Y entonces Snape tomó la decisión, pensaba decirle un montón de cosas sobre sus obligaciones como Malfoy y mortifago, hacerlo saber que toda relación con Granger es errónea llevandolo a su propia destrucción… tenía muy bien establecido cambiarlo de parecer hasta que vio esa determinación en él, sabiendo perfectamente que no era ningún capricho de parte del rubio y las cosas iban en serio. Tenía perfectamente claro todo hasta este momento.

–No… –dijo Snape con un tono diferente en la voz, ya no le reclamaba nada.– Voy ayudarte a que no cometas el mismo error que yo cometí.

Draco lo miró desconcertado, ¿de qué rayos hablaba él? ¿de qué clase de error? Si no fuera porque el profesor mantenía la mirada seria en él, creería que había perdido la cabeza. El profesor se puso de pie, dandole la espalda a su alumno mientras él esperaba a qué siguiera hablando, no parecía la clase de cosas que le contaba a cualquier conocido suyo lo cual lo dejaba intrigado aún más intrigado.

–Hace muchos años, cuando era un niño, cerca de mi casa vivía una familia, la cual estaba conformada por dos hijas –comenzó a decir Snape aún sin voltear a mirarlo, Draco abrió los ojos sorprendido, no podía imaginarse a Snape como un niño pero no dijo ningún comentario.- Un día, la más pequeña de ellas, hizo su primera manifestación de magia lo cual a mi me dejó feliz y sorprendido porque creí que era el único cerca de ahí que podía hacer ese tipo de cosas. Ese día me atreví hablarle y ella me brindó su amistad como nadie lo ha hecho, haciendo que por unos momentos robados, mi niñez resultara ser la más alegre.

Hubo un silencio, por un momento, Severus Snape se perdió un poco en sus pensamientos, recordando aquel día. Estaba escondido viendola de lejos con su hermana y recordó su risa, era la risa más dulce que había escuchado en su vida.. Si, Severus Snape sólo en sus pensamientos podría darse el lujo de ser tan romántico… sólo por ella. Finalmente, se atrevió a mirar a Draco quien lo observaba con la mirada seria, atento a lo que decía.

–Ella era hija de muggles –confesó viendo la sorpresa en los ojos de Malfoy.– Pero había algo en ella que en seguida me hizo dudar sobre las cosas malas que me enseñaron sobre los nacidos de muggles. Los siguientes días, yo le contaba o enseñaba todo lo que sabía acerca del mundo mágico y ella también me enseñó muchas cosas sobre los muggles. A menudo la defendia de su hermana quien resultó no desarrollar ninguna magia y ocasionando una gran envidia, siempre que tenía oportunidad la heria con insultos como fenómeno… Luego llegamos a Hogwarts, a ella el sombrero seleccionador la puso en Gryffindor y a mi en Slytherin.

Draco para ese momento, ya estaba sumamente sorprendido por el relato. Sobre todo porque le estaba confesando quizá su más oscuro secreto, además por la forma tan nostálgica de hablar de ello, sabía que no iba a escuchar un final feliz.

–Sin embargo, como si la diferencia de casas no existieran, al principio nos vimos todos los días para hacer los deberes juntos y practicar hechizos. Lamentablemente, yo no fui el único que buscaba su interés consiguiéndome un enemigo enseguida y él siempre estuvo rodeado de gente, sus amigos o más bien la bola de parasitos que lo seguían me hacían la vida imposible –continuaba Snape contando, perdiéndose en los recuerdos.– Pero no fue hasta a mediados de ese primer año en que me di cuenta del papel que teníamos, ella era una sangre sucia y yo un digno de slytherin.

–Comenzaron a verse a escondidas… –intervino Draco por primera vez imaginando lo que había sucedido. Si los prejuicios aún son vigentes, no se imaginaba en ese tiempo.

Snape asintió con la cabeza. Recordó la manera en como se dejó llevar por los supuestos amigos de su casa al decirle que esa amistad estaba mal vista y de cómo ella de otra manera, acepto verlo a escondidas para evitarse problemas innecesarios. Porque con el transcurso del tiempo ambos se dieron cuenta que su amistad podría atraer graves consecuencias.

–Conforme crecíamos, nos dábamos cuenta de los diferentes intereses de cada uno. Ella estaba enfocada en sus estudios aprendiendo cuanto podía y yo igual, pero respecto a las artes oscuras -dijo Snape acercandose a los recuerdos más felices y dolorosos al mismo tiempo de su vida.

Recordó una vez en que discutieron, por un tema que ahora no tenía ninguna importancia… pero ambos discutieron hasta que ella le arrojó un libro y lo dejó solo en un aula vacía donde acostumbraban a estudiar juntos. Más tarde ese mismo día, la encontró sentada bajo la sombra de un árbol aún con el ceño levemente fruncido, le costó trabajo que volviera a sonreír pero cuando lo hizo, él no lo pensó y le dio un beso en la frente aún sin atreverse a darle uno en los labios… Snape tuvo un escalofrío, esos recuerdos no tendrían por que salir, pensó que estarían sepultados en el fondo de su subconsciente.

Draco observó con atención a su profesor, no había ninguna necesidad de preguntarle en qué pensaba, con sólo verlo se pudo dar cuenta de algo sorprendente: debajo de esa apariencia seria, intimidante y fría, existe un hombre que alguna vez amó con todo su ser y seguramente perdió ese amor. Sintió tristeza por él.

–Entonces, yo arruiné todo. Me deje llevar por la influencia de mis compañeros de casa y por los ideales que yo tenía en ese entonces… cometí error tras error con ella sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, hasta que llegué al punto de llamarla,con todo el desprecio que pude fingir, sangre sucia enfrente de sus amigos –dijo Snape viendo claramente en su mente la expresión de ella cuando la llamo de esa manera.– Aquel imbécil que la pretendía (desde quinto curso) la defendió pero no fue necesario porque vi en sus ojos la manera en cómo la herí. Desde ese momento, la perdí…

–¿Qué le ocurrió a ella? –preguntó Draco intrigado.

Snape tomó varios momentos para contestarle, los suficientes para encontrar las fuerzas de decirlo. Él aprendió a ser un hombre fuerte, pero cuando se trataba de ella y su más mínimo recuerdo, se volvía el hombre más vulnerable.

–Está muerta –respondió sin ninguna emoción en la voz.

Entonces Draco lo entendió, sintió una gran pena por ese hombre que tenía frente a él. ¿Por qué peleaba? ¿Cómo se podía levantar todas las mañanas si no tenía un propósito para hacerlo? Tal vez sonaba muy depresivo pero Snape no tenía ninguna otra familia.

Y también comprendió su cambio de actitud hacia él. Claramente pensaba gritarle y amenazarlo sobre su relación con Hermione, pero la similitud de su pasado con el de él, lo hicieron cambiar de parecer. Draco miró a Severus Snape con más respeto que nunca, si a Hermione le pasará algo no habría manera de sobrevivir a ello.

–No quiero que te suceda lo mismo, voltear y darte cuenta de las cosas que pudiste haber evitado ya no tienen remedio. Tú más que nadie sabes los prejuicios, los tratos, las reglas que existen en torno a los nacidos de muggles –dijo Snape mirándolo a los ojos y totalmente serio con lo que estaba a punto de decir.– No dejes que nadie ni nada te aleje de ella, el miedo de saber lo que dirán o pensarán los demás de mí, hizo que la apartase de la peor manera.

–Usted más que nadie debería saber lo difícil de ignorar todo ello –interrumpió Draco sin pensarlo.

Snape se sentó y apoyó ambos codos en el escritorio.

–Una vez acabada la guerra, sin importar su resultado, busca una oportunidad…

–¿Una oportunidad de hacer pública mi relación? –soltó Draco con burla pensando en lo irónico que resultaría todo.

–No… Una oportunidad para que seas feliz. –lo corrigió Snape.

El profesor sonó como un cursi, pero tampoco podía ser un maldito con las personas que de alguna forma, han llegado a importarles. Él conoció a Draco Malfoy mucho antes de que llegará a Hogwarts y quizás todo el tiempo era un chico arrogante y necio, pero en el fondo, siempre fue alguien totalmente diferente a lo que Lucius Malfoy quería, seguramente la persona a la que Granger se dejó convencer para darle una oportunidad a un chico como Draco Malfoy.

–Ojalá fuera tan fácil como se escucha –agregó Draco sin ninguna burla en su voz, el consejo de Snape lo había dejado más desconcertado que al principio de su relato.

–Ya deberías haber aprendido que la vida no es fácil –indicó el profesor con rotunda lógica.

–Sobre todo cuando se trata de Hermione Granger –contestó Draco sin pensarlo y esbozando una ligera sonrisa.

Si, era raro hablar de su relación con la última persona que le paso por la mente, sin embargo, era agradable ver que al menos alguien lo entendía. La vida es demasiado impredecible, justo cuando creía que no te podía sorprender más, lo hacía.

–En cualquier caso, yo ya había tomado esa decisión –continuo Draco la verdad, si él le había contado algo tan importante, lo menos que podría hacer era regresarle la honestidad.– Los dos somos conscientes de nuestras acciones y permaneceremos juntos sin importar lo que pase después.

Snape comprendió. Por su forma de hablar, era notorio el tiempo en que llevaban juntos en esa relación. Sin embargo, esperaba que su historia lo hiciera reflexionar esperando que tomará las decisiones correctas en un futuro. Puede que haya sido una completa estupidez haberle confesado ese gran secreto a Draco Malfoy, pero no pudo evitar simplemente decirselo al ver al joven tan seguro, dispuesto a defender su relación sin importar el precio y en ese momento, supo que si al menos él no pudo ser feliz con el amor de su vida, sin duda, Draco podría lograrlo con Granger.

–Entonces, yo ya no tengo nada más que decirte –dijo el profesor regresando a su tono habitual de profesor de pociones dada por terminada la charla y regresando a poner atención a varios papeles sobre su escritorio.

Draco asintió con la cabeza, estaba seguro que su profesor también pensaba que ya habían dicho lo suficiente. Era mejor irse antes de que alguno de los dos pudiera revelar demasiado como unos románticos sin remedio. De alguna forma, también estaba seguro que su relación con Hermione no iba a ser delata hacia Voldemort o a ninguna otra persona, ambos secretos estaban seguros, como una especie de pacto silencioso.

Se levantó de la silla, pero antes de salir del despacho, Draco se armó de valor para hacerle una última pregunta.

–¿Por qué nunca trató de volver a recuperarla? –apenas y se atrevió a mirar a su profesor.

Snape lo miró dudando si responderle, finalmente sabiendo que nunca más le volvería a sacar el tema, decidió ser honesto con el chico.

–Porque escogió a ese idiota arrogante que la pretendía y yo, ya había recibido la marca tenebrosa como para hacer algo –respondió con voz indiferente.– Ella enseguida se puso en el bando de los buenos.

–¿Quién fue? –preguntó antes de arrepentirse.

–Lily Evans –pronunció su nombre como un suspiro… un anhelo de desear que ella estuviese viva aunque con otro… pero viva. Pronunciar su nombre fue como el más arrebatador sentimiento de amor y de dolor al mismo tiempo. Siempre era así.

Draco pensó en la desconocida, en realidad su nombre no le sonaba en absoluto y quizás su existencia pasó desapercibida como para que él llegará a saber quien fue.

Cuán equivocado estaba Draco porque por obvias razones el profesor no le dio su apellido de casada. Quizás si le hubiera dicho la verdad completa, el slytherin hubiera necesitado recostarse para asimilar la sorpresa de que la mujer quien Severus Snape amó, ama y amará por el resto de su vida, es nada menos que Lily Potter, la madre de Harry Potter.


Estaba anocheciendo cuando Draco Malfoy había decidido absolverse de su responsabilidad como prefecto. Desde su visita al despacho de Severus Snape, no había podido estar en calma. Desde que salió de ese despacho una idea había comenzado a tomar forma en su mente y por más que quería apartarla, no podía.

Era una locura. Total y completa estupidez si lo pensaba a fondo, y lo peor de todo, es que cada vez cobraba más fuerza dentro de su mente, llevándolo a un punto en que necesitaba alejarse de todos y de todo para poder pensarlo.

Una vez solo en un aula desierta, camino lentamente hacia las ventanas para observar los últimos rayos de luz. Afuera se abría paso una noche tranquila de primavera, sin embargo dentro del castillo y dentro de él, lucía como una pronta tormenta. Nuevamente la conversación con su jefe de casa lo dejaba intranquilo. ¿Podría estar viendo su propio futuro reflejado en su profesor? Ser un hombre lleno de culpabilidad, rencor, viviendo en los recuerdos felices de un tiempo que lucía cada vez lejano… es un futuro que definitivamente no quería Draco.

Por un momento el slytherin se preguntó, ¿qué hubiera hecho diferente el profesor Snape si alguien le hubiera advertido de lo mal que terminaría todo? ¿Qué camino hubiera elegido: seguir en el bando de los mortifagos y luchar desde ahí o…? La idea que lo había estado molestando emergió con fuerza en sus pensamientos y con frustración volteo para patear la mesa más cercana. Creyó que con ello se sentiría mejor pero no fue así. Pronto levantó una silla y la aventó lo más lejos que pudo, seguido de empujar con fuerza otra mesa.

Su vista se torno borrosa y no tenía ninguna intención de averiguar si eran lagrimas o la rabia que emergió de pronto dentro de él. Lo único que pensaba era en él, en su madre, en Hermione, en su futuro, en las posibilidades de tener una vida después de la guerra.

"Una oportunidad para que seas feliz…" resonaron las palabras de Snape dentro de su mente. ¿Felicidad? ¿A consta de quien o de qué? ¿Qué se supone que debería hacer?

No estaba totalmente consciente de lo que hacía, sólo pateaba, golpeaba y aventaba todos los muebles posibles. Quería destruir, romper y deshacer lo que estuviera a su alcance; creyó que no había forma de parar hasta que de pronto escucho de lejos un grito llenó de frustración y coraje, tardó varios momentos en darse cuenta que ese grito provenía de él.

Y paró de repente.

Se llevó ambas manos a la cabeza al tiempo que dejaba salir otro sonido lleno de frustración. Nunca antes se había sentido tan impulsivo respecto a algo, él no era una persona que actúa respecto a sus sentimientos. No puede actuar sin antes analizar la situación, no obstante, sabía que en el momento en que se pusiera a reflexionarlo a fondo, no tendría el valor de llevar a cabo su idea… porque llevar a cabo su plan, supondría la mayor traición… a todo lo que le enseñaron e incluso a su propio apellido. Era un crimen mucho mayor que enamorarse de una hija de muggles. Y aún así, era su única alternativa.

Desde hace varios días aquella idea había comenzado a tomar forma en sus pensamientos, sobre todo después de que acompaño a Hermione a borrarle la memoria a sus padres para salvarlos.

"¿En qué bando estás?" le había reclamado Hermione en el bosque cuando habían discutido. A partir de ese momento y más tarde cuando presencio la peor masacre de los últimos años, comenzaron a formularse varias posibilidades en su mente pero había decidido ignorarlas todas. No obstante, conforme había transcurrido la mañana, sus pensamientos se vieron invadidos nuevamente por la idea, y fue cuando salió de su reunión con Severus Snape que realmente no pudo sacárselo de la cabeza.

Draco Malfoy respiró hondo varias veces para calmarse, al tiempo que trataba de componer su cabello con las manos. Regreso su vista hacia la ventana esperando que el paisaje lo pudiera calmar, pero se sorprendió al verse a si mismo reflejado en el vidrio de la gran ventana.

El reflejo le mostró a un joven demasiado demacrado y pálido, indeciso, así como asustadizo. Odio esa imagen, no se asemejaba en nada a lo que él debería ser, a lo que su nombre debería reflejar y por eso no apartó la mirada, porque al final estaba viendo la realidad. Por Merlin, era sólo un joven de 17 años y el pensamiento de que a partir de la decisión que tomara en ese momento, será clave importante para el resto de su vida, le perturbaba de sobre manera.

Tenía la horrible sensación de estar al borde de un precipicio, mirando un vacío oscuro delante de él.

¿Hacer lo correcto…?

¿Hacer lo necesario…?

¿Hacer lo posible…?

¿Qué futuro se veía para él...?

Si lo pensaba bien, realmente no pertenecía a ningún lado. Voldemort aún no lo mataba a él y su madre porque había demostrado ser un mortífago fiel, más útil que su padre y ante cualquier cambio de opinión pondría fin a su vida. Aquello no era seguridad y mucho menos quería que el resto de su vida dependiera de un psicópata, manejándolo como un títere. Por otro lado, tampoco pertenecía en el bando de los buenos, su relación con Hermione no lo volvía un ser bueno, y mucho menos deseaba permanecer en aquel grupo.

Pero el mundo no solo se dividía en buenos o malos, no estaba en medio de un cuento, era la vida real y en aquel momento solo deseaba establecerse en un lado donde él pudiera proteger a las personas que más ama. Y si es posible, forjar algo del cual no sintiera vergüenza, para él no era ningún honor ser un mortífago, ya no.

Recordó una vez que Narcissa Malfoy le dio una de las lecciones más importantes de su vida. Draco tenía 14 años y su padre le había hablado sobre servir a un nuevo líder que los llevaría al más alto rango que pudieran desear, al tiempo que regirían al mundo bajo un nuevo sistema. Los sangre pura serían la realeza y los gobernantes de este nuevo mundo. Draco siempre había admirado a su padre, por lo que inmediatamente se dejo emocionar por esas palabras. Era demasiado ingenuo aún, y seguramente su madre se sintió preocupada por aquella muestra de emoción de su hijo, su único hijo que sería utilizado y engañado.

Draco sonrió con nostalgia, aquellas habían sido las últimas vacaciones "tranquilas" dentro de la mansión Malfoy, antes de su cuarto curso en Hogwarts. Antes del regreso de Voldemort. Narcissa había entrado a su habitación y se había sentado a su lado en la cama donde él estaba leyendo. "Draco, hay veces en la vida en que tendrás que tomar grandes decisiones, decisiones que forjaran el resto de tu vida y serán parte de la persona que quieras ser..." Comenzó a decirle sin ninguna razón en especial.

Le hubiera gustado darse cuenta en ese momento que su madre le estaba advirtiendo que seria inevitable convertirse en mortifago pero ello no definiría el resto de su vida, no tendría porque conformarse con ese destino. "Aprenderás hacer lo correcto, que significa ser un arma de doble filo: por un lado lo que los demás establecen y por el otro lado, lo que tu intuición te dice hacer; lo que los demás esperan de ti y lo que realmente quieres..." Recordó con exactitud las palabras de su madre, en aquel entonces no le vio ningún sentido, y meses más tarde comenzó a comprenderlo.

"Dicen que en la vida pasamos por una encrucijada vital, tan importante, que tu vida podría centrarse en ese instante..." Draco sonrió con nostalgia, ¿como era posible que su madre en ese tiempo haya tenido el presentimiento de que él sería diferente?

Nuevamente la idea que se había estado formulando en su mente cobro vida, demasiado insistente para ignorarlo. Creyó que la encrucijada de su vida había sido cuando fue consciente de sus sentimientos por Hermione Granger; pudo haber elegido ignorar sus sentimientos y olvidarse de ella pero no lo hizo, y ahora su vida era totalmente diferente.

Sin embargo, su encrucijada estaba delante de él... El instante central de su vida. Draco se acercó lentamente hacia la ventana, contemplando un joven más seguro de si mismo y con una mirada de determinación que hacia mucho no veía en él. Haría lo correcto, no para los demás sino para él y con el objetivo de poner a salvo a las personas más importantes de su vida.

Había tomado una decisión, se uniría a la Orden del Fénix.


Nunca creyó posible sentir tanto agotamiento como en ese momento. Hermione Granger estaba exhausta, había sido un día demasiado largo y cansado. Después de su charla con Anthony, se empeño en ayudar en lo que pudiese, además de que tenía una mayor responsabilidad por ser Premio Anual. Era un tremendo alivio contar con el apoyo del ravenclaw, tanto como compañero y amigo.

A lo largo del día, las noticias transcurrían. El Profeta por primera vez en muchos años tuvo que sacar boletines urgentes con la última información sobre los hechos sucedidos y más que nada sobre las acciones que realizará ahora el Ministro de Magia, quien para su perjudicación, una gran parte de la sociedad mágica comenzaba a dudar de su desempeñó como la máxima autoridad que debía ser.

A pesar de ello, tratando de no imaginarse el caos en el mundo mágico, todos los habitantes del castillo ayudaban entre todos -excepto la casa de Slytherin quienes se mantuvieron al margen-, pero quienes más trabajo hacían eran los prefectos y los premios anuales. No sólo tenían que estar al pendiente de sus compañeros, sino que también los agarraron como mensajeros entre profesores, yendo de un lado al otro del castillo todo el tiempo. Y sin duda, donde más los requerian era en los invernaderos con la profesora Sprout, en las mazmorras con el profesor Snape y en la enfermería con Madame Pomfrey, ya que al no estar preparados para una ocasión así, rápidamente el abastecimiento de pociones tranquilizados se agotó, junto con las pociones para dormir sin soñar.

De igual manera, durante el resto del día, Hermione no vio a ninguno de sus amigos y sólo vio a Draco de lejos en un par de ocasiones, aunque tenía la ligera impresión de que la evitaba. Pero no hizo caso a esa sensación, se sentía bastante culpable y paranoica para creer que el slytherin quisiera evitarla. Cada vez que veía a alguien sufriendo o llorando por algún ser querido, o un amigo tratando de consolar a otro, sentía un terrible nudo en la garganta; pensaba con fuerza en sus padres y lo agradecida que estaba porque estaban a salvo… pero no era suficiente, en primer lugar estaban a salvo pero no recordaban absolutamente nada de ella y en segundo lugar, porque se sentía culpable. Al grado de sentirse completamente sola.

Aún así, se esforzaba por no derrumbarse. No lograría nada llorando, por lo que lo mejor que podía hacer era ayudar. Y entre tantas cosas, la hora de la cena llegó. Hermione seguía aún demasiado tensa para poder comer algo, además de que no quería enfrentarse otra vez a las miradas de reproche de sus amigos después de la gran discusión en el desayuno. Necesitaba relajarse antes de reunirse con Draco.

Camino hasta la torre de Gryffindor, sin encontrarse con nadie. Uno de los grandes beneficios de ser Premio Anual, era que tenía un cuarto propio y también un baño, el cual resultaba perfecto en ese momentos ya que solo buscaba un tiempo a solas. De todo y de todos. Con la mente ocupada, no sé dio cuenta de lo rápido que llegaba a la sala común de Gryffindor, ignorando a los pocos compañeros de casa, subió de dos en dos las escaleras que conducen a los dormitorios de chicas y desviándose hacia la izquierda, finalmente llegó a su cuarto cerrando la puerta con seguro detrás de ella.

El silencio le dio la bienvenida, envolviéndola nuevamente no sólo en soledad sino también con los sentimientos a flor de piel, el día había sido una locura e irreal. Se sentía como en esos sueños, en los que solamente observas todo, sabes lo que pasa a tu alrededor pero al mismo tiempo no estas ahí, como si fuera alguna clase de narrador omnisciente. Suspiró cansada. Quien iba a creer de su situación hace un año, ¿le hubiera creído si alguien le hubiese advertido de las circunstancias? Definitivamente no.

Hermione atravesó su habitación para buscar ropa limpia en los cajones, escogiendo algo cómodo, agarró su toalla para luego dirigirse al baño. Actuando más bien en modo automático, abrió la llave del agua caliente y fría, esperando a que empezara a salir un poco de vapor para desvestirse. No se atrevió a verse en el espejo, sabiendo que su aspecto no era mejor que su estado de ánimo. Con lentitud, se sumergió en la tina sintiendo como sus músculos se relajaban por el contacto del agua, una vez adentro, se acostó a lo largo de la tina para luego echar la cabeza hacia atrás y sumergirse…

El mundo dejó de existir, sólo era consciente del latido de su corazón… Durante el día, le surgió una duda que hasta este momento se atrevía a recordarla, ¿se arrepiente de algo? ¿Qué hubiera pasado si no hubiese tenido la curiosidad por conocer a Draco Malfoy? ¿Si en lugar de permitirse sentir algo por Draco, lo hubiese bloqueado y aceptar una relación con Harry? ¿Si nunca en el expreso de Hogwarts hubiera chocado con él? En verdad, ¿podría haber algo en especifico que se arrepintiera de haber hecho o dicho? Por Merlin, que lo pensó, se hizo a si mima un examen de consciencia sobre todo de lo que ha pasado, no solamente los últimos meses, sino desde aquel día en que recibió su carta de Hogwarts con la profesora McGonagall en la puerta contándole su destino. Después pensó en el futuro, lo que vendría en unas horas, mañana, en unas semanas, en años… Por más que trataba de imaginarse dentro de cinco años, no podía enfocar una imagen en concreto y tenía miedo de ello, pero al mismo tiempo, si era algo malo tampoco quería saberlo.

Y eso era también una frustración para ella, odiaba andar a ciegas, necesitaba una guía o algo que le dijera que estaba tomando buenas decisiones. Pero era imposible, nunca antes como en ese momento supo el significado de lo impredecible que podía ser la vida.

De pronto, Hermione se incorporó inhalando con fuerza en busca de aire. Mientras recuperaba la respiración, recargo su espalda en el respaldo de la tina aún con esas preguntas en mente. No iba a convertirse en una cobarde en este momento, no pensaba echarse para atrás pero eso no significaba que no pudiera evitar reflexionar sobre todo. Cerró los ojos, tratando de imaginar donde estaría si Draco no estuviera en su vida como ahora… Cerró los ojos con más fuerza, intentando concentrarse, tratando de recrear aunque sea una imagen, lo que su mente le permitiera… pero nada.

Comenzó a sentir una oleada de calor en el pecho, propagandose por todo su cuerpo. Ahora entendía, por primera vez lo pudo ver tan claro, no importa cuanto -y cuantas veces- intente imaginarse otra vida ajena a Draco, nunca lo iba a lograr. Porque ya hubiese sido hace dos años, ayer, dentro de un mes… Draco Malfoy se involucraria en su vida y ella en la suya. No habría manera de evitarlo ni con un giratiempos porque estaba segura que siempre, de cualquier manera, los dos se encontrarían…

Una sonrisa se formó en el rostro de Hermione, se sentía dichosa y afortunada… en los siguientes minutos antes de salir en busca de Draco, la castaña permaneció con cierta tranquilidad y felicidad, permitiéndose encerrarse en una burbuja hasta que la realidad nuevamente la hiciese reventar y caer.


Draco Malfoy no podía controlar su ansiedad. Había tomado una decisión, lo primero que haría es decirle a Hermione y ambos idearían algún plan para que se lleve a cabo su decisión. Pero era mucho más fácil pensarlo que decirlo, por alguna razón decirle a Hermione le provocaba ciertos nervios.

No podía negar que esos nervios se debían a que no quería que la castaña tuviera grandes expectativas en él. No quería decepcionarla de alguna manera, aunque ya le haya dejado bastante claro que él no era ninguna clase de héroe.

–¡Draco! –lo llamaron cuando llegó al Gran Comedor para la cena.

Saliendo de sus pensamientos, miró a Blaise Zabini haciendole señas para que se sentara a su lado. El ambiente no había mejorado mucho desde el desayuno, aún seguía recibiendo miradas de odio y de venganza mientras caminaba hacia la mesa de Slytherin, al menos esta vez nadie se atrevió a decirle algo. Sonrío con satisfacción, al parecer Blaise se había encargado de ello.

–Siento que te hayas perdido la diversión mientras hacias tontos deberes de prefecto –dijo Blaise una vez que Draco se sentó a su lado.

–Por cierto… no te vi en ninguna parte –comentó Pansy Parkinson con curiosidad, estaba sentada frente a él.

Draco la miró con cierto recelo. Hacia mucho que Pansy había dejado de interesarse en las actividades de Draco, lo cual había sido un alivio, sin embargo ahí estaba otra vez con plena curiosidad de lo que hacia o no el slytherin.

–Gran parte del tiempo estuve ayudando al profesor Snape, aunque claro, no es de tu incumbencia –respondió Draco con frialdad.

Pansy lo miró con duda, estuvo a punto de repelar cuando Blaise se le adelantó.

–Bueno, creo que te alegrará saber que a partir de ahora ningún tonto ravenclaw o gryffindor se atreverá a meterse con nosotros –comentó con malicia mientras dedicaba una mirada rápida a las demás mesas.

Al lado de Malfoy, Crabbe y Goyle rieron con satisfacción. Draco supuso que todo salió como lo habían planeado.

–Aunque claro, sólo ha hecho que nos odien más –agregó Theodore Nott al lado de Blaise.– Lo cual no esta nada mal…

Draco se unió a las risas, fingiendo que aquello le interesaba. Por un momento envidio a sus amigos, no se daban cuenta de realmente nada, les resultaba totalmente indiferente lo que ocurrió e incluso si se avecinaba una guerra. Su única preocupación fue asustar a un puñado de estudiantes lo suficiente para evitar que volvieran a meterse con ellos. ¿Será realmente suerte o estupidez de su parte? Lucian tan ajenos a lo que ocurría que tenía ganas de gritarles.

Miró con rapidez hacia la mesa de Gryffindor en busca de Hermione, pero no la encontró. En cambio la cara rajada y el pobreton les regreso la mirada, Draco los miró con desafio. De pronto sintió otra mirada puesta en él, sabiendo perfectamente de quien era, fingió ver hacia las otras mesas para pasar desapercibido. Cuando regreso su vista hacia su cena, Pansy Parkinson aún lo seguía viendo con cierta duda.

Trato de seguir charlando y bromeando con sus amigos a pesar de que en su mente le saltó la duda: ¿si alguno de ellos se enterará de su decisión de unirse a la Orden del Fénix, seguirían a su lado? Por supuesto que no, pensó rápidamente la respuesta, existía entre ellos una especie de pacto donde se relacionaba su estatus, su pureza de sangre y sus ideologías. Y si alguno de ellos rompiera ese pacto… era un completo traidor.

De pronto, Draco se sintió completamente solo. Le hubiera gustado pensar que al menos uno de ellos pudiera entenderlo, pero deshecho el sentimiento, había cosas más importantes por las cuales pensar. Por ello, aprovechando que Pansy estaba demasiado ocupada hablando con su grupo de amigas, Draco inventó una excusa y se fue en busca de Hermione.

Esta vez, tomó caminos diferentes hacia su lugar secreto. La actitud de Pansy en el gran comedor lo dejó dudando, ella podría ser bastante curiosa cuando quería saber algo, sobre todo algo que pueda convertirse en revelar un gran secreto. Tardó más de lo que le hubiera gustado pero no estaba dispuesto a cometer fallas a estas alturas. Ya tenían demasiados problemas para añadir el que una serpiente descubriera su relación con Hermione Granger.

Finalmente llegó cerca de la torre de astronomía y sin aguantarlo más, llegó al aula cerrando la puerta detrás de él; cruzó con rapidez las bancas abandonadas hasta llegar al librero, el cual se abrió ante él revelando unas escaleras en espiral; y de dos en dos subo los escalones. Soltó un suspiro de alivio en cuanto se encontró en la habitación cerrando la puerta detrás de él.

–Draco… –lo llamó la voz de Hermione, quien evidentemente también estaba alterada para esconderse de todos.

La castaña se levantó del sillón y camino hasta él, mientras Draco extendió los brazos para recibirla, un gesto que últimamente usaba mucho, no había necesidad de las palabras para describir lo que sentían. Hermione escondió su rostro en el pecho de él sintiéndose segura desde la mañana en que discutieron; Draco la estrechaba con fuerza sintiendo que aquello lo llenaba de valor para decirle sobre su decisión. Pero calló, de pronto notó que la castaña temblaba levemente y cuando estuvo a punto de preguntarle, escuchó un sollozo.

–Hermione –dijo cariñosamente Draco mientras comenzaba acariciarle el cabello.– Todo va a estar bien…

–No estoy segura –gimió incapaz de controlar su voz por el llanto y el nudo en la garganta.

Todas las emociones del día se juntaron en ese preciso instante, Hermione había resistido y había retenido todo hasta en el momento en que Draco la abrazo. Fue como si pudiera al fin liberarse de una presión de la cual no estaba totalmente consciente de tenerla.

Draco quería preguntarle que había ocurrido pero era una pregunta estupida, ¿qué no ha ocurrido? En ese momento lo único que podía hacer era abrazarla, era el único consuelo que podía darle y eso lo hacía sentir impotente. Deseaba poder decirle que las cosas se arreglarían pronto, que sus padres la volverían a recordar, que sus amigos pronto la perdonaran… pero no le iba a mentir, no iba a decir algo que él no creía. El silencio ya era la confirmación de que las cosas se complicarían aún más.

Por otra parte, Draco se dio cuenta que también necesitaba de aquel abrazo, sentía una opresión en el pecho que no lo dejaba respirar con tranquilidad. No haría ninguna escena como la de anoche ni tampoco deseaba hablar de ello, parte de él y de su educación ha sido la prohibición de hablar de lo que le dolía, así como obligarse a si mismo a soportar todo sin quejarse. Sólo algunas veces lo hizo con su madre, y aunque Hermione es la persona que más confiaba, no soportaría darle también su carga.

Hermione negó con la cabeza sobre el pecho de Draco, tratando inúltimente de ahogar los sollozos, se separó de él para limpiarse las lágrimas. Odiaba haber llorado, sentía que ella no tenía derecho a ello, no tenía derecho hacerse la víctima. El slytherin se sentía frustrado de verla así y no poder ayudarla, siempre había admirado su fortaleza innata para cualquier cosa y últimamente parecía más frágil que nunca, lo que hacía que sus deseos de protegerla se incrementarán más.

–Hermione, yo… –comenzó a decir Draco dispuesto a decirle sobre su decisión de formar parte de la Orden del Fénix.– Yo creo que será mejor tratar de dormir…

No pudo decírselo, no encontró las palabras para hacerlo. La castaña lo miró con una media sonrisa, al tiempo que se calmaba poco a poco.

–Tienes razón, ha sido un día muy largo –respondió al poco tiempo con voz menos frágil, pero un par de lagrimas más recorrieron sus mejillas, inmediatamente las limpio con rudeza.

–Mañana tienes la oportunidad de volver a levantar la guardia –dijo Draco con cariño, al tiempo que él limpiaba una lagrima más.

La castaña lo miró con infinita ternura, ella se sentía tan avergonzada por quebrarse y él le aseguraba que no importaba que ella hubiese bajado la guardia, mañana podría volver a recuperarse. Draco nunca comprendería cuan agradecida estaba de que permaneciera a su lado, de cuanto lo necesitaba y cuanto lo quería.

Hermione lo volvió abrazar, esta vez con ternura y sin lagrimas. Por primera vez desde que las cosas malas comenzaron a suceder, tenía la esperanza de que eventualmente todo estaría bien.


El lugar le parecía bastante familiar y aún así no tenía ni idea donde estaba. Los pasillos del lugar estaban vagamente iluminados y las ventanas que daban al exterior no le daban algún indicio de cuan tarde era, de hecho ni siquiera sabia que estaba haciendo ahí.

Lo único claro que tenía era que debía darse prisa. Su corazón latía con fuerza y rapidez en su pecho, y conforme avanzaba un nudo de angustia se le formaba cada vez más grande. Sentía que llegaba directo a su propia ejecución, quizás por eso a pesar de la ansiedad, no corría. Quería de alguna manera prolongar lo peor.

Al final del largo pasillo podía ver una puerta entreabierta donde se escapaba una luz del interior del cuarto. No escuchaba ruido alguno que proviniera de aquel cuarto, ni de ningún otro lugar, poniéndolo con los nervios de punta.

Cuando finalmente llegó a la puerta, se dio cuenta que temblaba, levantó su mano para apartar la puerta y enfrentar su destino. En cuanto se abrió, reconoció completamente el lugar: la Mansión Malfoy. No entendía por qué no lo había podido reconocer, pero tampoco importaba ahora. Se había congelado del miedo en el umbral de la puerta.

La sensación de dirigirse a su propia muerte no era del todo errónea, era miedo lo que había sentido y lo que veía frente a sus ojos ocasionaría una lenta y dolorosa muerte para él. No importaba si sobreviviera, de igual manera terminaría siendo alguna clase de muerto en vida

Te estábamos esperando, Draco –dijo con falsa alegría Lord Voldemort, mirándolo intensamente con sus ojos rojos inhumanos.– O mejor dicho, traidor.

La habitación era enorme, los únicos muebles que había era una mesa larga cuadrada y sillas para sus ocupantes. Estaban todos los mortifagos más importantes mirándolo con burla y amenaza. Todos y cada uno de ellos parecía que quería matarlo de la forma más dolorosa posible. Pero aquello no era lo que lo había paralizado del miedo.

¡Draco...! ¡No te dejes manipular por él! ¡No vale la pena!

Sabíamos que esto pasaría por tu decisión, tarde o temprano.

Draco se sintió palidecer a un más. Hermione Granger y Narcissa Malfoy estaban flotando en medio de la mesa, como una especie de adorno, un cruel adorno. Noto que ambas habían sido torturadas y aún faltaba lo peor...

Tienes razón mi querida Narcissa –respondió Voldemort con malicia y crueldad, había puesto esa mirada de psicopatía que adoptaba cuando estaba a punto de matar.– Tarde o temprano descubriríamos tu traición, sin importar tus intentos, ya no podrás seguir escondiéndote...

¡Ya estoy acá, liberalas! –exclamo Draco con todo el coraje que pudo reunir.

Los mortifagos sentados comenzaron a reírse con burla.

Oh no Draco, no te preocupes. Primero serás testigo de sus muertes –contesto Voldemort dibujando una sonrisa cruel en su rostro.– Queremos ver tu expresión al ver que pierdes todo... Todo por lo que decidiste traicionarnos.

Acto seguido, apuntó su varita hacia Hermione quien empezó a gritar de dolor. Su cuerpo comenzó a contorsionarse de manera espantosa, Draco juraría que escucho algún hueso romperse.

NO... PARA, MÁTAME A MI –grito al tiempo que avanzaba dispuesto a detenerlo, pero Bellatrix Lestrange le cerró el paso.

Espera tu turno, los traidores son los siguientes en la lista después de los sangre sucia –dijo con triunfo.

Otro grito, más terrible y lleno de dolor, llenó la habitación...

Draco se incorporó rápidamente. Se sentó escondiendo su rostro entre sus manos al tiempo que intentaba recuperar aire desesperadamente. Los gritos de Hermione aún resonaban como un eco en sus oídos haciendo que tuviera una horrible opresión en el pecho. Pocas veces había tenido una pesadilla tan real, era como si alguien le hubiese mostrado su futuro…

–Draco... ¿Estás bien? –escucho la voz suave de Hermione cerca de él.

Dejo salir un sollozo ahogado involuntariamente al tiempo que se volteaba y abrazaba con fuerza a Hermione. La posición era incomoda pero no le importaba, sentía la necesidad de saber que realmente Hermione estuviera a su lado, sana y salva.

No era ningún secreto que la castaña estuviera en peligro por ser la mejor amiga de Harry Potter, sin embargo, estaba en doble riesgo por su relación con Draco Malfoy, y si de alguna manera algo malo le pasara por su culpa…

–No dejare que nada malo te pase... No dejare que ellos te pongan un dedo encima –exclamó Draco con rudeza tratando de eliminar las imágenes de la pesadilla de su mente.–¿Entendiste? No dejare que te pase nada...

Hermione le sorprendió la revelación de aquellas palabras, sonaba a un juramento. No pregunto, le correspondió el abrazo mientras también repartía tiernas caricias en la espalda y cuello para que Draco pudiese calmarse.

–Ni yo dejare que algo malo te pase... –murmuró Hermione con seguridad, lejos de sonar por compromiso.

Draco se quedo desconcertado por esa respuesta. Su corazón dio un vuelco, nadie nunca lo había querido protegerlo además de sus padres. Nadie se había preocupado por él de esa manera...

Entonces entendió. Durante las horas que pasó pensando en crear un bando donde él pudiera proteger a las personas que más ama, se dio cuenta que aquello sería imposible, más bien tenía que crear un bando donde ambos pudieran protegerse, compartir batallas y luchar codo a codo. De esa manera, tenían más probabilidades de tener éxito.

La respiración de Draco aún era agitada al igual que su agarre era más fuerte de lo que debería, pero no importaba. Por fin había comprendido que su decisión había sido la más correcta, juntos, tenían la oportunidad de un futuro.

–Sólo fue una pesadilla... –susurró Hermione con cariño, ignorando los pensamientos del slytherin.

Era curioso como la noche anterior, él la había consolado después de una pesadilla y ahora ella lo consolaba a él.

–¿Quieres hablar de ello? –preguntó la castaña sin dejar de acariciarlo.

Draco instintivamente hundió su rostro en el hombro de ella.

–Sólo era uno de mis mayores miedos... Todo era por mi culpa –confesó sin darle más detalles.

–¿Como puede ser por tu culpa?

Draco deshizo el abrazo. Por primera vez fue consciente de su alrededor, estaban en su lugar secreto; la chimenea aún permanecía prendida, lo cual indicaba que no habían dormido mucho; el sofá nuevamente había sido convertido en cama. Después de que Hermione se había desahogado, de pronto a ambos les llego el cansancio que habían ido acumulando desde la noche anterior. Se habían quedado dormidos abrazados al poco tiempo.

Draco miro directamente a Hermione. Ella le regreso la mirada confundida, estaba ligeramente despeinada lo cual hizo sentir al slytherin mejor, la sensación terrible de la pesadilla comenzaba a desaparecer.

–Todo era mi culpa porque soy un traidor, lo cual te pone en grave peligro y a mi madre también –comenzó a decir el slytherin sin dejar de mirarla, quería que supiera lo sincero de sus palabras.

–¿Lo dices por lo que sientes por mi? –intervino Hermione algo desconcertada.– Ya sé que estar enamorado de una sangre sucia es lo peor pero, ¿Tener pesadillas sobre ello..?

Draco negó con la cabeza.

–El rumbo de nuestras vidas son consecuencias de nuestras decisiones, y todas las que he tomado me han llevado hasta este punto –dijo Draco compartiendo lo que él había descubierto.

–En ese caso, es mi culpa que tuvieras esa pesadilla, ¿no? –interrumpió la castaña pero sin haber comprendido del todo.

–No me refería a ti y lo que siento por ti... Sino por mi –exclamó Draco, queriendo decirle la verdad de una vez por todas.– Porque he decidido unirme a la Orden del Fénix.

El silencio se instaló entre ellos. Por un momento Hermione creyó que estaba soñando, nunca hubiera pensado en la posibilidad de que Draco Malfoy quisiera formar parte de la Orden del Fénix. ¿Cuántas veces le ha dicho sobre su postura? No era un fiel mortifago pero eso tampoco lo convertía en querer ser alguien bueno y luchar al lado del bando de Dumbledore y Harry Potter. La castaña abrió mucho los ojos de sorpresa.

–Esta tarde me reuní con Snape, no sé como pero sabe sobre nosotros –comenzó a decir Draco, sentía que no era correcto revelar el secreto del profesor por lo que decidió omitir esa parte.– Creí que me soltaría un montón de regaños sobre cómo estoy cometiendo un gran error pero, en cambio, me dio un consejo que sólo fue la culminación de algo que he estado pensando.

Hermione no podía salir más de su sorpresa. Draco queriendo unirse a la Orden del Fénix, Severus Snape conocía su relación y le daba un consejo a Draco para ellos… Agarró las manos de Draco para asegurarse que aquello era real.

–Snape sabe lo nuestro y te dio un consejo que te ayudó a ser parte de la Orden… –respondió Hermione dudosa.

–No, desde hace un tiempo lo había considerado pero no fue hasta que hable con Snape que tomé la decisión.

–¡Draco es una locura! –exclamó Hermione soltando las manos del slytherin.– Correrías un enorme riesgo, un enorme e innecesario riesgo. ¿Qué hay de tu madre? ¿La dejarás ahí?

–Mirame… –susurró Draco.

Los ojos miel hicieron contacto con los ojos grises, ambos sin ninguna barrera quedando expuestos ante el otro, sin nada que esconder, sin ningún secreto más, sin temor a salir heridos… mostrandose por completo y aceptando al otro. Draco entendía perfectamente su repentino miedo, pero aquello no lo detendría.

–¿Haz pensado en algún futuro… para nosotros? –preguntó el rubio.

La castaña por un momento se ruborizo, por supuesto que lo había pensado, últimamente era su mayor motivo para seguir adelante. Asintió con la cabeza.

–Me di cuenta que siendo enemigos no nos ayudará, cada vez habrá más cosas que puedan generar cierta desconfianza entre nosotros porque somos de bandos distintos –dijo Draco explicando el motivo del por qué lo había decidido.–Sólo recuerda nuestras últimas discusiones.

–Entonces, juntos… podemos luchar juntos –respondió Hermione entendiendo a lo que se refería Draco.– Pero, ¿en verdad estás dispuesto a traicionar a Voldemort?

Draco la miró intensamente. Sabía que no se refería porque existiera alguna lealtad de su parte, sino por el peligro que implicaba, ser un traidor significaba muerte segura. Voldemort no perdonaba a los traidores y eso le producía escalofrios a Hermione.

–Si, estoy seguro porque es lo correcto. En los últimos años he tomado muchas malas decisiones por la influencia de mi padre y de cómo tengo que ser digno de los Malfoy, sin embargo, mi padre fue asesinado por ordenes de un maldito psicópata que supuestamente prometió la seguridad de mi familia. Mi madre no tiene por qué enterarse… de hecho, pienso ofrecerme como espía para el beneficio de la Orden –respondió Draco con firmeza.

Hermione se sorprendió de la seguridad que demostraba el slytherin, no había dudas en su expresión.

–Sabes que estoy dispuesto a todo por ti. No estoy seguro si mantendré mi fortuna para cuando esto acabe, si seguiré siendo respetado por la comunidad mágica o si el apellido Malfoy aún seguirá siendo algo de orgullo. Seguramente terminaré siendo el hombre menos indicado para ti pero… Te quiero, es poco pero lo es todo –confesó Draco sin dudarlo.

Hermione se inclinó para besarlo. Su corazón sufrió un vuelco al entender lo que significa aquella revelación, ¿Draco conviviendo con la Orden? ¿Lo aceptaran todos? ¿Confiarán en él como ella lo hace? La castaña se separó para mirarlo, a pesar de las dudas que sentía, algo en su interior le decía que era lo correcto.

–Entonces, tendremos que hablar con Dumbledore primero –dijo Hermione soltando un suspiro.

Draco se sentía profundamente agradecido con la castaña. Ella creía en él, pero ¿quiénes más lo harían en cuanto sepan sobre el nuevo integrante de la Orden del Fénix?


Esta vez, Draco y Hermione se levantaron antes del desayuno. Habían dormido pocas horas pero se sentían totalmente despiertos, sobre todo a causa de los nervios. Tenían planeado hablar con Albus Dumbledore lo más rápido posible, más porque Hermione estaba convencida de que pronto habría una reunión de los miembros de la Orden a causa de lo sucedido con el ataque a las familias de nacidos muggles.

Sin embargo, antes de ello, tenían que presentarse como si fuera cualquier otro día normal de clases. El día anterior el director había suspendido todas las clases, no obstante mientras los alumnos regresaran a su vida estudiantil lo más rápido era mejor. Aunque al día siguiente sería sábado.

–No creo que deberíamos estar juntos por los pasillos –dijo Hermione mirando a todos lados, aún así no soltaba la mano de Draco.

–Nadie pasa por aquí a estas horas, estamos seguros –respondió Draco al tiempo que le robaba un beso, divertido por desafiar las reglas.

Hermione rio divertida, pero su sonrisa se desvaneció rápidamente, se sentía preocupada por tener que hablar ante el profesor Dumbledore sobre su relación y sobre la decisión de Draco. Si querían el total apoyo de él, tenían que hablar con total sinceridad y no estaba segura de la reacción del director.

Quería pensar en los peores escenarios posibles para estar preparada para lo peor, aunque estuviera totalmente equivocada , quería estar lista.

Draco se dio cuenta de su repentino cambio de humor, él se sentía igual de preocupado. Durante su estancia en el colegio, a Draco le daba igual la opinión de Albus Dumbledore, lo respetaba pero tampoco se declaraba amante seguidor del mago más poderoso, eso se lo dejaba a Potter. Sin embargo, ahora si le importaba lo que tuviera que decir después de hablar con él, al final, Dumbledore es la máxima autoridad de la Orden y todo dependerá de ello.

Ante esos pensamientos, Draco se detuvo un momento y cuando la castaña se detuvo confundida, la abrazo. Pronto llegarían a separarse para no levantar sospechas pero quería alargar el momento un poco más…

–No es posible –escucharon una voz cerca de ellos.

Rápidamente ambos se separaron, a unos pasos de ellos estaban Harry Potter y Ron Weasley con expresión de profunda incomodidad. Hermione se fijó que Harry escondía en su bolsillo un pergamino doblado bastante viejo, enseguida se sintió furiosa.

Pero el silencio que se había instalado en aquel pasillo cayó de manera pesada, casi asfixiante. Draco no tenía ningunas ganas de discutir con aquellos dos, pero su instinto natural no podría resistirse si alguno de los dos se atrevía a decirle algo.

–Ya pueden quitar sus caras de idiotas incrédulos –rompió Draco el silencio incapaz de soportarlo más.

–Draco… –lo regaño levemente Hermione sin dejar de mirar a Harry seriamente.

–Bueno, para qué nos preocupamos, ya sabemos que pasas toda la noche con Malfoy –contestó Ron con cierto doble sentido en aquellas palabras, lo que hizo que Draco apretará los puños dispuesto a gritarle unas cuantas más acusaciones.

–¡Basta! –exclamó Hermione antes de que se desatará una pelea.– ¿Qué hacen aquí? ¿Vienen a espiarme?

–Estábamos preocupados por ti, Ginny fue a verte a tu habitación y no estabas –contestó Harry con seriedad.

–Y aún así se empeñaron en saber que me encontrara bien, ¿no es así? –añadió Hermione sin dejar de mirar con enojo a Harry.

Draco de pronto se sintió excluido, algo había saltado a la vista para Hermione que la puso inmediatamente a la defensiva. La castaña no se molestó en informarle. Draco ignoraba la existencia del Mapa del Merodeador, un mapa que señalaba a todas las personas dentro del castillo y donde estaban ubicadas. Harry y Ron ya sabían que estaba con Draco Malfoy y aún así fueron a buscarla, ¿por qué?

–Es obvio, no confiamos en él –contestó Harry con sinceridad.

–¿Cómo…

–¿Vas a decirnos que no lo conocemos? ¿Qué es en realidad una buena persona? –interrumpió Ron con coraje.– ¡Es un maldito mortifago!

–No pienso discutir más con ustedes sobre lo mismo –respondió Hermione con determinación.– Quiero estar con él…

Draco sonrió de medio lado. No había ningún tono martir o de víctima que inconscientemente temía pudiera salir de Hermione, como si el estar con él fuera algo que el destino afuerza les hubiera impuesto. La abrazo por la cintura con cariño.

–Aún así nos preocupamos por ti –dijo Harry como diciendo "a pesar de todo".

Esta vez Draco no podía quedarse callado.

–¿Preocuparse? –preguntó Draco con sarcasmo.– He visto tu cara cuando me viste tocarla, lo tuyo no es preocupación…

–¡No te metas Malfoy! –exclamó Harry sintiéndose aún más enojado.

–Me da igual, muérete de celos pero no finjas que esto lo haces por ella –respondió Draco con el mismo enojo.

Ron enseguida agarró a su mejor amigo del brazo para frenarlo, deseaba partirle la cara a Malfoy pero no iba a solucionar nada entre ellos. Por otra parte, Hermione instintivamente se puso frente a Draco, dispuesta a defenderlo. Aquello fue toda una revelación para los tres chicos.

"Ni yo dejare que nada malo te pase…" recordó Draco las palabras de la castaña después de que él le había prometido lo mismo durante la madrugada.

Los cuatro se mantuvieron en silencio unos momentos que parecieron eternos, ninguno estaba dispuesto a moverse, lo único que se escuchaba eran las respiraciones aceleradas de los dos mejores amigos de Hermione, demasiado enojados aún y demasiado desconcertados.

–¿Había una razón en especifico por la cual me buscaban? –preguntó Hermione dispuesta a marcharse antes de que los tres chicos iniciaran otra discusión.

Sin importar las circunstancias, uno de ellos salía heridos después de esos enfrentamientos, la castaña no quería ni pensar en cómo sería cuando Ron y Harry se enteraran de que Draco deseaba unirse a la Orden.

–McGonagall pidió una reunión con los prefectos y los Premios Anuales antes del desayuno –contestó Ron indiferente.

Ver a su mejor amiga de esa manera con Draco Malfoy fue como una nueva revelación para Ron, ya había sido testigo de la forma de ser de Draco con su amiga en San Mungo hace unas semanas: la forma cómo la miraba, ciertas actitudes posesivas al estar con ella, la forma en como baja la guardia por ella… pero aquello era algo totalmente diferente.

–Nos vemos –se despidió Hermione indiferente.

La pareja siguió caminando pasándolos de largo, Draco aprovechó para chocar su hombro con Harry al propósito, para provocarlo. Sin embargo, Ron en ningún momento soltó a su mejor amigo hasta que la pareja se perdió.

–Sabes Harry… creo que hemos estado equivocados –dijo Ron titubeando, no le era fácil aceptar sus errores.


El ambiente en el Gran Comedor había cambiado. La mayoría de los alumnos lucían cansados, seguramente no todos lograron dormir, lo cual sólo provocaba un inusual silencio en las cuatro mesas del lugar. Esta vez ya no había miradas de odio hacia los Slytherin, la ira había desaparecido, en su lugar había dado paso al miedo.

Una vez que la impotencia, el coraje, la frustración y los deseos de venganza se hubiesen evaporado, fueron reemplazados por el temor y la incertidumbre de lo que podría pasar. Los alumnos comentaban entre susurros posibles teorías sobre el siguiente paso de Voldemort, leían a fondo El Profeta para informarse de todo e incluso, había debates si era buena idea seguir permaneciendo en Hogwarts o escapar del país.

Todo el mundo tenía el presentimiento que en cualquier momento la guerra estallaría en su máximo esplendor, y todos tenían la mirada puesta en Harry Potter. Aunque la mayoría eran especulaciones, sabían que el niño que vivió sería una clave importante para detener al mago más tenebroso de los últimos tiempos. Nadie sabia lo suficiente para señalarlo pero era obvio, habría una batalla final entre Voldemort y Harry Potter, ni siquiera Dumbledore figuraba en aquel desenlace, al final de cuentas fue el mismo Harry Potter testigo del regreso de El-que-no-debe-ser-nombrado.

Y Harry por primera vez sentía verdaderamente el peso del mundo sobre sus hombros. Ya estaba acostumbrado a ser señalado, mirado y que hablaran a sus espaldas, era el precio por ser el niño que vivió. Sin embargo, era muy diferente esta vez, todos tenían expectativas puestas en él, expectativas que no se sentía capaz de cumplir.

Por otra parte, Harry se sentía en conflicto a causa de su mejor amiga, Hermione Granger. En los seis años de amistad, nunca hubo ningún secreto entre ellos, su amistad había permitido contarse todo y decirse todo sin dudarlo. Era una de las cualidades que había hecho forjar su amistad como ninguna otra, siempre habían sido él, Hermione y Ron… aún en los momentos en los que creyó estar solo, ellos habían permanecido a su lado sin importar nada.

Y ahora parecían tres desconocidos. Hermione mintiendo, ocultando un gran y peligroso secreto; Ron empeñado en no creerlo y encerradose en su propio mundo dispuesto a no hablar con nadie; y finalmente él, primero cegado por los celos para después empeñarse en alejar a la castaña mediante palabras hirientes. ¿Cómo se supone que pueda concentrarse en derrotar a Voldemort cuando los dos pilares más importantes de su vida estaban quebrados?

Ron y Hermione fueron sus primeros amigos, su familia…

–Ginny… –dijo de pronto Harry saliendo de sus pensamientos, alzando la mirada hacia la pelirroja.

Estaban sentados en la mesa de Gryffindor comiendo sin ánimos, ambos perdidos en sus pensamientos sin decir ni una palabra desde que llegaron. Ginny alzó la vista como respuesta.

–¿Confias en Draco Malfoy? –preguntó Harry desconcertando a la pelirroja.– Ahora desde que confirmamos que es un mortifago…

Ginny observó a Harry con atención, lucía pálido y al parecer no había dormido bien. Se pregunto si tenía que ver con su reunión con Dumbledore del día anterior o nuevamente por Hermione, aunque la pregunta hablaba por si sola.

–No importa lo que nosotros opinemos, ¿sabías eso? –contestó la pelirroja con total franqueza.

Harry la miró sorprendido, ¿cómo que no importaba? Eran sus amigos más cercanos, era lógico que estuvieran tan preocupados por el bienestar de su mejor amiga.

–¿A qué te refieres? –preguntó Harry sin poder creer las palabras de la pelirroja.

Gin colocó ambos brazos a la mesa para acercarse más a Harry, mientras él la imitaba, de por si estaban aislados de sus demás compañeros pero aún así Ginny habló en voz baja y severa:

–No importa si confiamos o no en Malfoy, eso es asunto personal entre él y cada uno de nosotros… Ya no es tan simple, Harry –sentenció la pelirroja tratando de escoger las palabras adecuadas.– A este punto, ya no podemos dividir todo en blanco o negro, debes aceptar que existen otros matices…

–¡Pero es un mortifago! Participo en el exterminio de las familias de procedencia muggle, lo viste sacando su peor lado cuando casi ocasiona una batalla aquí… –intervino Harry esforzándose por no alzar la voz.

–Salvo a los padres de Hermione –contestó Ginny como última palabra, no deseaba discutir más.

Harry calló, era simplemente frustrante descubrir que su amiga tenía razón.

–Regresando a tu pregunta. No, no confió en Malfoy –dijo Ginny enderezándose nuevamente dispuesta a medio terminar su comida.– Pero si confió en él estando con Hermione.

Ninguno de los dos se volvieron a dirigir la palabra durante el resto del día.


Para cuando hubo terminado la cena en el Gran Comedor, Draco Malfoy no podía controlar completamente sus nervios. Durante todo el día había pensado con exactitud lo que le diría a Albus Dumbledore una vez que le cediera la palabra. No iba hacer nada fácil para su orgullo, pero estaba dispuesto a hacerlo.

Durante el día había estado bastante distraído, afortunadamente no era el único, las clases estaban lleno de alumnos aún demasiado alterados por lo ocurrido. Difícilmente alguien lograba poner atención a los maestros, de esa manera, la mayoría de las clases acababan mucho antes de la hora. Y para suerte de Draco, también tenía varias tareas como prefecto que aunque las detestara, eran la perfecta excusa para desaparecerse de sus compañeros de casa.

Hermione y él, después del incidente con Potter y Weasley, habían acordado de verse en su lugar secreto finalizando la cena para ir juntos al despacho del director. Ahora que la hora finalmente había llegado, Draco recorría los pasillos con ansiedad, apenas había podido probar un bocado durante la cena. Caminaba con paso rápido en cuanto se dio cuenta que faltaba poco para llegar, quizás no estaba a punto de ir a un juicio ante el Wizengamot, pero la sensación era la misma.

Después de varios minutos, finalmente llegó cerca de la torre de astronomía y sin aguantarlo más, llegó al aula cerrando tras él, cruzando con rapidez hasta llegar al librero el cual se abrió ante él revelando unas escaleras en espiral y de dos en dos las subió. Soltó un suspiro de alivio en cuanto se encontró en la habitación cerrando la puerta tras él.

–Draco… –lo llamó la voz de Hermione, quien evidentemente también estaba lo suficientemente nerviosa para esconderse de todos.

La castaña sonrió con nerviosismo al tiempo que se levantaba para caminar hacia él. Se abrazaron con fuerza sin saber realmente la razón, pero poco a poco los nervios y la ansiedad fue desapareciendo de sus cuerpos.

–¿Estás listo? –preguntó la castaña sin romper con el abrazo.

Nuevamente Draco repaso mentalmente lo que le diría al director, sabiendo perfectamente que no había marcha atrás. En otro tiempo él hubiera jugado sus cartas para mantenerse a salvo a como diera lugar, esta vez dejaría las cartas sobre la mesa para hacer algo que valiera la pena.

–Te quiero… –murmuró la castaña con voz dulce.

Draco deshizo el abrazo para poder verla a los ojos. Ambas mirada se encontraron… Hermione no pudo soportarlo más y rodeo el cuello de él con sus brazos, besándolo enseguida sin darle tiempo a reaccionar… Las palabras ya no fueron suficientes para responderle a esa confesión, necesitaba demostrarle cuanto la quería, cuanto deseaba que la guerra terminara ya y un futuro juntos, les esperaba.

El beso se prolongo, no era tierno ni lento pero tampoco se basaba en lo físico...

Era una declaración de su amor…

Una necesidad por saber que todo estará bien…

La rectificación de su relación…

Detener el tiempo y recuperar el que perdieron…

Ninguno parecía querer detener aquel beso, no estaban dispuestos a soltarse todavía. Draco la apretó aún más hacia él, mientras Hermione aprovechaba para morderle ligeramente el labio inferior haciendo que soltará un quejido contra su boca… Draco de un movimiento rápido, la volteo y la empujo hacia atrás sin separarse de ella hasta que chocará contra la puerta, quedando en medio de ésta y su cuerpo. Hermione soltó un gemido de sorpresa haciendo que el rubio perdiera el control.

Sujeto las manos de la castaña a ambos lados de su cabeza, profundizando el beso y teniendo el poder sobre ella. De pronto, todo dejó de tener sentido, eran conscientes de sus respiraciones, los latidos cada vez más rápidos de su corazón y el calor que invadía sus cuerpos. Hermione deseo poder liberarse de las manos de Draco para poder tocarlo, moría por pasar sus manos por su cabello, por el cuello, el pecho… no soportaba la ansiedad que su cuerpo le pedía. Si en algún momento creyó haber perdido la razón, no se comparaba con lo que sentía en ese momento.

–Draco… –susurró la castaña en un instante en que ambos se separaron ligeramente para coger aire.

La manera en que pronunció su nombre, volvió loco al rubio, soltando sus manos para llevar las suyas a la cintura de ella. Hermione aprovechó la oportunidad y sin previo aviso, le desabrochó la túnica cayendo al suelo. Draco se sorprendió por la iniciativa de la castaña, pero en cuanto sintió sus manos vagar con nerviosismo sobre su pecho fue como si su cerebro se hubiese desconectado nuevamente. Ambos necesitaban más…

Dejandose llevar por el instinto, Draco rodeo con un brazo la cintura de ella y la alzó, Hermione acto reflejo rodeo la cadera de él con sus piernas para no caer mientras que en ningún momento sus bocas se habían separado. Como Merlin le dio a entender, camino hasta toparse con las rodillas en el sillón y cuando ambos se dieron cuenta, estaban acostados. Hermione creía que en algún momento se volvería loca, sobre todo cuando sintió la mano de él sumergirse debajo de su blusa… con las manos temblorosas, ella comenzó a deshacer el nudo de la corbata -sólo él aún en una situación así seguía impecablemente vestido-, para luego irse con los botones de la camisa, viendo la piel pálida y los resultados de los entrenamientos de quidditch.

Ninguno de los dos pensaba con claridad…

Por la forma en que Draco la acariciaba, fue muy notorio la experiencia de éste lo cual por un instante hizo dudar a Hermione… pero fue hasta que él le mordió ligeramente el cuello que el miedo se disipo junto con el suspiro que soltó. El slytherin aprovechó el momento para quitarle el suéter a la castaña quien de un sólo movimiento de sus brazos se deshizo de él, pero en cuanto toco el borde de la blusa para hacer lo mismo que el suéter, sus miradas chocaron… Y Draco pudo ver el nerviosismo y la duda de la castaña aunque tratará de evitarlo.

De pronto Draco cayó en la cuenta de las circunstancias, no iba a mentir que él estuviera nervioso, esas sensaciones que traspasaban por su cuerpo lo estaban volviendo loco pero al mismo tiempo los desconocía, nunca le había pasado algo así, sin embargo, sabía que podría controlar la situación sin embargo para Hermione era otro cuento.

Si para él es nuevo, para ella ha de ser escalofriante la rapidez con que las cosas estaban sucediendo y por ese momento, Draco se incorporó.

Hermione lo miró preocupada, rápidamente su mente se llenó de dudas. No obstante, antes de que pudiera formular la pregunta, el rubio se acercó a ella para besarla con dulzura… sin frenesí ni necesidad, sólo besando para tranquilizarla y disipar sus dudas.

–Hoy no… –susurró Draco cuando se separaron.

La castaña de pronto se sintió avergonzada de si misma, ¿en qué momento se atrevió a quitarle la túnica sin preguntarle antes? ¿cómo se dejó llevar tan fácilmente por la sensaciones? Agachó la mirada sintiendo también como se sonrojaba al recordar los momentos previos. Draco la miró primero con confusión pero luego sonrió, le dio ternura la forma en que ella había reaccionado aunque no fuese su intención. Sin duda, a veces Hermione sacaba cierta inocencia que desarmaba por completo a Malfoy.

–No quise decir eso… –susurró Draco mientras acariciaba la mejilla de ella y posaba su mano bajo su barbilla para que lo mirase.

–No quieres hacerlo… –comenzó a decir Hermione pero antes siquiera de poder ordenar sus palabras se vio interrumpida.

–Claro que quiero hacerlo. Pero no creo que ahora y en este lugar sea el momento indicado para ello… Cuando pase, tendremos toda la noche o días, no 15 minutos –respondió Draco con cierta arrogancia en su voz.

Hermione sonrío, le dio un beso corto en los labios para luego recargar su cabeza en el hombro del rubio, cerró por un momento los ojos sintiéndose mucho mejor de lo que se había sentido todo el día. Draco se dedicó abrazarla contagiandose de la misma tranquilidad que ella…

–¿Sabes acerca de las tradiciones de las bodas en el mundo mágico? –preguntó de pronto Draco.

Por alguna razón, la castaña se tenso de inmediato sin saber bien a qué venía eso.

–Asistí a la boda de Bill y Fleur pero no recuerdo que hayan hecho algo tradicional, me pareció de hecho bastante muggle –respondió con sinceridad.

–Típico de los traidores –bufó Draco recibiendo un golpe de Hermione.– Lo siento, es que… creo que si hay algo que no cambiaría de todas las tradiciones ancestrales del mundo mágico, serian las bodas.

Hermione se incorporó para poder verlo, le resultaba interesante y a la vez sentía gran curiosidad por qué Draco había sacado el tema.

–¿Cuáles son esas tradiciones? –preguntó.

Draco sonrió de lado, haciendo que la castaña sintiera un escalofríos por la espalda. El slytherin le agarró la mano con ternura y la acarició con pereza. Había algo en sus movimientos que por un momento no supo qué hacer, simplemente se dejó llevar por el momento esperando a que él respondiera.

–En la ceremonia, se elabora un hechizo muy antiguo sobre la pareja, es algo así como un hechizo de vinculación o de enlace… los une para toda su vida y deja una cicatriz pequeña en la piel, encima del corazón –comenzó a contar Draco, al tiempo que le dedicaba una mirada intensa a la castaña.– Podrán separarse pero nunca podrán quebrar ese enlace, verás no existe una ley en la que un matrimonio pueda separarse por completo al menos claro, que en ese día de la ceremonia no se haya elaborado ese hechizo. Además, si en la noche de la boda no se consume el matrimonio, existen consecuencias graves para ellos.

–Suena demasiado estricto y algo medieval –intervino sorprendida Hermione, a veces no podía creer que los magos más apegados a sus tradiciones, practicarán ese tipo de cosas.

–Bueno, incluso es algo cruel si es un matrimonio forzado como muchas veces se ha visto… sobre todo para los que somos sangre pura –admitió Draco con cierta indiferencia.– Pero yo le veo un lado más romántico…

–Espera, ¿matrimonios arreglados? ¿aún existen? –preguntó Hermione incapaz de creerlo, estaban en una era moderna, contemporánea o como quieran llamarla. Merlin, finales del siglo XX.

–Si, yo mismo he sido parte de ello… –confesó Draco y al ver la reacción de la castaña enseguida le aclaró el asunto.– Fue hace muchos meses, decidí que mis padres no pudieran decidir eso sobre mi, además de que difícilmente alguien quisiera casarse con un suegro en Azkaban.

–¿Qué hubiera pasado si tus padres aún así te hubieses obligado? –preguntó Hermione pensando en voz alta.

–Probablemente estaría contigo, siéndole infiel a mi prometida y quizás tu al idiota de Potter –respondió Draco con tranquilidad, aunque no le pasó por desapercibido el hecho de que sin importar la situación, igualmente estarían juntos.

Hermione le reprochó con la mirada por llamar idiota a Harry.

–No creo ser capaz de serle infiel a nadie, es algo muy malo, inmoral y va en contra de mis principios. No lo permitiría –contestó la castaña haciendole ver que las cosas no serían tan fáciles.

Entonces Draco se acercó a ella peligrosamente, en seguida con un brazo rodeo su cintura y la acercó hacia él… Hermione sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Malfoy rozó sus labios y ella se movió hacia delante para acortar la distancia pero él se hizo para atrás, sonriendo con malicia.

–Imaginate… tú con Potter y yo con alguien más… por alguna razón tú y yo nos quedamos solos… no podemos controlar las emociones que fluyen entre nosotros, "sólo un beso" pensamos para calmar nuestra ansiedad –relataba Draco al tiempo que llevaba la otra mano a la nuca de Hermione.– "Sólo una vez porque no significará nada" seguimos pensando para encontrar una justificación… pero inevitablemente, terminamos cometiendo algo más que una infidelidad.

–Si lo dices de esa manera… nadie se podría resistir –añadió Hermione cerrando los ojos, Draco la observaba con adoración.

–Admitelo… por mi, le serías infiel a cualquiera –respondió Draco con total arrogancia.

Hermione se deshizo de su agarre y se rio para provocarlo.

–Alguien tiene demasiada confianza, ¿cómo estas tan seguro que alguien ya esta llevando a cabo ese plan, mientras tu y yo estamos juntos? –respondió la castaña con malicia.

Draco sólo sonrío con ese porte característico de él, como si no hubiera nada que lo provocara.

–Créeme, lo sabría –contestó con frialdad.

–Lo mismo para ti –dijo Hermione con el mismo tono de voz.

Ambos comenzaron a reírse, era un profundo consuelo poder estar ambos así, relajados y bromeando. Draco la observó con detenimiento mientras la castaña miraba las llamas de la chimenea, apenas llevarían dos noches durmiendo juntos y el slytherin tuvo el sueño cursi de desear más noches con ella, de esa manera: libre. No podía pedir nada más y sinceramente no lo necesitaba. Una dosis de ella diariamente sería suficiente para vivir el resto de su vida y por eso, cuando pronunció las siguientes palabras, lo dijo sin pensarlo… sin darse cuenta de las consecuencias, sorprendiendose a si mismo por la seguridad de la pronunciación.

–Yo estoy dispuesto a tener ese hechizo de enlace contigo…

Hermione dejó de mirar la chimenea para mirarlo a él, totalmente sorprendida. Había pronunciado aquellas palabras tan naturalmente, como si ya fuese un hecho. Draco le regreso la misma mirada sorprendida, sintiéndose de pronto como un idiota.

–¿Lo dices en serio? –preguntó la castaña.

Draco se levanto del sillón, mantenía su rostro indiferente como si nada hubiese pasado y le tendió la mano a la castaña.

–Tenemos que irnos ya hablar con el director –dijo el rubio mientras la guiaba hacia la puerta.

Hermione sólo asintió con la cabeza dejandose guiar por él, cerró la puerta tras de ella y en silencio bajaron las escaleras. Atravesaron el salón con las manos juntas y antes de que el slytherin se separara de ella, la castaña lo detuvo apretando más fuerte su mano.

-Yo igual, estaría dispuesta a tener ese hechizo contigo… -admitió Hermione sonriendo.

Draco le regreso la sonrisa, se acercó a ella y le dio un beso en la frente. Sin esperar más, abrió la puerta dispuesto a caminar hacia lo que podría ser, la segunda mejor decisión que haya tomado en su vida…


Draco Malfoy y Hermione Granger se encontraban parados en medio del despacho del director de Hogwarts. Antes de entrar, ambos parecían muy seguros de todo pero en cuanto pusieron un pie en el lugar y escucharon la voz del anciano director llamandolos… las cosas se vinieron abajo. Por otra parte, el profesor Albus Dumbledore se sorprendió de verlos juntos en su despacho, disimulando como si aquello fuese de lo más normal. No pudo evitar sentir una especie de nostalgia al imaginar lo difícil que fue para ellos armarse de valor y presentarse a su despacho, él más que nadie ha estado en contra de los prejuicios contra los hijos de muggles.

–Buenas noches, ¿en qué les puedo ayudar? –saludo con una sonrisa mientras los invitaba con una mano a sentarse.

El nerviosismo de Hermione era demasiado notorio y Draco se mantenía indiferente pero su tez era ligeramente pálida. Sin embargo, ambos obedecieron sentandose frente al escritorio del director, la castaña apenas pudo atreverse a mirar al director.

–Siento molestarlo a esta hora, pero… no sé por donde empezar... –admitió Hermione después de unos momentos incomodos.

La castaña miro a Draco en busca de ayuda, Normalmente era ella quien tomaba el mando de las cosas, pero esta vez parecía que no encontraba las palabras adecuadas para hablar primero. En cambio, Draco Malfoy estando frente a la máxima autoridad de la Orden del Fénix, se sentía más seguro con su decisión.

–Sé que le sorprende vernos juntos a esta hora en su despacho –comenzó a decir Draco.

–He visto cosas aún más bizarras en el castillo –admitió el profesor como si aquello fuese una reunión en el terrenos del castillo.

–Hermione y yo, estamos juntos –soltó Draco sin más, esperando la reacción del director el cual permaneció serio, no obstante notó que Hermione se había puesto tensa.– No le voy a dar detalles de nuestra relación, ni siquiera le voy a dar una explicación. No obstante estamos aquí, más bien… estoy aquí porque deseo unirme a la Orden del Fénix.

Hermione sabía que Draco nunca se andaba con rodeos, siempre ha sido directo y claro con lo que quiere expresar -siempre y cuando no se trate de sus sentimientos-, pero nunca creyó que le diría algo tan importante al profesor Dumbledore de esa manera, mucho menos tampoco esperaba que el director actuará tan… normal. Draco en cambio miraba al director con interés, parecía demasiado tranquilo y entonces lo supo.

–Usted ya sabía de nuestra relación, ¿no es así? –preguntó Draco mirando con curiosidad al anciano.

El profesor Dumbledore esbozo una media sonrisa y los miraba con comprensión detrás de sus gafas de media luna. Lleva la casualidad de que en los últimos días el profesor tuvo el ligero presentimiento de que Draco Malfoy lo visitaría a su despacho, aunque fue grata la sorpresa de que la Srita. Granger lo acompañase.

–A decir verdad, había tenido mis sospechas, entiendo cuando uno esta enamorado es difícil retener ese sentimiento para que los demás no se enteren. Y ayer, fue que confirme mis sospechas, ambos estuvieron ausentes todo el día –confesó Dumbledore con la verdad.

Draco quiso contestarle de mala manera al director, pero se contuvo. El hecho de que el mismo director de Hogwarts supiera de su relación, no era nada bueno, ¿cuántos más tendrán ya la menos sospecha siquiera?

–Entonces, usted ya entenderá los motivos por lo que me llevaron a tomar esa decisión –contestó Draco al tiempo que levantaba la manga de su camisa y mostraba la marca tenebrosa en su antebrazo izquierdo.– Estoy dispuesto a servirle de espía para darle información acerca de Lord Voldemort.

Nuevamente el director no mostró ninguna reacción ante la marca tenebrosa de Draco, lo cual también confirmaba que el director tenía conocimiento de su participación como mortifago. El slytherin por primera vez se preguntó si no habrá alguien más infiltrado entre el bando de Voldemort o simplemente Dumbledore era muy listo.

–¿Entiendes bien lo que implicaría eso? –contesto el profesor sonando más serio.

–Por supuesto, a partir de ahora me convierto en un traidor para los mortifagos, corriendo el riesgo de que si llegasen a descubrirme seré asesinado.

Hermione apretó los puños al escuchar eso, aún así, miraba al rubio con una especie de orgullo de pareja, admirando su valentía. Incluso Dumbledore entendió que no necesitaba escuchar más explicaciones porque podía ver claramente a un nuevo Draco Malfoy.

Frente a él estaba un hombre que busca proteger a la persona que más ama, aunque aquello significase unirse al bando el cual por su apellido, ya ganaba varios enemigos. Durante años, Albus Dumbledore se preocupó por el hijo de Lucius Malfoy, temiendo que nunca llegase a cambiar ni a salir de los prejuicios que con años le habían enseñado… temió que en un futuro llegase a ver un hombre terminado y sin expectativas para seguir viviendo.

–Veo que lo has pensado mucho –respondió el profesor admirando la valentía del joven.

Draco no contesto ante ello, no le vio la necesidad, espero a que el profesor le diera una mejor respuesta, una que deseaba escuchar. Apenas podía respirar con calma fingiendo tranquilidad, mientras parecía que Hermione estaba reteniendo el aliento.

–Me imagino que tienes condiciones –agregó después de unos momentos Dumbledore, a pesar de todo, Draco seguía siendo un Malfoy.

El chico esbozo una sonrisa, pensando lo mismo que el profesor.

–Son dos –contestó inmediatamente Draco al tiempo que se esforzaba por mantenerse indiferente.– La primera condición es que me prometa la seguridad de mi madre, la mansión Malfoy ya no es segura para ella luego de que decidieron ocuparla como cuartel temporal así que necesito saber que está a salvo antes de cooperar con ustedes.

Hermione miraba con atención a Draco. Definitivamente había pensado mucho en ello, en ningún momento él le menciono acerca de condiciones que buscaba a cambio de unirse a la Orden como espía. De alguna manera había averiguado la manera en que a partir de sus condiciones, el profesor Dumbledore pudiera confiar en él. Prácticamente entregaba a su madre como garantía sobre lo serio que iba con respecto a su decisión.

–Esta bien, podríamos enviar un grupo para sacarla de ahí y llevarla a un lugar seguro –respondió el director ya teniendo en mente en donde se quedaría.– ¿La segunda?

Draco se tensó aún más, no se atrevió a mirar a Hermione quien permanecía expectante.

–Estoy seguro de que usted me mandará a ciertas misiones peligrosas para corroborar información, al mismo tiempo que yo estaré haciendo otras para mantener mi papel con Voldemort –comenzó a decir el slytherin con clara seriedad.– Por otra parte, sé que también la información que daré, podrá generar misiones para la Orden.

–Tienes razón –dijo Dumbledore invitándolo a continuar.

–Hermione nunca debe enterarse de lo que haga ni tampoco puede llegar a formar parte de esas misiones, como tampoco puede llegar a enterarse de la información que le voy a proporcionar –dijo Draco sin ningún titubeo.

La castaña sintió aquellas palabras como una bofetada.

–¡Debes estar bromeando! –exclamó Hermione ofendida enseguida, se sintió traicionada.– No puedes simplemente hacerme a un lado, yo decido si participo o no, si quiero arriesgar mi pellejo por los demás o no… ¡no tú!

Draco ni siquiera era capaz de mirarla, alzó su vista hacia el director y Albus Dumbledore lo miró asintiendo con la cabeza. Por un momento, vio algo familiar en esa mirada y en esa determinación de seguir a pie sus palabras… Hace muchos años, precisamente alguien se presentó a su oficina desesperado por proteger a la persona que amó, dispuesto a hacer lo que fuera y tenía esa misma mirada.

–Señorita Granger, sería usted tan amable de dejarnos solos al Sr. Malfoy y a mi, por favor –dijo el profesor Dumbledore mirando con amabilidad a su alumna.

–¡No puede permitirlo! ¡No voy abandonar el despacho! –exclamó Hermione más ofendida aún porque el profesor estuviera de acuerdo con ello.

–¡Hermione vete! –interrumpió el rubio con rudeza, mirandola con frialdad.

La castaña lo enfrentó con la misma mirada gélida, las lagrimas amenazaban con salir pero por Merlin que no iba a permitir que salieran. Fueron unos segundos de lucha, viendo que el profesor Dumbledore no la ayudaría, decidió irse de ahí, tampoco iba a causar una escena en el despacho del director por muy furiosa que estuviera. Se levantó sin despedirse y camino con furia a la salida. El azote de una puerta cerrandose, significo la salida de Hermione.

–Espero estés consciente de las consecuencias de tus actos Draco –dijo el profesor Dumbledore mirando a su estudiante luchando por mantenerse indiferente a lo que sentía.

Un impulso por salir detrás de la castaña se apoderó de él… apretó más los puños sobre su regazo. Sabía que la había herido al no mencionarle nada, pero era lo mejor.

–Lo sé, Señor –murmuró antes de volver la atención hacia el director y contarle todo lo que sabía acerca de los planes de Voldemort.


Ya eran cerca de las once de la noche, Hermione aún seguía furiosa por lo sucedido… furiosa, traicionada y ofendida. Había caminado nuevamente hacia su lugar secreto porque estaba segura de que no tendría la paciencia para aguantar las miradas de reproche de sus amigos y sin duda, no tenía otro lugar a donde ir. No podía creer la facilidad con la que Draco había dicho todas esas cosas, cuando ella hasta lo acompaño para hablar con el director.

Nuevamente camino a lo largo y ancho de la habitación incapaz de permanecer quieta. Creyó que Draco tendría la suficiente confianza en ella para escuchar lo que sea que tuviera que contarle al profesor Dumbledore, ¿acaso la veía débil? ¿acaso cree que no soportaría saber las cosas? Ella por algo había sido escogida en la casa de Gryffindor, su valentía y su fuerza para soportar cosas que muchas personas no pueden, de salir adelante y luchar… Una lágrima traicionera se escurrió por su mejilla y ella la limpio con coraje porque no quería llorar como una chiquilla haciendo berrinche de que los "adultos" la hicieron a un lado en la conversación importante.

De pronto la puerta se abrió tras ella, dejando a ver un Draco agotado y pálido, pero eso no le importó a Hermione cuando cruzó la habitación hacia él dandole una tremenda bofetada.

–¡No tienes ningún derecho para decidir por mi! ¡No eres mi dueño Draco Malfoy! Y quiero que sepas que no importa lo que hayas dicho, yo voy hacer lo que me plazca –gritó Hermione ahora ya sin poder controlar las lágrimas de coraje.

Draco parecía no reaccionar, sabía que la había lastimado.

–Tú no entiendes Hermione, no pienso dejar que se te suban los humos de heroína a la cabeza y te arriesgues –respondió Draco con tranquilidad.– Ya es demasiado con tener en mente que ayudarás a Potter a derrotar a Voldemort.

–¡Suena a que me crees una chiflada! –exclamó Hermione aún más ofendida.– ¡Malfoy, esta vez te excediste, porque voy hacer lo que sea necesario para salvar a las personas que quiero!

–¿¡Personas que te dan la espalda sólo porque estás con la persona que no creen correcta para ti!? –esta vez el rubio explotó.

–Si, es complicado pero…

–Entiende de una maldita vez que ellos no lo van hacer, estás sola en esto… – respondió Draco con demasiada crueldad, no era su intención, pero ella simplemente no entendía porque la había hecho a un lado.

Sin embargo, Hermione lo miró desconcertada, las palabras de Draco la habían atravesado con dolor porque muy en el fondo ella sabía que estaba sola.

–Aún así, no quiere decir que puedas decidir por mi… hablar por mi. ¡Nunca más vuelvas hacer eso Malfoy! Me humillaste enfrente del director… –respondió con rudeza.

–Voy hacer lo que sea necesario, incluso si tenga que encerrarte en un lugar para mantenerte a salvo –rugió el rubio perdiendo la paciencia.

–Supongo que eso le sirvió mucho a tu padre con tu madre ¿verdad? –respondió Hermone sin pensarlo.

Ya estaba. Ambos se habían herido profundamente, se miraban con coraje y con las respiraciones agitadas a causa de la discusión. Ellos más que nadie entendían que cuando se ama alguien de esa manera, tan real y tan fuerte, podían herirse como nadie más podría hacerlo.

Y ahora era el turno de Draco para mirarla con ofensa, su mandíbula enseguida se tensó para callar las palabras que estuvo a punto de gritarle. Odiaba tener que admitirle uno de sus mayores temores.

–Hermione, no entiendes nada. ¡No tienes ni idea de lo que Voldemort es capaz de hacer! ¡Nunca lo has visto torturar, matar, cazar…! Porque si supieras aunque sea lo mínimo, créeme que tendrías el mismo miedo que yo tengo… –admitió Draco sin dejar de mirarla, por un momento recordó su pesadilla.

La castaña vio miedo de verdad en los ojos grises de él mientras le decía todo aquello. El enojo cesó por unos momentos.

–Dime, ¡qué carajo voy hacer si un día te atrapan! ¡Si me mandan a llamar para torturarte enfrente de todos y pueda hacer que grites toda la información que necesitan! Para luego regalarte con Greyback y pueda terminar el trabajo sucio… –exclamó Draco con coraje.– ¡Prefiero que estés furiosa conmigo por esto porque sé que después me perdonaras a tener que soportar verte morir frente a mi!

Draco enseguida le dio la espalda sintiéndose humillado por la confesión. No quería que ella también cargara con ese miedo, no quería que ella cargara con más peso del que ya esta soportando. Sintió un nudo en la garganta que le fue incapaz de seguir hablando.

Todo el enojo se esfumó en Hermione, al verlo tan vulnerable y en verdad transmitiendo el miedo que todos los días se guardaba. Se acercó a él, rodeandolo para verlo de frente aunque él tuviera la cabeza agachada. Sin decirle nada, acortó la distancia y lo abrazo, nothando un rastro de humedad en el rostro de Draco, él acepto el abrazo sin decir nada más…

Cuando amas a alguien y esa persona te ama a ti, eres vulnerable de una manera única. De una manera que nunca habían experimentado Draco y Hermione.

–Mañana, habrá una reunión con la Orden del Fénix y Dumbledore me presentará ante todos –dijo Draco con la voz ronca al cabo de unos momentos.

Hermione lo abrazó con más fuerza para luego decirle:

–Todo saldrá bien...


Hola, sé que tarde ppor sus revieara actualizar pero espero hayan disfrutado el capítulo tanto como yo. Este ha sido un capítulo importante y como podrán imaginarse el próximo Draco de enfrentar a toda la Orden, ¿alguna teoría de lo que podía pasar?

Muchas gracias por sus reviews y sus favoritos, aquellos que me leen en el anonimato a ver si se animan a dejar un comentario :)

besos