–Como todos saben, el ataque a la prisión de Azkaban resulto ser un éxito, teniendo más personas en nuestro bando, lo cual es sumamente esencial para nuestro siguiente paso –comenzó a decir Lord Voldemort mientras su mascota Nagini, se deslizaba cerca de él.– Sin duda, desde hace mucho tiempo quería llevar esto a cabo… la exterminación de los sangre sucia.

Las reacciones no se hicieron esperar a lo largo de la mesa, algunos vitorearon y aplaudieron emocionados; otros se quedaron asombrados y otros pocos se quedaron indiferentes, como si la exterminación de los sangre sucia no fuera nada fuera de lo común. Draco Malfoy puso todo su autocontrol para permanecer indiferente, sin embargo todo su cuerpo se tenso al instante. Su madre, lo miró confundida por unos instantes por la reacción de su hijo pero no era el momento de preguntar.

Los Malfoy sin duda siempre han estado a favor de la pureza de sangre, llevando consigo la ideología que los hijos de muggles no deberían tener los mismos derechos que los sangre pura, ya que ellos no tienen el don legitimo de poseer magia. Durante muchos años se creía que los sangre sucia eran muggles ladrones de magia, aunque no hay una explicación real sobre cómo es que pueden tener habilidades mágicas lo único seguro es que en los últimos años han habido más y más. Situación que no favorecía a ningún sangre pura.

Narcissa Malfoy creía fielmente que los sangre sucia estaban por debajo de ellos, pensamiento que perdió credibilidad cuando su hermana Andromeda Black dejó todo por un muggle y más tarde mientras crecía; también era consciente que Lucius era aún más fanático de la sangre aprendiendo que las ideologías extremistas no llevaban a nada bueno. Por ello, intentó enseñarle algo diferente a Draco. Había pensado que sus esfuerzos habían sido en vano gracias a la influencia de Lucius sobre Draco, sólo hasta este momento supo que su influencia hacia su hijo había resultado ser más grande.

Podía verlo, su hijo, Draco no era ningún aficionado de los hijos de muggles y siempre había creído que eran un mal propagandose por la comunidad mágica, pero no deseaba su muerte. No había emoción ni ansiedad contenida en él, era horror ante el pensamiento de matar a inocentes.

–¿Cuándo? –preguntó un mortifago cerca de los Malfoy, sacando a Narcissa de sus pensamientos.

–Mañana en la noche –respondió Voldemort sin esconder su ansiedad.– Severus, explicarles…

Severus Snape se sentó derecho en su asiento, mirando a todos los presentes de la mesa con cierta superioridad. Draco prestó atención al mortifago, mano derecha de Voldemort, no a su acostumbrado profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.

–Gracias a la infiltración de nuestro bando en el Ministerio de Magia, tenemos los registros de todas las familias de sangre sucia –comenzó a explicar Snape con tono aburrido, como si aquella información no fuera nada importante.– Incluso tenemos datos de aquellos que formaron familia, con referencia de los últimos 20 años.

–¿Cómo se supone que vamos a terminar con ellos? –preguntó Alecto Carrow, más ansiosa por saber el punto principal de todo: la matanza.

–Nosotros somos muy pocos para hacerlo en una sola noche –agregó Amicus apoyando a su hermana.

–Claramente no están presentes todos los seguidores, ellos no tienen por qué saberlo todo –respondió Snape con fastidio de tener que explicarlo.– Nosotros somos los líderes de los grupos que se formarán.

Lord Voldemort los observaba atentamente, leyendo sus reacciones con un brillo terrorifico en sus ojos rojos. Se veía sumamente amenazador y letal, mientras la serpiente Nagini se paseaba cerca de él, exigiendo la atención de su amo. Draco evito a toda costa mirarlo, fingiendo su máxima atención en Snape, sabiendo que quizás una mirada podría delatarlo.

–Nos dividiremos, de esa manera cada uno tendrá una lista de víctimas asignadas por zonas –finalizó de explicar Snape.

Se hizo un silencio en el cual todos asimilaban la situación. La mayoría estaban ansiosos por tener algo de acción, sobre todo después de lo que pasó en Azkaban y muchos no pudieron participar para evitar su captura. Sin embargo, el entusiasmo de Bellatrix Lestrange no se comparaba con nadie, en ningún momento había dejado de acariciar su varita, como si la estuviera preparando para la matanza.

–Si están aquí es porque son mis seguidores más fieles, aquel que se atreva a cometer algún error… tendrá un final parecido a esos sangre sucias –advirtió Voldemort sin necesidad de usar un tono amenazador, todos entendieron claramente su punto.

Después de ello le dirigió una mirada a Snape, lo cual él respondió con una ligera reverencia. Se levantó de su asiento seguido de Nagini.

–Tenemos una hora antes de que venga el resto de nosotros –anunció Snape haciendo aparecer una serie de pergaminos perfectamente enrollados, en cada uno estaba la información sobre las próximas víctimas.

Draco Malfoy por un momento se quedó en blanco, no podía moverse ni podía pensar con claridad. ¿Era en serio atacar los hijos de muggles y sus familias? Aquello sería una horrible matanza, pensando que en el mejor de los casos muchos de los mortifagos se dediquen a eliminar… pero la realidad era que muchos disfrutaban torturar también. Pero francamente, eso no era su mayor preocupación, podría apostar toda su fortuna a que los padres de Hermione Granger estaban escritos en alguno de esos pergaminos. La castaña es la mano derecha del enemigo principal, por supuesto que su familia serían los primeros en ser eliminados.

–¿Cómo nos organizaremos cuando lleguen los demás? –preguntó una voz que Draco no reconoció, demasiado ocupado con sus pensamientos.

–Cada uno de nosotros será el líder de 20 personas y algunos de 30, sólo hagan las cuentas –respondió Snape con cierta malicia.

Draco hizo las cuentas mentalmente, el total de poco más de 600 seguidores de Voldemort aniquilando familias de hijos muggles, hizo que se sintiera repentinamente enfermo. Y no entendía por qué. Pero agradecía profundamente que Hermione estuviera segura dentro del castillo, si no lo estuviera, ya hubiera perdido la cabeza; era uno de esos momentos en los que estar relacionado con ella, se volvía un gran inconveniente.

De pronto, una mano lo jaló con firmeza por el brazo.

–¿Qué te ocurre, hijo? –preguntó Narcissa lo más discretamente posible, Voldemort se encontraba sentado a lo lejos observándo a todos.

–Sólo estoy pensando en una buena estrategia –contestó Draco manteniendose indiferente, lo que menos quería era preocupar a su madre.

Aún así, ambos se conocían perfectamente por ser solamente madre e hijo, más tarde tendrían tiempo para platicar pero para Narcissa era muy evidente como su único hijo tenía una batalla interna por mantenerse impasible.

–Draco Malfoy –de pronto la voz de Snape lo llamó. El rubio se levantó de su asiento para recibir su pergamino.– Esta es la lista de tus víctimas y las zonas, sé inteligente.

Draco no contestó, odiaba que Snape le recordará cosas que él perfectamente ya sabía, no por nada estaba ahí entre los lideres del ataque. Sin embargo, su enojo era nada a comparación con los nervios que de pronto sintió. El profesor Snape le había dado dos pergaminos, alejándose de los demás, los abrió con prisas; el primer pergamino contenía una lista de al menos 30 nombres e inmediatamente leyó cada uno de ellos. Sintió un leve escalofrío al reconocer algunos de Hogwarts, sin embargo no encontró lo que buscaba. Lo cual no era para nada un alivio; paso al segundo pergamino, era una lista más reducida y enseguida lo vio:

Familia muggle: Granger
Sangre sucia: Hermione Granger
Actualmente: -Cursa el séptimo año en la escuela de Hogwarts de Magia y Hechicería.
-Mano derecha del enemigo principal: Harry Potter.

Draco se quedó impresionado, también había una lista de sus habilidades y logros, seguido de la zona exacta donde vive en el mundo muggle. Su corazón latía a toda velocidad, era un hecho obvio que era vigilada y ella no tenía ningún conocimiento de ello. ¿Qué tanto sabrán realmente? Por un momento se sintió como un completo idiota, incluso el hecho de estar en Hogwarts no les daba seguridad, todo este tiempo su relación ha estado expuesta totalmente y a decir verdad, era un milagro que nadie se haya dado cuenta de ello. Al menos no las personas equivocadas.

Por otra parte le inquietaba el hecho de que justo a él le tocará los padres de Hermione, sentía la paranoia de que su secreto había sido descubierto pero si fuera así su misión sería la castaña, por lo que lo más lógico es por su enemistad con Potter. ¿Qué mejor venganza que acabar con sus amigos para dejarlo solo y expuesto?

Volvió a enrollar el pergamino sintiendo su corazón y mente a mil por hora, tenía que evitar a toda costa que algo le pasase a los padres de Hermione.

–¡Escuchen todos! –volvió a llamar a atención de todos Snape, ya había terminado de repartir los pergaminos a cada uno.– Creo que no es necesario decirles el objetivo de esto, el método es libre pero tiene que ser cumplido antes del amanecer. Y no olviden dejar la marca tenebrosa en el cielo.

Todos asintieron, realmente nadie mostraba lo que sentía y se limitaron a ignorarse unos a otros con el fin de pensar en un plan. La mesa larga desapareció siendo sustituida por mesas circulares, donde varios inmediatamente colocaron sus pergaminos para leer detenidamente sus víctimas.

Draco miró su reloj, faltaba poco para que llegasen los demás seguidores de Voldemort y explicarles un plan. Echó una ojeada rápida a su alrededor, viendo a su madre sumergida en sus pergaminos en una mesa lejos de él. Por lo que decidió concentrarse los primeros minutos en idear un plan para salvar a los padres de Hermione, tenía que ser algo realmente bueno pero cualquier cosa que se le venía a la mente se venía abajo ante la idea de que él como líder, su grupo lo va a seguir en todo momento. ¿Cómo rayos podrá zafarse de ellos al menos durante diez minutos? Y mientras más lo pensaba se sentía más frustrado. Sería imposible desaparecer algunos minutos, si es que lo lograba, para luego que su equipo descubriera la desaparición de los Granger. La conexión entre él y Hermione, aunque solamente sean vistos como enemigos, podría ser muy obvio. Sería sumamente arriesgado y estupido de su parte exponerse de esa manera.

Pensaba en todas las posibilidades con sus consecuencias, no puede simplemente actuar por actuar porque las consecuencias le afectarían a él, su madre y Hermione. Personas que no tiene pensado perder. Entonces la solución le llegó de repente. Hermione Granger era la bruja más inteligente que ha conocido en toda su vida, ella más que nadie es consciente de los peligros a los que esta expuesta por ser hija de muggles, ella seguramente tiene un plan para este caso de emergencia. En ese momento Draco tomó una decisión, iría por Hermione al castillo para advertirle del desastre… para que ella sea capaz de salvar a sus padres. El slytherin cuenta con la excusa perfecta para irse, si no podrá evitar matar a todos los demás inocentes, al menos salvará aquellas de quien más le importa proteger.

De pronto, las puertas se abrieron, entrando los demás seguidores de Voldemort dispuestos a llevar a cabo el plan de la exterminación. No puso demasiada atención en las personas, la mayoría eran seguidores con más ganas de destruir que buenas habilidades de estrategia y pelea, por lo que se dedicó a mantener el autocontrol, no permitiría que nadie sospechará o dudará de él. Minutos después, le asignaron veinte personas, no conocía sus nombres y sólo a unos cuantos los había visto de lejos en otras misiones. Viéndolos a todos, se dio cuenta de lo imposible que sería perderlos de vista durante unos minutos, no tenía otra elección.

Miró a su alrededor dándose cuenta de que a los mejores les había tocado con Bellatrix Lestrange, Severus Snape, los hermanos Carrow y a Dolohov. Los demás tendrían que conformarse con lo que quedaba y lidiar con ellos, Draco Malfoy volteo a mirarlos fijamente, desde un principio no iba a permitir desobediencias de su parte por lo que decidió de una buena vez hacerles saber su lugar, al mínimo error de uno… todos pagarán por ello. Y dejando a un lado su nerviosismo por los Granger, se permitió interpretar su papel de mortifago.

–Escuchen bien porque no lo repetiré –comenzó hablar Draco con voz clara y sumamente amenazadora, todos lo miraban con cierta malicia.– No toleraré desobediencia alguna, aquel idiota que decida hacer algo fuera del plan será igualmente exterminado como los sangre sucia. Un sólo error y será el último de su vida, ¿entendieron?

Todos asintieron, mirándolo algunos con burla y otros sumamente serios. Aquel muchacho rubio no era ningún desconocido para las veinte personas, Draco Malfoy, el niño que hace unos meses se quedó sin padre y algunos apostaron a que fracasaría pero hasta ahora ha dado mucho de qué hablar. No es ningún secreto su participación en misiones especiales para el Señor Oscuro y lamentablemente muchos lo subestimaban.

Draco llevó a su grupo algo alejados de los demás, en una de las mesas circulares, donde desenrolló los dos pergaminos. Los veinte se acomodaron alrededor de la mesa para poder ver o mínimo escuchar con atención las instrucciones de su líder. Las próximas cuatro horas, Draco Malfoy planeo el ataque hacia la lista de nombres que le tocó, enseguida sobresalieron los más hábiles, los más inteligentes, los más sádicos y los del montón en el grupo que le tocó dirigir. Lógicamente, su naturaleza estaba en no confiar en nadie pero de alguna manera tenía cierta esperanza en algunos. Las horas volaron entre añadir situaciones, descartando probabilidades o ideas y en la repetición exacta sobre lo que harían hasta que lo tuvieran bien aprendido.

La idea de dirigir a un puñado de veinte personas para un ataque masivo era una tontería, a comparación de lo que le esperaba en cuanto saliera de ahí en busca de Hermione para poder salvar a sus padres de una muerte cruel. No podrá negar que en su plan no dejaba a nadie vivo pero… no podía dejarse llevar por su consciencia. El asunto de los padres de Hermione le consumían la mayoría del tiempo, revisaba el reloj cada media hora y mientras se abría paso el amanecer, cada quince minutos hasta que decidió que era tiempo de ponerse en marcha.

–Tengo que regresar al castillo para no levantar sospechas –aviso Draco sin importarle si estaban de acuerdo o no.– regresaré dos horas antes que comience todo.

Respiró profundamente para luego caminar hacia donde se encontraba sentado Lord Voldemort, quien en ningún momento se movió de su asiento observando atentamente todos sus seguidores. Ya cuando estuvo a tres metros de él fue cuando volvió su mirada hacia Draco. El rubio hizo una reverencia antes de hablar, incluso no se atrevió a mirarlo a los ojos tan directamente, con la cabeza inclinada habló:

–Señor, necesito volver a Hogwarts, mi desaparición podrá ser una gran sospecha en la que nuestro plan podría verse afectado –comenzó a decir Draco con suma tranquilidad.– Por lo que pido que me deje ir, regresaré dos horas antes del comienzo.

Sólo obtuvo un silencio como respuesta a su petición, espero con los nervios a flor de piel pero sin demostrarlo, lo único que veía era como la gran serpiente Nagini se movía en torno a su amo.

–Tienes razón Draco, tu ausencia en el colegio levantará sospechas y haces bien en interpretar el papel de estudiante cuando me estás sirviendo –dijo finalmente Voldemort.

–Gracias Señor –agradeció Draco y con otra reverencia, se fue de ahí.

Mientras caminaba hacia la puerta, podía sentir la mirada de Voldemort fija en él. Después de Lucius Malfoy, quizás Voldemort era la única persona capaz de infundirle miedo con una sola mirada, el hecho de que la tuviera tan directa en su espalda le produjo varios escalofríos. Dejó salir un enorme suspiro después de cerrar la puerta tras él y enseguida desapareció de ahí aún sin saber con qué cara vería a Hermione a los ojos, cuando le diga las malas noticias.


Hermione Granger apenas y había pegado un ojo en toda la noche, no podía dejar de darle vueltas al asunto: ¿Dónde estará Draco? ¿Cómo estará? ¿Cuándo regresará? El sólo hecho de pensar que estaba quizás en la misma habitación que Lord Voldemort le producía nauseas, dudas y miedo. Además tenía la horrible sensación de ser una traidora, una sensación que ni siquiera había experimentado con tanta fuerza cuando comenzó a mentir a sus amigos para estar con Draco. Sabía perfectamente a donde iba Draco y podría habérselo dicho al profesor Dumbledore, pero eso también implicaría a Harry y Ron y no soportaría la mirada de ellos si se enteraran que Draco es un mortifago. Se sentía culpable por no decir nada cuando no sólo podrían ayudar al slytherin sino que también podrían tener información sobre Voldemort.

Sin embargo, cada vez que los pensamientos de Hermione iban hacia ese rumbo se reprima a si misma. No iba a utilizar a Draco de esa manera, él era capaz de tomar sus decisiones y por el momento lo respetaría para guardar su secreto tal cual como lo prometió alguna vez.

Miró su reloj marcando la seis y media de la mañana, era un hecho que no dormiría por lo que decidió levantarse de la cama para alistarse a clases. No lograría nada siguiendo sumida en sus preocupaciones en su habitación, por lo que tendría que fingir un día normal de clases. Mientras se dirigía al baño, agradecía ser Premio Anual y tener su propia habitación, dudara que podría rehuir las miradas de sus compañeras si aún compartiera habitación.

Según ella, se dio el lujo de tomarse unos minutos más de lo acostumbrado para arreglarse, pero cuando vio su reloj apenas eran las siete de la mañana. Aún faltaba hora y media para su primera clase, por lo que dispuesta a no esperar a sus amigos, decidió ir directamente al Gran Comedor. Mientras recorría su camino, una parte de ella esperaba encontrarse a Draco en cada vuelta de esquina, ya habían pasado muchas horas para no saber absolutamente nada de él y a pesar de su esfuerzo por no pensar en ello, no podía dejar de cuestionarse o imaginarse situaciones malas con respecto a él. Cuando bajo los últimos peldaños de escaleras antes de entrar al Gran Comedor, sentía una gran ansiedad que sólo se convirtió en decepción cuando se asomó para mirar la mesa de Slytherin. Draco no estaba y era su última esperanza verlo ahi.

A paso lento camino hasta la mesa de Gryffindor.

–Hermione –la llamó una voz.

Volteo para ver de donde provenía, encontrándose con Luna Lovegood sentada en la mesa de Ravenclaw. Enseguida se levantó para alcanzarla.

–Luna, buenos días –saludó Hermione como si nada.– ¿Ya desayunaste?

–Estaba a punto de hacerlo –respondió Luna con su sonrisa soñadora, característica de ella.

–Ven, siéntate conmigo –la invitó Hermione con la esperanza de que su amiga fuera un gran distractor.

Ambas se sentaron en la mesa de los leones, apenas la mitad de los alumnos habían bajado a desayunar evidenciando lo temprano que era aún. La castaña como de costumbre se sentó con la vista hacia la mesa de Slytherin, si Draco aparecía lo podría ver perfectamente.

–Te ves pálida Hermione, ¿no dormiste? –preguntó Luna de repente sacándola de sus pensamientos.

–No pude dormir muy bien a decir verdad –respondió la castaña como si no fuera nada importante.

Evitando mirándola a los ojos, Hermione se sirvió un poco de jugo y agarró una tostada, aunque realmente no tenía hambre.

–¿Sabes? Estos últimos días te he visto diferente –comentó Luna mientras también se servía algo ligero para desayunar.

–¿Diferente? –preguntó Hermione curiosa.

Luna tomó varios segundos para responder, aunque su amiga parecía no sospechar nada, se sentía algo nerviosa de estar en la mesa de los leones porque en cualquier momento Ron Weasley podía entrar al lugar y aún no se sentía lista para enfrentarlo después de que la noticia de su rompimiento con Lavender Brown se dispersará.

–No lo sé, sólo diferente –contestó Luna con una sonrisa.– Sea lo que sea, te hace ver más radiante e incluso más bonita.

Hermione casi se atraganto con su desayuno al escuchar esas palabras. ¿Más radiante? ¿Más bonita? Por unos momentos una idea cursi atravesó su mente: "Estoy enamorada, eso es lo que pasa…" pero la desechó inmediatamente, no le gustaba ser una romántica sin remedio, además de que quizás no era buena idea ser demasiado obvia con su relación.

–Gracias, pero yo no siento que haya cambiado –contestó Hermione.

Muchas veces olvidaba como era Luna, siempre parecía saber algo más que los demás ignoraban, además de tener el poder de transmitir alegría e inocencia a quienes tenía a su alrededor.

–¿Segura? –preguntó Luna.

–Segura Luna, pero gracias por el cumplido –aseguró Hermione con una sonrisa.

En ese momento, Harry, Ron y Ginny entraron al Gran Comedor. El pelirrojo primero miró a Hermione pero luego su mirada se desvió a Luna quien enseguida se disculpó con la castaña dispuesta a irse rápidamente de ahí.

–Luna –la llamó Ron pero ella paso de su lado evitandolo a toda cosa, esta vez el pelirrojo decidió seguirla.– ¡Espera!

Los otros tres amigos miraron la escena confundidos, tenían el presentimiento de que Luna y Ron tenían algo más que una amistad, sin embargo las cosas parecían complicadas. Cuando se fueron, Hermione echó otro vistazo a la mesa de Slytherin para sólo sentir un hueco en el estomago al no ver a Draco. Si para mediodia no regresaba, se volvería loca y tal vez tendría que decirle a Dumbledore sobre el asunto.

De pronto se sintió enferma de pensar en las probabilidades en que estuviera Draco ahora. Ginny se sentó junto a ella y trató de hacerle la platica pero la castaña la cortaba enseguida, por lo que la pelirroja y Harry intercambiaban una mirada complice. Harry estaba confundido por el estado de ánimo de su amiga, hasta que miró a la mesa de Slytherin dándose cuenta de la ausencia de Malfoy, por lo que decidió no preguntar nada. Estaba haciendo egoísta pero aún no estaba listo para preguntar, por lo que se enfrascó en una conversación con Neville y Dean.

Mientras tanto, Ginny se despidió para ir temprano a su clase, dejando a Hermione sola incapaz de seguir comiendo. Y cuando menos se lo esperaba, ya tenía que ir a su primera clase: Encantamientos con los de Ravenclaw.

–¿Nos vamos? –preguntó Harry a su amiga con amabilidad.

Hermione trató de sonreirle y ambos caminaron en silencio hasta el aula. Ahora que Harry sabía de su relación con Draco, ya no era necesario fingir o mentir, por lo que el gryffindor se sorprendió y se sintió incomodo al mismo tiempo sobre cómo podía influir tanto en su amiga la ausencia de Malfoy en el gran Comedor. Para fortuna de Hermione, Harry no se atrevió a preguntar por lo que fácilmente podría ser interpretado como una pelea u otra cosa pasando su relación.

En cuanto llegaron, ambos se sentaron juntos en una de las primeras bancas a petición de Hermione. Poco a poco, los demás estudiantes llegaron para ocupar sus asientos y esperar al profesor Flitwick.

–Buenos días chicos –saludó amablemente el profesor colocándose al frente de todos lo suficientemente alto para verlos.

–Buenos días –contestaron a unísono.

–Muy bien, hoy empezaremos con un repaso antes de pasar a una nueva lección, Sr. Potter ha…

Sin embargo, el profesor Flitwick fue interrumpido por el azote de la puerta al ser abierta con gran fuerza. Todo el mundo volteo desconcertado hacia la puerta para ver quien rayos había sido el mal educado pero nadie dijo nada al ver a la persona. Hermione ahogo un grito de sorpresa al verlo, quería levantarse y correr hacia él asegurándose de que estuviera completamente bien, pero la mirada que le dirigió la dejó congelada.

–¿Qué esto, Sr. Malfoy? ¿Qué ocurre? –exclamó el profesor Flitwick quien más que enojado estaba sorprendido por la actitud del chico.

–Necesito a Granger, profesor –exclamó Draco sin pensarlo, pero inmediatamente recompuso su postura y su tono.– La profesora McGonagall me mandó para llevarla a su despacho, es asunto de Premios Anuales al parecer.

Harry se dio cuenta que algo no andaba bien, no sólo por la actitud de Malfoy, sino la urgencia de las palabras; además, Malfoy lucia realmente fatal, estaba pálido y marcado por unas ojeras oscuras… como Hermione. Por otra parte, todos miraban a la castaña esperando a que se moviera después de que el profesor le diera permiso.

Afortunadamente no había sacado aún nada por lo que rápidamente se levanto de su asiento, no sin antes dedicarle una mirada de perdón a Harry por dejarlo solo. Camino lo más normal posible cuando deseaba correr, pero en cuanto la puerta se cerró tras ellos, la castaña se lanzo a los brazos del rubio sintiendo como una sensación de increíble alivio corría por su cuerpo.

–Estas bien –exclamó Hermione contenta sin dejar de abrazarlo.

Draco sintió un nudo en la garganta. Había llegado temprano al castillo y permitiendo ser un poco egoista, fue directamente a las mazmorras para cambiarse de ropa. Aunque realmente, su propósito era aplazar las malas noticias a Hermione. Por eso le respondió el abrazo con fuerza, su calidez lo hizo sentir menos desesperado por la situación.

Ya no había tiempo que perder. Draco se apartó de ella y la agarró por los hombres mirándola directamente a los ojos.

–Escucharme Hermione, tenemos poco tiempo –le indicó Draco y enseguida la castaña dejó de sonreír.– No puedo decírtelo aquí, vámonos.

No hubo necesidad de especificar a dónde, irían a su lugar secreto. Hermione aceptó, ahora se sentía con más miedo que hace unas horas, no le gustaba para nada el tono de Draco y mucho menos al notarlo tan ojeroso, pálido y sumamente serio. Por un momento tuvo la horrible idea de que había ido a buscarla para despedirse, la sola idea hizo que se sintiera mareada.

Draco la guió por una serie de pasadizos los cuales nadie tomaba comúnmente, aún así tomaba sus preocupaciones ya que ambos caminaban agarrados de la mano y muy juntos. Por fortuna, en las mañanas no había clases en la torre de astronomía por lo que hizo que su camino fuera recorrido con rapidez.

La castaña durante unos instantes miró sus manos unidas, el agarre de Draco era sumamente fuerte y sólo le causaba más ansiedad sintiendo realmente que aquello sería el fin para los dos. Una idea muy lejos de la realidad.

Cuando llegaron a su lugar secreto, Draco le cedió el paso a Hermione para que pasase primero, cerrando la puerta tras él y sintiendo que el mundo se le venía encima con lo siguiente.

–¿Qué sucede, Draco? –preguntó Hermione inmediatamente con el corazón latiéndole deprisa.

Draco la miró, "¿cómo se supone que le diría?" pensó, había imaginado algunas maneras de decírselo pero en ese momento tenía la mente en blanco. No se atrevió acercarse a ella, estaba seguro que en cuanto escuchará ella se alejaría de él por lo que de una vez le daría su espacio.

Lanzó un gran suspiro antes de hablar.

–Tenemos una misión esta noche –comenzó a decir Draco, lo diría todo sin rodeos.– Se exterminarán a la mayor cantidad posible de los hijos de muggles y su familia.

Hermione se tapó la boca reprimiendo el impulso de gritar, se sentía horrorizada y por la mirada de Draco supo que aquello no era todo. Comenzó a sentir muchísimo frío.

–Nos dieron listas de nombres… el nombre de tus padres están ahí –confesó.

Hermione cerró los ojos. Aquello era mucho peor que una despedida… van a matar a sus padres esta noche. Sintió que todo su mundo daba vueltas, por lo que no se dio cuenta en qué momento estuvo a punto de caerse hasta que Draco acortó la distancia para sujetarla. Pudo notar que sus manos temblaban y como muy pocas veces, la castaña se quedó con la mente en blanco.

–Hermione, escúchame –comenzó a decir Draco más serio, mientras alzaba una mano para acariciar su rostro y tratar de tranquilizarla.– No tenemos mucho tiempo. Sé que es difícil para ti pero también sé que ya habrás pensado en la posibilidad de que esto pasaría…

La castaña miraba a Draco con los ojos llenos de lágrimas y buscando algún consuelo en su mirada, pero era difícil concentrarse. Algo en su mente le decía que las palabras de Draco no tenían sentido, mientras otra parte le gritaba que fuera corriendo con Dumbledore a contarle todo y aún así, lo único real para ella era la tierna caricia de Draco sobre su rostro.

–Debes haber pensado en un plan para salvarlos y es el momento de emplearlo –continuo diciendo Draco asustado por la expresión de la castaña.

Espero unos momentos con gran paciencia mientras seguía acariciandola, sin embargo ella parecía ausente, como si la noticia la hubiera desconectado del mundo. Y deseó que ella pudiera compartir su dolor con él o de plano ahorrarle todo eso y ser él quien sintiera todo. Hermione era una persona fuerte pero no estaba lista para esa clase de situaciones.

–Vas a tener que escucharme claramente, Hermione. ¡No podemos perder el tiempo! –exclamó Draco olvidándose de ser tierno, ella no necesitaba la ternura y compasión, sino la rudeza para que pudiera entrar en razón.– ¿Tienes o no un plan para salvar a tus padres? Porque si no reaccionas en estos momentos, después será muy tarde.

No hubo respuesta.

–¡Hermione, tus padres morirán si no hacemos algo! –exclamó Draco con frialdad.

Entonces la castaña asintió con la cabeza sabiendo que aquello no era una pesadilla y si estaba sucediendo. Respiró hondo varias veces tratando de controlar el temblor de su cuerpo y su respiración agitada. Tenía que comenzar a calmarse o sufriría un ataque de nervios.

–¿Cuál es el plan? –preguntó Draco ansioso.

La castaña se apartó de él para poder recuperar el equilibrio, con cada bocanada de aire lograba tener más el control. Miró a los ojos a Draco esperando armarse de valor para decir su plan en voz alta, notó la preocupación de él y agradeció no tener que hacerlo sola.

–Borrarles la memoria… –su voz se quebró.

Draco la miró desconcertado. Ahora entendía más la reacción de Hermione ante la idea de llevar a cabo su plan para salvar a sus padres, tener que hacer olvidar a alguien de quién eres para esa persona… se le heló la sangre. Y por un momento nunca antes la había admirado como en ese instante, no cualquiera podría ser lo suficientemente fuerte para hacerlo.

–¿Estás segura de ello? –preguntó Draco tratando de pensar en otra opción.– Debe haber algo más…

Hermione negó con la cabeza, poco a poco dejaba atrás la impresión de la noticia. Necesitaba tener la mayor concentración posible si en verdad realizaría su plan hoy.

–Es la única forma, de esa manera no obtendrán ninguna información de mi porque… no existiré para ellos –explicó Hermione con dificultad.– Además, arregle todo para que pudieran irse a Australia, lejos de la guerra.

Draco guardo silencio. Había tenido razón en pensar que Hermione tenía un plan para sus padres en caso de emergencia, incluso había organizado todo hasta el último detalle. A él nunca se le hubiese ocurrido recurrir a la perdida de memoria, era algo extremista pero inteligente y al final salvaría a sus padres. Confiaría en su decisión y le daría la fortaleza que necesitara para realizar su plan.

–Sé que es difícil, pero tendrás que hacerlo hoy para salvarlos –respondió Draco.

Hermione bajo la mirada, ahora que el momento había llegado su idea ya no le parecía tan buena. De pronto la imagen del profesor Dumbledore se le vino a la mente como una salvación.

–¡Dumbledore! Tengo que avisarle –exclamó Hermione pero antes de que pudiera dar un paso, Draco la sujetó del brazo.

–¡No puedes hacer eso! –exclamó.– Ir a contarle a Dumbledore no es ninguna opción. Yo he estado pensando en algo para salvar a tus padres y créeme que no hay otra alternativa.

–Pero…

–El tiempo se está acabando, si vamos hacer algo tenemos que irnos ya –contestó con seriedad.

Hermione no iba a negar que estaba aterrada, por ello miró a los ojos grises de él en busca de refugio para no dejarse llevar por las emociones ahora… Busco sus ojos para poder ser valiente porque si él no mostraba temor al ser quien arriesgaba todo para avisarle, ella no tendría porque dejarse llevar por el miedo.

–¿Entonces irás conmigo? -–preguntó Hermione finalmente asegurándose de ello.

–Por eso estoy aquí –respondió Draco con un tono más suave.

Hermione asintió con la cabeza, respiró hondo una vez más para prepararse y luego susurró:

–Vámonos

Ambos caminaron a la salida, dispuestos a ganar tiempo antes de que terminara la primera hora de clase. Draco miraba a la castaña de vez en cuando de reojo, algo le decía que ella aún no lo asimilaba del todo la situación y lo que estaba a punto de hacer. Por ello, durante un momento la atrajo hacia él y le dio un beso cerca de la frente, ella puso una mano en su pecho, sin duda aquel gesto la llenó de seguridad. Después de eso, caminaron con las manos entrelazadas el resto del camino.

Hermione no podía conformarse con saber que Draco estaba a lado suyo, necesitaba sentir su agarre para no perder la calma… lo necesitaba como un salvavidas a la espera de una terrible tormenta. Ella no podía esconder o ignorar sus sentimientos como él y mostrarse indiferente, y por primera vez, deseó tener esa habilidad.

En cuestión de minutos, ya se encontraban saliendo a los terrenos del castillo, el clima no era frío pero Hermione sentía el viento helado por lo que enseguida comenzó a temblar de frío. Draco se dio cuenta de ello, la abrazó por el hombro para tratar de calentarla un poco, sin mucho resultados.

Rápidamente, llegaron a los primeros árboles del Bosque Prohibido y conforme se adentraban, la luz del día disminuía como si comenzara anochecer. Hacía mucho tiempo que el bosque le producía miedo a la castaña, pero estaba segura que sólo era la sensación a causa de la situación. Hace solo unas horas se había adentrado en la noche con Draco sin sentir temor, pero las cosas habían cambiado.

Durante un momento, Hermione se dio cuenta que ninguno de los dos dejó rastro alguno para no perderse en su camino de regreso pero vio a Draco de reojo, fijándose en su seguridad de saber por donde ir. Por supuesto que él ha tomado el camino muchísimas veces más, sólo que ella ha sabido sólo de muy pocas. ¿Cuántas cosas aún no sabía de él y viceversa?

Después de varios minutos que se sintieron eternos, llegaron hasta los límites del castillo. A Hermione comenzaba a costarle trabajo respirar.

–¿Estás lista? –preguntó Draco mirándola una vez que llegaron a un área segura para aparecerse.

La castaña no contestó, simplemente apretó más su mano y giró sobre si misma guiando a Draco a su hogar en el mundo muggle. El familiar mareo desapareció en cuanto aterrizaron en un cuarto. Draco se desoriento imaginando que llegarían afuera de su casa y no adentro, aunque poco a poco intuyo que estaban en la habitación de la castaña.

Hermione se dio cuenta que no había ni un sólo cambio en su recamara desde la última vez que estuvo ahí, miró como Draco parecía observar todo con interés.

–Mis padres van a su consultorio hasta las nueve, por lo que seguramente están abajo desayunando o viendo las noticias –susurró Hermione, quizás más para si misma que para Draco.

El slytherin sintió un hueco en el estomago, daría muchas cosas porque aquello no tuviera que pasarle a Hermione.

–Puedes hacerlo –respondió Draco.

Hermione asintió con la cabeza, sacó su varita y abrió la puerta de su habitación mientras Draco la veía irse. La castaña caminó hasta el pie de las escaleras, hacía muchos meses que no estaba en aquella casa y sin duda la extrañaba: el olor familiar, los muebles, el color de las paredes, hasta el más insignificante detalle. ¿Cuándo será la próxima vez que vuelva? ¿Pasaran semanas, meses o años? La sola idea la desgarraba por completo, no quería dejar de ver a sus padres pero prefería protegerlos a toda costa. Además si algo le pasase a ella, les evitaría un gran dolor…

Bajo las escaleras lentamente y haciendo el menos ruido posible. La televisión se escuchaba, justamente narrando el clima e igual podía escuchar las voces de sus padres pero sin poder reconocer bien lo que decían. El corazón le dio un vuelco, sus voces provenían de la sala de estar… un dolor en el pecho se presentó mientras alzaba la varita y caminaba los pocos metros que la separaban de ellos. Y entonces los vio, estaban de espaldas a ella, quería hablarles… despedirse quizás, pero sería más difícil después borrarles la memoria con la mirada desconcertada en ella. "Mejor así, ni se enteraran…"

–Lo siento… –murmuró Hermione con lágrimas en los ojos.

Deseaba con todas sus fuerzas poder verlos de frente, pero sus padres seguían en su propio mundo mirando la televisión antes de irse a trabajar, como todos los días, sin saber absolutamente nada de los acontecimientos del mundo mágico en donde su hija pertenecía y mucho menos sin saber sobre la exterminación de las sangres sucias y su familia… Sus padres tenían la idea de que su hija estaba estudiando en compañía de sus amigos, esperando a que llegue el verano para disfrutar de su compañía por unas semanas antes de que ella decida su futuro después de Hogwarts. Sus padres nunca imaginaron que tendrían que olvidar todos esos detalles. Y así, viendo la televisión esperando la hora para irse a su consultorio, creyendo que sólo era un día más, Hermione susurró…

Obliviate…

Hermione había practicado durante meses el encantamiento para este tipo de emergencias en donde no tendría tiempo de dedicarse a ensayar, lo que no practicó fue la manera en cómo iba a manejar todo sentimentalmente. Bajo la varita después de unos momentos, ahora dándose cuenta de cómo ella desaparecía poco a poco en las fotos familiares… en unos minutos sus padres volverán a reaccionar de todo para irse a Australia en un supuesto viaje que ya tenían preparado. Hermione tenía que irse de ahí cuanto antes, así que con todo el dolor se armó de valor porque todavía quedaba el camino de regreso a Hogwarts y enfrentar a las demás personas las cuales no sospechaban de nada.

"No sospechan de nada…" pensó Hermione con horror, hasta ahora caía en cuenta de lo que realmente pasara esta noche y nadie tenía ni idea. Se había permitido ser egoista a pensar solamente en sus padres, pero lo que sucederá afectara a muchas de las familias de alumnos del castillo.

No puede dejar que eso ocurra.

Subió corriendo las escaleras de nuevo a su habitación, Draco seguía ahí esperándola y él creía que regresaría llorando pero en cambio lo único que vio fue coraje en sus ojos. Sin decirle ni una palabra, Hermione lo agarró del abrazo y ambos desaparecieron de ahí.

En cuanto llegaron nuevamente a los limites del bosque, Hermione camino unos pasos lejos de él pero luego se detuvo… Draco creyó que su comportamiento era por lo que acababa de hacer, sin embargo, cuando se acerco a ella y la agarró por los hombros ella se apartó bruscamente.

–No me toques –lo amenazo con una voz contenida.

Draco se desconcertó por aquella reacción, se dio cuenta que estaba temblando y luchaba por contenerlo.

–Todos merecen ser salvados –murmuró Hermione, dejando sin palabras a Draco.- Aún estamos a tiempo para avisarle a Dumbledore e impedirlo…

–No, no puedes hacerlo –respondió Draco enseguida con un tono serio.

Hermione volteo a verlo, con los ojos llenos de lágrimas entre el coraje y la inmensa tristeza que sentía, se acercó a él bastante ofendida.

–¡Claro que puedo! Esas familias son completamente inocentes, no tienen por qué ser brutalmente asesinadas, tenemos compañeros de padres muggles y tienen derecho a saberlo –exclamó Hermione sin poder creer la reacción de Draco.

–¡No! No voy a permitir que lo hagas –le amenazo Draco.

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La bofetada fue tan fuerte que el rostro de Draco volteo hacia su derecha inmediatamente y con una marca roja en la mejilla, Hermione no pudo evitarlo, estaba furiosa e incluso las lágrimas que luchaba por retener comenzaban a caer.

–¡Eres un maldito egoísta sangre pura! –soltó Hermione sin pensarlo.

Draco entendía que quería desquitarse con algo por la impotencia que le ocasionó tener que borrarle la memoria a sus padres y porque en el fondo sabe que no podrá hacer que todas las familias se salven. Por ello, la agarró de los hombros y la aprisionó entre un árbol y su cuerpo, ambos necesitaban desquitarse un poco.

–¿Egoísta? Debo ser lo bastante egoísta para estar arriesgando mi maldito pellejo y el de mi madre para venir avisarte de la situación –le reclamo Draco ofendido por ser llamado egoísta.– No soy ningún héroe para salvar a todos aquellos insignificantes muggles y tampoco me interesa, vine para salvar a tus padres porque eres tú y porque me importas demasiado Hermione.

–¡Suéltame! –exclamó Hermione aún más enojada por esas palabras de Draco.– No puedo creer que seas tan insensible.

–No lo entiendes –repuso Draco.

–¡Suéltame! –exigió nuevamente.

–No hasta que hayas entendido que no siempre podrás salvar a todos –respondió Draco con crudeza.

–¡Claro que puedo! Aún estoy a tiempo para decirle a Dumbledore y que la Orden pueda hacer algo al respecto –indicó la castaña sin dejarse vencer.

–¿En base a qué? ¿Acaso piensas delatarme? –cuestionó Draco.

Por un momento, Hermione dejó de forcejear y miró al rubio sorprendida por esas palabras. Por supuesto, no había pensado en ese detalle, avisarle a Dumbledore implicaría delatar a Draco Malfoy como mortifago y eso pondría en peligro su vida, la de su madre e incluso ella misma… No podía hacerlo, ¿entonces qué maldita excusa daría sobre esa información tan importante?

Pero estaban en riesgo vidas inocentes, personas que ni siquiera están involucradas en la guerra. No era justo, ¿por qué ella podía salvar la vida de sus padres pero no las de alguien más?

–Por salvar a decenas de personas inocentes… –contestó finalmente Hermione.

Draco la miró herido, no podía creer que Hermione dijera eso después de todo… inmediatamente se alejó de ella. Aquello ya no era simplemente un desquite por lo que estaba pasando, se estaba volviendo algo más personal y ambos terminarían heridos.

–¿Me delatarías por salvar a personas que no conoces y que nunca te lo van agradecer? –comenzó a decir Draco tratando de no gritar.– ¿En serio piensas simplemente mandarme a la hoguera por esos?

–Pero esas personas…

–¡Van a morir y tú no puedes hacer nada al respecto! –gritó Draco fuera de sí.– Aunque consiguieras decirle a Dumbledore ¿donde crees que esconderán a todas esas personas? Ni siquiera son tantos ustedes para nosotros…

–¡Entonces ya escogiste bando…! –interrumpió Hermione desconcertada.

Silencio. Nunca habían hablado de ello, cada uno lo había pensado pero siempre terminaban evitando el tema creyendo que aún no era el momento, creyendo ingenuamente que por ahora no importaba… pero si era importante. Nunca hasta ese momento se habían sentido tan insignificantes frente a la realidad, habían estado tan convencidos de que su amor era suficiente para lidiar contra cualquier situación… dentro de Hogwarts. Sin embargo, la realidad era mucho más fuerte y grande ¿y si el amor no era suficiente?

–No… ni se te ocurra juzgarme porque tú sabes muy bien el por qué estoy ahí Hermione… ¡No te atrevas a dudar de mi! –exclamó Draco ofendido y amenazante al mismo tiempo.

–Eso no contesta lo importante, ¿de qué bando estás, Draco? –cuestiono la castaña sin dejar de mirarlo a los ojos, tratando de conseguir alguna señal mientras su corazón latía con fuerza.

Hermione lo miró con la cabeza en alto mientras no hacía ningún impedimento por las lágrimas que caían sobre su rostro. Se miraron durante unos momentos, desafiándose uno al otro.

–¡No lo sé! –admitió Draco confundido de no poder decir algo más concreto.– Sólo sé lo que debo hacer para proteger a mi madre y si eso implica estar en el bando de Voldemort…

Las palabras se perdieron pero fue demasiado implícito el significado. La castaña bajo la mirada sabiendo que no podría obligar a Draco a elegir bando.

–¿Aunque implique asesinar…? –cuestionó Hermione incapaz de imaginarse a Draco hacer algo así.

–Aunque sea el único que no alce la varita para ello, hay cientos más que lo harán por mi –dijo Draco con frialdad, porque era la verdad absoluta.

Y eso era lo que más le dolía a la castaña: la verdad en las palabras de Draco, no podía salvar a nadie porque implicaría delatarlo y eso no podía permitirlo, pero se sentía tan furiosa con él por ser tan insensible acerca de todo, acerca de lo que hará en unas horas. Lo veía y no podía soportar la idea de que estará en medio de todo, descargando odio hacia familias muggles, un odio que hace unos años sentía por ella…

–Aún puedes cambiar de parecer… –dijo Hermione mirándolo nuevamente.

–Ahórratelo Hermione, esto va más allá de nuestras manos –cortó Draco dispuesto a no dar su brazo a torcer.

–¿Por qué? ¿Acaso no te remuerde la conciencia lo que vas hacer? –siguió cuestionando Hermione dispuesta a entender.

–La verdad es que no –contestó Draco con enojo.– No conozco a ninguna de esas personas…

–¿Cómo te atreves…?

–¡Admito que existen excepciones pero para mí! –exclamó Draco sin darle oportunidad a Hermione de hablar.– Siempre he creído que los muggles son una especie de plaga y por su culpa, nosotros somos quienes permanecemos escondidos.

Hermione siempre había notado en muchas ideas de Draco la educación recibida por sus padres a lo largo de su vida, pero nunca antes había dicho algo como ello. La forma en que lo dijo, con gran coraje…

–Los dos nos criamos de formas muy distintas Hermione, respeto a tus padres pero igual los muggles son inferiores a nosotros –admitió Draco.– Sólo observa sus guerras y sus conflictos sociales, buscaron la exterminación de su propia gente por estupideces como el color de piel, la diferencia de religiones…

–O cuestiones de sangre –respondió Hermione incapaz de salir de su sorpresa que Draco sabía sobre historia muggle.– Ustedes también han cometido errores, no son dioses.

–Claro que no lo somos, pero usamos más la cabeza…

–Lo dice alguien que está siguiendo órdenes de un maldito psicópata.

Draco la miró incrédulo, ella no iba aceptar lo que se venía y él estaba perdiendo el tiempo tratando de que ella entendiera, no obstante, una cosa era atacar a los muggles y magos y otra muy diferente era atacarlo a él.

–Por lo que veo, no has entendido nada sobre mí en los últimos meses… Por primera vez, me doy cuenta de lo diferente que somos Hermione y de lo dañino que podrían ser esas diferencias –respondió Draco fríamente.

Hermione tuvo miedo de esas palabras pero no lo demostró ni tampoco bajo la mirada, simplemente se limito a decirle:

–Será mejor que te vayas de una vez… –indicó Hermione mientras ella sin despedirse comenzó a caminar de regreso al castillo.

–No sabes el camino, Granger –dijo Draco tratando de ignorar su orgullo herido.

–No me importa, puedo llegar –contestó Hermione sin detenerse.

Draco la miró unos momentos alejarse, luego resopló enojado y la siguió. Tampoco la iba a dejar a la deriva del bosque prohibido. Apenas comenzaba a ser consciente de todo lo que ha sucedido, desde que le dijeron el nuevo plan hasta lo sucedido con los padres de Hermione, no entendía bien en qué momento comenzaron a discutir pero las palabras fueron dichas y el daño ya estaba hecho.

Ambos estaban cansados para seguir discutiendo pero todo lo que dijeron no iba a quedar desapercibido.

–No te pedí que me acompañaras –dijo Hermione molesta al escuchar sus pasos cerca de ella.

–Cállate Granger –contestó Draco sin usar un tono grosero, sino de derrota, al dejar a un lado su orgullo y decidir cuidarla hasta su regreso al castillo… a pesar de todo.

Hermione se dio cuenta de ese gesto, de alguna forma le rompió el corazón al ser tan injusta con él… ¡salvó a sus padres! Arriesgo todo, y ella lo atacaba sin compasión porque necesitaba desquitarse con algo.

De pronto el hecho de recordar que sus padres no saben que tienen una hija, ella sin tener idea cuando los volverá a ver y que su único refugio era Draco porque sería imposible acudir a sus amigos; el hecho de pensar en todo lo que puede pasar en unas horas y que Draco estaría en medio de todo eso… simplemente no pudo soportarlo más, era mucho para ella y fue cuando perdió la poca fuerza que tenía.

Se detuvo de repente dándole la espalda a Draco, él la miró desconcertado pensando que le echaría algún maleficio o peor, otro puñetazo en la cara como en tercer año. Sin embargo, no se espero ver cómo Hermione rompía a llorar… incapaz de soportar tanto. Volteo hacia él cubriéndose la boca para no soltar sollozos, Draco nunca la había visto de esa manera pero sin esperar nada a cambio o alguna petición de parte de la castaña, extendió sus brazos para recibirla… ella caminó a toda prisa que incluso cuando sumergió su rostro en el pecho de Draco se tambalearon un poco. Draco la rodeo con sus brazos mientras ella quizás, lloraba por los dos.


Los minutos se volvieron horas, después del episodio en el bosque prohibido, Draco Malfoy acompaño a Hermione Granger hasta su lugar secreto cerca de la torre de astronomía donde le prometió que esperaría ahí hasta su regreso. El rubio no insistió más, además era claro que no quería que la vieran de esa manera… le hubiera gustado quedarse con ella para ayudarla con lo de sus padres, él sabía muy bien que dejarse llevar por la tristeza no le iban a beneficiar en nada, pero no podía quedarse.

Permanecieron abrazados durante un rato en el sillón, en una hora acabarían sus clases y entonces tendrá que regresar… De sólo pensarlo, abrazo con más fuerza a Hermione.

–Me quiero acostar –dijo Hermione rompiendo el silencio.

Draco sacó su varita para modificar el sillón, haciéndolo más ancho para que los dos cupieran a la perfección sin embargo en cuanto ambos se acostaron, la castaña enseguida lo abrazo hundiendo su rostro en el hueco de su cuello. No había necesidad de hablar, sólo querían aprovechar el máximo tiempo posible porque no sabían lo que pasaría después y ni siquiera estaban hablando de la guerra definitiva pero se sentía así. Hermione recordó esas películas muggles en las que los hombres partían a la guerra y las mujeres se quedaban esperando su regreso, fingiendo estar bien, tratando de seguir con sus vidas porque si no el miedo y la tristeza las hundiría en un profundo pozo... La castaña se sentía así en esos momentos, con la esperanza de que sólo regresara con bien.

–Quédate –pidió Hermione a Draco después de un rato.

Draco suspiro largamente, no pensaba discutir nuevamente y menos faltando tan poco para marcharse, además, él ya le había dejado en claro su motivo por el cual seguiría ordenes.

–No puedo –respondió.

Silencio. Hermione se apretó más contra él reprimiendo nuevamente las ganas de llorar, no importase lo que dijera, él no cambiaría de opinión. Entonces nuevamente se resigno a aceptar de alguna manera lo que él era y hace.

–Sólo promete que regresaras… aquí, conmigo –susurró Hermione contra el cuello de Draco.– Es lo único que te pediré de ahora en adelante…

–Regresa a mi –dijo el rubio terminando la frase de ella.

–Sólo eso…


Draco Malfoy caminaba nuevamente por el bosque prohibido, nunca había entrado al bosque tantas veces en tan poco tiempo, Hermione finalmente se había quedado dormida, después del llanto y el evidente desvelo que habría sufrido la noche anterior por su ausencia, el cansancio se apoderó de ella. Para Draco así estaba mejor, que su subconsciente la engañe por unas horas pretendiendo que todo estaba bien. Al menos pudo despedirse un poco de ella antes de que el sueño la venciera.

"Regresa a mi…" las palabras llegaron a la mente de Draco con estruendo, había tanto significado dentro de esas tres palabras que no pudo evitar un desasosiego en su pecho.

Por Merlin, la amaba tanto…

Lo admitía, no había nada que pueda hacer para cambiar lo que siente y aunque existiese algo, no lo haría. Sin duda, desde que Hermione entró a su vida, todo ha dado un giro de 360° aunque al principio le costó aceptar, pero ahora ya estaba acostumbrado a ese nuevo cambio y está seguro de que nunca dejará de quererla. Hermione le ha dado una nueva razón para luchar y seguir adelante, le ha dado cariño, apoyo, amor, lealtad, amistad, le da dado todo incondicionalmente y espera estar entregando lo mismo, porque de eso se trataba: cuando amas a una persona das todo lo que eres por esa persona, porque tu felicidad está ahí y no hay manera de desaprovechar esa oportunidad.

Al principio, lo que lo mantenía en pie era sus padres, creía que eso tenía que ver con el honor hacia su apellido además del amor familiar, tontamente lo creyó de esa manera hasta que Lucius Malfoy fue encerrado en Azkaban, Narcissa Malfoy quedó desolada por esa noticia y por los días de soledad que le esperaban, luego vino sus misiones como mortifago. Se descubrió a si mismo sentirse sin ningún valor o razón durante mucho tiempo, hasta que poco a poco entendió que seguía por su propia vida y por la vida de su madre y aún así, se sentía bastante perdido.

Y luego llegó Hermione, no había ni cómo presagiar su llegada en su vida pero lo hizo, dándose cuenta que ella es todo lo que necesita, se mantuvo ciego durante años y al parecer las cosas que ella no sabía de él, de alguna manera ella siempre las ha entendido. Claro que han tenido sus discusiones y diferencias -como hace unas horas-, no obstante así es como ellos funcionaban porque al parecer necesitan una dosis de peleas de vez en cuando para seguir sincronizados.

Draco suspiró, no hace mucho ocurrieron todos esos sucesos, sin embargo el sentía que fue hace una década cuando su padre había sido encerrado y su madre permaneció todo el día encerrada murmurando el nombre de su esposo el cual nunca regresaría a su lado porque meses después fue asesinado por ordenes de Voldemort.

Lo mejor de todo este tiempo es que Hermione se mantuvo a su lado, aún en contra de sus ideales, de sus amigos, de su moral… ahí ha estado ella aceptando de igual manera lo mucho que lo ama y aceptarlo con todo lo bueno y malo que venga de él. Prueba de eso está su petición: "Regresa a mi…" Ella sólo necesitaba eso y se lo cumpliría, porque más allá de una petición era una promesa.

Esta consciente que lo que esta a punto de hacer es imperdonable pero no tanto como fallarle a ella y a todo su amor, confianza, esperanza, lealtad, seguridad… que tiene puestos en él.

Camino nuevamente hasta los límites del castillo para desaparecer de ahí, había llegado una media hora antes de la supuesta hora en la que había acordado con Voldemort por lo que no se sentía preocupado a que fuera cuestionado. Entró al lugar y todo el mundo calló, Draco no había reparado en la cantidad de personas que se encontraban en aquel lugar, sin duda eran muchísimos los seguidores del lado oscuro. Por un momento cruzó en su mente como sería la batalla final…

Después de ver quién había entrado, todos volvieron a sus labores por así llamarlo. Draco le dedicó una mirada tranquilizadora a su madre para luego reunirse con su grupo quienes permanecían en el mimo lugar donde los había dejado. Al parecer habían aprovechado el tiempo para conocerse unos a otros, "patético" pensó Draco recordando una de sus reglas más importantes: no confiar en nadie. No era como si después de eso se convertirían en un equipo o algo así, simplemente era trabajo.

Por ello llegó a poner límites, no aceptaba ese tipo de comportamientos además de que necesitaba descargar un poco todas las emociones del día y ellos eran la mejor opción. Al poco rato, supo al ver a los demás, que su grupo era uno de los más preparados y organizados, casi como si lo hubiese dicho en voz alta, a los pocos minutos el profesor Snape se acercó a él a preguntarle su plan.

Draco lo recitó todo tal cual, ganándose la aprobación de su profesor.

–¿Algún problema en Hogwarts? –preguntó Snape más apartado de los demás.

–No, nadie sospecho nada –contestó Draco indiferente.

Sin embargo, algo le llamó la atención en la expresión de Snape, como si estuviese a punto de aclararle algo pero no se atreviera hacerlo, o más bien no era el momento.

–No permitas que nada te distraiga Draco, lo que hagas esta noche, será crucial para tu futuro –aconsejó el profesor con un tono sumamente serio para luego alejarse de él, negándole la oportunidad de preguntar.

Draco trató de no hacer ningún gesto pero aquello fue muy repentino, ¿de qué rayos hablaba? ¿Distraerse? Un escalofrió recorrió su espalda, era como si él supiera algo… no, por un momento tuvo temor sobre lo que podría ser. ¿Por qué no de una maldita vez le decía todo? Odiaba que siempre le sembrara una duda y más en una situación como esta. Se llevó una mano a la cabeza, comenzaba a perder los estribos y aún faltaba lo más difícil.

Sin embargo, cuando menos se lo esperaba, faltaba una hora para el comienzo… se dio cuenta que ya hacía un rato que había anochecido por completo. Miró a su alrededor, sólo unos cuantos parecían realmente ansiosos de que llegara la hora, parecía estar a punto de comenzar una especie de banquete y todo el mundo estaba hambriento… aquello solo le dio repugnancia, ¿cómo era posible que se sintieran así? Ni siquiera las familias más antiguas como los Malfoy se mostraban de esa manera.

Y ni hablar de su tía Bellatrix, que eran esos momentos en los que se preguntaba si algún día fue humana porque la mirada psicópata y la forma en que sujetaba su varita… mentiría si dijera que no sentía compasión por sus futuras víctimas pero sí lo hacía, sobre todo después de haberla visto en acción, tardo semanas para aguantar su compañía en una misma habitación.

En ese momento, al parecer algo llamaba la atención de todos, Voldemort finalmente se había levantado de su asiento y caminaba lentamente hacia los demás, enseguida todos le abrieron paso para que se situara en el centro de la habitación. Draco se mantuvo un poco atrás, no le interesaba verlo tan cerca.

–Ya casi es hora, esta noche dejaremos una marca importante… esta noche haremos lo que nuestros antepasados tendrían que haber hecho desde el principio –comenzó a decir Voldemort mirando a cada uno de ellos, disfrutando ver el miedo en sus ojos y la determinación por servirle.– Nunca es tarde para reparar los daños… Así que está prohibido cometer más.

–Señor… –se escuchó una voz sumamente llena de inseguridad, todo el mundo volteo la mirada, era uno de los seguidores novatos.

Draco negó con la cabeza, lo primero que le dijeron y lo primero que hacen, es por ello que no duraban ni un día.

–¿No cree que es algo… extremista… este ataque? –cuestionó el hombre al Señor Tenebroso.

"Idiota" pensó Draco antes de escuchar como el cuerpo del hombre caía muerto. Todos esos seguidores exclamaron de sorpresa, mientras los demás se limitaron a seguir con la mirada en Voldemort, mostrando la clara indiferencia en el hombre muerto.

–¿Alguna otra opinión? –preguntó Voldemort como si fuera un profesor enseñándole a sus estudiantes.

Miró a todos, viendo quién se atrevería a cuestionarlo y sonrió con malicia. Era tan fácil tener el control de todos aquellos incompetentes, usarlos a su antojo y manipularlos para su beneficio.

–¿Estamos listos Severus? –preguntó el señor oscuro sabiendo que su mano derecha no lo defraudaría.

–Por supuesto, mi Señor –afirmó Snape.

–Entonces no esperemos más, vayan ahora y no me decepcionen…

Bellatrix Lestrange fue la primera en desaparecer, enseguida su grupo la siguieron sabiendo claramente en que lugares iban hacerlo. Poco a poco, todos comenzaron a desaparecer hacia su destino… Draco apenas tuvo tiempo de mirar a su madre, ellos no son de los afectivos donde se hubieran abrazado y todas esas cursilerías, con la mirada sabían que todo estará bien y volverán a verse, aquello era suficiente.

Lo siguiente fue demasiado confuso para Draco o al menos su mente no lo podía captar del todo. Se apareció en un callejón junto con otros cuatro, tal como habían ideado un plan… la calle estaba desierta o más que nada tranquila y lo primero que harían sería silenciar la zona, no querían ningún policía muggle al menos hasta que vieran la marca tenebrosa en el cielo. Aquella tarea fue designada a la mitad del grupo, mientras los demás esperaban a las siguientes señales. Draco escuchaba tan fuerte su latido del corazón… que creyó delatar a todos, así que decidió ponerse su máscara de mortifago. Sólo los líderes podían cubrirse el rostro, resguardando su identidad.

El sitio donde estaba, se encontraba a las afueras de la ciudad de Londres, donde las casas eran bastante similares, dentro de la zona donde están, había 10 casas con relación a un mago, las demás los dejarían en paz al menos que causaran problemas.

Miró unas chispas en la calle, lo cual era indicio de que en cuanto él dijera, el plan comenzará, agradeció a Merlin tener la máscara puesta, cerró los ojos, tratando de sacar las fuerzas para seguir… Sea lo que piense o sienta, no había marcha atrás.

Alzó la varita y disparo unas chispas verdes.

El primer grupo comenzó a correr por la calle hacia la primera casa…

Alzó la varita y disparo unas chispas azules.

El segundo grupo que se encontraba al otro lado, imito al primero en su casa correspondiente.

Y así fue hasta que llegó su turno, antes de que pudiera avanzar, no se hicieron esperar los gritos de las personas, eran gritos de miedo e incluso de dolor… al parecer algunos se habían tomado la libertad de divertirse. Draco ignoro todo aquello, corriendo hacia la casa que le tocaba, uno de sus acompañantes lanzó un bombarda apartando la puerta a varios metros y hecha pedazos. Enseguida las personas salieron al recibidor asustadas por el sonido pero en cuanto vieron a Draco, con la capa negra, varita en alto y la máscara plateada de mortifago… fue como si una de sus pesadillas hubiese hecho realidad.

La primera en gritar de miedo fue una señora, enseguida uno de ellos lanzó una cuerda para atarla completamente cayendo con fuerza en el suelo. Pronto, se unieron otros tres a la escena e igual fueron amarrados, todos reían menos Draco quien no soportaba la mirada con la que lo veían…

–Hazlo –dijo uno de sus acompañantes esperando a ver como Draco Malfoy se divertia con la presa, pero no le daría aquella satisfacción… ya era muy malo matarlos por hacerlo como para hacerlos sufrir.

Sin embargo, uno de ellos ya lanzaba un cruciatus a un hombre de mediana edad… su familia gritaba que parase y su grupo reía con crueldad, estaban tan enfermos como su tía. Lo que siguió pareció vivirlo en cámara lenta, no iba a dejar que al menos en su grupo torturaran a las personas… es lo mínimo que les podía hacer como favor. Así que alzó la varita y pronunció la maldición imperdonable, dándole directo al hombre a quien estaba torturando, antes de que la familia gritará aún más… también recibieron el mismo destino.

–Vámonos –dijo Draco con una voz demasiado neutral.

Los otros obedecieron enseguida sin protestar, dejando a Draco algo atrás. El rubio no podía dejar de ver su mano derecha donde tenía agarrada la varita… no fue totalmente consciente de lo que hizo, aún no podía asimilar lo que acababa de hacer, no era la primera vez… Tuvo que convertirse en un asesino para que él no fuera asesinado. No había más explicación.

Así que no podía entender porque se sentía tan extraño y sobretodo, tan asqueado de si mismo ahora… Comenzaba a temer que haya perdido su control.

En cuanto llegaron a la calle, otros muggles comenzaban asomarse de sus casas al escuchar los gritos, sin embargo ya habían terminado su trabajo ahí. Draco miró a uno de ellos y asintió con la cabeza, el hombre alzó la varita al cielo y momentos después la gran marca tenebrosa se abría paso entre el cielo, brillando en todo su esplendor. No se hicieron a esperar los gritos de exclamación de las personas muggles, unos enseguida entraron nuevamente a sus casas pero antes de cualquier otra cosa. Draco y su grupo volvieron a desaparecer.

Para la media noche, Draco ya no se sentía dueño de sí mismo… se sentía tan ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, era como si estuviera en el cuerpo de alguien más y él fuera solamente sus ojos porque eso sí, observaba todo con el máximo detalle. Las expresiones de sorpresa, de horror, de sufrimiento, de piedad, de muerte. Incluso algunos parecían ya esperarlos como si supieran que tarde o temprano los matarían por sus orígenes. Al menos a las siguientes veces ya no mató, sólo se dedico a ordenar. Cada vez que se cometía un asesino, en su mente se cuestionaba: "Tendría que haber otra forma… Podían haberse salvado" pero había mucho de por medio, muchas cosas de por medio que en ese momento parecían ya no ser tan importantes.

Ahora no importaba nada en realidad, en este momento ya habrán visto las marcas tenebrosas y no tendrán ni idea en donde sería el siguiente paso, sólo les quedará recuperar los nombres y será algo que no podrán ocultar de la comunidad mágica por lo que seguro aparecerá en el Profeta al siguiente día… la llegada de la noticias a los demás familiares. Sólo esperaba llegar al castillo refugiarse en los brazos de Hermione.

Entonces, sucedió lo impensable… En una de las últimas casas, parecía que todo había entrado en una rutina, irrumpir en el hogar de la manera más violenta, amarrar a todos y matarlos a pesar de las súplicas, aunque de vez en cuando permitió la tortura sólo porque estaría seguro de que quizá lo fueran a delatar de ello. Pero no esperaba nada como en aquel hogar, cuando los residentes de la vivienda estaban amarrados -una pareja, él mago y ella muggle-, su grupo estaba bastante entretenido haciéndolos sufrir cuando una figura en al pie de las escaleras llamó la atención de Draco.

Alzó la mirada y para su horror, vio una niña pequeña, de al menos tres años con su pijama puesta, aún con la cara somnolienta pero bastante aterrada en cuando sus miradas se encontraron. Creyó morir, en los registros no decía nada de niños, al menos no en las listas que él le tocó porque estaba seguro que en otras si los había.

No tuvo tiempo ni siquiera de pensarlo…

–Escuché algo arriba –dijo Draco de repente, viendo con alivio como la niña corría a refugiarse porque en ese momento sus compañeros voltearon hacia arriba, los padres estaban luchando por permanecer despiertos por lo que no lo escucharon.– Iré a checar, ustedes sigan…

Los otros aceptaron sin dudarlo. Draco subió las escaleras en dos en dos, el lugar no era muy grande y en cuanto llegó al pasillo se detuvo porque no sabría cómo se comportaría la pequeña: si gritabaa o lloraba, sería su fin, por lo que camino sigilosamente. Incluso se quito su máscara. Había tres habitaciones, era una clase de ley universal pero cuando eres niño y estas asustado, corres al cuarto de tus padres. Atravesó el pasillo, entrando a un cuarto amplio y al principio no vio nada, pero un movimiento debajo de la cama la delato.

–No te voy hacer daño –susurró Draco sabiendo que tenía que darse prisa.

No recibió ninguna respuesta, así que se agachó poco a poco para poder verla. La pequeña estaba hecha un ovillo mientras luchaba por no hacer demasiado ruido aunque no paraba de llorar de lo asustada que estaba. En cuanto su mirada infantil lo vio, se echó para atrás totalmente aterrada de él, había visto o minimo escuchado a sus padres, era obvio que no confiaba en él.

–Cálmate, no quiero hacerte daño… de hecho, te voy a salvar pero con la condición de que no hagas ruido –dijo Draco con voz tranquilizadora cuando él se sentía presa de los nervios porque si los otros lo descubrían, matarían a la niña sin piedad.– ¿Entendiste?

–¿Mamá… papá? –preguntó la niña.

–Estarán bien –mintió, le quedaba poco tiempo.– Necesito que confíes en mi, ¿lo harás?

La niña asintió con la cabeza, Draco sinceramente, quería agarrarla y llevársela lejos de ahí para que alguien más la protegiera pero eso era imposible. Sacó su varita y pronuncio un hechizo aturdidor, haciendo que la pequeña enseguida perdiera el conocimiento. Estará a salvo hasta que los aurores llegasen. Sabía que podría hacer algo más pero estaba seguro que al menos esto le salvaría la vida, se levanto volviéndose a poner su máscara y camino fuera del cuarto a reunirse con los demás quienes nada más lo esperaban.

–No aguantaron los cruciatus, la escoria sin duda es la cadena más débil –dijo uno de ellos, al parecer de la noche a la mañana su ego creció.

–¿Viste algo? –pregunto otro llamado Rogers, ignorando a su compañero.

–Una estúpida mascota –contesto Draco como si aquello fuera lamentable.

En ese momento, uno del otro grupo entró corriendo al lugar irrumpiendo con gran fuerza.

–¡Escaparon! ¡Algunos escaparon! –exclamó entre asustado y enojado mirando a Draco.

Draco enseguida se sintió furioso ante tal estupidez.

–¿¡Por qué maldita sea vienes a decirme!? ¡Vayan a buscarlos de una maldita vez, y si uno solo logra escapar de verdad, uno de ustedes tendrá que reemplazarlo! –exclamó Draco en tono sumamente autoritario.

Enseguida todos se fueron corriendo dispuestos a encontrarlos como sea posible, Draco se acarició la sien soltando un gran suspiro de cansancio, de pronto entendiendo lo serio de la situación… cuando en ese momento escucho un quejido, miró alerta hacia las víctimas que yacían en el suelo, volteo hacía la puerta esperando a que nadie entrara y camino lentamente hacia la pareja. Reviso el pulso de la mujer, nada. Entonces el hombre comenzó a moverse, si alguien le preguntase después por qué lo hizo él no tendría una respuesta concreta. Draco se arrodillo junto al hombre, apuntando su varita hacia el pecho y exclamó: "Enervate"

Enseguida el hombre volvió a la conciencia por completo, sintiendo todo el cuerpo adolorido, sin embargo lo primero que vio fue a su esposa inmóvil… Draco puso un hechizo silenciador alrededor porque justo en ese momento el hombre comenzaba a exclamar el nombre de su esposa y gritar. Draco, le quito las cuerdas que lo sujetaban. El esposo enseguida comenzó abrazar a su esposa con desesperación mientras lloraba…

Draco se quedó perplejo ante ello, aún sabiendo que no tenía tiempo, su cuerpo se quedó inmóvil viendo cómo aquel hombre lloraba por la muerte de su esposa.

–¿¡Es por qué es una muggle!? –grito con odio mirando a Draco.– ¡Ustedes no tienen el maldito derecho!

Aquello fue lo necesario para que el slytherin reaccionara.

–Basta, tenemos muy poco tiempo… tu hija está arriba a salvo –dijo Draco enseguida con fuerza para que entendiera.

Funcionó, el hombre enseguida pareció olvidarse de la muerte de su esposa.

–Kate, ¿está bien? –preguntó sintiendo toda la esperanza de seguir con vida.

–Así es, escúchame con atención… tienes un minuto para ir por ella, está debajo de la cama inconsciente, lo tuve que hacer para que no la descubrieran… ve por ella y te ayudaré a salir de aquí –dijo enseguida Draco pero el hombre no se movía sólo lo veía perplejo.– ¡AHORA!

El hombre como pudo, se quitó el resto de las cuerdas y corrió escaleras arriba. Draco no sabía por qué rayos hacia eso, su padre enseguida hubiese terminado con él, quizás dejaría con vida a la criatura pero nada más. Estaba comenzando a hacer estupideces, es un suicidio hacer esto, pero lo hizo sin meditarlo lo cual no sabía hasta qué punto estaba bien o mal. Los segundos corrían y él comenzaba a perder los estribos, si descubrían que estaban vivos no tendrá más remedio que matarlos… Se asomo por la ventana de vez en cuando y justo cuando iba a subir por ellos, el hombre bajo con su hija en brazos envuelta en una manta.

Draco no lo pensó, sujeto el brazo del hombre y los tres desaparecieron. El hombre no tuvo tiempo ni de reaccionar cuando ya habían pisado suelo firme, se encontraban una calle enfrente de la estación King's Cross.

–Tienes que irte lejos, ellos saben que cometiste una traición… ellos te van a seguir buscando si se enteran que saliste vivo, regresa cuando la guerra haya terminado – indicó Draco con prisa, necesitaba que entendiera a la perfección.

–¿Aún sigues creyendo que Harry Potter ganará esto? Tengo entendido que está muy a gusto en Hogwarts –reclamó el hombre.

–Sí, va a ganar –contestó Draco sin estar seguro– Ahora tienes que irte…

El hombre camino unos pasos, pero luego se volvió hacia Draco.

–¿Por qué hiciste esto? –preguntó el hombre perplejo, los mortifagos no dan segundas oportunidades, sobre todo si se les considera traidores a la sangre, aquello simplemente no tenía sentido.

–Porque… porque la persona que amo no es digna de mí, cuando yo no soy digno de ella –declaro Draco, el hombre entendió por completo.

–Gracias –se despidió y camino con su hija en brazos hacia la estación de King's Cross.

Aquel hombre abrazo con firmeza a su hija mientras recargaba su nariz en su pequeña cabeza, mientras su rostro se descomponía por el llanto que amenazaba salir.

Draco desapareció antes de seguir perdiendo más el tiempo, en cuanto aterrizó, salió de la casa hacia la calle y justo en ese momento su grupo regresaba con cuatro cuerpos flotando por medio de un hechizo, no debería pero soltó un suspiro de alivio.

–Los encontramos rápidamente aunque al principio mostraron un poco de resistencia –le informo uno de ellos quien su nombre no recordaba.

–Déjenlos ahí, aún nos faltan tres lugares más y no quiero otro error más ¿entendido? – exclamó con rudeza mientras veía a los cinco responsables de que casi todo se arruinara.

Finalmente, uno de ellos lanzó la marca tenebrosa en el cielo y acto seguido todos desaparecieron del lugar. Draco aún seguía sintiendo los nervios a flor de piel, no tenía ni idea que lo motivo ayudar aquel hombre.


Alrededor de las tres de la mañana, cuando todos regresaron al cuartel temporal, Draco Malfoy se sintió aliviado de que al fin terminara todo. Algunos de los presentes se veían realmente con expresiones triunfantes, otros comenzaron a describir sus diferentes formas de matar a las víctimas y otros como Draco, quienes permanecían lo más indiferentes posibles.

Los minutos pasaban mientras los demás seguían llegando, Draco esperaba a alguien en particular alejado de los demás, entre tantas cosas que habían pasado durante el día y la noche, la verdadera razón por la que aún seguía ahí casi la olvidaba por completo. Cuando Narcissa Malfoy llegó al lugar, Draco en seguida fue a su encuentro abriéndose paso entre la gente. Quería abrazarla pero no era el lugar…

–Madre, ¿todo bien? –preguntó con un tono cordial mientras sujetaba las manos.

Narcissa se veía impecable como siempre, algo que Draco siempre admiro de su madre, no importaba las circunstancias o lo que pasara, ella siempre mantenia el carácter, la imagen y sobretodo los sentimientos en su lugar.

–Si, todo salió muy bien. ¿Hijo? –respondio Narcissa con el mismo tono de cordialidad.

–Todo bien…

Era lo mucho que podían preguntarse e interactuar, sabía que todos estarían mirando discretamente a ellos, midiendo sus palabras y viendo si podían utilizar algo de ello. Como siempre lo había sido, más desde que murió Lucius Malfoy donde todo el mundo quería ver a los gran Malfoy desdichados y sin ningún poder. Por eso Draco aunque quisiese abrazar a su madre, había apariencias que cuidar.

En ese momento, Bellatrix Lestrange llegó junto a su grupo acompañados de una risa sumamente cruel y despiadada, pero para ella era de diversión. Todo el mundo palideció un poco, no querían saber cómo les fue a sus víctimas y más con el rumor de que algunos de los integrantes de su grupo ella los escogió personalmente, quizás había uno que otro hombre lobo.

Al parecer ella fue la última en llegar porque enseguida, Lord Voldemort se levantó de su sillón y camino hacia todos, con una sonrisa más que satisfecha en su rostro. Sus ojos rojos brillaban de victoria mientras veía a cada uno de ellos complacido por el trabajo.

–Lo logramos –fue lo único que dijo.

Todos irrumpieron el denso silencio en gritos de victoria y aplausos, deseosos de saber cómo se encontraría el mundo mágico ante lo que pasó, las caras de todos los del cuartel de aurores, el mismo Ministro y Albus Dumbledore junto con su intento de ejército. Después de esto, nadie dudaría de Lord Voldemort sobre todo después del tiempo en el que supuestamente no hacía nada… Ahora la victoria para Voldemort no se dudará y la mayoría perderá las esperanzas en Dumbledore y en el niño que vivió.

De hecho, ya era bastante simple de entender… la batalla final seria llevada a cabo muy pronto.


Eran las cuatro y media de la madrugada, cuando Hermione Granger se despertó sobresaltada. Por un momento, no reconoció el lugar donde estaba, miró a su alrededor asustada pero Draco no estaba ahí. De pronto, fue como si todo llegará de golpe… sus padres, Draco, el ataque y muerte de personas inocentes, discusión sobre ello… Hermione miró su reloj dándose cuenta de la hora. La angustia regresó a su pecho y por alguna razón, sus ojos se humedecieron.

Pero no tuvo tiempo de llorar cuando Draco Malfoy irrumpió en la habitación. La castaña estuvo a punto de correr abrazarlo pero algo en su mirada la hizo dudar, su expresión estaba pálida y se veía verdaderamente ausente… Cerró la puerta con seguro; se quito la capa, luego los zapatos, luego el suéter. Hermione comenzó asustarse, no porque se quitará la ropa sino conforme lo hacía, su respiración se volvía más agitada y su expresión era de pura desesperación.

–Draco… –murmuró su nombre levantándose del sillón.

Él no le prestó atención, comenzaba a batallar con los botones de su camisa pero estaba en un punto en el que sus manos temblaban demasiado. Hermione se acercó a él decidida, ayudándole con los botones de la camisa y tuvo miedo de que él tuviera algún tipo de ataque… su pecho se movía muy rápido, como si no pudiera respirar.

–Tranquilo Draco… tranquilo –comenzó a decir Hermione sin poder evitar que su voz se descompusiera.

–Ayúdame –contesto Draco mirándola con angustia, desesperación, miedo, rabia…

Hermione aparto la camisa, nunca lo había visto sin camisa pero no era el momento para pensar en ello. Porque en ese momento, Draco atrapó su boca en un beso llenó de ansiedad, dejándola totalmente desarmada.

Draco no podía dejar de pensar en todas aquellas personas, las que mató y las que murieron… pero sobre todo en las personas que ayudó. Aquel hombre era un sangre pura como él, quizás no tenía un apellido importante pero al fin de cuentas lo educaron con los mismos principios e ideología que a él… se enamoro de aquella muggle y años más tarde son castigados por ello. ¿Y si algo así le pasaba con Hermione? ¿Y si años después llega alguien a su casa y los tortura hasta matarlos? No podía evitar imaginárselo en mil formas: él regresando de trabajar y encontrar a Hermione muerta junto con su hijo… ¡Por Merlin! Se sentía tan asqueado del mundo en el que creció, en donde alguna vez creía que todo aquello era lo correcto, se sentía enojado con sus padres por la educación que le dieron y se sentía maldecido por el destino que tenía.

Simplemente no podía dejar de pensar en ello y en lo que vivió hace unas horas… Huyó del cuartel temporal antes de que se derrumbase porque sabía que lo iba hacer en cuanto se diera cuenta en verdad del daño. Quizás era demasiado débil para esto… porque se odio a sí mismo en cuanto sintió una sensación de picor en los ojos, apartándose de Hermione enseguida.

Las lágrimas comenzaron a caer, las respiración agitadas se convirtieron en sollozos y un nudo en la garganta le impedía calmarse. Hermione lo vio deshecha, sin esperar petición, lo abrazo con fuerza y él respondió a su abrazo como si su vida dependiera de ello, y es que ella era su único sosten para no perder la cordura. No podía controlar sus lágrimas ni los temblores de su cuerpo mientras ella lo abrazaba con fuerza sin importarle aquello.

–Escúchame Draco… –dijo Hermione haciendo un tremendo esfuerzo porque su voz no se quebrase.– Tú sólo seguías ordenes, no querías matar en verdad a esas personas… tú, lo hiciste por las personas que te importan.

Era irónico como hace unas horas ambos peleaban porque él aseguraba que no le importaban en absoluto la muerte de esos inocentes. Draco recordó las palabras que le dijo aquel hombre "Porque la persona que amo no es digna de mí, cuando yo no soy digno de ella" ¿por qué ella seguía a su lado? ¿Por qué él…?

–Hermione, sabes que eres libre de dejarme por lo que acabo de hacer y… –comenzó a decir Draco pero ella lo calló.

–No te atrevas a decir eso… Yo… –exclamó Hermione sin poder decir algo coherente, en cambio respiro hondo.– Esta mañana, Luna Lovegood me dijo que últimamente me ha visto diferente, me veía más feliz, más bonita… atribuí esa felicidad a ti. Porque a pesar de todo, soy feliz porque te quiero y me quieres también. Así que simplemente no te atrevas a decirme eso como si me estuvieras haciendo una especie de favor… porque no lo haces.

Hermione puso un poco de distancia entre ellos, para alzar sus manos y limpiar las lágrimas de Draco. Su mirada gris estaba cargada de tristeza y de cariño después de las palabras de la castaña. Ese mismo día, él fue quien le limpiaba las lágrimas y la abrazaba con fuerza por la tristeza de sus padres y ahora ella estaba siendo lo mismo por él, tal y como aquel día en que su padre fue asesinado… pero también ha estado ahí en su felicidad. No hacía falta decírselo porque ella lo entendía perfectamente.

Draco agarró la mano derecha de la castaña, le besó el dorso con ternura agradecido de lo que hizo, Hermione lo miró con una sonrisa nostálgica. Los miedos de Draco aún lo sentía latentes pero ya no le parecían tan graves… más tarde quizás le contaría a Hermione sobre ello pero por ahora, el cansancio le llegó de golpe y aún faltaban cuatro horas para salir de aquella habitación.

–¿Dormir? –preguntó Hermione, sabiendo lo mucho que les haría falta para los próximas horas.

–Vamos –contestó Draco.

Ambos se acomodaron en el sillón, Hermione hundió su rostro en el hueco de su cuello mientras él la abrazaba sin decir nada más. Poco a poco sintió como su respiración se calmaba junto con los latidos del corazón sabiendo que si ella no estuviera con él en estos momentos, las pesadillas enseguida lo atormentarían… pero mientras disfrutaría de un poco de paz.


El despacho del director de Hogwarts se encontraba solamente alumbrado por el fuego de la chimenea, suficiente para el profesor Severus Snape y Albus Dumbledore, quienes se encontraban discutiendo sobre los acontecimientos.

–He recibido decenas de lechuzas del Ministerio mágico y muggle –informaba Albus a su acompañante quien se negaba a mirarlo.

Aunque no pareciese, el profesor Dumbledore si sabía del ataque aunque supuestamente se llevaría a cabo dentro de una semana, lo cual tanto a Snape como al director, les agarró de sorpresa el cambio de fecha. Severus no pudo avisarle a tiempo porque en ningún momento tuvo algún minuto solo para poder lanzar un aviso, de hecho, creía que la convocatoria de Voldemort sería una simple reunión.

–Para este punto, todos ya deben de saber sobre el ataque –dijo el profesor Snape.

–Al menos no mis alumnos Severus, lo cual espero contar con toda la ayuda del personal porque se puede desatar el caos –comento Dumbledore dándose un masaje en el puente de la nariz.

Snape lo miró intrigado, se veía muy cansado el director y no era por el desvelo.

–¿Qué va hacer ahora? –preguntó Snape intrigado, las cosas habían salido muy mal.

–A la primera hora de la mañana, traeme a Harry. Ya no podemos perder más tiempo –le indicó Dumbledore.

Severus sólo asintió, aún no sabía lo que planeaba el profesor con Potter, deducía que era algo importante relacionado con Voldemort y por ello no le ha dicho nada. No quería correr el riesgo. Por ello, no quiso preguntar y estaba a punto de irse cuando Dumbledore le preguntó:

–¿Y Draco Malfoy?

Snape se detuvo en seco, tratando de meditar la intención a esa pregunta.

–A salvo –contestó.

Hubo un momento de duda de Albus, lo que hizo que Snape se quedará a escuchar.

–Necesito contarte esto Severus, verás, esta mañana la Srita. Granger y el Sr. Malfoy faltaron a todas sus clases y tampoco fueron vistos durante la hora del almuerzo ni la cena –comentó el profesor Dumbledore mientras estudiaba su reacción.– ¿Alguna teoría?

El profesor analizaba lo que decía el director, aquello no tenía sentido, Draco pidió permiso especial para regresar a Hogwarts de tal manera que nadie sospechará de él. ¿A dónde querría llegar el profesor?

–Hace un rato, me llegó la lista de las familias de los alumnos a quienes resultaron asesinadas, lógicamente el nombre de los padres de la Srita. Granger deberían estar aquí y no lo están… al parecer se salvaron del cruel destino –comentó Dumbledore.

Severus volteo a mirarlo impactado, él vio esas listas y claramente identifico el nombre de los padres de Hermione Granger, deberían haber muerto a no ser que… Entonces sintió como palidecía, ni siquiera se molesto en ocultarlo, porque aquello resultaba absurdo e imposible. Era una completa estupidez.

–No puede ser… –murmuró Snape mirando atónito al director esperando a que le dijera que estaba equivocado.

–Pues, si puede ser –respondió.

Para Dumbledore no hizo mucha falta analizar las circunstancias, de hecho, él llevaba sospechándolo desde que le informaron sobre las actitudes de Malfoy y Granger en la clase de Aritmancia, lo confirmo cuando sucedió el ataque de los dementores en la visita a Hogsmeade. Lejos de sorprenderse sobre aquello, sonrió sabiendo que aún había esperanza.

–Al parecer la historia se está repitiendo –se atrevió a decir Dumbledore.

Snape lo miró ofendido, odiaba cuando le recordaba ese momento de su vida. "Lily…" pensó con el visible dolor en el pecho. Odiaba tenerlo controlado pero ante cualquier mención de ello, todas sus barreras se derrumbaban, ¿cómo se atrevía a mencionarlo en un momento así? ¿A compararlo con Malfoy?

–No, aquello fue diferente. En todo caso, están cometiendo un grave error y apuesto a que debe haber alguna clase de beneficio por parte de Malfoy para relacionarse con la Srita. Granger –contestó enseguida, dando paso al enojo para desviar su dolor.

–Verás Severus, a veces las peores circunstancias como las guerras, hace que las personas descubran su verdadera persona o su verdadero destino, no siempre suele ser como se esperaban pero finalmente… descubren que con ello pueden ser felices.

–¡Es una estupidez! Van a matarlos a ambos si se descubre y después de todo lo que ha hecho Malfoy por proteger a su familia, esto tiene que terminar ahora –exclamó Snape enojado.

–¿Serás capaz de traicionarlo? Después de que a ti te ocurrió lo mismo…

–¡No se atreva a mencionarlo!

Se hizo un silencio pesado en el ambiente, Snape por lo general no perdía el control, era un maestro para ocultar sus sentimientos pero en cuanto mencionaban su pasado… en lo que hizo y en lo que pudo haber pasado… No había manera de poder esconder eso, el profesor Dumbledore siempre se empeñaba en sacarlo en el momento menos oportuno consiguiendo que saliera de sus casillas y afortunadamente era el único que sabía de ello.

–Sabes perfectamente que si tuvieras otra oportunidad, la tomarías –dijo Dumbledore midiendo sus palabras.

Snape desvió la mirada, tratando de controlar su respiración. ¡Por Merlin! Por supuesto que la tomaría, no se hubiera dejado llevar por la estupidez de la pureza de la sangre, por los prejuicios, por la diferencia de casas… no se hubiera dejado engatusar por el poder y sin duda, otra historia se estaría llevando a cabo, ella estaría viva… quizás no con él pero viva.

–¿Qué quieres que haga entonces? –preguntó Snape con la voz más neutral posible.

–Habla con Draco y protégelos –le indicó el profesor Dumbledore.

Severus no entendía nada sobre aquello, además de que aún no podía creer sobre el descubrimiento acerca de Malfoy y Granger, era demasiado.

Era un hecho real que no solamente Harry Potter sufría de la guerra por ser el Elegido, porque todos lo hacían, directa o indirectamente todos sufren las consecuencias de ello y cada uno está librando su propia batalla.


Hola,
como conteste en algunos reviews, este capitulo seria largo largo :)
espero les haya gustado, en verdad disfrute escribirlo y más el personaje de Draco.

¿Qué creen que pasará después?

No olviden dejar sus comentarios, se los agradecería.

Besos