Recomendación músical: The mess I made-Parachute
Hermione Granger paseaba de un lado a otro en su habitación. Se sentía indignada y confundida, aunque más confundida respecto a lo que le había dicho Draco Malfoy. Soltó un suspiro al tiempo que se sentaba al borde de su cama, ¿es que acaso atrapar la snitch tiene un significado trascendental para los hombres? Sin lugar a dudas, los muggles y los magos eran los mismos: mostrar algo a través del deporte. Por esa razón se sentía indignada al ser parte de una practica meramente primitiva de hombría.
Sin embargo, pensaba más en la discusión que escuchó entre Draco y Pansy Parkinson. "Por Merlin, estás enamorado…" recordó las palabras sorprendidas de la slytherin. No podía evitar el cosquilleo que le generaba recordar eso y le hubiera encantado mirar la reacción de Draco. Pero, ¿qué tan cierto será? ¿En verdad él estaba enamorado de ella? Porque sólo le ha demostrado lo contrario y odiaba eso, el constante recuerdo de la discusión en la casa de botes.
Volvió a ponerse de pie acercándose a la ventana. El paisaje blanco le reconfortaba su mente y alma inquieta, así como las fuerzas para enfrentar la verdad: no había nada asegurado en Draco Malfoy. La castaña podrá amarlo pero no pensaba ser esclava de esos sentimientos y dejarse herir más. No tiene ni idea qué es en realidad lo que Draco quiere probar en el partido de quidditch, ni tampoco tiene idea si la discusión que escuchó se dijeron palabras ciertas o fue sólo una escena de celos… No tiene ni idea cómo le hará para olvidarlo o cuanto tarde. Porque así eran las cosas, su relación es de dos personas y sólo hay una involucrada.
Por unos instantes, el rostro de Hermione se descompuso por la tristeza de reconocer la realidad, lágrimas comenzaron a llenar sus ojos marrones. Se abrazo a si misma al tiempo que bajaba la cabeza como una clase de protección hacia si misma… El primer sollozo rompió el silencio de su habitación.
–Eres una tonta, Hermione –se dijo a si misma con tristeza.
De pronto, alguien tocó la puerta de su habitación tres veces. Hermione rápidamente se incorporó de su posición y se limpió las lágrimas.
–Hermione… –habló Ginny del otro lado de la puerta.– Vamos a desayunar y luego iremos al partido de quidditch, ¿quieres venir con nosotros?
Estuvo decidida a negarse, no tenía ningún sentido que fuera… Miró su reloj de pulsera: 8:30 de la mañana, aún había el tiempo suficiente para decidirse.
–Bajo en un momento –exclamó Hermione.
El sábado en la mañana durante el desayuno, se respiraba el ambiente del partido de quidditch: Slytherin vs. Ravenclaw. Al parecer las cuatro casas estaban entusiasmados por el último partido antes de las vacaciones de invierno, incluso el cielo estaba despejado, clima totalmente diferente al día anterior que no paraba de nevar aunque sólo se sentía un terrible frio pero para los jugadores aquello pasaba a segundo plano.
Draco Malfoy había bajado con optimismo, le importaba un comino todos sus compañeros de casa que lo animaban porque él tenía un sólo objetivo: atrapar la snitch. No sólo era para beneficio de Slytherin y verle las caras a los leones, sino porque tenía un significado más personal además de que tenía el buen presentimiento de que Hermione estaría en las gradas. No podía dejar pasar esta oportunidad.
Antes de que el desayuno terminara, el equipo de slytherin se levantó de la mesa para prepararse al campo. Los aplausos y vítores de la casa de las serpientes llenaron el gran comedor con verdadero escándalo, Hermione por curiosidad levantó la mirada encontrándose con la mirada gris de Draco. Éste le sonrió con cierta malicia seguro de cumplir su palabra, no obstante, Hermione desvió la mirada fingiendo desinterés.
La reacción de Hermione lo dejó con dudas, conforme se acercaba al campo junto con sus compañeros, los nervios lo rodearon. ¿Cómo era posible que pudiera perder los estribos con un sólo gesto? No podía permitir a si mismo dejarse llevar por nervios. El control lo era todo.
Una vez en los vestidores, todo el equipo se preparo para el partido, poco tiempo después, comenzaron a escuchar las voces de los alumnos de Hogwarts caminando hacia las gradas del campo.
–Muy bien, Ravenclaw es fácil pero no hay que subestimarlos, ese tal Steve Thomson tiene buenas ideas por lo que vi en sus entrenamientos aunque nada complicado –comenzó hablar el capitán quien en realidad no hacía gran cosa porque en varias ocasiones Draco y Blaise quienes dirigían el equipo.– La ventaja es que nosotros tenemos un buen buscador y ellos no.
Todos miraron a Draco con confianza, cualquiera sentiría presión pero él sólo asintió con la cabeza mientras terminaba de abrocharse la túnica.
–¡Vamos equipo! Muero por tener otro partido contra esos leones y ganarles la copa –exclamó el capitán haciendo que el ego de su equipo no cupiera en los vestidores.
Después del ánimo, comenzaron a salir para formarse y esperar a que los nombraran para su entrada. Draco Malfoy recordó un poco su historial en el quidditch, ¿la verdad? Es que si era malo, en segundo año entró al equipo por simple orgullo -aunque la palabra acertada sea berrinche-, pero lo único que obtuvo fue humillación y tener que soportar regaños de su padre. En tercer año simplemente no había mejorado mucho, quizá haya ganado contra Hufflepuff pero ¿quién no? Eso no significaba un gran logro. En quinto año, casi lo mismo, esta vez sí pudo ganarle a los de Ravenclaw pero algo le impedía ganar contra Gryffindor porque el idiota de Potter si era muy bueno. Así que en lugar de seguir saliendo con la palabra "inútil" pegado en la frente, decidió aplicarse, por lo que entrenaba más duro que sus compañeros y así fue mejorando. Tal vez excelente jugador no era pero es muy bueno cuando se lo propone. Además, resultó que entrenar duro le servía como buena distracción para olvidarse de su marca en el antebrazo izquierdo.
Las voces y la emoción del público lo regresaron a la realidad, sobre todo porque se intensificó debido a que Luna Lovegood estaba a punto de iniciar la narración del partido.
–Empiece de una vez srita. Lovegood, antes de que comience a nevar –se escuchó por el micrófono la voz de la profesora McGonagall.
–Bien, pero en su lugar profesora temería más un bibblers que a la inocente nieve –dio Luna por el micrófono, muchos rieron por las ocurrencias de la chica, pero la profesora la fulminó con la mirada.– Lo siento, ¡Comencemos con el tercer partido de la temporada! Démosles la bienvenida al equipo de Ravenclaw.
El estadio se llenó de gritos, no sólo la propia casa apoyaba a su equipo, sino también los de Hufflepuff y algunos de Gryffindor. Luna nombró a cada uno de los integrantes, quienes volaron alrededor del campo como era costumbre.
–¡Acomódense en su lugares! –exclamó Madame Hooch en medio del campo, ya lista con su silbato y las pelotas del juego. Inmediatamente el equipo de Ravenclaw obedeció.
–¡Ahora denle la bienvenida al equipo de Slytherin…! –la voz de Luna fue opacada por los gritos de la casa de las serpientes, aunque sólo ellos apoyaban a su equipo.
Draco voló hacia arriba y luego alrededor del campo siguiendo a sus compañeros, el viento le pegaba con fuerza haciendo que su lustre peinado se despeinará en diferentes direcciones, aquel simple gestó provocó un grito por parte del sector femenino, en el momento en que Luna lo nombró como el buscador del equipo.
–¡Vaya! Si Malfoy no consigue la snitch más de una querrá consolarlo –dijo Luna por el micrófono obteniendo una reprienda de McGonagall. Draco sonrió con sorna, "será una lunática pero sabe de buenos gustos" pensó con arrogancia.
–¡En sus lugares! –exclamó Madame Hooch.
El equipo de Slytherin se sitúo, Draco estaba a unos metros frente a la buscadora del equipo contrario, sinceramente no recordaba su nombre pero la conocía por ser sangre limpia. Se dio cuenta que era guapa, su piel como de porcelana y su melena de color cobre, ella lo miraba con cierta insinuación y el rubio enarcó una ceja con orgullo. Ya tenía a snitch ganada.
–Capitanes, dense la mano –ordenó la profesora.
Ambos capitanes lo hicieron aunque más bien parecía una pelea de quien le destrozaba los dedos a quien, Steve no se dejó intimidar por el robusto Slytherin.
–Ahora las pelotas han sido liberadas… –narró Luna al tiempo que Madame Hooch soltaba la snitch y las bludgers.
La profesora sopló con fuerza el silbato y lanzó la quaffle hacia arriba.
–¡Y comienza el partido, enseguida Zabini agarra la quaffle, va volando directo hacia los aros…! ¡Uff! Por poco y no se salva de esa bludgers, Bradley casi consigue arrebatarle la quaffle pero n… –narraba Luna pero se vio interrumpida por una oleada de gritos y aplausos, Blaise había metido la quaffle en uno de los aros.– Slytherin 10 puntos.
Draco le dio una palmada en la espalda a Blaise, después comenzó a volar alrededor del campo buscando la snitch y viendo el partido al mismo tiempo. La última semana había entrenado con dureza al equipo y claramente vio los resultados de ello, sin embargo, después de un rato se descubrió a si mismo mirando más las gradas que algún destello dorado. Se maldijo a sí mismo por ser tan distraído y volvió su atención a su única tarea.
Se paró de momento, quedando solamente en el aire y mirando a su alrededor en la búsqueda de la snitch dorada. Vio como uno de los golpeadores de su equipo, David Boyle, golpeaba la bludger en dirección al guardián de Ravenclaw. Quizás la mayoría del tiempo se comportaba como un trol pero tenía puntería aunque el guardián tenía reflejos. Lástima que Crabbe y Goyle no pudieron entrar al equipo este año porque definitivamente las cosas serían más interesantes.
Entonces la vio… la snitch revoloteaba por debajo de las gradas donde se encontraba la casa de Ravenclaw, inmediatamente Draco voló en esa dirección y al parecer la otra chica igual la vio, afortunadamente él estaba más cerca y ya había estirado su mano cuando sin predecirlo, la chica lo alcanzó y lo golpeo en la costilla con un codazo. ¡Increíble! No sólo significaba tener que aguantar la burla de los Gryffindor por ser derrotado por una chica -si es que había la posibilidad de perder-, sino también porque fue golpeado por ella.
Tal vez al principio parecía muy delicada, pero definitivamente no lo era. Por algo había quedado seleccionada en el equipo. Draco la miró con cierto resentimiento mientras ella sólo le guiño el ojo coquetamente… entonces el rubio se adelanto y le cerró el paso con violencia, la chica no tendría tiempo de frenar pero igual se estrellaría contra él, entonces se desvió. Draco sonrió maliciosamente, sabía que haría eso… la chica chocó contra sus propios compañeros de casa pero nadie resultó herido.
–¡Aquello tuvo que dolerle a Vanessa Morag, seguramente mañana estará quejándose! Como siempre, las serpientes conocedoras de sus trampas… –dijo Luna por el micrófono, pero antes de que la profesora McGonagall pudiera regañarla por décima vez, el equipo de Ravenclaw había metido la quaffle por uno de los aros de la portería.– Slytherin 20 y Ravenclaw 10.
Draco ignoró los comentarios, incluso los insultos por parte de los tejones porque la snitch había desaparecido. Se alejó de ahí volando del otro lado del campo, esquivando por muy poco una bludger que casi lo golpeaba en la cabeza. Volteó enojado hacia atrás y vio al culpable: el golpeador de Ravenclaw le había lanzado esa bludger por lo que le hizo a su amiga Vanessa. Pero antes de lanzarle algún insulto, su atención se concentró completamente en un destello dorado que revoloteaba por la pierna del golpeador.
Sin pensarlo dos veces, Malfoy voló directamente hacía él, el pobre Ravenclaw palideció al pensar que se dirigía hacia él para vengarse por lo que se alejo rápidamente dejando sola a la snitch. Draco ya estaba a unos metros, casi saboreando la victoria cuando la snitch voló lejos de él adivinando sus pensamientos, comenzó a descender en picado. Draco la siguió a unos metros más cerca.
Enseguida se dio cuenta de la presencia de Morag casi junto a él, aceleró más, faltaba tan poco pero entonces la snitch cambió de dirección nuevamente y dejó de descender, volando de repente hacia su izquierda. Al parecer en el estadio se dieron cuenta de los buscadores porque la tensión entre el público creció, en ese momento Slytherin metía su tercer gol pero sólo Luna lo notó.
De pronto, una bludger cortó el aire pasando por en medio de ambos buscadores.
–¡Idiota pudiste darle a Draco! –escuchó gritar Blaise.
No obstante, aquello no hizo perder la concentración de los buscadores, de pronto la snitch voló hacia arriba en movimientos circulares, como si de esa manera pudiera perderlos. Draco ya estaba muy cerca, estiró su mano… pero ella también. El público parecía enloquecer por la tensión de ver a los buscadores tan cerca de ganar, incluso parecía que los cazadores se habían olvidado de la quaffle. Todas las miradas estaban puestas en Draco y Vanessa.
La snitch volvió a cambiar de dirección hacia la derecha, donde estaban la mayoría de los jugadores, uno a uno se fue abriendo paso excepto el guardián de Ravenclaw, quien en su oportunidad quiso cortarle el paso a Draco pero él lo vio, así que lo sobrevoló pero perdió algo de ventaja. Todo Slytherin se escandalizó y comenzaron a insultar a los de Ravenclaw.
–¡Vuelvan a jugar o suspenderé el partido! –gritó Madame Hooch mientras lanzaba la quaffle. Como si aquello hubiera sido una alarma, los jugadores volvieron a centrarse en el juego, consiguiendo Blaise la quaffle dispuesto a vengar esa mala jugada que le hicieron a Draco.
Mientras tanto, el rubio se concentraba en alcanzar la snitch pero el movimiento de todos los jugadores, hizo que ambos buscadores la perdieran. La pelota dorada había vuelto a desaparecer… Draco soltó una maldición al tiempo que se detenía para poder ver por donde se había ido. Morag lo volteo a ver con enojo como si por su culpa la snitch hubiera desaparecido.
–Si el idiota de tu compañero no se hubiera atravesado tal vez ya la hubiera atrapado –contestó Draco con coraje.
–No culpes tu ineficiencia a otros, Malfoy –le respondió Vanessa enojada y sin ningún miedo.- Todos saben que Slytherin le ganó a Gryffindor por pura suerte… no porque su buscador fuera talentoso.
Draco se acercó peligrosamente hacia Vanessa, ella enseguida se intimido, quizá él no iba a golpearla pero su mirada le produjo miedo.
–Cuida lo que dices pájaro, no te conviene tener a las serpientes como enemigas, sobretodo no te conviene tenerme a mi como enemigo… –amenazó Draco con frialdad.
Vanessa palideció ante el significado de esas palabras, mientras Draco dejó de mirarla y se alejaba volando de ahí. Aquello había sido inapropiado pero no pudo evitarlo. Sin embargo, se olvidó de ello y se centró en su tarea, cuando se dio cuenta el marcador iba Slytherin 50 y Ravenclaw 30.
Durante varios minutos voló en círculos, cada vez fustrandose más porque parecía como si la snitch hubiese desaparecido del campo. Y entonces la vio… en las gradas, con su bufanda roja y dorada con el cabello alborotado por el viento, junto a Potter pero mirándolo a él. "Está aquí…" fue lo único que pudo pensar. Trató de no ser tan obvio pero no pudo evitar seguir mirándola, a dos personas de distancia, Ginny Weasley lo miraba sorprendida. Draco cayó en cuenta de lo indiscreto de su reacción y desvió la mirada, dando rápidamente la espalda hacia las gradas. Con suerte, nadie más pudo haberse dado cuenta de su reacción.
–¡Vanessa acaba de ver la snitch dorada, rápidamente vuela hacia ella y al parecer Malfoy aún no la ve…! –exclamó Luna por el micrófono y Draco se maldijo por idiota.
Enseguida reconoció a Morag y la siguió en picada, aceleró inclinándose más sobre la escoba. A los pocos momentos, ya se encontraba junto a ella y vio la snitch, estaba en la base de uno de los aros. Estaban cerca pero la snitch comenzó a volar hacia arriba rodeando el poste, el rubio tuvo un presentimiento de que la pelota giraría hasta alcanzar el hueco de los aros para luego atravesarlo, por lo que se adelantó y Vanessa lo miró desconcertada. Afortunadamente estaba en el arco de su portería y su compañero en cuanto lo vio se apartó. Draco se colocó detrás del aro mientras Vanessa seguía la snitch dando vueltas alrededor del poste hasta que llegó al final y atravesó el aro, como si la pelota pudiera pensar, se dio cuenta de la sorpresiva presencia de Malfoy y voló hacia arriba, pero Draco estiró el brazo y la atrapó.
–Slytherin gana 250 puntos, haciéndolo el ganador –dijo Luna sin muchos ánimos, pero todo el estadio se llenó de gritos de victoria por la casa de Slytherin.
Rápidamente sus compañeros rodearon a Draco y lo felicitaron, mientras el equipo de Ravenclaw aterrizaba con la cabeza cabizbaja, habían perdido su oportunidad para el partido por la copa de quidditch. Pronto el campo de quidditch se llenó de todos los alumnos de Slytherin, las gradas se iban vaciando una a una. Draco aterrizó pero se vio rodeado de sus compañeros, todos lo felicitaban impidiéndole la vista porque lo único que quería era ver a Hermione, sin embargo al rato la buscaría. Tenía pendiente decirle algo muy importante.
–Hermione, ¿puedo preguntarte algo? –dijo Ginny Weasley al lado de la castaña, caminaban de vuelta al castillo.
La castaña miró a su amiga con cierta reserva, en los últimos días ella no le ha pedido ninguna explicación sobre aquel día en que llegó inestable a la sala común ni cuando le gritó después, lo cual agradecía enormemente. Así que le daría el beneficio de la duda.
–Si, trataré de contestarte… –respondió Hermione.
La pelirroja se aseguro que Harry y Ron estuvieran más adelantados que ellas, así como miró a los lados para ver que nadie las pudiera escuchar.
–¿Decidiste venir con nosotros… por Malfoy? –preguntó Ginny intentando mantener un tono neutro.
Hermione se sintió incomoda ante esa pregunta, no porque le molestara sino porque le recordaba la decisión que había tomado esa mañana además del recuerdo de Draco mirándola con cierto optimismo en las gradas durante el partido. Efectivamente, atrapó la snitch pero para Hermione eso no tenía ningún significado trascendental.
–Si… –respondió la castaña con indiferencia.
–¿Él te pidio que vinieras? –preguntó dudosa la pelirroja.
–Si, dijo que si ganaba este partido sería por mi.
Ambas guardaron silencio. La menor de los Weasley se quedó pensando en los últimos acontecimientos que había rodeado a su mejor amiga, mientras Hermione mantenía su expresión indiferente. En un silencio extraño, ambas amigas siguieron caminando a través de la nieve escondiendo sus manos del frío en los bolsillos de sus abrigos.
–No sé que ocurrió ni tampoco es necesario que me lo digas –comenzó a decir Ginny sin estar segura de las palabras que diría.– Pero hoy en el partido, vi la mirada de Draco Malfoy sobre ti y… siente algo muy fuerte por ti.
Hermione se quedó congelada en su lugar por unos instantes. No podía creer lo que acababa de decir Ginny, su mente se desconectó por completo de la realidad mientras una sensación cálidas empezaba a llenar su interior aunque trató de ignorarlo… no quería permitirse ninguna esperanza. A pesar de que ya eran dos personas que notaban los sentimientos de Draco hacia ella, necesitaba escucharlo de él.
–¡Hermione! –le habló Ron desde la entrada del castillo.
No se había dado cuenta que los demás ya habían llegado a las puertas del colegio.
–Vamos por algo de comida, ¿vienes? –exclamó Ron.
–No, tengo algo que hacer.
Ya era poco más del mediodía cuando Draco caminaba a grandes zancadas hacia la torre de astronomía. Se había escapado de la celebración de Slytherin para ir en busca de Hermione, sentía una gran ansiedad en su pecho y ya había buscado todos los lugares públicos donde la castaña podría estar pero no la encontraba. Así que faltaba un sólo lugar más donde podría estar: la habitación que han compartido los últimos meses cerca de la torre de la astronomía; y si no la encontraba ahí, tendría que empezar a idear un plan para entrar a la torre de Gryffindor.
Una vez llegando, abrió la puerta con dureza y casi corre al atravesar el aula completo para llegar a la pequeña oficina; estuvo a punto de lanzar un bombarda al librero porque creía que tardaba años para moverse y finalmente subió las escaleras de dos en dos hasta la puerta.
Hermione Granger estaba mirando por el ventanal el paisaje, las nubes de inviernos aún no tapaban el sol por lo que resultaba agradable sentir los rayos del sol sobre su cuerpo mientras esperaba… Estaba nerviosa, no porque él vendría en cualquier momento sino por lo que ella le dirá. Inhalo fuertemente aire por milésima vez para poder controlarse cuando la puerta se abrió y el corazón le dio un vuelco.
A Draco le valió un comino abrir con delicadeza, azoto la puerta contra la pared. Lo primero que vio fue a ella de espaldas a él del otro lado del cuarto, enseguida volteando para mirarlo. Hermione se quedó desconcertada por la mirada de Draco, decía tantas cosas en aquella mirada gris y antes de que pudiera decir algo, él comenzó a caminar hacia ella.
La cercanía del cuerpo de Draco la desconcertó, había añorado estar junto a él, aunque cuando notó que estaba a punto de besarla volvió a la realidad del por qué estaba ahí.
–Espera –lo detuvo Hermione a tiempo.
Draco se paró en seco sintiendo un repentino mareo.
–Yo es… –comenzó a decir Draco pero ella alzó una mano para que no continuará más.
–Ya sé lo que vienes a decirme Draco… y no quiero que lo digas porque no podré alejarme de ti después –empezó a decir Hermione con gran esfuerzo.– El hecho de que atraparás la snitch no prueba nada…
–¿No prueba nada? Yo no atrapo la snitch por nadie, no hago ese tío de gestos por nadie más –interrumpió Draco alzando la voz.
–¡Que hayas atrapado la snitch no me asegura que no volverás hacerme daño! –contesto Hermione enojada, sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas.– Ganaste el partido pero, ¿cómo prueba eso que no volverás a ignorarme? ¿A volver a tu juego de un día me quieres y al otro me rechazas?
Hasta ese momento, en el que Draco veía la expresión de Hermione y escuchaba el tono de su voz, se dio cuenta de lo mucho que la había herido. Él no tenía idea que cuando una persona está enamorada de alguien y le cortas los hilos, difícilmente podrán volver a hilarse. Aquello no era ningún capricho o un sentimiento superficial que se arreglará con palabras dulces y demostraciones simples.
Draco la miró a los ojos con arrepentimiento y en cambio recibió una mirada que transmitía dolor.
–Yo… me equivoque ese día al decirte que no sería el hombre que te amase –confesó Draco sintiendo ligeramente la resistencia de su orgullo, pero igual lo dijo sin importarle ya las consecuencias; si en ese momento parecía un débil, si iba en contra de todo lo que le enseñaron o si en ese momento llegase el mismo Voldemort y lo matase por traición.
Sin embargo…
¡PLAF!
Malfoy se quedó paralizado mirando hacia la derecha a causa de la bofetada que Hermione le dio. Su flequillo cayó en su frente mientras su mejilla se volvía de tono rojizo, justo donde la palma de la castaña había chocado. Entonces Hermione sollozó…
–No puedes venir y decirme como si nada que puedes amarme… ¡No tienes ningún derecho de jugar conmigo Malfoy! –exclamó entre sollozos.– Simplemente es imposible que hayas cambiado de parecer tan rápidamente.
Draco dio unos pasos hacia atrás sorprendido por la revelación que acaba de tener, incluso sintió frío recorrer su cuerpo además del violente vuelco en su corazón.
–No confías en mi… –susurró Draco mientras volvía a mirarla a los ojos.
Sus ojos marrones le confirmaron aquello. Esa verdad le dolió profundamente, haber perdido la confianza de Hermone, de la única persona por la cual no se permitía ser egoísta. Mientras tanto, Hermione no respondió enseguida; se limpió rápidamente las lágrimas que habían salido y mantuvo su rostro en alto.
Draco se sentía como un verdadero idiota y toda la esperanza que sintió después del partido, se había esfumado por completo.
–Estoy segura que no soy la única chica en todo el castillo que siente algo por ti y sobre todo que te interese… –dijo finalmente Hermione aguantando las lágrimas y tratando de mantener la voz.
La manera en que lo dijo dejaron totalmente a Draco con las defensas hacia abajo, la miró sorprendido y sin soportarlo más acortó aún más la distancia entre ellos. La sujeto de los hombros para que no pudiera tener escapatoria.
–El problema es que yo no quiero estar con nadie más… He sido un cobarde e idiota, perdí tu confianza, te herí y sé que me odias –dijo Draco hablando con toda la verdad.– No quiero perderte, Hermione.
Hermione sintió una sensación arrebatadora en su pecho y al mirarlo a los ojos supo que no mentía. Por unos momentos se miraron a los ojos, hasta que la mirada gris desvió su atención hacia los labios de la castaña y un escalofrío la recorrió. Su parte lógica le decía que por ningún motivo bajara la guardia mientras su otra parte -la más grande-, la trataba de convencer de llevar sus brazos alrededor de su cuello y besarlo… Pero decidió confiar en su lógica por lo que con delicadeza puso ambas manos en el pecho de Draco y lo empujó lentamente aunque con fuerza.
Draco creyó perder la estabilidad al sentir ese rechazo. La soltó y apartó de ella derrotado pero sin demostrarlo, se hizo un lado para que ella pudiera pasar a la salida.
–Lo siento Draco… agradezco que hayas atrapado esa snitch por mi, pero sigues sin demostrarme lo que quiero escuchar y saber –dijo Hermione incapaz de mirarlo, soltó un suspiro antes de decir su despedida.– Lo mejor será olvidar lo nuestro, así ya no pelearas más contra ti mismo.
Hermione pasó a su lado y se sorprendió al sentir la mano de Draco agarrar su muñeca, aquel contacto la estremeció.
–No quiero olvidar lo nuestro… te demostraré que no volveré a herirte –le susurró Draco como una promesa, después de unos instantes soltó la muñeca de Hermione.
Hermione sin mirar atrás, salió de aquel cuarto y bajo las escaleras lo más rápido que pudo… alejándose de un Draco Malfoy con un vacío en el pecho. El slytherin cerró los ojos, en ese momento se acordó cuando una vez su madre lo sorprendió siendo cruel con una chica que había conocido en una de sus vacaciones a Francia. Esa vez él sólo la buscaba por aburrición y cuando ella quiso algo más serio, él se burló de ella; Narcissa Malfoy le advirtió: "hasta el hombre más frío y egoísta, se enamora con locura y sufre de ello".
Y él estúpidamente se había reído de eso.
Sin poder controlarlo, la siguiente semana se pasó con demasiada rapidez. Draco Malfoy había pasado los días como un verdadero fantasma: apenas comía y dormía, además no hablaba con nadie a menos que fuera necesario. Si había creído que cuando comenzó a sentir ciertas cosas por Hermione había perdido el control de su vida, estaba equivocado porque no se comparaba con lo que pasaba en ese momento… Trató de muchas maneras volver hablar con ella pero al parecer lo evitaba y cuando había una oportunidad, le cortaba la conversación.
La necesitaba…
No tenía nada que ver como un simple entretenimiento sino algo más fuerte. Sus miradas, sus sonrisas, la forma en que fruncía el ceño y el tacto de sus manos; la ausencia de todo ello lo hacía sentirse enfermo y vacío. Incluso cada tarde sin excepción iba al cuarto secreto en el aula abandonada que tantos días había compartido con Hermione, iba con la esperanza de que ella apareciera en cualquier momento pero nunca paso aquello.
Con cada día que pasaba sentía que la perdía más y odiaba esa sensación. Odiaba estar tan al pendiente de ella mientras él era ignorado, lejos de un sentimiento egocéntrico era más bien la idea de que ella se había propuesto rendirse a su relación. Y este día en especial se sentía más inestable que nunca, era el último día en el castillo para el comienzo de vacaciones de Navidad; la salida de los carruajes comenzarían después del almuerzo y con ello su última oportunidad.
–Draco –lo llamó una voz que le sonaba lejano.– ¡Draco!
Malfoy recibió una palmada en la espalda regresándolo a la realidad. Se dio cuenta que aún no tocaba nada de su desayuno y que nuevamente su atención había estado fija en la mesa de Gryffindor.
–¿Qué sucede? –preguntó con frialdad a Blaise Zabini, quien había sido el que interrumpió sus pensamientos.
–Hoy es el día –contestó Blaise ignorando la mirada enojada de su amigo, en cambio lo miraba con cierta malicia.
–¿El día…? –dijo Draco sin entender a lo que se refería.
De pronto, Pansy se hizo notar al lado de Draco. Desde esa vez que discutieron bajo el muérdago, la slytherin no había vuelto a tocar el tema y actuaba como si nada hubiera pasado.
–Si, hoy llevaríamos a cabo una pequeña broma y tú nos ayudarías a distraer a Potter –le recordó Pansy compartiendo una mirada cómplice con Blaise.
–Ah, es cierto –contestó Draco fingiendo interés. En aquel momento le traía sin importancia lo que sus amigos estaban planeando.
–Hace mucho que no molestamos al niño que vivió –recordó Blaise con cierta añoranza.
De hecho desde que Draco había tenido interés en Hermione, las bromas e insultos hacia los integrantes del trio dorado habían disminuido notoriamente. Sus confidentes más cercanos creían que se debía a la marca de su antebrazo izquierdo por la cual el líder de las serpientes no tenía ningún interés en seguir molestando al trio, en especial a Harry Potter.
–Después del desayuno, espera un rato para hacerlo –dijo Pansy hacia Draco.
Los tres amigos miraron rápidamente la mesa de Gryffindor mirando hacia donde estaba Harry. De pronto Draco sintió que quizás molestar a Potter lo haría sentir mejor, descargar su estrés en insultos y tal vez un duelo sonaba bastante tentativo.
–Cuenten conmigo –respondió Draco compartiendo esta vez la misma malicia que sus amigos.
Blaise y Pansy se cambiaron de lugar para hablar entre ellos sobre los últimos detalles de su plan, Draco los ignoro por completo mirando una vez más a la mesa de los leones. Ahí estaba ella. Sonriendo con sus amigos, seguramente planeando lo que harían en sus vacaciones de Navidad, "yo no formó parte de sus planes" pensó Draco sintiendo aquella verdad como un balde de agua fría. Luego vio como Harry le susurraba al oído a Hermione y ella reía con él, los celos se hicieron presentes. Comenzaba a pensar que no podría soportar la idea de que Hermione pasará semanas al lado de la cara rajada, mucho menos en las circunstancias de su relación.
Entonces, Hermione, los Weasley y Potter se levantaron de la mesa. Draco miró a sus dos amigos quienes asintieron con la cabeza, esperaría al menos una hora para ir en busca de cara rajada.
–Nosotros nos vamos, contamos contigo –dijo Blaise al tiempo que se levantaba de la mesa junto con Pansy, él asintió con la cabeza y lo dejaron solo.
Trató de terminar su desayuno pero desde hacía rato que el hambre se le había esfumado. Su equipaje ya estaba hecho desde la noche anterior por lo que no tenía nada más que hacer, sólo esperar. Suspiró cansado desviando sus pensamientos hacia sus vacaciones de invierno. No quería imaginarse la cena de Navidad de este año, sólo él y su madre… en una gran mesa tratando de llenar el vacío que seguramente los embargaría por la ausencia de su padre. "La primera Navidad sin él…" pensó Draco. Aún no estaba seguro si organizarían los funcionarios más importantes del Ministerio un baile como cada año lo han hecho, aunque más bien, no estaba seguro si los invitarían este año dadas las circunstancias. Observó con cierto resentimiento todos los adornos del Gran Comedor, por muy bonitos, elegantes, grandes y llenos de vida que pudieran estar, no le transmitían ninguna felicidad.
Su vida en este momento no le traía ninguna felicidad, todo parecía colapsar ante él. Seguramente parecía muy patético pero era la verdad. Cansado de sentir lastima hacia si mismo, se levantó de la mesa de slytherin dispuesto a irse a caminar un rato hasta que llegará el momento de buscar a Potter.
Caminar por los pasillos sin ningún rumbo calmaban sus pensamientos, era mucho mejor que permanecer encerrado pensando mil veces lo mismo mirando las cuatro paredes de su habitación. Cuando miró su reloj, habían pasado 45 minutos desde que Potter había salido del gran comedor por lo que decidió ir a buscarlo. El primer lugar donde lo buscaría sería cerca de la torre de Gryffindor.
Sus pasos lentos llenaban el silencio de algunos pasillos vacíos, hasta que en el camino para su fortuna vio a Potter con una expresión bastante seria. Sonrió con sorna, hacía mucho que no lo molestaba y sinceramente, moría por vengarse por estar todo el tiempo encima de Hermione. Era una clase de necesidad masculina que sentía al querer demostrarle superioridad al pretendiente de la castaña.
–¡Vaya, si es la mismísima cara rajada! –exclamó Draco con burla.
Harry Potter trató de controlarse, ese momento no era bueno para ponerse a discutir con Malfoy. Por lo que decidió ignorarlo.
–Ahora no estoy de humor Malfoy, lárgate a molestar a alguien más –lo amenazo Harry sin siquiera mirarlo. Lamentablemente no había otro camino por el que pudiera pasar.
–¿En tus días Potter? –contestó Draco con sorna.
Harry se frustró pasando de largo e ignorando el comentario, no podía sacar el mapa merodeador enfrente de Malfoy porque significaría que supiera de su existencia y aquello no era bueno. Necesitaba encontrar a Hermione, algo le decía que estaba en problemas o lo estaría y ese presentimiento comenzaba a desesperarle. Draco se dio cuenta enseguida de su estado.
–¿Acaso buscas a Granger? –preguntó sin pensarlo, quería hacerlo enojar y aquel tema sería lo que lo sacaría de sus casillas.
Harry se detuvo en seco, no le gusto para nada el tono con el que Malfoy lo dijo, no le gusto para nada.
–¿Quién te dijo que la estoy buscando? –contestó Harry sin confianza, volteando a verlo con los puños cerrados.
Miró a Malfoy buscando alguna señal, pero sólo vio la indiferencia que lo caracterizaba. De pronto cayó en cuenta de lo raro que había sido encontrarse con él, para empezar no era normal ver a un slytherin por los pasillos cerca de la torre de Gryffindor, simplemente no era una coincidencia.
–Suposición y al parecer acerté, casi brincas a atacarme cuando la mencioné –contesto Draco con burla pero por dentro sabía que tal vez había sido demasiado obvio. Si la zanahoria pudo descubrirlo, Potter sin duda también lo haría.
–¿Y eso a ti qué te importa? Digo, Hermione no es de tus personas favoritas… –respondió Harry midiendo sus palabras.
–Tienes razón, por eso es la primera en mi lista… ya sabes, la limpieza de sangre –dijo Draco con falsa malicia.
Harry le creyó enseguida y sacó su varita, listo para atacar a Malfoy.
–No te atrevas a tocarla, Malfoy… porque entonces Voldemort pasará a segundo plano –dijo Harry sumamente amenazador, cualquier otra persona ya se hubiera intimidado de ver aquella expresión en los ojos del gryffindor, sin embargo el slytherin no se inmuto ante ello.
Draco lo miró con odio, esa forma de defenderla y de hablar de Hermione, iba más allá de la amistad. Lo puede ver claramente, Potter quiere a Hermione casi tal como él a ella…. Casi. Entonces soltó una carcajada fría, digno de ser sobrino de Bellatrix Lestrange.
–¿Estás seguro de ello? Déjame decirte algo, al final de la guerra ella será mía –contestó Draco con arrogancia y celos.
Harry no pudo evitar mirarlo con sorpresa, la manera en que dijo esas palabras sonó tan… posesivo. Simplemente no le agradó para nada aquello, y comenzó a sentirse como aquella vez en el ataque de Hogsmeade: cuando lo vio desesperado por salvar a Hermione.
–¿Y por eso la salvaste ese día en Hogsmeade? Dime, Malfoy ¿por qué tanto interés en ella? –le reclamó Harry con coraje apretando con fuerza su varita.
Esta vez el sorprendido fue Draco, no se esperaba que saliera el tema de Hogsmeade donde su situación actual con la castaña había comenzado. Sabía que aquello lo había dejado totalmente expuesto pero creía que ese momento había sido olvidado.
–No tengo ninguna clase de interés como tú piensas Potter, créeme, por mi quédatela –le respondió como si no le importara.
–Es lo que pensaba hacer… –le respondió Harry con soberbia, algo inusual en él.
Odiaba a Malfoy en muchos sentidos. Desde el primer año en Hogwarts se había creado rivalidad entre ellos y durante los años esa rivalidad creció siempre buscando quién era el mejor en cualquier cosa, de igual manera, parecían buscar excusa perfecta para llevarlos a duelos aunque la mayoría de veces eran detenidos. Pero en éste año hubo cambios, Malfoy ya no lo molestaba en la primera oportunidad que tenía y había dejado atrás su competitividad, de hecho era como si ahora estuviera demostrándole a alguien sus capacidades.
–¿Algún problema Malfoy? –preguntó Harry al ver como su rival apretaba los puños alrededor de su varita, se veía enojado ¿por qué?… Quizá sea por la misma razón por la que habla de Hermione con ese tono de voz, como si ella fuera de su propiedad.
Malfoy lo fulmino con la mirada, ¡cómo se atrevía a decir eso enfrente de él! Si sólo supiera con quien estaba hablando, si sólo pudiera borrarle aquella expresión de su rostro. Pero no podía hacerlo porque lo último que necesitaba ahora era que el niño que vivio supiera de su relación con Hermione, no los expondría por las ganas de vengarse.
–No creí que cayeras tan bajo Potter –comenzó a decir Draco controlando su enojo.– Una cosa es juntarte con los traidores a la sangre y los sangre sucias… pero querer a una. No cabe duda que perderás.
Antiguos rivales se miraron con odio, lo último fue que hiciera que Harry perdiera la paciencia. No obstante, él lo tomó referente a la batalla sin imaginar que el otro lo había dicho con respecto a la castaña. Ambos obtenían ciertos favoritismos por ser quienes son, de alguna forma obtenían lo que querían, quizá uno luchaba para salvar a la comunidad mágica pero el otro tenía su propia lucha y con eso bastaba.
–Te arrepentirás por ello –dijo Harry al tiempo que apuntaba a Draco con su varita y él rubio lo imitaba.
Pero en ese momento, se escucharon unos pasos corriendo en su dirección, ambos los ignoraron pero la persona en cuantos los vio, paró enseguida sin entender lo que pasaba. Sin embargo, no había tiempo para eso, decidió interrumpir.
–¡Harry! ¡Harry! –exclamó Luna asustada. No porque lo viera a punto de pelearse con Malfoy, sino por lo que acababa de enterarse.
Harry volteo a mirarla preocupado, nunca había escuchado a Luna con ese tono de voz. Bajo la varita ignorando a Draco aunque él no bajo la guardia.
–¡Harry! –volvió a exclamar entre asustada y preocupada. Al parecer había corrido un buen tramo porque tuvo que recuperar su aliento antes de decirle por qué lo estaba buscando.
–¿Qué sucede? –preguntó Harry sintiendo un mal presentimiento.
–¡Es Hermione…! Hermione… la encontraron inconsciente… no sé qué paso, pero la llevaron a la enfermería y me dijeron… –habló atropelladamente Luna y con cada palabra, Harry iba palideciendo.
–Lo sabia… maldita sea –dijo Harry y sin esperar a que dijera algo más, salió corriendo directo a la enfermería.
Luna y Draco se quedaron solos. Ella lo ignoraba, más que nada porque estaba recuperando el aliento antes de irse a la enfermería a reunirse con los demás. Entonces sintió que alguien la agarraba por los hombros con fuerza.
–¿¡Qué paso!? ¿¡Qué le paso a Hermione?! –gritó Draco presa del pánico, estaba aún más pálido que Harry.
Luna lo miró desconcertada, uno por la fuerza que ejercía para agarrarla y otra por lo que acababa de darse cuenta. Draco la agitó para que reaccionase, tenía un terrible nudo en la garganta, no podía ser que fuera la segunda vez que a Hermione le pasaba algo y él no estuviera ahí con ella.
–¡Contestame Lovegood! ¿¡Qué rayos le pasó a Hermione!? –le gritó dispuesto a obtener respuestas.
–No… no sé, iba pasando por el Hall cuando vi a Hagrid llevando a Hermione en los brazos, se veía herida… –contesto Luna mirando como la expresión de Draco parecia mortalmente preocupado.– Lo seguí corriendo hasta llegar a la enfermería y Madame Pomfrey enseguida se dispuso a curarla. Entonces vine corriendo avisarles a los demás.
Luna miró a Draco, se veía realmente afectado por eso. ¿Dónde quedaba aquella indiferencia, arrogancia y frialdad? En su lugar había pánico en sus ojos y desesperación. Draco la soltó comenzando a pasearse de un lado al otro, no podía llegar a la enfermería como si nada, además estaba seguro que Potter ya sospechaba, se había dejado llevar más de la cuenta con su discusión. Aunque eso no importaba ahora, ¿cómo rayos le pudo pasar algo a Hermione? Al menos…
–¡Lovegood! Necesito un favor, ya sé que no soy la persona indicada para pedírtelo pero esto es serio… –comenzó a decirle a Luna quien no paraba de su asombro.– Ve a la enfermería, averigua el estado de Hermione y dímelo, yo tengo un asunto pendiente… te veo en media hora en el hall.
–Pero… –dijo Luna mirándolo con sus grandes ojos azules.
–No preguntes, sólo hazlo. No puedo ir a la enfermería… –insisto Draco para convencerla.
Luna asintió con la cabeza después de interminables segundos, tenía mil preguntas en la cabeza y las dejó a un lado. Draco Malfoy se fue, estaba furioso consigo mismo porque después de casi llevarse un susto de muerte por Hermione lo comprendió todo. Fue un idiota al no preguntarles a Blaise y Pansy de qué se trataba su plan, fue un idiota al ignorar las palabras de Zabini cuando Hermione llegó a interrumpir el entrenamiento de quidditch… pero sobretodo fue un idiota al no saber protegerla.
En cuestión de minutos estaba en el Hall caminando directo hacia las mazmorras, donde de seguro estarían ese par de idiotas. Podía sentir la sangre bombeándole en las venas con fuerza, ya tenía la varita lista debajo de la túnica para lanzarles un par de cruciatus, no iba a pasarles esta porque se habían metido con ella, con Hermione.
Cruzó las mazmorras a paso rápido, empujo a unos estudiantes e ignoró las protestas, si fueran de otra casa ya les hubiera bajado puntos. Ni siquiera se detuvo cuando dijo la contraseña a un par de metros de la entrada, cuando entró se encontró lo que esperaba, Blaise y Parkinson riéndose de lo que habían hecho, contándolo a todo Slytherin que se encontraba allí.
–¡Blaise! Ven acá –ordenó Draco sin poder ocultar su enojo. Comenzaba a ver puntos negros del coraje, y tenía unas inmensas ganas de golpearlo.
Blaise le sonrió con triunfo, sin saber que aquel gesto sólo hacia enojar más a Draco.
–¿Ya te enteraste? Esta vez nos lucimos, no crei que cayera tan fácilmente –dijo mientras reía.- ¡Vamos Draco, no salió tan mal!
–Sabes que la encontraron inconsciente ¿Verdad? Estaba herida… –le cortó Draco con coraje, Blaise dejó de reírse desconcertado.– ¿¡Qué rayos hicieron!?
Pansy al ver tan alterado a Draco y a Blaise tan callado, decidió acercarse. Algo le decía que las cosas no estaban bien, en cuanto se unió con ellos lo lamentó, Draco la miraba de una forma tan amenazante, mientras el moreno se había perdido en sus pensamientos pensando en cómo pudo haber salido tan mal su plan.
–¡Contéstame! ¿Qué le hicieron? –ordenó Draco por segunda vez, estaba comenzando a perder la paciencia.
–¿De qué hablas? Llevamos a la sangre sucia al bosque prohibido, no muy lejos y la amarramos en un árbol… –explico Pansy haciendo que Draco sintiera un vuelco en el estómago.– Fue muy fácil, luego pusimos un letrero que decía: "Esperando a su héroe que la salve: el niño que se fijó en ella", obviamente dirigido a Potter.
Draco comenzó a caminar nuevamente de un lado a otro, las palabras de Pansy lo pusieron aún más enfurecido, ¿qué clase de estúpida broma era aquella? Y todavía le pusieron un maldito letrero. ¡Por Merlin! Necesitaba ver a Hermione en ese mismo instante, si alguien tenía que estar junto a ella es él.
–¡Son unos idiotas! –les gritó Draco sin importarle la manera en que se veía.– ¿Por qué se la llevaron entonces inconsciente y con heridas del bosque prohibido?
–¿De qué estás hablando? –preguntó asustada Parkinson sin comprender.
Obviamente, a ellos no les importaba lo que le haya pasado a la sangre sucia, pero definitivamente eso no quiere decir que ellos no sufrirían las consecuencias, podrían expulsarlos por aquella "inocente" broma, Snape no tendría piedad con ellos y sobretodo McGonagall. No podían darse el lujo de ser sumamente castigados en el último año en Hogwarts y mucho menos que sus padres llegarán a enterarse de ello, sería como una humillación.
–Que se salió de control, Pansy… Granger fue llevada a la enfermería –le contestó Zabini pensando en una manera de salir ileso de las consecuencias.
–Pudo haberle pasado algo horrible -–dijo Draco mirándolos con rencor y cierta preocupación.
Blaise y Pansy intercambiaron una mirada, ¿qué rayos había sido eso? A los dos slytherin les brillaron los ojos con algo peligroso en ellos, ¿cuál es la verdadera razón por la cual Draco Malfoy estaba tan furioso?
–¿Y eso a ti en qué te afecta Draco? –preguntó Pansy intrigada por las palabras del rubio.
Draco ni se inmuto ante la pregunta, miró a sus dos amigos con indiferencia.
–Es obvio que si a ustedes los atrapan quedarán expulsados y todo por una tontería –respondió Draco inmediatamente.– Porque su bromita les costará mucho más a ustedes que a ella, además depende de sus heridas será más grande su castigo… ¿Acaso quieren verse involucrados en un escándalo de ataques racistas en el castillo?
Blaise y Pansy le creyeron. Afortunadamente para ellos, aún no daban con el culpable porque de ser así, el profesor Snape ya hubiera interrumpido en la sala común de Slytherin.
–Bien, tenemos media hora para que salgan los carruajes. Agarraremos los primeros que salgan pero no hay que parecer ansiosos –dijo Blaise ya pensando en cómo escaparse de la situación.
Una vez fuera de los limites del castillo estarían a salvo. Los tres slytherin están seguros que durante las vacaciones, los profesores se les olvidará el asunto al menos que Granger siga permaneciendo grave, esperando que no sea así, tal vez sus castigos no serán tan severos.
–Ustedes dos tomen los primeros… yo los alcanzaré después –dijo Draco, Pansy y Blaise asintieron.
Draco Malfoy uso todo su autocontrol para salir de la sala común de Slytherin como si nada. Por mucho que quisiera, no podía tomar cartas en el asunto contra ellos dos y se dio cuenta de eso cuando Pansy lo cuestiono acerca de su interés.. Ya estaba arriesgando demasiado y ni siquiera aún sabía si existía una relación entre él y Hermione. Cuando estuvo seguro de que estaba solo, soltó un puñetazo a la pared de piedra con fuerza, luego otro y otro.
Se llevó las manos al cabello una y otra vez, frustrado. Él tenía que proteger a Hermione y no lo hizo, logró que todo ocurriera sin evitarlo y le estaba carcomiendo el horrible miedo sobre el estado de la castaña: de saber cómo esta, si se recuperará o qué tan grave son sus heridas. Le mataba el hecho de que Potter estaba en esos momentos junto a ella, apoyándola y cuidandola mientras él se tenía que conformar con golpear la pared de piedra en un pasillo… ahogo un gemido de ira a causa de su impotencia y de su idiotez.
Entonces las imágenes en su mente lo atacaron, ella amarrada a un árbol con el maldito frío de invierno, maldiciendo su suerte y llena de vergüenza al caer tan estúpidamente en el juego de unos Slytherin… esperando a que alguien pronto se diera cuenta de su ausencia para empezar a buscarla. "Por eso Potter la estaba buscando" pensó Draco entendiendo el porqué lo encontró tan ansioso. Alguna estúpida criatura se acercó y la atacó, ella no podía defenderse porque estaba amarrada…
–Por Merlin… –susurró Draco mientras se llevaba una vez más las manos al cabello, y un nuevo gemido por el miedo salió de su boca por el hecho de imaginar lo que pudo haber pasado.
Tal vez sonaba muy dramático pero podría haber estado a punto de perderla este día, y él provocando enfurecer al idiota de Potter. Pero sobre todo, él sin poder arreglar las cosas con ella dandose cuenta que no quería pasar un día más sin ella.
Sin poder aguantar más, camino al Hall. Apenas había llegado cuando Luna Lovegood apareció al pie de las escaleras, se veía nerviosa. Aún no había nadie en el Hall, seguro porque los estudiantes aún estaban terminando de empacar todo o algunos despedían a sus amigos quienes se quedarían en el castillo para Navidad, pero no faltaba mucho para que llegarán los primeros carruajes.
–Malfoy –lo llamó Luna, mientras bajaba las escaleras.
–Dime todo sin ocultarme nada Lovegood –dijo Malfoy con frialdad aunque con el corazón desbocado a causa de los nervios.
–Ya está bien, sufrió algunas heridas, cortes y una que otra mordida. Hagrid tratará de encontrar a la criatura que la atacó pero duda que sea peligrosa… –comenzó a explicar Luna, Draco lanzó un bufido de indignación recordando cuando una vez el semigigante dijo aquello sobre el hipogrifo.– Tendrá que pasar unos días en cama, por eso Madame Pomfrey decidió mandarla a San Mungo donde tendrá mejores cuidados y estará cerca de sus padres. Harry irá con ella… eso es todo. Ella está bien, Malfoy.
Draco asintió con la cabeza en forma de agradecimiento. Por un lado más relajado de que no estuviera tan grave pero no le gustó escuchar que Potter la acompañará a San Mungo. No importaba cómo, tendrá que llegar hasta allá él también.
–¿Sabes cuántos días estará en el hospital? –le preguntó Draco.
–No exactamente, Madame Pomfrey comento que a lo mucho serán dos –contestó Luna aún nerviosa, estaba teniendo algo así como una conversación civilizada con Draco Malfoy.
–Nadie debe saber esto Lovegood –amenazo Draco pero ella sólo asintió con la cabeza. Luna Lovegood a diferencia de los estudiantes de Hogwarts, no era prejuiciosa ni tampoco le importaba todas esas cuestiones de apellidos y sangre. Aunque sabía claramente lo que implicaba todas esas preocupaciones de Malfoy hacia Hermione, tampoco era tonta.
–Suerte Malfoy –dijo Luna antes de irse nuevamente por las escaleras.
Draco la observó curioso, ¿acaso le leyó la mente sobre ir a San Mungo? Esa chica definitivamente tenía alguna clase de poder. No obstante, se sentía sólo un poco más relajado después de lo que le dijo Lovegood.
Se sentó en las escaleras sintiéndose derrotado, su respiración aún seguía agitada y los nervios lo ponían ansioso. Estaba seguro que si desde el principio él hubiera sido honesto con ella sobre sus sentimientos y le hubiera dicho todo… las cosas serían diferentes. No estaría sentado lamentándose por su suerte, ni siquiera hubiera estado herida a causa de una estúpida broma porque ella hubiera estado con él todo el tiempo.
Pero ahora estaba metido en un gran lío, que solamente él pudo haber causado.
Permaneció durante un buen rato sentado en el Hall, entonces los alumnos comenzaron a llegar a los carruajes. En seguida vio a Blaise y Pansy entre los primeros, se veían tranquilos e indiferentes aunque por algunos momentos parecían muy nerviosos.
–Te traje tu baúl ya que aún no regresabas –le dijo Blaise señalando uno de los baúles que traía consigo con las iniciales DM.
–Gracias –susurró sin interés Draco y se alejó de ellos.
Filch llegó al Hall con una lista de los alumnos que se irían de vacaciones fuera del castillo. Enseguida Blaise y Pansy se formaron para irse lo más rápido de ahí. Draco esperó, deseaba con todas sus fuerzas ir en ese mismo instante a la enfermería para asegurarse del bienestar de Hermione con sus propios ojos y de una vez hacer a un lado a cara rajada. Pero las cosas no podían ser así de fáciles, simplemente no podía aparecerse ahí, parecer preocupado por ella y luego acompañarla él mismo a San Mungo para que tuviera los mejores cuidados.
Claramente ya estaba preparado para decirle a ella todo. Pero otra cosa muy diferente es demostrarlo a los demás, sobretodo si eso implica que los amigos de Hermione lo odian a muerte y sus amigos la odian a ella.
Vio que en pequeños grupos iban subiéndose a los carruajes, cuando se dio cuenta ya era su turno. Ignoró lo que le decía el conserje y después de ver con cierto respeto a los thestrals, las criaturas que llevaban los carruajes, se subió. No esperó a nadie más y con un movimiento de varita empujo a las criaturas para que empezaran andar. Escuchó las exclamaciones de Filch pero no se detuvo.
Miró por la ventana el paisaje. ¿Vería a Hermione hasta regresar de vacaciones? ¿Para qué? "Ah, supe lo de tu incidente, ¿Cómo estás?" simplemente patético. Ya no tendría caso nada de lo que hiciera después, ya habría pasado mucho tiempo… No pudo evitar recordar cada uno de sus gestos, sus sonrisas, sus besos, sus lágrimas, sus manos, sus caricias… No puede evitar pensar en todos aquellos motivos por los cuales decidió arriesgarse por ella. Incluso se atrevía a pensar que en este momento por ella, podría renunciar a su herencia.
Y fue en ese momento que lo decidió. Justo antes de que el carruaje llegara a Hogsmeade, Draco se bajó del carruaje a escondidas, ya después mandaría a un elfo doméstico por sus cosas y de igual manera le avisaría a su madre para que ya no fuera por él a la estación. Camino lo suficiente para pasar desapercibido, así que teniendo los privilegios como mortifago desapareció entre la nieve.
No era la primera vez que se aparecía en aquel callejón sucio del Londres muggle, no le gustaba recordar los motivos por los cuales había recorrido las calles de la ciudad pero no puede negar que aprendió lo suficiente como por ejemplo: aprendió sobre los autos muggles que se movían con rápidez y demasiado ruido. No obstante, también aprendió lo más importante ahora: cómo llegar a San Mungo.
Hola :)
bueno, me ha gustado mucho escribir este capitulo y más porque me centre en Draco, sobretodo en la manera en cómo le va afectando cada una de las cosas que pasan. El próximo capitulo se sabe más lo que salió mal en la broma de Blaise y Pansy por si se quedaron con la curiosidad.
Espero que les haya gustado el capitulo, así como la canción que puse siento que va mucho con lo que pasa y siente Draco.
Muchas gracias por aquellas personas que me comentan y me añaden a favoritos, ojala que aquellos que leen mi historia en anonimato se animen a comentar también ya que para mi es importante saber si les gusta o no la historia. Gracias por leer aún así.
Una cosa más, mañana entro nuevamente a la universidad :( espero seguir manteniendo la tradición de actualizar cada dos semanas porque ya no quiero volver a pasar más tiempo sin darles nuevo capitulo. Así que desenme suerte :)
Besos!
