La navidad llegó a la Madriguera, sin embargo el espíritu no. Desde que los chicos fueron por Hermione al hospital, las cosas se volvieron tensas entre ellos. Durante los días siguientes al enfrentamiento entre Malfoy y los amigos de Hermione, el ambiente se había vuelto realmente insoportable para el trio dorado quienes fingían entretenerse con tareas domésticas o arreglos para la fiesta de navidad para no tener que convivir.
Básicamente Ginny era la única quien hablaba con la castaña y por supuesto la familia Weasley, porque no tenían idea del secreto de Hermione Granger, por ahora.
Para la cena de navidad, se esperaban numerosos invitados, todos eran los miembros de la Orden del Fénix más allegados a la familia Weasley. Puntualmente, llegaron a la madriguera Tonks, Lupin, Kingsley Shacklebolt, Ojoloco Moody, entre otros. Pronto, el ambiente del hogar se volvió totalmente cálido, todos con el ánimo alegre y felices de estar ahí celebrando la navidad.
Estar rodeados de muchas personas y con pláticas normales, resultaba más fácil para el trio dorado escapar de sus problemas, además nadie notó que en ningún momento estuvieron juntos o que ni siquiera se miraron a la hora del pequeño brindis que realizó Remus Lupin. Sin embargo, los presentes disfrutaron de una gran velada como hacía mucho tiempo no la disfrutaban; la cena de la Sra. Weasley dejó a todos más que satisfechos, hubo plática duradera y por último la música que colocó el Arthur Weasley hizo que la sala sirviera de pista de baile.
A pesar de que estaba rodeada por personas queridas, Hermione llegó a un punto de sentirse ajena a la felicidad de los demás. Durante toda la velada evitó las miradas de Harry, ya que últimamente la veía con una mezcla de enojo, decepción y tristeza. A decir verdad, desde que salió del hospital, Hermione había tratado de convencer a Harry y Ron acerca de Draco y viceversa, de hecho, Ron en cada oportunidad que ha tenido le ha recordado quien es Malfoy "realmente". No pasó mucho para que la castaña terminará ignorando sus comentarios, sus miradas y desistiera de decirles que confiarán en su decisión. Mientras tanto, Ginny buscaba siempre una manera de subirle el ánimo o de distraerla, logrando que su instancia en la madriguera fuera soportable. No obstante, Ginny también evitaba hablar de Malfoy lo cual desanimaba un poco a la castaña porque no entendía hasta qué punto la pelirroja en verdad la apoyaba como había dicho en el hospital.
A la mitad de la fiesta, Hermione aprovechó para escapar un rato de todos. Se dirigió al baño donde literalmente era el único lugar donde obtenía privacidad. Se sentía asfixiada y fuera de lugar, durante los últimos días había aguantado tanto las miradas de Harry, las indirectas de Ron, los tratos de Ginny como si se fuera a romper en cualquier momento y tener que fingir enfrente de todos lo bien que se llevaban… simplemente estaba exhausta. Se miró con atención al espejo del baño, para esa noche decidió no empeñarse mucho en su arreglo aunque eso no era el motivo por el cual se miraba al espejo, era más bien para encontrarse a si misma. Sentía que en los últimos días se había vuelto una persona totalmente diferente, ni siquiera cuando les había mentido a sus amigos sobre a donde había ido se sentía tan ajena así misma.
Miró directamente a los ojos a su reflejo… cómo le gustaría que Draco estuviera con ella en ese momento. De pronto, una punzada de añoranza la sacó de sus pensamientos.
–No me gusta la manera en que te ve Potter… –dijo Draco al salir del cuarto.
Se aseguraron que el pasillo estuviera vacío para no causar sospechas, de todas maneras, en cuanto salieron Draco se impuso el hechizo de ilusión.
–No debiste decirle eso, Draco –le regaño Hermione mirándolo con seriedad.
–¿Por decirle la verdad? Le hice un favor Hermione, es más, nos hice un favor… –le espeto Draco sin entender por qué le reclamaba.
–Pero tampoco tenías que herirlo…
–No lo defiendas Granger, no después de las cosas que él ha dicho –le cortó Draco comenzando a enojarse.
Hermione lo miró pensativa, se acercó a él y recargó su frente en su pecho.
–No discutamos… –susurró sobre su camisa.
Todo el enojo de Draco, se esfumó ante ese acto. Bufó indignado, ¿en qué momento decidió estar a merced de ella? Sin embargo, no sé quejó, de hecho… le gustaba. Ya no se sentía incomodo por lo que significaba sentir tanto por Hermione y que sus acciones estuvieran ligadas a ella, porque sabía que solamente era así con ella y eso estaba bien. De pronto, sonrió internamente al recordar un detalle: aunque su padre nunca lo hubiese admitido, él actuaba de la misma manera hacia Narcissa Malfoy, cualquier cosa que le pedía, lo cumplía. Así que cualquier cosa que Hermione le pidiera en ese mismo instante, se lo concedería sin dudarlo.
–Si Potter intenta hacerte algo… o simplemente te cansaste de estar en la madriguera de las comadrejas, no dudes en mandarme una lechuza –susurró Draco suavizando su tono, al tiempo que la rodeaba con sus brazos dispuesto a no discutir más.
Hermione sonrió negando con la cabeza mientras se separaba de él.
–Nos vemos en la escuela –se despidió Hermione.
–Tengo que advertirte… –dijo Draco seriamente apartándose de ella.– Me extrañarás mucho.
Hermione lanzó una carcajada, al tiempo que se lanzaba para besarlo.
–Créeme que serás tú quien me extrañé –contestó separándose de él finalmente. Olvidando por esos instantes lo que le esperaba de regreso al cuarto.
–No lo dudes… –dijo Draco sin pensarlo mientras comenzaba a caminar hacia el elevador.
Hermione le sonrió a su reflejo al recordar esa escena. Decidió que ya era hora de salir de su escondite y salir a reunirse con los demás, pero no contó que al salir del baño tropezaría con la persona que menos quería enfrentar: Harry.
Sin duda, lo que antes hubiera empezado con una plática normal acerca de la fiesta, ahora se había vuelto en un incomodo silencio por el hecho de no ya no saber cómo comportarse uno frente al otro después de los acontecimientos. ¿Qué eran ahora? ¿Cómo quedaron después de todo? A Harry al principio se le iluminaron los ojos al verla pero casi inmediatamente se recupero mirándola con un deje de decepción y resentimiento, tal como los últimos días. Hermione se dio cuenta de aquella reacción y decidió dejar las cosas en claro.
–Esta noche no, Harry –dijo con tono triste, aunque más bien era por estar cansada de discutir cada vez que se encontraban.
Harry la miró unos momentos, luego asintió con la cabeza e ignorándola se metió al baño. Hermione miró la puerta cerrada sintiéndose dividida en dos, por un lado deseaba hacer cualquier cosa por recuperar la normalidad entre ella y sus mejores amigos pero por el otro lado -el más correcto para ella-, tenía que aguantar y luchar hasta que confiaran en ella. Si de algo estaba segura, es que no iba a dejar a Draco para recuperar a sus amigos.
Después de aquel incidente, la fiesta de Navidad siguió como si nada hasta que el reloj marcó las cinco de la mañana, los invitados comenzaron a retirarse poco a poco, quedando solamente la familia Weasley, Hermione y Harry.
Antes de dormir, mientras escuchaba la respiración tranquila de Ginny, Hermione se imagino cómo hubiera sido haberse quedado en Hogwarts con Draco celebrando la navidad…
Al día siguiente, poco después del mediodía, toda la familia Weasley, Hermione y Harry, se reunieron en la sala para abrir los regalos, ya era toda una tradición hacerlo en compañía de un buen chocolate caliente y galletas caseras. A pesar del intenso frío que hacía afuera, dentro de la Madriguera se vivía un ambiente cálido, logrando que todos pudieran disfrutar un buen momento.
Siendo también ya una tradición, todos recibieron un suéter tejido por la Sra. Weasley, Hermione por lo general usaba aquel regalo los primeros días y luego terminaba ocupándolo como pijama en las noches frías. Se sentía siempre dichosa de recibir uno, cada uno de los suéteres que ha recibido tienen gran significado, porque representaba poder ser parte de la familia Weasley que desde el primer día la recibió con los brazos abiertos, al igual que a Harry.
El Sr. Weasley puso en la radio mágica su estación favorita. Todos rieron al escuchar la letra, era sobre amor en época navideña, donde una pareja se unía a causa de un muérdago, sin embargo la mejor parte fue cuando los Sres. Weasley comenzaron a tararearla. Justamente, cuando Molly Weasley estuvo a punto de irse a la cocina para preparar la comida después de los regalos, unos golpes en la ventana junto a la chimenea, calló a todos.
Inmediatamente voltearon y vieron una lechuza del otro lado del vidrio, no era ninguna conocida para nadie, ni siquiera parecía venir de alguna institución o algo parecido. Todos observaron a la criatura, la cual era una rara especie de lechuza, su plumaje realzaba elegancia y belleza. Sin duda, aquella lechuza le pertenecía a alguien con mucho dinero.
Fred Weasley fue el primero en reaccionar, se levantó de su silla para abrir la ventana. Enseguida la lechuza se metió en la vivienda y para sorpresa de todos, se detuvo delante de Hermione, dejando caer un paquete en sus piernas ¿Qué podría ser? Sus padres ya le habían mandado su regalo y pues, no esperaba nada más. Mientras tanto, sin esperar respuesta, la lechuza se fue por la ventana.
Siendo consciente de la mirada de todos puestos en ella, con nerviosismo reviso el paquete. La respuesta a su pregunta estaba en una nota encima del paquete, la caligrafía pulcra lo delataba aunque no tenía firma.
Feliz Navidad… Estoy seguro que en cuanto veas su interior pensarás: "no puedo aceptarlo, es mucho…" .Te aviso que este regalo no tiene devolución, además te lo mereces.
Hermione sonrió sin poder evitarlo. Abrió la envoltura del paquete sorprendiéndose de la elegante caja que había debajo de éste. Ahora, todos tenían la mirada puesta en el regalo misterioso de la castaña, esperando a que abriera aquella caja negra del tamaño de al menos 20 cm de ancho.
Sin darle más vueltas al asunto, abrió la caja. Hermione, Ginny y George no pudieron reprimir una exclamación de sorpresa.
–¿Qué es querida? –preguntó la Sra. Weasley por todos.
Sabiendo que aquel regalo difícilmente podría esconderlo, la castaña lo volteo con lentitud, la sorpresa general no se hizo esperar ante tal obsequio. Excepto Harry y Ron quienes enseguida pusieron cara de pocos amigos al adivinar quien le había dado aquello.
Hermione volvió a voltear el regalo hacia ella.
–Pruébatelo –dijo Ginny animando a su amiga y rompiendo el silencio.
De la caja, Hermione sacó collar realmente único, desde lejos se podía notar lo caro de él así como su elegancia. Cuando lo sacó por completo, se dio cuenta de una segunda nota pero por el momento la ignoro. La cadena era larga y plateada, estaba hecho de plata y terminaba con un diamante color verde oscuro en forma de gota, rodeado de plata, encerrando el inusual diamante.
–¿Quién lo mando? –preguntó el Sr. Weasley entre curioso y sorprendido, nunca había visto tanto lujo en un collar.
–No tiene nombre la tarjeta… –mintió Hermione.
–Investiga y casate con ese individuo –dijo Fred entre broma y verdad.
Todos rieron ignorando si en verdad les gustaría que se casase algún día con ese individuo. Hermione se ruborizó, en su vida le habían regalado algo tan caro, elegante y bonito. Ginny ayudó a su mejor amiga a ponérselo, era increíble como la plata y la esmeralda hacían contraste con la piel de la castaña. "La perfecta combinación" pensó Hermione intentando imaginar a Draco escogiendo el collar.
Después de unos momentos aún todos mirando el regalo, la Sra. Weasley llamó la atención de todos. Ya era hora de hacer la comida, por lo que pidió a todos dejar sus regalos en sus cuartos y regresar a ayudarla para preparar todo. Hermione no dudó, se levanto y se dirigió a paso rápido a la habitación que compartía con Ginny.
Ni siquiera se molesto en cerrar la puerta con seguro, simplemente se sentó en su cama, sacó la nota que estaba aún dentro de la caja y leyó:
"Habrá momentos en los cuales yo no voy a estar junto a ti… Este momento en el que estás leyendo esta nota es un claro ejemplo de ello. pero vendrán más en los cuales no estoy seguro cuánto tiempo estaremos lejos. Sabes lo que quiero decir…"
Hermione suspiro ante esas primeras líneas, empezaba directo sin ninguna cursilería. Sabía perfectamente a que momentos se refería Draco… cuando la guerra llegué a sus puertas y tengan que separarse a causa de sus bandos. La castaña sintió un escalofríos, era inevitable aquella guerra y le causaba temor pensar en el destino de ambos.
"Es por eso que te obsequio el collar, sé que no eres de esas mujeres que se dejan llevar por lo material, pero en cuanto lo vi supe que deberías tenerlo, además esos colores dicen mucho sobre quien te lo dio…. Así, en esos momentos en los que yo no esté a tu lado, simbólicamente lo estaré y nunca te dejaré, sobra decir lo mucho que deseo estar todo el tiempo a tu lado… sobra recordarte lo mucho que me importas… y que te quiero."
Hermione simplemente dejó de leer, sentía un calor inmenso en su pecho y rio mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Creyó que Draco nunca le daría muestras de cariño, durante semanas había creído que ella había sido la única tonta enamorada y que él sólo se divertía a costa de ello. Escucharlo hace unos días y ahora leerlo de la propia letra del slytherin, la hacía sumamente feliz.
"Quisiera escribirte mucho más… pero no es seguro. Ya en dos semanas nos veremos. Te advierto que pienso robarte todo el día… semana… bueno, serás mía por lo que quedé del curso. Cuidate"
Dobló la nota y la guardo en el libro que había dejado sobre su cama. Miró de reojo su baúl con una sonrisa traviesa. Hacía dos días cuando fue al callejón Diagon con la Sra. Weasley y Ginny, le compró un regalo a Draco. Después de una hora de haber buscado en las tiendas y de que incluso Ginny la haya ayudado, no había encontrado nada que valiera la pena y terminó preguntándose, ¿qué se le puede regalar a alguien que tiene todo? Fue hasta que de la nada, después de haberse dado por vencida, vio el regalo perfecto en uno de los aparadores de una tienda. Había pensado dárselo después de vacaciones para no levantar sospechas pero al parecer a él no le importo mucho y le mando su regalo antes.
–Si sólo te importaba el dinero… yo tengo muchísimo en mi cuenta en Gringotts, quizá no tanto como él pero si mucho –interrumpió una voz sus pensamientos detrás de ella.
Hermione ni siquiera volteo para saber quién era, al parecer Harry Potter quería discutir nuevamente.
–Me conoces perfectamente para saber que el dinero no me importa –respondió Hermione a la defensiva mirando por la ventana, como si el paisaje fuera más interesante que su repentina visita.
–Te conocía… querrás decir –corrigió Harry.
Hermione suspiró cansada, nunca creyó que las discusiones pudieran agotarla tanto.
–No, salgo con alguien diferente a mi pero yo sigo siendo la misma Hermione Granger – le recordó a Harry por enésima vez con un tono indiferente.
–Pues entonces, resultaste ser igual a las demás mujeres que se dejan llevar por los regalos caros –dijo Harry con toda la intención.
Los celos de ver ese collar en el cuello de Hermione comenzaban a matarlo. La expresión de ella al ver el regalo lo dejaron más ofendido aún de lo que ya estaba desde los días pasados. Las palabras le salían de la boca sin dudarlo y odiaba eso.
Hermione sin siquiera mirarlo, se levantó de la cama dispuesta marcharse de ahí pero Harry la detuvo del brazo.
–No… perdóname, yo no vine a discutir contigo –se disculpo enseguida mirándola con cariño a los ojos.
Hermione ya se estaba cansando de ese papel de Harry, actuaba de una forma tan inmadura que incluso no lo podía reconocer. Él le ha dicho numerosas veces que ella ha cambiado cuando él fue quien cambió completamente desde que se enteró de su relación con Malfoy. Una cosa era que estuviera dolido por la situación pero otra muy diferente era querer descargar todo con ella. De un movimiento se libró del agarre de Harry.
–¿Entonces, a que viniste? Porque durante los últimos días es la única razón por la que me hablas –le reclamó Hermione seriamente.
Harry guardo silencio, mirándola más de lo necesario.
–Sólo quiero entender… –dijo finalmente.
Hermione dudó sobre sus palabras pero desistió al final, camino hasta la ventana de la habitación para ordenar sus ideas y sus palabras.
–Este collar no es simplemente un accesorio muy caro, va más allá de lo material, tiene un significado emocional y no lo cambiaría por todo tu dinero Harry o el de alguien más –dijo la castaña con honestidad.
Harry se sintió herido por el tono de su voz pero no dijo nada, sabía que se lo merecía.
–¿Lo quieres? –preguntó Harry con miedo sabiendo ya la respuesta.
Hermione no aparto la vista de la ventana, no se atrevía a ver lo que causarían sus palabras en él.
–Sí, lo quiero muchísimo –respondió con seguridad para no dejar duda en sus palabras.
El silencio reino la habitación, aunque Harry estaba seguro que se escuchó por toda la habitación como su corazón había dado un vuelco, un nudo en la garganta lo llenó, pero aún así camino hasta estar al lado de Hermione y la miró. Sus rizos se veían más claros por la luz blanca que entraba por la ventana, sus ojos miel parecían lejanos, su rostro con ciertas pecas en la nariz resaltaban la belleza de la chica y sus labios… Harry no podía evitar que algo dentro de él le quemara al saber que Draco Malfoy pueda disputar de ello con libertad.
–¿Por qué? –preguntó Harry, su voz sonaba ronca y suplicante. No podía encontrar una buena razón por la cual ella quería estar con una persona como Malfoy, a pesar de que ya le había dado mil razones.
Hermione no respondió enseguida, no porque no supiera la respuesta, sino porque no encontraba las palabras exactas para expresarse y que él pudiera entender. Por primera vez desde la intromisión, miró a Harry directamente a los ojos.
–Porque de una manera inusual, nos complementamos… él acepta todo el paquete completo, incluido el hecho de que venga de padres muggles… me hace sentir viva, me hace sentir afortunada y dichosa a pesar de algunos malos momentos que hemos tenido que pasar… me siento segura y completa cuando estoy con él… además él… él… –Hermione se detuvo porque soltó una risa de nerviosismo.- Me quiere…
Harry no pudo evitar sentir celos y tristeza al darse cuenta cuán ella estaba enamorada de una persona que no la merecía… Sonrió cuando ella rió porque siempre su sonrisa lo contagiaba, sin embargo eso no evito que sintiera menos. No hubo necesidad de preguntarle más, su respuesta y su reacción fue demasiado notorio, sabía que decía la verdad.
Un terrible nudo en la garganta como en los días pasados se apodero de él, la desesperación lo llenó y mirándola con dolor le confesó:
–Yo puedo amarte como él nunca lo haría…
Hermione no lo podía reconocer. Él lo había acusado de haber cambiado cuando el que había cambiado era él, desde que se entero de su relación con Malfoy simplemente era otra persona. No entendía esa faceta de Harry y mucho menos sabía como ayudarlo. La castaña lo miró sorprendida por esas palabras, se ruborizo ligeramente pero tenía que poner un límite, antes de que él saliera más herido.
–Harry yo… hace unos meses te habría dicho sí, sin dudarlo. Creí que sólo era cuestión de tiempo para que ambos comenzáramos a tener una relación –comenzó a decir Hermione escogiendo las palabras exactas para que él entrará en razón.– Entonces llegó Draco… y puso todo mi mundo de cabeza, ¡por Merlin! no recuerdo nunca haber sentido tantas emociones con tan sólo mirar a una persona…
–Dame una oportunidad, yo soy lo mejor para ti –exclamó Harry como si no hubiese escuchado lo último.
Hermione negó con la cabeza, no va a mentir que lo que sintió por Harry pudo haberse convertido en algo muy bueno, quizás si su curiosidad no la hubiera llevado a conocer a Draco Malfoy, estaría con Harry creyendo estar enamorada. Pero así no fueron las cosas y a pesar de que existe la palabra "hubiera" en su mente al ver a Harry, nunca se arrepentiría de haber tomado la decisión de estar con Draco..
–Draco en ningún momento me ha tratado de convencer que él es lo mejor para mí, me dio la oportunidad de echarme para atrás con todo… –contesto Hermione dejando atrás su tono dulce.
–Bueno, es muy claro el porque Hermione. Estoy seguro que es un maldito mortifago y no sé cómo no puedes entender aún eso… -contestó Harry.
Hermione dejó escapar un suspiro, la "platica tranquila" termino en ese momento, volviendo a herirla con palabras intencionadas.
–Te lo diré de esta manera Harry. Eres el hombre perfecto –dijo mirándolo directamente a los ojos, para no dejar nada al beneficio de la duda, con todas las fuerzas que aún le quedaban para ser ruda con él, con todo el cariño que sentía por él y por lo que pudo haber pasado entre los dos.– ¡Pero no lo eres para mi…!
Vio como sus ojos verdes se oscurecían por el dolor que le causaron sus palabras, logró sostenerle la mirada unos momentos más y luego la aparto hacia la ventana. El silencio era demasiado mortal, demasiado latente que sólo impulso a Hermione a tener ganas de llorar, no le gustaba nada la manera en que tuvo que decirle la verdad a Harry pero él no le dejó otra alternativa.
–En verdad creo que nunca lo voy a entender… lo odias Hermione, muchísimo –dijo Harry después de unos momentos con la voz cortada.
–Lo odiaba… –corrigió Hermione con frialdad.
Otra vez silencio. Luego la castaña sólo escuchó los pasos de Harry alejarse de ella, saliendo rápidamente de la habitación de Ginny, hasta que sus pasos cesaron con el ruido de una puerta cerrandose con violencia. Hermione en todo momento sujeto con fuerza el collar de su cuello, finalmente soltó algunas lágrimas en silencio… "sólo dos semanas… sólo dos".
Las vacaciones siguieron su rumbo, algunos días más rápidos y otros más lentos.
Harry Potter apenas salía del dormitorio que compartía con Ron, sólo salía para cubrir sus necesidades básicas como comer, ir al baño y jugar quidditch. Siempre que le preguntaban sobre su estado, se excusaba diciendo: "estoy muy cansado", aunque sinceramente nadie le creía pero decidían callarse. A veces ser el niño que sobrevivió tenía ventajas porque respetan su privacidad, aunque sólo tres personas en aquella vivienda sabían la verdadera causa de su aislamiento.
Hermione ignoraba su comportamiento, era por el bien de Harry saber todas las cosas que le dijo la castaña y si no podía entender ni eso, ella ya no podía hacer nada más. Además, cuando menos se lo esperaba, tuvo que ayudar a la Sra. Weasley con los preparativos para la cena de año nuevo, lo cual la mantuvo lo suficientemente ocupada como para distraerse.
Para la celebración, se esperaban los mismos invitados que en la cena de Navidad, por lo que se necesitaba gran cantidad de comida, durante dos días Hermione aprendió numerosos hechizos de Molly Weasley acerca de la cocina sin embargo, al final prefirió hacerlo al estilo muggle para no perder la costumbre. Sin duda, admiraba la destreza de Molly en la cocina, alimentar a 9 personas diariamente tenía sus frutos.
Cuando se dieron cuenta, la última tarde del año se abría paso. Algunos invitados llegaron desde temprano para ayudar arreglar el lugar, poner las mesas y las sillas. En la ayuda de la cocina se había unido Tonks, bajo el estricto ojo de la Sra. Weasley, ayudo con las cosas más sencillas como el puré de papa y las salsas, para evitar algún accidente como por ejemplo: que el platillo más importante pudiera salir incomestible. De esa manera para Ginny, Hermione, Tonks, Fleur y Molly, el tiempo pasó rápido entre el trabajo y la plática amena, cuando el reloj marcó las siete de la tarde, la Sra. Weasley suspendió todo para que las demás pudieran ir arreglarse para la fiesta.
Después de darle un poco de orden a la cocina, cada quien se marcho. Hermione le otorgó primero la ducha a Ginny, mientras tanto, sacaba de su baúl un bonito vestido color verde que su madre le había comprado apenas, no era el gran vestido pero le encantaba. El largo llegaba apenas sobre las rodillas, mangas tres cuarto y un discreto escote en forma de u.
Se permitió un momento de vanidad, poniendose delante del espejo con el vestido encima, viendo como le quedaría. Por unos momentos se dejó llevar por su imaginación, si Draco estuviera ahí…
–Estoy segura de que combina perfectamente con el collar –interrumpió sus pensamientos una voz detrás de ella.
Ginny llevaba una bata y el cabello aún húmedo. Después de navidad, la pelirroja se había vuelto más accesible en cuanto al tema de Draco Malfoy. Por lo que a castaña agarró confianza y hablaba de Draco con su mejor amiga con naturalidad. Ya no tenía miedo a ser juzgada por ella.
–Ojalá pudiera estar aquí… –dijo Hermione nostálgica ¿algún día podrían compartir una fiesta de año nuevo, navidad…?
–Levanta esos ánimos –contestó Ginny mientras caminaba hasta su closet para escoger un vestido para la cena. A veces aún se sentía rara hablando de Malfoy frente a su mejor amiga pero hacía el esfuerzo por ella. –Pronto lo verás, además si apenas llevan meses juntos y ya te da regalos así… no lo sueltes.
Hermione rio al mismo tiempo que se ruborizaba.
–Falta muchísimo que recorrer… –contestó Hermione mientras agarraba sus cosas para luego irse al baño.
Luego de 20 minutos, Hermione salía del baño dejando entrar todo una nube de vapor de la puerta, se sentía fresca. Aunque supuso que tardo cuando no vio a Ginny en la habitación. Con toda la calma, se secó el cabello y se puso el vestido verde que yacía en la cama esperándola; se vio al espejo sonriendo, luego se colocó el collar pero pasó algo extraño. En cuanto la joya tocó su piel, sintió el tacto frío del objeto y ese frío traspasandola por todo el cuerpo, se llenó de un horrible presentimiento.
Su reflejo le devolvió una mirada asustada, ¿qué había sido aquello? ¿Acaso…? El presentimiento, dio paso a la ansiedad y con ello a las terribles ganas de hablar con Draco, ¿estará bien? Se preguntó inquieta por esa extraña sensación.
–Hermione –dijo una voz detrás de ella, dio un respingo espantada por la interrupción.
Se volteó enseguida para enfrentar a su amiga quien al principio la miró confundida por su reacción pero después sus facciones se endurecieron.
–¿Qué pasa? Estás pálida… ¿Te encuentras bien? –pregunto enseguida Ginny preocupada. Antes de bañarse estaba feliz y ahora estaba muy rara.
–Estoy bien, creo que ya necesito comer algo después de ayudar todo el día me siento cansada –mintió pésimamente Hermione mientras le daba la espalda y apretaba con fuerza el collar de su cuello, como si de esa manera lograra calmarse.
–Bueno, quizás puedas robar algo de la cocina… mi madre dice que no tardes mucho, aún nos falta preparar el ponche –respondió Ginny dudando sobre las palabras de su mejor amiga.
Sin embargo, después de darle el recado, salió de la habitación dejandola sola. La castaña se sentó en la cama con el pulso acelerado, se dedicó a calmarse y respirar profundamente durante varios minutos hasta que la sensación desapareció. Tal vez sólo habían sido locuras de ella.
Termino de arreglarse, mientras más rápido bajase ayudar, más rápido dejará de darle vueltas al asunto. Por eso no quiso hacer mucho trabajo en su cabello, cuando se bañó, se echó una poción alisadora para que por lo mínimo, sus rizos pudieran estar controlados durante la velada. Finalmente, se puso un par de pendientes que sus padres le habían regalado en su cumpleaños y ya lista, bajo ayudar.
Cuando el reloj marcó las diez de la noche, los invitados comenzaron a llegar, Remus Lupin fue el primero junto con Shacklebolt, después poco a poco, la sala de estar comenzó a llenarse de personas, todos miembros de la Orden. La música no se hizo esperar, Arthur Weasley puso uno de sus discos favoritos, Hermione nunca lo había escuchado pero por la expresión de todos, era un cantante muy famoso en el mundo mágico. Todo el mundo comentaba acerca de lo rápido que se había pasado el año, de los sucesos más importantes y sobretodo, cómo cambio su estilo de vida por la incertidumbre de la guerra que se avecinaba.
Ella misma no había tenido tiempo de pensar en todo lo que pasó en el año, sin embargo a pesar de todo, se sentía muy feliz por cómo termino su año. Por un lado se sentía emocionada de iniciar un nuevo año y por otro, tenía miedo de que finalmente la guerra llegase. No quiso darle más vueltas al asunto, así que se unió a las pláticas. Nuevamente el ambiente familiar se hizo presente, a pesar de que ninguna de esas personas eran sus parientes, se sentía así. Por eso, para Harry, Ron, Hermione y Ginny, su época favorita eran las fiestas decembrinas.
Desde el momento en que comenzaron a repartir copas de vino, el tiempo se pasó rápidamente entre charlas y risas, cuando menos lo esperaban, faltaba media hora para la medianoche. Fred y George intercambiaron una mirada cómplice, salieron de la habitación durante unos minutos y regresaron con las manos llenas de objetos: fuegos artificiales. Sus padres miraron a sus hijos algo preocupados, aunque una mirada de sus hijos y no pudieron evitar decirles no.
–Tengan cuidado –exclamó la Sra. Weasley viéndolos atravesar la sala para dirigirse al jardín.
–Cuidado es nuestro segundo nombre –contestó Fred lanzando un guiño a su madre.
Algunos rieron. Mientras otros se levantaban para seguirlos, entre ellos Harry, Ron, Hermione y Ginny. Hacía muchísimo frio en el jardín, ya no nevaba y esa misma mañana, los chicos habían quitado la nieve de al menos cinco metros de distancia desde la puerta. Charlie Weasley conjuró un hechizo alrededor del sitio para calentar el ambiente, algo que había aprendido para sobrevivir al frio de Noruega.
Fred y George su fueron un poco más allá para preparar los fuegos artificiales, enterrándolos en la nieve y en fila, listos para encenderlos.
–Creo que llamaremos mucho la atención con todo eso –comentó Hermione mirando de lejos a los gemelos Weasley.
–No te preocupes, la casa y sus alrededores están protegidos –le informó Lupin quien estaba a su lado tomado de la mano de Tonks.
De pronto unas campanas sonaron dentro de la Madriguera.
–¡Un minuto! –exclamó el Sr. Weasley.
Todos se miraron ansiosos, esperando. Fred y George regresaron corriendo a reunirse con los demás, con las varitas listas para el momento. Entonces nuevamente, unas campanas sonaron y el Sr. Weasley comenzó la cuenta, seguidos por todos los demás.
–¡10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1! ¡Feliz año nuevo! –exclamaron todos.
Fred y George lanzaron hechizos desde su lugar dirigidos a los fuegos artificiales y enseguida el espectáculo comenzó. El cielo se ilumino de decenas de colores, los abrazos y las felicitaciones no se hicieron esperar. Para sorpresa de Hermione, Ron la abrazó con torpeza sin decirle nada, seguido de Harry quien la abrazó con fuerza, no le dijo nada pero la mantuvo así por un largo rato. Cuando se separaron, la castaña no estaba segura de cómo comportarse, los fuegos artificiales iluminaban sus rostros de diferentes colores, incapaz de leer sus miradas. Y antes de que pudiera decirles algo, se alejaron de ella. No tuvo tiempo de pensarlo porque seguía recibiendo abrazos de felicitación.
El espectáculo de fuegos artificiales siguió iluminando el cielo, algunos formaban el año 1998 y otros sólo: feliz año nuevo. Se quedaron unos minutos afuera observándolos, hasta que poco a poco se desvanecieron, dejando paso nuevamente al cielo nocturno.
La Sra. Wealey anunció el comienzo de la cena, por lo que todos comenzaron acomodarse en el comedor. Afortunadamente, para Ginny, Tonks y Hermione, la magia existía, por lo que con unos movimientos de varita de parte de Molly y todos los platillos que prepararon aparecieron en la mesa por lo que pronto todos comenzaron a servirse.
Esta vez, fue Bill Weasley quien prendió la radio para sintonizar una estación de música para acompañarlos en su cena. Así, entre pláticas y risas, todo el mundo ceno hasta quedar más que satisfechos.
Nadie se había movido del comedor, el Sr. Weasley repartía una botella de vino por la mesa para quienes quisieran. Ya eran poco más de las tres de la mañana aunque a nadie le importaba demasiado, todos estaban contentos de estar ahí.
Hermione platicaba amenamente con Tonks acerca de anécdotas de cuando aún estudiaba en Hogwarts. Mientras tanto, de vez en cuando miraba a sus dos mejores amigos quienes estaban del otro lado de la mesa, ellos platicaban con Charlie Weasley quien igual contaba anécdotas sobre sus trabajos con dragones.
Sin embargo, había un lugar en la mesa donde se veían algo serios, al parecer discutían sobre misiones realizadas por la Orden. Pero una mirada de Molly Weasley, hizo que diera por terminado la cena, sin duda era un tema que no quería en su casa y todos respetaban eso. Además, la velada había avanzado de lo mejor para que todos se pusieran serios por ello.
De pronto, Arthur Weasley llamó la atención de todos dandole ligeros golpes a su copa. Todos callaron y lo miraron, Arthur se levantó de su silla y le sonrió a su esposa.
–Quiero decir sólo unas palabras… –comenzó a decir con emoción contenida.– Quiero agradecerles por estar esta noche aquí celebrando y teniendo una velada fantástica.
Todos sonrieron mientras varias miradas se cruzaban.
–Nos espera un año difícil, nos espera grandes retos y tengo la confianza que dentro de un año, estaremos todos juntos otra vez y ya no como una reunión de la Orden del Fénix… sino como una gran familia –dijo con un tono serio pero sonrió al decir a lo último.
Hermione se sintió incomoda, esas palabras se referían a la guerra y a la esperanza de que la próxima celebración de año nuevo, la guerra haya terminado para bien. Desvió la mirada hacia Harry y Ron, quienes los dos miraban sus vasos con detenimiento, pensando también en el significado serio de esas palabras. Arthur le dedicó otra mirada a su esposa quien tenía los ojos llenos de lágrimas, luego alzó su copa y dijo:
–Por todos nosotros… –brindó.
Todos agarraron su bebida y repitieron las palabras del Señor Weasley con esperanza.
Entonces, sucedió… la radio falló de momento perdiendo la transmisión, todos voltearon desconcertados hacia el aparato. Bill se paró para repararlo pero unas voces entrecortadas lo detuvieron, al principio no se entendía nada pero luego el mensaje fue más claro:
–Mor…fagos…. Ataque… mor… fagos… Azka… –la voz de un hombre los dejó a todos helados.
El silencio invadió el ambiente, las conversaciones y risas cesaron, el discurso del señor Weasley perdió significado… después, el sonido de la interferencia llenó el silencio. Fueron breves momentos en los que nadie dijo nada incapaces de creer lo que acababan de escuchar.
Instintivamente, Harry, Ron y Hermione se miraron anticipando esa adrenalina tan conocida,. Hermione recordó el presentimiento que había tenido hace unas horas cuando se puso el collar, ¿tendrá algo que ver?
Y como si alguien la hubiera escuchado, un patronus interrumpió por la ventana más cercana, atravesando el cristal y aterrizando en el centro de la mesa. Todos los presentes se sobresaltaron ante su presencia, Hermione ahogo un grito mientras observaba sorprendida al mono en forma de patronus. La boca del animal plateado se abrió y con una voz de hombre desconocida para ella, habló:
–Los mortífagos… atacan Azkaban… –comenzó a decir dejando a todos congelados.– Ataque en Azkaban… dementores de su lado, pretenden liberar a todos los prisioneros. Refuerzos… rápido.
El patronus desapareció, nadie podía asimilar la información ni moverse. Todos miraban el lugar donde había estado el patronus, como si quisieran asegurarse de que sólo había sido una ilusión o producto del vino, deseaban que sólo hubiera sido algo de su imaginación.
Y luego el caos se desató. Todos se pararon como impulsados de un resorte de sus asientos, no había tiempo de cambiarse ni de dudas, sólo había tiempo de agarrar la varita y la capa.
–Hermione… –la llamó Ron por primera vez en días, dejándose llevar por la adrenalina de la situación.
–Sí, estoy lista… vamos por las capas –dijo mirándolo a él y a Harry.
–¡Ustedes no irán a ningún lado! –exclamó la Sra. Weasley mientras le ponía su capa a Arthur.
–Lo siento, pero iremos, sobretodo nosotros –aseguró Harry sosteniéndole la mirada a Molly.
Hermione hizo caso omiso de aquello, subió corriendo las escaleras a su cuarto en busca de algo antes de irse.
–¡No, Ronald! Más te vale sentarte y esperar –exclamó Molly ahora dirigiéndose a su hijo, si no podía controlar a Harry y Hermione, al menos tenía poder sobre sus hijos.
–Cuando regresemos podrás castigarnos, además ya somos mayores de edad –dijo Ron desafiando a su madre cuando por dentro tenía miedo de ello.
Molly volteo a ver a su esposo esperanzada de que la ayudará, pero él negó con la cabeza entendiendo de que no sólo ya son mayores de edad para tomar sus propias decisiones y pelear, si no que, aquella batalla tiene que ver con Harry y por lo tanto también estarán ahí Ron y Hermione pase lo que pase.
En la Madriguera había alrededor de 15 miembros de la Orden dispuestos a ir a combatir. Enseguida, acordaron en irse en traslador por lo que Kingsley comenzó a encargarse de prepararlo, mientras Remus enviaba un patronus a Hogwarts, dando el mismo aviso que ellos habían recibido.
–Lo siento Molly pero ellos ya no son unos niños –dijo Tonks al ver la expresión de ella.
Hermione regresó al lugar con una bolsa pequeña de cuentas con ella y su capa de viaje. Los tres ya estaban listos e intercambiaron una mirada decididos a irse.
–Yo igual voy –se escuchó la voz de Ginny Weasley en medio del caos con determinación.
Antes de que sus padres la detuvieran, Harry volteo hacia ella con dureza agarrándola por los hombros.
–No. Ni siquiera tienes la mayoría de edad, quédate y ayuda a tu madre por cualquier cosa –dijo Harry seriamente.
Ginny odiaba tener que hacer eso, sólo porque era la más joven, soportar ver como todos se iban a pelear para tener un futuro mejor, mientras ella se tenía que conformar con quedarse a recibir noticias. Sin embargo, el hecho de que Harry se lo pedía, cambiaba todo.
–¿Quieres que te espere? –susurró Ginny dando un doble significado a sus palabras.
Harry dudó pero la miró a los ojos al responder.
–Si… –dijo acercandose a ella.
La expresión de Ginny cambió. Por primera vez en su vida se sintió como plato de segunda mesa, y por Merlín que lo quería pero se quiere más a sí misma, como para impedir dejarse humillar de esa manera. ¿Acaso piensa que tendrá que conformarse con ella? Pues no, ella no lo permitirá.
–Me voy a quedar, no por ti –contestó con dureza, quitando las manos de Harry de sus hombros sin ninguna delicadeza.– Me quedo por mi familia.
Harry la miró confundido durante unos instantes hasta que Hermione le habló esperándolo junto con los demás, alrededor de una botella vacía de vino. Los alcanzó sintiendo la ansiedad de llegar al lugar, sólo había escuchado rumores acerca de Azkaban de las anécdotas de Sirius Black cuando aún vivía. Respiro profundamente, no sólo tenía que estar preparado para enfrentar a mortifagos y dementores, quizás incluso al mismísimo Voldemort. Retuvo el aliento en el momento de la verdad, a lo lejos escuchó la voz de Kingsley, pero sólo estuvo consciente de la presencia de Hermione y Ron a su lado.
–Recuerden, aterrizaremos a unos metros del lugar para medir el terreno y la amenazas, cuidado con los barrancos, está oscuro y el lugar está lleno de rocas… si resultan heridos, aquí será el punto de encuentro –dijo Shacklebolt todos asintieron tensos ante la situación.– A la cuenta de tres; uno… dos… tres
Una opresión en el pecho, la falta de aire y un vuelco en el estomago se hicieron presente, las sensaciones familiares de la desaparición. El trío dorado en su vida había ido a Azkaban, no tenían ni idea de que esperar y no sabían que les daba más nervios: los cientos de dementores o las decenas de mortifagos.
Cuando menos lo esperaron, aterrizaron en suelo irregular, el frío y el viento helado azoto sus cuerpos; el mar se escuchaba a lo lejos, furioso y enloquecedor dandole un aire tétrico al edificio de piedra que se alzaba imponente a metros de ellos. Sin embargo, No hubo tiempo de observar más porque al instante, unos rayos de luz se dirigían al grupo.
–¡Cuidado! –exclamó George Weasley, a tiempo para que todos pudieran evitar ser tocados por los rayos.
–Sepárense –ordenó Lupin.
Casi inmediatamente, quienes les lanzaron los hechizos salieron a su encuentro. Todos mortifagos por las mascaras que tapaban sus rostros. Harry, Ron y Hermione enseguida alzaron sus varitas para atacar y defenderse a toda costa. Un mortifago alto lanzó un hechizo hacia Ron pero él lo desvió con destreza, después contraatacó dejándolo sin varita.
–¡Traten de llegar al edificio, ahí es donde necesitan ayuda! -exclamó Tonks a lo lejos jadeando mientras con destreza peleaba contra dos mortifagos.
–Vamos –exclamó Hermione mirando a Harry y Ron.
Rápidamente se pusieron en marcha, dejando atrás a los demás, todos los de la Orden trataban de seguir adelante, pero el grupo de mortifagos que los había atacado, eran más que ellos sin embargo no mejores. Se dieron cuenta que la mayoría de los mortifagos eran principiantes, sólo eran aquellos seguidores que por miedo habían aceptado ser parte del bando, porque no eran hábiles para la lucha como los eran los seguidores más leales a Voldemort.
Mientras corrían, el frio viento les azotaba los cuerpos, pero no lo sentían, estaban más ocupados en lanzar hechizos y protegerse. Se escuchaban gritos y explosiones por todas partes y lo peor de todo era el suelo, las piedras eran resbaladizas a causa de la humedad del lugar.
Harry, Hermione y Ron sincronizaban a la perfección, se cuidaban las espaldas y se defendían. No era la primera vez que luchaban juntos e intuían que no sería la última. Hermione, quien era la más hábil para los hechizos iba enfrente, Harry iba en medio y Ron para cuidarles la espalda iba al final.
–¡Protego! –exclamó Harry a su derecha para evitar un rayo azul.
–¡Es Potter! Hay que capturarlo –exclamó el mortifago que había lanzado el rayo azul.
–¡Desmaius! –gritó Hermione, haciendo que el enemigo perdiera la conciencia antes de que intentará hacer algo.
Avanzaron un par de metros y un grupo de cuatro mortifagos les bloquearon el camino, pero no contaban que atrás de ellos, varios miembros de la Orden les seguían el paso, por lo que enseguida se hicieron cargo de esos mortifagos. El trió siguió corriendo, esquivando hechizos, moviéndose lo más rápido que podían, a lo lejos vieron a los aurores, más miembros de la Orden del Fénix e incluso algunos civiles luchando.
Conforme se acercaban, el caos de la batalla era aún más grande, el número de personas aumentaba y no sabían a ciencia cierta de que bando eran más. Antes de que pudieran seguir avanzando, algo cambio en el ambiente, algo tenebroso se hizo presente en medio de la oscuridad del lugar, daba la impresión de que, de pronto, la neblina había bajado rápidamente.
–¿Harry…? –susurró Hermione tratando de ver a su alrededor, el cambio fue tan drástico que se sintieron transportados a otro lugar.
–Júntense –ordenó Harry agarrando a Hermione hacia él, mientras Ron se les unía, los tres estaban dándose la espalda y con la varita en alto asustados por la situación. Seguían escuchando los gritos y veían las luces tenues de los rayos de luz lanzados por las varitas, la neblina se había vuelto tan densa que ya no podían ver nada más.
–¿Qué está pasando? –preguntó Ron volteando a todos lados ansioso.
Hermione respiraba rápidamente, dándose cuenta del vaho que salía por su boca. Un escalofrío la invadió y entonces supo lo que pasaba, esa sensación le recordaba bastante a lo que ocurrió en Hogsmeade hace unas semanas. Enseguida volteo a su izquierda guiándose por sus sentidos.
–Dementores… –dijo Harry confirmando las sospechas de Hermione.
Como si con esa palabra, los hubiese invocado, una enorme sombra negra se dirigía a ellos, no había tiempo que perder.
–¡Expecto Patronum! –gritó Harry antes incluso de que los dementores pudieran causarle efecto en él.
Un ciervo plateado salió de la punta de su varita, trotando primero alrededor del trió para luego lanzarse hacia la sombra negra. Donde pasaba la figura plateada la neblina se disipaba confirmando que aquel cambio extraño en el ambiente era a causa de los dementores.
–Sigamos moviéndonos antes de que decidan atacarnos en serio –opino Ron.
Los dos chicos asintieron, mientras avanzaban ahora con cautela a causa de la poca visibilidad, Hermione lanzó igual un patronus para que los cuidara alrededor de ellos, mientras Ron lanzaba un escudo para protegerlos de algún ataque sorpresa.
–Everte statum –exclamo Harry para quitar a un mortifago frente a ellos.
–Incarcerus -exclamó una voz, sin embargo el escudo de Ron se deshizo para derribar un mortifago por lo que las cuerdas nadie las pudo bloquear. Haciendo que parte de ellas amarraran los pies de Hermione y Harry.
Ambos cayeron de bruces al suelo. Ron no podía ver de dónde había prevenido el ataque, pero se dio cuenta justo a tiempo para evitar ser atrapado por otras cuerdas que volaban directo hacia él.
–Depulso –exclamó el pelirrojo en cuanto vio la sombra negra correr hacia ellos. El mortifago salió volando perdiéndose de vista.
Ron enseguida se agachó para ayudar a sus amigos, cortando las cuerdas con un hechizo para luego ponerse en pie y estar al pendiente ante cualquier otro ataque.
–¿Estás bien? –preguntó Harry preocupado por Hermione, mientras la ayudaba a levantarse.
–Si… gracias, Ron –dijo la chica, con la respiración agitada.
Harry envió otro patronus, sintiendo nuevamente el cambio en el ambiente, no tenía ni idea donde rayos estaban los dementores pero igual lo envió, además así podrían ver sin neblina. Hasta este momento, se dieron cuenta de lo cerca que estaba la entrada de la prisión de Azkaban.
Ahora entendían porque todo el mundo temía visitar Azkaban. El edificio realmente era imponente, parecía que habían entrado a un cuento de terror en el cual, si entraban quizás nunca más podrían salir.
–¡Bombarda Maxima! –se escuchó que alguien exclamaba.
Ron enseguida abrazo a sus dos mejores amigos para protegerlos, actuando por instinto, mientras Hermione siendo más hábil, lanzó un hechizo escudo encima de ellos. Miraron como piedras tocaban el escudo sin embargo ninguno les pegó. Los gritos de quienes habían sufrido algún piedrazo no se hicieron esperar, de igual manera, el caos pareció desatarse aún más.
Los prisioneros estaban escapando.
–¡Atrápenlos! –escucharon la voz de un auror señalando a los prisioneros y al mismo tiempo lanzando hechizos aturdidores o cuerdas para que no pudieran escapar.
No obstante, todos los mortifagos que estaban alrededor, les cortaba las cuerdas para que pudieran escapar, así como también entretenían a los aurores o miembros de la Orden. El trió, a diestra y siniestra mandaba toda clase de hechizos para impedir su escapatoria.
–¡Van al segundo piso! Hay que impedir que lleguen ahí para que liberen más prisioneros –volvió a exclamar un auror de mediana edad, reuniendo a los que podían para ir tras los mortifagos que corrían al segundo piso.
–Tenemos que ayudarlos –dijo Hermione, pero Harry y Ron hicieron caso omiso.
Entonces, por iniciativa propia Hermione corrió a la entrada del edificio. Creyó escuchar a Harry gritar su nombre pero no hizo caso. Siguió corriendo, cuando se topo con un par de miembros de la Orden que sólo había visto en muy pocas ocasiones, llevaban consigo a dos heridos cada uno.
–¡Creemos que hay más heridos en el primer piso del edificio, pero no sabemos dónde! –exclamó una mujer alta con el cabello despeinado y con la cara manchada de tierra.
–Iré asegurarme de que no haya ningún herido más –dijo Hermione enseguida.
–Ve a la parte este, de ahí venimos… –escuchó la respuesta, sin embargo ya no volteo.
Hermione simplemente no pudo evitar arriesgarse para asegurarse de que no había nadie herido, estaba en su naturaleza ayudar a los demás y la adrenalina de la batalla la impulso a ir sola.
Mientras caminaba con pasos rápidos por el pasillo, dejaba pequeñas marcas en las paredes para no perderse, una vez leyó que Azkaban parecía un laberinto, así que por las dudas, las dejó ahí, sencillas para que ningún enemigo pudiera notarlo.
Conforme avanzaba, el ruido se iba apagando, hasta que ya no se escuchaba ni un alma lo cual sólo la ponía ansiosa. De hecho, igual conforme avanzaba, el lugar se hacía más oscuro a pesar de los huecos en las paredes como ventanas, algo en su interior le decía que había caído en la boca del lobo.
A pesar de ello, no se acobardó, así en cada celda que pasaba las iluminaba con su varita pero todas estaban vacías, podía sentir como cada vez más estaba más alejada de todo el mundo por el silencio mortal. Incluso tuvo el tonto pensamiento que todos se habían ido de Azkaban dejándola sola.
Después de unos minutos, decidió que efectivamente ya no quedaba nadie herido, pero justo cuando se daba media vuelta para irse, escuchó un gemido de dolor. Enseguida volteo con la varita en alto, agudizando su oido, se quedó parada ahí escuchando solamente el ruido de su rápida respiración. Nuevamente el sonido de alguien quejándose se volvió a escuchar. Provenía del final del pasillo.
Con suma precaución camino hacia ahí, sin embargo las últimas celdas estaban vacías.
–¿Pero qué…? –preguntó en voz alta confundida.
El sonido volvió a repetirse, por un momento creyó que provenía detrás de la pared aunque fuera imposible. Palmeo la fría piedra en busca de algún indicio de que era falsa. Pasaron los momentos, hasta que una corriente de aire le alboroto el cabello, proviniendo de su lado derecho. Volteo y sólo vio oscuridad, alzó la varita para iluminar el lugar pero apenas y veía la piedra alrededor del pasadizo que se abría paso.
Aquella curiosa pared sólo daba la ilusión de que el pasillo terminaba, era una ilusión óptica porque podría cualquier persona fácilmente pasar por aquel hueco. Respirando profundamente, se adentro ahí, el pasillo lo atravesó en unos cuantos pasos entrando por un lugar muy grande a comparación de las claustrofóbicas celdas, quizás servían como lugar de descanso para los vigilantes, pero no vio ningún mueble o algo así para confirmarle aquello, es más, estaba vacío el lugar.
Alzó su varita para poder iluminar más el lugar, inspeccionándolo. Volteo hacia su izquierda notando un par de huecos en la pared igual como en todo el edificio, donde entraba la corriente de aire frio, Hermione a lo lejos no vio ni un pedazo de tierra, todo era mar y oscuridad. De pronto una sombra en el suelo llamó su atención, con los nervios de punta, apuntó su varita descubriendo con horror un cuerpo de un auror. Tenía la garganta destrozada y la mirada perdida en el techo, al parecer los gemidos de dolor provenían de él como su último aliento de vida.
Totalmente horrorizada, dio varios pasos hacia atrás hasta que chocó con la pared… Sin embargo, unos robustos brazos la rodearon, las paredes no tienen brazos.
Soltó un grito de terror, pero una mano muy grande le tapo la boca. Podía sentir el sabor metálico de la sangre que tenía aquella mano, con horror comenzó a tratar de zafarse de aquellos brazos que la mantenían prisionera. Como si aquello no fuera suficiente, el extraño la apretó con más fuerza contra sí mismo, haciendo que ella sintiese un asco profundo por lo cercano de los cuerpos.
La mano que tenía sobre la boca, la obligo a ladear la cabeza, para exponer su cuello. Su atacante, se acercó a la piel expuesta…. Inhalándola con fuerza, podía sentir la rasposa de su barba y fue cuando entró en pánico. Quiso gritar pero la mano amortiguaba sus gritos.
–Sangre sucia Granger… –dijo su atacante como saboreando la palabra al decir aquello.– Vi a lo lejos como te separabas de tu grupo así que te seguí. Tienes ese olor tan exquisito…
Hermione reconoció la voz, su corazón dio un vuelco por el miedo, estaba completamente sola. ¡Por Merlin, fue una completa tonta! Ahora estaba en peligro de muerte y nadie sabía dónde estaba.
–Si… hueles a vainilla, con un toque de miedo y ligeramente a sudor de la batalla –siguió diciendo su atacante mientras nuevamente respiraba profundamente contra su cuello.– Lástima que sólo viniste hasta aquí para morir…
Fenrir Greyback estaba haciendo una promesa. Jugar con ella mientras la mataba lentamente, porque a él, le encantaba jugar con sus presas y Hermione desde el momento en el que entró aquel lugar, se convirtió en su objetivo.
Hola,
después de algunas semanas he podido actualizar, sinceramente creí que no podría hasta vacaciones pero si pude. (Llevo tres semanas durmiendo 5 hrs diarias)
¿Qué les pareció el capitulo? A mi me ha gustado escribirlo, aunque las escenas de batallas me cuestan trabajo creo que ha quedado muy bien. A partir de aquí las cosas se pondrán más intensas, sólo puedo decir eso :)
Muchas gracias por seguir mi historia, por sus comentarios y por aquellos que me dan favoritos (ojalá se animen a comentar también). Por cierto, ayer cumplió un año el one-shot que escribí sobre Pansy Parkinson, lo volví a leer y no le cambiaría nada, los invito a leerlo :)
Espero les haya gustado el capitulo, no olviden comentar: ¿qué creen que pasará en el siguiente capitulo?
Besos!
