La madrugada irónicamente permanecía tranquila y silenciosa, acogiendo el castillo junto con sus habitantes en un pacifico reposo. Dentro de los grandes muros se escondían numerosos secretos, pero quizá ninguno tan importante como el que habitaba cerca de la torre de la astronomía, en el cual una pareja descansaba de lo que había sido uno de los peores días de sus vidas. Solamente habían pasado unas horas en las que ambos habían tomado decisiones cruciales involucrando a terceros, estando sumamente conscientes de las consecuencias de aquellos actos y ambos aceptaron sus destinos. Pero de igual manera aceptaron que aún faltaba mucho camino por recorrer antes de poder salir libremente de aquella habitación, siendo metafóricamente su encarcelamiento.
En medio del silencio de la noche, Hermione despertó sobresaltada, fue tanto el susto de su pesadilla que se incorporó inmediatamente tratando de coger aire para llenar sus pulmones mientras lagrimas caían por sus mejillas. Tardó unos segundos en ubicarse donde se encontraba temiendo que el sueño hubiera sido realidad. Soltó un par de sollozos, sintiendo como su cuerpo se llenaba de desesperación y temblaba a causa de las vividas imágenes, hasta que unos brazos la rodearon y él le susurró un "tranquila…" al oído, tuvo plena consciencia de que sólo había sido una horrible pesadilla y comenzó a sentirse estable.
Trataba de calmar su respiración mientras recordaba lo de hace unos momentos. Había soñado con una persecución a los hijos muggles, en donde esta vez, ella se encontraba en medio del caos y no podía hacer nada por sus padres. A pesar de los encantamientos protectores que ella había convocado, los mortifagos habían logrado llegar hasta ellos y por mucho que corrian los alcanzaban y los superaban en número, los rodearon enseguida para que no tuvieran ninguna escapatoria más. La castaña se sentía totalmente impotente porque no iba a poder defender a sus padres de todos los mortifagos…
Un escalofrío recorrió su cuerpo haciendo que Draco Malfoy la abrazara con fuerza. Hermione giró su cuerpo para poder abrazarlo con intensidad, perdiéndose en el calor de sus brazos, en el suave latido de su corazón y en la pausa de su respiración. Poco a poco comenzó a sentirse más segura y el rubio al darse cuenta de ello, volvió acostarse llevandose a Hermione con él.
–No quiero salir de aquí nunca más… –susurró la castaña sin pensarlo. Draco le respondió dándole un beso en la frente porque no sabía de qué otra manera responderle, por supuesto que él tampoco deseaba salir de ahí, pero ninguno estaba dispuesto aún a admitir la realidad.
No hubo ninguna necesidad de que Hermione contará sobre su sueño, él sabía perfectamente que tenía que ver con lo sucedido, pero odiaba que ella tuviera que sufrir con pesadillas y él no. Preferiría sobrellevar esa carga y dejarla fuera de todo lo malo que últimamente ha estado sucediendo, aunque eso significase que perdiera el control de su emociones una vez más.
Mientras Hermione aún trataba de relajarse, Draco recordó cómo fue que se vino abajo todo su autocontrol en cuanto llegó al lado de la castaña, fue como si durante todo el día, unas cuerdas invisibles lo hubieran mantenido amarrado para que de pronto pudiera ser liberado, dejándolo completamente aturdido por las emociones. Sin duda preferiría él sobrellevar esa carga de emociones a que la castaña sufriera más por lo mismo.
Hermione seguía tratando de respirar con tranquilidad, ella también sabía que no había ninguna necesidad de que le contará sobre su pesadilla. Pero el sólo recuerdo de haber soñado que sus padres iban a estar a punto de morir… nuevas lagrimas salieron de sus ojos, haciendo que Draco se tensara al darse cuenta de ello.
–Hermione… –susurró el slytherin al tiempo que acariciaba su cabello sin tener mucha idea de cómo consolarla.
–Dime la verdad… ¿crees… crees que de no haberme dicho nada, mis padres habrían tenido alguna oportunidad de sobrevivir…? –preguntó Hermione titubeando, esforzándose porque su voz no se quebrase.
–No lo sé –respondió honestamente Draco, su voz había adquirido un tono muy serio y la castaña supo que había algo más.– En la mañana te hubiera dicho un rotundo no, pero ahora…
Hermione no entendía bien, aunque no hubiese arriesgado la vida de sus padres con tal de evitar borrarles la memoria, había algo en las palabras de Draco que daba a entender que había una alternativa más.
–Lo que pasó hace unas horas, fue un verdadero infierno… –comenzó a contar Draco con cautela.– Tortura tras tortura, muerte y a veces sangre… Muchos de los carroñeros reían disfrutando el sufrimiento… gente gritando, algunos trataron de huir pero no podíamos fallar la regla más importante: no dejar a nadie con vida.
La castaña cerró los ojos con fuerza al escucharlo, sentía un nudo horrible en la garganta y deseo llorar fuerte. Pero calló porque sabía lo difícil que era para Draco contar aquello, ella había sido testigo de su quiebre.
–Vi cosas realmente horribles y también hice cosas imperdonables, hace un año no me hubiese permitido sentir nada –continuo diciendo, confesándole la verdad.– No entiendo porque ahora tuvo que ser muy diferente…
–Has cambiado, Draco –susurró Hermione dejándole ver que no había nada malo en ello.
–¡Y ese es un gran problema para mi! Fui honesto cuando te dije que no me importaban en absoluto las personas que fueron asesinadas y aún así, ninguna de esas personas merecía aquello –exclamó el slytherin, realmente le afectaba que no pudiese ser indiferente.
–Sé que es dificil…
–¡No, Hermione! ¡No lo sabes! –exclamó Draco con enfado.
La castaña se separó de él para sentarse y enfrentarlo, lo miró desconcertada por su repentina actitud. Draco también se incorporó para sentarse.
–¿De qué hablas? –exigió Hermione.
–No es el hecho de sentirme mal por lo que paso o que sintiera dolor al ver esas personas inocentes –respondió Draco tratando de darse a entender.–Sino ya no puedo ser indiferente… no tengo control en ello y eso ocasiona grandes riesgos. Y es algo que no debo permitir…
Hermione no podía creer lo que estaba escuchando, de pronto tuvo miedo de que todo este tiempo hubiera malinterpretado las acciones de Draco. Había creído que cada vez que iba a las reuniones de Voldemort o cumplía misiones como mortifago él sufría, ¿y si sólo quiso creer en eso cuando la realidad era diferente? No podía permitir creer que eso fuera verdad.
–¿Entonces lo que te tiene tan afectado es que te humanizaste? –soltó Hermione incapaz de comprender porque estaba tan enojado.– ¿En verdad eres tan egoísta?
Draco la miró desconcertado.
–Hermione, soy un mortifago –dijo el slytherin y aquellas palabras se sintieron como un gran peso sobre ellos, marcando una vez más sus diferencias.– No puedo fallar. Todos están atentos a que me tropiece y falle, todos desean la oportunidad de derrotarme… Tu no tienes idea.
–¿Y eso justifica lo que estás diciendo? –repuso Hermione con coraje.
–En estas circunstancias, en estos tiempos el que no es egoísta y ve por su propio beneficio… muere –respondió Draco como un verdadero slytherin.
Hermione se sintió engañada, era como si siguiera dentro de una pesadilla.
–No puedo creer que digas eso, ¡eres igual que todos ellos…!
–¡Salve a un hombre y su hija! –confesó Draco de repente al ver que la conversación se estaba saliendo de control.
La castaña enseguida calló y lo miró confundida.
–Si alguien se hubiese dado cuenta, ¿sabes que pasaría conmigo, con mi madre? –cuestionó Draco esperando a que lo comprendiera.
Y ella entendió. Draco Malfoy nunca ha sido un héroe, para él nunca ha sido una opción arriesgarse para ayudar a desconocidos porque únicamente vería por el bien de aquellos que en verdad ama y nadie más. Hermione ya había visto un primer cambió cuando fue el ataque de Hogsmeade y Draco ayudó a varios a escapar de los dementores, pero esto iba más allá.
El rubio bajó la mirada sintiéndose expuesto frente a ella.
–Él es un sangre pura como yo, pero se casó con una muggle… –contó Draco como si aquello fuera suficiente explicación para demostrar lo que lo motivo a ayudarlo.– Su esposa no se pudo salvar, pero descubrí a su pequeña hija.
La castaña cerró los ojos ante la idea de lo que él contaba, por el otro lado se sentía aliviada, que Draco salvará a alguien sólo le confirmaba que él nunca en realidad fue malo. Hay bondad dentro de él aunque se niegue a aceptarlo.
–En un momento de distracción para los carroñeros que me acompañaban, libere al hombre de las cuerdas y le dije que su hija seguía con vida –siguió relatando Draco aún sin atreverse a mirar a la castaña.– Honestamente, no sé que fue lo que me impulso hacerlo, simplemente lo hice…
Draco se tomó un momento para realmente pensar y recordar lo que hizo. No había tenido el tiempo para hacerlo y a decir verdad, lo había evitado.
–Cuando encontré a la niña, ella me miró con gran terror… pensé en lo que acababa de pasar y de cómo cambié su vida a tan corta edad –continuo el slytherin.– Al poco tiempo, el hombre tenía a su hija en brazos y sin pensar en las consecuencias, lo sujete del brazo para llevarlos lejos del desastre…
Hermione miraba conmovida a Draco, aunque para él haya significado un riesgo innecesario, salvó la vida de otras dos personas además de las de sus padres. Él no tenía ni idea de que tan importante fueron sus acciones.
–Mírame –pidió la castaña acercandose un poco más a él, Draco titubeo algunos momentos pero la miró.– No quiere decir que te hayas vuelto un sentimental o débil por los demás, sino que ahora sabes que tienes el poder de salvar alguien y eliges ejercer ese poder. Estoy orgullosa de ti…
–No quiero que estés orgullosa de mi –intervino el slytherin sintiendo que aquello era demasiado.– No cuando pude haber hecho más…
Draco no se sentía realmente bien, sentía que a pesar de haber salvado a ese hombre y su hija, pudo haber ayudado a más personas. Tal como Hermione le había reclamado en el bosque prohibido.
La discusión que tuvieron en el bosque ahora le hacia eco en su mente, ¿de qué bando estaba él realmente? ¿Qué sucederá cuando la guerra estalle en verdad? ¿Cuánto tiempo más podra fingir estar de acuerdo con todo lo que diga Voldemort? Decenas de preguntas se acumulaban en la mente de Draco, se sentía inestable y en el limite. Pronto tendrá que tomar una decisión…
Hermione notó que el slytherin se puso pálido de repente. Discutir no iba a solucionar nada, ni borraría el daño causado, al contrario sólo dañaba la situación entre ellos.
–Será mejor que durmamos un poco más, será un día muy pesado –dijo la castaña volviendose acomodar junto a Draco.
Malfoy volteo a mirarla tardando un rato en entender sus palabras, finalmente se acomodó junto a ella y la atrajo hacia él, esperando que su cercanía le brindará alguna tranquilidad.
Y poco a poco ambos se quedaron dormidos.
Luna Lovegood estaba acostumbrada a madrugar. Disfrutaba despertarse mucho antes que sus compañeros de Ravenclaw para dar un largo paseo por los terrenos del colegio. Era un hábito que tenía desde primer año y le ayudaba mucho para pensar.
Ese día no tenía porque ser diferente pero ha decir verdad había logrado dormir poco a causa de los nervios. El día anterior, Ron Weasley la invito a caminar por los terrenos sabiendo lo mucho que le gustaba y ella había aceptado. No era nada especial -al menos se convencía ella de eso-, pero le conmovía que el pelirrojo hiciera un esfuerzo por levantarse tan temprano cuando conocía lo mucho que le gusta dormir.
Tratando de no despertar a sus compañeras de cuarto, salió sigilosamente de la habitación y pronto se encamino hacia el hall del castillo, donde se encontraría con Ron.
A decir verdad, la ravenclaw no sabía que esperar de su paseo, quizás hace unos meses no se hubiera sentido tan nerviosa ya que su amistad con el pelirrojo iba muy bien y creyó que naturalmente terminarían teniendo algo más. Entonces todo se vino abajo cuando descubrió a Ron y Lavender Brown muy juntos en los invernaderos. Fue toda una sorpresa para Luna sentir una inmensa tristeza al saber que Ron no la quería más allá de una amistad, no creyó que le afectaría tanto… durante esas semanas, dejó de hablarle al pelirrojo y lo evitaba lo mejor que podía porque cada vez que lo veía, sentía un nudo horrible en la garganta. Y odiaba sentirse así.
Cuando el pelirrojo y Lavender terminaron, él comenzo a buscarla nuevamente esperando que aún siguieran teniendo una oportunidad aunque Luna no sabría especificar si para su amistad o para algo más. Por ello, conforme se acercaba más a su destino, se sentía más nerviosa. Era la clase de nervios que hiciera que se acomodara el cabello cada cinco segundos, que se fijara en cada reflejo si toda su vestimenta estaba en orden; ocasionaba que sus manos sudaran ligeramente y de vez en cuando tenía que limpiarse las palmas en la tela de su falda. Luna nunca había estado así de nerviosa por ver a alguien.
Una vez bajando las escaleras que conducían al hall del castillo, lo vio esperándola. Entonces esos nervios se convirtieron en una rara sensación en el estomago y sonrió.
–Ron –la llamó Luna notando que el pelirrojo miraba con interes sus zapatos.
Ron alzó la mirada hacia las escaleras y le brindó una cálida sonrisa.
–¿Llevas mucho rato esperando? –preguntó la ravenclaw una vez llegando a su lado.
–Bueno, llegué hace cinco minutos –respondió Ron con cierta pena. Luna reviso su reloj, había llegado a tiempo por lo que el pelirrojo había estado esperándola desde antes. Aquello hizo sonreír a Luna.
–Que bien, estamos aún a tiempo –dijo Luna mientras comenzaba a caminar hacia la salida para los terrenos del castillo.
–¿A donde vamos? –preguntó Ron caminando a su lado.
–Ya verás… es uno de mis lugares favoritos –contestó sin dar más detalles.
La mañana amaneció fría pero los rayos del sol eran lo suficientemente cálidos para disfrutar de ello. Muy pronto la primavera se acercaba y aquello entusiasmaba a Luna, era su época favorita del año. Mientras caminaban por los terrenos, Ron dejó salir un gran bostezo, él no era realmente una persona que madrugaba y por lo general despertaba faltando media hora para el desayuno, lo cual aún tenía que esperar mucho más tiempo.
–Puedo preguntar… ¿por qué me invitaste a dar un paseo a esta hora? –preguntó Luna rompiendo el silencio.
Ron enseguida dejó a un lado el sueño. Miró a Luna por el rabillo del ojo y se alegró de que ella no lo mirara porque notaría sus nervios.
–Bueno, sé que te gusta caminar a esta hora y creo que nunca hemos hecho algo que te gustara –respondió el pelirrojo mirando sus pasos entre el pasto.– Siempre hago que vayas a mis entrenamientos de quidditch…
–Pero me gusta verlos entrenar –interrumpió Luna.
–¿En verdad? –preguntó impresionado, desviando su atención.– Pero… bueno, ya sabes de lo que hablo. Me gustaría que me compartieras lo que te interesa.
Luna lo miró brevemente sorprendida. Él ya sabía muchas cosas que le gustaban a ella pero eran cosas que otros de sus amigos también sabían, al parecer él buscaba conocerla aún más.
–Bueno, aún estamos a tiempo –contestó Luna dejando confundido a Ron, no sabía si se refería al lugar donde iban o sobre ellos.
No insistió, en cambio sonrió y camino más cerca de ella dejándose guiar. Por un momento creyó que irían a los invernaderos, pero en cambio se desviaron hacia el lago, el camino que estaban tomando era desconocido para el pelirrojo. Cuando iba hacia el lago con sus amigos, tomaban el camino más obvio y transcurrido pero al parecer Luna ocupaba uno más escondido.
Mientras seguían avanzando, Ron le hizo la plática a Luna, esperando que con ello se le pudiera quitar los nervios y realmente fue así. En cuanto la hizo reír, se sintió como en los viejos tiempos cuando pasaban más tiempo juntos y no había cierta incomodidad entre ellos.
Pronto el camino comenzaba a empinarse, mientras subían, Ron se sintió realmente curioso por lo que verían una vez llegando a lo alto de la pequeña colina. Desde donde estaba tenía una vista muy diferente de los invernaderos y la casa de Hagrid.
–Llegamos –interrumpió Luna sus pensamientos.
Y fue en ese momento en que Ron prestó verdadera atención lo que acontecía frente a él. Se quedó sin palabras. Delante de ellos se abría la inmensidad del Lago Negro y la última vez que el pelirrojo se había sentido abrumado por el lago había sido en su primer año en Hogwarts cuando navegó en botes junto con todos sus demás compañeros. Pero esta vez no le parecía un sitio oscuro e inmenso, sino cegador y eterno… si, definitivamente con esas palabras lo podría describir.
Los rayos del sol daban hacia el lago de tal manera que todo el agua reflejaba lo brillante del sol de la mañana. Con el movimiento perezoso del agua, hacia que los reflejos se distorsionaran y además, parecía que el sol acabará de salir del lago; incapaz de ver el final.
Ron nunca se ha percatado en los detalles, tampoco era tan observador como sus mejores amigos, pero su mirada se perdió en la forma del agua y aunque el brillo de los reflejos lo lastimaban ligeramente, no podía dejar de mirar. Ahora entendía por qué Luna tomaba ese camino para ver el lago, desde donde siempre él lo ha visto, nunca había visto nada parecido.
–Es increíble… –dijo finalmente Ron.
Luna sonrió. Estaba segura que no era ningún lugar secreto o especial, pero le alegraba compartirlo y que su acompañante pudiera apreciarlo tanto como ella lo hace.
–En las mañanas es cuando se ve mejor, bueno a mi parecer –respondió Luna mientras se sentaba en el pasto.
Ron la imitó y por unos momentos, ninguno de los dos dijo nada. Ambos mirando el paisaje que se abría frente a ellos.
–Creo que nunca he dicho esto pero, ha valido la pena madrugar –dijo el pelirrojo después de un rato.
Luna río y giró su rostro para verlo. Después de semanas de haberlo evitado y sintiéndose enojada con él, no se había dado cuenta de lo mucho que lo extrañaba. Ron era realmente alguien especial para ella, porque a pesar de que sus demás amigos la aceptaban tal como era, el pelirrojo no sólo se limitaba a ello sino también a comprenderla.
–¿Qué? –preguntó Ron interrumpiendo los pensamientos de la ravenclaw.
Ron la miraba confundido, al parecer ella se le había quedado mirando de una manera muy fija al perderse en sus pensamientos. Luna bajó la mirada avergonzada por ello, pero también por lo que estaría a punto de decir.
–¿Sabes…? No tenemos que hacer cosas que nos guste a cada uno –comenzó a decir al tiempo que regresaba su mirada al lago.– Podemos hacer cosas que nos guste hacer juntos…
Luna pensó que era una idea algo ridícula, después de decirlo se sintió igual de nerviosa que cuando iba de camino a encontrarse con Ron en el hall.
–Me gusta, hacer algo juntos –respondió Ron con una sonrisa.
Pero antes de que Luna pudiera responder, un sonido salió del estomago de Ron Weasley, haciendo que él se pusiera inmediatamente colorado de la vergüenza. Luna comenzó a reírse.
–Como desayunar, por ejemplo –dijo Luna entre risas.
El pelirrojo también río aún avergonzado de que su estomago matara el momento. Ron se levantó y ayudó a Luna a levantarse. Mientras iban caminando de regreso al castillo, siguieron hablando y riendo. Apenas había empezado la hora del desayuno por lo que tenían más tiempo para estar juntos antes de que empezaran las clases, situación que a ambos les alegro.
Sin embargo, cuando ya estaban cerca de la entrada, escucharon muchas voces y escándalo. Algo había sucedido, no era el sonido habitual del desayuno. Ron y Luna compartieron una mirada preocupados, rápidamente corrieron el último trecho hasta el castillo.
–¡ASESINOS!
–¡ES EL FIN!
–¡FAMILIAS COMPLETAS… ASESINADAS!
Varios alumnos gritaban las noticias mientras corrían de un lado a otro con un ejemplar de El Profeta. Había otros alumnos llorando, mientras que otros más corrían a sus salas comunes avisar lo sucedido.
–¿Qué es lo que ocurre? –preguntó Ron acercándose a un grupo de Hufflepuff.
–Los mortifagos atacaron a las familias de los nacidos muggles –respondió uno de cabello castaño, bastante alterado y pálido para decir algo más.
Le entrego a Ron su ejemplar de El Profeta, mientras leía rápidamente el encabezado sintió que palidecía, aquello tenía que ser un error… no podía ser verdad. Luna leyó la noticia a su lado y dejó escapar un grito ahogado.
–Ron… –dijo Luna desconcertada por las noticias.
El pelirrojo la miró totalmente preocupado y serio.
–Tenemos que buscar a Harry…
Los rayos del sol comenzaron a colarse por la ventana para darles de lleno en los rostros a Draco y Hermione. Apenas habían pasado un par de horas desde que finalmente pudieron dormir tranquilos, lo cual hizo sentir al slytherin una punzada de dolor en la cabeza.
"Cinco minutos más…" pensó Draco.
Entonces abrió poco a poco los ojos encontrándose con el rostro relajado de Hermione, al menos ella aún podía seguir durmiendo. Se frotó los ojos doloridos por el llanto, el mal sueño y la luz del sol; tratando de hacer el menos movimiento, buscó su reloj dándose cuenta que era poco más de las ocho de la mañana. Seguramente ya muchos estudiantes están en el Gran Comedor y si ellos no aparecían pronto, podrían levantar sospechas.
Draco volvió su atención hacia Hermione. Después de todo lo que pasó, se le hacía injusto despertarla para enfrentar una vez más la cruel realidad. Se fijó en sus facciones, en su cabello, en su respiración… Sonrió con malicia, se acercó a su rostro dandole pequeños besos en la frente, nariz, mejillas. La castaña sonrió somnolienta para luego recibir un beso corto en los labios.
–Sé que tienes otros planes para nosotros y este sofá, pero tenemos que irnos… –susurró Draco sonriendo.
Hermione le dio un pequeño golpe en el pecho como reclamo de lo que dijo, pero aún así sonrió. Después de unos instantes, abrió los ojos encontrándose con le espalda de Draco, sentado.
–¿Qué hora es? –preguntó la castaña incorporándose.
–Son ocho y cuarto –respondió Draco al tiempo que se levantaba a buscar su corbata.
Hermione se sentó asustada por la hora, creía que había puesto una alarma y ahora corrían el riesgo de levantar sospechas a causa de su ausencia. Ya tendrá suficiente con las miradas y preguntas de sus amigos para que además tenga que lidiar con los demás estudiantes.
Se levantó para buscar sus zapatos cuando sintió la mirada de Draco puesta en ella.
–¿Qué pasa? –preguntó confundida mirandolo.
Entonces Draco se echó a reír, hacia buen rato que no reía de esa manera, pero aún así la castaña lo miraba desconcertada. El slytherin después de calmarse un poco, camino hacia la castaña, agarró su rostro entre sus manos para luego darle un beso en la frente.
–Puedo acostumbrarme a tu look en las mañanas –dijo Draco divertido.
Hermione enseguida se ruborizo. Su cabello era difícil de manejar, pero los momentos más vergonzosos que ha sufrido gracias a su cabello han sido en las mañanas y ya todos sus amigos habían visto aquel look mañanero, pero que Draco lo viera… creyó que se ruborizaba aún más.
–Aunque pudiste advertirme, al principio me asusté –siguió diciendo Draco tratando de no echarse a reír otra vez.
Hermione rápidamente camino hacia la ventana para ver su reflejo, comprobando que el día de hoy entre ella y su cabello habría una pelea. Finalmente sonrió.
–Qué malo eres –exclamó la castaña mirando al rubio entre ofendida y divertida.– Otro día que no amanezcas tan encantador, me vengaré Malfoy.
–Creo que te quedarás esperando –contestó con arrogancia.
De pronto, Draco recibió una almohada en la cabeza como respuesta, no obstante ambos comenzaron a reír. Dejando a un lado el momento divertido, comenzaron arreglarse para bajar al Gran Comedor.
Gracias a un hechizo que aprendió de la Sra. Weasley, Hermione alisó su uniforme y también la camisa de Draco, de esa manera borrarían la evidencia de haber dormido con la misma ropa. Después la castaña se ocupo de su cabello mientras el rubio hacia lo mismo con la ayuda del reflejo de la ventana.
Una vez listos, caminaron juntos hacia la puerta, de pronto el ambiente cambió volviendose bastante silencioso, las risas y las sonrisas habían cesado. Comenzaban a ser conscientes de lo que les esperaba allá fuera.
–Ojalá pudiéramos quedarnos un poco más –admitió Hermione al cabo de unos instantes parados frente a la puerta. Odiaba sentirse así, no era propio de ella evitar sus problemas por lo que la idea de querer postergar el momento la hacia sentir insegura.
–Sólo nos queda mantenernos firmes –respondió Draco sorprendiendo un poco a la castaña.
–Para ti es muy fácil…
Draco sonrío con cierta tristeza, no se trataba solamente de ignorar a los demás y fingir que todo estaba bien, ni siquiera él con toda la experiencia estaba seguro de lograr permanecer impasible. Pero sabía que Hermione necesitaba el apoyo.
–Es más sencillo de lo que piensas, estaremos juntos en esto –dijo Draco infundiéndole valor, lo cual era irónico porque ella pertenecía en Gryffindor.– Será mejor que salgas tu primero, tus amigos estarán buscándote y…
–No sabemos cómo está la situación así que no podemos arriesgarnos más –concluyó Hermione.
Draco asintió con la cabeza. Ambos se miraron durante unos momentos, haciendo que la castaña juntará valor.
–Nos vemos más tarde –se despidió, no sin antes darle un beso rápido.
Ya estando en el pasillo, Hermione empezo a imaginarse lo que estaría pasando en el Gran Comedor, la forma en que El Profeta narraría la tragedia, lo que sus amigos estarían pensando… por un momento se sintió demasiado nerviosa, realmente Draco no le contó ningún detalle de lo ocurrido o de lo que hicieron, así que Hermione se imagino gran parte de todo.
Cuando estuvo a la mitad del camino se dio cuenta que no estaba segura de nada, todo había pasado rápido y confuso, desde sus padres hasta la pelea que tuvo con Draco cuando creyó que él era un verdadero mortifago… De pronto pensar en sus padres la abrumó, deteniéndose por completo. Se le formó un terrible nudo en la garganta al recordar que para sus padres ella no existía.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, la sensación que la embargó era igual que cuando era niña y de pronto se daba cuenta que sus padres ya no estaban cerca, creyendo haberse perdido en el centro comercial: sola, asustada, desesperada… Se vio a si misma a la mitad del pasillo como una pequeña niña de cinco años perdida.
"Al menos puedes recuperarlos…" cruzó un pensamiento en su mente. Cuando termine la guerra, podrá buscarlos y hacerles recuperar la memoria, era su única esperanza. Recordó su pesadilla, donde ella no podía hacer nada por su padres y eran asesinados a manos de los mortifagos.
–Aún están con vida –susurró mientras luchaba por no llorar.
Poco a poco recobró la compostura mientras seguía caminando hacia el Gran Comedor. Necesitaba mostrarse firme, no era el momento para llorar o sentirse triste, le esperaba un día largo. Entonces comenzó a escuchar ruido, voces de cientos de estudiantes, se parecía mucho a un día de partidos de quidditch pero seguramente no había nada por qué estar entusiasmados.
Dobló la esquina para encontrarse con las escaleras que se dirigen al Hall y se quedó en seco. Había alumnos por todas partes, en grupos y otros bajando o subiendo corriendo, seguramente hacia las salas comunes. Todos tenían un aspecto pálido y estaban asustados, enojados, desconcertados… Su corazón dio un vuelco y camino rápidamente para dirigirse al Gran Comedor. En cuanto comenzó a bajar las escaleras pudo escuchar fragmentos de las conversaciones que mantenían, la piel se le erizo y siguió caminando deprisa.
En cuanto puso un pie dentro del Gran Comedor, se quedó demasiado conmocionada para seguir avanzando. Numerosas lechuzas entraban y salían volando entregando cartas o ejemplares de El Profeta; alumnos corriendo de mesas en mesas con noticias escritas por familiares o copias del periódico; había profesores tratando de calmar la situación y algunos ayudando a Madame Pomfrey repartiendo pociones para tranquilizar algunos con crisis nerviosas o estados de shock. Y lo peor de todo, alumnos víctimas de las consecuencias del ataque… llantos, gritos, desesperación, enojo, coraje, impotencia. Hermione tuvo un repentino deja vu, en su cuarto curso cuando se llevó a cabo el Torneo de los Tres Magos, después de la última prueba y Harry Potter regresó herido con el cuerpo inerte de Cedric Diggory. El ambiente había sido algo parecido, pero ahora mucho peor.
Nuevamente se sentía insegura respecto a todo. Draco no le habló del número de personas víctimas de lo ocurrido, ni tampoco a cuántos de sus compañeros les afectaría. Muchos estudiantes venían de procedencia muggle…
Culpabilidad.
¿Cómo estaría ella si Draco no le hubiese advertido del ataque? A esta hora de la mañana sería una huérfana y seguramente no sería la única. El sólo pensamiento le produjo las mismas sensaciones de hace rato, no podía sentirse afortunada de haber salvado a sus padres porque más personas pudieron haber sido advertidas también. Ni siquiera ahora se sentía capaz de poder consolar o ayudar alguno de sus compañeros, ¿con qué cara los miraría?
–¡Hermione!
–¡Hermione!
Varias voces la llamaron. Harry, Ron y Ginny corrieron a su encuentro. Lucian sorprendidos y mortalmente preocupados.
–¿Donde has estado? –preguntó Ron. Llevaban mucho tiempo buscándola.
–Yo…
–¿Supiste lo que paso? –interrumpió Ginny concentrandose en lo importante. En cuanto Ron y Luna les dijeron lo ocurrido, temieron lo peor para los padres de Hermione.
–Si… acabo de enterarme –contestó Hermione aún sin poder salir de su conmoción de lo que sucedía alrededor.
Los tres amigos se vieron preocupados. Entonces Harry la agarró por los hombros intentando a que reaccionara.
–¡Hermione! –exclamó.– Tus padres… ¿sabes algo de ellos? ¿Están… bien?
La castaña miró a su mejor amigo a los ojos, sintiendo como los suyos se llenaban de lágrimas sin poder evitarlo. Ginny soltó un grito ahogado pensando que los padres de su amiga habían tenido el mismo final que las otras víctimas.
–Están bien… pero… –respondió Hermione aunque su voz se rompió.
Harry notó lo difícil que era para su amiga continuar, se sentía ansioso por saber a qué se refería pero prefirió no presionarla.
–Ven, vamos a sentarnos –propuso Harry al tiempo que la abrazaba por los hombros.
Los cuatro amigos se quitaron de la entrada del Gran Comedor, Ron se adelantó para llenar un vaso con jugo a su amiga. Cuando los cuatro se sentaron en la mesa de Gryffindor apartados de los demás, Ginny habló:
–Si tus padres están bien, ¿por qué…?
La mirada de Hermione la hizo callar, de pronto lucía tan triste. No era ninguna intención de la castaña perder su control, pero ver a sus amigos fue como tener un gran peso sobre de ella y necesitaba deshacerse de él. Además, con ellos no podía fingir y mucho menos podría ocultarles la verdad, aceptó el vaso de jugo que Ron le ofreció antes de decirles todo.
–Mis padres no me recuerdan… –confesó Hermione intentando que su voz no se quebrase otra vez.– Para salvarlos, tuve que borrarles su memoria de mi…
Todos la miraron desconcertados, lo demás a su alrededor dejó de tener importancia.
–¿Por qué hiciste eso? –preguntó Ron.
–Porque era la única manera de mantenerlos a salvo y alejados de todo –respondió Hermione limpiándose rápidamente una lágrima.
No quería decir más por miedo a comenzar a llorar, además sus amigos comenzaban a darse una idea de por qué lo hizo. Si los padres de Hermione olvidaban que tenían una hija, no tenían ninguna información por la cual podrían ser capturados por los mortifagos y tampoco tendrían por qué estar muertos de preocupación por ella.
–Cuando todo esto termine, podré ir a buscarlos y regresarles la memoria –continuó la castaña evitando la mirada de sus amigos.
–Ya lo tenías planeado, ¿no es así? –preguntó Ginny incapaz de imaginarse lo difícil que ha de haber sido siquiera pensar en esa posibilidad.– ¿Por qué no nos dijiste antes?
–Porque no era necesario, era mi última alternativa y creí que nunca llegaría el momento… –respondió honestamente.
–Hasta el ataque… –termino Harry por ella.
Hermione asintió con la cabeza, sin darse cuenta de su error. Estaba tan abrumada por lo que pasaba a su alrededor y por decirle la verdad a sus amigos, que olvido omitir una parte de esa verdad.
–Entonces, ¿ya sabías del ataque? –preguntó Harry cambiando por completo su tono de voz.– ¿Desde cuándo?
La castaña levantó la mirada para enfrentarlo, ella lo miraba incapaz de responder y él volvía a tener esa expresión acusadora, como en las vacaciones en la Madriguera hace poco. Un terrible silencio se instaló entre los cuatro.
"Necesito localizar a mis padres, no he recibido noticias de ellos"
"Mis abuelos viven por esa zona…"
"Unos amigos de la familia también viven en esa zona"
"¿Donde rayos estaban los aurores?"
"Pudieron haber hecho algo…"
Escucharon decir a los que estaban más cerca. Hermione se le encogió el corazón.
–No nos mientas más –cortó el silencio Ron.
Ya no había preocupación o tristeza en sus miradas, de pronto fue como regresar al hospital de San Mungo y a los días que le siguieron en las vacaciones. Hermione supo enseguida que nuevamente le darían la espalda y ahora más que nunca, la acusarían de traidora.
–¿Donde has estado, Hermione? –volvió a preguntar Ron, ahora con un significado diferente.
La castaña respiró hondo, preparándose para lo que se venía.
–Lo supe desde ayer –respondió manteniendose firme.– Viajé a mi casa en Londres y les borré la memoria a mis padres… No fui capaz de regresar a clases o a la sala común después de ello.
–Pero no estabas en tu habitación tampoco –dijo Ginny, se veía seria pero al menos no parecía odiar a Hermione.
–Estabas con Malfoy –dijo Ron mirándola resentido.
–¿Donde más iba a estar? –preguntó Hermione como si el hecho de que estuviera con Draco no fuera creíble.
Harry comenzaba a entender y con ello a enojarse. No era porque ella estuviera con Malfoy toda la noche -trataba de no pensar en eso-, sino porque había algo más que hasta ahora no había podido confirmar. ¿Cómo es que Hermione sabía del ataque con suficientemente tiempo para poder salvar a sus padres? ¿Quién le dio tan importante información? Si hubiera sido alguien de la Orden del Fénix, todos lo hubieran sabido e incluso se pudo haber evitado el ataque. Así que sólo alguien del otro bando fue quien le informó a Hermione, un mortifago.
Mientras Harry sacaba su varita para colocar un hechizo silenciador alrededor de ellos, recordó el día anterior en clase de Encantamientos. Justo cuando la clase comenzaba, Draco Malfoy apareció preocupado y alterado, llevándose consigo a Hermione, esa fue la última vez en el día que la vio.
–¿Qué haces? –preguntó Ginny notando lo que hacía Harry.
No respondió, en cambio miró a la castaña a los ojos. Cuando la había visto llegar pudo ver cierta culpabilidad en su mirada y hasta ahora lo entendía. Necesitaba confrontarla y aunque todo su alrededor era un caos, no podían arriesgarse a ser escuchados.
–Malfoy es un mortifago –dijo Harry sin ningún atisbo de duda.– Por eso supiste del ataque…
Harry lo sospechaba desde hace mucho tiempo, creció más su sospecha cuando Lucius Malfoy falleció. Aunque en ese momento no sabía por qué se sentía más enojado, si porque Hermione sabía de ello o porque aún así mantiene una relación con Malfoy.
Hermione no pudo ocultar la sorpresa en su rostro, estaba cometiendo demasiados errores y poniendo en riesgo a Draco. Pero ¿qué otra excusa podría dar? Había estado tan alterada por todo lo ocurrido que no pensó en una excusa del por qué lo sabía, pudo haber simplemente mentido sobre sus padres, decir que desde hacía tiempo había llevado a cabo su plan de borrarles la memoria… pero no fue lo suficientemente lista.
–Lo es, ¿no es así? –preguntó Ginny totalmente sorprendida, sonando más convencida que con duda. Tenía la sospecha de que Malfoy fuera un mortifago, sobre todo considerando la historia familiar pero creía que Voldemort no lo tomaría en cuenta por ser tan joven, seguro en su bando hay magos con más conocimiento en magia oscura y peligrosa que Malfoy. Pensó en Bellatrix Lestrange y la sangre se le heló.
Hermione no respondía, temía que decir algo sólo podría empeorar las cosas. Sus amigos no eran tontos y negar todo, no iba a calmarlos.
–Creí que ya no habría secretos entre nosotros, pero además sigues empeñada en preferirlo a él antes que a nosotros… –comenzó a decir Ron, había cierto coraje en su voz, parecía contenerse de no gritar.– ¿Cómo puedes convivir con él? ¿Cómo puedes seguir sintiendo algo por él? ¡Es un maldito mortifago, Hermione!
–¡Él no tuvo elección! –exclamó la castaña mirándolo enojada.– Esto no les concierne a ustedes, es asunto de él…
–¡DEJA DE CUBRIRLO! –gritó Harry con coraje, haciendo que Hermione lo mirara asustada, nunca le había gritado de esa manera.– ¿No lo entiendes? ¡Es un mortifago! ¡Participo en una masacre en contra de inocentes! Podrá decirte mil excusas pero es lo suficientemente fiel para participar en algo así…
–No es tan sencillo, tú no sabes…
–¿Por qué se molesto en decirte a ti lo sucedido? ¿Para ayudarte a rescatar a tus padres? ¿¡Y los demás qué!? –cuestionó Harry luchando por no levantarse y comenzar a golpear la mesa.– Supongo que para él no valen la pena, ¿no es cierto?
–¡Ayudar a más hubiera implicado delatarse! –interrumpió Hermione tratando de explicar que no era tan sencillo como Harry lo implicaba. Al verlo tan alterado, recordó que el día anterior ella había reaccionado de esa manera, podía entender su enojo pero no iba a permitir que señalará a Draco como el culpable de todo.
–Nadie va a cambiar el hecho de que él es un sangre pura seguidor de Voldemort y tu una hija de muggles, nadie va a cambiar sus ideales… ¡Tú no vas a poder cambiar eso, Hermione! –interpuso Harry incapaz de entender.– ¿Acaso te dijo que eres la única descendiente de muggles que no le da asco o que no ve como un ser inferior? ¿Quieres que te recordemos los años anteriores?
–¡Basta! Ni siquiera lo conoces Harry –respondió Hermione comenzando a enojarse con la actitud de su amigo, todo el avance que habían hecho se perdió.– Él es diferente, las personas cambian y él lo ha hecho…
–¿En serio sigues creyéndote que él te escogerá cuando sea el momento decisivo? Estás cavando tu propia tumba junto a él –interrumpió Harry con crueldad, como si ella fuera una ingenua.
Hubo un silencio, Harry la miraba con acusación e indignación, su respiración era rápida mientras que ella lo miraba enfrentandolo, casi amenzandolo para que siguiera diciendo más. No tenía caso seguir discutiendo, sea lo que ella dijera, no iba a cambiar la opinión que tenía Harry y seguramente sus otros amigos de Draco. Usaría el consejo que siempre utilizaba cuando Harry y Ron buscaban peleas: "No vale la pena".
–¿Desde cuándo sabías que él es un mortifago? –preguntó Ron desviando la tensión, lucía serio e inusualmente tranquilo.
Hermione deseaba no tener que decir nada al respecto, apenas ella ha ido aceptando poco a poco que su novio realmente era su enemigo. Era un asunto que no quería compartir con sus amigos, aunque era inevitable.
–¿Fue antes o después de iniciar algo con él? –preguntó Ginny con cierta esperanza, esforzándose por entender las razones de su amiga.
–Después de iniciar, el día en que su padre fue encontrado muerto –confesó Hermione, mirando a los tres y soportando con valor sus miradas.
Ron y Ginny recordaron ese día, los tres estaban en la sala común de Gryffindor escuchando la radio mágica cuando escucharon la noticia. Hermione enseguida se fue de ahí, se había ido en busca de Draco Malfoy.
–¿Por qué seguiste con él después de saberlo? –preguntó Ginny.
–¿Por qué no fuiste con Dumbledore para informarle? –preguntó Ron sonando que su pregunta fuera aún más importante.
–No lo entienden. Él no tuvo ninguna elección porque la seguridad de su familia estaba en juego y sigue siendo así, solamente le queda su madre y por ella sigue ordenes de Voldemort –comenzó a explicar Hermione lo mejor que podía, estaba cansada de tantas acusaciones.– En realidad Draco odia tanto como nosotros a Voldemort.
Hizo una pausa para ver la reacción de sus amigos, por la mirada de Harry y Ron, sentía que era inútil seguir hablando, la veían sin creerle. Aún así siguió hablando.
–No sé como explicarlo pero lo conozco. Conozco a Draco y sé que haría cualquier cosa por mantener a salvo a las personas que ama, significa que hay bondad dentro de él –dijo la castaña convencida de ello.– ¿Creen que no pensamos en el peligro que correríamos al estar juntos, en lo difícil que es y en las consecuencias?
–Pues al parecer no es suficiente, no le importa ser un maldito egoísta al tenerte también a ti en peligro –interrumpió Harry sin poder creer que la castaña usara Draco y bondad en una misma oración.
–Él no me obligó, yo tomé la decisión de estar con él. Draco intentó alejarse para mantenerme a salvo pero… no funcionó.– respondió la castaña.– Estar separados no es ninguna opción para nosotros.
Un tenso silencio se volvió a instalar entre ellos. Cada vez que Hermione mostraba más cuanto le importaba y quería a Malfoy, así como afirmaba que él sentía lo mismo, demostraba que ellos estaban equivocados en sus prejuicios. Ron se removió incomodo de su asiento, Ginny se sintió conmovida y Harry sintió una punzada de celos.
–Aún así, no quita el hecho de que si ya sabías sobre la masacre… pudiste haber hecho algo –dijo Harry con acusación.– Quizás debería decirle a Dumbledore la verdad sobre Malfoy.
–No podría decir nada sin delatarlo, de la misma manera en que no podrás decir nada sin delatarme –dijo Hermione con expresión seria, mirando a los ojos a Harry.– Esto no es asunto tuyo, Harry. No te metas…
El niño que vivió recibió ese comentario como una bofetada, pero antes de que pudiera añadir algo más. Comenzó un gran alboroto al otro lado del Gran Comedor. Las personas a su alrededor veían desde lejos con asombro.
Habían estado tan enfrascados en su conversación que no se habían dado cuenta que algo andaba mal. Harry volteo enseguida tratando de ver que es lo que todos veían, al tiempo que Hermione, Ron y Ginny también lo hacían. Hermione se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia el lugar, sea lo que sea, como Premio Anual tenía que calmar la situación. Pero se detuvo en cuanto vio lo que pasaba.
Hermione se esforzaba por defender a Draco con cada acusación que sus amigos hacían, pero él no la estaba ayudando. Al otro lado del Gran Comedor, toda la casa de Slytherin estaba de pie y algunos sobre sus asientos con la varita afuera, listos para atacar. Draco Malfoy se encontraba a unos pasos de espaldas a sus compañeros, enfrentándose a alguien.
La idea de que en cualquier momento empezara una batalla en el Gran Comedor, hizo que todos se callaran. Hermione sabía que debía intervenir, pero la actitud de Draco la había dejado congelada en su sitio. Nunca lo admitiría en voz alta pero en ese momento tuvo miedo, ¿cómo puede estar segura de que en todo este tiempo no ha sido engañada?
–¿En verdad crees que alguien como él cambiaría? –preguntó Harry detrás de ella. No había burla ni crueldad en su voz, sólo la inminente verdad.
Draco Malfoy tardó 10 minutos para salir del escondite secreto cerca de la torre de astronomía, el suficiente tiempo para que Hermione ya hubiese llegado al Gran Comedor sin levantar sospechas.
Durante el tiempo que esperó, Draco recordó al señor y la niña que salvó la noche anterior. Se preguntaba si estarían ya lo suficientemente lejos del país, tal como él le indicó, confiaba en que así fuera o su estupido momento de valentía no habrá valido la pena.
"Valentía…" pensó con cierto sarcasmo. Admitía que tenía muchas cualidades pero la valentía no entraba entre ellas, era como pensar en inteligencia como habilidades para Crabbe y Goyle, todo un sarcasmo. La valentía está asociada al heroísmo, dos cosas que Draco no era. Esas cualidades eran para los de Gryffindor, en especial para Potter que es el héroe que todos admiran y esperan que siga hasta el final para vencer a Lord Voldemort.
Draco soltó una risita de burla. Potter necesitará algo más que su valentía si quiere vencer a Voldemort, hay cosas que el niño que vivió ignora y que son de vital importancia si quiere sobrevivir a la última batalla. Y eso es lo que las personas no entienden, al menos así lo piensa Draco, Potter tendrá que enfrentar grandes cosas por lo que necesitará otras habilidades aún más importantes. Recordaba cuando en quinto año, Harry Potter iba por los pasillos diciendo el nombre de Voldemort como si no fuera nada, como si aquel nombre y su significado fuera un tema más en la clase de historia. Todos lo admiraban por ello pero Draco sabía la realidad: cuando más te empeñas en no demostrar miedo, en realidad es cuando más miedo tienes.
No lo culpaba ni lo compadecía. De la misma manera que pensaba que la palabra valentía estaba sobrevalorada -gracias a los presumidos de la casa de Gryffindor-, al final en el momento en que se desate la verdadera guerra, las personas estarán demasiado ocupadas salvando a si mismas y a sus seres queridos.
Ya una vez en los pasillos, Draco sentía cierta ansiedad ante una idea. ¿Donde estará él al final de la guerra? ¿Hasta donde podrá seguir participando en su papel de mortifago? Pero realmente lo que últimamente le preocupaba era su futuro, tanto como si Lord Voldemort o Harry Potter ganaban la guerra, la idea de seguir siendo un mortifago no le entusiasmaba demasiado.
"¿Y si…?" pensó en una alternativa aunque la deshecho enseguida, decidiendo que sus pensamientos ya habían ido demasiado lejos. En cambio, mejor trató de pensar lo que se encontraría al llegar al Gran Comedor, mientras se acercaba al lugar, se dio cuenta que era incapaz de imaginarse lo que pudiera estar pasando. Sin embargo, algo le decía que se mantuviera alerta… una extraña ansiedad mezclado con un mal presentimiento lo mantenían con las emociones a flor de piel.
Estando más cerca de su destino, se cruzó con varios alumnos los cuales lucían alarmados e inquietos; otros más iban corriendo hacia quien sabe donde y justo cuando dobló en una esquina, vio a una niña de primero o segundo año llorando en el suelo mientras un amigo de ella la consolaba, asegurándole que su familia estaría bien. Draco trató de ignorar la opresión en el estomago, él sabía que no había probabilidades de que la familia de esa niña estuviera bien.
Siguió caminando como si no hubiese visto nada, pero era difícil no reaccionar cuando cada vez se cruzaba con más alumnos. Tal vez la idea de Hermione de haberse quedado un poco más de tiempo en la habitación no era tan mala después de todo.
Respiró hondo, mantenerse firme era más difícil de lo que creía en estos momentos. Nuevamente pensó en la valentía, aquella palabra tenía demasiados significados y era usado de diferentes maneras, por ejemplo: el valor que se necesita para enfrentar la injusticia, haciendo que alguien defienda al más débil; también estaba el valor de afrontar riesgos para vencer miedos. Para Draco en este momento, su valentía en estos momentos significaba afrontar las consecuencias de sus actos, producto de un error… el error de tener la marca tenebrosa en él. Siempre se había salido con la suya, ¿por qué no ahora? Pero se recordó a si mismo que nunca había participado en algo que pudiera afectar a cientos de personas y odiaba que por alguna razón, sentía como si todas esas muertes hubiesen sido bajo su responsabilidad.
"Prioridades…" pensó dándose cuenta que una vez más, su mente estaba siendo demasiado profunda. Para cuando finalmente llegó al Gran Comedor, sintió frío. El caos era inminente, alumnos yendo de un lado a otro tratando de ayudar a quienes estaban llorando o en crisis nerviosas. Buscó rápidamente con la mirada al director, pero no estaba en ningún lado, ni tampoco los jefes de las casas. Sólo aquellas personas podrían traer algo de calma entre sus alumnos. También buscó a Hermione pero la vio enfrascada en una conversación seria con sus amigos, al parecer las cosas no iban bien.
Comenzó a caminar hacia la mesa de Slytherin, siendo testigo de cada una de las persona afectadas por la masacre a las familias de descendientes muggles, había miradas de coraje, impotencia, dolor, angustia… venganza. Camino lentamente, hasta ese momento se dio cuenta de que las miradas de coraje, enojo y venganza estaban dirigidas hacia él. Era como si supieran de su participación en lo sucedido de anoche. Era absurdo pensarlo ya que ninguno de ellos sabían siquiera de su marca tenebrosa en el antebrazo izquierdo. Sin embargo, lo taladraban con la mirada como si quisieran producirle algún tipo de daño, quizás se estaba volviendo bastante paranoico.
Pero todo cambió cuando llego a la mesa de Slytherin, se dio cuenta que las miradas que había recibido ahora crecían y eran dirigidas para todos los miembros de su casa. Puso atención a su alrededor, esperando descifrar el por qué de la situación.
"Apuesto a que todo Slytherin tuvo algo que ver con lo de anoche…"
"Ellos siempre han odiado a los descendientes de muggles, no es de sorprenderse…"
"Recuerda que el padre de Malfoy estuvo en Azkaban por cooperar con Quién-Tú-Sabes, ¿cuántos padres más no estarían metidos en lo mismo?"
Draco apretó los puños con coraje.
–Hey, Draco… –lo llamaron cerca.
El slytherin volteo hacia la mesa, Blaise Zabini le hacía señales para que se sentará a su lado.
–Muévete –dijo Draco al chico que estaba al lado de Blaise. Enseguida el chico se levantó y se sentó en otro lugar, cediéndole el asiento a su líder.
–Vaya día… –comentó Blaise mirando a su alrededor, notando que miembros de otras casas lo señalaban.
Miró a sus demás compañeros de casa, todos se mantenían en silencio ignorando los ataques dirigidos a ellos.
–Supongo que ya te enteraste –continuo Blaise en voz baja. No preguntó donde había estado, lo cual fue un alivio para Draco.
–Creí que había sido un ataque aislado, pero al llegar aquí me enteré de todo –mintió magistralmente Draco.
Blaise soltó una risa forzada.
–No, fue toda un masacre innecesario –intervinó Theodore Nott, hasta ese momento Draco se había dado cuenta de su presencia sentado frente a ellos.– Por culpa de ellos, toda la escuela nos apunta con el dedo porque creen que tuvimos que ver, por ser sangre pura.
De algo era seguro. Muchos padres, de la casa de Slytherin, les enviaron cartas a sus hijos pidiéndoles que se mantuvieran indiferentes por lo ocurrido. Lo más conveniente era mantenerse neutro, estuvieran de acuerdo o no con la masacre, debían callar por beneficio propio. Los sangre pura se mantendrían juntos en ello para cuidarse los unos a los otros, al menos en la casa de Slytherin así sería, dadas las circunstancias era su mejor opción.
–¿Creen que haya una clase de rebelión? –preguntó Draco mirando a sus dos amigos.
–No lo creo, somos más que ellos –respondió Theo con gran arrogancia.– Además, nadie se mete con los slytherin…
–Pero como está la situación, puede que alguien intente algo –admitió Blaise, más centrado en la realidad.–¿Tú que crees?
Draco se sorprendió de la pregunta, al tiempo que se dio cuenta que varias miradas de sus compañeros de casa estaban pendientes de lo que diría. Como en varios momentos, fue totalmente consciente de su papel como líder de su casa, en situaciones así él debía tomar decisiones importantes.
–Sólo un idiota se atrevería. No solamente somos más sino también somos más fuertes que otras casas –respondió Draco con gran arrogancia y seriedad.– Hay que estar atentos, si alguien intenta atacarnos, sufrirá graves consecuencias…
Nott sonrió con malicia, al tiempo que Blaise sólo asentía con la cabeza. Los slytherin más cerca de Draco, comenzaron a murmurar a otros lo que había dicho su líder, para que todos supieran lo que debían hacer. Aquel que atacara algún sangre pura de Slytherin se ganaría bastantes enemigos. Y como si necesitarán comprobarlo, un alumno de séptimo año de Ravenclaw se levantó de su mesa y gritó:
–¡Malditos sean! Si sus padres no pueden pagar por lo que hicieron… ¡ustedes serán los siguientes!
Hubo una ovación de apoyo para el Ravenclaw.
–¡Los sangre pura también han firmado para su extinción! –gritó otra voz.
Inmediatamente toda la mesa de Slytherin se levantó para encarar a las demás casas y sobre todo para quienes habían dicho tales amenazas. No hubo necesidad de sacar la varita, con las miradas amenazadoras, varios de los que apoyaban las amenazas comenzaron a sentarse intimidados por las serpientes. Nadie nunca había visto actuar a toda la casa de Slytherin con tanta unidad, era sabido que cada quien veía su propio beneficio por lo que nunca actuaban en grupo.
Draco soltó una sonrisa de satisfacción al ver como poco a poco dejaban solo al ravenclaw que les había gritado, lo reconoció, era Steve Thomson, el que una vez intentó sobrepasarse con Hermione.
–Idiota –dijo Draco.
Algunos de séptimo año de Slytherin comenzaron a reirse con cierta malicia, dejando ver una vez más su poder, pero aquello sólo sirvió para reanimar el coraje de algunos de otras casas.
–¡Espero sigan riéndose, cuando su familia termine en bancarrota y estén pudriéndose en Azkaban! –exclamó ahora un alumno de Hufflepuff.
–¡Ustedes terminarán pidiendo piedad cuando la guerra estalle! –gritó una alumna de Ravenclaw.
–¡No son más que unos malditos cobardes! –declaró uno de Gryffindor.
Poco a poco, varios alumnos, lo bastante enojados, se acercaron a la mesa de Slytherin haciendo que otros más se animaran a enfrentarse a las serpientes. Draco apretó los puños con coraje, se levantó de su asiento y camino hacia el grupo que pretendía acercarse, a su lado rápidamente lo acompañaron Blaise Zabini, Pansy Parkinson y Theodore Nott. También se le unieron Crabbe y Goyle quienes miraban a quienes habían gritado insultos al tiempo que levantaban sus puños, no eran muy hábiles con los hechizos pero lo compensaban con fuerza física. Todos los demás compañeros de Slytherin sacaron sus varitas, incluso los niños de primeros cursos.
Draco sabía que su casa no era conocida por su paciencia, sólo sus ordenes eran los que hacían que aguantaran cada uno de los insultos y amenazas, por ello luchaban por mantenerse quietos soportando las exclamaciones. Varios alumnos de otras casas se aventuraron a seguir gritando, queriendo provocarlos y eso era exactamente lo que buscaban. Draco sabía que sólo buscaban venganza al sentirse imponentes por lo que había sucedido, era bastante fácil apuntar y repartir culpas cuando no podían consolar o ayudar a sus amigos que se vieron directamente afectados por la masacre.
Antes de que Draco pudiera intervenir para hacerlos callar, un idiota se atrevió a lanzar las amenazas personales. Nadie iba a salir ileso de ahí…
–¡Oye Blaise Zabini! ¿Tú madre sigue acostándose con cualquier millonario? Seguramente ni tu sabes quien fue tu padre… –gritó un alumno de Gryffindor.
Esta vez la valentía de la casa de los leones era sinónimo de estupidez. Blaise enseguida se tensó y sacó su varita, Draco lo miró seriamente pero él no hizo ningún caso porque camino varios pasos hacia el gryffindor quien inmediatamente al ver su expresión de furia, ya no se sentía tan valiente para afrontarlo.
–¡Ven aquí asqueroso traidor de sangre, a ver si vuelves a mencionar a mi madre! –exclamó con furia Blaise, apuntándolo con la varita y haciendo que varios alumnos se apartaran inmediatamente.
Sacar los temas familiares para un sangre pura, especialmente para un slytherin, nunca era nada bueno. Draco comenzó a caminar hacia su amigo antes de que cometiera alguna tontería y empeorara todo, pero Steve Thomson se adelantó y camino unos pasos hacia ellos.
–¿O si no qué? ¿Nos atacarán un puñado de serpientes superficiales y cobardes? –provocó.
Enseguida tuvo la respuesta que quería, varios compañeros de Draco se subieron a la mesa con las varitas ya listas para atacar, mientras otros más comenzaron avanzar hacia donde estaba Blaise. Los pasos de decenas de alumnos resonaron por todo el Gran Comedor, que ahora permanecía en silencio tenso al escuchar el alboroto ocasionado.
Malfoy estaba dispuesto a no dejar que aquello se volviera una batalla, pero al ver al idiota de Steve lo pensó mejor, no estaría mal poner un ejemplo de lo que pasaría si querían seguir metiéndose con los slytherin. Pero aún así, no era nada conveniente ni inteligente atacar en un lugar tan público.
–¡Es suficiente! –exclamó Draco con voz fuerte y firme. Sus compañeros bajaron la varita aunque no la guardaron y se hicieron a un lado para dejarlo pasar.
Se abrió paso para alcanzar a Blaise, siguiéndole Nott, Pansy, Crabbe y Goyle; desde el primer año han permanecido juntos como un grupo selecto de Slytherin aunque no sean los grandes amigos, sin duda eran los mejores cómplices para toda clase de situaciones. Draco le dio la espalda al resto de los estudiantes para enfrentarse de frente a Blaise.
–No cometas ninguna tontería, más tarde nos vengaremos de ellos… sin testigos –susurró Draco para que solamente él escuchara, puso su palma frente a la varita alzada de su amigo y lo obligo a bajarla.– Te prometo que nos vengaremos…
Blaise vio la frialdad en la mirada gris de Malfoy y supo que le decía la verdad, por lo que cedió completamente. Por un momento ambos compartieron una expresión de complicidad, tal como en los viejos tiempos.
–Malfoy –lo llamó alguien a sus espaldas.
Draco giró su rostro lo suficiente para dejar ver su perfil al tiempo que vio a otro de Gryffindor, amigo de Potter, dispuesto a enfrentarlo.
–Dicen que tu padre murió en Azkaban porque el que No-Debe-Ser-Nombrado lo consideró un completo inútil…
Draco sonrió con maldad pura, volviéndose lentamente hacia el imbecil que se atrevió a decir eso. Sentía que su sangre hervía y se olvido por completo de mantenerse calmado. Dejó a un lado las apariencias y permitió que su lado mortifago saliera a flote. Cuando miró hacia el gryffindor, vio con satisfacción como palidecía y los que estaban junto a él se hacían para atrás.
Era como si todos estuvieran conteniendo el aliento. Notó que Blaise se paraba a su lado mirando con amenaza, al igual que Nott y Pansy. Y la entera casa de Slytherin avanzó unos pasos más.
–¿Algunas vez has visto como una serpiente caza a sus presas? –preguntó Draco con total amenaza en su voz, ni siquiera era necesario gritar para infundir temor.– No te sorprenda el día en que aparezca la Marca Tenebrosa sobre tu casa…
Draco avanzó unos pasos más, haciendo que más alumnos dieran pasos hacia atrás.
–Dicen que los traidores a la sangre son los segundos en la lista después de los sangre sucia… ya viste lo que ocurrió con ellos –dijo Draco con malicia.
Y protegiendo a su líder, varios de sus compañeros soltaron risas y otros más hicieron gestos de amenazas o se acercaron al grupo que buscaba darles pelea dispuestos a intimidarlos. Draco sonrió, no sabían qué tanta verdad había en sus palabras pero lo encubrieron haciendo creer como si todos tuvieran algo que ver.
Nunca hasta ese momento se había sentido tan lleno de poder, hacia mucho tiempo que ya no intimidaba a nadie en Hogwarts. Después de ello nadie se atrevería a meterse con las serpientes, ni siquiera con los demás sangre pura que hasta ese momento se habían mantenido callados. Ahora todos tenían demasiado miedo para querer iniciar una rebelión dentro del castillo.
Entonces Draco Malfoy vio a Hermione en medio de la multitud, parecía asustada por la repentina batalla que podría dar comienzo, pero tardó varios instantes en darse cuenta que en realidad era él el que la asustaba. El cuerpo de Draco hormigueaba de adrenalina, pero su ira fue disminuyendo conforme seguía mirando a Hermione. De repente, ella le dio la espalda.
–¡Silencio! –interrumpió con gran estruendo la voz del director Albus Dumbledore.
Todos los alumnos voltearon asustados, mirando al director y los jefes de casas en las puertas del Gran Comedor. Detrás de él iba Madame Pomfrey, había ido en busca del director al ver lo que estaba ocurriendo, era obvio que ella no hubiera podido controlar la situación.
–¿¡Qué es lo que está ocurriendo aquí!? –exclamó la profesora McGonagall mirando con dureza a los alumnos de Slytherin, sobre todo a Draco.
Nadie dijo nada, ni siquiera para delatar a alguien sobre el inicio de la confrontación. Draco volteo a mirar a sus compañeros de casa y todos inmediatamente guardaron las varitas, mientras que también se bajaban de la mesa.
–Todos vuelvan a sus asientos –indicó Dumbledore sin necesidad de alzar la voz. La situación era bastante seria como para que el director ignorara por completo la confrontación que iba a suceder entre sus alumnos, detalle que preocupo a todos.
Sin esperar más, todos olvidaron la rivalidad y el enojo obedeciendo al director del colegio. Draco trató de encontrarse con la mirada de Hermione una vez más, pero ella le había dado la espalda por completo, en cambio se dio cuenta que las comadrejas Weasley y la cara rajada lo veían con amenaza. "Perfecto" pensó Draco malhumorado.
Una vez sentado, el sentimiento de culpabilidad que en un principio lo había abrumado se había esfumado, ahora sólo quería irse lo más rápido posible de ahí. Tampoco pensaba disculparse por la manera en que reaccionó ante los insultos y amenazas hacia los sangre pura, ni mucho menos la amenaza que hizo cuando mencionaron a su padre. Justo en ese momento volvió a mirar hacia la mesa de Gryffindor, vio como Potter le decía algo a Hermione al oído luciendo una expresión de desaprobación. Malfoy apretó los puños de coraje, seguramente la cara rajada aprovechaba la situación para recordarle a la castaña una razón más por la cual no debería tener ninguna relación con un Malfoy…
–Veo que todos ya están enterados de lo que sucedió –comenzó a decir el director mientras caminaba hacia la mesa de los profesores.– Muchos están preocupados por lo que puede significar y no voy a mentirles al decirles que la guerra está más cerca de lo que esperan…
La respuesta fue inmediata: exclamaciones, murmullos, gritos ahogados y algunos de los más pequeños comenzaron a llorar. Cuando se trataba de lo que ocurría en el mundo mágico, Dumbledore era lo bastante directo y honesto, Las palabras del director habían sonado como si todos tendrían que estar listos para pelear en una guerra inevitable, que el hecho de ser niños y jóvenes no importaba.
–Silencio –pidió Albus con calma al llegar a la silla del centro de la gran mesa.– Sé que la guerra esta cerca pero eso no es motivo para iniciar una aquí también entre las casas.
Hizo una pausa mirando a todos.
–El enemigo busca eso porque entonces seriamos un blanco muy fácil. Si nosotros nos mantenemos en discusiones absurdas como las cuestiones de la sangre o el color de las casas, el enemigo estaría ganando –dijo mirando con atención a quienes había visto que estaban enfrente de la confrontación, incluyendo a Draco.– Recuerden: Ante el inminente peligro, la fortaleza es a lo que tenemos que aferrarnos, porque sin ella, no serán nada ante el enemigo.
Draco no pudo evitar poner una mueca de desagrado ante esas palabras. "Viejo chiflado" pensó con frustración, si creía que con discursos las cosas se calmarían entre ellos estaba totalmente loco. Por mucho que el director quiera ocultar, evitar que todos piensen en lo que esta sucediendo o inclusive los mantenga encerrados en el castillo no podrá evitar la guerra; sería mejor si empezara a preparar a los alumnos para ello en lugar de encerrarlos en una enorme burbuja de paz y armonía, la cual finalmente sólo les explotará en la cara a todos cuando el peligro este frente a ellos y sea demasiado tarde.
Después de eso, Draco dejó de poner atención en las palabras del director. No necesitaba un discurso sobre motivación y superación, ni mucho menos escuchar sobre la información que tenían acerca de lo que en realidad pasó en el ataque de anoche. En cambio, nuevamente su mente se perdió en sus pensamientos, una idea comenzaba a formarse en su mente desde la madrugada pero si tomaba la decisión de ponerla en marcha, muchas cosas estarían en juego. ¿Cuánto estaba dispuesto a arriesgarse?
Volvió a mirar hacia la mesa de Gryffindor, teniendose que conformar con ver a Hermione de espaldas y parte de su perfil. Contuvo una sonrisa, su cabello caía con delicadeza sobre su espalda lo cual era muy diferente a como la había visto cuando se levantaron. También desde aquella distancia podía ver que tenía el ceño fruncido y se mordía nerviosamente el labio, no podía culparla por sentirse tan preocupada. Por un momento, notó que miraba a Potter con reserva al igual que las comadrejas de Weasley… si Potter tuviera la loca idea de ir detrás de Voldemort para dar fin a la guerra, Hermione iría con él y ese pensamiento lo puso ansioso.
Draco sabía perfectamente que no importaba si en ese momento Potter y Weasley estuvieran enojados con ella, cuando llegue la hora aquel trio dorado estarían juntos hasta el final. Era algo que él no podía evitar, y eso le aterraba. La idea de que a Hermione le pasará algo y él no estuviera cerca…
–Draco, ¿a quién miras? –preguntó una voz cerca de él.
Inmediatamente se maldijo a si mismo. Se había quedado mirando a Hermione como un psicópata y ahora Pansy Parkinson lo miraba con gran interés.
–A nadie –respondió cortante esperando que no insistiera.
Se obligo a si mismo a mirar al director y pretender que le ponía atención. Lo cual para su fortuna duro poco. Albus Dumbledore dio los últimos anuncios: las clases se suspendían por ese día, algunos alumnos serán llamados a las oficinas de sus jefes de casas y esperaba que todos se apoyarán en lo que pudieran, sobre todo a los alumnos más afectados por los hechos.
Una vez dado por finalizado todo, los alumnos volvieron hablar y ocuparse en ayudar a sus compañeros. Draco vio como Hermione se levantaba de la mesa de Gryffindor y salía inmediatamente del lugar, estuvo a punto de ir tras ella pero no podía. Blaise Zabini se había volteado hacía él esperando que comenzaran su plan para vengarse de aquellos que los había insultado personalmente. Varios comenzaron a congregarse a su alrededor, ansiosos.
–Tenemos que vengarnos –dijo Blaise con seriedad, nadie podía echarse para atrás.
–Lo sé, aquellos dos idiotas no volverán a meterse con nosotros después –respondió Draco con frialdad.
Sus compañeros a su alrededor sonrieron. Draco volvió a mirar hacia las puertas del Gran Comedor esperanzado de que Hermione estuviera ahí esperándolo, pero no era así. Con un mal sabor de boca, regresó su atención hacia sus compañeros de casa. Tenía que cumplir con su deber antes de ir en busca de la castaña.
Hermione Granger caminaba lo más deprisa que podía para alejarse del Gran Comedor, lo único que buscaba era un poco de paz en algún pasillo antes de regresar y buscar a la profesora McGonagall para preguntarle en qué podía ayudar. No iba a ser egoísta ni mucho menos cobarde pero necesitaba huir durante un momento, sólo uno.
Confundida.
Desconcertada.
Con temor.
Tristeza.
Sentía demasiado y necesitaba un momento o podría venirse abajo. Nunca hasta ese momento se había sentido tan confundida respecto a Draco Malfoy, lo que había presenciado hace unos momentos de él… Se detuvo finalmente y respiró hondo varias veces.
Sus padres la habían olvidado y desconocía a las persona que ama. Sentía sumamente lejano esas noches en que Draco iba por ella a la biblioteca y disfrutaban de agradables cenas en las cocinas del castillo. Por unos instantes, su rostro se descompuso a causa de un repentino llanto.
–Hermione…
La castaña se llevo una mano a la cabeza, repentinamente se sintió muy cansada. Ni siquiera se molestó en voltearse.
–Hermio…
–¿Qué es lo que quieres? –preguntó con una frialdad impropia de ella.– ¿Vienes nuevamente a echarme en cara lo inconveniente que es Draco para mi?
–Yo…
Hermione se enfrentó a Harry totalmente enfurecida. Quería gritar, llorar, enojarse.
–¿O sólo vienes a convencerme que tu eres mejor? –exclamó retándolo a que dijera algo.– Porque te diré algo, lo amo y…
–¡No vine a reclamarte nada! –interrumpió Harry sintiéndose herido por lo último que dijo la castaña.– Dumbledore me mando a llamar…
La castaña vio la expresión de su mejor amigo y se reprimió a si misma, lo había lastimado.
–Harry…
–Ya es hora de que me enfrente a la realidad, es hora de que contacte con la Orden para saber cuál es nuestro siguiente paso para derrotar a Voldemort –continuo diciendo el niño que vivió, lucia mortalmente serio.– No te preocupes, no te necesito…
Hermione sintió aquellas palabras como una gran bofetada. Lo peor de todo no era el hecho de que Harry decía eso por despecho, desde el momento en que ella les confirmo que Draco era un mortifago, pudo darse cuenta de la perdida de confianza en ella… como si los últimos seis años no hubiesen existido. No pudo contestar nada, ni siquiera para defenderse y tampoco su cuerpo reaccionó cuando Harry se fue de ahí, dejándola completamente sola.
Se quedó un buen rato mirando el pasillo por donde Harry se había ido. ¿Cómo era posible que en tan sólo unas horas, todo tu mundo pudiera venirse abajo? ¿Cómo evitarlo? La esperanza de que algún día sus mejores amigos y su novio pudieran llevarse bien lucía tan lejana y más imposible que nunca. Incluso todo apuntaba que para el final del día, ella estaría sola…
Las lagrimas nuevamente amenazaban con salir, Hermione decidió moverse de ahí, mantenerse en movimiento al menos evitaría que se derrumbara. Y sin pensarlo más, comenzó a caminar lo más lejos posible de todos.
Después de una interminable media hora, Draco Malfoy finalmente pudo irse del Gran Comedor. Aún el lugar estaba lleno de estudiantes, al parecer era mejor estar ahí que encerrados en su sala común. Lo cual le convenía enormemente al slytherin ya que así nadie sospecharía de que anduviera vagando por los pasillos.
Lo único que quería en ese momento era encontrar a Hermione. Con cada minuto que pasaba sentía que producía más daño, aún no podía olvidar la expresión de la castaña en él. Nunca le había dedicado esa mirada, como si él fuera hacerle daño, ni siquiera cuando le enseño la marca tenebrosa en su brazo lo había mirado de esa manera y aquello lo estaba matando.
En cuanto Draco camino hasta el Hall del castillo se pregunto a donde iría Hermione, los lugares más lógicos como la biblioteca los descartó por completo. No creía que la castaña quisiera ser encontrada en ese momento, ni por él ni por sus amigos, de eso estaba seguro.
De pronto recordó la primera vez que se besaron. Ella había tratado igualmente de escaparse y al parecer, ese lugar era su refugio cuando no quería ver a nadie. Con la intuición de saber donde encontrarla, comenzó a caminar lejos del Gran Comedor.
Conforme caminaba, poco a poco los ecos de las voces de los estudiantes se perdían, invadiendo los pasillos con un silencio algo siniestro. No era que sintiera repentino miedo pero si una extraña paranoia y aquello sólo lo ponía más ansioso por encontrar a la castaña, apretó el paso y fue cuando se encontró con Potter al otro extremo del pasillo.
Draco lo ignoró por completo, pero el niño que vivió le impidió el paso enfrentandolo con claro coraje en su expresión.
–Ahora no tengo tu tiempo, Potter –dijo Draco fríamente.
–Y hoy no tengo paciencia, Malfoy –contestó con la misma frialdad que él, algo inusual.
Sin embargo, hacía falta mucho más para que Draco se sintiera amenazado. Enarcó una ceja mientras dibujaba una sonrisa burlona en su rostro, si Potter quería pelea él no iba a negársela.
–¿Vienes a lloriquearme por qué Granger me escogió? –preguntó Draco con malicia, disfrutando la expresión de coraje en su adversario.
Harry Potter apretó los puños a sus costados sintiendo el impulso de golpear a Malfoy por ese comentario, pero se contuvo con un gran autocontrol.
–No intentes provocarme, porque en ese momento puedo ir con la Orden del Fénix para revelar que eres un mortifago –contestó Harry con amenaza, logrando que la sonrisa burlona de Draco se borrará de su rostro.– Sobre todo acusarte de haber participado en la masacre de anoche.
–No tienes ninguna prueba, Potter –respondió Draco sin dejarse intimidar.
–Nadie puede ocultar la marca tenebrosa en su brazo –dijo Harry con una sonrisa de autosuficiencia.
–Pero no vas a decir nada, no te atreverías.
–¿Crees que no tengo el valor?
–No, al contrario. Mueres de ganas por hacerlo pero no lo harás –contestó Draco con arrogancia.– Eres leal a tus amigos y no traicionarías tu amistad con Granger.
Aquellas palabras fueron como un balde de agua fría para Harry. Odiaba a Draco Malfoy pero no podía hacer nada por Hermione, aún cuando sentía que tenía todas las razones para delatarlo. Aún así las provocaciones de Malfoy lo estaban sacando de sus casillas.
–Ella ya lo hizo…
Draco apretó los puños a sus costados de coraje. Desde la confrontación en el Hospital San Mungo, y lo que le había contado Hermione, odiaba que Potter actuará como si todo lo ocurrido fuera alguna clase de plan de ellos para hacer su vida más miserable, cuando él no tenía nada que ver. Ninguno tenía planeado enamorarse del otro, las cosas resultaron así y realmente no se quejaba, pero estaba harto del comportamiento de Potter y ya era hora de ponerlo en su lugar.
–Potter, aunque suene increíble de parecer, no eres el centro del universo –comenzó a decir Draco con frialdad.– Tu papel de víctima no te queda con referente al héroe que debes ser…
Harry se sintió ofendido, enseguida su expresión cambió de coraje puro ¿quién era él para decirle eso? A sus ojos, Draco Malfoy seguía siendo una persona detestable, lleno de arrogancia y orgullo que lo hacían insoportable, además de ser un ser cruel al formar parte de los mortifagos.
–¿Has visto a Hermione? Creo que deberías de quitar esa cara de arrogancia ya que le has demostrado bastante bien quien eres realmente, Malfoy –dijo Harry con gran enojo.
Draco por un momento sintió que el hueco en su estomago se agrandaba, necesitaba encontrar ya a Hermione y Potter sólo le estaba haciendo perder el tiempo. Por lo que en lugar de reaccionar tal como su rival quería, rio con burla.
–Te convendría mejor pensar cómo rayos acabarás con Voldemort porque te aseguro que es un rival muy poderoso –respondió Draco con desdén.– Tu otra batalla con Hermione está perdida.
Sin esperar respuesta o reacción de Potter, Draco siguió su camino más ansioso que nunca. Durante siete años Potter y Malfoy han tenido una enemistad que con el paso de los años se ha vuelto más intensa, por lo que le traía sin cuidado lo que él dijera u opinará. Su necesidad de encontrar a Hermione tenía más prioridad que discutir más tiempo con su enemigo de toda la vida.
Siguiendo la corazonada, continuo caminando entre pasillos e incluso en algunos tramos se sorprendía a si mismo corriendo para acortar más rápido la distancia ya que no había pasadizos que pudiera usar como atajo. Al poco tiempo, había llegado cerca del lugar por lo que se detuvo abruptamente. ¿Y si se había equivocado?
El patio interno donde se habían besado la primera vez lucia desierto. Sin embargo camino por los pasillos que lo rodeaban, ignorando el nudo en la garganta y pensando en otros lugares donde podría estar la castaña. Incluso tuvo la desesperada idea de regresar a buscar a Potter y preguntarle sobre el paradero de Hermione. Justo entonces, la vio caminar en el extremo opuesto.
–Hermione –exclamó Draco aliviado.
La castaña lo vio y se le aceleró el corazón. Al tiempo que disponía de dar media vuelta e irse por donde venía caminando, no tenía pensado hacer aquello pero de igual manera lo hizo. Draco se desconcertó, corrió alcanzarla y la tomó del brazo para que voltease hacia él.
–¿Qué rayos te ocurre? –preguntó aunque más que sonar demandante, sonó herido.
Hermione bajó la mirada, no se atrevía a mirar a Draco a los ojos. Había estado vagando por los pasillos, pensando y pensando, analizando su relación y sólo para darse cuenta que la lógica no le ayudaba en nada. Se sentía tan frustrada y confundida como hace unos meses, antes de aceptar tener sentimientos por Draco.
–Hermione, mírame –pidió Draco al tiempo que impedía que ella se soltará de su agarre.– ¡Mírame!
La castaña alzó la vista para encontrarse con una mirada gris desconcertada, mientras que la mirada de ella era de precaución, como si tuviera que estar alerta ante la amenaza de que Draco pudiera hacerle algo. Aquella revelación hizo que el slytherin se le cayera el alma a los pies y la soltó con sorpresa.
–¿A ti qué rayos te pasa, Malfoy? –espetó la castaña recuperándose, de pronto se sentía enojada con él. No podía olvidar la manera en que amenazo a su compañero de casa, la expresión, el lenguaje corporal… –¡Sólo te falto alzar la manga de tu brazo, ahí enfrente de todos!
Draco se sintió mal al escuchar como ella pronunciaba su apellido, sin embargo, recupero su compostura.
–No pienso disculparme por lo que paso en el Gran Comedor, ¿qué esperabas que hiciera? Ese idiota se metió con mi padre –contestó Draco esperando que ella entendiese.
Pero estaba hablando con Hermione Granger, y ella estaba en contra de la violencia innecesaria.
–¡Podías haberlo ignorado! Pero… –exclamó la castaña pero calló creyendo que su voz se le cortaría.– Hay limites, Draco
Nuevamente le dedicó esa mirada de miedo, aquello estaba volviendo loco a Draco. Esa mañana habían estado tan bien juntos y ahora parecía que todo podría irse al infierno.
–Merlin, primero me preocupé por ti pero después creí que tendría que proteger a todos de ti –añadió Hermione con cruel honestidad.
–No entiendes… no pude evitarlo, la sola mención de mi padre. Tenía que defenderme, mi orgullo, mi dignidad –respondió Draco sin mucho sentido, al pensar que ella pudiera tenerle miedo.
–¡Ese no es motivo para amenazarlo de esa manera! Te transformaste por completo… –exclamó Hermione incapaz de salir de su enojo y de su preocupación.– Siempre estuve segura de que no te parecías en nada a Bellatrix Lestrange, pero hace rato me demostraste lo contrario.
Draco no pudo ocultar su expresión de asombro e incluso se sintió ofendido, ¿parecerse a la psicopata de su tía Bellatrix? Él odiaba a su tía, su forma de comportarse y de actuar frente al señor tenebroso, también odiaba la forma en que siempre buscaba hacerlo sufrir a pesar de lo que dijera su madre. No podía ser que Hermione lo comparara con un ser humano tan despreciable.
–Yo no me parezco en nada a ella… –respondió Draco desconcertado.
–Siempre he tratado de imaginar cómo puedes aparentar ser un mortifago o cómo logras que Voldemort te crea –comenzó a decir Hermione lo que tanto había pensado antes de encontrarlo.– Te imaginaba sufriendo por mantener una postura dura delante de un ser tan malvado como él…
Draco sintió un vacío en el estomago conforme escuchaba las palabras de la castaña, nunca habían hablado de ello, la cuestión de que él es parte del bando enemigo nunca fue un tema de conversación entre ambos.
–Había llegado a la conclusión de que sólo mantenías tu típica mirada fría o de odio junto a tu expresión seria, yo misma había sido blanco de esas miradas –de pronto la voz de Hermione tembló, todo lo que estaba diciendo ponía en peligro su relación.– Lo que vi hace rato, en ti… siento que todo este tiempo he estado equivocada y quizás disfrutas ser un mortifago.
Draco Malfoy dio un paso hacia atrás, aquello no se lo esperaba y le dolió profundamente. Desde tercer año, supo que su destino como mortifago se cumpliría algún día y por lo que su padre le había dicho y enseñado, esperaba ese día con anhelo y orgullo. No obstante, una vez que conoció la realidad de todo, supo que su destino más bien estaba maldito. Todo este tiempo ha cumplido ordenes porque aprecia demasiado su vida y la de su madre, eso no quiere decir que disfrutara ser un mortifago. Había una gran diferencia entre hacer lo correcto y hacer lo necesario para sobrevivir.
Creyó que Hermione había entendido aquello, lo había dejado claro con anterioridad. Sin embargo, la realidad era otra, ella por alguna razón se empeñaba en verlo como una persona buena, con actos dignos de un héroe… Entonces Draco cambió, de pronto se sentía profundamente ofendido.
–¡Hermione, yo no soy bueno! –exclamó con reclamó y la miró con cierto coraje.– Tienes que dejar de verme como alguien quien no soy… No sé ni nunca sabré ser como tú esperas que sea. No soy un héroe como Potter o alguien noble como Weasley. No lo soy y si hasta ahora te das cuenta de ello, entonces creo que toda nuestra relación ha sido una farsa.
La castaña sintió como las lagrimas amenazaban con salir. El gran temor que había rondado por su mente en aquellas horas, se estaba volviendo realidad, ¿y si ambos se engañaron a causa de sus sentimientos? Ambos se miraron por unos momentos, el silencio que se había instalado entre ellos después de las palabras de Draco, decía demasiado. ¿En verdad toda su relación fue una farsa?
Hermione observó a Draco. Nunca imagino que estaría en una situación así con aquel chico, con el que años atrás detestaba con toda su alma. Sin embargo, ahora no podía imaginar como estaría sin él… Y entendió que toda su vida había soñado con un amor cálido, tierno, seguro; pero la vida es totalmente impredecible y le entrego un amor mejor, un amor real. Quería demasiado a Draco Malfoy, no había más, estar enamorada de él ha sido lo mejor que le ha pasado en los últimos meses.
Cerró un momento los ojos para retener las lágrimas, porque tenía miedo que el amor no fuera suficiente para él o para ella, no podría con la idea de que Draco fuera un fiel mortifago porque entonces significaría que estaban destinados a estar separados sin importar sus sentimientos.
–No quiero que te parezcas a nadie. Te quiero a ti y estoy enamorada de ti –confesó Hermione volviendo abrir sus ojos para enfrentarse a Draco.– Pero no podré soportar que seas alguien que disfrute torturar, matar, chantajear…
Draco le mantuvo la mirada y la expresión seria, a pesar de que su pecho se llenó de un sentimiento intenso cuando ella dijo estar enamorada de él como una verdad universal. No obstante, si Hermione esperaba una disculpa por su comportamiento o por su manera de actuar en el Gran Comedor estaba ilusionándose. No iba a disculparse por su manera de ser, mucho menos cuando ella creía que él disfrutaba ser mortifago.
Era la primera vez que sentía que su relación estaba a un paso de caerse a un abismo y aún así, habló.
–Lo peor que puedes hacer es dar muestra de sentimientos, aquello le da poder a tus enemigos –comenzó a decir Draco como si recitara un reglamento.– Nosotros, los sangre pura, somos los únicos con el derecho legitimo de la magia; los sangre sucia, son la escoria de nuestro mundo.
Hermione lo miró desconcertada, no entendía porque de repente Draco le decía aquello.
–Ser un Malfoy significa poder y el poder te abre todas las puertas, así es como puedes obtener todo lo que quieras –continuo diciendo ignorando la expresión de la castaña.– Nadie nunca se mete con un Malfoy y sale ileso por ello, aquellos que se atrevan a insultarnos sufrirán las consecuencias.
–¿De qué estas hablando?
–Debes cumplir con las expectativas de ser un Malfoy, si lo logras, tendrás la ocasión de participar para una causa mayor y le darás a la familia el mayor orgullo… –interrumpió Draco con una falsa arrogancia en su voz.– Esas son las primeras lecciones que mi padre me dio, al menos las que recuerdo. Tenía cinco o seis años.
Hermione lo miró sorprendida, imaginaba que Lucius Malfoy había sido un padre estricto pero estaba muy lejos de saber la realidad.
–¿Sabes cómo aprendí a realizar la maldición cruciatus? ¿Realmente elaborarlo y dominarlo…? Bellatrix me enseño, usando la maldición en mi –confesó Draco como si aquello fuera un recuerdo muy normal en las familias, la castaña lo miró horrorizada de imaginárselo.– Así que la respuesta es no. No disfruto torturar a las personas ni mucho menos matar.
La castaña evitó mirarlo, lo último que él querría es que ella lo mirara con compasión. Por primera vez se preguntó qué clase de infancia había tenido Draco, siempre creyó que estaba rodeado de lujos y una disciplina digna de un mago de su status, sin embargo, parecía que su padre lo había educado especialmente para ser el mortifago perfecto y el mejor Malfoy que la familia pudiera tener. ¿Y si…?
–Lo que viste en el Gran Comedor es la consecuencia de mi educación y también parte de quien soy ahora. Admito que he cambiado pero hay cosas que nunca podré cambiar –dijo Draco acercándose un poco hacia ella.
Hermione lo volvió a mirar. Aquello era lo que temía, que hubiera cosas que él nunca cambiaría y ella tampoco cambiaría de si misma. ¿Y si su futuro sólo se basaría en peleas causadas por sus diferencias? ¿Y si después de todo…?
–¿Como amenazar o intimidar? –preguntó Hermione sin dejar que el coraje se le pasara.
Draco enarcó una ceja desconcertado. La observó un momento y se dio cuenta que la castaña estaba reprimiendo algo más y seguro más importante que la simple revuelta que casi ocasionó entre las casas. La cuestión de que si es o no un verdadero mortifago era sólo parte de lo que realmente le preocupaba.
–Comienzo a pensar que todo esto va más allá de lo que sucedió en el Gran Comedor, no fue la primera ni será la última vez que amenace a alguien –le espetó Draco con seriedad.– ¿Qué sucede?
Hermione reprimió una risa sarcástica. Draco Malfoy la conocía perfectamente y en ese momento le hubiera gustado que no fuera así, la pregunta que tanto había estado rondando por su cabeza le daba demasiado miedo pronunciarla. Odiaría tener que romper su relación con Malfoy aún a pesar de lo que siente por él, lo necesitaba a su lado pero también, la pregunta los haría pensar si aún es correcto estar juntos.
–Creo que hemos estado encerrados mucho tiempo en aquella habitación cerca de la torre de astronomía, todo el tiempo llevamos esas cuatro paredes a nuestro alrededor –comenzó a decir Hermione sin ser capaz de parar, una vez dicho todo no había vuelta atrás.– Y la realidad esta afuera esperándonos, en el momento en que salgamos de nuestro espacio, no sé que pueda pasar…
–¿De qué estas hablando? –preguntó Draco sin entender demasiado.
–¿Crees que el amor sea suficiente? –soltó la pregunta Hermione como una bomba.– Nunca me importo realmente que ambos seamos diferentes, pero tenemos metas diferentes… seguimos caminos contrarios.
Draco comenzaba a entender lo que tanto le preocupaba a Hermione, la idea de que sus realidades fueran más grande que ellos… Tenían objetivos diferentes, ella estaba dispuesta a ayudar a salvar el mundo mágico de Voldemort y él estaba dispuesto hacer lo que sea para mantener con vida a su madre, así como también mantener su apellido en alto.
–Siento que cada vez tendremos menos días felices y… –Hermione calló, no podía interpretar la expresión de Draco y sintió un nudo en la garganta.– ¿El amor es suficiente? ¿Lo es para ti?
Hermione tenía miedo de perderlo, esa era la verdad. Perder a Draco en medio de la guerra porque al final ambos necesitarían cumplir con sus deberes. Si, Hermione había temido cuando vio como el slytherin se transformaba en un digno mortifago en el gran comedor pero lo que había temido más, era la posibilidad de que finalmente ese papel que interpretaba a la perfección se volviera su vida por completo. Así como ella estará tan empeñada en ayudar a Harry a derrotar a Voldemort que finalmente se volviera completamente enemiga de Malfoy.
¿Qué tanto él creía en los ideales con los que fue educado? ¿Y qué tanto ella estaba dispuesta a sacrificar por el bien?
Mientras tanto, Draco no contestaba. Haciendo que el silencio se hiciera insoportable para Hermione, cuando sus miradas se encontraron reprimió las ganas de llorar…
–No es suficiente… –admitió Draco con total seriedad.
Hermione soltó un gran suspiró, al tiempo que bajaba la mirada. En cambio, Draco se acercó más hacia ella.
–No es suficiente… estar enamorado, amarte y todo lo que siento por ti, si no te tengo a mi lado –confesó Draco impresionado por aquellas palabras de amor saliendo naturalmente de él.– No me sirve de nada mis sentimientos si no estamos juntos…
Hermione levantó la mirada encontrándose con la mirada determinante de Draco, sus ojos grises tenían un brillo peculiar… nunca antes los había visto tan transparentes.
–No estoy luchando, arriesgando todo, desafiando y enfrentando todo por amor sino porque quiero un futuro contigo, juntos –siguió diciendo Draco al tiempo que se acercaba más y le apartó un rizo del rostro con cariño.– y cuando suceda, será suficiente para mi.
Hermione soltó un gran suspiro. Draco Malfoy es una persona compleja, él mismo admitió que su comportamiento es consecuencia de una educación demasiado estricta, pero había algo que él aún no entendía o ignoraba: no importa cuanto Lucius Malfoy se empeño en que su hijo viera el amor como un arma mortal, para Draco finalmente, el amor era lo que lo impulsaba a actuar. El amor hacia su madre hacía que cumpliera toda clase de ordenes para mantenerla a salvo y el amor hacia la castaña lo motivaba a luchar.
El amor no era ninguna debilidad para Draco, sino era su mayor fortaleza. Y por ello, Hermione lo amaba aún más. Claro que no esperaba que él lo admitiera pero sus acciones hablaban mucho por él y aquello era suficiente para la castaña.
De pronto, Hermione acortó la distancia y besó a Draco. No era nada inteligente besarse en un lugar tan abierto y público, pero no importaba. Ambos se entregaron por completo en ese beso, se perdieron en las sensaciones y en el intenso sentimiento de sus pechos al confirmar nuevamente lo que sentían uno por el otro.
–Te quiero… –pronunció Hermione sobre los labios de Draco.
–Yo… –contestó Draco queriendo decirle lo mismo.
–Lo sé –interrumpió la castaña sonriendo con ternura.
–Quédate conmigo esta noche –susurró Draco apenas los suficientemente audible, como si fuera una especie de rendición.
–Hoy, mañana, pasado mañana… –respondió Hermione al tiempo que le daba besos cortos.
Draco sonrió, en algún momento tendrán que regresar a sus deberes pero no parecía molestarles más. Todo el mundo podría estar en un caos, no obstante ellos estaban bien y eso era lo único que importaba.
Anthony Goldstein se encontraba sentado en uno de los patios del castillo. Le gustaba aquel patio en especial, en una de las esquinas donde había un banco de piedra, había un árbol saliendo del suelo que conforme los años creció en torno a la pared de piedra abriendose paso de una manera extraña. Sin embargo, sentado ahí no podía apreciar aquel árbol que le gustaba, tenía demasiado en qué pensar.
En cuanto pudo, se alejo del caos que se había producido por las terribles noticias de esa mañana y luego el enfrentamiento que se realizó entre sus compañeros y los Slytherin. Él no tenía ningún pariente con origen muggle pero algunos de sus amigos si lo tenían… Su familia siempre se ha mantenido neutra en cuanto al tema de la sangre, no obstante, tampoco se podían mantener indiferentes en cuanto a las opiniones de otras familias sangre pura, sobre todo de las más importantes quienes siguen teniendo la ideología de hace décadas y, que tampoco es ningún secreto, sobre su apoyo a la exterminación de los sangre sucia.
Sin duda esa mañana, creía estar viviendo en otra época porque nunca imagino enterarse de una barbaridad como la que pasó ayer. Levantarse como cualquier otro día y ver con horror como la mayoría de sus compañeros estaban histéricos, enojados, llorando… Merlin, de un momento a otro de igual manera paso a ser odiado. Tenia una idea de lo que lo estaría esperando en el gran Comedor cuando logró escapar de su sala común, pero no esperaba decenas de miradas de reproche como si él hubiese tenido algo que ver; cada una de esas miradas parecían querer venganza y no era el único quien recibía esas amenazas silenciosas, sino también todos aquellos sangre pura de su casa. ¿En serio los veían culpables de lo que pasaba? Incluso aún después de las palabras del profesor Dumbledore, la situación no se calmó lo suficiente. Y bueno, de cualquier forma, gracias a las serpientes, solo lograron empeorar las cosas.
"Si ellos pueden hacer algo tan inhumano, ¿por qué no deberías repetir lo mismo?" Escuchó por la mesa de Ravenclaw, comenzando a preocuparse por su propia seguridad. Después de ello, la profesora McGonagall convocó una junta para los prefectos y los premios anuales, la cual se llevaría a cabo después del almuerzo con la esperanza de que las cosas para ese entonces se pudieran haberse calmado -omitiendo el hecho de que aún no sabía donde estaba Hermione Granger-.
Y eso no era todo, poco después llegó una carta de su madre informándole de lo que pasó y sobre lo que debería hacer, mantenerse neutro en todo el asunto, además, esa mañana su padre al llegar al Ministerio como todos los días le pidieron que se retirara por cuestiones de seguridad porque al parecer temían una rebelión por parte de las familias en busca de una explicación.
Anthony se llevo ambos manos a la cabeza sin poder creer como las cosas cambiaron tan repentinamente, sin duda tenía miedo como todos los demás, aquel ataque sólo podía significar de una guerra próxima.
–Anthony… –una voz lo sacó de sus pensamientos, levantó la mirada y se encontró con Luna Lovegood.
Siempre le ha caído bien Luna, a pesar de ser un poco extraña, era agradable hablar con ella además de que siempre se ha sentido algo protector con ella, no le gustaba para nada que sus compañeros se burlaran de ella o le hicieran bromas pesadas.
–Luna, ¿qué haces aquí? –preguntó siendo algo grosero sin querer.
–¿Puedo hacerte compañía? –contestó Luna con una sonrisa soñadora.– Todo el mundo está perdiendo la cabeza…
Anthony se arrimó a un lado como invitación para que se sentará Luna.
–No pienso regresar al gran Comedor hasta la hora de la cena –respondió Anthony sinceramente.
Lógicamente, las clases fueron suspendidas, la mayoría de los estudiantes estaban en el Gran Comedor y desde temprano alguno de los familiares comenzaron a llevarse a los más chicos. Dumbledore aseguró que no suspenderá las clases por el resto del año porque como muchos creen, todos los alumnos están más seguros dentro del castillo.
–Espero para ese entonces, ya no haya enfrentamiento entre nosotros –comentó Luna por primera vez transmitiendo tristeza en su voz. Esa mañana ella también se había asustado por los acontecimientos.
–No estoy seguro de ello…
De pronto Anthony calló. Vio a Hermione Granger caminando por el pasillo, se veía algo pálida y con un semblante serio aunque apenas podía captar su expresión por los arcos que adornaban la vista del pasillo hacia el patio. Segundos después, vio perfectamente a Draco Malfoy salir del mismo lugar, siguiendola. El primer pensamiento de Anthony fue que el slytherin haría algo malo a Hermione e inmediatamente se levantó, después de ver aquella faceta de Malfoy en el enfrentamiento del gran comedor, estaba seguro que podría causar gran daño a sus enemigos.
Estaba dispuesto a defender a su amiga cuando la mano de Luna lo detuvo del brazo, él la miró desconcertado pero ella sólo le sonrió dandole a entender que no hiciese nada. Asustado volvió a mirar hacia Hermione quien en ese momento era detenida por Malfoy, estaban muy juntos y hablaban en secreto o más bien discutían… pero había algo más que lo desconcertó, la forma en que se miraban, se movían, incluso comenzó a sentirse avergonzado porque creía interrumpir algo tan intimo entre ellos.
Pero siguió mirando, ¿qué significaba eso? Aquello no era normal y duda mucho que sea algún encuentro casual. Hermione no podía…
–No deberías pensarlo demasiado -susurró Luna para no delatarse al tiempo que sacaba su varita y conjuraba un hechizo para no ser escuchados. Aunque la pareja estaba demasiado ocupada para reparar en su presencia.
Anthony no supo qué responderle, ¿cómo no debería pensarlo tanto? ¿Acaso no estaba viendo lo mismo? Esas dos personas habían demostrado odiarse a muerte con anterioridad si se piensa en lo más superficial pero no era eso lo que le perturbaba, sino el hecho de ser quienes son. Además, hace un rato, Malfoy había demostrado ser un hombre muy peligroso y violento, no sólo había logrado intimidar a su compañero de casa sino que a todos los alumnos les transmitió un miedo hacia lo que él podría hacer, no entendía porque alguien como Hermione podía siquiera hablarle como si nada.
Anthony se volvió a sentar tratando de asimilar lo que veía, no tenía ni idea qué era lo que discutian Malfoy y Hermione pero lucía como una pelea de pareja.
–¿Lo sabías Luna? –preguntó serio después de un rato.
–Intuición, a veces acostumbro sentarme a observar a las personas –admitió Luna.– Puedes descubrir muchas cosas.
Anthony no contestó. Quizás haya sido algo distraído al no fijarse en lo que pasaba entre su amiga y Malfoy, pero no era ningún idiota para ignorar el significado de lo que está viendo. A pesar de muchas cosas, ni sus padres aprobarían que él tuviera una relación formal con alguna hija de muggles y es muy bien sabido que la familia Malfoy son fanáticos de la sangre… y no sólo eso, está seguro que si se enterarán de lo que está viendo, tratarían de eliminar el "problema". Cualquiera que se interponga en el plan perfecto para el heredero corría gran riesgo.
Vio que la castaña lucía triste y el slytherin parecía muy preocupado. Claramente esto no se trataba de cualquier sangre pura con cualquier hija de muggles.
–¿Por qué no le has dicho a nadie? –preguntó Anthony mirando a Luna con enojo.– Esto no es ningún juego…
–Porque eso no nos corresponde a nosotros, las relaciones son de dos personas –respondió Luna poniendose también seria, algo inusual en ella.
–¿Te das cuenta de lo que dices? Necesito decirle a sus jefes de casa o… –comenzó a decir el ravenclaw enojado, no estaba de humor para platicas morales sobre lo que es correcto o no. Hermione no debería involucrarse con alguien como Draco Malfoy.
–No, Anthony –interrumpió Luna sacando un lado que muy pocas personas habían visto en ella.– Tal vez no lo entiendas pero tampoco te concierne intervenir en sus asuntos.
–Tú eres la que no entiende. Malfoy no es de confiar, tú lo viste hace rato –exclamó Anthony perdiendo la paciencia, sin poder creer lo que Luna decía.– Hermione podía estar en peligro o él podía estar utilizándola…
–¿Qué te hace pensar eso? –cuestionó Luna.– ¿Acaso sabes algo?
Anthony la miró confundido.
–No… yo…
–Sé que eres diferente Anthony, te aconsejo que hables con Hermione antes de que decidas hacer algo –aconsejó Luna con su semblante serio.
Anthony no supo que contestar. Y justo cuando creía que la situación no podía ponerse más desconcertante, volteo a mirar a la pareja descubriéndolos besándose. Bajo la mirada rápidamente avergonzado de espiarlos. Sin duda ahora entendía varias cosas acerca de la castaña, el por qué de su comportamiento, o de aquella vez en que le pidió su consejo al hablarle de alguien. Cuando dijo que tenía miedo a lo qué podría pasar o de lo que los demás pensaran, tenía miedo de que ese alguien se metiera demasiado en su vida… y ese alguien siempre fue Malfoy. Ni por un instante le había pasado esa idea por la mente, además si él ya sabe, ¿sus amigos también estarán al corriente de esa relación? La respuesta llegó rápidamente a su mente, por supuesto que si, ahora que recuerda, después de las vacaciones de Navidad hubo un cierto distanciamiento entre el trio dorado… El joven mago miró hacia el cielo, el cual estaba casi despejado. Sentía su mente llena de información al ir encajando las piezas.
Luna tenía razón, en base a la observación podría darse cuenta de muchísimas cosas. Si hubiera prestado verdadera atención, todo el tiempo la respuesta estaba ahí. Hablaría con Hermione. Él no buscaba armar un drama sobre traición a sus principios o la amistad por no haberle dicho la verdad, lo único en que Anthony pensaba era en la seguridad de su amiga, no conocía a Malfoy personalmente para opinar sobre él pero por lo que ha visto y escuchado… Quiere asegurarse de que ella este consciente de su decisión sea el tipo de relación que este llevando con Malfoy. Luna estaba en lo cierto, a él no le correspondía opinar sobre la relación entre Hermione y Draco pero tampoco puede evitar un sentimiento protector hacia la castaña.
Anthony volvió a mirar hacia la pareja, seguían hablando aunque con más tranquilidad. La discusión se había terminado y al poco tiempo, Hermione siguió su camino como si nada mientras Malfoy se fue del otro lado, siendo los dos ravenclaw los únicos testigos de aquel encuentro.
Y justo cuando creía que no podía ponerse más desconcertante, Hermione con una mano acarició el rostro de Malfoy para luego darle un rápido beso en los labios, después de ello, ella siguió su camino como si nada y él se fue del otro lado, siendo los dos ravenclaw los únicos testigos del encuentro.
A la hora acordada, todos los prefectos y los dos Premios Anuales, se reunieron en el despacho de la profesora McGonagall. Aún las cosas no se habían calmado gracias a las constantes lechuzas que llegaban con nuevas noticias sobre lo que ocurría fuera de Hogwarts además de las constantes visitas de padres de familia asustados por la seguridad de sus hijos. Hasta ese momento, ninguna persona le había preguntado a Hermione acerca de sus padres, quizás sea por cobardía pero preferiría mejor así. Con todo lo que ha pasado ni siquiera ha tenido el tiempo suficiente para recordar que ellos ni siquiera recuerdan su existencia. Por otra parte, ni siquiera sus amigos después de la discusión se han aliviado de que al menos estén con vida… una razón más para que la castaña tampoco quisiera dirigirles la palabra.
Ya todos reunidos, Ron Weasley ni se atrevía a mirarla a los ojos, como si ella no existiese y por mucho que estuviera enfadada con él, no podía evitar sentir una opresión en el pecho. Draco Malfoy se dio cuenta de ello, dedicándole una mirada de cariño como haciéndole saber su apoyo y ella le sonrió tristemente.
–Muy bien, me alegra que hayan sido puntuales –comenzó a decir la profesora McGonagall, aún se mantenía fuerte a pesar de que por dentro, estaba temerosa por los hechos.– Como se habrán dado cuenta, la situación no se ha minimizado ni un poco, aún hay alumnos sufriendo ataques de nervios o de shock y aquellos que perdieron familiares simplemente están destrozados. Por otro lado, están los que buscan venganza a través de sus propios compañeros por lo que es fundamental que mantengan vigilados los pasillos y las sala comunes de sus casas.
Conforme la profesora seguía hablando, Draco sintió una mirada penetrante en él. Volteo hacia el lado derecho de la profesora para sorprender a Anthony viéndolo quien inmediatamente retiro la mirada como si estuviera viendo a todos los prefectos, el slytherin se quedó pensativo.
–Si la situación se sale de control y no hay ningún profesor cerca, ustedes premios anuales pueden intervenir como les parezca necesario, por única vez tendrán acceso a las contraseñas de todas las casas por prevención –continuo la profesora dirigiéndose a Hermione y Anthony.– Ustedes los prefectos, se encargaran de patrullar y auxiliar a los profesores, especialmente a la señora Pomfrey.
Las instrucciones fueron cortas pero claras, la junta tardó un poco más para la organización de los prefectos y las zonas en que estarán patrullando así como en los horarios en que lo harían. Hubo voluntarios para quedarse específicamente en la enfermería o en el gran Comedor, de esa manera los demás tenían la libertad de caminar por el resto del castillo.
Ninguno de los prefectos habló acerca de sus opiniones respecto a lo sucedido. Todos estaban conscientes de que era un tema delicado por lo que lo mejor que podían hacer era ayudar.
Después de una hora, la junta se dio por finalizada comenzando inmediatamente con las responsabilidades de cada uno. Esta vez, no se realizaron pareja por casas por lo que Pansy Parkinson no tuvo la necesidad de esperar a Draco, beneficiandolo para estar un momento con Hermione a solas. Pensando en que ambos se habían quedado solos en el pasillo -y después de recibir un codazo de Weasley al pasar-, sin preguntarle nada, Malfoy agarró la mano de la castaña y la condujo al corredor de un pasadizo oculto.
–¿Qué pasa? –preguntó Hermione inquieta.
–Snape me mandó un recado de que necesitaba hablar conmigo urgentemente… –dijo Draco.
Hermione inmediatamente se puso tensa, aquello sólo le traía un mal presentimiento, no sabe por qué pero lo sentía con intensidad.
–Además, quería saber como estás –continuo Draco dejando a un lado su inquietud.
–¿De qué hablas? –contestó sin mucho convencimiento en sus palabras.
–Hermione… –dijo Draco con cariño.– No soy tonto, vi claramente la actitud de la comadreja contigo.
La castaña lo miró indecisa, no había podido esconder bien su expresión.
–Esta mañana, antes de que llegarás, discutimos nuevamente –dijo la verdad a medias.– No es nada…
Draco supo que había algo más pero no quiso presionarla, quizás más tarde le preguntaría pero por ahora, sólo la atrajo hacia él y la abrazo. Los siguientes momentos, Hermione se dedicó a cerrar los ojos escuchando los latidos de Draco como si fueran unos calmantes para aguantar el resto del día.
Finalmente se separaron, ambos se despidieron. Hermione en cuanto salió de su escondite se encontró de lleno con Anthony quien claramente la estaba esperando, la castaña se puso nerviosa sabiendo lo que pudo descubrir su único amigo que aún confiaba en ella. Pero la sensación de alivio sólo duro unos instantes porque la mirada seria de él delataba algo muy malo.
–¿Qué ocurre? –preguntó Hermione aparentando ser indiferente.
–Lo sé Hermione. ¿Qué haces relacionándote con Malfoy? –preguntó directamente Anthony.
La castaña sintió palidecer, los había escuchado o visto abrazados y se sintió atrapada en un rincón donde poco a poco aparecían diversas personas apuntándole con el dedo de forma acusadora, por su traición. De pronto, se sintió tremendamente cansada, no físicamente sino emocionalmente.
–¿Me estabas siguiendo? –respondió herida.
Anthony la miró confundido, el ravenclaw se había quedado unos minutos más con McGonagall para informarle sobre unas sospechas de las actitudes de uno de sus compañeros de casa, el cual quería vengarse de los slytherin. Cuando termino, salió del despacho dispuesto a buscar a la castaña para hablar y como si alguien lo hubiese escuchado, ella había aparecido de pronto casi chocando con él.
–No fue necesario, te vi por el corredor de uno de los patios principales, yo estaba sentado afuera –contestó viendo como ella ahora se sorprendía.
Hermione no contestaba, de hecho, no tenía cómo cuando él ya sabía la verdad sobre su relación con Draco. De pronto, la castaña explotó, no podía tolerar más palabras acusadoras, ya no.
–¿También vienes a reclamarme por qué te traicione? ¿Vienes a decirme cómo puedo hacer algo así? ¡Qué estoy cavando mi propia tumba a su lado! ¡Qué sólo quiere algo de mi porque es imposible que pueda interesarse en mi! -exclamó cansada Hermione.
Anthony entendió que aquellas afirmaciones no tenían nada que ver con él. Sin duda, sus amigos le habían dado la espalda por completo, no tenía ni idea de que las cosas estarían así de mal entre sus amigos. Aún así no bajo la guardia, eso no quitaba su preocupación.
–No entiendo qué otra cosa esperas, ¿felicitaciones? ¿alegrías? ¿abrazos? Tú sabes perfectamente por qué las personas a tu alrededor reaccionan de esa manera. Independientemente de la estupidez de sangre, él no es un tipo para confiar. –contestó Anthony alzando la voz igual que ella.– He visto lo que ha hecho, he escuchado algunas conversaciones de él con sus amigos y ahora muchos están refugiados en la sala común porque temen que él les haga algo por haber apoyado a Steve Thomson.
–No vengas aquí como si supieras todo, ¡no sabes absolutamente nada! –respondió Hermione con enojo.– Él ha hecho muchísimas cosas por mi.
–Espero que también sepas la fama de casanova que tiene –contestó con irritabilidad Anthony.
–¡Ayer salvó a mis padres! –exclamó Hermione cansada de pelear y de que solo vieran lo peor de Draco.
Anthony se quedó callado y sorprendido, no entendía del todo pero sabía que aquello era importante. De pronto se sintió como un idiota, había reaccionado como menos quería.
–Aunque suene difícil de creer, si, Draco me ama… lo hace y estoy segura de mi decisión de estar con él. No voy a negar que ha sido tremendamente difícil pero es todo gracias a ustedes que solamente lo ven acusándome de traidora antes de siquiera pedir una explicación o una razón del por qué –siguió hablando Hermione con enojo, lo decía en parte por Anthony pero más hacia sus amigos.– ¡Sólo piensan en ustedes mismos, como si les hubiese hecho lo peor del mundo! Yo no planeé enamorarme de Draco, pero lo hice y si de hay algo en que me arrepienta, es de no haberlo descubierto antes.
Anthony se quedó impresionado por lo que acaba de comprobar, ni siquiera fue necesario preguntarle si lo amaba. La seguridad de Hermione en cuanto a su relación lo desconcertó y al mismo tiempo lo hicieron sentir como un idiota al dudar de ella.
–¿Vas a delatarme? –preguntó Hermione al ver que él no respondia.
Anthony la miró, algo en la mirada de ella y en lo que ha sido su amistad lo hizo tomar su decisión. Hermione lo miraba con la guardia en alto, tenía tanto miedo de que ahora él también estuviera en su contra sin embargo, vio en su mirada esa calidez que siempre le ha brindado en el tiempo que se han llevado.
–Sólo quiero asegurarme de que estés consciente de tu decisión, he escuchado muchas cosas sobre él y por lo que vi en la mañana, podría ser un tipo peligroso. Me preocupa tu seguridad –admitió antes de que ella le soltará más exclamaciones.– Sólo quiero saber, ¿estas bien?
Hermione se sorprendió por ello, ya se esperaba una charla sobre lo incorrecto que resulta ser su relación, se esperaba un montón de acusaciones, las cosas malas que pasarían si llegará a oídos de Voldemort, se imaginaba la mirada llena de traición y acusación hacia ella… pero nunca imagino algo tan simple como, ¿estás bien? Sintió una sensación arrebatadora de alivio y cariño por Anthony. Por un momento, fue tanto ese alivio que sus ojos inmediatamente se llenaron de lágrimas… él la miró con ternura y estiro los brazos como otras veces lo había hecho, la castaña sonrío y acepto el abrazo permitiéndose llorar con él.
La castaña poco a poco se sentía mejor, sin duda Anthony era otra clase amigo y le alegraba mucho que no fuera tan cerrado como sus otros amigos. Al principio se mostró muy serio pero finalmente, no necesito saber más para estar al lado de ella.
–Tengo miedo… –susurró de pronto Hermione incapaz de seguirlo conteniéndolo.
Ambos se separaron, él la miro con preocupación y espero a que siguiera hablando.
–No sé como va a terminar esto… la guerra… mis amigos… mis padres… –comenzó a decir pero no pudo terminar con miedo a que se le quebrase la voz.
–¿Se lo has dicho? –preguntó Anthony.
–No, pero lo sabe –contestó Hermione recordando que Draco también le había preguntado si estaba bien.
–Ha sido demasiado lo que ha pasado entre ayer y hoy, es normal. Todos estamos asustados –contestó Anthony con sinceridad, ya no había seriedad o enojo en sus palabras.– Quizás necesitas alejarte un poco de todo esto… Tal vez quieras ir a las cocinas por una bebida caliente.
Hermione sonrió mientras se limpiaba las lagrimas.
–Gracias… –respondió la castaña.
Después de todo, Hermione se sentía mejor y más relajada. Anthony había demostrado ser una persona diferente agradeciendo la oportunidad de haberlo conocido. Esperando que Harry, Ron y Ginny pudieran ser iguales que él. Deseándolo con muchas fuerzas.
Severus Snape estaba sentado en su despacho fingiendo tranquilidad. Había ido a la sala común de Slytherin para dejar en claro a sus alumnos que no toleraría ninguna actitud como la que vieron cuando llegaron al Gran Comedor, aquel que se atreviera a iniciar una rebelión dentro del colegio sería expulsado.
Sin embargo, gritar a sus alumnos no fue suficiente para calmar sus pensamientos. Después de lo que habló con el profesor Dumbledore, se sentía demasiado ansioso respecto a Draco Malfoy, aún no podía creerlo y tenía que ponerle fin aquel asunto. De pronto, alguien tocó la puerta dos veces y Snape supo que era el momento.
–Adelante –dijo Snape con voz seria.
–Señor –se presentó Draco Malfoy en el umbral de la puerta.
–Cierra la puerta –le indicó Severus sin siquiera mirarlo.
Con solamente ello, Malfoy supo que había algo mal, su jefe de casa todo el tiempo puede ser serio y autoritario pero otra cosa es la hostilidad con que decía las cosas. Tratando de descifrar lo qué ocurría, obedeció, sin esperar una invitación Draco se sentó en una de las sillas frente al escritorio del profesor esperando impaciente. Por otra parte, el profesor Snape se tomó varios minutos para acomodar lo que sea que estaba haciendo, sólo confirmando lo serio del asunto para ese tipo de comportamiento.
–Desde muy chico siempre te has mostrado ser inteligente, hábil, calculador, astuto, fiel a tus principios y sin duda, también a tus orígenes –comenzó hablar con una voz monótona el profesor como si se tratara de una clase normal de pociones.– Desde a muy temprana edad, tus padres ya tenían pensado para ti los mejores planes con el propósito de que te conviertas en un digno heredero de los Malfoy.
Draco se limito a mirar con atención a su jefe de casa. La forma en como inicio esa conversación sólo lo dejó con un fuerte deja vú, aunque finalmente, Severus alzo la mirada para encararlo.
–Tus padres hicieron muchas cosas por ti y tu futuro, incluso no se esperaban la rapidez con la que el Señor Oscuro te acepto logrando no sólo la inmunidad de tu familia, sino también el respeto y la confianza para los mortifagos más viejos, sobretodo para la demás comunidad mágica– continuó diciendo el profesor Snape, poco a poco su tono llegaba de ser monótono a cierto coraje.– Hasta ahora has demostrado se un hombre excepcional para cargar en tus hombros las responsabilidades de ser digno sangre pura e incluso si sabes jugar bien tus piezas, saldrás inmune cuando la guerra termine sin importar quien gane.
-Profesor, ¿puede llegar al punto? -le interrumpió Draco fríamente no queriendo escuchar más sobre lo que sus padres esperaban o no de él, sobre todo porque está seguro de que usaría la memoria de su padre y de cómo su madre está devastada tendiendo todas sus esperanzas en él.
Además, odiaba la manera en que últimamente se atrevía hablarle, de querer sermonearlo, tal y como se lo quería recordar, él único capaz de hacerlo se ha ido y no es momento para ponerse a lloriquear por ello pero tampoco puede evitar dejar sentir una opresión en el pecho, decidiendo mejor sacarlo mediante el enojo. No obstante, nada lo tenía preparado para lo que Snape dijo a continuación:
–¿Qué rayos estás haciendo relacionándote con Hermione Granger? –espeto en voz alta y dura.
Draco se sintió palidecer y miró directamente a su profesor, supo que no había manera de mentirle, lo sabía. ¿Cómo? Ya no importaba. Por unos instantes se quedó en silencio aunque nunca demostró sorpresa alguna en su expresión, esa sensación paso muy rápido dejando a un lado la fuerza suficiente para recibir las consecuencias, se sorprendió a si mismo que ya no sentía ese pánico de ser descubierto porque finalmente entendió que él no está haciendo nada malo al tener una relación con Hermione son los demás que lo ven mal y por ello si ya lo sabe Severus Snape pues ahora habrá que enfrentarlo.
–¿Cómo lo sabe? ¿Acaso me estuvo espiando? ¿O alguien más ya sabe? –preguntó Draco finalmente.
El profesor Snape no entendía, debería estar dandole una explicación o inventar alguna excusa para encubrir a Granger, pero no lo hizo. El Draco Malfoy que conocía siempre veía la manera de salvar su propio pellejo. No sabría describirlo como cinismo o valentía pero de cualquier forma le preocupaba mucho ese simple comportamiento, porque sólo querría decir que Draco lo aceptaba sin importarle nada, y mirando la expresión del chico de firmeza ante sus sentimientos, el profesor Snape se recordó a si mismo hace unos años con respecto a cierta pelirroja.
–Eso no es de tu incumbencia, ¿a qué crees que juegas? Estás arriesgando todo –respondió Snape con rudeza.
–Lo sé y lo acepto, pero no pienso explicarle a nadie mi relación con ella –dejó claro Draco.
–¿Aunque eso la pusiera en total peligro?
–Me suena amenaza.
–Sólo te estoy diciendo lo que puede pasar.
Draco miró desconfiado a Severus, no sabía a donde quería llegar con todo eso pero no le gustaba nada el tono con que la conversación giró, no se iba a dejar intimidar por él por mucho que fuera la mano derecha de Voldemort.
–Ya no soy un niño al que podía manipular por las ideas de una grandeza, he visto la realidad y no hay nada que pueda cambiar mi decisión –dijo Draco muy seriamente.
–Sin embargo, eres peor que un niño comportándote de acuerdo a tus sentimientos, volviendote voluble… débil y sobre todo muy fácil de corromper -añadió Snape con desdén.– ¿Qué harás cuando el Señor Oscuro se entere?
–Usted no lo haría… –repuso Draco con nerviosismo en la voz.
Severus Snape entonces también vio en sus ojos el reflejo del miedo por perder a la persona que ama y nuevamente pensó verse a si mismo reflejado en esos ojos llenos de angustia. Por Merlin, él sabía muy bien lo que uno es capaz de hacer por salvar a la persona más querida.
–Dame un buen motivo para no hacerlo –respondió aún así con malicia.
Draco sintió frío, mucho frío. Snape no son de las personas que bromean.
–¿Ya no dices nada Malfoy? Tal vez, estar tanto tiempo con Granger te ha hecho débil pero aún estas a tiempo…
–No, a veces de las debilidades surge la mayor fortaleza. Sin duda no espero que lo entienda pero tampoco puede decirme qué hacer. –respondió Draco ignorando sus nervios y manteniéndose firme.– ¿Qué esperaba? ¿Prohibirme verla acaso?
Y entonces Snape tomó la decisión, pensaba decirle un montón de cosas sobre sus obligaciones como Malfoy y mortifago, hacerlo saber que toda relación con Granger es errónea llevándolo a su propia destrucción… tenía muy bien establecido cambiarlo de parecer hasta que vio esa determinación en él, sabiendo perfectamente que no era ningún capricho de parte del rubio y las cosas iban en serio. Tenía perfectamente claro todo hasta este momento.
-No… –respondió Snape con un tono diferente en la voz, ya no le reclamaba nada.– Voy ayudarte a que no cometas el mismo error que yo cometí.
Hola,
lo siento. Sé que tarde muchisimo en actualizar, pero la escuela me lo ha impedido además de que finalmente empece a leer los libros de Percy Jackson y no podía parar de leerlos. En fin, para recompensarlos acaban de leer un capitulo de 69 páginas y como podrán ver, la historia esta agarrando un rumbo bastante interesante.
El primer borrador de este capitulo no me convencia, por lo que también eso hizo que tardará más en actualizar. Y finalmente termine disfrutando mucho escribiendo este capitulo, sobre todo la parte de Draco y Hermione discutiendo.
Muchas gracias por su paciencia, espero les haya gustado este capitulo tanto como a mi. No olviden dejarme un review, además quiero saber sus teorias: ¿qué creen que sucedera después?
Besos!
