran la belleza aristocrática de generaciones de los sangre pura; sus ojos grises tienen un brillo peculiar y sólo son así cuando esta con ella. Su cabello está perfectamente peinado al igual que su uniforme impecable, sin arrugas ni manchas, el reflejo de Draco le sonrió con ternura y un rubor le llenó las mejillas a Hermione.

Entonces se fijo en si misma, es más baja que él, su piel es muy morena a comparación de la tez de Draco, su cabello rebelde caía sobre sus hombros aunque ya sin apariencia de nido como hace años se burlaban, miró sus ojos miel y cálidos, algunas pecas en la nariz. Su rostro muestra belleza e inteligencia.

Pero lo que más le sorprendió, fue descubrir la perfecta combinación que hacen. Draco y Hermione. Hermione y Draco. No hay cuestiones de sangre o de casas, simplemente un chico y una chica que se complementan de una forma inusual.

–¿Ya te diste cuenta? –insistió Draco regresándola a la realidad.

La mirada intensa de Draco se detuvo en la de Hermione.

–¿En verdad creías que esto sucedió de la noche a la mañana? –preguntó él con ternura.

–Hubiera sido bonito amor a segunda vista –bromeó Hermione y ambos sonrieron.

–Sabes de lo que hablo… –respondió Draco sin despegar su mirada de ella.

Hermione lo miró incrédula, ¿estaba recordando lo mismo que ella? Abrió la boca para decir algo pero no pudo pronunciar palabras. Desde que empezó a sentir algo más por el slytherin, pensó una y otra vez sin cansancio cómo es que llegó a ese punto.

–Si, me acuerdo – dijo Draco mientras sonreía, se sintió algo tonto al admitirlo. Este año en el expreso de Hogwarts no era la primera vez que una descarga lo invadía al tocarla.


Flash back

Desde hace una hora y media habían dejado atrás el andén 9 3/4 de King's Cross en Londres, aproximadamente hace unos veinte minutos aceptó ayudar a un niño regordete llamado Neville a buscar su sapo: Trevor. Preguntó ya a la mitad de los pasajeros y nadie lo había visto, a pesar de que ya se arrepentía de ayudarlo, tuvo la suerte de conocer a Harry Potter "el niño de que vivió". Aunque a decir verdad esperaba más de una leyenda y qué decir de su amigo pelirrojo… Pero aún así, se sentía emocionada porque poco a poco descubría más de aquel mundo totalmente desconocido para ella, hasta ahora había leído muchos libros, sin embargo nada se comparaba con verlo con sus propios ojos.

¿Alguien quiere algo del carrito? –exclamó una anciana con una pequeña campana mientras empujaba un carrito lleno de dulces y comida.

Hermione saludó a la señora por segunda vez cuando casi fue arrollada por dos tipos muy grandes y gordos, los miró resentida mientras se sobaba el hombro izquierdo.

¡Crabbe, Goyle! Tengan cuidado –los regaño la voz de un niño, con sólo escuchar su voz sabía que era alguien demandante.

Hermione quedó pasmada viendo como esos dos niños corpulentos compraban todo lo que podían del carrito. Su curiosidad hizo que se asomará al compartimiento de donde habían salido ese par de niños, a diferencia de ellos, había un niño delgado de cabello rubio viendo por la ventana.

Hola… –saludó Hermione con seguridad y no pudo decirle nada acerca del sapo de Neville porque él volteo.

Nunca había visto ese color de ojos, seguro por la luz se veían más claros pero ese gris le recordó al mercurio. No sabía quien era pero por su porte y ropa, dedujo que era alguien importante en la comunidad mágica.

¿Sólo vienes a observarme? –le preguntó el niño con arrogancia, notó la manera en que aquella niña lo observaba.

Hermione arrugó la nariz molesta, ese detalle hizo que inmediatamente lo detestará, ya sabía como tratar a esa clase de personas. Era como uno de esos niños ricos que viven por su casa y estudiaban en colegios privados.

No, ¿de casualidad no has visto un sapo? Se llama Trevor y lo perdió un niño llamado Neville Longhbottom –le preguntó Hermione fríamente, esperando una respuesta para irse pronto.

El niño rubio sonrió con malicia, había algo en esa niña que le llamó la atención y no era precisamente la forma en que llevaba su cabello. "A la mejor sólo es otra niña tonta" pensó.

No y ni me interesa, espero que alguien lo encuentre para utilizarlo en una poción crece-huesos –contestó arrogantemente esperando ver como se sorprendía por sus conocimientos avanzados.

Cosa que no sucedió.

Para esa poción se necesita otra clase de sapo y dudo que alguien incluso de séptimo año pueda elaborarla perfectamente –le respondió Hermione ofendida por el poco interés hacia una mascota.

El rubio apenas pudo esconder su sorpresa y sonrió otra vez con malicia, "sin duda la veré en Slytherin… ¿quién será?"

Entonces se paró de su asiento cambiando totalmente su actitud y le tendió la mano.

Soy Draco Malfoy –se presentó con orgullo.

Ella lo miró dudando pero acepto. Pero al momento de tocarlo algo paso… fue como si una ligera corriente de energía los atravesará. Ambos se asustaron y se apartaron rápidamente, Draco lo miraba confundido, no sabía que podría pasar algo así y Hermione se veía su mano igual de confundida. Hasta ahora no ha leído nada parecido a esto, ¿será normal? Juzgando la mirada de aquel niño se dio cuenta de que no era así.

A un lado –le dijo uno de los acompañantes de Draco que casi la habían arrollado.

Hermione lo miró por última vez y se fue corriendo de ahí.

Fin de Flash Back


–Suena imposible… pero tal vez desde hace años inconscientemente creció una atracción –dijo Hermione ya mirando a Draco directamente.

Malfoy como si fuera costumbre, besó el dorso de la mano de Hermione.

–La vida da muchas vueltas… –suspiró él conduciéndola de vuelta al sillón.

Aún era temprano. Había el suficiente tiempo para disfrutar de su compañía, ninguno quería salir de aquel perfecto lugar pero a veces es inevitable pensar en la realidad.

–Por cierto, ¿qué hiciste para venir acá? –le preguntó Draco cambiando drásticamente el tema.

Hermione sonrió, comenzaba a conocer bien esos detalles. Cuando el slytherin llegaba a un punto en que podría decir más de la cuenta sobre sus sentimientos, huía de ello.

–Tenía que hablar con Luna –contestó Hermione mientras se acomodaba en el pecho de Draco.

–¿Y se la creyeron? ¿Si ven a Lunatica sin ti? –preguntó el rubio mientras la abrazaba.

–Si me creyeron, ellos confían en mí… Si la ven ya pensaré en algo –contestó como si nada.

De pronto, Hermione se sintió mal al escucharse a si misma decir "ellos confían en mi…" esas palabras le sonaron a engaño y traición, por un momento se sintió que conspiraba con el enemigo en contra de ellos. Nunca podrá acostumbrarse a esa parte de su relación con Draco: mentir, engañar…

Draco la atrajo más hacia él. Recordaba ese mismo día después de lo que pasó en el expreso hace siete años. Nunca supo su nombre hasta que la profesora McGonagall la nombró, recuerda la decepción cuando el sombrero seleccionador exclamó: Gryffindor y la envidia de ver como comenzaba a llevarse con Potter. Poco después se enteró que sus padres eran muggles y desde ese día dejo de interesarle.

Hermione lo hizo despertar de ese recuerdo dándole un beso inesperado en la mejilla, Draco sonrió y la besó en los labios. Tal vez no sean de esas parejas que cada rato se dicen lo que sienten el uno al otro, pero sin duda las acciones hablan por si mismas.


El lunes por la mañana, en el tablero de anuncios de la sala común de Gryffindor se colgó la invitación para la excursión a Hogsmeade el sábado para todo el día. Muchos discutían si ir o no, por el horrible frio que empezaba hacer pero al final nadie se podía negar a una visita al pueblo. Aunque por primera vez en toda su estancia en Hogwarts a Hermione no le entusiasmaba mucho la idea de ir, de hecho preferiría pasar ese día con un rubio en especial.

–Vamos todos, tengo antojo de cerveza de mantequilla –dijo Ginny entusiasmada refiriéndose a Harry, Ron y Hermione.

"Claro que no podré estar con él ese día…" pensó la castaña después de aceptar ir con sus amigos.

La mañana transcurrió tranquila sin ningún acontecimiento inusual, los alumnos aún seguían hablando acerca de la muerte de Lucius Malfoy pero en el Profeta no venía ninguna información nueva acerco de ello, más que datos sobre el entierro. Desde el día anterior los Slytherin de alguna manera, mostraban algo más de lealtad ante Draco y en toda la mañana en ningún momento lo vio solo. Además, escucharon que un chico de Ravenclaw murmuró algo malo acerca del padre de Draco justo cuando él pasaba a su lado, enseguida los de slytherin que estaban cerca se enfrentaron al chico y ahora va con miedo de ir solo por ahi a causa de las amenazas que recibió.

Hermione sabía que la casa de Slytherin era muy diferente al resto de las casas, existe una lealtad o un sistema que todos tenían que respetar, sobre todo si se trata sobre su líder. Supo que quizás no vería a Draco ese día, pero al menos aprovecharía para adelantar trabajos. Fue hasta en la tarde, cuando se despidió de sus amigos y se dirigió a la biblioteca. Hermione caminaba tranquila mientras se acomodaba su túnica cuando alguien la jaló del brazo y la llevó a un aula vacía justamente por donde pasaba.

No tuvo tiempo de gritar o reclamar, porque en cuanto se cerró la puerta tras de ella y volteo hacia su secuestrador, éste la beso con ansiedad. Y ella se olvido de los reclamos.

–Vamos el sábado juntos… –murmuró Draco sobre sus labios.

Hermione le agarró por sorpresa esa invitación, de hecho creyó estar imaginándolo.

–¿Mmm…? –preguntó mientras sujetaba la túnica de Draco para acercarlo más a ella.

Draco se separó unos centímetros de ella para poder hablar bien.

–Vamos a Hogsmeade juntos –le propuso con entusiasmo.– Cambiemos de ambiente.

Hermione lo miró incrédula y se separó aún más de él para poder mirarlo bien cara a cara, no había atisbo de broma en su rostro y sus ojos grises la veían impacientes. En verdad deseaba ir con ella a Hogsmeade, pero…

–Sabes que no podemos –le contestó la castaña acariciando su mejilla.– Si alguien se entera…

–Lo sé –la interrumpió Draco algo decepcionado.– Si nos ven podríamos desatar una guerra mágica antes de tiempo. Es sólo que… ¿no te gustaría pasar más tiempo juntos?

Hermione sonrió ante el dramatismo de que su relación podría desatar una guerra mágica, podrían desatar otra clase de guerra lo cual sinceramente ha evitado pensar.

–Si, pero no podemos exponernos ante todos… aún no –contestó ella sintiendo una extraña tristeza ante esa realidad.

–¿Puedes recordarme por qué? –le preguntó mientras le robaba un beso rápido.

Lo miró dudando, pero aún así le contesto mientras seguía acariciando su mejilla.

–Tú eres de Slytherin y yo de Gryffindor, ambos nacimos con ideologías totalmente diferentes –comenzó a recitar como si se tratara de una respuesta a un examen, pero luego puso su expresión más seria.– Motivo principal, tu familia odia a los hijos de muggles… tu estas en un bando y yo en otro por lo tanto nos vuelve enemigos. Si alguien nos viera, no sólo le diría a mis amigos y tus amigos, sino que otras personas podrían saberlo poniendo nuestras vidas en riesgo…

Draco se alejó de ella y le dio la espalda totalmente serio también.

–Voldemort… –contestó Draco.

Esa situación lo tienen muy bien entendido, saben las consecuencias de sus momentos robados por estar juntos.

–Aunque… podemos encontrar una forma de vernos ese día –respondió Hermione acercándose a él.

–No tengo miedo –le contestó Draco fríamente como si quisiera demostrar algo.

Hermione asintió aunque el rubio no pudo verla, a decir verdad esperaba ese tipo de reacción en Draco, desde la muerte de su padre a veces actuaba de forma impulsiva y a la vez se contenía con otras cosas, como si no supiera exactamente si sus acciones fueran correctas. La castaña se convencía de que sólo era una fase, cada quien tiene su manera de lidiar con el dolor.

–¿Crees tener un rato para vernos en Hogsmeade? –preguntó Draco ansioso al tiempo que se volteaba nuevamente hacia Hermione.

–Si –afirmó la castaña sin pensarlo dos veces.

–El viernes nos ponemos de acuerdo… nos vemos al rato –se despidió, dándole un beso en la frente y desapareciendo por la puerta.

Hermione se quedó un rato más en aquella aula. Pensando en cómo se podría escabullir de sus amigos sin que sospechasen, a veces le asustaba la manera en que cada vez se arriesgaba más por estar con Draco. Y no era el hecho de mentir para estar con Draco, era más bien ¿por qué tiene que esconderse? ¿por qué su relación esta mal para los demás?

Decidió no preocuparse tanto por ello, en los últimos meses ha aprendido que hay algunas cosas que simplemente no son necesarias pensarlas mucho y seguir su curso.


Harry y Ron caminaban por los pasillos hacia la sala común de Gryffindor después de regresar del entrenamiento de quidditch, aún faltaba para el partido pero Harry insistió en que practicaran duramente. Ambos aún venían discutiendo ciertas tácticas que podrían servir cuando el pelirrojo vio a Luna caminar sola por el pasillo.

–Hey, Luna –exclamó rápidamente llamando su atención.

Luna volteó y les dedicó una sonrisa soñadora.

–Hola, ¿cómo están? –saludó Luna mientras esperaba a que ambos chicos la alcanzarán.

Harry iba a contestar pero Ron agarró las riendas de la conversación.

–Muy bien, hemos entrenado duramente para el próximo partido –respondió como si fuera cosa fácil.

–Vaya, espero tengan mejor oportunidad esta vez –comentó Luna.

Harry por un momento se sintió incomodo y a la vez evitaba no reirse. Su mejor amigo no era muy bueno con eso de las chicas pero al menos ya no se ponía pálido y huía. Sigilosamente se hizo a un lado mientras ellos conservaban, pero justo se dio cuenta de un gran detalle.

–Luna, ¿y Hermione? –preguntó Harry interrumpiendo la conversación.

Luna miró a Harry confundida.

–¿Hermione? –respondió la ravenclaw.

–Ella dijo que estaría contigo en la tarde –dijo Harry comenzando a sentir un tonto.

Ron también cayó en cuenta que su mejor amiga les había dicho eso cuando la invitaron a su entrenamiento de quidditch.

–Es cierto, ¿donde está Hermione? –preguntó Ron curioso.

–La profesora McGonagall le mandó una lechuza, tiene que ver algunas cuestiones para la salida a Hogsmeade –mintió Luna rápidamente, no sabía mentir muy bien a decir verdad pero al menos se le ocurrió una excusa.

Sin embargo, Harry sabía que era mentira. Esa mañana Anthony Goldstein se acercó a la mesa de Gryffindor y por lo que escuchó, eso ya lo habían visto con la profesora McGonagall. Le sorprendió que Luna tratara de cubrir a Hermione, ¿qué estará haciendo? No quiso insistir sobre el tema, no entendía nada sobre la repentina actitud de la castaña porque obviamente no se le ha pasado por desapercibido su constante desaparición por las tardes.

–No sé cómo Hermione puede ser Premio Anual y sacar buenas calificaciones –comentó Ron creyendo totalmente la mentira de Luna.

–Es Hermione –respondió Luna sonriendo.

–Me voy adelantar a la sala común –dijo Harry demasiado cortante a Ron con prisa.– Nos vemos Luna.

Antes de que sus amigos pudieran contestarle, Harry se fue de ahí. No sabía que era peor, la duda si Hermione estará con algún chico o el hecho de que les ha mentido. Sea cualquiera de las dos, no le gustaba nada y no sabía si quería saber la verdadera razón de todo.


Esa misma tarde, Draco y Hermione comenzaron a tener un hábito para el resto de la semana. A partir de las cuatro hasta la hora de la cena pasaban todo el tiempo juntos, ya sea haciendo deberes o platicando. Draco quería pasar más tiempo con la castaña y ella llegó rápidamente a una conclusión, quizás nunca lo admitiría pero Draco no quería estar solo, aún no estaba bien de la muerte de su padre. Probablemente no quería perder otra vez el control.

Con excusas sobre tareas de Premio Anual, Hermione se escabullía para estar con Draco, aunque luego si tenía que realizar algunas actividades con Anthony. Gracias a Merlin, la chismosa de Lavender no volvió a sacar el tema sobre amoríos de Hermione ni Harry volvió a tocar el tema de que Draco había cambiado con ella, aunque a veces lo notaba algo extraño. Sin embargo, por unos días, las cosas se encontraban nuevamente en un estado normal y cuando por fin fue viernes, Hermione estaba entre ansiosa y preocupada por su encuentro al otro día en Hogsmeade.

Acordó con Draco verse a la hora del almuerzo a un lado de Cabeza de Puerco, donde existe un pequeño callejón pero difícilmente alguien conocido pasaría por ahi ya que el camino se corta a causa de un muro. El lugar sonaba ideal para perder algunos minutos. Hermione básicamente fue la de la idea, ya que cuando fue la primera reunión del Ejercito de Dumbledore reviso los alrededores del pub.

–Hermione… –una voz la sacó de sus pensamientos.

Iba camino al gran comedor para unirse a la cena con sus amigos. Volteó hacia atrás para encontrarse con Luna Lovegood. La castaña sonrió de alegría.

–Hola, Luna –la saludó.– ¿Vas también para el gran comedor?

–Sí, te estaba buscando –respondió Luna mientras se unía a la castaña y juntas comenzaron a caminar.

–¿Qué pasa? –preguntó Hermione.

Luna miró a su amiga antes de contestar, la observó por unos instantes y luego sonrió con esa mirada soñadora que siempre tiene. "Hermione es feliz" pensó Luna, entonces se olvidó de decirle sobre la mentira que le dijo a Ron y a Harry. No quería preguntar nada ni tampoco la llenaba de curiosidad el motivo principal, simplemente dejaría que su amiga tomará sus propias decisiones.

–¿Irás mañana a Hogsmeade? –preguntó como si nada.

Hermione sonrió y ambas comenzaron a platicar de trivialidades. Llegaron al gran comedor, ambas se sentaron en la mesa de Gryffindor, junto a Neville y Ginny; más tarde Harry y Ron se unieron. Muchos de los alumnos comentaban emocionados sobre la visita a Hogsmeade, a decir verdad los estudiantes ya necesitaban una distracción, además se hablaba de que muy prontamente comenzaría a nevar por lo que el frío aumentaría.

–Últimamente no hemos hablado tanto –interrumpió Ginny los pensamientos de Hermione.

–Lo sé, he estado ocupada –respondió la castaña en forma de disculpa.

–Tengo que contarte muchas cosas, al parecer tu también –dijo Ginny con una sonrisa picara.

–¿Yo?

–No es ningún secreto cuanto tiempo pasas al lado de Anthony Goldstein, obviamente tienes que empezar a sentir algo.

Hermione miró a su alrededor, Neville y Luna discutían sobre diferentes plantas mientras Harry, Ron y Seamus hablaban sobre el quidditch. Sin embargo, cuando volvió la mirada a Ginny, los ojos de Harry por un instante se desviaron a la castaña, estaba escuchando la conversación.

–Somos muy buenos amigos, eso es todo –contestó Hermione sonriendo.

–Vamos Hermione, es guapo, inteligente y caballeroso –dijo Ginny al tiempo que lo miraba en la mesa de Ravenclaw.– No has tenido nada formal desde Krum.

La castaña se ruborizo, podrá ser la estudiante más inteligente y muy hábil con los encantamientos pero también no ha sido muy conocida por salir con chicos.

–Bueno, a decir verdad las relaciones amorosas no son mi prioridad ahora –dijo Hermione con un tono bastante cortante.

Ginny negó con la cabeza, siempre era muy difícil sacarle a su amiga información sobre sus sentimientos a otros chicos. La verdad es que era bastante penosa en ese tipo de temas. Hermione comenzó a comer esperando que Ginny ya no le preguntara más, levantó la mirada hacia la mesa de slytherin y se sorprendió de ver a Draco mirándola.

–Bueno, tampoco te enojes –repuso Ginny con suavidad.– Es sólo que últimamente has estado… ausente.

Hermione bajo la mirada avergonzada porque nuevamente tendría que mentir cuando quería decirle a Ginny todo.

–Es nuestro último año y la verdad quiero estar preparada para los exámenes finales. Además ser Premio Anual también me quita algo de tiempo –contestó Hermione con naturalidad.

Harry apretó su cubierto con fuerza mientras fingía estar escuchando lo que le decía Neville a Ron. Quería decirle que la descubrió mintiendo el otro día pero se calló.

–Si pero los libros no lo son todo, ellos no te pueden abrazar. ¿No crees que te mereces estar con alguien? –insinuó Ginny mirando la reacción de su amiga.

–Creo que puedo tener ambas cosas, estar con alguien no tiene porque cambiar mi forma de ser –contestó Hermione ofendida.

La castaña volvió a mirar a la mesa de Slytherin un instante. Draco estaba hablando con Theodore Nott mientras disfrutaba de su comida. Hermione esbozo una pequeña sonrisa, se sintió de pronto muy afortunada de que él la quiera tal y como es. De hecho, también ha descubierto que los dos tienen muchas cosas en común y leer es una de ellas, varias veces han terminado discutiendo sobre libros.

–No quería ofenderte… sólo me gustaría verte feliz por estar con alguien –dijo Ginny dando por terminada la conversación.

Hermione no contestó, ¿estaría de acuerdo si esa persona fuera Draco Malfoy? En ese momento Draco volteó a mirarla y le guiño el ojo con arrogancia, la castaña rodeo los ojos mientras volvía a esbozar una sonrisa. Para Harry no pasó desapercibida esa sonrisa.


A la mañana siguiente, todos los alumnos que irían a Hogsmeade desayunaron desde muy temprano. Hermione apenas probó un bocado en el desayuno, se sentía ansiosa y nerviosa, era lo más rebelde que había hecho desde que había preparado una reunión secreta en Cabeza de Puerco en quinto año. Sólo que esta vez no puede contarle a nadie sobre sus nervios, pero igual agradeció que hacía mucho frío por lo que escondía sus manos en los bolsillos de su abrigo.

"¿Acaso estoy loca?" pensó mientras caminaban por el puente colgante, sentía que sus pisadas en la madera se escuchaban más pesadas que la de los demás. Sentía que no podría mentirle a sus amigos, que se darían cuenta de sus intenciones y lo más riesgoso de todo es que habrá compañeros por todas partes por lo que también será toda una hazaña no parecer sospechosa. Cualquiera podría reconocerlos si se acercaban al pub Cabeza de Puerco, después de todo no sólo por sus compañeros sino también por los habitantes de Hogsmeade.

La castaña apenas y hablo en el camino por los nervios, afortunadamente sus amigos sólo hablaban sobre el próximo partido de quidditch contra Ravenclaw antes de las vacaciones de navidad, así que era normal que Hermione no opinará mucho sobre el tema.

–Vamos a Honeydukes, quiero reservas de golosinas para estas vacaciones –dijo Ron en cuanto llegaron al pueblo.

–Si, también quiero probar los nuevos que salieron. Dicen que puede cambiarte la lengua de colores –contestó Ginny entusiasmada.

Hermione siguió a sus amigos, aún faltaban dos horas para encontrarse con Draco, así que sería mejor que ella también intentara divertirse un rato. Los cuatro amigos fueron a la mayoría de las tiendas del pueblo, a pesar de que no compraron mucho se entretuvieron un buen rato mirando las cosas. Al poco rato, la castaña se olvido de sus nervios y ahora andaba muy contenta con una nueva bufanda color escarlata que hacía un gran contraste con su abrigo gris y su cabello castaño.

Los cuatro amigos se divertían como hace mucho no pasaba, incluso también se olvidaron del frío y más tarde se encontraron con Luna y Neville en una de las tiendas por lo que también se unieron a los otros. La última tienda que fueron antes de la hora del almuerzo fue La Casa de las Plumas, cuando Hermione se dio cuenta realmente que faltaba muy poco para escabullirse de ahí nuevamente comenzó a ponerse nerviosa. Pensó en algunas excusas pero sentía que ninguna haría que sus amigos le creyesen, ni tampoco ella creía ser capaz de hacerlo… sin duda su cabeza se llenaba de mil dudas y preguntas.

–Hermione, ¿quieres ir al baño? –preguntó de pronto Ron de forma muy alta, la castaña enseguida enrojeció de la vergüenza.

–No Ron… es sólo que tengo mucho frío –mintió fulminandolo con la mirada.

Harry y Ginny se rieron, mientras el primero abrazo por el hombro a Hermione para que ya no tuviera tanto frío. Pronto, los seis salieron de la tienda con nuevas plumas, acordaron ir a las Tres Escobas por una cerveza de mantequilla. Mientras se dirigían al lugar, caminaron por las calles bromeando y riendo, haciendo que un poco del nerviosismo de Hermione se esfumaran. Justo a unos metros antes de llegar la castaña creyó tener el momento perfecto para escaparte e ir con Draco al lugar acordado.

–¡Ay, no! –exclamó Hermione deteniéndose, todos se detuvieran mirándola confundidos.– Olvidé que mi madre me pidió un encargo para enviárselo.

–Pero muero de hambre –repuso Ron ganandose un codazo de su hermana.

–No se preocupen, vayan ustedes y ahorita los alcanzo –dijo Hermione comenzando a caminar lejos de ellos.

–Ok, alcanzamos –respondió Ron caminando ya hacia las Tres Escobas.

–¿No quieres que te acompañe?– se ofreció Harry enseguida.

–No te preocupes, no tardo –respondió con una sonrisa la castaña.

–Te pediremos un tarro –dijo Luna mientras alcanzaba a Ron.

Con esto, Hermione se alejó de sus amigos y por un instante sintió la culpabilidad ¿hasta donde ha llegado? Camino más aprisa tratando de ser discreta, más o menos tenía un plan para poder ir a Cabeza de Puerco sin verse extraña ya que ese lugar no es transitada por alumnos o buenos habitantes de Hogsmeade. A los pocos minutos pudo divisar el pub, sin embargo en lugar de entrar siguió caminando hasta topar con un muro. No sabía si esperar ahí.

Volteó al callejón que había a su izquierda, Draco ya estaba esperándola ahí. Al verlo con su gabardina negra totalmente apuesto, todo le dejó de importar. Draco se llevó el dedo indice a los labios como señal de silencio, luego estiró su mano para que Hermione la tomase. La castaña sintió una adrenalina cuando tomó la mano del slytherin, mientras él sujetaba su varita con la otra. Se acercó al muro de ladrillos y con la varita tocó tres veces el muro, los ladrillos comenzaron a moverse para formar una entrada al otro lado tal como pasa en el Caldero Chorreante para entrar al Callejón Diagon. La pareja cruzo el umbral encontrandose en la parte de atrás de Cabeza de Puerco, con la varita, Draco volvió a cerrar la pared.

De esa manera, nadie podrá verlos fácilmente. Ya del otro lado, ambos compartieron una mirada ansiosa. Hermione sentía la adrenalina golpeando su corazón por estar rompiendo las reglas y sobre todo por verse en un lugar afuera de una habitación, esbozo una gran sonrisa. Ninguno se dio cuenta que incluso la temperatura había comenzado a descender.

–¿Muy feliz de verme? –le preguntó Draco arrogantemente.

Para Draco Malfoy fue más fácil escaparse de sus amigos, también ellos iban hacia las Tres Escobas cuando el slytherin dijo que tenía que pasar antes a Dervish y Banges, donde reparan instrumentos mágicos. Nadie le cuestionó nada.

–Estuve a punto de arrepentirme –contestó Hermione disfrutando la reacción de Draco.

–Vaya, en la mañana parecías bastante ansiosa –dijo Draco aparentando estar enojado.

–Es que no eras mi única cita.

Hermione comenzó a reirse, no cedería fácilmente al admitir que si estaba realmente feliz de verlo y estar con él. Draco de un movimiento la agarró de la cintura con cierta posesión.

–Te arrepentirás de eso, Granger –insinuó con malicia.

La castaña no opuso ninguna resistencia cuando Draco se acercó para besarla, apenas rozaron sus labios cuando una vocecilla dentro de ella le dijo:

"Eres una completa tonta, ¿por qué Draco Malfoy querría estar contigo?"

Hermione enseguida se apartó de él desconcertada por la crueldad de aquellas palabras.

"¿En serio crees que te quiere?"

De pronto se sintió mal, una profunda tristeza y decepción se apoderaron de ella. Miró a Draco herida.

"Draco Malfoy sólo quiere acercarse a ti para llegar a Harry y entregárselo a Voldemort"

–No es cierto… –susurró Hermione mientras se agarraba la cabeza intentando callar esa voz.

Pero ella no era la única con ese repentino cambio. Draco tenía la misma expresión que ella, se sentía con miedo, como un perdedor e inútil.

"Ni siquiera pudiste salvar a tu padre… Y tú madre correrá con la misma suerte"

Palideció de inmediato, Draco ha hecho muchísimas cosas para que aquello no pasase pero al parecer nada era suficiente. Voldemort aún así no mantuvo su promesa de perdonarle la vida a Lucius Malfoy.

"Tampoco podrás salvar a Hermione"

Draco rápidamente miró a la castaña. Algo muy grave estaba ocurriendo.

–Hermione… –susurró Draco sin contar que su voz se quebraría. Avanzó un paso hacia ella.

–Aléjate… –le contestó Hermione con lágrimas en los ojos.

No se dieron cuenta que la temperatura había seguido descendiendo varios grados en cuestión de segundos, ambos se miraban con dolor mientras salía vaho de sus bocas. Pronto un horrible vacío en el pecho les oprimía haciendo que no pudieran respirar bien, además de sentirse desdichados.

"Estás traicionando a tus amigos"

"Voldemort la asesinará si se entera"

"No eres nada para él, date cuenta"

"Si llegan a sobrevivir a la guerra, nadie aceptará su relación… jamás"

"No tienen futuro, él es un mortifago y como tal te cazará"

"Has defraudado y traicionado tu apellido… has sido la más grande decepción"

"Ella pertenece al bando de los buenos y cuando llegue el momento te dará la espalda"

"Eres una asquerosa sangre sucia…"

"Eres un asqueroso traidor a la sangre…"

"Nunca podrán ser felices"

Entonces un grito inundó el ambiente, provenía no muy lejos de donde estaban, ambos se quedaron congelados. La misma persona grito varias veces y luego otra vez silencio, pero un silencio que anticipa el caos. El frió comenzó a volverse insoportable, de pronto una sombra los envolvió y rápidamente miraron hacia arriba… había al menos cuatro dementores acechándolos, acercándose peligrosamente a ellos.

Ambos actuaron rápidamente, sacaron sus varitas apuntando hacia las figuras encapuchadas y aquello sólo hizo que enseguida dos de ellos bajaran hasta su altura, tratando de acercarse para quitarles el alma.

–¿Sabes el hechizo? –exclamó Hermione mientras se alejaba lo más posible de un dementor. Buscaba desesperadamente un recuerdo feliz para poder realizar el encantamiento.

–¡Por supuesto! No eres la única que sabe… –respondió Draco ofendido.

–¡Expecto Patronum! –interrumpió Hermione con fuerza, pero apenas salió un chorro plateado de su varita ni siquiera tomó forma su patrones. Pero fue lo suficiente para alejar varios metros de distancia a los dementores.

–¡Vamos! –gritó Draco agarrándole la mano para correr lejos de ahí. Llegaron cerca de la calle principal cuando tres dementores le cerraron el paso.

Hermione lanzó un grito ahogado asustada. Draco le apretó con fuerza la mano como asegurándose de que ella seguía a su lado.

–¡Expecto patronum! –exclamó Draco y de su varita salió un hurón plateado, les pegó de lleno a los dementores que salieron volando lejos de ellos.

La castaña se quedó totalmente sorprendida, no tenía ni idea que Draco pudiera convocar el patronus, mientras miraba como el hurón plateado regresaba brincando de nuevo junto a su amo, se acordó que una vez Tonks le dijo que los mortifagos no podían realizar el patronus… las personas que no tienen bondad en su interior no pueden realizarlos.

–¡Cuidado! –exclamó Draco haciendo que Hermione se pusiera alerta olvidándose de sus pensamientos, el rubio lanzó su patronus hacia el demento que iba tras la castaña.

Ambos se quedaron ahí con las respiraciones agitadas tratando de buscar más dementores a su alrededor, cuando se escucharon varios gritos de muchas personas. Los gritos provenían cerca de ellos, seguramente sólo tenían que rodear la casa que estaba junto a ellos para llegar.

–Vamonos –le dijo Draco conduciéndola al castillo.

–¡No! –exclamó Hermione soltándose del agarre del rubio.– Mis amigos están allá.

Sin esperar respuesta, se fue corriendo directamente hacia donde más gritos se escuchaban y a regañadientes Draco la siguió, sólo para protegerla a ella. Pero cuando llegaron a la calle principal se quedaron paralizados, había docenas de dementores en el pueblo atacando a quien sea, intentando obtener sus almas.

–Tendremos que separarnos –le dijo Hermione a Draco para después correr hacia una señora que estaba paralizada del miedo.

Rápidamente Hermione convocó su patrones, esta vez con éxito, una nutria plateada salió de su varita dandole de lleno al demento.

–¡No! Ni loco te dejare –repuso Draco pero la castaña ya estaba lo suficientemente lejos de él.

Justo pensaba seguirla cuando divisó a unas niñas de tercer año de su propia casa siendo rodeadas por cinco dementores, trataban de lanzar hechizos que conocían pero no les ocasionaban nada a esos seres. Draco se debatió, miraba como Hermione se alejaba más pero las niñas estaban realmente asustadas y nadie podía ayudarlas… ¿Qué puede hacer? ¿Qué debe hacer? ¿Qué quiere hacer? Nunca en toda su vida se había detenido a pensar en salvar a alguien que no sea para su propia conveniencia… soltó una maldición.

El patronus en forma de hurón brincó alrededor de las niñas ahuyentando a los dementores, las niñas lo vieron entre asustadas y agradecidas, estaban temblando del miedo. Draco les gritó que se fueran al castillo, se sentía realmente raro al ayudar a alguien aunque haya sido de su propia casa. Sin esperar a ver que aquellas niñas le hicieran caso, comenzó a correr hacia donde había visto a Hermione pero vio como un anciano trataba de protegerse, decidió ayudarlo inmediatamente. En ese momento se dio cuenta que la nutria plateada de Hermione iba brincando de un lado a otro, cuidando el área y curiosamente sólo llegaba hasta donde Draco se encontraba.

Pero no tuvo más tiempo de pensar en ello porque más gritos lo sacaron a la realidad, las personas gritaban y corrían, entonces volteó hacia donde todo el mundo miraba con pánico. Se quedó perplejo al notar como una nube negra se acercaba al pueblo, decenas y decenas de dementores iban directo hacia ellos. El pánico ascendió y se apoderó del todo el lugar, inició el caos. Esta vez no miró ni pensó en nadie más, volteo a todas partes en busca de Hermione. La divisó cerca de la entrada al pueblo, al parecer ella no se había dado cuenta de la situación porque estaba ayudando a una persona a incorporarse… estaba tan cerca del inevitable ataque. En cuestión de segundos entrarían los dementores al pueblo y todos aquellos que iban hacia el castillo, regresaron corriendo al pueblo a refugiarse.

–¡Harry, sólo hay que tratar de buscar el patronus de Hermione! –escuchó el gritó de la comadreja, sabía que ellos vendrían a buscarla.

Pero no había tiempo de más, sin pensar en las consecuencias, corrió hacia Hermione. Los primeros dementores entraron al pueblo persiguiendo a víctimas, Draco creyó perder el aliento cuando vio cómo un dementor agarraba por el cuello a la castaña, ella se sorprendió tanto que dejó caer su varita al suelo y con horror, el rubio miró como la criatura alzaba a la castaña un metro del suelo mientras ella forcejeaba inútilmente.

–Hermione… –pensó Draco en voz alta mientras trataba de llegar hasta ella.

Un dementor le cerró el paso, actuando por instinto le clavó la varita en el rostro -si se le puede llamar a lo que tenga-, haciendo que la criatura chillará y se alejará de ahí. Cuando Draco volvió la vista a Hermione, vio con horror como dos dementores más se unían con el que estaba y empezaban a querer succionarle el alma. En ese momento, Draco perdió la cordura para dar paso a la desesperación.

Las personas que regresaban corriendo al pueblo asustados y gritando no lo dejaban pasar, era como nadar contra corriente. A Draco no le importó en lo más mínimo ser despiadado empujando a quien sea que se le pusiera enfrente para pasar… "No voy a llegar a tiempo" pensaba una y otra vez con desesperación, después de unos momentos que le parecieron una agonía se detuvo a unos metros de ella. Un terrible escalofrío le llenó cuando observó como la castaña dejaba de forcejear, perdiendo la consciencia… No iba a perderla.

–EXPECTO PATRONUM –gritó Draco con mucha fuerza, esa vez no salió un hurón sino una enorme luz blanca que inundó el ambiente.

La luz blanca se agrandaba conforme avanzaba, las primeras víctimas fueron los tres dementores que estaban con Hermione, la chica cayó al suelo totalmente inconsciente. El hurón plateado se quedó al lado de ella mientras más ondas de luz blanca seguían avanzando, ahuyentando a más de la mitad de los dementores que aún no llegaban al pueblo. En ese momento Draco bajó su varita y corrió hacia la castaña, al tiempo que un ciervo plateado pasaba corriendo a su lado siguiendo el camino del gran patronus del slytherin.

Llegó hasta Hermione con un nudo en la garganta.

–¡Hermione! –escuchó la voz de Potter llamándola a varios metros lejos de ellos.

–¡Ennervate! –exclamó Draco apuntando su varia hacia el pecho de la castaña pero no funcionó.– Ni se te ocurra dejarme sangre sucia…

Buscó con pánico su pulso y se dio cuenta con horror que apenas podía percibirlo. Tenía que llevarla con Madame Pomfrey a como de lugar en ese momento.

–Resiste Hermione… resiste –dijo Draco mientras la cargaba en sus brazos.– No me dejes…

Pero antes de que pudiera avanzar unos pasos, Harry, Ron y Ginny llegaron sin aliento.

–¡SUELTALA! ¿Qué le has hecho? –gritó Harry enfurecido.

–¡Le salva la vida, idiota! –respondió Draco igualmente enfurecido, intentó avanzar al castillo pero Ginny le cortó el paso.– ¡Quitate de en medio pobretona!

–¡Alejate de ella Malfoy, dame a Hermione! –le espetó Harry con odio.

–¿Qué le hiciste, Malfoy? –preguntó Ron igual enojado.

Draco nuevamente se debatió, finalmente sabiendo que no ayudaría a Hermione seguir discutiendo con sus amigos, la entrego con cuidado a Potter sintiendo herido su orgullo. Le dolía entregarla a otro cuando él mismo podría haberlo hecho y porque sinceramente no quería separarse de su lado.

–No entiendo por qué les encanta seguir perdiendo el tiempo, si se muere su amiga será por sus estúpidas preguntas –contestó Draco con frialdad.

–Tiene razón, Harry. Hermione está muy grave –afirmó Ginny asustada.

–Rápido –dijo Ron mientras ambos hermanos comenzaban correr al castillo.

Draco apretó los puños con fuerza, se sentía realmente un completo inútil y le dolía de sobremanera el pecho por el miedo de que a Hermione le llegase a pasar algo grave.

–¡Draco! ¡Aquí estás! –escuchó la voz de Pansy detrás de él.

Harry miró a Draco con odio antes de llevarse a Hermione en sus brazos de vuelta al castillo. Con esa mirada, Draco supo que acababa de poner a él y Hermione en peligro… había demostrado más de lo permitido.


El castillo de Hogwarts era un caos, sobre todo en el gran comedor y la enfermería. Los elfos domésticos se encontraban repartiendo chocolates a la mayoría de los alumnos e igual a ciertos habitantes de Hogsmeade que los alumnos y profesores llevaron. El profesor Dumbledore aseguró el castillo y luego viajo hasta Hogsmeade a alcanzar a los profesores que ya estaban ahí para igual proteger el pueblo, pronto llegaron escuadrones de auroras cuidando e inspeccionando el área. También se contó con la presencia del ministro de magia.

A Draco le importaba ya un bledo sobre lo que significaba o lo que ocasionara el ataque de los dementores en Hogsmeade, él estaba ya desesperado e iba aumentando mientras avanzaba el tiempo. No tenía ninguna noticia sobre Hermione y ni de loco podía ir a la enfermería a verla… ya se ha expuesto demasiado por un día e ir sólo confirmaría las sospechas que tuvieran sus amigos. Tendría que esperar hasta en la noche. Trató de esconder su ansiedad ocultando sus manos en sus bolsillos.

–¿Donde estabas, Draco? –preguntó Blaise Zabini por tercera vez desde que lo alcanzaron en Hogsmeade.

Draco Malfoy se encontraba con Blaise y Pansy en el gran comedor, al lado de sus demás compañeros de casa.

–Ya te he dicho, Blaise. Fui a caminar un rato cuando paso todo el desastre –contestó fríamente Draco, apretó sus puños notando que temblaba ligeramente.– Créeme, no tuve tiempo de buscarlos.

–¿Ni siquiera te preocupaste por mi? –preguntó Pansy Parkinson haciéndole un puchero.

–No Pansy, la verdad es que no –le contestó con sinceridad.

Pansy estuvo a punto de protestar cuando la profesora McGonagall entró al gran comedor llamando la atención de todos los presentes.

–¡Escuchenme todos! Diríjanse ahora mismo a sus salas comunes, estarán más cómodos ahí. No quiero ver a ningún estudiante en los pasillos –advirtió con seriedad, pasando su mirada por cada uno de los alumnos.– No se preocupes por sus compañeros en la enfermería, están en buenas manos. Ahora, Prefectos si me ayudan por favor…

Draco se paró de su asiento enseguida, sólo para poder distraerse un rato, agrupo a sus compañeros de casa y Pansy también lo imito con algo de hastío.

–¡Prefectos, quiero verlos a todos en media hora en mi oficina! –exclamó por último la profesora McGonagall, Draco la miró atento cuando camino hacia el Anthony Goldstein, el Premio Anual. Le hubiera gustado estar más cerca para escuchar, sin duda la profesoras le estaría informando sobre el estado de Hermione.

Sin embargo, con un vacío en el estomago cumplió con su tarea y llevó a sus compañeros a la sala común de Slytherin.

Media hora más tarde, todos los prefectos y el Premio Anual -a excepción de Ron Weasley-, se encontraban apretujados en la oficina de la profesora McGonagall. Para ese momento, Draco ya estaba llegando a la locura por la preocupación, le estaba costando un gran esfuerzo reprimir cualquier sentimiento que pudiera delatarlo. Miró de reojo a Anthony, terminando la junta pensaba sacarle información a como diera lugar.

Básicamente la profesora les indicó que durante el resto del día, los prefectos se turnarían para vigilar los pasillos del castillo. Así como Draco fue suplente de Anthony cuando éste estuvo en la enfermería, ahora tomará el lugar de Hermione. Aquella fue una buena noticia para el slytherin, tendría la coartada perfecta para visitarla en la noche sin que lo cuestionaran por una caminata nocturna. La junta finalizo con la asignación de las rondas, los más jóvenes les tocaba primero por lo que Draco no tenía más remedio que ir a su sala común.

Camino por los pasillos totalmente frustrado, a pesar de proponerse sacarle información a Goldstein, éste se quedó con la profesora McGonagall y no tenía ningún pretexto para acercarsele y preguntarle por el estado de Hermione. Lo único que le quedaba era esperar… odiaba esperar y por encima de todo, odiaba sentirse tan vulnerable con el vacío cada vez más grande en el estomago. Ya en su dormitorio, trató de encontrar una manera de entretenerse pero simplemente no dejaba de pensar en Hermione y en sus actos. Su actitud lo tenía desconcertado y bastante confundido, nunca había actuado de esa manera… nunca se ha demostrado tan voluble delante de las personas y aquello sólo encendió una alarma dentro de él.

Aunque en ese momento él sólo pensaba en salvarla, no le gusto para nada sus demás acciones. De hecho, no le gustaba para nada como iban las cosas, no era correcto dejarse llevar por las emociones ¿acaso después también influirá en sus decisiones o en sus misiones? No… ya lo ha experimentado una vez, cuando sintió compasión por aquella chica que le recordó a Hermione hace unas semanas. No puede permitir que pase nuevamente, ya se ha expuesto demasiado… Tiene que ponerle un alto antes de que sea demasiado tarde. Nuevamente imágenes aparecieron en su mente sobre lo ocurrido, la forma en que decidió ayudar a esas niñas y luego el anciano, la angustia que sintió cuando vio a Hermione siendo atacada por esos dementores y finalmente la forma en que Potter y los Weasley lo vieron con Hermione en sus brazos.

Draco miró hacia la ventana exasperado por la decisión que acababa de tomar. No permitiría más que Hermione influya tanto en él como para cambiarlo… no puede permitir que el amor hacia ella lo vuelva débil y voluble, ni tampoco que influya en sus decisiones. A partir de ese momento las demostraciones de afecto disminuirán. El slytherin cerró los puños con fuerza, construirá un muro entre él y Hermione si quiere seguir siendo el mismo Draco Malfoy de siempre.


Hola,

lamento muchisimo la tardanza, sé que no tengo perdón por ello pero juro que acabo de pasar por el peor semestre de mi vida :(
afortunadamente ya estoy de vacaciones y eso quiere decir que ya no dejaré tanto tiempo sin actualizar. Espero les haya gustado el capitulo.

Muchas gracias por sus comentarios anteriores a: BereLestrange, Mari, Dicaria Volkov y Guest :)

No olviden sus comentarios que gracias a ellos me animan a seguir escribiendo.

Besos!