Los minutos corrían rápido, Draco y Hermione no tenían el lujo de pasar mucho tiempo juntos de esa manera. No cuando a metros de distancia se desataba una batalla importante. Hasta ese momento, ninguno de los dos dijo algo acerca de lo que estaba sucediendo realmente, era muy claro que los mortifagos -el bando de Draco-, querían liberar a los prisioneros para tener más aliados e inspirar miedo a la población. Hablar de ello sería demasiado complicado en ese momento y ya habían discutido suficiente por ese día.

Así que sabiendo las circunstancias en las que se encontraban, decidieron que era hora de separarse, podían correr el riesgo de que alguien más decidiera ir a buscarlos sea el bando que sea. Y no podían arriesgarse más, ambos tenían que enfrentar lo que estuviese sucediendo en la batalla. La idea dejó a Hermione con miedo, afuera estaban las personas más importantes para ella peleando mientras estaba perdiendo el tiempo.

–Ayúdame a encontrar mi varita–le pidió Hermione a Draco dándose cuenta que la había perdido. Seguramente fue cuando Greyback la había apresado por segunda vez.

Lumos –murmuró Draco.

En cuanto el suelo fue iluminado, Hermione enseguida buscó su varita alrededor de ella, esperando que Draco hiciese lo mismo. Sin embargo él desvió su atención a un objeto en especial en ella, un ligero resplandor de un collar. Sintió cierta calidez en su pecho.

–Aquí esta –exclamó Hermione agachándose y recuperando su varita.

Cuando se volvió a incorporar, Draco la volvió abrazar una vez más con fuerza.

–El collar te queda muy bien –le dijo cerca de la oreja.

–Gracias –respondió Hermione sintiendo cierto rubor, pero tenía prioridades.– tenemos que irnos.

Se miraron una vez más, realmente ninguno de los dos eran conscientes del papel en el que estaban, quizás más tarde en el recuento de los daños la realidad los golpeara conforme sean testigos de las consecuencias de la batalla.

–Ve tu primero, tengo asuntos pendientes –dijo Draco señalando la sombra de Greyback en el suelo.

Hermione miró la figura inmóvil con desconfianza, nuevamente recordó lo que pudo haber pasado y un escalofrío le recorrió en el cuerpo.

–¿Le vas…? ¿Le vas hacer daño? –preguntó Hermione sin saber bien si quería saber la respuesta.

El rubio la miró, ella no tenía porque enterarse qué tanto se iba a vengar, había un atisbo de temor en su rostro y no tenía que ver con lo que pudiera hacerle a Greyback… Draco esta seguro que nunca olvidaría el modo en que ella lo miró hace un rato cuando tenía la mascara de mortifago, deseaba que ella nunca más lo mirara de esa manera. Podría lidiar con una expresión de odio como los años anteriores, pero no con esa expresión, como si él fuese capaz de hacerle daño a ella.

–No mucho… –admitió Draco no muy convencido de la reacción de Hermione.

Ella lo supo, le estaba mintiendo. Pero no le importó, nunca había sido partidaria de responder violencia con violencia, no estaba en sus principios, sin embargo no iba a discutir sobre ello. Esta vez se mantendría callada.

–Yo… –comenzó a decir Hermione buscando cómo despedirse.

Draco se acercó, le dio un beso en la frente y le dijo:

–Ve, nos veremos pronto –se despidió por ella.

La castaña no dijo nada más, murmuró lumos para guiarse en el camino de regreso, mirando por última vez a Draco, salió de ahí. Pudo ver las marcas que había dejado por lo que fue mucho más fácil el camino de regreso. Conforme avanzaba, se dio cuenta que aún tenía un temblor en las piernas y la adrenalina por todo el cuerpo. Había vivido muchas cosas peligrosas desde el primer año en Hogwarts y nunca había tenido tanto miedo como hace unos momentos que estuvo a manos de Fenrir Greyback. Era un miedo que no solamente se trataba por su vida, sino porque por primera vez desde el regreso de Voldemort ha tenido muy en claro el futuro que quiere para ella y la idea de renunciar a ello, fue lo que más le atemorizo.

No obstante, ya no era el momento para pensar sobre ello, tenía que tener la mente despejada porque no tenía ni idea con qué se enfrentaría una vez saliendo del edificio, sobre todo no quería dar sospechas de lo que le pasó. En cuanto salió de Azkaban, la realidad la golpeó con fuerza. Antes de adentrarse al edificio la situación era un desastre entre hechizos volando por todas partes y gritos, ahora todo era un verdadero caos. Si alguna vez quisiera imaginarse como sería la batalla final, el recuerdo de esto sería lo más cercano que podría imaginar. Por unos momentos, se sintió desubicada, no sabía qué hacer o a donde ir, ni siquiera podía reconocer rostros.

Estaba comenzando amanecer por lo que el panorama de los alrededores del edificio comenzaba a verse mejor pero no ayudaba demasiado. Todo eran gritos, luces de hechizos por todos lados, nubes de polvo por los hechizos fallidos y aún así no podía divisar a nadie conocido. ¿Dónde estaban Harry y Ron?

Entonces se escucho una gran explosión a unos metros de ella, viniendo del edificio. Se agachó por instinto mientras el sonido de un zumbido se quedaba en sus oídos.

–ESTÁN HUYENDO –gritó una voz que no pudo reconocer.

Sin embargo no se detuvo a ver de quien provenía la voz sino quienes estaban intentando huir. Vio como muchos de su bando corrían en dirección a la prisión lanzando hechizos a diestra y siniestra.

–¡Hermione! –exclamó una voz seguido de un abrazo que casi la derriba.

–Harry –respondió, volviendo a sentirse orientada, como si él fuera lo único estable en todo ese caos.

–¿Dónde rayos te habías metido? –preguntó más angustiado que enojado.

–Yo… ayude algunos en…

Pero no pudo terminar su oración porque otra explosión más intensa que la anterior se llevó a cabo, ambos se agacharon rápidamente. Aquello no podría ser nada bueno.

–LOS MORTIFAGOS HUYEN –gritó una voz cerca de ellos.

Ambos se volvieron sobre sí, los últimos estragos de la batalla se estaban librando entre los mortifagos queriendo huir y aquellos quienes hacían todo por atraparlos. Pero no había mucho que hacer, todos estaban desapareciendo y con habilidad evitaban las cuerdas; era una horrible impotencia correr tras ellos, lanzar cualquier hechizo que sea suficiente para detenerlos y fallar. El ataque y liberación de prisioneros en Azkaban había tenido éxito.

Con el comienzo del amanecer los mortifagos lograron escapar mientras algunos inútilmente querían perseguirlos, sin querer aceptar que la batalla lo había ganado el enemigo. Además, los mortifagos que llevaban máscaras y capuchas, lograron hacer un escudo entre ellos y los demás para que pudieran escapar. Hermione veía cómo unos trataban de romper el escudo mientras los últimos mortifagos desaparecían, rehuyó la mirada casi inmediatamente, no quería reconocer a Draco con el atuendo del enemigo. Lo había visto casi a oscuras y eso era suficiente.

Y como si Harry supiese exactamente lo que ella pensaba dijo:

–Hermione, sabes que él pudo haber estado aquí, ¿verdad? –insinuó Harry sin verla, tenía ambos puños apretados a su costado.

–No lo creo –mintió Hermione.

Harry no respondió, no era ni el momento ni el lugar para discutir nuevamente sobre la relación entre Draco y su mejor amiga, así que solamente alargó su mano para agarrar la de ella y darle un pequeño apretón. Podrían haber estado enojados con anterioridad pero durante la batalla cuando no vio a Hermione por ninguna parte, sintió una horrible preocupación. La castaña aceptó el gesto sin ningún problema, a unos metros de ellos Ron los veía mientras les dedicaba una sonrisa cansada.

La batalla había terminado y ahora quedaba el recuento de los daños.


La Madriguera era un caos, las personas iban y venían ayudando a los heridos. Muchos habían sido trasladados a San Mungo, pero al temer que pudiera haber un ataque en el hospital mágico, decidieron esparcir los heridos en zonas más seguras. Sanadores llegaron en trasladores y ayudaron incluso a instalar tiendas en el jardín para tener mejor espacio.

Los magos y brujas que resultaron ilesos, enseguida en cuanto los mortifagos huyeron, comenzaron a verificar quienes tenían heridas superficiales, graves y quienes habían perdido la vida. Contaron aproximadamente 50 heridos y 15 muertos, Hermione no conocía a la mayoría de los fallecidos y a otros los había visto un par de veces en las reuniones de la Orden del Fénix en las vacaciones de verano, no obstante, igual le pegaba con fuerza. La pérdida de vidas siempre causaba estragos, no importa de quien sea. No había tenido mucho tiempo de digerir la situación porque fueron enviados de regreso a la Madriguera a ayudar en lo que pudieran.

Después de varias horas, Ron estaba sumamente pálido ayudando a un señor quien había sufrido diversas cortadas muy profundas en el pecho, parecía que se iba a desmayar de un momento a otro pero su mirada demostraba concentración y determinación por lo que en ningún momento se detuvo a descansar. Harry por otro lado, ayudaba a transportar con magia a los heridos dependiendo del estado de su gravedad.

Hermione y Ginny pasaban pociones o realizaban hechizos de sanación junto con la Sra. Weasley, Tonks, Madame Pomfrey y otros voluntarios. Los más graves se encontraban dentro de la casa, algunos gritaban del dolor mientras otros permanecían al borde de la muerte. Hermione en su vida había visto cuánto daño podrían llegar hacer los maleficios, siempre creyó que las armas de fuego de los muggles eran lo peor que se pudo haber inventado y cuando se involucró en el mundo de la magia, nunca imaginó que también podía ser utilizado para causar heridas horripilantes en las personas.

Ya eran alrededor de las 11 de la mañana y aún no podían dejar de atender a todos, faltaban manos pero una parte de los magos y brujas se habían ido para encarcelar a los pocos mortifagos que lograron capturar. Lamentablemente, los que lograron capturar apenas eran iniciados por lo que ninguno sabía de los futuros planes de Voldemort, lo cual sólo demostraba que el enemigo estaba varios pasos a la delantera.

Hermione podría resumir todo como una dura batalla, muchos heridos e inútiles prisioneros. Para la noche, todos se encontraban en la cocina tratando de alimentarse un poco a pesar de las nauseas, la ansiedad y el coraje. Nadie decía ni una palabra, todos tenías una mirada ausente. El ataque a la prisión de Azkaban había sido una sorpresa, tomaron la festividad de año nuevo como buen distractor y ahora el número creció en el bando de Voldemort. ¿Qué se supone que deberían hacer ahora?

Ya no podía negarse que después de esto, Voldemort se encuentra agarrando cada vez más terreno mientras ellos apenas podían con los ataques a muggles y nacidos de muggles. Necesitarían de un milagro para poder vencerlo, de algo muy bueno para poner fin a todo antes de que la situación crezca más y sea demasiado tarde. Todos le dedicaban una mirada de vez en cuando a Harry, era claro que la profecía no era ningún secreto y ahora más que nunca, sabían que todo terminaría cayendo en manos de Harry Potter.

Entonces, Harry no pudo resistirlo más y sin decir nada a nadie, se fue a la habitación que compartía con Ron a encerrarse. Tal como lo había hecho los días anteriores por la situación de Hermione y Draco, pero ahora era como antes cuando la presión de ser El Elegido lo sofocaba.

En cuanto cerró la puerta detrás de él, soltó un suspiró de dolor. La culpabilidad y el remordimiento le estaban llenando la mente, seguramente tendrá pesadillas con los gritos, las heridas, las personas que murieron durante días. Se llevó ambas manos a la cabeza, tenía que hacer algo en cuanto antes, no puede permitir que más personas mueran o resulten heridas por su culpa, sobre todo no permitirá que la próxima vez sean personas más cercanas a él quienes terminen más perjudicadas. Ya era suficiente tener que compartir con él todo esto, para que ellos sufran de las consecuencias de su maldición -como él lo llama-. Lo peor es que difícilmente en Hogwarts logrará saber la manera de vencer a Voldemort.

Ya no es el niño del que puedas esconder la verdad y mentirle que todo estara bien. Ya no es el niño del que crean que no pueden decirle las cosas como son en realidad y mucho menos, ya no es el niño que no tenía ni idea de la existencia del mundo mágico. Ya ha aprendido por sus propias experiencias, del mal que pueda existir en el mundo mágico, ya no puede seguir ignorando su destino. No puede simplemente mantenerse indiferente a lo que pasó e irse a Hogwarts para huir y esconderse. Ya no…

Y como si todo fuese escuchado, la puerta de la habitación se abrió de momento, Harry volteo dispuesto a descargar su frustración con quien fuera, pero se contuvo al ver la persona en el umbral.

–Profesor Dumbledore… –dijo Harry sorprendido de ver al director en la Madriguera.

–Buenas noches Harry, temo que tendré que interrumpir tus reflexiones –lo saludó el anciano director.

–Yo… ¿qué está haciendo usted aquí? –respondió Harry.

Dumbledore soltó un suspiro de cansancio, de pronto pareció en verdad un anciano común y con todos los años sobre sus hombros. Sin embargo, aún le sonrió a Harry como diciéndole que todo estará bien, como siempre lo ha hecho desde la primera vez que lo conoció.

–Tengo que mostrarte algo importante, ya es hora de que lo sepas…


Hermione Granger miró su reflejo en el espejo, estaba mortalmente pálida pero aquello no era lo que más le asustaba, sino la sangre embarrada en el rostro, en las manos, en su ropa… Sangre que no era suya y la sentía como tal. Había pasado muchas horas ayudando a los heridos de la batalla, había visto tanto y escuchado tanto… De pronto, un sollozo se escapó de sus labios, incapaz de contenerlo más tiempo. Ahora es cuando entiende el significado de la guerra como tal, por Merlin, ellos encerrados en Hogwarts viviendo alguna clase de fantasía en la cual no pasaba nada… cuando afuera existía un mundo en caos a causa de una pronta guerra.

Abrió la llave de la regadera, no le importaba si está fría o caliente simplemente necesitaba limpiarse todo. Con urgencia se quitó toda la ropa botándola en un rincón sin querer saber nada de ella. Sin pensarlo se metió al agua, ignorando la protesta de su cuerpo con el contacto de agua fría, con desesperación comenzó a lavarse los brazos borrando los restos de sangre, la cara… todo. Vio como el agua bajo sus pies se tornaba roja y entonces comenzó a llorar, recargo su cabeza en el azulejo frío de la pared mientras el chorro de agua seguía cayendo sobre su cuerpo. Conforme se desahogaba, el agua comenzó a tibiarse hasta calentarse, lo suficiente para reconfortarla después de su llanto.

Tenía un presentimiento, uno terrible que le decía lo pronto que estaba la guerra final. El ataque a Azkaban era sólo el comienzo de otros más, había tantos objetivos posibles para el próximo plan de Voldemort hasta el último. Sentía que no estaban nada preparados para ello, los meses anteriores estaban demasiado ocupados con sus propias vidas en Hogwarts que nunca se detuvieron a pensar realmente lo que Voldemort podría estar planeando. Y ella, estaba tan concentrada en sus sentimientos por Draco… no se arrepentía de ello, porque ahora la idea de que pronto podría comenzar la verdadera guerra significaba su separación, y la idea de pasar más tiempo con Draco de regreso al castillo para robar más tiempo, suena como la perfecta solución.

Aún faltaban muchas cosas por decirse antes de que tengan que separarse por la guerra. Y tal vez, ya sea hora de que ambos elijan realmente en que bando estarán cuando eso suceda.


Los últimos días de vacaciones pasaron rápidamente, para fortuna de Harry, Ron, Hermione y Ginny. Apenas habían intercambiado palabras durante el tiempo que faltaba para regresar a Hogwarts, no era porque no quisieran, sino el mismo ambiente dentro de la Madriguera consumía sus estados de ánimo. Ni siquiera Harry se sentía con ánimos para contarles a Ron y Hermione lo que Dumbledore le dijo, apenas y él lo había asimilado.

Por ello la mañana en que tenían que regresar a Hogwarts, todos ya estaban listos desde una hora antes de la hora establecida para irse a King's Cross. La Orden del Fénix organizo una escolta pequeña para acompañarlos y sin mucha ceremonia, los chicos subieron al expreso de Hogwarts a esperar su salida, era la primera vez que habían llegado tan temprano.

–Cuando lleguemos al castillo tengo algo que contarles –dijo Harry a Ron y Hermione cuando se sentaron en un compartimiento, aprovechando que Ginny había ido a buscar a Luna. Después de eso, se rehusó a decir más.

Ninguno de los tres hablaba mientras esperaban a que el tren empezara a moverse. Hermione se sentía ansiosa, jugaba con su collar para calmar su ansiedad, no dejaba de ver por la ventana buscando. Al menos ya no tendría que fingir enfrente de sus amigos para ocultar su emoción.

Vieron como poco a poco el tren se iba medio llenando. Aún faltaban 15 largos minutos para que el tren partiera, había muchos alumnos realmente felices de sus vacaciones ignorando los hechos ocurridos hace unos días, al parecer en está ocasión la ignorancia es una bendición. No obstante, había otros alumnos que lucían temerosos de dejar a sus familias, era cuestión de tiempo que todos los demás supieran realmente lo que pasó.

Harry, Ron y Hermione recuerdan perfectamente la discusión que se desató en la Madriguera porque el Ministro de Magia obligo al periódico El Profeta a no decir nada sobre la batalla en Azkaban. Era realmente una ofensa para los ciudadanos no ser informados de lo que estaba pasando, pero el Ministro creía que desatar el pánico no iba a solucionar nada.

De pronto, la puerta compartimiento se abrió de golpe, dejando ver a Anthony Goldstein en el marco de la puerta. Hermione se sobresalto pero sonrió al verle, finalmente una cara amigable la veía.

–¿Puedo hablar contigo a solas? –dijo Anthony algo serio viendo las miradas que le dirigían Harry y Ron.

–No te preocupes por nosotros –respondió Ron con desdén.

Hermione miró con cara de pocos amigos a Ron, se levantó y salió del compartimiento cerrando la puerta tras ella. Estaba segura que una vez llegando al castillo, todo el mundo se dará cuenta de la incomodidad que existe entre Harry, Ron y ella. Sin embargo, no quería pensar en ello porque en cuanto estuvieron solos, Anthony la abrazo con mucho cariño.

–Escuché a Ginny Weasley y Luna Lovegood hablar que algo te había pasado antes de las vacaciones, no tenía ni idea –dijo Anthony sin soltarla.– ¿Por qué no me avisaste? Te hubiera ido a visitar.

La castaña sonrió agradecida. Era realmente una bendición tener un amigo en estos momentos, uno que no te mirara con desconfianza. Hermione se separó un poco de él para mirarlo.

–No fue nada grave, sólo estuve una noche en San Mungo –dijo Hermione sin darle importancia, su instancia en el hospital ahora lo veía muy lejano.– Por cierto, ¿recibiste mi regalo de navidad?

Anthony le sonrió.

–Si, muchas gracias… –dijo comenzando agradecerle por su regalo y carta en navidad, pero la atención de Hermione se desvió por encima del hombro de su amigo. Draco Malfoy se encontraba al otro extremo del pasillo, esperándola.– ¿Recibiste el mío?

Hermione pestañeo esperando que Anthony no viera a quien estaba mirando.

–Si, muchas gracias por el libro –agradeció devolviéndole la sonrisa.

La castaña volvió a desviar la mirada hacia Draco, quien la veía con una sonrisa burlona en el rostro.

–De nada, ¿nos vemos al rato en la cena? –respondió Anthony al tiempo que la volvía abrazar.– Me alegra de verte bien.

Hermione respondió al abrazo sintiéndose feliz por primera vez en días. Era curioso como surgió su amistad con Anthony, no había sentimientos más allá de la amistad y desde el principio fue como si fueran amigos de años. Volvió a mirar a Draco para dedicarle una sonrisa y él le respondió con un guiño.

–Gracias por preocuparte, nos vemos al rato –se despidió Hermione una vez separados.

–Sí, nos vemos al rato –dijo Anthony y se fue.

Hermione y Draco se quedaron solos en el pasillo.

Una de las buenas cosas del regreso de las vacaciones de invierno, es que el expreso no se llenaba en su totalidad, como en la zona en la que estaban, sólo había un compartimiento más ocupado. Este año, la mayoría de los estudiantes se quedaron en Hogwarts para las festividades, seguramente más por su seguridad.

Draco le dio la espalda y camino hasta meterse en un compartimiento vació. Hermione no regresó al suyo con Harry y Ron, camino por el pasillo y entró al mismo que Draco. Él estaba parado en medio, esperándola. Ambos se miraron unos momentos, ya no estaba la coquetería que habían compartido hace un rato. Tuvieron de pronto un deja vú, ambos a la misma distancia pero en Azkaban, donde Hermione creía que iba a ser atacada por un mortifago después de ser casi asesinada por Fenrir Greyback.

Hermione soltó un enorme suspiró. Hasta ese momento, no había recordado ese encuentro en el que vio a Draco con su mascara de mortifago y ahora, sólo lucia como un joven de 17 años. Aquella realidad los golpeo sin piedad.

–No me mires así –interrumpido Draco el silencio.– No lo hagas.

–¿Cómo? –preguntó Hermione estando segura de no haberlo mirado diferente.

Draco desvió la mirada incapaz de soportarlo. Estaba acostumbrado a que las personas bajaran la vista al sentirse demasiado intimidados por él.

–Como si te fuera hacer daño… –respondió.

Hermione no se esperó esa respuesta. Sus ojos brillaron a causa de las repentinas lágrimas que se acumularon, el recuerdo de la batalla de Azkaban hicieron que inconscientemente tuviera miedo de él.

–Sé que eres incapaz de hacerme daño, Draco –dijo la castaña.

Draco la volvió a mirar, se veía tan vulnerable.

–Pronto va haber una guerra, ¿no es así? –preguntó Hermione sabiendo ya la respuesta, pero necesitaba escucharlo de él.

El rubio no dijo nada, le mantuvo la mirada incapaz de responderle. No había por qué esconder la verdad. Hermione dio un paso atrás.

–Draco, no es buena idea seguir engañándonos… tal vez es hora de separarnos –dijo la castaña como si fuera una sentencia de muerte.

El rubio no pudo esconder su sorpresa. Enseguida, acortó la distancia entre los dos y la besó con desesperación. Hermione no opuso resistencia respondiéndole con la misma ferocidad, miedo y dolor. Sentía un dolor horrible en el pecho, ante la idea que ella propuso y lo peor es que no tenía planeado decirle eso. Obviamente no quería separarse de él.

–No –susurró Draco con súplica rozando sus labios.– No…

–Draco…

–¡Escuchame! No tenemos por que decidirlo ahora –comenzó a decir el slytherin ignorando el nudo en su garganta.– Aún tenemos tiempo y no pienso desperdiciarlo tratando de ignorar lo que siento por ti, Hermione yo… yo te…

–Lo sé –interrumpió Hermione mientras acariciaba la mejilla de Draco.

–Ya es muy tarde para nosotros.

La castaña lo abrazo con fuerza. No tenía sentido separarse ahora, sería lo peor para ambos y una gran perdida de tiempo. Pero el miedo se había apoderado de ella.

–Además, tengo que cumplir mi promesa –dijo Draco separándose de ella.

–¿Cuál? –preguntó curiosa.

–Prometí secuestrarte durante todo el día –respondió con una sonrisa maliciosa.

Hermione no pudo evitar sonreír, ¿cómo es que él lograba hacerla sonreír con un sólo gesto? Entonces ella lo besó, sin ninguna desesperación o dolor sino con todo el amor que sentía por él. Draco le correspondió sin protestar, habían sido unos días muy largos esperando este encuentro, durante todo ese tiempo, no había dejado de pensar en ellos, en su futuro… lo cual lo estaba matando porque no tenía ni idea de lo que pasaría. Después del ataque en la prisión de Azkaban, se hizo muy evidente lo cerca de que Voldemort atacará con todo su poder. No esta seguro donde estará él cuando eso llegue a pasar. Pero por lo mientras, dejarse llevar por los besos de la castaña parecía la mejor opción.


El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando Hermione entró sigilosamente a la sala común de Gryffindor, estando segura de que no habría nadie ahí a esa hora, se paseo sin cuidado, además por primera vez, no le importaba si la mismísima profesora McGonagall estuviera ahí esperándola.

Después de su encuentro con Draco en el expreso de Hogwarts, espero cuatro largas horas para que llegaran a Hogsmeade, luego más de media hora para llegar al castillo en carruajes. La espera simplemente se le hizo eterna, contando el hecho de que durante todo el trayecto, apenas y cruzó palabras con Harry y Ron. Por eso en cuanto se cruzó con Draco en el Hall, basto solamente un gesto para arreglar un acuerdo.

Las horas dentro del cuarto cerca de la torre de astronomía, se pasaron muy rápidas, cuando Hermione se dio cuenta ya tendría que regresar a la torre de Gryffindor para cambiarse y darse una ducha, si quería ir a tiempo a clases. Después de unos largos minutos despidiéndose, por fin había logrado llegar a su destino.

Pero ahora, no contaba con la presencia de un alumno en particular. Unos ojos verde esmeralda, la miraban desde su lugar con total detenimiento y algo de resentimiento, Harry pensó que ella se delataba demasiado: su sonrisa radiante, el brillo en los ojos, las mejillas sonrojadas, toda ella mostraba… felicidad y eso simplemente le dolió.

Cuando Hermione lo vio, brincó del susto, no se esperaba encontrárselo a esas horas y mucho menos en medio de la oscuridad. Su mirada le provocó un mal presentimiento.

–Creo que no son necesarias las preguntas, ¿no es así? –le dijo Harry conteniéndose.

Hermione no dijo nada, simplemente se atrevió a mirarlo.

–¿Y bien, tenías alguna excusa preparada? – reclamó sintiéndose otra vez impotente ante la situación, aún sin poder creerlo.– Dime otra de tus mentiras Hermione…

–Basta Harry, ya hablamos de esto –dijo Hermione claramente para que entendiera.

Pero Harry no escuchó, pateo con fuerza la mesa del centro haciendo que ésta se volteara, mientras camino hacia la castaña quien se mantuvo con la cabeza en alto, no le tenía miedo a Harry porque por mucho que pudiera estar enojado con ella nunca le haría daño. Su mejor amigo se detuvo a centímetros de ella, la tenía muy cerca… lo suficiente para perder el control y querer hacerla olvidar a Draco. Pero no era correcto y tampoco era la manera de hacerlo.

–Se supone que tú y yo, acabaríamos juntos… –dijo Harry en un suspiro.

–¿Según quienes? –respondió ella.

–Todos… Incluyéndome.

–Ese ese es el problema, los demás ven lo que quieren ver y ellos no deciden por nosotros.

Hubo una pausa. Harry se pasó una mano por el cabello tratando de ordenar sus ideas, tratando de prepararse para lo que se venía porque no era lo mismo saberlo que aceptarlo.

–¿Sabes? Estuve pensando mucho en los últimos días antes de lo que pasó en Azkaban –comenzó a decir Harry, mirándola a los ojos.– Acerca de nosotros…

Hermione lo veía atenta, no quería causarle aún más dolor a su mejor amigo.

-¿Qué pensaste? -preguntó Hermione animándolo a seguir.

Harry no respondió de inmediato, alzó su mano y quitó un rizo rebelde de la frente de Hermione, admirándola… mirándola como si fuera la última vez o quizás la primera. La castaña no se quitó, vigilando los movimientos de su mejor amigo. Harry deslizo la yema de sus dedos por el contorno del rostro de Hermione.

–Si tuviéramos algo más allá que la amistad… sería demasiado sencillo. Funcionaríamos por un rato –confesó Harry sin dejar de mirarla o acariciarla.– Seriamos demasiado predecibles uno con el otro, quizás hasta terminaríamos hartos y odiándonos. Aún así, pienso que eres la mujer perfecta para mí, algo dentro de mí lo siente y lo sabe con toda seguridad… pero yo no soy perfecto para ti y nunca lo seré.

Hermione podía ver claramente la melancolía en sus ojos y palabras, el dolor que emanaba al aceptar la realidad. No pudo evitarlo y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

–Sabes que encontrarás a alguien para ti, Harry –dijo Hermione con sinceridad.

-Yo te quiero… en verdad lo hago –contestó Harry de inmediato, ahora delineando sus labios.- Por supuesto que me duele verte con alguien más, pero me duele y me enoja que sea Draco Malfoy.

–Harry…

-Espera aún no termino. Eso es lo que me atormenta y se me hace tan difícil de entender ¿por qué él?

Harry se atrevió acercarse un poco más a ella, no recibió alguna queja por lo que no se detuvo.

–Después pensé porque él va en contra de todo lo que conoces, no necesitas de tu lógica, de tu razonamiento o de cualquier otra cosa a la que normalmente acudes para entender a las personas que te rodean para comprenderlo a él… con él eres más libre de hacer lo que quieres y no lo que los demás esperan de ti.

Hermione lo miró sorprendida, porque quizás no se explico del todo bien pero tenía toda la razón en ello. Con Draco ella podría dejar de ser la sabelotodo Granger y no necesitaba de su lógica porque él es bastante impredecible en su personalidad.

–Lo siento… –soltó Hermione de repente, Harry por fin lo había entendido y aunque de cierta manera se resigno, eso no dejaba de lado el asunto de que está herido.

Harry sonrió con melancolía.

–No vale la pena perderte como mi mejor amiga… – contestó.

Hermione sonrió levemente. Entonces, Harry se acercó aún más… rozó sus labios en un movimiento tan suave y lento, provocándole escalofríos. Sigilosamente deslizo su mano alrededor de la cintura de ella, conteniendo el aliento para no echar a perder el momento.

–No… –susurró Hermione sin mucha convicción.

–No voy hacerlo, al menos que tú me lo pidas… Sólo quiero que recuerdes este momento en el que casi pasamos a algo más –susurró Harry.

Hermione cerró los ojos, estaban cerca… era tan tentador… pero no iba a caer en ello. Posó sus manos en el pecho de su mejor amigo, sintiendo el rápido latido de su corazón bajo la palma derecha. Harry la acercó aún más y en ese momento, la castaña abrió los ojos mientras lo empujaba suavemente. Harry agachó la mirada sintiendo un terrible vario en el pecho, luego la enfrento.

–Buenos días, Harry –dijo Hermione mientras vio como apenas se asomaba algo de luz por la ventana.

Sin esperar respuesta, le dio la espalda y comenzó a subir las escaleras hacia su habitación, sintiendo la mirada verde fija en su espalda.


Durmió solamente tres horas, sin embargo no se sentía cansada cuando se levantó para ir a clases. Por alguna razón, mientras se cambiaba, un sentimiento de culpabilidad la llenó tomándola por sorpresa y sin dejarla tranquila. Todo cambio, en cuanto bajó a la sala común, ahí la estaban esperando sus dos mejores amigos como siempre lo habían hecho.

Cuando los alcanzó, Ron dio un paso hacia ella fijándose de que no hubiese nadie a su alrededor para escucharlos.

–Hermione… yo… lo siento, siempre has confiado en mí, aunque no tengas un buen motivo y creo que es hora de que yo confié en ti sin esperar nada –dijo Ron nervioso sin saber bien como expresarse, finalmente sonrió.

Hermione se quedó mirándolo sorprendida, era obvio que él y Harry habían hablado y cuando pudo comprender bien las palabras de Ron, le regreso una enorme sonrisa y se abalanzó sobre él para abrazarlo con fuerza. Logrando que casi ambos terminasen en el suelo.

–¡Por Merlin, Hermione! –exclamó Ron riendo, uniéndose a la alegría de su mejor amiga y correspondiendo su abrazo.

–Gracias –le susurró sinceramente.

A Ron le sorprendió el tono de su voz, lo cual hizo que la abrazarse más fuerte. Aunque, de pronto un empujón los sacó de su reconciliación. Ambos se separaron desconcertados, mirando quién había sido la persona y enseguida vieron salir a una cabellera muy familiar.

–Creo que tú y Lavender acaban de terminar –dijo Harry, mirando como salía furiosa de la sala común.

–Lo siento –dijo Hermione apenada.

–No te preocupes, ya era hora –contestó el pelirrojo para luego reír.– Sólo me ahorraste el discurso.

Los otros dos igual rieron, nunca les cayó bien Lavender Brown, siempre había sido demasiado posesiva y le encantaba meterse entre ellos, al menos ahora ya no estarán pegados a ellos o más bien pegada a Ron. Después de ello, los tres caminaron hacia la salida de la torre, Ron fue el primero en salir mientras Harry le daba el paso a Hermione, quien le sonrió cuando sus miradas se encontraron.

–Buenos días, Hermione –saludó Harry como si nada, lo cual agradeció internamente la castaña, aún sin poder olvidar lo que había pasado hace unas horas.

Los tres llegaron al Gran Comedor, como siempre, Hermione escogió el lugar frente a la mesa de Slytherin. Draco Malfoy en cuanto la vio llegar, no le quito los ojos de encima hasta que sus miradas se cruzaron, ambos siendo totalmente discretos.

–Buenos días –saludó Ginny sentándose junto a Hermione.

Todos le regresaron el saludo. No se podía negar, había algo nuevo en el ambiente porque ya no había más incomodidad, silencios o dudas respecto uno al otro; Hermione ya no buscaba una mentira con la cual engañarlos, ni Harry se daba cuenta de ello y Ron no huía de la compañía de Lavender. Ahora era como si los tres volviesen a tener sincronía como siempre lo ha sido su amistad. Incluso Ginny y Neville quienes se sentaron junto a ellos, sintieron el cambio.

Hermione miró a Ron y luego a Harry, deslizo su mano en medio de la mesa y los dos la tomaron. Quizás fue después del ataque en Azkaban en que se dieron cuenta que no valía la pena pelear entre ellos, no tenía ningún sentido porque entonces serán un blanco muy fácil y no podían serlo frente a un enemigo tan poderoso. Juntos pueden ganar pero separados no tendrían posibilidades. La guerra ya había empezado desde hace tiempo, no había duda de ello… pero aún faltaba mucho más, sobretodo la confrontación final como para perder el tiempo en peleas sin sentido y entre viejos rivales. Si ganan, ya habrá tiempo para arreglar otros asuntos.

Finalmente, soltaron sus manos dispuestos a terminar su desayuno. Hermione nuevamente buscó la mirada de Draco, sintiéndose por primera vez en paz, pero algo dentro de ella le decía que sólo eran unos momentos robados.


Para después del almuerzo, Harry les pidió hablar con Ron y Hermione sobre algo muy importante, el día anterior ya no pudo por la repentina desaparición de su mejor amiga, pero tenía que hacérselos saber cuanto antes. Por lo que los tres caminaron hacia los terrenos del castillo, aún hacía mucho frio, pero de esa manera no se encontrarían con nadie que los pueda interrumpir. Caminaron hasta la orilla del lago, el cual aún estaba congelado.

–Ya dinos qué pasa, Harry –dijo Ron sin aguantar más el tenso silencio.

–¿Qué quieres decirnos? –preguntó Hermione animando a su amigo a hablar.

Harry movía las manos inquieto, no quería aceptarlo pero lo tenía bastante preocupado el asunto que Dumbledore le dijo ese día. Así que era mejor decirles de una vez.

–Después del ataque en Azkaban, Dumbledore fue a visitarme –comenzó a decir, mirándolos para que no lo interrumpieran.– Me dijo que ya era hora de que supiera algo muy importante, la verdad acerca de Voldemort. Quería decirme en cuanto tuviera más información sobre ello, pero dadas las circunstancias, decidió hacerlo ahora.

Hubo silencio, Ron y Hermione tenían un terrible presentimiento sobre ello. No les gustaba para nada el tono en que lo decía y mucho menos la expresión de su rostro.

–Dumbledore me habló acerca de los horrocruxes… –dijo finalmente.

Harry miró a Hermione con esperanza, porque si ella ya tenía idea sobre lo que era, las cosas no serían tan difíciles, no obstante, su mejor amiga lo miró confundida. Ron se dio cuenta de lo mismo.

–¡Por Merlin! Si tú no sabes que son esas cosas, estamos perdidos –dijo Ron mirándola.

Hermione lo miró ofendida, aunque de alguna manera si comenzó a preocuparse.

–¿Qué son los horrocruxes? –preguntó Hermione para que Harry continuará.

–Es algo complicado, pero es un fragmento de alma guardado en algún objeto para lograr la inmortalidad… –explico lo más breve y entendible posible.

Ron abrió la boca desconcertado porque nunca había escuchado que pudiese existir algo como ello, apostaba todo a que sin duda era magia muy peligrosa. Hermione enseguida comenzó a entender muchas cosas respecto a varios misterios alrededor de Voldemort.

–Es por ello que no murió cuando la maldición le reboto a él, el día que trató de asesinarte –susurró Hermione sorprendida por los hechos.

–Exacto, estos objetos pueden ser cualquier cosa pero afortunadamente Voldemort tenía cierto interés con los objetos de los antiguos fundadores de Hogwarts –dijo Harry esperando a que empezarán con las preguntas.– Dumbledore lo mencionó además de que me mostró algunos recuerdos…

–Pero, ¿cómo… se crean? –preguntó Ron aún incapaz de creer que las posibilidades de vencer al mago tenebroso se redujeron.

–Es obvio Ron, matando… –contestó Hermione por Harry.

El silencio nuevamente se hizo latente en ellos, tenían un grave problema si Voldemort había creado aquellos objetos para permanecer inmortal y por lo tanto, invencible. El tiempo corría, los ataques aumentaban, la batalla final podría ser en cualquier momento y ellos estaban muy lejos de vencerlo.

–¿Cuántos son? –preguntó Hermione temiendo la respuesta.

–Siete, aunque ya se han destruido dos –respondió Harry y viendo la cara de sus amigos, decidió seguir.– Dumbledore destruyó el anillo que pertenecía a su familia, mientras que yo sin saberlo, destruí otro: el diario, en la cámara de los secretos.

–¿Quién iba a decirlo? –dijo Ron impresionado.

Harry ya había tenido tiempo para asimilar todo, por lo que no se mostraba sorprendido ante eso, por otra parte, sus dos mejores amigos apenas y hablaban, seguían tratando de asimilar la información para sacar sus propias conclusiones.

–¿Alguna idea de cuales son? O ¿en donde están? –preguntó Ron esperando escuchar buenas noticias.

–Mañana me reuniré con Dumbledore en su oficina y me dirá más sobre el tema –respondio Harry.

Hermione enseguida se propuso a investigar a fondo la biblioteca, nunca había escuchado ni leído ese término, está segura que algo como eso no se encontrará en la sección normal, tendría que ir a la prohibida aunque sea a escondidas. Tenía que empezar lo más pronto posible.

–El hecho de que les diga esto, es porque estar aquí en el castillo no destruirá los horrocruxes… cuando llegué el momento, tendré que irme de aquí en busca de ellos y quizás pase mucho tiempo sin comunicarme –comenzó a decir Harry ignorando la mirada de sus mejores amigos.

–¡No vamos a discutir de esto, otra vez! Vamos a ir contigo, te guste o no… No vas a poder solo y aparte, los tres somos un equipo –interrumpió Hermione enojada.

–Tiene razón, no te conviene llevarle la contraria –Ron apoyó las palabras de la castaña.

Harry los miró dudando, pero luego sonrió.

–Sí, ya sabía que pasaría esto –admitió.

–Entonces, no sé porque cada vez dices lo mismo… –dijo Hermione mientras se acercaba a él y alentó a Ron para que hiciese lo mismo.

Los abrazó a ambos y ellos correspondieron, cada chico descansaba en un hombro de Hermione.

–Juntos… sin importar nada –dijo Hermione enfatizando la frase para que sonará cursi al propósito.

Sus dos mejores amigos rieron, sabiendo que era verdad aquello.

–Hasta el final –respondió Ron.

-Yo igual los quiero -se burló Harry.


Draco Malfoy se encontraba sentado en el sillón, mirando con atención la puerta. Llevaba más de una hora esperando a Hermione pero ella aún no llegaba, por primera vez estaba poniendo a prueba toda su paciencia para no salir de allí e ir en su busca. ¿Y si algo le ocurrió? Entonces recordó la charla en la mañana, en la que convocaron a Blaise y Pansy, por la sospecha del ataque a Hermione Granger, al parecer durante las vacaciones, el profesor Dumbledore recibió una nota anónima relatando los hechos.

A la hora del almuerzo, Blaise y Pansy le contaron el sermón que les dio Severus Snape y luego los castigos que les asignaron, sumamente indignantes para personas como ellas, además de la amenaza de expulsión ante cualquier indicio de un mal comportamiento. Por supuesto que Draco se salvó porque nunca participó directamente en ello. Lo cual sus compañeros nunca le reprocharon.

Miró nuevamente con impaciencia el reloj, marcaba las ocho y cuarto de la noche. No podía más, se levantó y caminó hacia la salida a paso rápido. El primer lugar en el que buscaría sería en la biblioteca, por lo que se dirigió ahí enseguida. Pero en cuanto llegó se sorprendió de no verla ahí, había unos cuantos estudiantes, miró hacia la mesa favorita de la castaña… Sin embargo, algo le decía que no la encontraría en ningún otro lugar, por lo que decidió ir a la sección prohibida.

El profesor Snape le había brindado exclusivamente a él, un pase -por así llamarlo-, a la sección prohibida, de esa manera evitaría pedirle permiso a la bibliotecaria cada vez que requería entrar. Todo era para hacer un poco de investigación sobre magia oscura. Así que entró directamente por los estantes de libros, entrándose al lugar y fijando que nadie lo viera, entró a la sección prohibida.

Esta sección no sólo estaba conformada por grandes estantes llenos de libros oscuros, sino de igual manera, cuenta con mesas para evitar sacar las obras del lugar, además de que es mucho más cómodo estar ahí por lo silencioso y lejos de miradas curiosas. Caminó por la primera sección, al doblar se encontró con Hermione, ocupando una mesa completa rodeada de libros de todos los tamaños. Tenía las manos sobre el rostro apoyando los codos en la mesa, se veía frustrada y exhalo un suspiro de cansancio.

–Hermione… –susurró logrando que la castaña pegará un brinco del susto.

–¡Draco! ¿Qué crees que haces? –exclamó totalmente sorprendida.

–Buscándote, porque llevó esperándote desde hace horas –dijo Draco agarrando una silla sentándose frente a ella.

Hermione lo miró confundida, luego buscó entre pergaminos su reloj para darse cuenta de la hora.

–Lo siento… se me fueron las horas –se disculpo Hermione diciéndole la verdad.

–¿Horas? ¿Qué estás haciendo? –preguntó Draco confundido de que ella pudiese estar tan concentrada en tanto tiempo.

La castaña lo miró dudando, dejando claro que aquella investigación no era por cuestiones académicas. Por alguna razón, se sintió ofendido, porque ella en muchas cosas lo seguía considerando el enemigo… ¿en verdad lo es?

–Es algo privado –terminó diciendo Hermione.

–Yo puedo ayudarte –dijo Draco diciéndolo con toda la intención, eran muchísimos libros para ella sola.

–¡No la necesito! –exclamó Hermione.

Draco nuevamente se sintió ofendido, sin decir nada más, se levantó de su asiento dispuesto a irse.

–¡Espera! Yo… no quise decir eso, es sólo que, es un asunto de mucha discreción… No es que no confié en ti sino que mantuve una promesa –respondió Hermione disculpándose por su agresividad.

–¿Dónde están Weasley y Potter para ayudarte? –cuestionó Draco sabiendo ya, adonde iba el asunto.

Hermione se quedó sin habla, por un momento lo pensó dándose cuenta que ellos habían ido a entrenar para el próximo partido de quidditch, como siempre dejándole a ella la parte más difícil.

–¿Por qué no me sorprende? ¿Por qué siempre tienes que ser tú quien se rompa la cabeza? –le preguntó Draco enojado por ello.

Cómo le encantaría ver que aquellos dos los mandarán a la guerra sin Hermione, a ver si es cierto que son tan buenos como dicen. Y apostaría toda su fortuna a que no sobrevivirían por mucho tiempo. Sin embargo, eso no quita el hecho de que ella ahora este con docenas de libros a su alrededor sin ninguna ayuda.

–No es eso, me gusta trabajar sola – contestó Hermione tratando de que eso no ocupara su cabeza ahora.

–No los justifiques… no lo merecen –dijo Draco comenzando a enojarse.

Hermione se paró de su asiento, camino hacia Draco y lo abrazo con fuerza hundiendo su rostro en su pecho. Se veía muy notorio lo cansada que estaba pero conociendo su terquedad, no querrá salir de ahí hasta encontrar lo que busca.

–No quiero discutir de ello ahorita, me siento frustrada… no hay nada de información sobre lo que quiero –le dijo Hermione.

Por alguna extraña razón, le dio ternura escuchar a Hermione decirlo de esa manera. Ahora son más notorias las horas que llevaba ahí metida. Acarició su cabello mientras con la otra mano dibujaba pequeños círculos en su espalda para tranquilizarla. No valía la pena pelear por los idiotas de Potter y Weasley.

–¿Quieres que vayamos por algo de comer? –preguntó Draco.

Hermione negó con la cabeza.

–Sólo quédate conmigo un rato –pidió Hermione alzando su rostro hacia él.

–Toda la noche si quieres –le contestó Draco divertido, haciendo que Hermione sonriera.

Ambos se sentaron en una de las sillas. Lanzaron un hechizo silencioso para que aquel que anduviera por ahí no los pudiera escuchar.

Mientras pasaron el rato, Draco no pudo evitar ver los títulos de los libros que estaban en la mesa, sólo había escuchado de unos cuantos y otros le recordaron a unos ejemplares que había en la biblioteca personal de los Malfoy. ¿Qué era lo que buscaba? Sólo con ver eso, sin duda era magia muy oscura y que sólo unos cuantos sabían de ello.

Odiaba pensar que ella pudiese meterse con algo peligroso, él estaba acostumbrado a ver y conocer ciertas cosas, con sólo el hecho de ser sobrino de Bellatrix Lestrange ya decía mucho pero duda mucho que ella estuviese preparada para saber algunas cosas, el deseo de ayudarla creció.

Y era claro que todo era con el fin de derrotar a Voldemort, en base ¿con qué? ¿De qué? Decenas de preguntas rondaron en su mente, sobretodo la duda sobre él en qué bando estaría. Su madre -lo más importante para él-, está en el bando del Señor Oscuro, mientras que Hermione está del otro bando, ¿cómo se supone que podría elegir? Nunca podría…

Pronto tendría que tomar una decisión…


Después de insistirle muchas veces, finalmente Hermione aceptó irse para cenar algo, la ayudó a guardar todo y para cuando salieron, eran más de las diez de la noche por lo que decidieron ir a las cocinas.

–No voy a dejar que mueras de hambre, ¿eh? Señorita Granger –dijo más tarde Draco mientras tres elfos domésticos les servían pan tostados, diferentes frascos de mermeladas, panecillos y té.

–Eso me sonó a cenas todos los días –respondió Hermione divertida, asegurándole que no sería el único día en el que pasará hasta muy tarde en la biblioteca.

–Lo digo en serio, quizás Potter y Weasley hayan tenido tiempo de devorar todo lo que puedan en la cena mientras tú recopilabas información… –le dijo Draco seriamente, pero al ver el semblante de ella cambió su humor.– Al menos, todos los días vendré por ti para cenar.

Draco hizo una promesa, pero Hermione lo miró por un momento pensando en lo que dijo, parecía que quería preguntarle algo pero calló y en cambio sólo le sonrió.

–Dime… –dijo Draco queriendo saber.

No era la primera vez que sucedía, por eso Hermione no se sorprendió de lo bien que ahora él la conocía.

–Me preguntaba… ¿acaso a todas tus citas igual las llevabas a cenar así? –le preguntó señalando el lugar y la cena.

–No, son muy pocas a las que hubo tiempo de invitar a la cena, porque estaba de vacaciones y cuando sucedía, las llevaba a los mejores restaurantes del mundo mágico de Londres a petición de mis padres –contestó Draco con sinceridad, sabiendo la posible reacción de la castaña.

Hermione agachó la mirada, pretendiendo poner mucha atención a su comida e incluso se tomó un largo trago de su jugo, tomando tiempo para contestar.

–Aaaah… –fue lo único que pudo decir, Draco sonrió.

–Pero prefiero esto, en el que no tenga que fingir ser todo un ejemplo de ser un Malfoy, saludar gente hipócrita y tener que aguantar platicas superficiales de las chicas. Sin duda cambiaría todo esto, por más desayunos, comidas y cenas contigo –admitió, sin importarle que igual sea siempre pan tostado, panecillos y té.

Hermione alzó la mirada, ahora imaginándose como sería que él la llevara a los más elegantes restaurantes mientras ella vestiría un largo y costoso vestido de noche, siendo blanco de miradas y cuchicheos de las personas más ricas del mundo mágico. No es que fuera pobre, el trabajo de sus padres ha permitido conocer a muchas personas de la sociedad del mundo muggle por su excelente trabajo, pero estaba segura que el ambiente era muy diferente con el simple hecho de ser una hija de muggles.

–¿Algún día me invitarías a un lugar así? –preguntó curiosa, imaginando a Draco vestido igual de elegante que ella.

–Por supuesto, tú darías un giro muy diferente a todo… te llevaría orgullosamente de mi brazo –le respondió Draco ahora él imaginando cómo sería.

Sin embargo, ¿cuándo sería aquello?

Hermione cambió de tema después, mientras ambos cenaban y disfrutaban de algo sencillo pero que les gusta a ambos. Draco por primera vez entendió que aunque estuviera comiendo del platillo más exquisito en toda Gran Bretaña, no podría disfrutarlo si su acompañante fuera nuevamente una de esas hijas de millonarios quienes son totalmente superficiales -a excepción de unas cuantas, debe admitir-, de pronto se sintió afortunado de haberse dado la oportunidad de conocer a Hermione Granger.

Los elfos domésticos estaban a varios metros lejos de ellos, no escuchaban su plática pero igual estaban muy sorprendidos ante la escena. Ellos más que nadie tienen conocimiento acerca de las reglas, tradiciones y costumbres del mundo mágico por lo que parecía irreal ver como un sangre pura podría convivir con una hija de muggles, sobretodo conociendo la historia de ambos.

Una parte de los elfos, se encargan de limpiar las mazmorras y la sala común de Slytherin, esa parte siempre le ha tenido miedo a Draco Malfoy, desde su llegada al castillo ha sido siempre muy autoritario, frio y orgulloso, si alguno cometía una equivocación tendría un castigo severo además de aguantar el enojo del rubio. Por otra parte, los encargados de la torre de Gryffindor, siempre han visto a Hermione bondadosa, amable y cariñosa, de vez en cuando muy mandona pero siempre los ha tratado con respeto como si fuera uno de su igual.

Mientras los observaban riendo y charlando, no entendían como pueden funcionar tan bien juntos. Al finalizar, la pareja se acerco a ellos, Hermione después de agradecerles por todo, les pidió amablemente guardar el secreto y todos accedieron -más como un deber-, luego Draco los amenazo si alguno de ellos decía algo, ganándose una mirada de reprenda de Hermione, ambos les informaron que vendrían a cenar todas las noches.

Los elfos domésticos no podían salir de su asombro aún después de verlos marchar juntos.

Durante los siguientes días, tal y como Draco lo prometió, llegaba cerca de las ocho de la noche a la sección prohibida de la biblioteca para alcanzar a Hermione, le hacía compañía unas horas mientras él hacía sus propios deberes o leía un libro de aquella sección hasta las diez de la noche, donde ambos se iban a las cocinas del colegio. Siempre que llegaban, la mesa ya estaba puesta y con algo más que sólo pan tostado y panecillos.

Enseguida se ganaron a los elfos domésticos, todo gracias a Hermione porque Draco sólo lo veía como una buena ventaja para que guardaran el secreto, por otro lado, la castaña se sentía honrada por ello.

Era lunes en la noche cuando Draco se armó de valor para decirle discretamente…

–Esposas sueñan con tener una mansión, joyas y vestidos hechos por los mejores diseñadores del mundo mágico pero a ti, te podría regalar un puñado de elfos domésticos y me amaras para siempre –le confesó Draco sin entender porque tanto interés hacia esas criaturas.

–¿Me estás convenciendo para casarme contigo? –preguntó Hermione vengándose un poco.

Draco abrió los ojos sorprendido por esa contestación, ¿por qué no?

–Con algo tengo que asegurarte, ¿no lo crees? –contestó sonriendo.

Hermione rio contagiando a Draco.

–No hace falta, aún así te voy a decir que no –contestó divertida, Draco rió más ante ello incapaz de de fingir estar ofendido.– Regresando al tema de los elfos, son criaturas totalmente esclavizadas y ellos tienen derecho a vivir en mejores condiciones…

–Pero así les gusta… –espetó Draco

–Porque no conocen otra mejor manera de vivir –contestó Hermione enseguida.

–¡Pero así son felices! Créeme no querrás meterte con el orden de las cosas.

–¡La trata que reciben es inhumana! –exclamó Hermione enojada por la opinión tan cerrada de Draco.

–¡Son criaturas, no humanos! –le recordó Draco.

–Ponte en sus zapatos y verás las crueldades en las que viven…

–Son muy pequeños sus zapatos –le contestó Draco con intención.

Hermione lo miró enojada, incapaz de creer que haya dicho eso.

–¡Por eso el mundo se viene abajo, porque no respetan a otras criaturas que tienen los mismos derechos de disfrutar una vida plena en la cual…

Draco se levantó de su silla, rodeando la mesa hasta llegar a su lado y besándola para que se callase de una vez. Hermione se sorprendió e incluso forcejeo al principio, pero en cuanto Draco puso una mano en su cabello, le respondió totalmente.

–Regresando a un tema más importante, ¿en serio me dirías que no? –preguntó Draco al separarse.

Hermione comenzó a reírse, aún después de eso, pudo hacer que sonriera. Draco se unió a sus risas mientras depositaba otro beso en ella… Entonces sucedió.

Sin ningún aviso, la marca tenebrosa en su brazo izquierdo comenzó arderle. Calló un gemido de dolor por la presencia de Hermione pero aún así, ella se dio cuenta mirándolo confundida.

–No es nada… –le respondió Draco antes de que ella pudiera preguntar.

Sin pedirlo, un elfo doméstico pasó una silla al lado de Hermione para que Draco se sentara. La punzada de dolor fue más fuerte en la siguiente vez. No quería irse, preferiría mentir que se encontraba en una asamblea con sus compañeros de casa y su desaparición sería sospechosa, pero el dolor se hacía más fuerte y más insistente por lo que dedujo que era algo sumamente importante.

–Tengo que irme –le dijo a Hermione sin capaz de esconder las muecas de dolor.

–No, no tienes que ir –le contesto enseguida, entendiendo perfectamente a lo que se refería.

Draco se agarró el brazo izquierdo, incapaz de contestarle ante su petición. Tenía que llegar lo más rápido posible o el dolor crecería aún más. Hermione lo agarro del otro brazo decidida a convencerlo, tenía un mal presentimiento sobre ello.

–Mi madre… –fue lo único que dijo Draco antes de que otra punzada lo doblará del dolor.

Hermione lo miró sorprendida, su madre era su única lucha y la razón de seguir en aquel bando soportando todo. Lo entendía perfectamente, hacer cualquier cosa porque sus padres estuvieran a salvo… No podían perder el tiempo discutiendo sobre ello, estaba segura de que Voldemort no toleraba la impuntualidad. Sintiéndose una traidora, le dijo:

–Al menos, te acompaño hasta el bosque.

Draco la miro desconcertado durante unos segundos, aceptando finalmente. Hermione pasó su brazo derecho encima de su hombro para servirle como apoyo a Draco, aunque igual podía perfectamente caminar, cada punzada hacía que se le dificultará por el dolor. El rubio supuso que no hacía falta preguntar cómo sabía que tenía que ir al bosque, pero era muy obvio, además ella alguna vez le reclamó sobre qué clase de actividades hacía en ese lugar.

Enseguida salieron de las cocinas, eran más de las once de la noche, podrían encontrarse con Filch o incluso con alguno de los prefectos haciendo su ronda. Hermione guió a Draco por los pasillos, sintiéndose mal cada vez que él se detenía un poco y gemia del dolor, incluso ella intuía que era algo de suma importancia. De vez en cuando le decía palabras como "todo estará bien" o "ya falta poco" sólo para tratar de reconfortarlo un poco.

Después de minutos en los que parecían eternos, llegaron a la puerta principal del castillo, guiando a Draco a una de las pequeñas puertas laterales. Susurró un hechizo y la puerta se abrió.

–Puedes dejarme aquí, no quiero que te atrapen –le dijo Draco tomando el control de la situación.

Hermione lo empujó para que siguiera caminando.

–No te atrevas… –le contestó.

Draco decidió no discutir más, además porque el dolor regresaba con más fuerza, por un momento pensó que su brazo explotaría. Hermione lo guió directamente al bosque prohibido, ella también conocía una parte de él por eso no fue necesario preguntarle. La noche era fría, ninguno llevaba su capa para refugiarse un poco pero tampoco les importaba, Draco no quería dejar que Hermione se adentrara al bosque prohibido, a esa hora era sumamente peligroso.

–No quiero que te adentres… Hermione esta vez hazme caso – pidió Draco casi como una orden.

–Puedo cuidarme sola, no es la primera vez que entro –le recordó la castaña, mientras agarraba el camino corto entre los invernaderos.

–Ya lo sé, pero… –repuso el rubio cuando ahora una punzada en su cabeza se hizo presente, deteniéndose por completo.

–¡Draco! –exclamó Hermione sin saber cómo calmar su dolor, le tomó unos segundos recuperarse.– No te voy a dejar así, ¡vamos!

El rubio no pudo decirle nada por el dolor, pronto llegaron a los primeros árboles del bosque adentrándose poco a poco en él. Vio como ella dejaba algunas marcas en los árboles para su camino de regreso, tomó nota de confiar más en ella de ahora en adelante. Se escucharon algunos ruidos extraños pero ambos los ignoraron, enfocándose sólo en llegar al límite de los terrenos. El viento corría sin llegar a ser insoportable, sin embargo cada vez hacia un poco más de frio.

–Llegamos –dijo por fin Hermione.

Draco se paró lo más derecho que pudo, disimulando compostura. Tendría que prepararse mentalmente porque en cuanto desapareciera no sabe lo que le esperaba. Se soltó del agarre de Hermione, caminando un poco más allá para poder desaparecer.

–¡Espera! –exclamó Hermione.

Corrió hacia él abrazándolo con fuerza, no era nada sencillo dejarlo ir sabiendo a quien iba a ver.

–Más te vale regresar con bien –dijo Hermione, después le dio un rápido beso en los labios y se apartó.

Draco asintió con la cabeza, lo último que vio antes de desaparecer, fue el rostro de una mujer fuerte aceptando el deber de su pareja.


Draco se detuvo en el marco de la puerta, esperando a ser llamado. No tenía ni idea en donde estaba pero el lugar era enorme y antiguo, cuando llegó sólo siguió el sonido de las voces sin tiempo de detenerse a explorar.

–Draco, creí que no llegarías –indicó Lord Voldemort cuando lo vio, se encontraba sentado en la cabeza de una larga mesa de madera.

Al parecer fue el último en llegar, todas las sillas estaban ocupadas, excepto una junto a su madre, absolutamente todos los presentes voltearon a verlo con desagrado. Ignorando a todos, camino hasta encontrarse al lado de su madre, tomando asiento a su izquierda. Narcissa Malfoy apretó la mano de su hijo como saludo bajo la mesa, Draco no soltó su mano.

–Siento la demora, mi Señor, me encontraba en una asamblea con los de mi casa –se excusó Draco hablándole sólo a Voldemort.

–Lo sé, tus salidas son más difíciles que las de los demás –dijo Lord Voldemort mientras veía a los presentes.– Afortunadamente, llegaste a tiempo…

Los presentes apenas y se atrevían a respirar. Draco comenzó a reconocer a los demás, viendo en primer lugar a Severus Snape a la derecha de Voldemort y su tía, Bellatrix Lestrange a su izquierda. A juzgar por las personas que se encontraba, diría que en esta reunión se dirían acabo cuestiones secretas e incluso la información del siguiente paso para llevar a cabo su plan.

–Como todos saben, el ataque a la prisión de Azkaban resulto ser un éxito, teniendo más personas en nuestro bando, lo cual es sumamente esencial para nuestro siguiente paso –comenzó a decir Lord Voldemort mientras su mascota Nagini, se deslizaba cerca de él.– Sin duda, desde hace mucho tiempo quería llevar esto a cabo… la exterminación de los sangre sucia.


Hola,

primero debo pedir una enorme disculpa por no actualizar en mucho tiempo. Ha decir verdad han sido meses dificiles, además tuve un bloqueo y luego ya no me sentía segura de cómo escribir sobre Draco y Hermione, por eso también hice algunos proyectos que ya tenía en borradores. Escribí dos one-shot por si quieren leerlos, están en mi perfil.

Ahora de vuelta al capitulo, ha sido largo y pasaron muchas cosas. Creanme que a partir de este capitulo habrá mucha acción en la historia, me emociona mucho escribir lo que tengo planeado y por ello ya no pasaran meses entre las actualizaciones. Ya no tengo más bloqueo.

Espero les haya gustado este capitulo, gracias por los reviews en el capitulo anterior. No olviden comentar, además quiero saber qué teorias tienen de lo que podrá pasar en el proximo. ¿Cuál creen que sea el plan de Voldemort? y más importante, ¿qué hará Draco?

Gracias por seguir la historia a pesar de que tardé.

Besos