I am what I am
I'll do what I want
But I can't hide
I won't go
I won't sleep
I can't breathe
Until you're resting here with me

Here with me-Dido


No había escapatoria.

Draco Malfoy se encontraba rodeado de mortifagos, marcaban un gran circulo donde él y el Señor Oscuro se encontraban en medio, enfrentándose. Draco se sentía sin esperanzas, sabía que muy pronto llegaría su muerte y lo último que vería era la sonrisa cruel y despiadada de Voldemort.

¿En verdad creíste que podías traicionarme? –preguntó Voldemort con malicia, mientras la gran serpiente se retorcía de ansias junto a él sin despegar sus ojos rojos de Draco.

El slytherin no pudo evitar temblar de miedo, había visto suficientes víctimas de aquel reptil para saber lo doloroso, grotesco y lento que podía llegar a ser. Y como si Voldemort pudiera leerle la mente, río con malicia provocando un nuevo temblor en Draco.

Nagini no está ansioso por ti, puede ser sorprendente de creer pero no voy a matarte, Draco –pronunció con felicidad contenida, había algo más que lo mantenía de buen humor.

El Señor Oscuro apuntó su varita hacia una de las puertas de la habitación y enseguida se abrieron con estruendo.

¡No sueltenme! ¡NO! –gritó una voz lo suficientemente conocida para Draco a pesar de que no podía ver a la persona. Sintió su sangre helarse, si antes había tenido miedo ahora estaba entrando en pánico ante el giro de la situación.

Los mortifagos se apartaron para dejar pasar a la nueva víctima.

Hermione Granger luchaba con todas sus fuerzas para zafarse del agarre de sus capturados sin ningún éxito. Con rudeza, la aventaron a los pies de Draco, muchos de los presentes comenzaron a reírse de la expectación del espectáculo.

Ella no tiene nada que ver con esto –dijo Draco recuperando su voz pero sin mucha fuerza. Era obvio que estaba muerto del miedo.

Voldemort miró con repugnancia a Hermione quien yacía en el suelo, temblando.

Te equivocas Draco. Esta sangre sucia es la culpable de todo… –contestó Voldemort con asco y furia contenida cuando dirigió su mirada hacia él.– Podría matarte en este instante por traidor, pero eso sería hacerte un favor, además de que sería rápido y aburrido.

Draco Malfoy comenzó a negar con la cabeza como si así impidiera lo que estaba a punto de suceder, miró a Hermione y sus miradas se cruzaron.

Veo más entretenido verte muerto en vida…

NO…– gritó Draco desesperado, estaba dispuesto a correr hasta donde se encontraba Hermione pero de pronto no podía moverse.

Voldemort lo había paralizado con un hechizo no verbal.

Mira con atención Nagini, tu cena… –dijo Voldemort con verdadero placer, después habló en parsel y la serpiente se deslizo hacia la castaña.

Un grito desgarrador llenó sus oidos…

Draco Malfoy se levantó ahogando un grito.

–Draco, intenté despertarte… –escuchó una voz preocupada cerca de él.

El slytherin no pudo responder, se sentía completamente desorientado y con unas terribles ganas de llorar. No era la primera vez que tenía esa clase de pesadillas, sin embargo, había sido una de las más reales que jamás había experimentado. Aún podía sentir en todo el cuerpo el pánico, el miedo, la frustración, la opresión en el pecho… movió sus manos y piernas implorando que efectivamente no estuviera bajo un encantamiento paralizador.

La impotencia y la angustia de no poder hacer nada le latían en las venas con fuerza, el aire difícilmente le llenaban los pulmones.

–Draco, sólo fue una pesadilla… –volvió a susurrar Hermione haciendo que el rubio se estremeciera, había olvidado por completo que ella estaba a su lado.

La castaña con cariño comenzó a acariciarle el cabello, el cuello y la mejilla para calmarlo. Enseguida esas leves caricias hicieron que la respiración de Draco fuera más controlada al mismo tiempo que la angustia desaparecía.

Odiaba cómo últimamente soñaba con perderla, siempre de la misma manera, a manos de Voldemort después de descubrir su traición. Nunca ha sido fanático de la adivinación pero odiaba presentir que quizás sus sueños pudieran ser una premonición de un futuro no muy lejano. El solo pensamiento hizo que le doliera el pecho, de ninguna manera lo iba a permitir.

Draco volteo a mirarla, tratando de recobrar la calma. Su mirada se fijó en detalles esperando a olvidar la pesadilla, miró los ojos de ella, su piel, el contorno de su rostro… De pronto, sus ojos grises brillando a causa de las lagrimas contenidas y soltando un gemido ahogado, acortó la distancia que lo separaban para besarla con frenesí. El sentimiento de perderla aún no se evaporaba, el terrible sentimiento de verla sufrir y morir delante de él sin que pudiera hacer nada, lo sentía en cada fibra de su cuerpo. Por ello, cuando la miró supo que no podría vivir sin ella. Ahora más que nunca sintió la arrebatadora necesidad de protegerla.

–Hermione… –susurró Draco a milimetros de sus labios.

–Shh… –interrumpió Hermione con suavidad, mientras le acariciaba la mejilla.

–Sabes que te quiero y que...

–Lo sé… lo sé

Draco nuevamente la beso pero con la necesidad de transmitirle todo su amor por ella, ese acto podía decir mucho más que las palabras. Hasta ese momento no había sentido con tanto ímpetu el miedo al tiempo. El tiempo que le pueda quedar con ella si falla en la misión; el tiempo antes de que estalle la guerra con furia y el tiempo que no le alcanzara para decirle todo aquello que aún falta por decir. En resumen, es sólo cuestión de tiempo que algo suceda, no solamente que él muera durante el intento de asesinar a la serpiente, sino también la posibilidad de que a ella pudiera pasarle algo.

De pronto, la castaña rompió el beso. Esta vez, ella tenía los ojos con lágrimas contenidas y con expresión dolida. Draco la miró desconcertado, más cuando la castaña soltó un sollozo.

–No quiero que me vuelvas a besar de esta manera… no quiero que me beses como si te despidieras, porque no es ninguna despedida –soltó Hermione con voz quebrada pero claramente molesta.– Al menos para mi no lo es, así que tampoco debe serlo para ti…

Draco la miraba incapaz de saber qué decir, ¿acaso inconscientemente lo había dado por terminado todo? Sintió un mal presentimiento, recorriéndole por la espalda e instalandose en su mente como veneno. Hermione ahogo un sollozo y él la abrazo con ternura. Después de unos minutos, ambos recuperaban su respiración.

Hermione se separó poco a poco de él.

–No te despidas… –susurró la castaña con voz más firme.

–No me iré a ninguna parte, pase lo que pase, estaré contigo –prometió Draco.

Ambos sabían que aquella promesa eran sólo puras palabras, pero al menos los hacía sentir mejor.


El lunes en la mañana, las clases volvían a reanudarse con normalidad. Al menos ese era el plan del director y los profesores, ya que difícilmente las cosas podrían regresar alguna vez como eran antes y no sólo por la amenaza de una pronta guerra, sino también por ciertos conflictos entre grupos de alumnos. La noche anterior, la profesora McGonagall había sido muy estricta con sus instrucciones para los prefectos y Premios Anuales, ayudar a conservar la calma sería su mayor prioridad por este día.

Pero Draco Malfoy tenía una prioridad mucho mayor que las riñas escolares. Nunca antes se había sentido tan ansioso y paranoico como ahora, estaba a la espera de recibir noticias sobre la nueva reunión con los mortifagos, lo cual podría pasar en ese momento, en unas horas o en unos días. Y cada segundo de incertidumbre lo dejaban más intranquilo. Aún más el hecho de, sin importar el momento, deberán rescatar antes a su madre en la mansión Malfoy.

Aunque tratara de pensar positivamente, su mente vagaba por mil y un razones por lo que todo puede salir mal ocasionando que se distrajera por completo. Al menos aquello lo ayudaba a prepararse para cualquier situación, pero nada le brindaba tranquilidad.

Ya estaba listo para bajar a desayunar, sin embargo, se quedó mirando su reflejo unos momentos más. Tenía unas ojeras marcadas bajo sus ojos, la noche anterior tuvo que pasarla en su habitación de las mazmorras por culpa de la entrometida de Pansy Parkinson, si al menos hubiera logrado dormir bien no estaría tan pésimo de humor. Era increíble como unas noches al lado de Hermione lograron romper totalmente su rutina, al parecer no podía conciliar el sueño si no sentía la espalda de la castaña sobre su pecho y su brazo rodeándole la cintura.

El slytherin vio en el espejo una pequeña sonrisa en su rostro, duró sólo unos momentos, hasta que sintió un nudo en la garganta y nauseas. Nuevamente la ansiedad ante la espera de cumplir su misión lo desconcertaba, odiaba no poder tener control sobre ello. Respiro una, dos, tres veces intentando que aquella sensación desapareciera, no podía ir a clases con el semblante nervioso.

Más que nunca no podía permitirse perder su autocontrol, ha llegado demasiado lejos para desistir a este nivel, simplemente no podía.

Más calmado, Draco Malfoy llegó al gran comedor a desayunar. Todo el lugar se encontraba bajo el manto de la inquietud, el miedo y la tensión, excepto la casa de Slytherin ya que eran quienes más aparentaban normalidad. Pero claro, también era una fachada, los slytherin tenían más practica en ser indiferentes sobre todo su líder Draco quien era el que mejor actuaba ese papel.

–¿Escuchaste lo que ocurrió ayer? –preguntó Nott a Draco en cuanto éste se sentó a su lado.

–No –respondió Draco mientras se servía fruta, no tenía nada de hambre.

–¿En serio Draco, cómo no te enteras de nada? –cuestionó Blaise Zabini frente a ellos. –Todo el mundo esta hablando de eso…

–¿Van a decirme de qué se trata? –dijo Draco perdiendo la paciencia.

Mientras Blaise y Nott compartían miradas cómplices ante el mal humor de su amigo, Draco desvió rápidamente su vista hacia la mesa de Gryffindor, se desconcertó al ver a Hermione rodeada de Ron Weasley y Anthony Goldstein, los tres lucían serios.

–¿No te has preguntado por qué los profesores están tan tensos y estrictos? –comenzó a decir Nott haciendo que Draco lo mirara con atención.

–Además del ataque hacia la familia de los nacidos muggles… –agregó Blaise.

–Algunos alumnos de nuestra casa decidieron darle una lección a Hopkins Wayne, esta en la enfermería por los golpes que recibió –continuo Nott en voz baja.– Resulta que pudo haber terminado peor si no hubiera sido por la intervención de Hermione Granger y Ron Weasley…

En cuanto Nott pronunció el nombre de la castaña, Draco Malfoy lo miró con la completa atención. ¿De qué rayos hablaba? ¿Por qué Hermione no le había dicho nada de eso? A decir verdad, había olvidado por completo la situación de Millicent Bulstrode y Hopkins Wayne, Nott le había mencionado que habían sido descubiertos de una manera comprometedora. Quizás solo pasaría como una vergüenza si solo fuera por cuestiones de casa, pero la situación iba más allá, Millicent es sangre pura y Hopkins no, las consecuencias de ello al parecer ya han ido apareciendo.

–Es lógico que iban a ver consecuencias, ¿por qué tanto alboroto por ello? –cuestionó Draco con indiferencia.

–Porque cuando intervino Hermione Granger, nuestros compañeros estuvieron a punto de golpearla también por meterse en asuntos de sangre –respondió Blaise con naturalidad, como si la intromisión de Granger fuera justificación suficiente para ser también golpeada.

Draco Malfoy tuvo que luchar por seguir manteniéndose indiferente, pensar que unos idiotas de su casa estuvieron a punto de ponerle un dedo encima a Hermione, un repentino enojo se apoderó de él. Volvió a mirar hacia la mesa de Gryffindor, Anthony ya no estaba y Hermione permanecía hablando con los Weasley, ignorando a Potter. Verla sólo hizo que su enojo creciera más.

–El caso es que llegó Anthony Goldstein, después McGonagall y el profesor Flitwick llegaron también –dijo Nott ya con un tono aburrido.– Se armó un escándalo pero créeme sin importar las medidas que tomen los profesores, impedirá que sigan los ataques.

Ahora Draco entendía porque la profesora McGonagall estaba tan empeñada en que los prefectos vigilarán a los alumnos. Pero aquello sería imposible, como líder de las serpientes y sangre pura no podía hacer nada para impedir que sus compañeros traten nuevamente de darle una lección al hufflepuff, mucho menos a Millicent. Y si Hermione nuevamente volvía a defenderlo, tampoco podría hacer mucho sin exponerse por completo. ¿Por qué por una vez en su vida no podía ser egoísta?

–Pronto las cosas se saldrán de control, tanto como si llega una guerra como si no –opinó Draco siguiendo con la conversación.

Las personas podían tomar decisiones equivocadas a causa de la tensión y el miedo, la incertidumbre de no recibir noticias reales de la comunidad mágica ponía aún más nerviosos a los estudiantes. Quizás no es el único que en cualquier momento le podría dar un ataque de ansiedad.

–Como sea, lo mejor que podemos hacer es mantenernos alejados de todo este asunto –respondió Blaise con actitud relajada.

El grupo de Draco tenía mayores cosas que hacer y de qué preocuparse, las riñas escolares no cabían en sus intereses tampoco. Además, sus padres desaprobarían cualquier acto hacia la situación, seguramente en cuanto la noticia de Millicent Bulstrode llegara a oídos de las familias de sangre pura, todos les darán la espalda hacia los Bulstrode. Sin cuestionar y sin rodeos.

En ese momento, un repentino llanto se escuchó en la mesa de slytherin. Millicent Bulstrode se levantaba de su lugar tapándose la boca con la mano como si así pudiera evitar los sollozos, con la poca dignidad que le quedaba salió del gran comedor. El rubio notó que apretaba con fuerza una carta.

Todo el gran comedor la vió irse rápidamente en llanto, pero nadie la siguió.

En ese momento, Draco y Hermione intercambiaron una mirada. Si no tenían cuidado, su situación podría convertirse como Millicent y Hopkins, y nadie movería un dedo por ellos tampoco.


Durante la mañana, era notorio el modo en que los profesores se esforzaban al máximo para seguir con las actividades escolares, trataban de motivarlos con ejercicios o con ganancia de puntos, incluso les recordaban lo pronto que serían los exámenes finales, pero nada parecía tener efecto en los alumnos. Todos tenían el presentimiento de que habría otro ataque, aunque nadie quería especular que uno de los posibles ataques podría ocurrir en Hogwarts.

Hermione Granger se sentía más nerviosa que nunca, de alguna manera los días anteriores que pasó la mayor parte del tiempo con Draco la habían hecho sentirse segura, ahora que la rutina escolar regresaba se sentía con miedo. Era incluso una especie de deja vu, como en segundo año cuando surgieron los ataques del basilisco, todo el mundo iba por los pasillos con nerviosismo y casi nadie andaba solo; esa situación parecía repetirse, aunque preferiría mil veces tener cuidado del basilisco.

Además, por primera vez desde que entró a Hogwarts, Hermione no sentía tan importante poner atención en clases. Participaba como siempre, pero no tomaba apuntes completos porque se distraía constantemente, su mirada estaba la mayor parte del tiempo sobre su escritorio o mirando hacia la ventana.

–Hermione, ¿estás bien? –le susurró Ron en la tercera clase.

La castaña tardó un momento en percatarse que le estaba hablando, lo miró un poco confundida pero al ver el semblante preocupante de su mejor amigo, esbozo una ligera sonrisa.

–Si, no es nada… –respondió y fingió normalidad por unos minutos como si realmente todo estuviera bien.

Pero nada lo estaba. Tener que volver a la rutina escolar hacia lucir todo más irreal, no había manera de que pudiera olvidar los últimos acontecimientos. Antes su vida diaria estaba entre los deberes, sus amigos y Draco Malfoy, ahora tendrá que ser entre idear un buen plan para entrar a una bóveda de Gringotts, vigilar los pasillos para evitar otra riña entre estudiantes, practicar hechizos con Draco que lo podrían ayudar a sobrevivir en su misión, esperar el siguiente llamado de Voldemort a sus seguidores para que tanto ella como Draco puedan partir a sus respectivas misiones… pero sobre todo, ahora tendrá que lidiar con la constante sensación de miedo.

El miedo era una horrible y molesta compañía, le recordaba constantemente lo inesperado que podría resultar la vida y lo frágil que también podría ser. Y lo odiaba, odiaba que el miedo pudiera tomar el control de su vida.

Hermione desvió nuevamente su vista hacia la ventana, tenía ese horrible presentimiento de que la poca paz que le quedaba se desvanecería en cualquier momento. Ella estaba en la orilla de un acantilado, sin darse cuenta que el suelo bajo sus pies se estaba quebrando.

Cuando menos lo espero, ya estaba caminando sola hacia su última clase del día, Hermione se dio cuenta que de vez en cuando algunos estudiantes la veían y hablaban de ella, no le dio demasiada importancia hasta que se topó con un grupo de quinto año de slytherin. Al principio hizo caso omiso pero mientras caminaba hacia su aula se percató que la seguían, durante un momento cuando daba vuelta por una esquina, notó que el grupo la miraba con malicia. ¿Qué pretendían?

Hermione se detuvo y volteo a encararlos, francamente no le asustaban en lo mínimo.

–¿Qué quieren? –pregunto Hermione con voz mandona.

Los de slytherin se detuvieron a unos metros de ella, el más alto de ellos fue quien tomó el papel de líder y camino unos pasos más hacia ella.

–Nos enteramos que defendiste al chico de Hufflepuff, al traidor… –comenzó a decir mirándola con desprecio.– Sé que no entiendes nada de nuestro mundo porque eres una sangre sucia pero si fueras tan inteligente como dicen, habrías pensado dos veces antes de meterte en asuntos ajenos.

–No me importa en absoluto las cuestiones de sangre –repuso Hermione sin dejarse intimidar.– Nada justifica que quisieran usar la violencia contra un compañero...

El grupo se rió con frialdad, eran cinco Slytherin contra ella, los otros cuatro avanzaron un poco más pero Hermione no se movió.

–Debería importarte, ¿o acaso crees que eres inmune por ser la mejor amiga de Potter? –se burló el líder del grupo.– Es la últim...

–Malcolm Baddock –se escucho una voz detrás de ellos.

El grupo de slytherin se hizo a un lado para que su líder Draco Malfoy pudiera pasar, mientras que Malcolm permanecía mirando con desprecio a Hermione.

–¿Qué crees que haces, Baddock? –pregunto Draco con autoridad sin mirar a Hermione, como si ella ni siquiera estuviera ahi.

–Advertiendole a la sangre sucia lo que podría pasar si sigue metiéndose en asuntos de sangre –contestó como si fuera algo cotidiano.

En ese momento, Hermione reaccionó al escucharla ser llamada sangre sucia nuevamente, la intervención de Draco la había desconcertado. Por la expresión del rubio, sabía que no toleraría la osadía de su compañero de amenazarla por lo que antes de que las cosas pudiesen salir de control y exponerse innecesariamente, Hermione decidió tomar el control.

–¡20 puntos menos para slytherin, por usar una palabra insultante! –intervino Hermione con voz mandona.

–¿Qué...?

–Puedo hacer lo que quiera por ser Premio Anual y favorita de McGonagall –interrumpió Hermione enojada y usando un tono de amenaza.– Así que, es la última vez que me hablas de esa manera, o puedo hacer el resto del año escolar realmente miserable...

Baddock estuvo a punto de decir algo pero un gesto de Draco lo callo. Esta vez, miró a Hermione con cierta frialdad, y ella le regresó la mirada con desafío.

–Yo me encargare de esto, ustedes váyanse –dijo Draco sin dejar de mirar a Hermione.

El grupo de slytherin sonrió con malicia, confiaban plenamente en que su líder haría las cosas correctas para callar a Hermione Granger. Todos sabían de la enemistad de años entre Draco Malfoy y el trio dorado, especialmente hacia Granger, por lo que era lógico que quisiera encargarse personalmente del asunto.

–Recuerden que ella es mi víctima –dijo Draco con énfasis y demasiado significado.

Sin cuestionarlo, el grupo de slytherin se fue no sin antes dedicarle miradas de desprecio a Hermione y comentando la manera en que Malfoy haría callar a la gryffindor. No obstante, Draco y Hermione no dejaban de mirarse a los ojos sin bajar la guardia, y no fue hasta que dejaron de escuchar las voces y los pasos de los slytherin que Hermione siguió su camino dandole la espalda a Draco.

–Granger… –la llamó Draco al tiempo que comenzaba a caminar tras ella.

Sabía que se dirigía al aula de Aritmancia, pues ambos tenían esa clase y fue la razón por la que vio al grupo de sus compañeros intentando amenazar a Hermione.

–¡Granger! –exclamó Draco enojado.

–No pienso disculparme –respondió Hermione sin detenerse, ella también estaba enojada.

–No esperaba que lo hicieras.

–Pero estás enojado

–No contigo –contesto inmediatamente Draco, haciendo que la castaña se detuviera de repente.

Hermione volteo a encararlo, cruzó los brazos mientras lo miraba como si estuviera esperando algo más. Draco la miró unos segundos y luego soltó un suspiro de derrota ante esa mirada.

–Si estoy enojado contigo –admitió y Hermione meneo la cabeza antes de seguir su camino.– Pero estoy más enojado con ellos, porque no puedo prohibirles que te hagan algo…

–No necesito que amenaces a nadie por mi, sé cuidarme perfectamente –dijo la castaña pero antes de dar vuelta por una esquina, Draco la sujeto del brazo para que se detuviera.

–¿Por qué no me dijiste que defendiste a Hopkins de un ataque de sangres puras? –cuestionó Draco tratando de reprimir el enojo, lo que menos quería ahora era pelearse con la castaña pero ella lo estaba haciendo muy difícil.– ¿Por qué no me dijiste nada?

El día anterior, habían pasado la mayor parte de la tarde juntos y en ningún momento Hermione hizo un comentario al respecto o trato de hacerlo.

–Porque no me pareció importante –respondió Hermione sin mucho convencimiento y sin mirarlo, estaban frente a frente pero lo evadía.

–¿No te pareció importante? –exclamó Draco con incredulidad.

–No, porque no pasó nada Draco –dijo la castaña mirándolo.– ¡No iba a dejar que lastimaran a un compañero! ¡No lo iba a permitir!

–Ahora es el objetivo de varios sangre pura, no quiero que estés involucrada en ello.

–¿Que no este involucrada en ello? No me importa lo que haya hecho o con quien, o si rompió reglas ancestrales –exclamó Hermione con enojo.– Ninguna razón es suficiente para que seis alumnos golpearan a un indefenso estudiante.

–Él sabía perfectamente las consecuencias de sus actos, no es ningún inocente –agregó Draco con frialdad, para él era bastante sencillo la situación ¿por qué ella se empeñaba en protegerlo como víctima?

–Y nosotros tampoco lo somos, Draco –contestó Hermione con crueldad.

El slytherin la miró desconcertado.

–¿En serio quieres hablar de ello ahora? ¿Que en lugar de Millicent y Hopkins, fuéramos nosotros? –preguntó Draco enojado.– ¿Quieres hablar de nuestras posibilidades?

Hermione lo miró enojada, no por él sino por todo lo demás. Ya había dejado de tener miedo a que su relación quedara descubierta porque junto al ataque de los nacidos muggles y la misión de Draco, no era nada. No obstante, el día anterior cuando Anthony le contó el por qué habían atacado al chico de hufflepuff le hicieron dar cuenta de lo peligroso que podía llegar a ser todo si su relación con Draco se diera a conocer. Y comenzaba a sentirse agotada, parecían que los problemas y las preocupaciones solo se acumulaban más y más sobre ellos. ¿Alguna día terminarían?

–No, no quiero hablar de eso –respondió Hermione dejando a un lado el enojo.– Mucho menos quiero pensar si nosotros estuviéramos en su lugar…

Draco la miró con detenimiento, podía notar que también ella se encontraba tensa y ansiosa por todo. La castaña puso una mano en su pecho haciendo que ese simple gesto fuera suficiente para relajarse.

–No quise mencionar lo que pasó porque… tienes cosas mucho más importantes por las cuales preocuparte –admitió Hermione después de unos momentos.– Lo que menos necesitas es preocuparte por algo que no paso a mayores.

El slytherin soltó un largo suspiro, no podía enojarse con ella.

–No hay nada más importante si se trata de ti –respondió Draco con franqueza mientras se acercaba un poco más.

Hermione sonrió levemente, las palabras de Draco la hacían sentir tan querida pero tampoco quería que él se enfocará solamente en ella. Sentía que no era justo.

–No puedo protegerte de esta situación, no sin exponerme –comenzó a decir Draco dejando a un lado el enojo.– Y ese no es el problema, porque lo haría sin dudarlo…

La castaña sintió un escalofríos ante esas palabras, por un momento recordó lo que había pasado en el Gran Comedor cuando los alumnos se mostraron en contra de slytherin y Draco se enfrentó a todos ellos a favor de su casa, sin ningún miedo. Esa vez fue respaldado por cientos de alumnos, ¿alguien haría lo mismo si él la protegiera?

–El problema es lo que te podría pasar a ti, por estar conmigo –dijo Draco mirándola a los ojos esperando que comprendiera.

–Si lo que buscas es que cambie de opinión sobre nosotros… pierdes tu tiempo –contestó Hermione con una sonrisa.

Draco sonrió también, estuvo a punto de besarla pero recordó que estaban en un pasillo donde cualquiera podría pasar y verlos. Sus ojos grises brillaron mientras la tomaba de la mano, conducía a Hermione rápidamente por el pasillo hasta que llegaron a un aula vacia.

–Malfoy –exclamó Hermione sorprendida por la actitud del slytherin aunque igual sonreía con picardía.

–Granger –respondió Draco imitando el tono de la castaña, al tiempo que cerraba la puerta tras de él.

Sin perder el tiempo, Draco acortó la distancia y la besó sujetando su rostro con ambas manos. Hermione sonrió entre besos, nuevamente sentía esa seguridad que sólo Draco podía brindarle… y por unos momentos robados, ya no se sentía al borde del precipicio.

–Tenemos que ir a clase… –interrumpió Hermione intentando apartarse del slytherin.

–No… no tenemos –respondió Draco con voz ronca, mientras repartía pequeños besos por el cuello de la castaña.

–Draco, no podemos faltar –dijo más seria, dispuesta a no dar su brazo a torcer. Como Premio Anual, tenía que dar el ejemplo para no faltar a ninguna clase, además de que la ausencia de ambos podría crear sospechas.– Draco…

Con fingido mal humor, el rubio se separó de ella. Sabía también que no podían faltar a clase, aunque la idea resultará sumamente tentadora.

–Bueno, iremos a clase si esta noche dormimos juntos –dijo Draco como ultimátum.

–Trato hecho –contestó Hermione sabiendo que por otra noche más, ambos podrán sentirse a salvo.


Harry Potter y Ron Weasley caminaban hacia la sala de menesteres, habían quedado con Hermione de verse ahí para planear la entrada al banco mágico Gringotts y robar un horrocrux de la bóveda de los Lestrange, la clase de cosas ordinarias que harían jóvenes de su edad. Bill Weasley quien aún trabajaba en el banco, también los ayudaría. Sin embargo, esa noche no podría asistir a la reunión.

Mientras llegaban al punto de reunión, Harry mantuvo al tanto a Ron sobre su última visita a la oficina de Dumbledore y lo que había aprendido más acerca de Voldemort, así como de los horrocruxes. No obstante, Harry notó que su mejor amigo comenzaba a ponerse incomodo, saber sobrela verdadera razón de los crímenes de Voldemort no era nada fácil de digerir, por lo que decidió cambiarle el tema.

–Entonces, ¿tu y Hermione hicieron las pases? –preguntó Harry después de unos momentos de silencio.

–Si, lo que dijo mi mamá y Ginny me hicieron pensar las cosas –contestó Ron con honestidad.– Creo que tu también deberías hacer lo mismo…

–Créeme, lo he pensado –contestó Harry.– Pero no sé como hacerlo, siento que pedirle perdón no será sencillo y no arreglará todo…

–Al menos intentalo –dijo Ron una vez llegando frente al tapiz de Barnabas el Chiflado.

Harry no pudo responder porque justo en ese momento, del otro lado del pasillo, Hermione venía corriendo hacia ellos.

–Siento llegar tarde… –dijo la castaña mientras recuperaba el aliento.

–También nosotros acabamos de llegar –contestó Ron.

–¿Entramos? –preguntó Harry al tiempo que se ponía frente al tapiz.

Había pasado un largo tiempo en que ninguno de los tres había regresado a la Sala de Menesteres, Hermione observó como Harry pasaba tres veces por el tapiz. Una vez que se detuvo, una puerta de madera comenzaba aparecer en la pared. Pero antes de que Harry la abriera, compartió una mirada complice con Ron y miró a la castaña.

–Hermione, ¿puedo hablar contigo un momento? –preguntó Harry.

Ron sin decir nada, se adelantó y entró por la puerta de madera, cerrando tras de él. Mientras tanto, la castaña se sintió nerviosa por estar a solas con Harry, últimamente nada salía bien de esas platicas. Por otra parte, el gryffindor miró con atención a su amiga, pudo ver unas ligeras ojeras debajo de sus ojos y cierto nerviosismo aunque no sabía si era por hablar con él o por todo lo demás. Seguramente era de todo un poco, no la culpaba por sentirse nerviosa todo el tiempo.

–¿De qué quieres hablar? –preguntó Hermione después de unos instantes de silencio incomodo e interrumpiendo los pensamientos de Harry.

Ambas miradas se encontraron, uno indeciso y la otra a la defensiva.

–Sé que últimamente las cosas han estado difíciles últimamente, gran parte por mi culpa… –comenzó a decir Harry mirando a su mejor amiga a los ojos, necesitaba que viera la honestidad de sus palabras.– Y aún cuando no confió plenamente en Malfoy, esperaba que tu y yo pudiéramos estar bien

Hermione lo miraba con atención, escuchando cada palabra.

–No quiero volver a pelear contigo, no quiero que sigamos distantes –continuo diciendo Harry.– Eres mi mejor amiga…

Para este punto, Hermione no podía seguir escuchando más. Por supuesto que ella también quería que las cosas puedan solucionarse entre ellos, su amistad es una de las cosas más importantes en su vida, y habría estado dispuesta hacerlo, pero no era tan sencillo.

–¿Lo sigo siendo? –interrumpió la castaña, cuestionándolo con rudeza.

Harry la miró desconcertado.

–Sé lo que estás intentando hacer Harry, pero no puedo… –dijo al ver la expresión de confusión de su amigo.– Puedo perdonarte muchas cosas pero no el hecho de que propusieras que Draco matará a Nagini, sabiendo que podría morir en el intento.

–Pero él ya había tomado la decisión de hacerlo antes de que yo lo dijera –repuso Harry defendiéndose y escuchandose decirlo, su argumento sonaba pobre.

–¡Pero tampoco quita el hecho de que lo quieras muerto! –exclamó Hermione dolida.– Entiendo que puedas estar enojado, celoso o incluso sentirte traicionado, pero no puedo entender por qué desearle lo peor.

Harry recibía aquellas palabras como una bofetada, cuando lo propuso lo había dicho a causa del enojo que le había producido ver a Draco Malfoy dispuesto a unirse a la Orden del Fénix. No obstante, ¿su enojo podía justificarlo? A los ojos de Hermione no.

–¿Qué rayos te sucede? Tú no eres así, Harry –dijo Hermione con resentimiento.

Harry no supo que contestar, sabía que lo mejor sería disculparse pero tampoco encontraba las palabras. Se sentía demasiado confundido.

–Mira, podemos hacer una tregua mientras –concluyó Hermione sin darle la oportunidad a Harry de decir algo más.– Y será mejor que entremos a la Sala antes de que se haga más tarde.

Dio por terminada la platica y sin esperar respuesta, entró a la Sala de Menesteres.

Dumbledore una vez le dijo a Harry que sin importar su parecido con Voldemort, lo que determinará todo serán sus diferencias. Pero ahora, sentía que no había diferencia alguna y Hermione tenía razón, él no era esta clase de persona.


Anthony Goldstein se encontraba en la biblioteca buscando información para su ensayo de Pociones. No tenía muchas ganas de hacer el ensayo pero al ser Premio Anual deberá dar el ejemplo para los demás estudiantes, mientras las cosas vuelvan a su normalidad cuanto antes mejor. O al menos lo intentaría.

Durante toda la tarde evitó su sala común, encontrando como único refugio la biblioteca. El ambiente en su casa estaba de lo más tenso, lo cual lo hacia sentirse sofocado y al menos los libros lo distraerían de sus deberes como Premio Anual. En eso estaba, enfrascado en un libro y escribiendo sobre algunas propiedades de la poción crece-huesos, cuando alguien se sentó frente a él.

Al principio no se había dado cuenta, hasta que pronunciaron su nombre.

–Goldstein

Anthony levantó la mirada encontrándose con un Draco Malfoy bastante incomodo y con expresión de hastío.

–¿Qué es lo que quieres Malfoy? –preguntó Anthony con frialdad, sea la relación que tuviera con su amiga, no terminaba de caerle bien.– ¿Vienes amenazarme para que no diga nada a nadie?

Draco lo miró con frialdad.

–¿Es necesario que lo haga? –respondió con mirada amenazadora.

–Pierdes tu tiempo Malfoy, así que lárgate –contestó Anthony manteniéndole la mirada, no le tenía ningún miedo.

Durante todos los años que ha estado en Hogwarts Anthony había visto y conocía perfectamente la reputación de Malfoy, no por nada la casa de Slytherin le tenía respeto y muchos le temían. Sin embargo, a Anthony le resultaba indiferente, al ser también un sangre pura conocía perfectamente la clase de chicos como Malfoy quienes se sentían especiales por la pureza y apellido; sus padres lo habían mimado excesivamente y andaban con portes de arrogancia, obteniendo todo lo que querían. Hasta ahora Draco Malfoy no le ha demostrado mucho para que se ganará su respeto, aún después de ciertas cosas que le contó Hermione sobre él.

Malfoy soltó un suspiro al tiempo que miraba alrededor, había muy pocos alumnos en la biblioteca y nadie les estaba prestando atención. Volvió su mirada al ravenclaw, sin frialdad ni amenaza, simplemente lo miró y dijo:

–Gracias.

Anthony abrió los ojos con sorpresa. No tenía caso preguntarle por qué le agradecía, sabía perfectamente a lo que se refería. Nunca se imagino escucharlo decirle eso, con tanta honestidad. El día anterior, si no hubiera sido por él, Hermione hubiera terminado en la enfermería junto con el chico de Hufflepuff.

–Lo hago por ella –respondió el ravenclaw dejándole en claro su verdadero motivo.

Desde que él y Hermione habían sido nombrados Premios Anuales, se convirtieron en buenos amigos y ahora Anthony estaba dispuesto a proteger a Hermione bajo cualquier circunstancia.

–Lo sé –contestó Malfoy regresando a su expresión habitual, como si nada hubiera pasado.

Después de ello, el slytherin se levantó dispuesto a irse pero dudó, fijando su vista en el suelo. Anthony lo miró con curiosidad, esperando si decidida en decirle algo o no. Finalmente, alzó la vista para mirarlo.

–Va a necesitarte en los próximos días –dijo Malfoy con cierta tristeza. Parecía que confiaba plenamente en el ravenclaw.

Anthony se quedó nuevamente solo en la mesa de la biblioteca, incapaz ahora de seguir con su ensayo de pociones preguntándose a qué rayos se refería Draco Malfoy. Obviamente le estaba advirtiendo de algo que podría suceder pronto, pero ¿que sucederá?

El Premio Anual soltó un suspiró, las palabras de Malfoy lo dejaron con un muy mal presentimiento.


Durante los días siguientes, la situación comenzaba a convertirse insoportable. Hermione Granger sentía que ya no era dueña de si misma, todo su tiempo se dividía en clases, sus responsabilidades como Premio Anual, reuniones con Harry, Ron y Bill planeando lo mejor que podían sabiendo que el tiempo era poco; reuniones con Draco para practicar maleficios, hechizos protectores o de curación para cualquier situación que pudiera suceder, y finalmente pretender que todo estaba bien. Fingir era lo más agotador, mucho más que en los meses pasados, sonreír a los demás cuando por dentro todo parecía desmoronarse y luego mentir, a sus amigos, a sus compañeros, a sus profesores… solo hasta que llegaba a su lugar secreto con Draco después de la cena, podía respirar con normalidad y quitarse el disfraz que usaba el resto del día.

Draco la notaba estresada y nerviosa, pero no comentaba nada al respecto porque él tenía un aspecto mucho peor y ambos compartían las mismas razones. Para evitar cualquier sospecha, cada uno pasaba más tiempo con sus amigos y establecieron las noches en las que dormirían juntos. Era jueves y ese día dormirían en sus respectivas habitaciones, aunque nada de eso evitaba que se vieran unos minutos en su lugar secreto. Durante esos minutos robados, eran solamente Draco y Hermione muy diferente a cuando practicaban hechizos o duelos, ahi eran Granger y Malfoy.

–Hay momentos en los que siento que el tiempo pasa demasiado lento y tedioso –confesó Hermione recargada en el pecho de Draco, ambos estaban en el sillón frente a la chimenea.– Pero luego siento que pasa con demasiada prisa, por ejemplo en momentos como estos…

Draco se dedicaba acariciar los brazos de Hermione con cierta pereza, con familiaridad, mientras la escuchaba. Para él también era lo mejor de su día y los más cortos.

–Dime que no estoy enloqueciendo… –continuo Hermione dejando ver su desesperación.

–Yo tengo la extraña paranoia de que Voldemort sabe lo que planeo y por eso ha tardado tanto en llamarme para una reunión –contestó Draco con honestidad.– Sea lo que sea, nos esta pasando a los dos.

Hermione esbozó una media sonrisa en su rostro.

–La espera se esta volviendo en una pesadilla –dijo la castaña recargando su cabeza en el hombro de Draco al tiempo que cerraba los ojos.

El slytherin no contestó. Conforme los días pasaban, aún con la presencia de la castaña se sentía intranquilo, la espera lo estaba atormentando con pesadillas, apenas podía comer y dormir, y ni una señal de la próxima reunión ¿por qué esperaría tanto? ¿O acaso ya no confiaba en él para ser llamado nuevamente? Aquel pensamiento sólo lo hacia sentirse más nervioso, si Voldemort estuviera descontento su madre sería quien pagaría las consecuencias de ello.

–Draco, ¿qué ocurre? –preguntó Hermione preocupada, se había incorporado y lo miraba desconcertada.

El rubio reaccionó, interrumpiendo sus pensamientos, dándose cuenta que había apretado ambos puños con fuerza provocando que todo su cuerpo se tensara. Viendo la mirada preocupada de la castaña, se relajó poco a poco, últimamente le pasaba ese tipo de cosas.

–Estaba pensando en mi madre… –respondió Draco con honestidad, al tiempo que regresaba a sus caricias.

Hermione volvió a recargarse en el pecho de Draco, sabiendo que el estrés y la preocupación eran los culpables del repentino cambio en el rubio.

–Dumbledore se asegurará de enviarla a un lugar seguro –dijo Hermione con confianza.– Estoy segura que la protegera tal como prometió.

–Estoy más preocupado por sacarla de la Mansión Malfoy, no sé si estará sola o no –contestó el slytherin.– Pero más que nada, estoy preocupado porque le diré sobre lo nuestro…

La castaña nuevamente se incorporó sorprendida por lo que había dicho Draco. ¿Acaso pensaba decirle sobre su relación? ¿Y si no estaba de acuerdo? No creía que estaría dispuesto a decírselo, al menos no ahora con todo lo que está pasando.

–¿Hablas en serio? –preguntó Hermione mirándolo con sorpresa.

–Bueno, no puedo mentirle sobre por qué la Orden decidió brindarle seguridad y por qué estoy con ellos –respondió Draco.– Y definitivamente no puedo decirle que decidí unirme a la Orden sin mencionarte.

Hermione lo miraba incrédula, la sola idea de imaginarse a Draco Malfoy confesarle a Narcissa Malfoy, hermana de Bellatrix Lestrange, sobre su relación con una hija de muggles que por cierto es la misma persona con quien tuvo una enemistad de años… era imposible.

–¿Estas seguro? ¿Crees… que es lo correcto? –preguntó Hermione invadida por los nervios.

–No siento ninguna vergüenza por estar contigo y hace mucho que ya no siento miedo de mis sentimientos por ti ¿por qué no decírselo a mi madre? –respondió Draco con seguridad.

La castaña sintió algo cálido en su pecho ante las palabras de Draco. La firmeza con la que ahora hablaba de sus sentimientos la dejaban con un vuelco en el corazón, sabía que el slytherin no era cursi pero cuando tenía momentos de honestidad como aquellos, Hermione sentía con fuerza las esperanzas y el deseo de tener un futuro con él. Sin guerras, ni preocupaciones, ni permanecer escondidos a los ojos de los demás.

Esta vez la castaña volteo su cuerpo para abrazar a Draco. hundiendo su rostro en el cuello de él, al tiempo que él la envolvía con sus brazos.

–¿Y si no esta de acuerdo? –preguntó de pronto Hermione contra el cuello de Draco.

–No lo sé… –respondió el slytherin con honestidad, confiaba plenamente en que su madre lo entendería porque no era como su padre o como su hermana Bellatrix. Quería creer que lo escucharía y aceptaría sus razones.

Odiaría tener que quedarse sin ninguno de sus padres.

Hermione por otro lado, cerró los ojos disfrutando de la calidez del cuerpo de Draco, los latidos de su corazón y la respiración. La leve caricia en su espalda y su cabello… la castaña sintió un vuelco en el corazón al pensar en lo que les esperaría, en el destino tan inevitable.

Quería grabar lo más posible en su memoria de este momento, incluso no se atrevió a moverse por miedo a arruinarlo. Ni mucho menos quería irse de su lugar secreto y olvidar paulatinamente el cuerpo de Draco junto al suyo. Sin embargo, en cualquier momento tendrán que separarse e irse a sus respectivas salas comunes. Y era algo que los dos estaban evitando el mayor tiempo posible.

Durante los últimos días, Draco Malfoy y Hermione Granger se dieron cuenta que no podían dormir, no podían respirar, no podían ser… hasta que estuvieran recostados juntos, así de sencillo y elemental. Lejos de su lugar secreto, tenían que soportar y fingir como nunca antes lo habían hecho, logrando que su autocontrol fuera quebrándose cada vez más. Y sólo cuando estaban juntos de esa manera, cuando dormían juntos, podían permitirse bajar a guardia.

Podían fingir todo lo que quisieran, ser quienes quisieran ser… pero no podían esconderse su destino.


El momento llegó de forma inesperada al día siguiente.

Draco Malfoy ni siquiera había pensado en ello como en los últimos días, de hecho lo que ocupaba su mente, justo en el momento en que pasó, era la idea de pasar finalmente la noche al lado de Hermione. El día anterior nuevamente las pesadillas habían terminado con sus horas de sueños dejándolo de bastante mal humor y con un ligero dolor de cabeza durante el día. Y dormir con la castaña era su única posibilidad de recuperar las horas de sueño.

En todo eso estaba pensando cuando el momento llegó.

–Draco, ven acá un momento –pidió Severus Snape con voz autoritaria.

La clase de Defensa contra las Artes Oscuras había finalizado, la mayoría de los alumnos ya se habían ido del aula. Draco Malfoy le dedicó una mirada rápida a Hermione quien con un gesto se despidió. Ya todos se habían ido cuando Draco caminaba hacia el escritorio del profesor, su corazón latía con fuerza dentro de su pecho.

–Seré directo y breve –comenzó el profesor Snape con voz autoritaria.– Dentro de dos días el Señor Oscuro hará un llamado a sus más fieles seguidores, al parecer dará información sobre el siguiente paso…

Draco necesito unos momentos para captar el significado de esas palabras, lo que tanto ansiaba en los últimos días por fin ocurría y ahora comenzaba a arrepentirse de haberlo deseado tanto.

"Dentro de dos días…" repitió en su mente, cuatro palabras que declaraban su sentencia.

–No estoy seguro de la hora en que ocurrirá, por lo que mantente alerta –continuo el profesor ignorando lo que pasaba por la mente de su alumno.– Estate preparado…

–¿Sabe si mi madre estará ahí? –preguntó Draco sin pensarlo, siendo quizás demasiado evidente su nerviosismo por saber la respuesta.

Snape lo miró unos instantes, estudiándolo.

–No –contestó el profesor finalmente.– Tu eres el Malfoy que al Señor Tenebroso le es más útil…

Draco trató de mantenerse indiferente ante la respuesta, aunque por dentro se sentía realmente aliviado. Podrían rescatar a su madre sin sospechar, esperando claro que la Mansión Malfoy no hubiera ningún invitado indeseado.

El slytherin asintió con la cabeza y sin decir nada más, salió rápidamente del aula, sin perder ningún momento camino directo hacia el despacho del director. Mientras tanto, Severus Snape cerraba su puño con fuerza para quitarse el impulso de hablar de más. Había prometido no decirle nada sobre su papel dentro del bando de Voldemort, tenía la necesidad de advertirle ciertos peligros que podría evitar si quería sobrevivir. Pero no podía. Confiaría en él tal y como Dumbledore lo hacía.

Draco caminaba lo más rápido que podía sin parecer desesperado, aún las clases no terminaban pero no le importaban en lo absoluto. De lo único que era realmente consciente era de su respiración rápida y lo fuerte que su corazón latía dentro de su pecho. Después de la espera, sentía que ahora las cosas pasarían de forma vertiginosa y cuando menos lo esperaría, estaría con Hermione despidiéndose antes de partir a sus respectivas misiones.

Sintió un nudo en la garganta, no se sentía capaz de despedirse de ninguna manera, tenía que mantener la esperanza tal y como Hermione luchaba por tenerla. Aún tenían dos días más juntos…

Después de unos minutos, Draco se encontró frente a la gárgola y pronunció la contraseña. Subió las escaleras de dos en dos, deteniéndose de pronto frente a la puerta, no iba a irrumpir como un desesperado. Trató de recuperar la respiración y tocó la puerta dos veces.

–Pase… –se escuchó al otro lado la voz del director.

Draco entró, con grandes zancadas cruzó la habitación hasta el escritorio de Dumbledore. En otras ocasiones, siempre se dedicaba admirar los cuadros de los pasados directores, los artefactos que adornaban la habitación y a su ave fénix. Esta vez ignoró todo su alrededor y sin siquiera saludar propiamente, simplemente dijo:

–En dos días, será la nueva reunión –dijo mirando al director con cierta ansiedad.

Albus Dumbledore estaba escribiendo en un gran pergamino cuando Draco entró, al parecer era algo muy importante porque miró a su alumno con una expresión rara, como si no entendiera a qué se refería o quizás no compartía la misma importancia en la noticia como Draco.

–Buenos días, Draco –saludó el director con amabilidad.

El slytherin estuvo a punto de perder el poco autocontrol que tenía.

–La próxima reunión que convocara Voldemort, será dentro de dos días –repitió Draco siendo más especifico, haciendo total caso omiso al saludo.

–Comprendo –respondió el profesor con calma mientras se levantaba de su escritorio y cogía tres sobres que se encontraban en una estantería a su derecha, después le dio la espalda a Draco.– ¿Estás listo?

Draco miraba con expresión confundida al director, nunca lo había visto actuar de ese modo. Quizás él estaba demasiado ansioso con la situación y lo estaba malinterpretado.

–Estoy listo, sobre todo para ir por mi madre a la Mansión Malfoy lo más pronto posible –contestó Draco con firmeza, no quería que dudara sobre él.– Aunque aún no me ha dicho donde la enviará…

–Mientras menos personas sepan su paradero mejor, incluyéndote –respondió Dumbledore mientras regresaba su atención a su alumno.– Debes saber que la persona a quien solicité su seguridad ha aceptado con gusto.

No era suficiente para Draco pero confiaba en el director, decidiendo no insistir más.

–¿Será trasladada esta misma noche? –preguntó el slytherin esperando una respuesta satisfactoria, comenzaba a perder la paciencia por la falta de reacción del director. Lucía demasiado ausente.

Aún así, Draco no se iría del despacho hasta dejar en claro lo importante que es para él la seguridad de su madre antes de realizar cualquier cosa para la Orden del Fénix.

Dumbledore no contestó, rodeo su escritorio y se plantó frente a su alumno con seriedad.

–Esto es importante Draco –comenzó a decir Albus mirándolo a los ojos a través de sus gafas de media luna.– Necesito que me des tu palabra de que te asegurarás de aniquilar a la serpiente. Sorpresivamente, el rumbo de la guerra depende de esto… depende de ti.

–Lo sé… –contestó Draco sintiéndose contrariado por esas palabras, ¿significaba que aún no confiaba en él?

–Sé que lo sabes pero es necesario recordarte –respondió Dumbledore con tranquilidad.

–Lo voy hacer, aniquilaré a esa serpiente –dijo Draco serio, dispuesto a no demostrar ningún arrepentimiento. Ha tenido infinidad de oportunidades para cambiar de opinión y nunca lo pensó como una opción.

Dumbledore soltó un suspiró, como si hubiera estado conteniendo la respiración y luego sonrió con bondad. Regresando a su habitual comportamiento, después regresó a su escritorio luciendo más tranquilo.

–Mañana en la noche rescataremos a tu madre, te enviaré una lechuza con la hora acordada –dijo el Dumbledore mientras se sentaba en su silla detrás del escritorio.– Ya puedes retirarte.

Draco por un momento se quedó desconcertado, no entendía por qué el director actuaba de ese modo como si todo el asunto fuera algo ordinario sin importancia.

–¿Eso es todo? –preguntó Draco.

–No hay nada que podamos hacer hasta mañana en la noche –respondió Dumbledore dedicándole una mirada rápida.– Y te he enseñado lo necesario para tu misión, has sido un excelente alumno.

El slytherin estuvo a punto de reclamarle que al menos podría fingir que todo este asunto le importaba un poco pero calló, porque por primera vez desde que entró a la oficina, lo observó. Había estado tan ansioso por compartir la noticia y por saber sobre la seguridad de su madre, que realmente no había mirado a Albus Dumbledore hasta este momento. Las facciones del viejo director lucían cansadas y enfermizas, ¿habrá pasado algo?

–Hasta luego entonces –respondió Draco ausente.

Dumbledore esbozo una ligera sonrisa, algo incluso forzada, al tiempo que regresaba su atención al pergamino que con anterioridad había estado escribiendo. Con un leve movimiento de la mano derecha, la manga de su túnica se movió y Draco pudo ver con sorpresa pequeñas manchas negras, como si la piel se le estuviera muriendo. Incapaz de preguntar o decir algo más, salió del despacho.

Mientras caminaba por los pasillos, Draco recordaba que en la junta con la Orden del Fénix Dumbledore había mencionado sobre un horrocrux en especifico. Un anillo.

"Ha sido el más difícil de destruir, llevaba consigo una maldición…"

Draco necesito pensar un poco sobre lo que sabía acerca de maldiciones oscuras cuando finalmente entendió, haber sido alumno de Bellatrix Lestrange tenía sus ventajas en cuanto al vasto conocimiento en magia oscura, Albus Dumbledore estaba muriendo. Y al parecer nadie sabía de esto.

El slytherin se detuvo. El aspecto de las manchas negras en el brazo del director era una muy mala señal, no le quedaba mucho tiempo. No podía considerar a Albus Dumbledore como alguien cercano a él, pero aún así no pudo evitar sentir un nudo en la garganta, había confiado plenamente en su palabra aún a pesar de su pasado y el de su familia. Por otra parte, si el director moría, todas las esperanzas se vendrían abajo por el simple hecho de que no habría nadie capaz de superar a Voldemort. Por eso Dumbledore quería estar completamente seguro que él se asegurara de matar a la serpiente, porque esta completamente consciente que toda la fortaleza de la Orden podría morir con él a menos que no hubiera algo que les diera seguridad, esperanzas…

Soltó un suspiro antes de continuar su camino. No tenía espacio para pensar en otras cosas que no sea rescatar a su madre y cumplir con su misión, no había mayor prioridad que eso. Por lo que permitiéndose ser egoísta, Draco Malfoy se dispuso a buscar a Hermione para contarle la noticia.


Ginny Weasley se encontraba en la sala común de Gryffindor terminando algunos deberes, había preferido trabajar ahí que en la biblioteca. Se sentía más cómoda con la calidez que le brindaba la sala común, además de que podía hablar con sus amigos como quería sin tener que ser regañada por ser demasiado ruidosa.

Y si algo hacia enojar mucho a Ginny era que la callaran. Por eso esa tarde había decidido estar en su sala común, aunque más de una vez se vio contagiada por el ambiente tenso que se vivía entre sus compañeros. El miedo que provocó el ataque a las familias de nacidos muggles había sido el protagonista en la torre de Gryffindor durante los últimos días, no obstante ahora estaba siendo reemplazado por inseguridad, estrés, nervios, lo que provocaba también una gran división entre los alumnos del castillo. Siendo más notorio cuando salió a la luz la relación de la slytherin Millicent Bulstrode y el hufflepuff Hopkins Wayne, la pelirroja no recordaba tal confrontación entre los alumnos desde el torneo de los tres magos.

De pronto, algo interrumpió los pensamientos de Ginny. Vio a Hermione entrar a la sala común con rapidez, su amiga vivía con un alto estrés últimamente, apenas la veía... Pero eso no fue lo que de pronto impulso a la pelirroja a seguir a su mejor amiga.

Algo no estaba bien.

Hermione Granger lucia tremendamente pálida, parecía estar conteniéndose mientras atravesaba la sala con rapidez, ignorando saludos. Sin pensarlo, Ginny se levanto de su lugar y se dispuso a ir tras Hermione. Cuando llego al pie de las escaleras, la castaña ya había corrido a su habitación. Mientras subía las escaleras de dos en dos, Ginny tuvo un terrible presentimiento, sea lo que le pasara a la castaña no era nada bueno y creía saber perfectamente de que se trataba.

Una vez llegando a la puerta de la habitación de Hermione, la pelirroja miro a su alrededor esperando que no hubiera nadie y toco dos veces. No hubo respuesta.

–Hermione... Abre por favor –pidió Ginny en la puerta. –Déjame ayudarte.

Silencio. Como si nadie estuviera siquiera en su habitación.

Ginny se recargo en la puerta esperando a que la castaña le abriera o al menos diera señales de que la había escuchado... Algo más que el terrible silencio como respuesta. Mientras esperaba un nudo en la garganta le crecía.

–Hermione –llamó Ginny por la puerta.– No tienes porque enfrentar todo sola, sé que eres fuerte… eres la más fuerte de todos nosotros, pero eso no quiere decir que tengas que pasar esto sola…

De pronto la puerta se abrió. Ginny se hizo para atrás asustada y miró a su mejor amiga. Tenía los ojos llenos de lagrimas junto con una expresión de tristeza, se hizo a un lado para que la pelirroja pasara y camino directo a su cama.

–¿Qué ocurrió? –preguntó Ginny mientras cerraba la puerta tras de ella, pocas veces había visto a Hermione tan afectada.

La castaña la miró, parecía estar luchando para mantenerse. Mientras la pelirroja esperaba una respuesta, se sentó al lado de su mejor amiga.

–Supongo que estás al corriente sobre Draco y su decisión de unirse a la Orden –contestó Hermione después de unos momentos.

–Si, Ron y Harry me contaron… –respondió Ginny con cautela.

–¿Y sobre la misión de Draco? –preguntó la castaña luchando para que su voz no se rompiese.

Ginny trago saliva, su presentimiento al parecer estaba en lo correcto.

–Si, también lo sé… –respondió Ginny con profundo pesar.

Hermione sentía que colgaba del precipicio y nadie la iba a salvar, nadie iba aparecer de pronto para salvarla de la caída. Había estado ignorando por días el verdadero temor que le producía que llegará el día en que Draco tuviera que cumplir su misión. No se había permitido siquiera pensar en cómo se sentiría cuando llegara el momento.

–¿Y sabes que lo amo? –preguntó Hermione, haciendo que la voz se le cortara.

Ginny miró a su amiga con tristeza, mientras veía como las lagrimas comenzaban a caer. No sabía cuan grandes eran los sentimientos de Hermione hacia Draco Malfoy, hasta ahora.

–No, no lo sabía –contestó con honestidad la pelirroja.

–Pues lo amo –confesó la castaña con seguridad, con cariño.– Y hace un rato me dijo que en dos días Voldemort convocará una reunión, en dos días arriesgará su vida…

Nuevamente la voz de Hermione se había cortado, por lo que espero unos momentos para controlarse.

–Y lo primero que pensé fue: ojalá nunca hubiera tenido la curiosidad por conocerlo, ojalá nunca nos hubiésemos enamorado –continuó Hermione con voz entrecortada, manteniendo los puños fuertemente cerrados sobre sus piernas.– Porque tengo tanto miedo de perderlo, que no puedo evitar preguntarme si estaría más a salvo si nuestra relación nunca hubiese existido.

Para este momento, la castaña comenzó a sollozar incapaz de seguir aguantando el sentimiento que la cubría por completo. Agacho la cabeza mientras lagrimas caían sobre sus manos y todo su cuerpo temblaba a causa de su llanto.

–No puedo perderlo, Ginny… no puedo –sollozó la castaña con profunda tristeza.– Si me dieran la oportunidad de viajar al tiempo, lo haría para impedir todo esto, para mantenerlo con vida…

–¿Y luego qué? ¿Impedirte a ti misma los meses de felicidad que han tenido? –interrumpió Ginny tratando de no llorar también contagiada por la tristeza de su amiga.– ¿Quitarle a Malfoy la oportunidad de cambiar su destino?

Hermione levantó la mirada para enfrentarla con sorpresa.

–Entiendo que tienes miedo pero estoy segura de que realmente no te arrepientes de nada –continuo Ginny sin dejar de mirar a su mejor amiga.– Lo que tu y Malfoy tienen es algo que muchas personas pasan toda su vida tratando de encontrar… un amor como el de ustedes, ¿es algo que estás dispuesta a perder, por miedo?

La castaña miraba a Ginny incapaz de saber como contestar.

–Y creo que estas equivocada, tu amor es lo que ha salvado a Malfoy todo este tiempo y él es consciente de ello –termino Ginny con total honestidad, sentía un nudo en la garganta al ver a su amiga tan destrozada pero no iba a permitir que se derrumbará de esa manera. No ahora.

Hermione cerró los ojos mientras sollozaba. No podía impedirlo, quizás necesitaba compartir y sacar ese miedo que por días la había invadido.

–No pierdas las esperanzas Hermione, sé que es difícil pero no lo hagas… –dijo Ginny al tiempo que abrazaba a su amiga mientras ella se recargaba en su hombro llorando.

–¿En verdad crees que Draco lo logrará? –preguntó la castaña después de unos momentos.

–Dumbledore confía en que lo hará o de lo contrario no habría aceptado –respondió Ginny con franqueza.

No era la respuesta que la castaña esperaba. Nada de esto era como ella esperaba… el miedo seguía ahí, latente en todo su cuerpo y en su mente, sabiendo perfectamente su punto más débil. Ya había tenido su momento para sacarlo, para permitir que la controlara pero Hermione estaba dispuesta a enterrarlo una vez saliendo de su habitación.

El miedo era inevitable pero la cobardía era una opción, una opción que Hermione no estaba dispuesta a considerar.

Durante un buen rato, lo único que se escuchaba eran los sollozos de la castaña mientras Ginny esperaba pacientemente a que su mejor amiga pudiera calmarse. No podía imaginar lo que debería estar sintiendo Hermione en estos momentos, no existían palabras de apoyo que la hicieran sentir mejor ni mucho menos algo que pudiera hacer para evitarle más sufrimiento durante los días siguientes. Lo único que Ginny podía hacer era permanecer a su lado, ser su fuerza cuando la castaña no pudiera soportarlo más y distraerla.

Poco a poco, Hermione se liberaba de todo lo que había oprimido hasta que dejó de sollozar.

–Hermione, ¿puedo preguntarte algo? –pregunto de pronto Ginny después de unos minutos de silencio.

La castaña asintió con la cabeza, ya no lloraba pero aun sentía el nudo en la garganta y los ojos humedecidos.

–¿Por qué Malfoy? –pregunto directamente, aunque se dio cuenta que quizás había sido demasiado ruda.– Quiero decir, antes de atreverte a conocerlo, tenias todas las razones para alejarte de él... Digamos que siempre se empeñaba en demostrar su peor lado

Hermione sonrió, se incorporó para ver a su amiga quien la veía con cierta pena como si temiera que pudiera tomar mal la pregunta. Sin embargo, la castaña sabia que lo preguntaba por mera curiosidad.

–¿Qué fue lo que me impulso a conocerlo? –pregunto Hermione por ella.

Ginny asintió, a decir verdad no podía imaginarse como Hermione y Malfoy pudieron siquiera empezar hablar. Aún a veces no podía creerlo.

–Si, ¿qué hizo que cambiaras de opinión respecto a él? –dijo Ginny

Hermione no contesto enseguida. Hace unos meses no hubiera podido encontrar las palabras para explicarlo, ni siquiera ella había comprendido del todo el por qué. Románticamente, había pensado que su amor era tan misterioso e intenso a la vez que no necesitaba más explicación. Ambos se habían encontrado, reconociendose como iguales y aceptando su destino de estar juntos. Era una muy bonita forma de pensarlo, ridícula de alguna manera, pero bonita. No obstante, Hermione ahora sabía perfectamente por qué Draco le había interesado tanto que eventualmente hizo que se enamorara de él.

–Lo primero que noté fue que actuaba de dos maneras diferentes, quien aparentaba ser y quien era en realidad. Después me di cuenta que hay algo bueno en él… –comenzó a decir Hermione intentando darse a explicar, al tiempo que a su mejor amiga.– También es valiente, no la clase de valentía que nosotros estamos acostumbrados, sino más bien aquella que arriesga todo por las personas que realmente le importan.

Ginny se sorprendía con cada palabra que decía Hermione, llegando a comprender mejor su relación con Malfoy.

–Conforme lo conocía más me daba cuenta que yo también tenía prejuicios acerca de él, lo que a menudo nos hacía discutir, pero me hacían entender que no éramos tan diferentes después de todo –continuo Hermione recordando las primeras semanas del curso.– Cada uno actuaba por las mismas razones a través de diferentes métodos, consecuencia de nuestra procedencia o educación.

–No era tan malo después de todo –contestó Ginny esbozando una sonrisa.

–Sólo lo es con quien cree que se lo merece –respondió Hermione igual con una sonrisa.

Nunca había tenido la oportunidad de hablar sobre Malfoy de ese modo, siempre se lo había callado sabiendo que nadie podía comprenderla demasiado empeñados en verlo como un arrogante sangre pura.

–Él cree que toma decisiones haciendo sus sentimientos a un lado, cuando son esos mismos sentimientos que lo impulsan a tratar de hacer lo correcto… lo cual lo hace muy humano… –continuo Hermione esperando que con ello fuera suficiente para su mejor amiga.

La pelirroja permaneció unos momentos de silencio, pensando en las palabras de la castaña. Ahora entendía mejor cuando su mejor amiga había insistido en que Malfoy no tuvo ninguna alternativa cuando se convirtió en mortifago, había sido por su familia aún sabiendo lo mal que estaba, lo hizo. Y por esa misma razón aún hacia quien sabe cuantas cosas para Voldemort, por su única familia que le quedaba: su madre.

–Quien podía imaginar que Draco Malfoy cambiaría nuestra definición de bondad, valentía, lealtad… –dijo Ginny después de un rato.

–No tienes ni idea… –contestó Hermione sonriendo.

Sentía que aún faltaba tanto por conocer de Draco que la idea de que tendría años para hacerlo, la hizo sentir un poco mejor.


Cuando menos lo esperaba, Draco Malfoy caminaba hacia el despacho del director, era cerca de medianoche por lo que no había ni un alma en los pasillos del colegio. Le hubiera gustado que Hermione lo acompañase, pero él mismo había insistido que lo esperara en su lugar secreto con la promesa de regresar. Afortunadamente Draco sentía que el plan de rescatar a su madre de la Mansión Malfoy, se efectuaría sin ningún problema, aunque tendría que ser muy cauteloso por si había visitas en la Mansión. No podían desaprovechar su única oportunidad para mantener a salvo a Narcissa Malfoy.

Después de varios minutos, llegó al despacho del director. En el lugar ya estaban el escuadrón quien acompañaria a Draco a la Mansión Malfoy, los únicos que reconoció fueron a los gemelos Weasley, Ojoloco Moody, Nymphadora Tonks y su antiguo profesor, Remus Lupin. En total formaban diez personas.

Después de un incomodo saludo, Ojoloco les recordó el plan que habían establecido: rodear la Mansión Malfoy en parejas esperando la señal del slytherin, el objetivo era sacar lo más rápido posible a Narcissa Malfoy, antes de que alguien decidiera visitarla y fuesen descubiertos.

–Aquí está el traslador, aproximadamente tienen cinco minutos así que todos listos –dijo el profesor Dumbledore una vez que todos estaban de acuerdo con el plan, poniendo en su escritorio una tetera de porcelana.

Draco Malfoy miró a las personas que lo acompañaban, sabía que ellos estaban cumpliendo un trabajo más para Dumbledore pero también tenía el presentimiento que habían aceptado por buena voluntad. No cualquiera aceptaría arriesgarse por la madre de un mortifago, e internamente, Draco estaba agradecido con cada uno de ellos.

Esperando a que llegara la hora, cada uno se colocó una túnica negra como color ideal para no ser vistos en la oscuridad de la noche.

–¿Todos listos? –preguntó Dumbledore detrás de su escritorio.– Buena suerte… A la cuenta de tres.

Draco levantó la mirada encontrandose con la mirada de Tonks, quien le guiño el ojo brindándole seguridad.

–Uno, dos, tres…

Después de la sensación vertiginosa que causaba la aparición, aterrizaron en un camino de grava, no había ninguna luz más que la luna por lo que tardaron en acostumbrarse a la penumbra antes de comenzar andar.

La imponente Mansión de los Malfoy se alzaba ante ellos, a pesar de su descuido, aún tenía la grandeza y elegancia que siempre ha demostrado desde hace siglos. Mientras se acercaban más, Draco Malfoy sintió una terrible nostalgia, extrañando los años en los que su hogar estaba completamente iluminada y era el lugar selecto para grandes fiestas, llenando ese mismo camino donde andaban con invitados vestidos de forma elegante. Ninguno de los que se encontraba detrás de él había ido a la casa de los Malfoy alguna vez, habían escuchado rumores pero nada más. Draco se le infló el pecho de orgullo mientras sonreía arrogantemente.

–¿Hermione será dueña de esto? –susurro Fred a su gemelo.

Draco se sintió incomodo ante la idea que ellos ya pensaban que se casarían algún día, creyó que se ruborizaba.

–Sin duda salió más inteligente que todos nosotros –le respondió George.

–Luego discuten la vida personal de Granger –los regaño Ojoloco Moody al tiempo que todos se detenían.– ¿Qué sigue Malfoy?

–Cubrir el área, entrare primero para revisar si esta mi tía o cualquier otro mortifago, chispas azules es todo tranquilo y podrán entrar, chispas rojas hay peligro –dijo Draco recordandoles los códigos acordados.

–Vamos, separense como lo planeamos –ordenó Ojoloco.

Los 10 que lo acompañaban se separaron en parejas alrededor de la Mansión, permaneciendo escondidos y alertas ante cualquier señal. Draco se encamino directo hacia la Mansión, imaginando como le dirá ahora a su madre que se unió a la Orden del Fénix y tendrá que irse con él si quiere sobrevivir para después él irse a una misión suicida. Eso y añadirle su relación con una hija de muggles.

Narcissa Malfoy no era fanática las ideas medievales de la familia Black con las que fue educada, nunca creyó que los sangre pura era la raza superior pero tampoco estaba de parte de los hijos de muggles, es más, evitaba estar en contacto con ellos. No obstante, sabía de la enorme diferencia entre la indiferencia que podía llegar a sentir por los nacidos muggles al odio. Una brecha delgada, y que se mantenía al limite. Para Narcissa era muy sencillo: todos son seres humanos pero de preferencia mientras más alejados de ella mejor.

Por esa razón, Draco no tenía tanto miedo de la reacción de su madre, si tuviera que decirle a Lucius Malfoy seria una historia totalmente diferente.

Draco dedicó una mirada hacia los terrenos que rodeaban la mansión asegurandose que todos se encontraran en su posición. Entonces, abrió la puerta sigilosamente. La oscuridad le dio la bienvenida a su casa, cerró con calma y se encamino a una sala de estar del lado este. Su madre pasaba la mayor parte del tiempo ahí y después de la muerte de Lucius, prácticamente vivía ahí.

Mientras caminaba, agudizo el oído tratando de escuchar voces de más personas o miraba alrededor para encontrar alguna señal de que su madre no se encontraba sola. Sin embargo, todo era silencio, no iba a negar que el estado emocional de Narcissa se vio muy afectada desde que asesinaron a su esposo -prueba para Draco que si amaba a su papá-, y como si la mansión y ella estuvieran conectadas, ambos han ido decayendo con el paso de los meses. Todo esto lo sabe Draco por mera observación, su madre nunca le ha dado contado con honestidad sobre su estado. De hecho, ninguno de los dos han hablado abiertamente de la muerte de Lucius Malfoy desde el día del entierro.

Por fin Draco había llegado a la sala de estar, la puerta se encontraba entreabierta por lo que la luz de las llamas de la chimenea se colaban por el pasillo. Se acercó y se asomó, vio a su madre con la mirada fija en el fuego, con un álbum de fotografías en el regazo y una mano en su pecho. Si no fuera por el movimiento de su cuerpo al respirar, juraría que sería una estatua. Agarrando valor, Draco abrió completamente la puerta y Narcissa reaccionó.

–¡Draco! ¿Qué estas haciendo aquí? –exclamó sorprendida levantandose haciendo que el álbum se cayera al suelo.

–Madre… –saludó Draco acortando la distancia para darle un rápido abrazo.

–¿Pasa algo? Deberías estar en el colegio –contestó Narcissa sin poder aún creer que su hijo se encontrara ahí.

–Será mejor que te sientes –respondió Draco con un tono más serio.

Narcissa obedeció a su hijo mientras éste acercaba una silla frente a ella. No tenía ni idea por donde empezar, la vio a los ojos pero no pudo soportarlo sabiendo que sólo había dos posibilidades: le daría la espalda o se uniría a él. Sin embargo, todo rastro de duda desapareció cuando bajo la mirada y observó mejor el álbum que aún se encontraba en el suelo, nunca lo había visto. Al caerse, una fotografía se había zafado y Draco se estiró para alcanzarla.

En la fotografía, estaban sus padres juntos cuando eran jóvenes, eran apenas unos años mayores que Draco. Suponía que era antes de que su padre se uniera oficialmente a Voldemort y antes de la primera guerra. Sus facciones eran jóvenes y despreocupadas. Sintió algo parecido a nostalgia y se conmovió por la fotografía. En ella, Lucius Malfoy sonreía al frente, mientras su madre siendo más baja de estatura que él apoyaba su frente en la barbilla, con los ojos cerrados… simplemente disfrutando la cercanía de su pareja mientras sonreía, después Lucius la abrazaba por completo para darle un beso en la frente. Draco se sintió por un momento identificado, podría casi palpar el amor juvenil entre sus padres y estaba seguro que si les tomarán una foto a él y Hermione, tendrían esa misma sonrisa de amor.

–Nunca había visto esa foto… –fue lo único que pudo decir Draco después de unos momentos.

Narcissa echó un vistazo rápido y una sonrisa nostálgica se le escapó del rostro. Por un momento, ya no se veía tan abatida.

–Fue tomada un tiempo antes de casarnos –fue lo único que respondió.

De pronto Draco se dio cuenta de lo poco que conocía el pasado de sus padres.

–¿Lo extrañas? –preguntó sin pensarlo.

Inmediatamente vio la reacción en el semblante de su madre, fue como si todos los muros que construyó de su fortaleza se hubiera caído como si fueran de hojas, sus ojos se llenaron de lágrimas y por primera vez, vio a Narcissa frágil e indefensa.

–En cada momento –admitió logrando que no se le cortase la voz, no iba a llorar frente a su hijo.

Draco se estiró para recoger el resto del álbum, hojeando rápidamente las fotos. Estaba seguro que ese álbum en su vida lo había visto, y al parecer, era el que tenía las mejores fotos familiares. Eran muy diferentes a las serias que había visto, en éstas en verdad parecían una familia completa.

–Sé que las cosas han estado difíciles después de la muerte de mi padre, no sólo por la manera en que lo traicionaron, sino porque yo me quedé al frente de esta familia –comenzó a decir Draco, apartando la vista del álbum para enfrentar a su madre. Ver las fotografías hizo que tuviera el valor para decirle el motivo de su llegada.– Estoy seguro que para este punto mi padre estaría buscando una alternativa para mantenernos a salvo de la guerra… pero ahora es mi deber, por lo que tomé la decisión más viable.

–Tu padre me dijo lo mismo, la última vez que lo vi. Él creía que obedeciendo al pie de la letra las ordenes del Señor Oscuro, saldríamos ganando –respondió Narcissa sabiendo que Draco no se refería exactamente a eso.

El rubio cerró los puños alrededor del álbum que aún estaba en sus manos. Sentía tanto coraje por lo sucedido con su padre.

–Le he pedido ayuda a Albus Dumbledore. Decidí unirme a la Orden del Fénix y ser espía, a cambio pedí por tu seguridad –soltó Draco con seguridad, mirando a su madre a los ojos.– Yo… tengo miedo que un día despierte y te hagan lo mismo que a mi padre, por eso recibirás la seguridad de la Orden y serás llevada a una casa segura

Narcissa Malfoy lo miraba inexpresiva, escuchando atentamente lo que decía su único hijo.

–Hemos hecho daño a muchas de las personas de esa Orden, ¿sólo así aceptaron? –preguntó Narcissa comenzando a pensar en lo peor.

Draco dudó en decirle, no quería agregarle más preocupaciones y estrés… no quería que ella también formará parte de su misión pero sabía que no había manera de evadir la respuesta.

–Tengo que cumplir una misión, de alguna manera la serpiente que está con Voldemort es literal parte de la vida de él, así que tengo que matarla –respondió lo necesario.

Narcissa cerró los ojos de pronto sintiendose débil, podría quedarse ahora sin su único hijo ¿y para qué? ¿por qué se arriesgaba?

–¿Eso no es trabajo de Potter? –preguntó con coraje, mirando a Draco con ansiosa.

–Soy el único que puede hacerlo, esa cosa siempre está pegada a Voldemort y cambia de cuartel constantemente. Al menos que seas parte de su circulo no hay otra manera de llegar a él.

–No es justo, se están vengando por todo…

–Madre, yo lo decidí. Nadie me impuso esa misión.

Narcissa se levantó, dandole la espalda a su hijo, su cuerpo temblaba ligeramente así como su respiración se hacía pesada. La determinación con que decía todo Draco la dejó abrumada. En los últimos meses ha notado un cambio en él y puede ser bueno para él, sin embargo, eso de sacrificarse es algo que nunca se hubiese imaginado de él.

–¿Por qué? ¿Por qué estas haciendo esto? –preguntó Narcissa volviendo a mirar a Draco.

–¡Porque no vamos a llegar a nada al lado de ese psicópata! No quiero tener un futuro donde me involucren con él, quiero que me involucren por algo que me hará sentir orgulloso de mi mismo –exclamó Draco, levantándose también.– He tomado malas decisiones en mi vida por influencia de mi padre y por primera vez siento que estoy haciendo lo correcto…

–¡Yo nunca culpe a Lucius por todo esto! Él siempre vio lo mejor para ti y tu futuro, así que no te atrevas a echarle la culpa –gritó Narcissa enfrentandose a Draco.

Draco suspiró mientras se llevaba las manos al rostro, de pronto se sintió demasiado cansado.

–Nunca lo culpe tampoco, además… siempre he creído tengo la culpa de que lo hubieran matado –confesó el rubio sin más, sintiéndose terriblemente triste de momento.– Se supone que reemplazaría su lugar e hice todo lo que Voldemort me pedía con la frecuente amenaza de hacerles daño a ustedes si no lo cumplía. ¡Hice todo…! Pero no fue suficiente, fracasé, no fui el mejor… y mi padre pago las consecuencias…

A veces esa idea lo atormentaba, quizás si no hubiera estado ocupado con lo que sentía por Hermione, igual Lucius aún seguiría vivo.

–No, Draco… ni se te ocurra pensar algo así –exclamó su madre quien cruzó la habitación para estar frente a su hijo, sujeto ambos hombros de él.– Tú no tienes la culpa de nada, eso era algo que ya temíamos desde que tu padre fue a parar a Azkaban… era su sentencia de muerte y ambos lo sabíamos. No tuviste nada que ver en esto.

–¿Entonces por qué siento que lo es? –repuso Draco mirandola con dolor.

Narcissa abrazó a su hijo, nunca pensó que él se sintiera culpable por la muerte de su padre, pensar en lo difícil que fue para él todo este tiempo.

–No quiero que vuelvas a pensar eso, no eres culpable de nada Draco y si por eso estás haciendo toda esta locura… no lo hagas.

–Sé que es una locura pero no es por eso que lo hago, hay otros motivos –respondió Draco.

–¿Otros motivos? –preguntó Narcissa sin entender a que se refería.

–Si, la razón por la que decidí unirme a la Orden… –contestó Draco pero de pronto recordó que tenían que salir lo más rápido de ahí. Cada minuto que tardaban era crucial para ellos.– Prometo que te contaré, pero debemos irnos ahora.

Narcissa Malfoy había pensado muchas veces en ir al colegio a pedirle ayuda a Albus Dumbledore, pero su orgullo no la dejaba simplemente ir a correr como damisela en peligro. Por ello confiaba en la decisión de Draco, porque haría exactamente lo mismo que él con tal de protegerlo. Pero sabía que no era solamente por ella quien hacía eso, una madre conoce tan bien a su hijo y a veces más que él mismo. Cuando Draco se separó de ella y le dio la espalda caminando hacia la puerta no pudo reprimir más esa idea.

–Draco, la amas ¿no es así? –preguntó de pronto su madre detrás de él, le sorprendió la seguridad en sus palabras. Más que preguntaba sonaba a una afirmación.

–¿De quién hablas? –preguntó Draco tratando de esconder su sorpresa.

–A la hija de muggles, Granger… –contestó Narcissa con determinación y sin rodeos.

Draco se asombró de ello, no había visto a su madre últimamente y sorprendentemente ya lo sabía, ¿acaso sus sentimientos por ella se volvieron tan notorios? Porque entonces no puede entender de que otra forma su madre lo ha sabido. Y como si Narcissa leyera sus pensamientos, sonrió con un dejo de nostalgia.

–Créeme, me di cuenta mucho antes de que tú lo admitieras –respondió la rubia dejando más confundido a su hijo.

Narcissa siempre creyó que su hijo rompería con lo que tanto Lucius Malfoy se empeñaba en enseñarle, recuerda cómo a pesar de los múltiples regaños, él terminaba haciendo lo que quisiera y saliendose con la suya, de esa manera desafiando las reglas y todo lo que le impidiera ser feliz a su manera. La primera vez que vio a Granger fue de lejos en el callejón Diagon, cuando Draco de once años soltó un comentario acerca de la niña: "Nunca había visto que alguien llevará más libros que su propio peso, debe ser muy inteligente". En ese entonces, Narcissa dirigió su mirada hacia la niña que veía Draco y enseguida se dio cuenta de su origen, ella enseguida alejó a su hijo de ella para evitar más comentarios pero no le pasó por desapercibido el brillo en los ojos grises de su hijo y se sorprendió de ello. Tiempo después, durante las múltiples cartas que le mandaba Draco, se dio cuenta que siempre la mencionaba aunque estaba llena de insultos y por más veces que decía cuanto la odiaba, parecía que con eso también quería convencerse a si mismo de ello. Narcissa se daba cuenta de cómo le interesaba esa sangre sucia a Draco y al principio le recordó a su hijo el lugar donde pertenecen ellos, pero sabía que en algún momento eso ya no sería suficiente para Draco. Sabía que cuando él se volvería lo suficientemente mayor para no dejarse influenciar por nadie ni siquiera sus padres, esas ideas de sangre le dejarían de importar y aceptaría el tanto "odio" que sintió por la srita. Granger.

Por si eso no fuera suficiente, los últimos meses lo delataron demasiado, aunque no dio ninguna pista de que fuera especialmente Granger, Narcissa lo sospechaba. Pero se lo guardó para si misma, Lucius nunca supo nada de eso.

–Pero…

–La amas, ¿si o no? –volvió a insistir.

Draco miró fijamente a su madre tratando de leer su expresión pero lucia indiferente, no estaba seguro si estaba de acuerdo o no con la relación y tampoco sabía como reaccionará con la respuesta.

–Si, la amo... –respondió Draco con sinceridad y en voz alta.

Narcissa lo miró, la manera en que sus ojos cambiaron con esa respuesta, como si admitiendolo en voz alta fuera de los mejores alivios. Imagino lo difícil que está resultando todo para ellos por las circunstancias al mismo tiempo que entendió que ese futuro del que habló su hijo tenía que ver con la hija de muggles. Quizás Hermione Granger si era la indicada para su hijo Draco.

–Entonces eso es suficiente para mi –contestó Narcissa, ya después tendrían tiempo para platicar.

Draco sonrió aliviado, él también sabía que la charla aún no terminaba pero por ahora todo parece bien. Madre e hijo salieron de la habitación dirigiendose hacia la entrada principal. El rubio le contó que por su seguridad no sabe a donde la trasladarán pero confiaba plenamente en Dumbledore, le dijo sobre algunos miembros de la Orden que están alrededor de la casa en espera de él y antes de irse, Narcissa ya tenía un equipaje preparado en caso de emergencias. Draco salió y lanzó las chispas azules de su varita, miró nuevamente dentro de su casa prometiendo restaurarla cuando todo terminase, mientras se reunían todos, acomodó la fotografía que había visto con anterioridad debajo de su capa. Moría por regresar al castillo al lado de Hermione, a contarle todo.


Hola,
no los llenaré de excusas, mi vida muggle estudiantil es la culpable de todo.
Muchas gracias por sus comentarios, por sus favoritos y por esperar pacientemente, en verdad estoy muy agradecida porque continuan apoyando mi historia. También gracias aquellos que leen desde la oscuridad.

Preparen sus kleenex para los proximos capitulos :)

Besos!