Draco Malfoy tardó varios segundos en reaccionar lo que acababa de pasar. Hermione Granger lo había rechazado y aunque le gustaría sentirse ofendido por ello para tener una buena razón para no buscarla, de hecho se sentía miserable. Las palabras de la castaña lo dejaron desconcertado, ¿a qué estaba jugando él? Más que nadie debería ya saber que Hermione no es como ninguna otra chica que hubiera conocido… y conocerá probablemente.
"Si en verdad me quieres contigo, demuéstramelo"
Draco recargó su frente en los libros, ¿cómo explicarle que quiere estar con ella pero que ella no este en él? Le aterroriza la manera en que ella ha influido en sus decisiones y cómo él ha ido cambiando ciertas cosas de su personalidad por ella… como su ideología. Hermione no puede tener esa clase de poder en él. Draco Malfoy no puede dejarse llevar por las emociones como últimamente lo ha hecho, el ataque de los dementores fue un recordatorio que él tiene obligaciones que cumplir y su marca tenebrosa en el antebrazo izquierdo es una sentencia de ello.
Aún así, salió de las estanterías y camino con rapidez hacia la salida de la biblioteca al ver que Hermione ya no estaba allí. Iría a buscarla, tenía que aclararle ciertas cuestiones… quería dejar en claro su relación. Sin embargo, un Draco totalmente alterado se detuvo en seco cuando salió de la biblioteca y se topó con Hermione, estuvo a punto de sujetarla del brazo cuando notó la presencia de la menor de los Weasley. Fue muy evidente su actitud y se maldijo nuevamente por su vulnerabilidad por Hermione.
A lo largo de los años ha recibido cientos de miradas de Ginny Weasley, todas habían sido puro enojo o fastidio… pero es la primera vez que lo miraba como si hubiera cometido una clase de crimen, un delito. Se sintió aún más desconcertado ante ello. Volteo a mirar a Hermione quien luchaba por fingir indiferencia aunque estuviera muerta de nervios por dentro.
Fueron microsegundos realmente incómodos para los tres.
–¿Qué quieres? –rompió el silencio Hermione al ver que Draco no reaccionaba.
–Es la última vez que te reemplazo como Premio Anual, no quiero volver a darte reportes de ningún tipo –le dijo Draco con frialdad aunque se sentía un completo idiota por tan pobre excusa.
Ginny miró con más intensidad a Draco, como si supiera que estaba mintiendo.
–Sé lo guapo que soy pero no necesito que me mires tanto comadreja, intenta ser más discreta –comentó Draco con arrogancia.
–Piérdete hurón –reaccionó Ginny con frialdad.
–No vale la pena… –murmuró Hermione jalando a su amiga e ignorando a Draco.
Hermione había dicho muchas veces la misma frase con el objetivo de evitar una pelea entre sus amigos y los slytherin, sobre todo cuando se trataba de Draco. Pero por primera vez, el slytherin escuchó un nuevo significado ante esas palabras, la manera en que lo dijo… "no vale la pena". Hermione comenzó a caminar lejos del rubio y Ginny la siguió. Draco miró como la castaña se alejaba más y más de él, hasta que ella se volteo para mirarlo y está seguro que su expresión delataba lo que sentía. Cuando ella se perdió en la esquina, Draco soltó un gran suspiro.
–¡Draco! –lo llamó una voz.
El slytherin se irguió volviendo a ser el mismo de siempre. Giró para encarar a Blaise Zabini quien ya estaba vestido para el entrenamiento de quidditch.
–¿Por qué aún no estás vestido? Hoy es nuestro primer día de entrenamiento –le reclamó Blaise.
–Ya voy –sólo respondió el rubio y camino al lado de su amigo hacia la sala común de slytherin, fingiendo estar interesado en la plática de Blaise.
Durante todo el camino sintió una especie de vació en el pecho, las cosas habían dado un giro tremendo de un momento a otro y claramente no ha salido nada como él esperaba. Sin embargo, una vez en el campo de quidditch se olvidó de todo y por unas horas, todo estaba en su lugar.
Llevaban al menos cinco minutos caminando sin ningún sentido por los pasillos. Hermione Granger seguía a su mejor amiga de cerca, no podía ver su rostro pero estaba segura que estaba debatiendose en tener las fuerzas necesarias para decir algo o hacer algo. La castaña sólo rogaba que no se hubiese dado cuenta del comportamiento de Draco hace rato.
–¿A donde vamos? –preguntó Hermione comenzando a desesperarse.
–No podemos ir a la sala común, ahí están Harry y Ron –contestó cortante la pelirroja.
La castaña frunció el ceño, sólo eso le faltaba… al mismo tiempo que ocurrían problemas con Draco también sucedía con Ginny. Desde que despertó de la enfermería se ha dado cuenta que la pelirroja ha estado demasiado distante y que de vez en cuando la descubría mirándola con detenimiento, como si quisiera estar segura de algo.
De pronto, Ginny entró a un aula vacía que encontró. Hermione la siguió y cerró la puerta tras ella, miró a su amiga pero ella miraba a otra parte, un silencio incomodo se interpuso entre ellas. La castaña comenzaba a sentirse frustrada, no podía entender por qué su mejor amiga estaba así con ella.
–¿Qué es lo que ocurre? –preguntó Hermione para animarla a hablar.
Ginny soltó un largo suspiro y entonces la miró con una expresión que nunca había visto en ella. Hermione se puso tensa.
–El motivo por el cual desapareces es Malfoy, ¿no es así? –dijo Ginny como una completa confirmación.
Hermione no pudo disimular su sorpresa, la manera tan segura en que ella lo dijo la dejó totalmente desarmada. ¿Cómo…? Sintió que la sangre se le escapaba del rostro junto con un ligero temblor en las manos.
–¿De… de qué estas hablando? –preguntó Hermione intentando hacerse la tonta.
–No tengo problemas con que guardes secretos, todos tenemos uno… –comenzó a decir Ginny tratando de elegir las palabras adecuadas, parecía que se contenía por no explotar.
–Seguramente todo esto es un malentendido –interrumpió Hermione.
–Llegué a pensar que tenías algo con Anthony y por Harry no decías nada, porque todavía eso es más comprensible. Incluso son tan notorios tus cambios de humor, tu temporada de confusión, luego de enojo y finalmente radiabas de felicidad –continuó Ginny subiendo un poco más el noto de voz.
Ginny analizó cada detalle, todos habían notado cambios en la castaña pero nadie le decía nada por respeto a su privacidad además de que tampoco fuera como si afectara. Le daba coraje saber que desde el principio las señales estuvieron ahí y nunca pudo darse cuenta de ello hasta ahora.
–No es lo que piensas… –dijo Hermione pensando rápidamente en cualquier excusa.
–¿En serio? ¡Porque créeme que pensé en miles de excusas para tratar de encontrar otra razón que no fuera esta! –exclamó Ginny mirándola con dureza.– Pero es la única que tiene sentido.
Hermione miraba a su amiga con desconcierto y cierto temor. Se sentía totalmente acorralada, ¿cómo mentirle? Tenía que inventar algo y rápido si quiere seguir ocultando lo que queda de su relación con Draco.
–Se puede saber, ¿en qué te basaste para llegar a esa conclusión tan descabellada? –preguntó la castaña tratando de fingir estar ofendida ante la acusación.
–Tú misma lo dijiste, el día que estuviste en la enfermería –respondió Ginny como si estuviera sentenciándola.
Hermione no tuvo que fingir para mirar a su mejor amiga como si se hubiese vuelto loca, no pudo haber dicho nada, la mayoría del tiempo estuvo inconsciente. Al menos que…
–Dijiste su nombre mientras dormías –confesó Ginny adivinando el hilo sus pensamientos.
–No… no es cierto, escuchaste mal –respondió Hermione sin poder creerlo.
Ginny la volvió a mirar con esa rara expresión, parecía que apenas soportaba mirarla y la castaña le produjo un escalofrío.
–Escuche muy claro y afortunadamente estaba sola –respondió la pelirroja.– Después de eso, estuve casi toda la noche en vela pensando y dándome cuenta de la realidad… ¡hubo tantas señales!
Hermione bajó la mirada sin poder soportar más la expresión de su amiga. No podía creer que las cosas parecían desmoronarse por completo.
–No sé cómo pudiste, Hermione –dijo Ginny con la voz cargada de decepción.
Entonces Hermione entendió porque esa expresión que le dedicaba se le hacía rara. La estaba mirando con absoluta decepción… estaba decepcionada de ella y lejos de sentirse mal por ello, comenzó a sentir coraje. ¿Por qué estar con Draco Malfoy es decepcionante?
–¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Él no vale la pena, es un hombre cruel, despiadado, orgulloso, egoísta y odia a los hijos de muggles… incluso podría estar utilizandote, Hermione –decía Ginny sin saber que con cada palabra hería a su amiga.– Sabes perfectamente que él pertenece al otro bando y de seguro es un mortifago tal como su padre aunque no lo exhiba.
Hermione se tensó, ella más que nadie podría confirmar que Draco es un mortifago pero no por ello Ginny debería hablar así de él.
–Te mereces algo mejor… alguien bueno, que sea respetuoso contigo y te haga feliz…
–¿Cómo Harry? –soltó Hermione con ofensa.
No pudo evitar decirlo, la manera en que Ginny decía esas palabras la enojaron sobremanera, parecía como si la pelirroja estuviera reclamándole más el hecho de no estar o no escoger a Harry en lugar de estar con Draco. ¿Cómo puede poner a Harry como el centro de todo?
Por otro lado, Ginny se quedó sin habla. No se había dado cuenta que se refería a Harry pero aún así no cedió.
–¿Entonces, lo escogiste? –preguntó la pelirroja.
–Estoy cansada de que todos me quieran convencer de estar al lado de Harry –respondió Hermione tratandose de calmar.– Lo único que siento por Malfoy es odio… ¿no has pensado que tal vez pude haber dicho su nombre porque tenía una pesadilla?
Ginny soltó una risa sarcástica, demasiado inusual en ella.
–No trates más de ocultarlo, ustedes dos cambiaron mucho –dijo Ginny, también había vigilado de cerca a Malfoy aunque la única prueba segura la obtuvo hace unos momentos afuera de la biblioteca.– Incluso tiene sentido por lo que pasó en Hogsmeade.
–¿En Hogsmeade?
–Malfoy fue quien ahuyento a todos los dementores, no fue Harry –confesó Ginny soltando un suspiro.– Estaba tan pálido y nunca había visto esa expresión de angustia en él… todo por querer salvarte. Claramente siente algo por ti.
Hermione la miró desconcertada. Una cosa es que tenga la sospecha sobre ellos dos y otra muy diferente es haber notado los sentimientos de Draco. Nuevamente regresó el enojo, ahora entente porque Draco se comportó de esa manera cuando le contó que según Harry la había salvado de los dementores, no tenía nada que ver con los celos. Pero, ¿por qué rayos no le contó la verdad en ese momento?
Comenzaba a sentirse mareada, entre Ginny y luego Draco, odiaba cómo las cosas habían cambiado tan drásticamente y ahora no estaba segura de nada, ni siquiera a quien creerle.
–¿Por qué me mentiste? Tú dijiste que había sido Harry –le reclamó Hermione.
–¡Porque ellos ya sospechan! pero nadie quería hablar de ello y estaba segura que si te decíamos la verdad, en ese momento habrían querido respuestas… te cubrí.
–Estás equivocada, el hecho de que por primera vez quiera ser una buena persona, no quiere decir que siente algo por mi –respondió Hermione sin mucho convencimiento, Ginny había pensado en todo y sinceramente no había escapatoria en eso.
–No quieras engañarme Hermione. No se me olvida cómo después de que Harry te besará en el partido de quidditch, Malfoy le lanzó una bludger y pudo haberle hecho grave daño. ¿Crees que eso es indiferencia? –exclamó enojada la pelirroja.
La castaña se llevó las manos al rostro, se sentía totalmente acorralada y siendo acusada por un grave delito cuando no existe un delito como tal en la situación. ¿Podría entender Ginny su relación si se la explica? Quería hablarle con sinceridad pero no podía… porque francamente ni siquiera puede estar segura de su relación en estos momentos.
–Harry no merece esto… –susurró Ginny.
Eso fue la gota que derramó el vaso…
–¡Yo desde el principio fui clara con Harry! No trates de defender algo que desconoces porque él fue quien lo provocó, sabía perfectamente que estaría observando… ¡lo hizo al propósito! –exclamó Hermione sin darse cuenta de su error.
Ginny la miró sorprendida, su mejor amiga acaba de confirmarlo y eso era lo último que necesitaba para asegurarse 100% de que está relacionada con Draco Malfoy.
–El hecho de que sepas eso, confirma que Malfoy y tú tienen algo…
Hermione llevó su mano a la boca y cerró los ojos, mientras Ginny dejó de mirarla y comenzó a caminar hacia la puerta, pasando junto a su mejor amiga.
–Ginny, por favor escucháme… –dijo Hermione como un intento de detenerla.
–No le diré nada a Harry ni a Ron… no esperes que me sienta feliz por ti y tampoco quiero estar ahí cuando ellos se enteren –dijo Ginny totalmente seria.– Piensa bien las cosas…
La pelirroja salió del aula dando un portazo mientras Hermione se quedaba congelada en su lugar. Todo comenzaba a venirse abajo, lo peor de todo es que Ginny la odia por una relación que no sabe si aún la tiene. No puede defender algo de lo que no esta segura… no puede defender a Draco cuando las cosas han cambiado. Tenía un tremendo miedo, se sentía sola…y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Al día siguiente, Hermione Granger agradeció que fuera un miércoles de reunión con Anthony y las profesora McGonagall. Así tendría un buen pretexto para desaparecer de sus amigos y de la miradas intensas de Draco ya que nuevamente el día anterior no fue a su lugar secreto aunque duda que él también haya ido.
Fue ya en la tarde cuando salió de la sala común de Gryffindor a encontrarse con Anthony, él ya la estaba esperando afuera, le había pedido el favor de hacerlo por si existía la posibilidad que Draco la interceptará en el camino. Aún no se sentía preparada para enfrentarlo, en cuanto a su relación y en cuanto a lo de Ginny. De sólo pensar en el repentino cambio de las cosas, sentía un escalofrío recorrer su cuerpo.
–Hola –saludó Anthony con una cálida sonrisa.
–Hola… –respondió Hermione intentando sonar como siempre.
–¿Qué ocurre? –preguntó inmediatamente el ravenclaw mirándola con preocupación.– ¿Aún no te recuperas del ataque?
–Aún tengo pesadillas y no puedo dormir, aparte el frío no me ayuda –mintió Hermione mientras comenzaba a caminar ignorando la mirada de su amigo.
–Eso si, ha comenzado a nevar y pronto serán vacaciones… –respondió Anthony y enseguida comenzó hablar de sus próximas vacaciones.
Hermione fácilmente comenzó a sentirse cómoda con él, le gustaba la manera en que inconscientemente la hacía olvidarse de todo sin mayor esfuerzo y la hacía sentir como una chica común y corriente. Lamentablemente duró muy poco su distracción porque en uno de los pasillos se cruzaron con Draco Malfoy y Blaise Zabini, Hermione enseguida fingió como si nada pasaba ignorando la mirada que le dedicó el slytherin al verla con la compañía del ravenclaw.
A partir de ese momento ya no pudo relajarse. ¿Cómo le dirá a Draco sobre lo de Ginny? Se supone que están en un periodo de guerra entre ellos pero sin duda no puede ocultarle algo tan importante. "¿Le importará siquiera?" pensó afligida, quizás se agarraba de ahí para alejarse definitivamente de ella. No cualquiera estaría dispuesto a luchar contra los demás, una cosa era salir a escondidas y mentir a sus amigos porque ahora se enfrentarían con algo mayor… Hace una semana ella estaría segura de su reacción pero en este momento, ¿y si Draco resultaba lo contrario a lo que ella pensaba?
De pronto sus ojos se nublaron por las lágrimas que amenazaban con salir. Hace semanas estaba tan feliz con Draco que se olvido por completo de los detalles, sus amigos no son idiotas y así como Ginny pudo descubrir la verdad, también lo harían los demás. Estaba tan entregada a su relación que dejó varias pistas y pronto pagaría por eso… se dejó llevar por los sentimientos ignorando todo este tiempo su parte racional y lógica, pero ahora le hará caso para al menos pensar fríamente y poder afirmar con seguridad que Draco la quiere.
Antes de que alguna lágrima se atreviera a salir, secó sus ojos, se acomodo su bufanda color escarlata y con la frente en alto siguió caminando. No permitiría que Anthony la viera triste o alguien más comenzara rumores de que se pasea triste por los pasillos. Al poco tiempo llegaron al despacho de la profesora McGonagall, con una invitación de la profesora, ambos se sentaron en las sillas frente al escritorio.
La siguiente hora hablaron acerca de nuevas medidas de seguridad que se implementarán en Hogwarts con el fin de evitar cualquier ataque como sucedió en Hogsmeade, también se convocaron nuevas reglas para los estudiantes y sobre todo de primer a tercer año. Anthony quiso saber más información acerca del ataque ya que en El Profeta no había más de lo que ya sabían, sin embargo la profesora no quiso dar más detalles aunque estaba totalmente implícito que se debía a que Voldemort ha comenzando actuar. Sin duda el estar en Hogwarts es muy fácil olvidarse sobre la situación actual en la comunidad mágica, aún hay una lucha y pronto una guerra que se llevará a cabo, y todos los alumnos simplemente preferían encerrarse en la gran burbuja de protección que es el castillo.
–Lo único que puedo decirles es que no fue ninguna casualidad que justo el día de visita a Hogsmeade, hubiesen atacado esas criaturas… –dijo con total seriedad McGonagall dejando pensativos a los premios anuales.
Pero antes de que ellos pudieran hacer preguntas, McGonagall cambió totalmente el tema a otros asuntos sin demasiada importancia. Lo que dijo la profesora, ya lo había pensado Hermione cuando había hablado con Harry y Ron sobre el asunto, y nadie daba respuestas concretas. ¿En verdad les estarán ocultando algo importante o es porque no tienen ni idea de lo que sucede?
–Creo que eso es todo, pueden retirarse a descansar –dijo finalmente la profesora después de veinte minutos más.
Anthony y Hermione salieron en silencio del despacho, aún quedaba el resto de la tarde para ocuparse en sus deberes, o al menos eso pensaba Hermione cuando después de unos metros de caminar su compañero la detuvo.
–Basta, ¿qué es lo que ocurre? –preguntó Anthony mientras se situaba frente a ella para que no escapara.
La castaña lo miró sorprendida.
–No ocurre nada… –respondió inmediatamente.
Anthony se cruzó de brazos dispuesto a no ceder, pero lejos de verse enojado le dedicó una mirada dulce. Hermione por unos momentos se sintió indefensa ante sus ojos cafés.
–La excusa de que aún tienes pesadillas y todo eso ya no te queda –contestó Anthony haciendo que la castaña se sintiera avergonzada.– Algo te pasa, te notó muy diferente y no pregunté nada para darte tu espacio pero… no puedo dejarlo pasar por alto.
Hermione lo miró con duda y miedo, en verdad deseaba contarle todo y a la vez sabía que no podía contarle.
–Puedes confiar en mi –dijo Anthony sin dejarla de mirar.
La castaña soltó un suspiro, el hecho de que el no se vea enojado o ansioso por saber, la motivo hablar.
–¿Recuerdas cuando te hable de que había alguien…del cual no podía enamorarme? –comenzó a decir Hermione, el ravenclaw asintió con la cabeza.– Pues, han sucedido muchas cosas entre los dos y al final creo que si me enamoré de él… las cosas iban realmente bien.
Hermione hizo una pausa, le estaba costando bastante trabajo relatar una relación sin delatar nada importante.
–Pero…
–No sé que es lo que ocurrió, desde que desperté de la enfermería las cosas han cambiado porque él… parece como si quisiera alejarme de él o como si de pronto yo no fuera ya más importante –susurró lo último Hermione comenzando a sentir un nudo en la garganta.– Ahora no sé si realmente me quiere, si sólo fui…
Calló sin querer decir lo último en voz alta, decírselo a alguien sólo la hizo sentir peor porque sonaba a que verdaderamente Draco no valía la pena por la forma en que la ha tratado.
–Estoy totalmente seguro que tu no eres de esas mujeres que dan su corazón así nada más, obviamente él tuvo que demostrarte sus sentimientos para que le dieras la oportunidad –dijo Anthony tratando de entenderla y ayudarla.
–Si, él me demostró varias veces que me quería pero ahora… todo cambió tan drásticamente que ya no se que creer y lo peor no es eso…
–¿Qué es lo peor?
Hermione soltó otro suspiro y miró con tristeza a su amigo.
–Hay motivos muy grandes por los cuales no podemos estar juntos, mi mejor amiga lo sabe… prácticamente me dio la espalda –confesó la castaña evitando la mirada de Anthony.
El ravenclaw se sentía mal por la castaña, ¿cómo puede ser prohibido querer a alguien? Ya no están en la época medieval para ese tipo de situaciones, mucho menos cuando su mejor amiga le da la espalda por algo como eso. Aunque su curiosidad era muy grande para preguntar de quién demonios se trataba, prefería respetar a Hermione ya que al parecer él es el único que ella puede confiarle algo tan importante.
–Y tienes miedo de quedarte sola… –dijo Anthony por ella.
La castaña sólo asintió, camino a la pared del pasillo y lentamente se deslizo para sentarse en el suelo. El ravenclaw la imitó, nadie dijo nada por unos momentos.
–Aunque tengas miedo, debes hablar con él sobre la situación. Y será la prueba definitiva –dijo Anthony mientras la abrazaba por el hombro.– Si él no muestra importancia, será mejor que termines con él…
Hermione cerró los ojos, eso ya lo sabía pero que alguien más se lo dijera fue como un llamado a la realidad. Tiene que dejar de huir, de esa manera tendrá menos que preocuparse y darle una solución a las cosas.
–Pase lo que pase, yo no te dejaré sola –la ánimo el ravenclaw con sinceridad.
La castaña recargó su cabeza en el hombro de su amigo, hablar con él hizo que tomará la decisión: buscaría a Draco, antes de que pase más tiempo y antes de que las cosas puedan complicarse. Pasara lo que pasara, aprendería a salir adelante.
Draco Malfoy volaba a una altura considerable vigilando las jugadas de los cazadores del equipo de slytherin, llevaban poco más de media hora de entrenamiento y había comenzado a nevar más fuerte. Aún así aquello no era ningún impedimento para detener el entrenamiento, además necesitaba distraerse.
Ya le había gritado a la mitad del equipo y aún no saciaba sus celos de haber visto a Hermione con Anthony en los pasillos, la forma en cómo ella la ignoro y luego Blaise contándole los rumores alrededor de los premios anuales. Por si no fuera suficiente con lo que estaba lidiando… Ayer después de su discusión en la biblioteca, decidió ir a su lugar secreto antes de la cena para quedarse esperando como un idiota hasta altas horas de la noche. Se sentía humillado y enojado por ello, pero había una parte más grande que se sentía culpable de ello. Ahora se le hacía tan lejano las tardes enteras en aquel lugar junto con ella…
–¿ACASO ERES IDIOTA, CRABBE? ¡Te dije claramente que practicarás los ataques sin tratar de derribar a alguien de nosotros! –gritó Draco sacando un poco de su frustración.
–Uy, hoy no estás de buen humor –se burló Blaise sin miedo de su amigo.
–No me provoques, Blaise –amenazó Draco con frialdad ganandose la risa de su amigo.
Los demás jugadores comenzaron a esforzarse más en el entrenamiento, no querían recibir ningún grito por parte de su capitán y mucho menos un maleficio. Sin embargo, a Draco lo que menos le importaba era el partido porque justo la razón de su inestabilidad se hacía presente en el campo de quidditch. Al principio creyó que se lo imaginaba pero conforme su figura se fue acercando, sólo consiguió que su corazón diera un vuelco. ¿Por qué rayos ella se acercaba a la boca del lobo? ¿Qué habrá pasado?
Hermione Granger caminaba con toda la seguridad posible a pesar del frío y de los nervios. Ya había divisado la figura de Draco, inhalo profundamente mientras entraba al campo interrumpiendo el entrenamiento. Alzó la mirada y ya estaba lo suficientemente cerca porque enseguida varios bajaron algunos metros para intimidarla.
–¿Qué haces aquí? Estás interrumpiendo nuestro entrenamiento –gritó uno de los cazadores bastante intimidan.
Si en verdad tuvieran el poder de matarla con la mirada, ya hubiera muerto unas seis veces. Draco estaba realmente sorprendido por su presencia y al mismo tiempo admiraba su valentía por estar ahí fingiendo indiferencia ante la amenaza de los slytherin. "Quizás este muy desesperada por verme…" pensó con sorna.
–Lárgate, asquerosa sangre sucia –dijo Blaise con odio. Draco estuvo a punto de arrojarle una bludger pero se contuvo.
Antes de que sus compañeros hicieran algo imprudente, bajo volando hacia ella y aterrizo con elegancia. Camino lentamente hasta situarse frente a ella con actitud imponente, aunque deseaba mostrarse más relajado no podía ante la presencia de otros slytherin, quienes sonreían ansiosos por ver un enfrentamiento.
–¿Qué quieres Granger? –le preguntó Draco sumamente cortante y mirándola con amenaza.
Hermione sabía que en parte podría estar aún enojado además de que tenía que fingir odio, pero estaba actuando muy bien y a ella le estaba costando mucho trabajo no creerse esa actuación.
–No vine hasta aquí para ser humillada, Malfoy –le contestó igual de cortante.
Draco sacó su varita y comenzó a caminar alrededor de ella, muy cerca… como un autentico depredador. Algunos comenzaron a exclamar cosas incitando una pelea, pero en realidad ninguno de los dos puso atención a ello.
–¿Qué pasó con lo de "yo no soy de las que ruegan"? ¿Tan ansiosa estás por verme? –susurró Draco con burla, no pudo evitarlo.
–Esto va más allá de lo que ocurrió ayer –murmuró Hermione mirándola con enojo.
–Granger, ve al grano o quizás podrías mandarle un mensaje a Potter de nuestra parte –sugirió Blaise con total malicia, al tiempo que volaba hasta el suelo.
–La profesora McGonagall te está buscando, dice que es urgente –dijo Hermione en voz alta ignorando el escalofrío que le produjeron las palabras de Zabini. Notó que igual Draco se había puesto totalmente tenso.
Draco terminó de rodearla, quedando de frente nuevamente… por unos instantes se miraron a los ojos como si estuvieran luchando de esa manera. Hermione finalmente dio media vuelta y comenzó a caminar lejos de ellos.
–Blaise, encárgate del entrenamiento, ahora regreso –ordenó Draco mirando a su amigo y los de su equipo.
Hermione ni se molestó en esperarlo, siguió caminando. Con cada paso que daba ella sentía como los nervios la envolvían más y más porque ahora se venía la parte más difícil. Mientras tanto, Draco guardo una larga distancia entre ellos hasta que estuvo seguro que sus compañeros ya no lo podían ver.
–Mínimo, podrías esperarme –exclamó Draco pero Hermione no le hizo caso.
Draco la observo, sin duda aún seguía resentida con él y lo peor es que si no estuvieran peleados -más bien si él no fuera tan idiota-, la abrazaría para que ya no tuviera frío e incluso tal vez, sujetaría su mano… pero no era así de sencillo. Caminaron en silencio durante varios minutos, hasta que ella volteo para asegurarse haberse perdido de vista y desvió su camino hacia los invernaderos.
Hermione recuerda que Hagrid le dijo alguna vez, que le encantaba pasear en el bosque prohibido cuando nevaba, por eso ese lugar quedaba descartado… sólo quedaba un sitio por el cual nadie iba en esta época del año. Al final de los primeros tres invernaderos, existe una puerta de madera. Caminaron en silencio hasta ahí, y Hermione la abrió con magia. Draco cerró la puerta tras de él y comenzaron a descender las escaleras. Cuando llegaron se encontraban en la casa de los botes, tal como esperaba Hermione, no había nadie.
Draco observo el agua, aún gran parte de ella no se congelaba del todo, por lo que en el techo destellaba el reflejo de la corriente del agua. Fue el momento en que Hermione aprovecho para mirarlo y sin rodeos le dijo:
–Lo sabe…
Él la miró sin comprender, en su rostro ya no había rastro de la indiferencia que mostró en el campo, frente a él veía por primera vez a Hermione con miedo.
–¿A qué te refieres? –preguntó estúpidamente Draco, entendió perfectamente hacia donde iba pero no quería creerlo.
–Sabe de lo nuestro… lo descubrió –contestó Hermione temblando ligeramente sin saber si era causa del frío.
–¿Potter?
–Ginny, me buscó para encararme…
–Maldita comadreja –murmuró Draco entendiendo ahora por qué lo había mirado de aquella manera ayer afuera de la biblioteca.– ¿Cómo lo supo?
En su mente, comenzó a analizar rápidamente cada uno de sus encuentros, miradas, sonrisas y todo se mantuvo perfectamente en secreto, no pudo haber ninguna falla. No podría haber ningún error…
–Solo necesitó de una pista para encajarlo con el resto del rompecabezas –le dijo la verdad a medias, omitió la parte cuando dijo su nombre en sueños porque sentía que se expondría ante él.
Draco captó su mirada y avanzó un par de pasos hacia ella.
–Algo no me estás diciendo… te conozco muy bien –dijo Draco sin atisbo de amenaza.
Durante unos instantes, Hermione se debatió si decirle la verdad o no, de pronto las ondas del agua atrajeron su atención.
–El día que estuve en la enfermería… yo… hablé entre sueños y pronuncie tu nombre… eso me dijo –admitió con torpeza.
Draco no supo cómo reaccionar ante esa declaración. Cuando él había ido a verla en la madrugada también había dicho su nombre pero creía que se debía a que sintió su presencia… una sensación cálida y desconocida, le recorrió el pecho con imaginarse a Hermione susurrando su nombre entre sus pesadillas, necesitándolo…
–Al parecer eso no fue muy inteligente –respondió Draco sin pensarlo, nuevamente estaba esa sensación de temor ante lo que sentía por ella.
Hermione lo fulminó con la mirada.
–Tal vez para ti no es tan importante esto, pero mi mejor amiga dio la espalda por completo –comenzó a levantar la voz.– ¡Esta decepcionada de mi! Me dijo que ella no será la encargada de decirle a los demás pero cuando se enteren no estará a mi lado. Ella… me dijo que tampoco se siente feliz por mí.
En lo último, la voz de Hermione perdió fuerza. Draco la miró con ternura y se recordó a si mismo lo idiota que ha sido por decir tal tontería. Se acercó a ella para abrazarla pero no se lo permitió… es la segunda vez que lo rechazaba en dos días, pero es la primera en que Draco palideció y temió lo peor.
–No te entiendo Draco, antes del paseo a Hogsmeade me convencí a mi misma de nuestra relación. Podría decir con seguridad que parecíamos enamorados – dijo por fin lo que tanto había guardado, le brillaban los ojos por las lágrimas que nuevamente amenazaban con salir.
El slytherin no dijo nada, ni en mil años se hubiera imaginado que alguien lo hubiera descrito con la palabra enamorado.
–Incluso tú fuiste quien me salvó de los dementores –añadió Hermione.– Así que en parte igual es tu culpa esto.
–¿Quién te dijo? –preguntó Draco, ese detalle se le había olvidado por completo.
–Ginny me dijo la verdad y no sé porque tú no me lo dijiste, ahora no quiero saberlo. Pero desde ese día tu actitud conmigo ha sido horrible. Sólo ayer me trataste como una desconocida, luego intentaste besarme y ahora finges que te preocupas por lo que siento, ¡cómo si de esa manera todo quedará arreglado!
Draco escuchaba cada una de sus palabras y sentía como se avecinaba una tormenta, el frío poco a poco le estaba taladrando en el cuerpo.
–No sé qué quieres de mi Granger -–le contestó cortante.
–El hecho de que vuelvas a llamarme por mi apellido, es porque yo soy la única enamorada aquí… –contestó Hermione con un nudo en la garganta.
Sus miradas se encontraron. Mientras la mirada de Draco seguía siendo segura sin atisbo de expresión, la de Hermione era de profunda tristeza. Algo en su interior, le había advertido que esto iba a pasar, Draco Malfoy no es un hombre de compromiso y mucho menos sabe amar.
Una parte de su interior de Draco le pedía a gritos que hiciera algo sino sería demasiado tarde. ¿Acaso no se da cuenta que está a punto de perderla?
–No es así… –murmuró Draco por impulso.
Hermione lo miró con duda, ¿por qué se contradecía?
–Dime la verdad… No pienso arriesgar todo por alguien que no me corresponde, ¿te das cuenta de todos los riesgos, las mentiras, los engaños…? Para que al final tu en verdad no estés conmigo –le dijo Hermione con voz ronca por aguantar el llanto.
–Tú ya sabes cuál es la verdad… –respondió Draco tontamente.
Hermione negó con la cabeza al tiempo que fruncía el ceño, la primera lágrima se liberó resbalando por su mejilla. En ese momento, la defensa de Draco también cayó, ¿en qué momento permitió que llegaran este punto?
–Necesito escucharlo… ¿yo qué soy para ti? -–pidió la castaña como un ultimátum.
Por unos instantes, lo único que salió de la boca de Draco fue el vaho de su aliento por la baja temperatura. ¿Cómo decírselo…? En su interior una lucha entre sus principios, el orgullo y los sentimientos, tenía lugar. Sin saber que la espera para Hermione la estaba torturando.
–El día que nos besamos la primera vez… dijiste mi nombre sin dudar. Sólo eso pido y soy tuya… -–volvió a pedir. Estaba pidiendo eso porque lo que pasó ese día fue verdad y quiere sentir que aún lo es.
No tenía que reconocerlo tan abiertamente pero ella necesitaba escucharlo y el orgullo de Draco se lo impedía. No estaba hablando de una declaración total de amor, le estaba pidiendo lo más simple y sin embargo él no podía decírselo sabiendo lo que implicaba. Hermione podía ver la lucha de Draco para decírselo, pero si en verdad sintiera algo, ya lo hubiera dicho inmediatamente. No tendría por qué pelear en su interior.
Finalmente, Draco desistió. La miró, por ahora sólo la pelirroja sabía la verdad y fue suficiente para atraer un caos entre ellos, ¿qué pasará cuándo se enteren Potter y Weasley? ¿Cuando la Orden y su familia lo sepan?… ¿Cuándo el mundo mágico se entere…?
No es lo que él buscaba en el momento en que planeo poner una barrera entre ellos, pero sin duda se lo merece. Y entonces tomó una decisión.
–Yo no soy el príncipe que buscas, Granger… si quieres a alguien que te ame, no voy a ser yo –le dijo sin ninguna delicadeza, su tono había cambiado drásticamente.
Hermione derramo un par de lágrimas más pero las limpio antes de que terminaran su recorrido. Se limpio el rostro mientras soltaba una risa irónica.
Draco la miraba con cautela, ya le ha tocado sufrir ataques de locura de las mujeres con las que ha terminado, aunque por lo general él siempre las dejaba gritando solas en medio de los pasillos. Pero en esta ocasión, algo simplemente le impedía moverse de ahí. Sus miradas se encontraron. Ella puso todo su autocontrol para no mostrar profunda tristeza, al menos quería demostrarle por última vez lo fuerte que podría ser… una fuerza que no sentía.
–Gracias por decirme a tiempo que esto no vale la pena… –le dijo sin que se le rompiera la voz y comenzó a caminar hacia las escaleras.
No podía estar ni un minuto más con él, sentía que el cuerpo le dolía y que el frío había avanzado a su pecho… concentrando el dolor ahí.
–Espera… –la llamó Draco sin pensarlo, odiaba verla llorar.
Hermione se detuvo, sino se alejaba ahora de él se derrumbaría por completo.
–No diré nada acerca de tu marca –le dijo sin darle oportunidad de que él dijera algo más.
Hermione subió las escaleras apresuradamente, aunque realmente no era consciente de eso, su cuerpo actuaba por instinto mientras su mente trataba de procesar todo. Una parte muy dentro de ella, rogaba porque Draco la siguiera y le dijera todo lo que anhelaba escuchar. "De nada te sirvió ser la chica más inteligente del colegio, caíste en su trampa" pensó con vergüenza, sabía perfectamente que su relación no tenía futuro pero el nuevo Draco Malfoy la hizo ilusionarse.
Salió a los invernaderos y un viento helado le pego de lleno, sin embargo no lo sintió, sólo le importaba alejarse lo más posible de él y no tener que dar explicaciones sobre su comportamiento. Después de algunos minutos llegó a la entrada pequeña de la entrada principal del castillo, junto todo el orgullo y la dignidad que le quedaba y entró.
Al menos de camino a la sala común no se encontró con nadie conocido. Sin darse cuenta, ya había llegado ante el retrato de la Dama Gorda y como autómata le dijo la contraseña, entró a la sala común ignorando la pregunta del retrato si se encontraba bien.
Inmediatamente vio de reojo una cabellera azabache y dos pelirrojos, sin siquiera mirarlos se siguió directo hacia las escaleras de los dormitorios.
–Hermione –la llamó Ron pero lo ignoro.
–Espera, ¿qué ha pasado? –la alcanzó Harry rápidamente al ver su expresión.
Harry quiso cerrarle el paso pero ella lo miró de forma acusadora, haciendo que el otro se detuviera desconcertado.
–¿¡Por qué me mintieron!? –exclamó sin importar quien la escuchará.
–¿De qué estás hablando? –preguntó Harry sorprendido.
–¡No juegues conmigo Potter! –advirtió Hermione con dureza, Ron intento acercarse pero igual lo miró resentida– ¡Tú igual lo sabías Ronald!
Todos los presentes ponían atención a la discusión, hacia mucho no escuchaban gritar de esa manera a la Premio Anual.
–En verdad no entiendo de qué estás hablando –respondió Harry tratando de no hacer enfurecer más a su mejor amiga.
–¿Por qué no me dijiste que Malfoy fue quien me salvó de los dementores? –le reclamó directamente sin importarle las consecuencias, sus ojos nuevamente se llenaron de lágrimas.
Harry palideció pero no contesto, mientras Hermione lo miraba esperando una explicación y Ron simplemente evitaba su mirada.
–Tú no eres nadie para decidir por mi… –dijo Hermione con crueldad.
Le dio la espalda y comenzó a subir las escaleras, ignorando su llamado de arrepentimiento.
Ginny la observo confundida, algo acababa de pasar, por primera vez no puede decidir si seguirla para ayudarla o fingir como si nada hubiera pasado. "Ya tendrá a Malfoy para que la consuele…" pensó mirando a Harry derrotado gritando el nombre de la castaña desde las escaleras.
La sala común se llenó de un silencio muy incomodo, era normal escuchar discusiones entre Hermione y Ron pero nunca habían peleado Harry y ella. Un portazo rompió el silencio y todos regresaron a lo que hacían como si nada hubiera pasado, lo peor es que para la hora de la cena el rumor se dispersaría como pólvora.
Hola,
después de algunas semanas he regresado con un nuevo capitulo, por favor no me odien pero creo que era necesario lo que pasó :)
espero que les haya gustado el capitulo y prometo no tardarme tanto para el próximo.
Muchas gracias por sus comentarios, sus favoritos y por leer. No se olviden de comentar, ¿qué creen que pasará en el próximo capitulo?
Besos!
