La enfermería del castillo estaba en su ocupación total, Madame Pomfrey iba de un lado a otro corriendo a revisar a los estudiantes que fueron atacados por los dementores. Aunque no hubo ningún herido de gravedad si hubo muchos que sufrieron ataques nerviosos, aquellos necesitaban pociones tranquilizadoras y muchas barras de chocolate. Sin embargo, Hermione Granger era la única apartada de todos con una cortina, permanecía inconsciente.

Harry, Ron y Ginny llevaban afuera de la enfermería esperando poco más de dos horas. Harry no recordaba del todo el camino de Hogsmeade a Hogwarts con Hermione en brazos, de vez en cuando ponía los labios en su frente para comprobar con horror como cada vez la castaña estaba más helada. Cuando llegaron a las puertas del castillo nunca paró de susurrarle que resistiera. De ahí recuerda ayudar a Madame Pomfrey a buscar mantas para calentarla, mientras Ron le contaba a la profesora McGonagall de forma atropellada sobre lo ocurrido con su mejor amiga. Después, Harry, Ron y Ginny fueron sacados de la enfermería y desde entonces han estado esperando alguna noticia sobre la castaña.

El silencio entre los tres era demasiado intenso, cada uno perdido en sus propios pensamientos ajenos a todo lo demás. Cualquiera que pasara pensaría que sus expresiones se debían a la preocupación por Hermione Granger, pero no era así, había un gran motivo por el cual los tres no decían nada.

Había grandes dudas y temores que rodeaban respecto el ataque inesperado de los dementores en Hogsmeade. Pero a los tres amigos estaban inmersos en una sola cuestión: Draco Malfoy. ¿Por qué trató de salvar a Hermione Granger? Simplemente era demasiado imposible de imaginar si no fuera porque ellos mismos lo vieron, no encontraban sentido alguno al comportamiento de Malfoy. ¿Acaso ya estaban juntos o sólo la vio y decidió ayudarla? Era tan descabellado pensar en alguna de esas dos opciones y aunque pensarán en mil posibilidades, ninguna era creíble ni coherente. Además, ¿Malfoy sabía convocar un patronus? o sino, ¿quién hizo casualmente que todos esos dementores retrocedieran? Lo peor es que entre el caos generado, nadie al parecer vio nada… Nunca olvidarán su impaciencia por llevar a Hermione a la enfermería y la actitud de mala gana al dejarla en brazos de Harry.

¿Y si…? pensó Harry e inmediatamente negó con la cabeza, mientras pasaba una mano por el cabello más alborotado cada vez. Quizás Malfoy haya cambiado…

–Ya no puedo más –exclamó de pronto Ron desesperado al tiempo que se levantaba.– Voy a entrar de un…

Apenas avanzó unos pasos cuando la puerta de la enfermería se abrió. Madame Pomfrey se asomó y con un gesto los invitó a pasar, los tres amigos entraron en silencio rápidamente. Algunos estudiantes decidieron descansar en la enfermería el resto de la tarde por lo que no podían hacer el mínimo ruido. Pomfrey los guió hasta la cortina blanca donde detrás descansaba Hermione, pero antes de dejarlos pasar les advirtió:

–No traten de despertarla. Necesita todo el descanso posible –susurró seriamente, mirando a cada uno.– Ya paso el peligro pero para ser sincera, un poco más tiempo con esas criaturas y… bueno, ya saben lo que hubiera pasado.

Harry, Ron y Ginny sintieron un escalofrío por la espalda de sólo imaginarlo.

–Les doy 15 minutos –dijo finalmente.

Después de eso se marchó a su oficina para dejarlos solos. Los tres se miraron nerviosos sin saber que hacer, Ginny fue la primera en entrar, seguido de Ron y Harry. Hermione se encontraba durmiendo tranquilamente en la cama, tenía al menos como cinco mantas encima y a pesar de verse pálida, ya no tenía esa apariencia de cadáver. La pelirroja se sentó en la única silla junto a la cama, mientras Harry se acercó a la castaña del otro lado, estiró su mano para acariciarle ligeramente el rostro y sonrió aliviado. En verdad fue una tortura esperar para verla.

–Supongo que la atacaron distraída –dijo de pronto Ginny sin dejar de mirar el aspecto de su mejor amiga.

–Por supuesto, Hermione es muy buena con los encantamientos –respondió Ron desde el pie de la cama.

–No puedo entenderlo… –dijo Harry en un murmullo casi para si mismo.

–Pero Ginny tiene razón, estoy seguro que no tuvo tiempo de usar la varita –contestó Ron.

–No, me refiero a Malfoy –repuso Harry serio.

Un silencio incomodo se formó en el ambiente. Habían estado evitando hablar de ello, Ron miró el rostro de su mejor amiga como si allí estuviera la respuesta.

–Yo tampoco logro entenderlo –apoyo Ginny la idea, después dudó.– ¿Y si Malfoy ha cambiado?

–¡Por favor! Ahora porque su padre está muerto se dio cuenta de la realidad y se volvió un santo, ¿no? –exclamó Ron con sarcasmo.– Incluso me asombra que no haya huido, siendo el cobarde que normalmente es.

–Tienes razón, no porque su padre muriera ahora se convierta en el salvador de hijos muggles –contestó Harry mirando a sus dos amigos.– Es sumamente raro.

Ginny los miraba intrigada, tampoco ella se creía que Draco Malfoy se volviera en una especie de héroe después de todos los años en que se dedicó a molestarlos y ofenderlos. Tal vez lo creería si hubiera salvado a sus propios compañeros de casa pero… ¿por qué Hermione? Ella ha sido una de las personas que más odia después de Harry.

Mientras seguían hablando sobre la actitud de Malfoy, Hermione entre sueños logró escuchar algunas frases y se inquietó. Pronto comenzó a soñar que se encontraba en el Lago Negro, Draco la alcanzaba y mientras dibujaba esa sonrisa burlona e hiriente que durante años le dedicó, le decía toda la verdad: nunca la quiso, sólo la uso para llegar a Harry Potter y no valía la pena estar cerca de una sangre sucia como ella. Al parecer como consecuencia del ataque, las cosas horribles que escuchó con los dementores cerca se estaban manifestando en sus sueños, convirtiéndolos en pesadillas.

Hermione se removió inquieta, sus tres amigos se callaron de golpe al ver la reacción y la observaron preocupados. Harry tomó su mano.

–Tranquila, todo esta bien ahora… vuelve a descansar –le susurró mientras que con la otra mano acariciaba su frente, pero no funcionó.

La castaña comenzó a quejarse, parecía como si algo la torturase de forma lenta. Ron salió por Madame Pomfrey mientras Harry y Ginny intercambiaron una mirada preocupados sin saber qué hacer. Hermione fruncía el ceño como si algo le doliese y palideció aún más, de pronto la cortina se abrió de golpe.

–Háganse a un lado –ordenó Madame Pomfrey y ambos se quitaron rápidamente, mientras la enfermera le tomaba la temperatura descubriendo que había ascendido.– Lo siento, se acabaron sus 15 minutos… Váyanse ahora, excepto usted srita. Weasley necesito su ayuda.

Harry y Ron estuvieron a punto de repelar pero la mirada severa de Pomfrey los detuvo, se fueron en silencio preocupados. Mientras tanto, Ginny fue a buscar un recipiente y agua para ayudar a bajarle la fiebre a Hermione, al mismo tiempo, Madame Pomfrey buscaba pociones para que la castaña pudiera descansar. Para la pelirroja no fue difícil ayudarla ya que siempre que sus hermanos se enfermaban, ella junto con su mamá los cuidaban.

Después de asegurarse que Hermione nuevamente estuviera en un estado estable, descansaron un momento.

–Muchas gracias srita. Weasley, ahora dejemos que duerma el mayor tiempo posible –dijo Madame Pomfrey al cabo de unos minutos.– Ya mañana podrán visitarla otra vez.

Pomfrey guió a Ginny lejos de la cama de su mejor amiga y justo cuando abrió la puerta de la enfermería, la pelirroja se acordó de algo.

–¡Oh! Olvidé mi suéter en la silla –dijo Ginny regresando por él.

Rapidamente cogió su suéter y en el momento en que ya le daba la espalda a Hermione, la escuchó hablar entre sueños.

–Dr… –balbuceó la castaña mientras se removía, Ginny se acercó preocupada.– Dra… Draco…

La pelirroja se quedó petrificada en su lugar, después de eso la castaña se relajó volviendo a dormir profundamente. Sin embargo, no era necesario que lo repitiera porque fue bastante clara con lo que dijo… para Ginny todo fue bastante claro, ahora entendía todo.


–¡Maldición! –repitió por milésima vez Draco Malfoy mientras caminaba de un lado a otro como león enjaulado en el pasillo.

Llevaba cerca de diez minutos afuera de la enfermería y no sabía que hacer, lo más lógico sería entrar de una vez por todas pero su promesa sobre alejarse de Hermione Granger se lo impedía. Además no es como si la castaña estuviera despierta para recibirlo, de acuerdo con la información que le sacó al idiota de ravenclaw, Hermione llevaba todo el día inconsciente y lo más seguro es que siguiera así hasta el otro día por la tarde.

Quiso patear la pared con fuerza frustrado por su vulnerabilidad, sólo quería ver como estaba Hermione. Pensó que se calmaría con escucharlo pero no fue suficiente, sus sentimientos por ella le impedían ser indiferente ante la situación y ahora se encontraba nuevamente en la lucha entre lo correcto y lo que quería realmente. "¿Por qué tenía que ser todo tan difícil en torno a ella?" se preguntó enojado, aunque una parte de él sabía que no estaría en esa situación si hubiese ignorado desde un principio sus sentimientos. Miró por enésima vez la puerta de madera con rencor, jaló aire y camino hacia ella.

–Sangre sucia –murmuro malhumorado mientras abría con cautela la puerta de la enfermería.

Ya era más de la medianoche, seguramente Madame Pomfrey estaba dormida, cerró la puerta tras de él y se quedó quieto alerta de cualquier indicio de que alguien estuviera por ahí. Después de unos momentos, sólo escuchaba su respiración, camino hacia las camillas y se dio cuenta que sólo una estaba ocupada con una cortina blanca alrededor para dar privacidad al paciente.

De pronto, sus nervios lo traicionaron y su corazón dio un vuelco, aceleró sus pasos hacia la cortina como si dependiera de ello y entonces se detuvo en seco consciente de sus actos. Aunque Draco se resistiera y lo volviera a negar, él ya estaba enamorado de Hermione… por ello actuaba tan impulsivamente con ella y también por eso, actuó como lo hizo hace unas horas en Hogsmeade. Pero Draco Malfoy no lo aceptaría por completo aún.

"Sólo un vistazo y me voy… sólo un vistazo" se repitió así mismo para mantenerse recto y con la mente despejada, deshaciéndose de los nervios traidores. Abrió la cortina y entró al espacio rápidamente dándole la espalda a Hermione mientras se aseguraba de cerrar bien la cortina, volteó hacia ella lentamente y su corazón se aceleró. La castaña estaba profundamente dormida volteada del lado derecho, justamente hacia la única silla en ese pequeño espacio. Draco caminó hacia ella lentamente como si temiera despertarla y luego se dio cuenta de los frascos que había en su mesa de noche. Agarró uno con curiosidad. "Estos son pociones para dormir y calmantes ¡Merlin!"

Miró preocupado a su novia, su respiración era tan calmada, no quería imaginar lo mal que se sentía para llegar a usar esas pociones. Por un momento tuvo un sentimiento de culpabilidad, en realidad no había pensado mucho en las consecuencias de su ataque, creía que con una poción tranquilizadora sería suficiente para que ella volviera a la normalidad, pero no era así… ¿Qué otras consecuencias tendrá? ¿Habrá sufrido?

Con cautela, se sentó en la silla primero manteniéndose distante, solo observándola dormir. Sus pensamientos lo llevaron al susto que le dio cuando ella no despertaba. La angustia regresó a él al recordar cuando corría hacia ella y no lo dejaban pasar mientras veía como esos tres dementores peleaban para quitarle el alma. No pudo soportar ese recuerdo y se incorporó de la silla para arrodillarse junto a la cama y poder tocar la mano de Hermione, agradeciendo que siguiera con vida.

Aunque lo quiera negar, esa angustia fue por miedo a perderla, esa angustia sólo significaba cuan involucrado están sus sentimientos con ella. Con la otra mano acarició su frente apartando algunos rizos de él. Hermione reaccionando a ese gesto, se movió suspirando, parecía que iba a despertar.

–Shh… Vuelve a dormir, ya estoy aquí –le dijo Draco susurrando con cariño sin dejar de acariciarla.

–Draco –murmuró Hermione entre sueños con anhelo, como si todo este tiempo dormida lo estuviera esperando.

–Shh –la tranquilizo Draco sintiendo un nudo en la garganta conmovido por aquel simple gesto. Un rato después se fijó que nuevamente se había quedado profundamente dormida.

"Pero sólo era un vistazo" se recordó a si mismo viendo su mano alrededor de la de ella tan protectoramente, aún con pocas luces se notaba la diferencia en su tez blanca con la piel de ella, sonrió con ternura y se dio cuenta lo mucho que le costaría mantener su promesa pero era necesario para ambos. Por su bien y el de ella, Hermione tendrá que adaptarse a ello.

–Al menos ya sé que te encuentras bien, porque mañana no vendré… no seré yo quien venga por ti -le susurró Draco mientras seguía acariciando su cabello, luego soltó su mano sintiendo un raro vacío en ella.– Confiaré en que Potter no se aprovechará.

Los celos se hicieron presentes mientras recordaba la frustración que sintió al ver a Potter con su Hermione en brazos, él nunca podría hacer eso tan abiertamente como si fuera normal. Antes de irse, le dio un beso en la frente a la castaña durando ese cariño lo suficiente para dejar en claro lo difícil que era simplemente dejarla ahí sola.

En silencio salió de la enfermería.


El reloj marcaba poco después después de las cinco de la tarde cuando Hermione comenzó a despertar, al principio sintió todo su cuerpo agarrotado y pesado quizás por las horas acostada, pero lo que más le costo trabajo fue abrir los ojos. El primer intento vio todo borroso y las siluetas de tres personas, además de un mareo. Ya en el segundo intento intentó enfocar bien, sus amigos la miraban felices y notó que Ginny salía deprisa apartando con fuerza la cortina blanca.

–Hola –saludó Ron sonriéndole.

Hermione trato de incorporarse pero todo le dio vueltas, nunca había leído que los dementores pudieran tener ese efecto en las personas. Cuando Harry era principalmente afectado por sus presencias sólo se desmaya por unos momentos, nunca llegó a estar como ella le había pasado.

–¿Quieres agua? –le preguntó Harry, ella quiso decir si. Su boca y garganta las sentía completamente secas por lo que sólo asintió con la cabeza.

Primero Ron la ayudó a incorporarse, acomodó las almohadas para que pudiera recargarse en ellas y luego Harry la ayudó a tomar agua. Nunca la habían atendido de esa forma en todos sus años de amistad, aceptó gustosa el agua y enseguida se termino el agua.

–¿Cuánto tiempo he estado dormida? –preguntó con voz ronca dándole el vaso a Harry.

–Más de un día –contestó Harry dejando el vaso en la mesita de noche.

–Qué susto nos diste, Hermione –dijo Ron mirándola realmente aliviado.

En ese momento, entró Madame Pomfrey seguida de su mejor amiga, Hermione le sonrió pero solo recibió un gesto indiferente. ¿Qué ocurría?

–¿Cómo te sientes? –le preguntó la enfermera mientras checaba su temperatura.

–Algo débil pero ya estoy lista para irme –contestó Hermione con sinceridad. Quería preguntar mil cosas pero no sabía cómo, además sentía que ya había perdido mucho tiempo estando más de un día inconsciente.

–Es por la falta de alimento, tomate el tiempo que quieras para cambiarte y caminar, te daré de alta ahorita mismo –le dijo Madame Pomfrey con una sonrisa.– Agradece al Sr. Potter, le hubieras visto su cara de desesperación cuando entró aquí el día de ayer.

Hermione se ruborizo mientras Harry sonrió incomodo, luego Madame Pomfrey se despidió y los dejó solos.

–¿Estás lista para irnos? -le preguntó Ron.

–Si, pero antes, podrían decirme ¿qué fue lo que paso? –preguntó Hermione entre curiosa y preocupada.

Harry, Ron y Ginny se quedaron totalmente callados, llenando el ambiente de un silencio incomodo. Aún era un tema que no habían discutido a fondo, la más seria era Ginny Weasley quien incluso se apartó un poco de los demás.

–¿No… recuerdas nada? –preguntó Ginny con cierta frialdad, todos la miraron.

–Lo último que recuerdo fue cuando esos tres dementores quisieron quitarme el alma y luego todo se volvió oscuro –contesto Hermione honestamente, al parecer por la expresión de sus amigos ellos no se esperaban que ella preguntará eso.

Al no tener una respuesta, Hermione los miró confundida, había algo que le ocultaban de eso era muy notorio. Ginny y Harry intercambiaron una mirada indecisa. ¿Habrá ocurrido algo? De pronto, la castaña se asustó, ¿y si alguien murió? ¿Qué le habrá pasado a Draco? La última vez que lo vio fue cuando le dijo que se separarían para ayudar a las personas.

–Pueden decirme la verdad –les dijo Hermione mirándolos seriamente.

No entendía por qué parecía que los tres dudaban en decirle, comenzaba a enojarse.

–Pues básicamente eso, te atacaron los tres dementores, además se dirigían decenas de ellos hacia el pueblo por lo que Harry utilizo su patronus para ahuyentarlos a todos –respondió Ginny inmediatamente, diciendo parte de la verdad.– Caíste inconsciente y te llevamos a la enfermería.

Harry y Ron disimularon su sorpresa, nunca habían visto que Ginny pudiera mentir tan bien y sobre todo a su mejor amiga.

–Si, Harry te salvó la vida –dijo Ron después de que Hermione le dedicará una mirada dudosa.

Hermione lo pensó, pero después recordó que Madame Pomfrey le dijo que le agradeciera a Harry por salvarla. Así que decidió quedarse con esa verdad.

–Gracias Harry –agradeció Hermione sonriéndole a su mejor amigo.

Después de ello, Harry, Ron y Ginny esperaron afuera para que la castaña se cambiará. La pelirroja era la más callada y agradeció que no le preguntarán el motivo de su mentira, después todo Hermione al final les creyó. Aunque aún quedaba pendiente una plática más seria, una confrontación sobre lo que la pelirroja escuchó anoche.

Para la hora de la cena, Hermione ya se encontraba perfectamente bien. Bajó a cenar junto con Harry y Ron al gran comedor, mientras tanto sus dos amigos le contaban lo sucedido en el pueblo y las medidas de precaución que se tomaron una vez que los dementores fueron ahuyentados. Albus Dumbledore se encargó personalmente de realizar medidas de seguridad para Hogsmeade.

–Esto es obra de Voldemort, Harry –le dijo su mejor amiga después de escucharlos, nunca habían escuchado que resultara un ataque de esa magnitud y mucho menos tan cerca de Hogwarts.

–Lo sé, me preocupa lo que este tramando –contestó Harry realmente preocupado.– La Orden no me ha dado información sobre sus planes

–Además, este ataque sólo significa una cosa… Los dementores ya no están bajo las ordenes del Ministro –añadió Ron igual de preocupado que su amigo.

Harry y Hermione se sentaron juntos mientras Ron enfrente de ellos para tener una mejor comunicación, afortunadamente todos estaban muy ocupados en sus vidas como para prestar atención a lo que ellos discutían.

–¿Qué crees que este tramando? –le preguntó Ron a Harry mientras se servía su cena en su plato.

–No tengo idea, últimamente ni la cicatriz me ha molestado e incluso no he tenido sueños raros es como si hubiera desaparecido –respondió Harry al tiempo que se servía jugo de calabaza en su vaso.

Hermione se quedó seria en sus pensamientos. Sea lo que sea, no era nada bueno estar ahí en el castillo esperando a que de repente llegara Voldemort y todos sus seguidores. En seguida, pensó en Draco, la noche en que murió su padre y le enseño la marca tenebrosa en su antebrazo. Un escalofrió la recorrió.

–Tal vez, ya sabe como controlar esa conexión y de esa manera no puedas ver lo que planea o siente –dijo Hermione sirviéndose su cena.

Harry no quiso pensar mucho en eso.

–Hoy hablaré con Dumbledore sobre eso, aprovecharé después de cenar –respondió el niño que vivió.– Afortunadamente, después de llevarte a la enfermería e informar a la profesora McGonagall del incidente escuché decirle a Snape la nueva contraseña hacia la oficina del director.

–Esta bien, te esperaremos –dijo Ron y Hermione sólo asintió con la cabeza.

Después de ello, los tres siguieron disfrutando de su cena en silencio, cada uno con la mente lejos de ahí. Hermione quiso mirar a la mesa de Slytherin pero algo le decía que por ahora no lo hiciera. Pensándolo bien, en ningún momento Draco le ha mandado siquiera una nota para verla y ver como estaba, la noticia de que había salido ya de la enfermería se propago inmediatamente y hasta ahora no ha dado señales de vida y sus amigos tampoco lo mencionaron… Draco y ella estaban cerca cuando sucedió el ataque ¿tendrá algo que ver con su extraño comportamiento? Y ahora para el colmo, desde que salió de la enfermería, Ginny no le ha dirigido la palabra al menos si lo puede evitar y más de una vez la descubrió mirándola confundida.

Hermione suspiró cansada, hasta el hambre casi se le quitó. "Quiero verlo" pensó algo triste y se animó a mirar hacia la mesa de Slytherin… pero Draco no estaba ahí. Las cosas cada vez estaban más raras y no podía evitar sentirse más confundida conforme pasaban las horas.

–¡Hermione! –la llamó una voz muy familiar parada junto a ella.

–Anthony –contestó alegre, volteó a mirarlo con una sonrisa olvidándose de Draco, mientras él se acercaba y le daba un abrazo, haciendo caso omiso a la mirada de enojo de Harry.– ¿Ya te sientes mejor? En cuanto me entere que ya estabas bien vine a comprobarlo por mi mismo.

Hermione le indicó que se sentará a su lado para platicar mejor, se alegraba tanto de tener con quien hablar libremente.

–Si, muchas gracias. Hace unas horas salí de la enfermería –contestó Hermione con una sonrisa.

–Me alegra realmente, quería visitarte ayer en la enfermería pero McGonagall solicitó mi ayuda para ir a Hogsmeade –contesto Anthony honestamente.– ¿Sabes? Ahora ya sé como te sentiste cuando yo igual estuve en la enfermería.

–¿De qué hablas? –preguntó confundida.

–Pues, así como Malfoy me sustituyó cuando estuve enfermo, él te sustituyó mientras estabas inconsciente –contestó Anthony.– ¡Prometo no dejarte sola otra vez! Es una pesadilla estar con ese ególatra.

Hermione se puso tensa con sus palabras, miró de reojo como Ron y Harry se miraron cómplices mientras le dio un trago a su jugo para pensar en lo que diría. Al fin alguien le decía algo sobre Draco.

–¡Lo sé! Es un martirio pasar tiempo con él, pero dime que no te ofendió ni nada por el estilo –respondió con el mismo tono de él queriendo saber algo más.

–¡Pff, que va! No sólo me molestaba, sino que parecía algo frustrado e incluso desesperado y creo que no tuvo nada que ver con ir a Hogsmeade y luego estar haciendo rondas –exclamó Anthony con fastidio.– Incluso preguntó por ti.

Harry casi se ahoga con su bocado al escuchar eso, incluso Ron se quedó sorprendido por unos momentos pero Hermione no se dio cuenta de sus reaccionas ya que estaba mirando a Anthony sorprendida, no le ha mandado ninguna nota pero preguntó por ella, eso es demasiado arriesgado incluso viniendo de Draco. Enseguida se puso nerviosa.

¿Por… mi? –cuestionó Hermione desconcertada.

–Pero no lo creas en sentido de preocupación, sino todo lo contrario. Parecía que no veía el momento para decirle que nunca más ibas a despertar –le contestó Anthony enojado de sólo acordarse lo pesado que se había puesto Malfoy.

Hermione realmente no lo entendía, si llegó al extremo de preguntarle a Anthony por su estado ya hubiera visto la manera de verla en cuanto supiera que salió de la enfermería. Resultaba todo lo contrario porque ni siquiera estaba en el gran comedor con sus compañeros. Tenía el presentimiento de que algo le había ocurrido, pronto sintió la urgencia de verlo.

–Ya decía, si hay una persona que quisiera que nunca más despertará es Malfoy –respondió Hermione intentando disimular sus sentimientos.

–Maldito cretino –respondió Anthony, entonces se levantó.– Tengo que irme, me espera una cita.

Hermione también se levantó, desearía que él se quedará un poco más para que le contará más sobre lo ocurrido en Hogsmeade.

–En verdad me alegra que estés bien –dijo Anthony y la abrazó con cariño, la castaña lo miró irse.

Después de eso intentó terminar de cenar aunque al final desistió. Necesitaba una buena excusa para escabullirse y encontrarse con Draco en su lugar especial, como ella a veces lo llamaba… tal vez aún no le ha dicho nada pero está segura que ahí se encontrara. Justo en el momento en que creyó que mentiría otra vez, su suerte llegó después de la cena, en el momento en el que Harry se despedía para irse a la oficina de Dumbledore. Caminaba junto con Ron hacia la sala común, cuando se cruzaron con Lavender Brown y corrió a los brazos de Ron.

–Me adelanto a la sala común –dijo Hermione incomoda ya que obviamente la ignoraron por completo, sólo recibió una especie de gruñido de parte de Ron.

Camino al menos unos pasillos más como si fuera a la sala común hasta que de repente tomó un camino escondido que la acercará más a la torre de astronomía. Aún era temprano por lo que seguramente encontraría a Draco, rápidamente llegó al aula vacía y camino hasta la pequeña oficina detrás del escritorio. Abrió el librero y subió las escaleras hasta la puerta de madera. Con cierta expectación, abrió la puerta y efectivamente, Draco Malfoy estaba parado viendo hacia la ventana. Por un momento creyó que no la había escuchado entrar pero se dio cuenta que su mirada gris la traspasaba por el reflejo del vidrio.

–Hola –saludó Hermione con una sonrisa, caminó hacia él.

–Hola –le devolvió el saludo Draco sin mucho entusiasmo.

Pronto, Hermione se imagino una de esas escenas de las películas muggles de amor que a veces ve con su mamá en vacaciones, en las cuales el enamorado abraza a su amada con intensidad y su encuentro se vuelve realmente intenso. Sin embargo, sus ilusiones se vieron destruidas cuando no recibió ni un abrazo, beso o mínimo una palabra de cariño.

–Qué bueno que estés bien –dijo Draco con indiferencia perdido en sus pensamientos, como si la presencia de la castaña no fuera importante para él.

Hermione frunció el ceño contrariada, buscó su mirada pero él la evitaba.

–Gracias a los cuidados de Madame Pomfrey –respondió tratando de hacerle la plática.

–Lo sé –dijo cortante.

Ella lo miró confundido, ¿qué significaba eso?

–¿Algo ocurrió? ¿Estás bien? –le preguntó la castaña ya comenzando a desesperarse.

Draco la miró finalmente, sus miradas chocaron y Hermione se quedó sorprendida. El rubio nuevamente tenía esa frialdad en sus ojos, como si nada hubiera cambiado en los últimos meses… como si volvieran a ser Granger y Malfoy.

–No, estoy bien –contestó Draco sin dejar ver ninguna emoción.

Se había puesto su mascara de frialdad y ella no entendía nada.

–Creí… creí que irías a visitarme o mínimo me mandarías una nota para vernos –le reclamó Hermione sin sonar enojada, más bien decepcionada.

–¿Por qué haría eso si fueron tus amigos? –le cuestionó Draco como si estuviera harto de sus caprichos.

Hermione bajo la mirada herida, se durmió por más de un día y pareciera que despertó en un mundo equivocado, en el cual regresaba el Draco Malfoy que tanto odiaba con anterioridad. De pronto se sintió en una de sus pesadillas.

–Siempre has inventado la excusa perfecta para verme –respondió Hermione, no se detendrá hasta obtener una respuesta decente.– ¿Qué ha pasado?

–No pasa nada y sabes perfectamente que no era tan sencillo –repuso Draco como si hablará con una niña pequeña que no entiendia las cosas.

Poco a poco la castaña se sentía como una tonta. "¡Merlin! ¿Donde está el Draco Malfoy que haría cualquier cosa por verla?" pensó sin llegar a algo lógico en el comportamiento del rubio. Hace poco, se arriesgaron para verse en Hogsmeade, en un lugar totalmente público lleno no sólo de estudiantes sino de habitantes del pueblo quienes sabían perfectamente quienes eran ellos, corrieron ese riesgo emocionados por pasar tiempo juntos y ahora, toma precaución por una simple visita a la enfermería y una tonta nota.

Hermione le dio la espalda, se sentó en el sillón y miró el fuego tratando de calmarse. Lo que menos quería era comenzar una discusión, Draco la siguió con la mirada intentando controlar sus impulsos, conociendo su humor estaba seguro que no tardaría mucho para enfurecerse con él.

–Harry me contó lo que pasó –comenzó a decir Hermione como un intento de calmar las cosas, hizo una pausa y Draco aprovechó para caminar hacia ella.– Sólo recuerdo que estábamos tu y yo, nos separamos y después todo se volvió negro. Creí que iba a morir cuando los tres dementores estaban tan cerca de mí…

A Draco le dio un escalofrío al escucharla, se sentó junto a ella sin mirarla, estuvo a punto de comentarle sobre lo que pasó pero ella habló antes.

–Me dijeron que Harry me salvo contra los dementores, me vio justo a tiempo para conjurar su patronus y así ahuyentar a todos, luego al verme inconsciente me sujetó en sus brazos y me llevó lo más rápido a la enfermería –siguió contando Hermione sin saber lo que ocasionaba con sus palabras.

Para Draco fue como recibir una bofetada, enseguida dejó a un lado la indiferencia con ella porque un repentino enojo lo envolvió. Se sentía realmente ofendido, que Potter se haya llevado todo el crédito era una cosa y otra muy diferente era mentirle a su mejor amiga por cuestiones egoístas.

–¿¡Qué él te salvo?! –exclamó Draco con coraje, aunque sin darse cuenta parecía más celoso.

Hermione lo miró desconcertada, tenía el cuerpo tenso obviamente tratando de controlar su enojo.

–Creí que ya lo sabías –respondió Hermione seria, no podía creer que Draco le reclamara.– ¡No me digas que estas celoso!

Y entonces el orgullo de Draco fue herido, se levantó furioso para calmarse porque ella no tenía la culpa de nada, ¡Por Merlin! Él la salvó, puso en peligro su relación por querer ayudarla, incluso estaba tratando de montar barreras para no ser tan vulnerable y ese trió incompetente a los que llama amigos le ocultaron toda la verdad.

–¡Esto no tiene nada que ver con mis celos, Granger! O dime, ¿debo saber algo para reprocharte? –le contestó Draco incapaz de controlar sus palabras.

–No te atrevas a ofenderme de esa manera, Malfoy –exclamó Hermione también empezando a enojarse y haciendo énfasis en su apellido, como en los viejos tiempos.– Sabes de sobra que yo no haría algo así.

Enseguida aquellas palabras lo aliviaron, sabe perfectamente que ella nunca le haría algo así pero sólo de a Hermione en los brazos de Potter de esa manera tan protectora… lo desconsolaba y a la vez lo ponía con la sangre hirviendo. Porque la cara rajada pudo hacer eso e incluso cuidarla entre sus sueños cuando él se tuvo que conformar con escabullirse a la enfermería en la madrugada. No obstante, no quería que la castaña se diera cuenta que esos detalles a él le afectaban por lo que decidió recuperar su estado de indiferencia.

–Lo sé, por eso entre todas las mujeres del colegio te prefiero a ti –contestó Draco con cierta arrogancia y sin atisbo de ternura.

Hermione se sintió como una clase de objeto, a estas alturas podría diferenciar cuando Draco ciertas palabras para disculparse aunque sonara rudo, pero esta vez habló de ella como si le hubiese hecho un favor. Mientras tanto, el slytherin decidió dejar las cosas así, que ella creyera esa mentira sería lo mejor porque haría que la distancia entre ellos sea más fácil.

Draco volteo a mirarla para luego volver a sentarse a su lado.

–Es sólo que yo no lo sabía, te había perdido de vista y cuando regresé al castillo me enteré que estabas en la enfermería –mintió Draco más calmado.

La castaña lo taladró con la mirada, ¿por qué la situación entre ellos se volvió tan explosiva?

–Está bien –acepto no del todo convencida.

El buen humor de Hermione desapareció enseguida, a pesar de todo se había mantenido alegre por encontrarse con Draco y resulto ser un completo desastre. De pronto, le pareció tan lejano su encuentro en Hogsmeade… parecía como si lo hubiese soñado y el frío, las voces crueles y las pesadillas habían sido más reales.

Permanecieron en silencio un rato, Hermione sentía que estaba con un extraño y no sabía qué hacer. Mientras Draco ponía autocontrol para llevar a cabo su promesa, creía que sería fácil pero no era así, su necesidad de abrazarla y decirle lo preocupado que estaba era más grande.

–No sabía que podías conjurar un patronus –dijo de pronto Hermione, Draco la miró curioso por el rabillo del ojo.

–Te recuerdo que no eres la única en el colegio que es buena con los encantamientos –respondió Draco algo ofendido.

Hermione negó con la cabeza y giró el rostro para verlo.

–No me refería a eso, hablo de que… una vez me dijeron que los mortifagos no podían conjurar los patronus porque no podía existir algo bueno dentro de ellos para poder realizar el hechizo –dijo Hermione con una ligera sonrisa.

Draco se tensó un poco, él también ya sabía sobre ello y el hecho de saber que él en realidad tiene algo de bondad en su interior lo desarmaba, no porque piense que es un ser vacío con pura maldad dentro de él sino por las cosas que ha tenido que realizar por obedecer a un loco. Además, hasta el día de ayer durante el ataque realizo realmente una buena acción sin intereses de por medio.

–Creo que eso es un mito, no soy una persona buena como quieres pensar –respondió Draco impidiendo que ella se adelantará a ese hecho.

–Pero eso quiere decir que no importa si tienes la marca tenebrosa o sigas ordenes de Voldemort, en realidad sigues teniendo cierta bondad en el interior que hace la diferencia en tus decisiones –dijo Hermione convenciendose a si misma de ello.

–¿Y eso te hace sentir mejor? ¿Pensar en que existe una bondad en mi te ayuda en tu culpabilidad del hecho de salir con un mortifago? –inquirió Draco con demasiada frialdad.

Hermione se levantó del sillón, ya había tenido suficiente con ello. Ella estaba tratando de calmar las cosas o al menos poder descifrar sobre la actitud de Draco pero él se la estaba poniendo demasiado dificil.

–¿Por qué estas tan a la defensiva? –reclamó la castaña mirandolo enojada.– ¿Qué rayos te está pasando?

Draco sonrió con arrogancia, al tiempo que también se levantaba.

–Me pasa que seguramente crees que existe una especie de salvación para mi, tu sueño es que me vuelva un héroe y te tengo una noticia… ¡Yo no soy Potter! –exclamó Draco mirándola severamente a los ojos.

La castaña no pudo evitar un gesto de sorpresa.

–En ningún momento sugerí tal cosa –respondió Hermione enojada.– Yo sé que no eres Harry, y si quisiera que lo fueras simplemente nunca hubiéramos empezado ninguna relación.

–¿Qué se supone que significa eso? –preguntó Draco sin saber si sentirse ofendido o no.

–Nunca he intentado cambiarte porque… te quiero a ti y no en un ideal –exclamó Hermione aún más enojada.

Draco Malfoy no supo que responder, de pronto toda esa barrera que construyo se vino a bajo por esas palabras. Algo en su interior se movió y durante un momento de debilidad pensó que valía la pena todos esos riesgos que sucedieron ayer por ella. Sin pensarlo, se acercó a ella con rudeza y la besó. Enseguida llevó una mano a la cintura y la otra a la nuca, como una manera de posesión… Hermione agarró con fuerza las solapas de la túnica de él y lo acercó más a ella si eso fuera posible.

El beso duró sólo unos momentos robados porque en cuanto Draco se dio cuenta de lo que hacía: dejarse llevar una vez más por sus sentimientos, se separó rápidamente ignorando el cosquilleo en los labios y manos por la ausencia de ella.

–Tengo que irme –dijo enseguida Draco sin mucha ceremonia y de forma cortante.

–Hasta mañana… –contestó Hermione en un susurró aunque Draco ya había atravesado la puerta.

No entendía que acababa de pasar, nuevamente se sintió como una tonta por la forma en que había sido tratada. Se sentía nuevamente como al principio de su relación cuando no tenía ni idea de qué esperar… cuando tenía miedo de salir herida por él.

Draco Malfoy bajo las escaleras a toda prisa, cruzó el aula y sin tomar ninguna precaución salió de ahí cerrando con fuerza tras él. Camino unos metros y se detuvo en seco, volteo hacia su derecha, camino lentamente a la ventana y tal como había visto de reojo, había comenzado a nevar. Tenía esas terribles ganas de regresar con ella pero las reprimió. Respiro varias veces para poder seguir su camino hacia la sala común de Slytherin y olvidarse del tema.


El lunes por la mañana, los jardines del castillo amanecieron cubiertos de nieve. Algunos alumnos salieron a jugar con ella mientras otros se resguardaban del frio. Para Harry, Ron y Hermione eso no les importaba porque discutían en murmullos por tercera vez la visita de Harry a la oficina de Dumbledore.

Al parecer Dumbledore le contó que descubrió algo sumamente importante pero por el momento no le podía decir de qué se trataba hasta que estuviera 100% seguro de ello. Lo más desconcertante para el trió, fueron las palabras que eligió Dumbledore para referirse a ello: arma secreta de Voldemort. ¿Qué se suponía que significaba?

–Espero que pronto tenga una respuesta –dijo Harry cansado mientras terminaba de desayunar.

–Y sólo esperemos que sea fácil de vencer o romper, sea lo que sea –dijo Ron.

Hermione los miró pensando en las posibilidades de un arma mágica, no cree que sea algo como un arco mágico o una espada. Presiente que tiene que ver con magia muy oscura, de lo cual difícilmente podrían estar preparados. Pero no quiso decírselos, no iba a preocuparlos cuando aún no sabían a qué se enfrentaban.

–Trataré de ir en la tarde a la biblioteca para investigar sobre eso –les informó Hermione quien durante un rato había estado bastante callada.

–¿Quieres que te ayudemos? –le dijo Harry ignorando la mirada asesina de Ron.

–No se preocupen, además si tengo que tener acceso a la sección Prohibida a la señora de la biblioteca no le gustan que sepan de mi acuerdo con ella –respondió.

–Está bien, si tu lo dices –dijo Ron contento de no ir a la biblioteca.

Después de desayunar caminaron juntos hacia sus clases, dejando a un lado la nieve, el día parecía terriblemente aburrido. Los profesores se mostraron encantados en sólo dictar, dejar tarea y cero práctica, lo cual para la tercera hora todos estaban hartos. Pero para Hermione era lo ideal, porque se centraba en escribir todo lo que los profesores decían y agregarle sus notas personales, de esa manera no tenía lugar para pensar en cierto Slytherin.

En la mañana no coincidieron en el Gran Comedor, de ahí ninguna clase les tocaba juntos por lo que comenzaba a volverse loca que no diera ninguna señal de vida. Por lo general, él siempre pasaba por su mismo camino al propósito, para tener un motivo de mirarla e intercambiar una sonrisa cómplice. Es obvio tenía que ver con su actitud del día anterior, Hermione azotó su libro de encantamientos en la banca.

Al menos sabía que hay una clase en la que él no podrá evitarla: Aritmancia. Lo abordaría para preguntarle sobre el problema, así que para el momento en que se despidió de sus amigos ya tenía un objetivo en mente. Camino más tranquila hacia su aula pero en cuanto entró se quedo congelada en el marco de la puerta, Draco estaba bastante cerca de una de sus compañeras de Ravenclaw quien estaba encantada con él. Se agarraba el cabello rubio coquetamente, lo miraba con sus ojos azules y le sonreía con sus dientes perfectos.

"Maldito hurón" pensó Hermione enojada, levantó la cabeza y camino hasta su lugar sintiendo en su espalda la mirada penetrante de Draco. Sin duda no le iba a dar la satisfacción. Cuando la profesora Vector llegó, enseguida se olvido del hurón porque les pidió mucho trabajo para la clase y como siempre en parejas, como esta vez la profesora no formó las parejas, Hermione enseguida le pidió a una compañera.

Después de la primera hora de la clase, todos estaban muy callados y trabajando, hasta que una exclamación rompió el ambiente.

–¿¡Qué hiciste!? Esta todo mal desde la primera respuesta –exclamó Draco Malfoy, estaba furioso mirando a su compañera.– ¡Qué tonta eres! Echaste a perder todo el trabajo y no terminaremos a tiempo.

–¡Cálmese Sr. Malfoy! 10 puntos menos para Slytherin –exclamó la profesora Vector al ver que su alumna de Ravenclaw estaba llorando.

–Pero es su culpa, no puede ser que se haya equivocado en algo tan sencillo –reclamó Draco aún más enojado por los puntos menos ignorando las miradas de todos.

–¿Acaso ella está haciendo todo el trabajo? –insinuó la profesora.

–No, nos lo dividimos porque es más fácil así, yo siempre trabajo así c... –comenzó a explicar Draco pero se calló al darse cuenta de lo que iba a decir "Yo siempre trabajo así con Granger".

Por un momento, las miradas de Draco y Hermione chocaron porque ella también entendió a lo que se refería.

–Sea como sea, usted no tiene derecho de gritar así, tiene suspendido el trabajo –le ordenó la profesora y él aún más molesto agarro sus cosas saliendo del aula azotando la puerta.

Antes de irse parecía haber murmurado por lo bajo cosas como: "Pero me vengaré, no sabe con quién habla, no tiene derecho". Hermione sonreía contenta, al menos no pudo reclamarle a Draco por su frialdad pero de seguro se acababa de dar cuenta que no puede reemplazarla como si fuera una cualquiera y sobretodo recordarle que el karma es poderoso.

Después de clase, estaba la costumbre de irse juntos hacia su lugar secreto. Pero esta vez se limitó a seguir su camino a la sala común al ver que Draco no la esperaba afuera y ni siquiera una nota le mandó. Hermione no entendía que era peor: que la evitaba o que parecía que no tuviera interés en ella. ¿Y si su comportamiento no tiene nada que ver con ella? Pero tuvo que tragarse esos pensamientos porque confirmó que el asunto era con ella, poco tiempo después de salir de la clase se cruzaron en el pasillo y él no le dedicó ninguna de esas miradas que tanto compartían, es más preferiría una mirada fría a ser ignorada como lo acaba de hacer.

Draco se perdió de vista en la esquina y ella se quedó parada a la mitad del pasillo sin poder creerlo. "Está bien, yo no lo buscaré si él me ignora puedo hacer exactamente lo mismo" pensó Hermione orgullosa, "Al final él me buscará" creía esperanzada. Por primera vez no iría a ese lugar junto a la torre de Astronomía y no se sentiría culpable por ello. Entonces decidió ir de una vez a la biblioteca a sacar los libros que necesitaba para encerrarse en la sala común de Gryffindor, disfrutaría de un tiempo con sus amigos como hace semanas ya no lo hacía y se olvidaría de Malfoy por el resto del día.

Al día siguiente, tal como lo había predicho Hermione, Draco estaba hecho una furia. Para la hora de la tarde el humor del slytherin estaba en los límites mientras caminaba con paso decidido hacia la biblioteca. En su vida, nadie lo había dejado plantado, en su vida se había visto en la necesidad de preguntar por esa persona para buscarla, en su vida le habían herido tanto el orgullo. Obviamente quería respuestas y ya.

Los alumnos del castillo con quienes se encontraba en los pasillos, lo evitaban para que pasara, su expresión lo decía todo y cualquiera que se atreviera a cruzarse, iba a pagar por ello. Cuando entró a la biblioteca, enseguida identifico a Hermione y le valió un comino quienes estuvieran ahí como testigos. Mientras ella, sin darse cuenta de su presencia, se levantó a buscar un libro más por lo que se perdió entre las estanterías. Draco sonrió complacido con su suerte y la siguió.

Draco la alcanzó muy rápido, la castaña estaba hojeando un libro pequeño de pasta color verde. Entonces caminó hacia ella y le tiró el libro de sus manos para luego acorralarla entre él y el librero, sin poner tanta fuerza pero la suficiente para que no intentara escapar.

–¿Qué haces? Sueltame –ordenó Hermione sin atisbo de miedo ante la actitud de Draco.

De hecho, ya lo esperaba, le sorprendió lo mucho que tardó en buscarla y supuso que perdió los estribos en la hora del almuerzo porque Harry en ningún momento se separo de ella. Por unos segundos se vieron a los ojos, la mirada furiosa de Draco quería causar algo en la mirada orgullosa de Hermione. Sin duda, no habría forma de evitar la discusión que se venía.

–Ayer te esperé y no fuiste –le reclamó Draco directamente hiriendo su orgullo al admitirlo.

Por un segundo, Hermione bajo la guardia, la forma en cómo se lo dijo la dejó desconcertada, sonaba herido porque en verdad la espero pero su parte racional le recordó la escena en que la ignoró por completo en el pasillo y regreso a la realidad.

–¿Ahora si necesitas mi atención Draco? –le contestó con el mismo reclamo en su voz.

Draco no dijo nada, sabía que él mismo había provocado esto pero el hecho de que ella le volteara la situación lo desconcertaba. Si fuera cualquier otra chica estaría seguro que hubiera ido a rogarle por su presencia, por unos momentos con él. Error, porque si ha estas alturas no ha entendido como es Hermione tendría que haberse imaginado que ella también es sumamente orgullosa.

Hermione trató de zafarse pero él se lo impidió, forcejearon durante unos momentos consiguiendo que Draco se acercara más pero ella uso las manos para pegarle y él harto, le sujeto las muñecas para llevarlas al lado de su cabeza.

–Sueltame –ordenó Hermione en voz baja pero segura.

–No –contestó Draco sintiendo su respiración agitada en el rostro. No pudo evitarlo, desvió su mirada a sus labios y ella se dio cuenta.

En el momento en que él se acercó a besarla, Hermione volteo dejándolo rozando su mejilla.

–No puedes ignorarme para luego aparecer como si nada queriéndome besar –le dijo volteando su rostro hacia él para que viera lo serio de sus palabras.

Draco se sintió más herido en su orgullo, primero lo deja plantado, luego desvía su rostro para no ser besada y ahora pareciera querer decirle como debe hacer las cosas, omitiendo que lo dejó como si estuviera desesperado por ella. Nuevamente se acercó a ella con peligrosidad.

–No puedes simplemente dejarme plantado Granger, hay muchas a quienes les gustaría estar en tu lugar y conmigo tampoco serás una mandona como si tratases a Potter o Weasley –le habló en voz baja pero llena de frialdad.

Hermione de un golpe logró zafarse de un brazo y llevó su mano a su pecho para apartarlo un poco.

–Esto no se trata de quién tiene el poder, esto es una relación Malfoy y no un capricho físico que tenemos, creí que eso ya lo sabías –le dijo mientras lo apartaba cada vez más.– Yo no estoy tratando de mandarte, sólo quiero saber si en verdad quieres esto… No creas que no conozco tu fama entre las chicas.

Draco quedó totalmente desarmado. Recuerda las infinidades de lloriqueos de algunas chicas y sobretodo los de Pansy acerca de por qué ha perdido el interés o si era cierto que besó a tal chica Pero nunca esto, claro la diferencia es obvia porque a Hermione si la quiere a diferencia de sus conquistas pasadas y aún así esperaba lágrimas y ruegos. Y tan sólo con esas palabras le hizo entender que a ella estaba más enojada con él.

–No te he sido infiel si es lo que crees –aseguró dejando a un lado su tono frío, se sintió como un idiota. Las cosas no han salido como él los había planeado.

–¿No lo entiendes verdad? Si en verdad me quieres contigo, demuéstramelo –le dijo mientras con la yema de los dedos rozó la mejilla de Draco.– Sabes muy bien que no soy como las otras que ruegan, Malfoy

Hermione aprovechó que él bajo la guardia y se escabulló de sus brazos, dejándolo solo entre las estanterías. Agarró rápido sus cosas y camino hacia la salida de la biblioteca sin mirar atrás aunque sentía la mirada de Draco en su nuca.

Si, acepta que lo quiere pero no por ello se dejará manejar como un títere y mucho menos participar en el juego "Hoy te ignoro y mañana te quiero". Por mucho que quiera estar con él en estos momentos, no perderá su dignidad en alguien que no sabe querer.

Justo en el momento en que salía, casi choca con alguien quien no pudo identificar hasta que habló.

–Hermione, tenemos que hablar –dijo Ginny con un tono demasiado serio.


Hola,

este capitulo me ha costado escribirlo pero estoy satisfecha con el resultado y bueno ya se imaginarán lo que vendrá el próximo capitulo.

Espero les haya gustado, muchas gracias por los comentarios y aquellas nuevas personas que le dan una oportunidad a mi fic.

Besos!