–Hermione… Por favor, abre la puerta –suplicó Ginny por décima vez afuera de la habitación de la castaña. Al ser premio anual tenía su propia habitación en la torre de Gryffindor.

Pero nuevamente no recibió respuesta, ya comenzaba a preocuparse demasiado, por muy grave que sea la situación, Hermione nunca se aislaba de esa manera. Sabía perfectamente que ella no es de las personas que les gusta la soledad para superar sus problemas, de hecho es todo lo contrario. Por eso la pelirroja se sentía tan mal.

–Por favor, lo que paso antier no quiere decir que no me importes, sólo lo dije porque estaba enojada –comenzó a disculparse Ginny por haber sido tan cruel con su amiga.

En ese momento, se abrió la puerta con violencia, dejando ver a una castaña con los ojos enrojecidos por las lágrimas.

–¡Tal vez te alegre saber que ya no tienes porque preocuparte por eso, así que déjame en paz –exclamó enojada y le cerró la puerta en sus narices.

Ginny se quedó mirando a la puerta sorprendida, las palabras de su amiga sólo daban a entender que ya no tenía nada con Draco Malfoy, ¿por qué? ¿Habrá sido por su culpa? Cuando habló con ella parecía segura de lo que sentía pero ahora se veía deshecha. "De seguro algo le hizo ese maldito hurón…" pensó Ginny enojada con el slytherin y con su amiga también. Algo así veía venir, después de todo estaba hablando de Draco Malfoy. No obstante, sabiendo que Hermione no volvería abrirle, bajo las escaleras con muchas cosas en qué reflexionar.

Mientras tanto, la castaña sellaba la puerta con magia y se recargaba en la puerta con un horrible sentimiento en el pecho. Al principio, cuando llegó a su habitación, no había llorado pero su respiración estaba agitada y un horrible vacio se le había formado. Lo primero que hizo fue quitarse con violencia la bufanda, seguido de la chamarra y su suéter, después se sentó en su cama y espero a que las lágrimas salieran pero no sucedió.

Sin duda el hecho de no llorar le dolía aún más. Sin embargo, en su mente se libraba una batalla entre la razón y los sentimientos, ¿cómo pudo ser tan tonta para enamorarse? No supo en qué momento cayó en la redes de Malfoy, en un principio sabía que acabaría herida pero no pudo evitar sentir algo más allá, ¿por qué? Creyó que era correspondida, verdaderamente y estúpidamente lo creyó, ahora se sentía como una tonta llena de vergüenza.

Pero basándose en sus otras experiencias amorosas, era obvio que ella caería con unas simples palabras. "¿No lo ves? Soy un idiota Granger… he hecho estupideces para que te alejaras de mi pero nada funcionó, te metiste directamente a mí y ahora no puedo sacarte. Y no quiero hacerlo…" Recordó esas palabras antes de que se besaran por primera vez, los ojos grises no eran nada fríos, de hecho expresaban tantas cosas guardadas e incluso su comportamiento delataba lo ansioso que estaba por expresarle algo más.

Sentía como el vacío en su pecho crecía y como si de alguna manera ayudara, se llevó una mano al torso para evitar que esa horrible sensación disminuyera. Su respiración se volvió rápida y sin poder soportarlo más, soltó un gemido llenó de dolor y rompió en llanto.

Deseo poder terminar el resto del curso en su habitación pero sabía que aquello era imposible, no quería salir nunca de ahí y enfrentarlo, no quería mirarlo de frente sabiendo todo lo que sentía -sobre todo tener que tragarse todos los sentimientos-, no cree poder soportar mirarlo y saber que en realidad nunca la quiso. Al menos, no lo ve capaz de contárselo a sus amigos porque sería una deshonra haber tenido algo con una sangre sucia como ella y eso la libraba de ser blanco de burlas al día siguiente, aunque estaba muy lejos de hacerla sentir mejor aquel pensamiento.

Las lágrimas no cesaban y tampoco hacía el esfuerzo de llorar en silencio, simplemente no podía reprimirse la decepción de estar enamorada de aquel imbécil. Si, se lamentaba de estar enamorada, de niña siempre supo que algún día se enamoraría de un hombre: inteligente, guapo, bueno, honesto, responsable y siempre la consentiría. Cuando entró a Hogwarts, creyó que aquel hombre sería Ron pero años más tarde se dio cuenta de lo mucho que lo quiere como hermano; después llegó Victor y en ese entonces creyó estar enamorada pero las palabras, besos, caricias y el tiempo juntos estaban muy lejos de hacerla sentir lo que la hace sentir Draco.

Incluso hace un año, creyó que por fin Harry sería el ideal para ella, mientras más tiempo pasaba con él, se convencía de ello… entonces llegó Malfoy y ocasiono todo un terremoto en la vida de ella: mentirle a sus amigos, andar por el castillo en horas no adecuadas, escabullirse de su responsabilidad como Premio Anual y ¿para qué? Sólo unas horas entre besos y risas. Se dejó engañar por completo con la ilusión de sentirse enamorada y correspondida.

–Draco… –murmuró como un lamento mientras se encogía sobre sí misma en su cama, como si tratase de proteger escondiendo su rostro en la colcha.

El tiempo transcurría, el llanto ya había pasado pero el dolor no. ¿No se supone que cuando uno se enamora siente felicidad? Porque si la realidad era así, es una mierda sentirse enamorada.

Finalmente, después del incidente con Ginny, decidió no volverse a tirar a la cama. No puede pasar todo el tiempo en su habitación y mucho menos le daría la satisfacción a Draco de verla sufrir por él, ya había pasado toda la tarde llorando y eso sería todo. Ni una lágrima más por ese grandísimo ególatra.

Con dificultad, camino hasta el baño para limpiarse los rastros de sus lágrimas, después regresó a sentarse en su cama mirando alrededor. Necesitaba salir de ahí, supuso que ya había pasado la cena pero aún así sabiendo que correría el riesgo de encontrarse con sus amigos, salió sigilosamente de su habitación.

Bajó las escaleras de caracol sin centrar la mirada en nadie aunque estaba segura de sentir varios ojos puestos en ella, vio de reojo a Harry y Ron sentados frente a la chimenea dándole la espalda, con paso rápido atravesó la sala común y salió de la torre de Gryffindor.

Al principio, camino sin rumbo por los pasillos, simplemente para despejar su mente. Pensó en ir a las cocinas pero en realidad se dio cuenta que ni tenía hambre además, no quería molestar a los elfos por nada. Incluso, tuvo la esperanza de encontrarse algún alumno fuera de sus dormitorios y así poder descargar con alguien un poco de su frustración pero tampoco tuvo éxito, por lo que siguió caminando en los siguientes minutos. Hasta que se detuvo en un lugar, inconscientemente llegó frente al aula donde desaparecía casi todas las tardes en los últimos meses.

Dudó en abrir, aunque lo más seguro es que Draco no se hallase ahí, porque sabría que es el primer lugar en donde ella acudiría. Agarró el picaporte y lo giró para adentrarse al aula haciendo todo el recorrido que había hecho casi desde el principio del curso. En cuanto abrió la puerta que da directamente al cuarto, se arrepintió. Draco Malfoy se encontraba sentado con las manos cubriéndole el rostro.

Cuando escuchó la puerta abrirse, el rubio levantó la cabeza y su corazón dio un vuelvo a ver a Hermione en el marco de la puerta. Draco la observó, tenía los ojos ligeramente enrojecidos sin duda producto del llanto. En otra situación, su ego habría crecido al saber que tenía una más a sus pies pero tratándose de Hermione se sentía como una completa mierda por provocarle tal dolor.

Hermione al instante decidió irse sin decir ni una palabra pero al verño se quedó inmóvil en su lugar, la tez de él estaba mortalmente pálida, sus marcas debajo de los ojos se habían vuelto más purpura, su cabello totalmente despeinado, parecía un fantasma e igual notó como cerraba los puños con fuerza para evitar temblores.

Su parte racional le indicó que se fuera, si él no le importaba a ella ¿por qué ella debería importarle? Pero su otra parte -la más estúpida- simplemente se preocupaba por él.

–¿Estás bien? –le preguntó con un tono indiferente que no fue capaz de simular.

–No… –confesó Draco sin pensarlo, miró la forma en que cambiaba la expresión de Hermione a compasión.

De pronto, su orgullo se sintió herido, no quería que lo viera en ese estado, como si fuera un completo débil. No era precisamente el plan que tenía en mente para volver a recuperarla, no quería que se viera necesitado de ella aunque por dentro si lo estaba. Ya había sido suficiente cuando ella presencio su actitud el día que murió su padre… No necesitaba esa mirada entre lástima y compasión. Una vez más, como un impulso decidió alejarla de él.

Justo en el momento en que Hermione quiso acercarse a él, decidió apartarla.

–No necesito de tu compasión Granger. Así que no me mires como si fuera un indefenso elfo doméstico –dijo Draco sonando más cruel de lo que quería.

La castaña se detuvo en seco, mirándolo herida, ¿en verdad tanto la despreciaba? Sin embargo, mantuvo la cabeza en alto.

–Como quieras, pero entonces no me mires como si me necesitarás –le contestó Hermione y sin esperar respuesta se fue, azotando la puerta con fuerza.

La castaña bajaba las escaleras rápidamente sin permitir nuevamente que el dolor en el pecho regresara cuando escuchó a Draco gritar una maldición. Lo ignoro totalmente, haría lo que él más deseaba: dejarlo en paz.


Su despertador sonó a las 7 de la mañana, de inmediato el dueño lo apago viendo la hora con rencor. La verdad es que apenas pudo dormir, estuvo horas en su cama dándole vueltas al asunto y cuando por fin pudo dormir, el gusto le duró apenas unos minutos para volverse a despertar sin ningún motivo. Volvió a recostarse al ver la hora madrugadora pero fue en vano, por eso cuando el reloj marcó las siete en punto, ya estaba listo para apagar el aparato.

Draco Malfoy se levantó de su cama de muy mal humor, la falta de sueño y el estrés no eran una buena combinación. Al diablo el partido de quidditch y el examen de transformaciones, cuando se trataba de Hermione Granger tenía suficiente problema. Se dirigió al baño, abrió las llaves del agua y se espero a que comenzara a salir un poco de vaho para meterse. El agua caliente le relajo la tensión de su cuerpo, por unos minutos se olvidó de todo dejándose llevar por aquella sensación pero desafortunadamente no podría pasar todo el día metido en la regadera.

De mala gana, salió del baño y se cambió, con una última mirada para comprobar que su imagen estaba impecable, salió de su habitación.

–Hey, Draco ¿Dónde te metiste anoche? –escuchó la voz de Blaise, volteo a ver a su amigo y notó que lo miraba con picardia.

–No es lo que te imaginas Blaise –le contestó fríamente.

El moreno río, mientras le daba palmadas en la espalda, sin duda no le creía ninguna palabra y mejor, pensó el rubio porque de esa manera evitaría preguntas incomodas.

–Pansy y yo tenemos que hablarte de algo, últimamente las cosas han estado medio aburridas ¿no crees? –comenzó a decir Zabini mientras ambos salían de la sala común de Slytherin.– Se me ocurrió algo para molestar a nuestro amigo Potter.

Draco enarcó una ceja curiosa, en esos momentos no tenía nada contra la cara rajada. Pero dejó que Blaise siguiera hablando.

–Sólo queremos darle un pequeño susto, nada peligroso por supuesto tampoco queremos que nos expulsen, ¿qué dices? –dijo Blaise de forma muy convincente.

"¿Por qué no?" pensó Draco divertido, hacía muchísimo tiempo que no se dedicaban a molestar a Potter, igual podría servir de distracción.

–Me gusta cómo piensas Blaise –contestó Draco con una sonrisa maliciosa.

Para ese momento, habían llegado al hall del castillo. De pronto, Pansy Parkinson, quien estaba cerca de las grandes puertas del comedor, corrió hacia ellos. Draco la miró con indiferencia pero en eso, ella se detuvo frente a él y con atrevimiento le dio un beso corto en los labios. El rubio uso de su autocontrol para no aventar a la chica del otro lado del gran comedor y mostrar mueca de asco, sin embargo no pudo evitar mirar rápidamente a la mesa de Gryffindor, para su suerte Hermione estaba dándole la espalda aunque se dio cuenta que Ginny Weasley lo miraba con expresión asesina.

–Vamos… –contestó Pansy ilusionada regresándolo a la realidad. Los tres amigos caminaron a la mesa de Slytherin y como era costumbre, los alumnos se hicieron a un lado para que aquel trió pudiera sentarse.

Draco por costumbre -además por el simple hecho de querer verla-, se sentó con la vista hacia la mesa de Gryffindor, sintió una punzada en el estomago al tener que conformarse con ver sólo la espalda de la chica. Los tres comenzaron a desayunar, pero él sólo había alcanzado a comer un par de cucharadas de avena cuando vio a Potter entrar al gran Comedor.

El muy mírenme-soy-el-niño-que-vivió se acercó directamente a Hermione, se puso alerta. Un niño de segundo viendo sus intenciones, se hizo un lado para que él se sentará junto a la castaña. Tuvo el impulso de pararse y caminar hacia la mesa de Gryffindor para apartar a ese idiota con un maleficio cuando le susurró algo al oído a Hermione.

Deseó poder escuchar lo que le susurraba, pero por la expresión parecía que se estaba disculpando, Hermione al principio lo ignoró pero conforme seguía hablando, fue bajando la guardia hasta que lo volteo a verlo, Draco apretó los puños con fuerza. Sólo unos centímetros lo separaban de sus rostros.

"Sólo dame un motivo, un maldito motivo para terminar el trabajo del Señor Tenebroso" pensó Draco llenó de celos, ya con la varita lista debajo de su túnica.

Pero justo cuando creyó que perdería la cordura, Hermione se lanzó a los brazos de Potter y él la rodeo con sus brazos. Para el rubio duró horas aquel abrazo, pero sólo duro unos segundos y se volvieron a separar, ahora fijos en su desayuno.

–¿Cuál es tu plan Blaise? –preguntó Draco de pronto a su amigo, quien no se había dado cuenta de su actitud por hablar con una chica de un año menor que ellos.

–Déjanos a Pansy y a mí el trabajo sucio, te dejaré lo más divertido además de ser tu área de especialidad –dijo Blaise sonriendo con malicia mirando a su amigo.– Ocúpate de Potter, distráelo.

Draco sonrió, en este momento no le gustaría nada más que molestar a cara rajada. No tenía ni idea de lo que se traian ese par entre manos pero efectivamente, se llevará la parte más divertida.

–Pero es hasta la próxima semana, un día antes de irnos de vacaciones –le dijo Pansy divertida.– No lo olvides.

–Cuenten conmigo entonces –dijo Draco satisfecho de regresar a esos días en los que ser los líderes de las serpientes y molestar a unos cuantos, era todo lo necesario.

Después del desayuno, trato de ver la manera de acercarse a Hermione, pero sus intentos se veían frustrados, al parecer la comadreja menor había leído sus intenciones porque enseguida se pegó al lado de su amiga. Cuando se tuvieron que separarse, fue el turno de la cara rajada de no dejarla sola, los siguió -verificando que no la tocará-, en el momento en que creyó que su oportunidad había llegado, la lunática de Lovegood se interpuso.

Con la mente llena de maldiciones hacia los amigos de Granger, se fue a su clase de Transformaciones, al menos más tarde compartirían Defensa Contra las Artes Oscuras; con ese pensamiento evito ir detrás de ella y apartarla sin importar los demás. Una vez sentado dejó que su mente divagará entre formas de acorralar a Hermione y su forma de comenzar a disculparse e incluso ya tenía igual preparado ciertos insultos hacia Potter para la próxima semana. Cuando el timbre sonó, dando por finalizada la clase, Draco fue el primero en salir del salón y a grandes zancadas camino hacia el aula de DCAO.

En cuestión de minutos llegó, su estomago dio un vuelco al verla ya ocupando su banca de siempre. De pronto, todo lo que había planeado se le borró de su mente dejándolo en blanco y para el colmo nervioso como una colegiala.

–Granger –la llamó con cierto tono de brusquedad debido a los nervios, pero ella no hizo ni el menor gesto de escucharlo.

Camino hacia ella, deteniéndose a un par de metros.

–Por favor, mírame –le dijo suavizando su voz, sin embargo ella siguió sin moverse e incluso creyó que estaba petrificada.

Estuvo a punto de ir hacia ella para tocarla, pero el profesor Snape entró al aula, arruinando su oportunidad.

–Buenos días profesor –saludó Hermione educadamente cuando Severus pasó frente a ella.

–Buenos días –la saludó a regañadientes, sin duda no le deseaba tan buenos días.

Draco tuvo que fingir buscar un sitio, con el orgullo herido se sentó lejos de Hermione y casi enseguida comenzaron a llegar sus demás compañeros. Afortunadamente la clase sería todo teórico, agradeció a Snape internamente por eso porque no tenía la suficiente concentración para un duelo. Cada 20 segundos desviaba su mirada a Hermione, podía notar como ella sentía su mirada porque se removía incomoda en su silla, sin embargo no volteaba a mirarlo ni una vez como antes.

En esa hora y media de clase, se dio cuenta lo grave de la situación, estaba preparado para lidiar con su enojo, decepción e incluso odio, su necedad al no querer hablar con él, estaba listo para sus miradas gélidas pero no para que lo ignorase rotundamente.

–Quiero el ensayo en mi escritorio al inicio de la próxima clase, ya pueden irse –dijo claramente el profesor Snape.

Antes de que Draco se diera cuenta que ya había terminado la clase, Hermione agarró sus cosas y salió rápidamente del salón sin darle ninguna oportunidad al rubio. Está seguro que aquella fue su última oportunidad del día, además en la tarde tenía nuevamente entrenamiento por lo que no tendría tiempo para intentarlo.

Se sintió frustrado pero al menos, si había un lugar donde ella no podría evitar toda la vida es la biblioteca. Después del entrenamiento intentaría pasarse por ahí con algún pretexto, aunque dentro de él algo le decía que sería más difícil de lo que creía.


Para el viernes en la tarde, Hermione ya se consideraba toda una maestra para el escondite y evitación, incluso pensó seriamente en utilizar esa nueva habilidad cuando llegase alguna nueva aventura con Harry y Ron o igual en la guerra. Sin duda fue difícil al principio, porque su cuerpo le pedía a gritos que volteara a verlo o se quedará ahí para que él pudiera acercarse pero esta vez, su razón pudo más y la motivaba a caminar lejos de él.

Los dos días anteriores le pidió a Ginny que fuera por ella a buscar ciertos libros a la biblioteca porque está segura de que Draco intentaría -como costumbre-, acorralarla en ese lugar. Su amiga acepto sin ningún comentario, de hecho, no habían vuelto hablar sobre el tema desde la última vez donde Hermione le cerró la puerta en las narices. Pero agradeció que no lo hiciera, aún no estaba lista para hablar sobre su relación con Malfoy y sobretodo de su fin.

Lo único que la mantenía de un humor aceptable, era el hecho de que faltaba muy poco para las vacaciones de invierno, se iría a pasar unas semanas a la madriguera y dejaría atrás cualquier pensamiento respecto al rubio.

Después de terminar el ensayo para Defensa contra las Artes Oscuras en la sala común de Gryffindor, se estiro por un momento. Miró por la ventana y estaba nevando a grandes cantidades, giró a ver la sala común ya adornada con motivos de Navidad pero ella estaba muy lejos de sentirse navideña. Al parecer una pareja se puso al propósito debajo de un muérdago porque se besaban con bastante ímpetu, lo cual hizo sentir incomoda a Hermione.

"Estúpido hurón… " pensó malhumorada, volviendo su atención a los deberes. Planeaba terminar con Runas Antiguas cuando se dio cuenta de algo alarmante: había olvidado pedirle a Ginny que le sacase otro libro de la biblioteca, miró a su alrededor alarmada, sólo habían alumnos de años inferiores y con ninguno había cruzado algo más que un hola y adiós.

¿Dónde rayos estaban los demás? Ronald de seguro pegado a Lavender, Harry no tenía ni idea y Ginny había quedado con Luna para hablar. No tenía otra elección más que salir de la seguridad que le brindaba la sala común de Gryffindor. Malhumorada con ella misma, se levantó, recogió sus cosas y camino a la salida de la torre.

Nerviosa, camino presurosa hacia la biblioteca, preferiría simplemente ignorar al rubio si se lo encontraba a no hacer los deberes. Pero no sabía cuánto podría resistir si él trataba de acercarse más allá de lo permitido. No le sorprendió lo solitario de los pasillos, la mayoría de los alumnos se encontraban en sus salas comunes refugiándose del horrible frio mientras algunos igual aprovechaban para ir al Gran Comedor y servirse chocolate caliente.

Después de varios minutos de impaciencia, se vio muy cerca de la biblioteca cuando doblando la esquina se quedó congelada por la escena que se manifestaba. Si, efectivamente ahí estaba Draco Malfoy afuera de la entrada de la biblioteca pero no estaba solo, Pansy Parkinson lo agarraba de la mano tirándolo hacia ella. Hermione desconcertada miró la escena y sintió una punzada de dolor al darse cuenta del muérdago que había arriba de ellos. Al parecer Pansy lo había llevado hasta allí al propósito porque Draco la miraba impaciente sin entender su comportamiento.

Antes de que se dieran cuenta de su presencia, se escondió en el nicho de la ventana, sentándose sobre él para no ser vista. Se dio cuenta que su respiración estaba agitada pero aún así trato de callarse para escuchar.

–Mira, un muérdago –dijo Pansy de forma seductora hacia Draco.

–Sé lo que es, pero para mí no significa nada –le contestó cortante el rubio. Jaló su mano para deshacerse de la de Pansy pero ella lo sujeto con fuerza.– ¿Qué quieres?

–¿No es obvio? Quiero que me beses, estoy seguro que ya te cansaste de tu otra aventura –le contestó sin ninguna vergüenza, acercándose peligrosamente hacia Draco como antes lo hacía.

Draco la sujeto de los hombros y la apartó de él.

–No soy tu novio Parkinson, así que consíguete a otro quien quiera besarte –le dijo molesto por la actitud de la chica.

–Esta mañana no te vi quejarte de mi saludo –le respondió sin darse por vencida, no por nada era una slytherin, porque igual que Draco y Zabini, ella siempre obtenía lo que quería.- Creo que ya es tiempo de que volvamos a estar juntos.

Pansy estuvo a punto de rozar los labios de Draco, pero él la volvió apartar.

–Entiéndelo, yo no quiero estar contigo y no vamos a volver a estar juntos –contesto fríamente y con una mirada gélida. Sabía que tratándose de alguien más se echaría a llorar pero Pansy lo conocía.

Draco había dado media vuelta para irse pero nuevamente la chica lo detuvo.

–¿Quién es ella? –le reclamó con coraje, no podía creer que en verdad Draco Malfoy la estuviera rechazando.– ¿Acaso es más bonita que yo, más inteligente, tiene mejor familia…? ¿O es sólo una fácil? Dímelo, me muero por curiosidad.

Draco cerró los puños con fuerza, aunque sabía que Pansy no tenía ni idea de la existencia de su relación con Hermione, sintió aquellas palabras como una burla hacia ella y no lo iba a permitir, así que volteo a mirarla.

–¿Tanto te interesa? Pues sí, ella, no sólo es mejor que tú sino mejor que todas las chicas de este maldito colegio en muchísimos aspectos. No sólo es bonita, es hermosa… es muy inteligente y tiene una familia que cualquiera de nuestra casa envidiaría. Ella no va debajo de cada muérdago para ver a quien se besa, ella tiene clase Pansy… tal vez deberías aprender eso –las palabras salían de la boca de Draco sin ninguna interrupción. Le hubiera encantado decirle que era Hermione Granger pero no podía.

Pansy Parkinson con cada palabra abría la boca y los ojos totalmente sorprendida y desconcertada, ni siquiera hizo el mínimo gesto al ser insultada. Conocía a Draco Malfoy desde antes que entrarán a Hogwarts, sus familias se llevaban muy bien por lo que se conocen desde muy niños. Miró sorprendida como sus ojos grises brillaban con orgullo al hablar de aquella chica, sólo había visto ese mismo efecto cuando describía o hablaba a su madre Narcissa Malfoy. Simplemente no podía creerlo.

–¡Por Merlin! Estás enamorado… –soltó sorprendida, al ver la expresión que adoptó Draco, la incredulidad le abrió paso a la envidia. Envidia por aquella desconocida que había logrado atrapar al rubio.– Me intriga pensar, ¿cuánto tiempo te durará el gusto?

Draco la miró contraído, supo que Pansy llegó a la conclusión de que no decía el nombre de la chica por protección. La rubia esbozó una sonrisa maliciosa, de triunfo, porque le encontró una debilidad a Draco Malfoy, una persona que hace que él baje toda la guardia. Draco se dio cuenta de su error por haberle dicho algo así a Parkinson y con una mirada amenazadora, la dejó sola en el pasillo.

–¡Draco, en tu posición no tienes el lujo de enamorarte! –le gritó antes de que él desapareciera del pasillo.

Hermione casi grita cuando Draco pasó rápidamente junto a la ventana lo vio con la mandíbula y los brazos tensos, afortunadamente no la vio. Se quedó quieta en su lugar hasta que los pasos de Pansy yéndose del otro lado, se perdían. Bajo del nicho, se olvido por completo del libro para su tarea de Runas Antiguas, caminó deprisa de nuevo hacia la sala común de Gryffindor.

No podía creer lo que acababa de presenciar, incluso Pansy Parkinson su amiga -en muchas ocasiones más que eso-, vio en él algo más allá de lo normal. Cuando escuchó decirle: "Estás enamorado…", su corazón había dado un vuelco en su pecho, ¿acaso será posible? Draco le dijo claramente que él no la iba amar, pero sin duda lo de ahorita la dejó bastante confundida.

Por segunda ocasión en su vida, no sabía cómo sentirse. Una parte de ella se sorprendía por las palabras de ambos Slytherin, otra parte ya no se sentía tan desdichada e incluso se sentía algo ilusionada porque quizás lo que Draco le había dicho hace unos días era para protegerla -aunque no supiera bien de qué-. Yl a parte más razonable le decía que no lo tomará tan bien porque tal vez no se refería a ella.

Pero está 100% segura que Draco no ha salido con nadie más, además estaba la parte en la que él la defendió de las palabras de Pansy Parkinson. No tenía por qué hacerlo después de dejarle claro que para él, Hermione sólo una chica más en su vida.

–Granger –la llamó una voz, su voz, a sus espaldas. Se detuvo en seco, tardó varios segundos en prepararse y voltear lentamente.

–¿Qué quieres? –contestó Hermione fingiendo indiferencia.

Aún no descifraba del todo lo que pasó hace unos minutos y aquello le impedía saber cómo actuar frente a él, pero aún seguía dolida por lo que decidió que era muy pronto para bajar la guardia.

–¿Cómo estás? –preguntó tontamente Draco, mientras guardaba sus manos en el bolsillo de su abrigo, de esa manera evitaba jugar con ellos y delatar su nerviosismo.

Sin embargo, Hermione esperaba todo menos esa pregunta. Miró a los ojos grises de Draco ¿acaso se estará burlando?

–Excelente –respondió sin mucho convencimiento, cruzó los brazos y frunció un poco el ceño. Draco adoraba aquel gesto de impaciencia.– Aunque si eso es todo… –añadió al ver que Draco no se animaba a decir más.

–¡No! Espera… –exclamó Draco mostrando más de lo que quería.– ¿Irás a verme mañana al partido?

Hermione cada vez le desconcertaba más su actitud. Definitivamente a ese chico delante de ella no lo lograba entender, un día la trata con indiferencia, otro la busca y ahora resulta que la necesita de cierto modo. Por un momento, le dieron ganas de lanzarle un hechizo para adivinar sus pensamientos o sus emociones, pero tal hechizo no existía o al menos no lo conocía.

–¿Por qué? –preguntó Hermione, haciendo ahora que él no supiera qué responder.

"Porque soy un idiota y quiero que estés conmigo…

"Porque necesito que me veas…"

"Para que veas como aplastamos al equipo de Ravenclaw…"

Pensó en esos momentos una decena de razones pero ninguna le pareció inteligente.

–Porque no soporto que me ignores y me evites… tenía previsto tu odio (lo he aguantado por seis años) pero no tu indiferencia –soltó sin darle más vueltas.

–¿No querrás decir que tu ego no soporta ser ignorado? –le contestó Hermione con brusquedad como un escudo ante lo que sus palabras le hicieron sentir.

-¡No! Esto no tiene que ver con mi egocentrismo -le dijo herido acercándose a ella pero Hermione dio un paso atrás.- No mentí cuando dije que me importas más de lo permitido y eso conlleva a que me importa lo que pienses o sientas sobre mi…

-Basta, me estas confundiendo -le interrumpió Hermione nerviosa.

Draco la miró a los ojos, su mirada reflejaba duda y algo más que no logró descifrar. Si tan sólo pudiera acercarse, tocarla y transmitirle lo que quería decir… pero cuando volvió avanzar, ella se apartó. Entonces lo entendió, no quería volver a caer en sus palabras, tenía miedo de salir más herida… no confiaba en él.

-Sólo… ve al partido por favor, atraparé esa snitch por ti -le dijo derrotado dando por finalizada la conversación.

Draco Malfoy le dio la espalda y se fue de ese lugar, dejando a Hermione sola en el pasillo, con mil emociones en su mente pero con la certeza de que su relación aún no terminaba como había pensado.


Hola,
bueno este capitulo creo que ha sido interesante, salieron cosas importantes y bueno creo que les deja muchas suposiciones de lo que podría pasar el proximo capitulo.

Espero les haya gustado, sé que es algo corto a comparación del anterior pero vi necesario cortarle aqui. Muchisimas gracias por seguir mi historia, leerla y comentarla. Los comentarios son importantes para mi porque sé en lo que estoy bien, mal y en lo que necesito mejorar.

No creo tardarme mucho actualizando el próximo :) Mientras tantos, cuidense.

Por cierto, Jaina como no tienes cuenta de ff sólo te puedo contestar aqui:

Me alegra que te haya gustado la historia, y me halaga que pienses que esto podría fácilmente ir en alguno de los libros (esa es la intención) Creo que Rowling pudo haber explotado al máximo una historia dramione pero bueno, no quiero debatir tanto en ello porque creo que nunca acabariamos. Por supuesto que seguiré la historia y espero te siga gustando. Gracias por leer y comentar :)