Un repentino frío hizo que se moviera incomoda entre sueños.

De pronto sintió un extraño frío en su espalda. Con cierta pereza y somnolencia, Hermione Granger giró sobre si misma, y sin abrir los ojos, alargó su mano como un acto reflejo consecuencia de su nuevo hábito de dormir con él. Se removió nuevamente incomoda, buscándolo con su mano para sólo darse cuenta que junto a ella estaba vacío y frío.

Estaba sola.

Hermione abrió los ojos asustada comprobando que a su lado no había nadie.

–Draco… –murmuró acordándose del motivo por el cual estaba sola.

Draco Malfoy como parte del trato que hizo con Albus Dumbledore, fue junto con varios miembros de la Orden del Fénix a la Mansión Malfoy a rescatar a su madre Narcissa Malfoy. En teoría era una misión rápida y sin ningún peligro, pero las horas pasaron y cuando menos se dio cuenta, la castaña se había quedado dormida.

Ahora al darse cuenta que aún Draco no regresaba hizo que sintiera un nudo en la garganta. Rápidamente se incorporó, volteo a mirar a su alrededor y su mirada se encontró con un par de ojos grises que la miraban desde un sofá junto a la chimenea.

–Draco –volvió a decir Hermione, esta vez sorprendida.

Sin embargo Draco no respondió ni dio alguna muestra de haberla escuchado siquiera. Simplemente la miraba de forma intensa, como si el hecho de moverse interrumpiera algo importante. No tenía idea desde hace cuanto tiempo había regresado, pero en cuanto entró a su habitación secreta y vio a Hermione durmiendo, simplemente decidió observarla; se sintió hipnotizado por la manera en que sus rizos se dispersaban alrededor de su cabeza, la calma en su expresión, la respiración lenta y tranquila, los labios semi abiertos como una invitación para él.

No quiso despertarla, no cuando las próximas horas se avecinaba lo peor para los dos. Quería brindarle esa sensación de paz, aunque sea en sus sueños, el mayor tiempo posible.

–¿Cuánto tiempo llevas ahí sentado? –preguntó Hermione mientras se despabilaba, ajena a los pensamientos de Draco.

–Llegue hace un rato –contestó Draco con calma.

La calma del rubio hizo que Hermione se desconcertará, era como si aquello fuera una simple charla en la madrugada.

–¿Por qué no me despertaste? –preguntó la castaña mientras se incorporaba.– Estaba esperándote pero me venció el sueño…

–Te ves hermosa durmiendo… –interrumpió Draco con cierta nostalgia.

Hermione se ruborizo ligeramente al tiempo que le sonreía, Draco le regresó la sonrisa pero esa pequeña felicidad no llegó a sus ojos. Hermione enseguida borró su sonrisa, ¿las cosas no habrán salido como esperaba? Sin pensarlo, se levantó y camino hacia él para acortar la distancia, Draco la siguió con la mirada expectativo, cuando llegó a su lado se sentó en las piernas del slytherin.

La castaña llevó sus manos al rostro del slytherin y acarició sus sienes con lentitud, para después trazar un camino en su cabello y de regreso hasta sus mejillas. Era una acaricia simple pero el efecto fue inmediato, Draco sintió como su cuerpo se relajaba, no tenía idea de cuan tenso estaba.

–¿Qué ocurrió? –preguntó Hermione mirándolo con preocupación.

Draco soltó un largo suspiró, se sentía mejor y con tranquilidad con un brazo abrazo las piernas de la castaña para tenerla más cerca de él.

–Logramos sacar a mi madre de la Mansión Malfoy sin ningún problema –contestó Draco con un tono de voz que la castaña no pudo identificar.– Ya ha sido transferida a un lugar seguro, Dumbledore no quiso decirme donde pero confió en que estaba a salvo…

Hermione no entendía porque entonces el slytherin lucía tan ausente, entonces recordó que antes de irse le había hablado sobre decirle a Narcissa Malfoy acerca de su relación. ¿Y si le había dado la espalda? ¿Y si estaba a punto de romper con ella porque su madre no la aceptaba? Hermione había visto en pocas ocasiones a Narcissa, esos encuentros no son especialmente buenos recuerdos pero siempre la recordaba como una mujer de carácter fuerte, con porte aristocrático y la misma expresión de orgullo y egocentrismo que Draco. Y a pesar de eso, era notable el cariño que le tenía a su hijo, ¿en verdad su ideología y prejuicios fueron más grandes que el amor a su hijo?

–También ya sabe de lo nuestro –dijo Draco como si hubiera escuchado los temores de la castaña.– Y no se sorprendió en absoluto, ya lo sabía…

Hermione no pudo esconder la expresión de total sorpresa. Draco sonrió, ni él aún podía creerlo y al parecer era un secreto que su madre no pensaba decirle.

–¿Cómo…? –fue lo único que pudo pronunciar Hermione aún sorprendida por la noticia.

–No lo sé, quizás fui demasiado obvio en todos estos años. ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos? –respondió Draco con cierta nostalgia en su voz.– Fue en el callejón Diagon, llevabas tantos libros… durante todo el día le hable a mi madre de cómo alguien podía leer tanto.

–¿Y decías que no fue amor a primera vista? –se burló Hermione con cariño recordando también.

Draco la miró con complicidad, ambos rieron.

–En fin, ella ya lo sabía y no sé si lo ha aceptado por completo pero por ahora le parece bien –continuo Draco al tiempo que con una mano comenzaba a trazar pequeños círculos en la espalda de la castaña.

–¿Así nada más?

El slytherin esbozó una sonrisa.

–Me pregunto si te amaba y le dije que si –respondió Draco mirando la expresión de la castaña.– La verdad es que no le di otra alternativa…

Hermione sonrió. No hace mucho Draco le temía a sus sentimientos por ella y ahora lo declaraba con total seguridad. Le dio un rápido beso en los labios.

–¿Me dirás entonces porque estas tan extraño? –preguntó Hermione finalmente, aún no entendía entonces por qué tenía una expresión como ausente.

Draco no respondió enseguida, en realidad ni siquiera sabía bien por qué se sentía así pero tenía que ver con la fotografía de su bolsillo. Volviendo su expresión seria, sacó la fotografía que había tomado y se lo enseño a Hermione. Le contó cómo había obtenido esa fotografía, omitiendo la parte en que su madre y él discutieron sobre la culpabilidad de Draco hacia la muerte de su padre.

Hermione a un principio no reconoció a los jóvenes de la fotografía, era una faceta totalmente diferente a lo que ella había visto, lucían tan despreocupados… y enamorados.

–Se ven muy jóvenes y felices –comentó Hermione después de un momento.

–Lo sé, nunca antes había visto esta fotografía –respondió Draco volviendo a mirar.– Siempre creí que su matrimonio había sido un simple arreglo y al final supieron quererse, por eso nunca los vi comportarse de esa manera…

–Ahora sabes que la relación entre tus padres fue real

–Como nosotros…

Hermione volvió a sus caricias para calmarlo un poco, no podía dejar de sentirse preocupada.

–Si, como nosotros –repitió Hermione al tiempo que le daba un beso en el pómulo a Draco.

Entonces Draco Malfoy perdió el poco autocontrol que aún lo mantenía inexpresivo. La misión de rescatar a su madre sólo era un preámbulo para lo que le esperaba en unas horas, saber que ella ahora estaba a salvo no le daba ningún consuelo para la preocupación y ansiedad que lo devoraban. Ya no podía seguir ocultándolo. Pensar que sólo en cuestión de horas se enfrentaría a Voldemort lo estaban volviendo loco, no dejaba de imaginar en las cientos de maneras en que la situación podría salir mal.

Alzó su rostro para mirar directamente a Hermione quien le regreso la mirada esperando a que dijera algo, mientras él rodeaba ahora su cintura y con la otra mano agarro su mejilla.

–Desde que entendí que te quiero, no hubo marcha atrás. De ninguna manera busco ser el héroe, sólo quiero una vida para nosotros –comenzó a decir Draco con voz ronca, sus ojos grises lucían tan claros en ese momento.– Hace rato que te vi durmiendo, pude confirmar que te quiero en todas mis noches y en todas mis mañanas… y si en unas horas voy a morir…

Hermione negó con la cabeza al tiempo que parecía decir algo, pero sólo un sollozo salió de su boca. Sin poder evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas pero lucho para que ninguna saliera.

–Escúchame –pidió Draco sintiendo que le faltaba el aire, no era su intención que sonara como despedida.– Si voy a morir, quiero que sepas que me voy feliz porque supe lo que es quererte, conocerte, comprenderte… hice cosas que nunca creí que tendría el valor de hacer, gracias a ti…

Hermione cerró los ojos ante la declaración de Draco, sentía que su expresión se descomponía por las ganas de llorar pero lo aguantó. Se había prometido a si misma a no llorar frente a Draco, no quería hacer todo más difícil de lo que ya era y, por Merlin, él no la ayudaba. Sus palabras sonaban a una despedida, esta podía ser la última vez que estarían juntos…

–Pero me iré feliz porque me amaste… –finalizó Draco sintiendo que le faltaba el aire.

Hermione se abalanzó sobre él en un abrazo. Draco le respondió con fuerza, escondiendo su rostro en el hombro de ella. Sintió un ligero temblor en el cuerpo de la castaña y supo que estaba llorando, quizás sus palabras no habían sido lo más sensato pero necesitaba decirlas, necesitaba que supiera todo antes de que cualquier cosa pudiera pasar.

Ver las fotos de sus padres habían provocado gran consciencia en Draco, pudo notar lo mucho que su madre extrañaba a Lucius Malfoy y era algo que no quisiera experimentar, ni mucho menos deseaba que Hermione sintiera eso.

–No te atrevas… –interrumpió Hermione sus pensamientos, con voz quebrada por el llanto.– No te atrevas a dejarme de esta manera, nunca te lo perdonaré…

Se separó de él para mirarlo a los ojos y que viera lo serio de sus palabras, en cambio el rubio la miró con ternura mientras le limpiaba las lagrimas con los pulgares.

–No me gusta que llores –murmuró Draco.

–Entonces no me hagas llorar… –contestó Hermione fingiendo estar enojada, poco a poco trataba de recuperar la compostura.

Draco sonrió y acortó la distancia para besarla. Enseguida el tiempo dejó de transcurrir en medio del beso, olvidando completamente todo lo malo y siendo solamente Hermione y Draco.

Siempre ocurría lo mismo, estando los dos en su habitación secreta el miedo desaparecia. Sabían que los problemas estaban ahí dentro de ellos y aún así no permitían que salieran, no cuando estaban juntos. Quizás era una forma de huir de todo, no obstante, sólo en esos momentos robados podían saborear lo que sería su oportunidad una vez terminado todo.

Por un momento se separaron, oportunidad que aprovechó Hermione para darle besos cortos en los labios, mejillas y barbilla a Draco mientras susurraba "te quiero" entre besos. El slytherin se dejó querer para luego volver a besarla con el frenesí que sentía. Cuando volvieron a separarse, apoyó su frente en el hombro de ella y por primera vez en los últimos días, sintió algo parecido a paz.

–Draco… –murmuró Hermione mientras pasaba su mano por el cabello rubio de él.

–Mmm…

–Vamos a dormir…

De pronto, con una sonrisa maliciosa en su rostro, Draco pasó su brazo debajo de las piernas de Hermione y con el otro por su espalda, levantándose con ella en brazos. La castaña soltó un grito de sorpresa al tiempo que rodeaba el cuello de Draco con sus brazos, ambos rieron.

–No sé tu pero te puedo imaginar vestida de blanco en mis brazos –dijo Draco de manera arrogante. No era la primera vez que hablaban de la idea del matrimonio.

Hermione se ruborizo pero igual lo miro imitando su expresión.

–Ni creas que así me vas a convencer algún día –contestó con arrogancia.

–Bueno, soy rico, extremadamente guapo, sangre pura, inteligente… y lo mejor que te haya pasado en tu vida –mencionó Draco.

La castaña hizo un gesto como si fuera a vomitar, logrando que Draco riera. Camino con ella hacia el sillón, que últimamente era transformado en cama, y deposito a la castaña con cuidado.

–Cuando me ruegues que te escoja será muy tarde –dijo Draco ofendido aunque una media sonrisa lo delataba.

–Lo recordaré –contestó Hermione indiferente para después reír.

Draco se acostó junto a la castaña, quedando frente a frente y ninguno de los dos apartaba la mirada. Era como si se reconocieran, al mismo tiempo que aprendian un poco más del otro. Hermione recordó las palabras de Draco de hace unos momentos y sintiendo nuevamente ese miedo que no la abandonaba desde hace días, enseguida acortó la distancia entre ellos. Se acurrucó junto al rubio escondiendo su rostro en el hueco de su cuello. El slytherin la recibió abrazandola.

La castaña puso ambas manos en el pecho de él, sintiendo sus latidos desbocados bajo sus palmas. Sin pensarlo, se estiró y le dio besos cortos en el cuello para luego separarse lo suficientemente de él y darle un beso más en su la barbilla.

–Todo estará bien… –susurró Hermione después de un largo rato, sus palabras sonaban más como un consuelo para ella misma.

Draco, quien no se había dado cuenta de lo agotado que estaba hasta ese momento, escuchó la voz de Hermione muy lejana incluso pensó que ya soñaba. "Todo estará bien…" volvió a escuchar antes de sumirse por completo en la oscuridad.


Una nueva mañana llegó al castillo de Hogwarts. Por primera vez en días se podía respirar un ambiente más tranquilo en el Gran Comedor, aún faltaba para que volviera a su habitual ajetreo pero era un gran avance. Parecía que finalmente los alumnos del colegio recobraban el animo para seguir sus estudios con normalidad. Incluso el clima contribuía con el nuevo ambiente, ya que era un día perfectamente soleado.

No obstante, en la mesa de Gryffindor se vivía un ambiente tenso entre un grupo de estudiantes. Ginny Weasley observaba a Harry, Ron y Hermione sin poder saber que decir o que hacer para hacerlos sentir mejor. Los tres lucían ligeramente pálidos por los nervios y la preocupación, en unas horas se embarcarían en una misión para recuperar otro horrocrux del banco mágico de Londres, no iba hacer una tarea fácil y por lo que le contó Hermione, la mayor parte de su plan consistía en improvisación.

Ginny miró a la mesa de slytherin viendo a un Draco Malfoy con un mismo aspecto pálido y nervioso que sus amigos. Entendía los nervios de Harry y Ron pero no se comparaban en nada con lo que Malfoy haría… su tarea no sólo era la más peligrosa, sino que sus posibilidades de salir con vida eran realmente muy bajas. Regreso su mirada hacia la castaña, quien justo estiró su mano para agarrar la jarra de agua y notó que temblaba ligeramente. Hermione soltó un suspiro y cerró el puño con fuerza. Nunca antes la había visto tan frágil.

La pelirroja aún recordaba claramente la manera en que su mejor amiga había llorado en su hombro por miedo a lo que le pudiera pasar a Malfoy. No quería imaginar lo que pasaría si algo en verdad malo le pasara al slytherin, aún no era de su total agrado pero, por el bien de Hermione deseaba que Malfoy regresara sano y salvo.

–Hermione, tienes que comer algo… –dijo Ginny esperando que le hiciera caso.– Necesitas toda la energía suficiente.

La castaña alzó su mirada para verla, era tan notorio su lucha por mantenerse lo más indiferente posible.

–No tengo hambre, no hay manera que pueda comer algo –respondió derrotada.

Ron quien tampoco había tocado mucho su desayuno, le ofreció a la castaña un plato con frutas.

–Hazlo, Hermione –le pidió sin mucho tacto como su hermana.

La castaña soltó un gran suspiró y agarró una manzana, comenzando a darle pequeños mordiscos. Ginny no insistió, al menos era algo. En minutos los cuatro tendrían que ir a clases, al parecer ninguno tenía las mínimas ganas de asistir.

–¿A qué hora se irán? –preguntó la pelirroja para romper un poco el silencio tenso.

–Depende de Malfoy… –respondió Harry en voz baja y sin ganas de decir algo más.

Ginny asintió con la cabeza, en cuanto Malfoy supiera la hora del llamado también será la oportunidad para sus amigos. No sabía que era peor, ignorar la hora exacta haciendo que la espera resultara una tortura o saber la hora exacta y ver como el momento se acercaba más sin poder evitarlo. Como sea, parecía que estuvieran esperando una sentencia y no había forma de poder ayudarlos, más que acompañarlos en su espera.


Blaise Zabinni miraba sin ninguna discreción a su viejo amigo. Aquella mañana había despertado sintiéndose extraño, tenía un presentimiento que lo tenía intranquilo e incluso un poco paranoico. Cuando se sentó en la mesa de slytherin para desayunar, supo que su presentimiento tenía que ver con Draco Malfoy, era tan notorio que algo le estaba ocurriendo que preguntarle sólo sería estupido. Todos sus años de educación le habían enseñado a nunca mostrar sus preocupaciones ante los demás, nadie tenía por qué enterarse o serías un blanco fácil para tus enemigos, por ello cuando vio el semblante de Malfoy entendió que algo realmente malo le estaba ocurriendo. Sólo dos veces lo había visto así, cuando fueron presentados ante Lord Voldemort y después de su regreso al funeral de su padre Lucius Malfoy.

Lo correcto sería ignorarlo, darle su espacio y esperar a que volviera a ser el mismo de siempre. Eso ahorraría preocupaciones absurdas y tiempo, sin embargo por alguna razón no podía simplemente ignorarlo. Por ello ahí estaba, sentado frente a Draco Malfoy mirándolo como un psicopata mientras se decidía en preguntarle algo o callar.

Por otra parte, Blaise no podía quitarse de la cabeza lo que Nott les contó a él y a Pansy hace unos días, sobre que Voldemort le encomendará a Draco la misión más importante de todas: asesinar a Albus Dumbledore. Era una locura pensar en la posibilidad de ello, no obstante, al ver la expresión de su amigo parecía tener sentido. ¿Y si en realidad tenía que llevar a cabo esa misión? Igual podría ayudarlo… Draco Malfoy y él han sido amigos desde su infancia, cuando eran niños fantaseaban en estar en la casa de Slytherin y llevar sus apellidos a la gloria; buscaban convertirse en magos poderosos para ser recordados, imaginaban aventuras peligrosas que los haría conseguir tener sus nombres en libros de historias o mínimo sus propios cromos en las ranas de chocolate. Sentían que podían conseguir todo, ya tenían dinero, un apellido digno y la pureza de sangre, nada sonaba imposible para ellos.

Eran unos ingenuos.

–Blaise, si sigues mirándome de esa manera comenzare a creer que estas enamorado de mi –interrumpió de pronto Draco sus recuerdos.

Blaise lo miró por un momento desconcertado para después desviar su mirada sintiéndose como un imbécil. Estaba consciente que mientras su mente divagaba, no había dejado de mirarlo. Después de unos momentos, sabiendo que igual podría arrepentirse después, el slytherin decidió no quedarse callado.

–Malfoy… nos conocemos desde hace muchos años, para nosotros había dos caminos: amigos o enemigos, me alegro que sea lo primero porque sabemos demasiado uno del otro–comenzó a decir sin rodeos, con seriedad e incluso un poco de frialdad, pero aquello fue suficiente para que Draco lo viera con cierta sorpresa.– Y por esa misma razón te diré lo siguiente…

Blaise miró a su alrededor asegurándose que nadie escuchara lo que estaba a punto de decir, apoyo ambos codos en la mesa para acercarse más. Malfoy no decía nada, su mirada gris miraba a su amigo con precaución.

–Ya no somos unos niños que hacían todo para complacer las expectativas de nuestros padres, sabemos perfectamente las consecuencias que conllevan nuestros actos… –dijo Blaise sin apartar la mirada de Malfoy y en voz lo suficientemente baja para que escuchara.– Y también sabemos que hay ordenes, por muy difíciles que puedan ser, que no podemos ignorar.

–¿A qué quieres llegar? –preguntó Draco interrumpiendolo, no entendía a que iba todo ese discurso.

–Estoy contigo –respondió rápidamente.– Si quieres mi ayuda, la tienes…

–¿A cambio de qué?

–De nada –contestó con frialdad al tiempo que se enderezaba quitando sus brazos de la mesa.– Si la situación fuera al contrario, sé que podría contar contigo.

Draco Malfoy lo miró con cierta reserva, sin embargo por dentro se sentía desconcertado. Sabía perfectamente que no había segundas intenciones en las palabras de su amigo, tal como él había dicho sabían demasiado uno del otro y aquello no era ninguna broma. Hermione estaba rodeado de sus amigos quienes sabían o trataban de entender lo que ella sentía en esos momentos, pero Draco estaba solo e incluso ahora que Blaise parecía apoyarlo ante cualquier situación, no sería prudente contarle todo. No era por falta de confianza, simplemente hay cosas que era mejor guardarse.

–No puedo contártelo –respondió Draco después de unos momentos.

–Lo sé, no estoy pidiendo que lo hagas –dijo Blaise con tranquilidad, al tiempo que se servía jugo de calabaza.

Draco miró a Zabinni sin entender mucho y sin saber que responderle. Aunque también sabía que las palabras sobraban, a diferencia de las otras casas que se llenaban de palabras cursis para demostrar amistad, los de slytherin están más acostumbrados a responder en base en acciones. Y eso era algo que ambos amigos han aprendido de la mala manera a lo largo de su vida, no siempre la persona que te llena de palabras bonitas es realmente alguien leal.

–Quizás pronto pueda contarte –dijo Draco de pronto mientras le daba una mordida de mala gana a una manzana, como si no fuera nada importante.

–Te escucharé…

Draco esbozo una media sonrisa. En unas horas se expondrá ante los mortifagos como un traidor y esa noticia se dispersara con gran rapidez entre todos los demás miembros y sus familias, no podría culpar a Blaise Zabinni por darle la espalda o por no querer escuchar sus razones. Sinceramente, ¿quién lo haría?

Hasta ahora la idea de ser señalado como traidor no le importaba en absoluto, pero por primera vez encontraba una razón para sentirse mal por ello. Si sobrevivía, perdería a su amigo de la infancia.


Draco Malfoy caminaba lo más rápido que sus piernas le permitían, no quería correr y verse como un desesperado, pero por lo desbocado de los latidos de su corazón parecía que estaba corriendo un maratón.

El momento había llegado.

Severus Snape irrumpió en su segunda clase, cuando fue llamado por el jefe de su casa, Draco lo supo automáticamente. De toda la plática sólo podía recordar: "el Señor Oscuro convocará una reunión a las 4… En cuanto sientas el llamado podrás aparecerte en el lugar…" . Sabía que inmediatamente tenía que informarle al director Albus Dumbledore sobre la hora, no obstante después de que Snape se había ido, Draco permaneció unos momentos en el pasillo sin poder moverse. Docena de dudas se instalaron en su mente en ese momento, ¿hasta que punto estará dispuesto a sacrificarse?

Sin regresar a su clase, Draco fue a la oficina de Dumbledore a contarle la nueva información. Vio cómo el director mandaba diversos patronus y lechuzas como mensajeros a miembros de la Orden del Fénix. Su punto de reunión no sería en el despacho del director, sino en una de las torres de astronomía, donde podían aparecerse sin ningún problema. Tanto para ambas misiones, era inservible utilizar un traslador.

Después de salir de la oficina del director, Draco camino deprisa hacia el aula de Encantamientos, donde sabía que Hermione tenía clase. Ahora que ya había una hora fija, sentía que todo se movía con rapidez ni siquiera tenía el lujo de sentirse nervioso o con miedo, era más bien como si la adrenalina comenzara acumularse en todo su cuerpo. Su corazón y su respiración eran agitadas, no podía controlarlo. Mientras caminaba por los pasillos, miraba a los demás alumnos caminando con tranquilidad esperando su próxima clase o simplemente paseando, lo cual por un momento lo dejaron pensativo.

Ninguna de esas personas tenía ni idea de lo que haría en unas horas o a donde irían Hermione y sus amigos, nadie siquiera sospechaba lo que harían respecto a la guerra. ¿Cómo podían aparentar tanta tranquilidad? ¿Por qué arriesgar sus vidas cuando nadie lo agradecía o siquiera notaba? Si tenían éxito nadie levantara monumentos en su honor, es más, quedaría en la memoria de un puñado de personas como una pequeña ayuda para ganar la guerra y si no tenían éxito, ganarían lastima por querer intentarlo.

¿Eso significaba ser un héroe? ¿Realmente valía la pena? Draco siguió caminando, no tenía dudas respecto a su decisión pero no pudo evitar preguntarse si después de este día en qué se convertiría.

De pronto se dio cuenta que había llegado a su destino. Faltaban cinco minutos para que terminara la clase, por lo que se quedo afuera caminando de un lado a otro. Pensaba en una excusa para poder acercarse y llevársela lejos de todas las personas, pero no podía pensar en algo creíble y sinceramente, en ese momento no le parecía importante ser precavido.

Estaba a punto de entrar al aula pensando que ya había esperado lo suficiente, cuando la puerta se abrió y comenzaron a salir varios alumnos. Se quedo algo apartado evitando a gryffindors y hufflepuffs, ignorando las miradas curiosas de algunos. Finalmente, Hermione salió acompañada de Harry Potter y Ron Weasley, al principio ella no reparo en su presencia pero fue Potter quien lo vio y le dio un codazo a la castaña para señalar a Draco.

Draco no pudo evitar sentir un vuelco cuando ella lo miró. Lucía algo pálida con un semblante nervioso, aún así sus ojos brillaron cuando su mirada se poso en él. Con un movimiento de cabeza, el slytherin le indicó que lo siguiera, por lo que comenzó a caminar del lado contrario de donde iban los demás estudiantes. Estaba seguro que cerca de ahí, podría haber un aula desierta.

En ningún momento se detuvo o miró hacia atrás, sabía que Hermione lo seguía, podía reconocer el sonido de su caminar detrás de él. Finalmente, sin mucha ceremonia abrió la puerta de un aula y entró, volteando hasta que escuchó la puerta cerrarse.

–¿Qué ocurre? –preguntó nerviosa Hermione.

Cuando estuvieron frente a frente, Draco la miró a los ojos con la respiración agitada a causa de la caminata y sus propios nervios. Sin responderle, acortó la distancia para abrazarla. Al principio Hermione no le correspondió demasiado tensa por la situación, pero después de unos instantes lo rodeo con ambos brazos, mientras lanzaba un suspiro.

–A las cuatro… –murmuró Draco.

Hermione lo abrazó con más fuerza sabiendo perfectamente a que se refería, al tiempo que enterraba su rostro en el cuello de él.

–En unas horas –respondió la castaña después de unos momentos.

De pronto Hermione se separó de él, luciendo aún más nerviosa.

–Entonces, ¿quieres practicas hechizos de defensa? O ¿algún otro hechizo? –le preguntó con ansiedad.– Quizás haya alguno que se nos olvido practicar que podría ser de gran ayuda…

–Granger… –intervino Draco mirandola con cariño.

–O más hechizos no verbales, son más difíciles pero…

–Granger –volvió a decir Draco al tiempo que colocaba sus manos en el rostro de la castaña.– No necesito nada de eso, estoy listo…

Hermione lo miró a los ojos con preocupación, al tiempo que sus ojos se humedecían.

–Esta bien, esta bien –murmuró la castaña más para tranquilizarse ella misma.

Draco sabía que no estaba bien, pero sabía que las palabras sobraban. Nada la harían sentirse segura y tampoco podía prometerle que él estaría bien, no iba a ilusionarla, llenarla de palabras bonitas… Por eso volvió abrazarla con fuerza, lo único que podía hacer por ella era evitar que se quebrase.

Él podía ser fuerte por ambos.


El resto de la espera fue un torbellino de emociones. Por un lado, Harry, Ron y Hermione repasaban su plan en clases y pensaban en soluciones ante situaciones que pudieran presentarse, era una forma de sentirse más preparados y dejar a un lado los nervios. Por otra parte, Draco Malfoy repasaba mentalmente los hechizos que Dumbledore le había enseñado, específicamente el fuego maldito, el cual era el de mayor importancia por ser el único capaz de matar a la serpiente y al horrocrux que lleva dentro; también ideaba mil maneras diferentes de enfrentarse a Voldemort, sabía que no serviría de nada pero lo mantenían ocupado.

Draco y Hermione acordaron no verse más hasta que llegara el momento de partir, querían evitar despedirse. No querían que todo se sintiera como sus últimos momentos juntos.

Entonces el reloj marcó las 3:45 de la tarde. Draco Malfoy caminaba hacia la torre de astronomia tal como Dumbledore le había señalado. No era la primera vez que iba por el lugar y por alguna extraña razón veía todo diferente. Durante unos momentos incluso pensó si debería haber practicado más, romper el trato con Hermione y haber pasado más tiempo con ella o quizás haber escrito una carta para su madre en caso de que no lograra salir con vida. Sin embargo, ya nada de eso tenía sentido ahora, porque estaba dispuesto a hacer lo necesario para cumplir su misión y regresar con vida. Si hace un año alguien le hubiera dicho que haría una misión suicida para ayudar a derrotar al mago más tenebroso de todos los tiempos y no sólo eso, sino con el fin de tener un futuro para él y Hermione, sin duda hubiera lanzado un cruciatus a esa persona. Él nunca tuvo otras expectativas en su vida más que seguir los pasos de su padre y convertirse en el hombre perfecto para llevar honor y gloria al apellido Malfoy, alguna vez pensó en el matrimonio como una oportunidad de crecer en la sociedad mágica y tener familia para conservar el linaje, pero nada más. Qué vacio y patético era tener sólo esas expectativas para su vida.

Mientras llegaba al punto de reunión Draco pensó que quizás los pasillos lucían diferentes para él, porque se había convertido en una persona diferente.

Cuando llegó al lugar, lo primero que vio fue la gran vista que se abría paso. La torre de astronomía era la torre más alta del castillo, siempre había ido a ese lugar de noche cuando tenía clases a medianoche para observar las constelaciones, pensaba que nada se comparaba con esa vista pero ahora era diferente, frente a él se abría paso una vista increíble.

–Señor Malfoy, llega a tiempo –interrumpió la voz del profesor Dumbledore.

El lugar estaba lleno de miembros de la Orden del Fénix, eran aquellos quienes lo acompañaran en su misión. Al otro extremo de la habitación había otro grupo pequeño de personas, sabía de inmediato que Hermione estaba ahí pero no lograba verla.

Cuando Dumbledore lo saludo, varios voltearon a verlo saludándolo con un movimiento de cabeza, al cual Draco respondió incomodo por educación. Ojoloco Moody se abrió paso entre las personas para pasar directamente hacia el slytherin, aún no entendía como aquel extraño individuo era uno de los miembros más importantes de Orden. A veces creía que esa podía ser una gran debilidad para la Orden, aceptaban a cualquier rebelde descontento con las acciones de Voldemort, mientras los mortifagos pasaban diversas pruebas antes de ser elegidos.

–Muy bien, en pocos minutos partiremos, así que escuchen todos con atención –comenzó a decir Ojoloco una vez al lado de Draco.– No tenemos idea de qué nos espera una vez que lleguemos, lo que si sabemos es que en cuanto aterricemos no hay que perder el tiempo y buscar un refugio.

Draco confiaba en que esa parte la tendrían fácil, siempre que había una reunión del circulo de Voldemort, aparecía a las afueras de un lugar.

–Es muy importante, manténganse alertas ante cualquier amenaza –continuo Moody con voz severa.

Todos asintieron, básicamente eran los mismos miembros que lo habían acompañado el día anterior en busca de su madre, añadiendo otros que no conocía. Algunos le dedicaron una mirada de preocupación o algo parecido apoyo.

–Y tu muchacho –dijo Ojoloco volteando a mirar a Draco con amenaza.– No esta de más recordarte que en cuanto salgas del lugar, si aún sigues con vida, lances chispas azules y nosotros te sacaremos de ahí.

Draco asintió de mala gana, no había necesidad de recordarle su única garantía de ser salvado.

El ambiente comienzo a llenarse de voces nuevamente, hablaban sobre las mejores estrategias. En ese momento, del otro lado, Hermione miró a Draco esperando que su mirada chocara con la de él. Por un momento envidio la máscara de indiferencia que demostraba el slytherin, la habilidad de ocultar sus sentimientos, si estaba nervioso o preocupado no lo demostraba en absoluto. Seguía manteniendo la cabeza en alta y con porte arrogante, como si aquella reunión no fuera importante.

–¿Hermione…? –la llamó Bill Weasley sacándola de sus pensamientos.

Bill iba ayudarlos a ella, Harry y Ron a entrar a Gringotts, a pesar de haberse reunido con él en pocas ocasiones había brindado información importante. Hermione se sintió avergonzada de haberse distraído por un momento en una situación así.

–Lo siento…. –murmuró.

Bill asintió con la cabeza sin alterarse. Comenzó a recordarles el plan, así como también les recordó las posibles trampas con las que se toparían una vez dentro. La mayoría consistía en improvisación pero se sentía completamente seguro de que lo lograrían, tenían que conseguir la copa de Hufflepuff a como diera lugar, este tipo de oportunidad no se iba a volver a repetir.

–Ya es hora –anunció de pronto el director interrumpiendo todas las conversaciones.

El ambiente de momento se sintió denso. Enseguida todos comenzaban agruparse tal y como lo habían planeado, esperando la señal. Algunos de los que irían con Draco, como su ex profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, le dieron palabras de apoyo al slytherin quien incomodo sólo pudo responder asintiendo con la cabeza. Se sentía ansioso y con los nervios a flor de piel pero nada se comparo con la sensación vertiginosa que le recorrió cuando sus ojos se toparon con los ojos miel de Hermione al otro lado de la habitación. Realmente era la única persona que le interesaba ver antes de irse.

Tanto para Draco y Hermione el tiempo se detuvo. Ambos bajaron la guardia y sus miradas reflejaron demasiada cosas sobresaliendo el temor. Si alguien les preguntara después sobre ese momento, ninguno podría contestar con exactitud quien fue el primero en moverse dispuesto acortar la distancia, lo único que sabían es que comenzaron a caminar entre las personas para encontrarse. Hermione lo abrazó por el cuello con fuerza notando que ambos temblaban ligeramente, al tiempo que Draco la envolvía con sus brazos. No habían tenido mucho tiempo para ellos dos y tampoco querían despedirse, creían fielmente que se volverían a ver.

Despedirse podría arruinar esa fé.

Hermione se mordió el labio inferior con fuerza para evitar que un sollozo saliera de su boca. Toda la fuerza que había reunido se esfumó en ese momento, simplemente la idea de que en unos momentos Draco se enfrentaría a Lord Voldemort… Sabía que el slytherin era capaz de matar a Nagini pero no podía omitir que su oponente era más fuerte y poderoso, además de que estaría rodeado de enemigos.

–Voy contigo, estaremos juntos –comenzó a decir Hermione en voz alta dejandose llevar por el miedo.– Iremos juntos, no me importa lo peligroso que pueda ser…

–Ya discutimos esto –contesto Draco sintiendo un nudo en la garganta.– Además tu tienes que hacer algo importante que hacer, dudo que Weasley y Potter puedan sobrevivir sin ti

–No lo hagas… Si resultas herido

–Granger, no –interrumpió Draco siendo algo frío.– Si estas ahí y te usan en mi contra, será mi fin…

Para ese momento, Hermione utilizaba todo su autocontrol para no llorar, se mantendría firme sin importar cuanto le duela. No iba a permitir que la imagen de ella antes de que Draco se marchara fuera de llanto. En cuanto sus miradas se habían encontrado no pudo evitar que un horrible presentimiento la envolviera, sentía que no podía dejarlo ir.

De pronto, la marca tenebrosa en el antebrazo de Draco comenzó a quemarle, necesitaba apresurarse.

–Sabíamos que esto pasaría, era cuestión de tiempo –dijo Draco dandole a entender que no había marcha atrás, la oportunidad de arrepentirse había pasado.

Hermione se separó de él para verlo de frente. Supo por el ceño fruncido de él que la marca le estaba quemando por lo que el tiempo comenzaba a correr.

–Regresa a mi… –murmuró Hermione logrando que su voz no se quebrara.

Draco la miró, recorriendo con la mirada su rostro como si quisiera memorizarlo. Una nueva punzada de dolor hizo que cerrará los ojos por un momento y cuando los volvió abrir, sin importarle nada, la besó con frenesí enfrente de todos. Luego la abrazo con fuerza.

–Regresaré y más te vale a ti también hacer lo mismo –dijo Draco con cierto mandato.

Se separo de ella y sin decir nada más. Camino hacia los miembros de la Orden que lo acompañarían, ignorando las miradas sorprendidas, se colocó al lado de Ojoloco Moody.

–Estoy listo –dijo con seguridad.

Draco miró a sus compañeros para luego dirigir la mirada hacia Albus Dumbledore, quien le dedicó una mirada compasiva. El grupo de Draco se tomó de las manos listos para la aparición, aunque el slytherin prefirió sujetar las muñecas de sus compañeros de al lado, contó hasta tres y todos desaparecieron.

Lo último que Draco vio fue la mirada esperanzadora de Hermione.

La marca tenebrosa de su brazo dejó de dolerle en cuanto aterrizaron en el lugar. Estaban frente a una mansión antigua y abandonada, se encontraban lo suficientemente lejos para no ser vistos. A pocos metros detrás de ellos, comenzaba un extenso bosque, lo cual se convirtió en el perfecto escondite para los miembros de la Orden e inmediatamente corrieron a resguardarse. Una vez que comprobó que todos se habían ocultado, Draco asintió con la cabeza como señal y miró nuevamente la mansión frente a él, comenzó a caminar.

Ya no había nervios ni temor alguno, la adrenalina le corría por el cuerpo ansioso por lo que estaba a punto de suceder. No tenía ni idea lo que habría detrás de la puerta principal, pero la abrió con fuerza introduciéndose a la mismísima boca del lobo.


Después de la escena entre Draco Malfoy y Hermione Granger, el ambiente se había llenado de un silencio incomodo, nadie se atrevió a decir una palabra al respecto y era algo que agradecía enormemente Hermione. Quizás si la castaña no hubiese estado tan absorta en la partida de Draco, se hubiera dado cuenta que la expresión de Harry Potter había cambiado. Finalmente había entendido.

–Es hora de irnos también –dijo Bill Weasley algunos segundos después de que los otros hubieran desaparecido.

De acuerdo con el plan, se aparecerían en un callejón junto al Caldero Chorreante en Londres. En el momento en que aterrizaran, el trio tendría que esconderse bajo la capa de invisibilidad de Harry y seguirían a Bill durante el trayecto hasta Gringotts.

–Dense prisa, no sabemos con cuanto tiempo contamos –dijo el profesor Dumbledore.

Mientras los cuatro se alineaban juntos, Harry Potter no podía dejar de repetir en su mente la imagen de Draco y Hermione besándose apasionadamente y por primera vez, no se sentía perturbado o molesto. Había visto la realidad, su rival de años y su mejor amiga se amaban. Verlos fue como si le cayera un balde de agua fría porque finalmente dejó de verlos como Malfoy y Granger, Gryffindor y Slytherin, sangre pura e hija de muggles, lo que vio fue un chico despidiéndose de su amada. Y eso lo desarmó por completo. Draco si amaba a Hermione, Hermione si amaba a Draco, no lo podía negar ni seguir acusando de falsedad. Al fin lo entendió, desde hace mucho él había perdido.

–Contaré desde cinco –dijo Bill al tiempo que los cuatro se tomaban de las manos.

Hermione respiró hondo dejando a un lado lo emocional y siendo racional, necesitaba concentrarse.

-5… 4… 3….

Ron buscó la fortaleza necesaria en sus dos mejores amigos para estar listo. mientras su hermano, Bill deseaba con todas sus fuerzas que su plan resultase, no había oportunidad para fallar en nada.

–2… 1…

Los cuatro desaparecieron de la oficina del director. Albus Dumbledore se sintió solo y preocupado, ahora sólo le quedaba esperar. Esperar a que ambos grupos tengan éxito.

–Falta muy poco –murmuró para sí mismo.


–El primer paso fue dado con éxito, el Ministerio de Magia está hecho un caos por no saber como reaccionar ante nuestro ataque y ahora tratan de prever el próximo, cosa que no lo lograran –comenzó a decir Voldemort, sentado en la cabeza de la gran mesa rectangular.

Severus Snape no mentía, aquella reunión fue convocada para los mejores seguidores del Señor Tenebroso y entre ellos estaba Draco Malfoy sentado en el centro, frente a él a los hermanos Carrow. La habitación donde se encontraban era grande y espaciosa, detrás de Voldemort estaba la chimenea y en medio del espacio había un candelabro grande colgando. Las ventanas eran largas pero todas completamente con las cortinas corridas, siendo la única luz del lugar el fuego de la chimenea.

–¿Cómo está la situación en Hogwarts, Draco? –preguntó Voldemort interesado.

Todas las miradas se posaron en el joven rubio quien hasta ese momento ocultaba su ansiedad.

–Todo el mundo perdió el control después de que se enteraron de lo sucedido, nadie podría creer lo que pasaba y a decir verdad, fue divertido ver como muchos alumnos lloraban del miedo –contestó Draco con cierta malicia, interpretando bien su papel.

Voldemort formó algo parecido a una sonrisa en su rostro, expresión que lo dejaba ver sádico y psicópata.

–Me alegra escuchar eso, y tienen razón al tener miedo porque el siguiente ataque tendrá lugar en Hogwarts –soltó el Señor Oscuro con sorna.

La reacción no se hizo esperar, algunos nerviosos y otros emocionados por tales noticias, Draco se removió en su asiento incomodo por ello. Sin duda, cualquier información que salga de la reunión será de gran ayuda para la Orden.

–Y también el Ministerio. Ya es hora de dar un golpe de estado, existen el suficiente número de infiltrados en el Ministerio para lograrlo, además de un gran ejercito para Hogwarts –continuó.

–¿Por fin tendremos la batalla final? –interrumpió Bellatrix Lestrange quien no podía ocultar su emoción por tales noticias.

–Efectivamente, esta guerra está a punto de finalizar y muy pronto nadie podrá hacer nada para detenerme. Una vez que tengamos el Ministerio bajo nuestro poder, así como a los hijos de casi toda la comunidad mágica. Nuestro enemigo tendrá que rendirse –dijo Voldemort casi saboreando la victoria, había esperado demasiado tiempo para esto.

Draco estaba seguro del triunfo de Voldemort, si la Orden del Fénix seguía ignorando esta información perderán la guerra. El tiempo se estaba agotando, está seguro que en los próximos días se llevará a cabo y Potter aún no ha encontrado los siguientes horrocruxes, ¿a qué estuvo jugando todo este tiempo? ¿Cómo es que nunca se preocupo por hacer algo? Es un idiota si creyó que Voldemort se había tomado unas vacaciones, en verdad es un idiota y en cuanto llegara al castillo lo golpeará por ello. A veces pensaba que su papel como héroe mágico estaba totalmente sobrestimado.

–¿Y cuándo sucederá? –preguntó Bellatrix siendo la única capaz de realizar preguntas sin ningún miedo.

Nuevamente el rostro del Señor Oscuro se deformó con una sonrisa sádica haciendo que sus ojos rojos brillarán de emoción.

–En cinco días –contestó viendo la reacción de los presentes.

"Cinco días es muy poco…" pensó Draco preocupado. Está seguro que cuando Voldemort menciono tener un ejercito, no sólo se refiere a miles de seguidores, sino también criaturas como hombres lobo, gigantes e incluso dementores, entre otros. Durante meses estuvo reclutando soldados para la batalla final y al parecer ya estaba preparado. Draco sintió que todo estaba pasando de manera muy rápida.

De pronto, Voldemort le dedicó una mirada a Severus Snape quien se encontraba a su derecha. El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras tomó la palabra de la mesa para explicar el momento adecuado en que se efectuarían ambos ataques. No era ningún secreto que Hogwarts ha estado siendo protegido las 24 horas del día por diversos aurores que rodean el perímetro del castillo durante meses, pero en el momento en que comience el golpe en el Ministerio de Magia, se trasladarán inmediatamente a Londres. Dejando el castillo solo, los infiltrados en el Ministerio se encargaran de ello. Por lo que no importaba si lograban tener en su poder el Ministerio, porque una vez que se dieran cuenta de la trampa ya habrá sido muy tarde para defender Hogwarts, y si de algo estaba seguro Voldemort, es que Harry Potter no podrá soportar las muertes de inocentes por su culpa. Al final él se entregará y al fin podrá terminar con la profecía.

Conforme los planes se narraban en detalle, las ansias de Draco aumentaban. No podía seguir perdiendo el tiempo estando ahí cuando podía avisarle a Dumbledore lo que planeaban. Ahora más que nunca sentía el peso de la misión en él, no sólo se trataba de aniquilar un horrocrux más, sino también de dar alerta a los siguientes ataques . Donde no logre salir con vida, habrá sido todo en vano.

–Nos dividiremos para liderar los diferentes ataques, no es solamente atacar por atacar, tienen que idear diferentes estrategias para lograr nuestras metas –siguió Snape mirando a cada uno con atención.

–¿Metas? –preguntó Yaxley quien es uno de los trabajadores más cercanos al Ministro de Magia.

–Así es, los que estén en el Ministerio, lo primero que deben hacer es matar al Ministro –contestó Severus como si estuviera explicando por enésima vez en clase.– Los que vayan a Hogwarts, lo primero es deshacerse del director.

Hubo diversas reacciones sobre ello, ¿matar a Albus Dumbledore? Francamente es el único gran obstáculo para llegar a Harry Potter pero ¿matarlo? Sin duda, no sería ninguna tarea fácil sobre todo por ser uno de los magos más poderosos de todos los tiempos. Aunque la duda más grande era, ¿quién será el elegido para tal misión? Draco se tensó, no había duda de que Voldemort le encomendará la misión de asesinar a Dumbledore, podría ser su mayor venganza después de las fallas de su padre.

Por unos momentos, Draco dejó de escuchar las palabras de su profesor. Por alguna extraña razón el recuerdo de su padre lo envolvió, ¿Lucius Malfoy estaría orgulloso de él? ¿Hubiera aceptado como su madre ser un refugiado por la Orden del Fénix? Está seguro que su propio orgullo no lo hubiera dejado, quizás aceptaría la ayuda para Narcissa pero para él no.

–Los hermanos Carrow, Dolohov, Rowle, Draco y yo, estaremos a cargo de Hogwarts –interrumpió los pensamientos de Draco la voz de Snape.

Su tía Bellatrix lo miró y le guiño un ojo de complicidad, Draco se sintió asqueado.

–Una vez que la batalla final comience, personalmente, estaré en Hogwarts –interrumpió Voldemort con emoción contenida.– Harry Potter es mío y seré yo quien lo mate.

Nadie dijo nada. Draco supo que su momento había llegado, la reunión pronto terminaría y a diferencia de los días anteriores, se sentía listo. Durante días le dio vueltas al asunto sobre cómo haría que Voldemort se descuidara y deje a la maldita serpiente sola, lo pensó y pensó hasta el punto en que tenía dolores de cabeza. El problema no era su habilidad para idear planes -gracias a eso estaba invitado a las reuniones más secretas e importantes del Señor Oscuro-, el problema es que todo el tiempo supo cuál era la única opción pero había deseado que no fuera así, porque la única opción era lo más estúpido, arriesgado y suicida que podía hacer.

Cuando la reunión terminó, los presentes se levantaron de sus asientos y con un movimiento de varita, Voldemort hizo desaparecer la gran mesa rectangular y las sillas, dejando la habitación totalmente libre. Draco reprimió una media sonrisa, era como si adivinará lo que estaba a punto de hacer. Enseguida algunos hicieron una ligera reverencia para marcharse de ahí, pero otros se quedaron cerca susurrando ya ideas para los próximos ataques. Draco se estaba armando de valor para dar inicio, cuando inesperadamente fue llamado.

–Draco, acercarte –lo llamó Voldemort a unos metros de la chimenea, desde una esquina su tía Bellatrix lo miraba divertida.

El slytherin no lo pensó dos veces y caminó hacia él. Su corazón comenzó a latirle rápidamente pero su expresión se mantuvo serena y fuerte. Cuando estuvo frente a Voldemort, hizo una ligera reverencia y luego levantó el rostro.

–Tengo una misión especial para ti. Y será igual de importante que asesinar al viejo director –comenzó a decir el Señor Tenebroso.

Draco se sintió desconcertado, creía que le pediría matar a Albus Dumbledore pero al parecer tenía otros planes para él. Tuvo un mal presentimiento ante esa petición, miró a su amo inexpresivo esperando a que hablara, mientras más tuviera información para la Orden mejor.

Notó como una mueca maliciosa se formaba en el rostro de Voldemort y cuando fijó directamente sus ojos rojos en él, de alguna manera lo supo.

–Te encargarás especialmente de aniquilar a otra persona cercana a Potter –continuo Voldemort.– Al parecer le tiene una gran estima a una sangre sucia, Hermione Granger. Quiero que te deshagas de ella… quiero que Potter este en su punto más vulnerable y desesperado que la situación pueda otorgarle. Mientras más solo este, será más fácil acabar con su vida.

Draco ni siquiera trató en esconder su reacción. Sentía como la sangre abandonaba su rostro y las palabras de Voldemort eran más de lo que podía soportar. Uno de sus peores miedos se estaba manifestando e internamente estaba agradecido de haberse unido a la Orden para evitar esa horrible petición. Era su momento, a partir de sus próximas acciones se valdrá de la improvisación y sus propias habilidades para realizar su misión y para salir con vida. La situación se había vuelto demasiado personal.

Draco apretó ambos puños con fuerza, el miedo que había tenido por enfrentarse al mago más tenebroso de los últimos tiempos había desaparecido, ahora era reemplazado por coraje. La única manera de conseguir distraer lo suficiente a Voldemort era desafiandolo, lo tuvo claro desde el principio y eso es lo que estaba a punto de hacer.

–No, no lo haré –dijo Draco fuerte y sin titubeos, incluso se atrevió a mirar directamente a los ojos a Voldemort.

El silencio de la habitación cambió totalmente, de pronto se sintió pesado y cargado de energía. Parecía que nadie se atrevía ni a respirar por la expectación de lo que estaba a punto de ocurrir, inclusive Bellatrix miró a su sobrino totalmente sorprendida incapaz de creer la estupidez que acababa de cometer. Draco se mantuvo en alto sin dejarse intimidar por la mirada que le regreso el señor tenebroso, había visto demasiadas torturas para aprender lo suficiente, como por ejemplo: si quieres llamar su atención, niega sus ordenes.

–Repítelo –lo desafió Voldemort esperando que se acobardase.

Como si intuyera problemas, de alguna parte que Draco no pudo identificar, salió su objetivo. Nagini se arrastró hasta su amo enroscandose cerca de sus pies y mirando al slytherin con cautela, analizando sus movimientos.

–No voy a realizar esa misión –repitió Draco fuerte y con determinación.

Con tranquilidad, Voldemort dejó de mirar a Draco, sacó su varita y comenzó a observarla con detenimiento. Parecía que no le importaba en absoluto la negación del rubio, simplemente se dedicó a mirar su varita por unos segundos como si fuese la primera vez. Entonces una media sonrisa se dibujo en la cara del Señor Tenebroso, después clavó sus ojos en Draco y el slytherin sintió un escalofrío, pero no se inmuto.

–Lástima, te había dado una oportunidad… –respondió Voldemort con ira reprimida.

Draco no se preparó para lo siguiente, de pronto una luz roja lo cegó por completo… una luz directa a su pecho.


Las cosas se habían salido de control.

Al principio todo iba saliendo de acuerdo a su plan. Habían entrado a Gringotts y conseguido que un duende los acompañara supuestamente a la bóveda de los Weasley, sin embargo momentos después, Bill se encargó de hechizarlo para manipularlo y que los guiará a la bóveda de los Lestrange.

Apenas habían llegado al carrito que los trasladaría por las vías subterráneas, cuando apareció el jefe principal notando un comportamiento extraño en su empleado. Los duendes son seres inteligentes y muy desconfiados, por lo que rápidamente se dio cuenta que el duende que los acompañaba estaba bajo los efectos de un Imperius. Estuvo a punto de llamar a seguridad cuando Harry con agilidad, le lanzó un imperius también. Sin detenerse a cuestionar, todos se subieron al carrito y Bill lo echó a andar.

Hermione sabía que estaban corriendo un riesgo mucho mayor al llevar al jefe en turno, de por si Bill Weasley arriesgaba mucho más por ser un empleado del banco mágico y porque conjuro un Imperius a uno de sus compañeros de trabajo… las maldiciones imperdonables son completamente ilegales, si los descubrían Harry, Ron y ella podían ocultarse bajo la capa de invisibilidad pero Bill podría terminar en Azkaban.

Mientras pasaban con rapidez por un camino irregular, la castaña pensaba en un plan para ayudar al hermano de Ron. Sin embargo, su atención fue desviada por una pared enorme frente a ellos a unos metros de distancia, era como si el camino terminara lo cual era imposible. Pero antes de que pudiera dar aviso, Bill Weasley sacó su varita y con un hechizo que Hermione no alcanzó a escuchar, la pared se convirtió en humo y pudieron pasar a velocidad sin ningún problema.

Durante sus reuniones, Bill les había mencionado que encontrarían varios obstáculos que son más bien medidas de seguridad. Era completamente normal pero todo dependía de la importancia de la bóveda o de lo que quisiera el propietario de la bóveda. Por eso, ni Harry, Ron y Hermione se impresionaron cuando vieron aún más trampas. Sin embargo, el tiempo avanzaba y el camino parecía más inestable, lo cual sólo confirmaba cuan antiguo y profundo estaba la bóveda de los Lestrange.

–¡Las bóvedas más antiguas son las más grandes! –exclamó de pronto Bill.

Justo en ese momento los rieles del carrito chillaron con estruendo a causa de una curva pronunciada, Hermione sintió nauseas, odiaba cualquier cosa que fuera a una velocidad mayor a la permitida. Y estar sentada hasta al frente del carrito no ayudaba en nada.

–Creo que necesitamos un nuevo plan –exclamó Hermione nerviosa tratando de no mirar debajo del carro, para después voltear detrás para mirar a los demás.

Harry y Ron la miraron con la misma expresión que ella.

–Estoy de acuerdo, deb… –comenzó a decir Bill pero se calló, desvió su vista para mirar a algo más allá de Harry, Ron y Hermione.

–¿Qué? Sigue –respondió Ron impaciente porque su hermano no termino de hablar.

Harry y Hermione notando la expresión de Bill, inmediatamente miraron al frente para darse cuenta que a varios metros había una barrera alta, demasiado brillante. No tenía ningún sentido. Estaban aún demasiado lejos para distinguirlo, pero el carrito dio vuelta en otra curva y estando más cerca se dieron cuenta que en realidad aquella barrera era una pared de fuego.

–¡Fuego! –exclamó Ron nervioso.– ¿Qué hacemos?

–Dudo mucho que un aguamenti pueda ser de ayuda –contestó Harry mirando a Hermione y Bill.

Por la expresión en el rostro de Bill, supieron que él no tenía ni idea de aquello y mucho menos cómo quitarlo. Al menos estaban seguros que se encontraban cerca de su destino, ese tipo de medidas de protección sólo podía significar que algo importante estaba siendo protegido.

–Este tipo de hechizos de protección solamente los controlan los superiores o los propietarios –exclamó Bill asustado.

–No tenemos otra opción… –dijo Hermione para si, al tiempo que sacaba su varita y apunto al jefe que iba con ellos, implorando que él pudiera ayudarlos.

La pared de fuego se acercaba más y más, incluso eran conscientes del calor que emanaba. Hermione rápidamente murmuró la maldición imperdonable, recordando su cuarto año cuando un falso Ojoloco Moody les enseño a utilizar el hechizo. Se concentró de la misma manera aún sabiendo del poco tiempo que tenía, en su mente trato de visualizar el objetivo. Harry, Ron y Bill vieron como el duende alzaba la mano hacia la pared de fuego y murmuraba algo que ninguno pudo interpretar. Entonces la pared desapareció justo a tiempo, pasaron con rapidez totalmente ilesos.

Cuando Hermione volvió abrir los ojos se sintió extraña, nunca creyó que utilizaría esa clase de hechizos en alguien mucho menos para sobrevivir. Mientras volvía su vista al frente, dispuesta a estar alerta ante cualquier otra amenaza, pensó en Draco. ¿Habrá utilizado la maldición imperius contra alguien? ¿O alguna de las otras dos maldiciones? Enseguida pensó en otra cosa.

–Estuvo cerca –exclamó Bill aún conmocionado.– Ya estamos cerca.

Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada preocupada. Mientras más se acercaran, las cosas se pondrían más difíciles. Esta vez tuvieron suerte pero no están seguro que el imperius siempre pueda tener resultados. De pronto el camino se abrió hacia abajo abruptamente dejando a todos con la sensación de vacío en el estomago. Hermione permaneció largo rato con aquella sensación, no estaba segura si era por sus nervios o porque no podía dejar de pensar en cómo estará Draco.


Es curioso como cuando eres el espectador de las torturas, el tiempo se pasa especialmente lento y abrumador pero cuando cambian los papeles, siendo la víctima, perdías totalmente la noción del tiempo. No puedes estar seguro si han pasado cinco minutos o cinco horas, solamente eres consciente de tu cuerpo ya que no eres capaz de controlarlo.

Después del tercer cruciatus, Draco Malfoy ya estaba de rodillas en el piso. Cada maldición lanzada era más fuerte que la anterior si es que eso era posible. Por varios momentos, deseó que fuera Bellatrix Lestrange quien lo torturara porque sabía perfectamente el grado de dolor que podía esperar y bueno, porque en comparación con los de Voldemort, parecía un juego de niños. Durante el tiempo en que estaba bajo la maldición, se valía de todo su orgullo y dignidad para no terminar acostado en el suelo retorciéndose, además de que hasta ese momento, no había gritado. Por muy doloroso que resultase, no quería dar esa satisfacción y menos cuando él lo había provocado.

–Ahora Draco, vas a decirme por qué no vas a deshacerte de esa sangre sucia asquerosa –dijo Voldemort sin ningún tono amenazador, lo cual intimidaba más.

"Porque la quiero…" pensó con furia Draco pero no lo dijo, si no quería que lo matará ahí mismo tendrá que ser cuidadoso con sus palabras. Fijó su mirada en los ojos de Voldemort, mientras lentamente se levantaba aunque las piernas le temblaron ligeramente.

–Porque no pienso hacer más de tu trabajo sucio. Ya no seré el peón de nadie –contestó Draco con rabia contenida y luego sonrío fríamente.– Estoy cansado de seguirte, Tom.

Voldemort dejó su semblante tranquilo para mirarlo con furia, ¿cómo rayos sabía su verdadero nombre? Pero no se detuvo a pensarlo demasiado, se acercó a Draco con amenaza y al ver que el chico no bajaba la guardia por ningún motivo se enfureció aún más. ¿Donde quedaba el sumiso y patético de Malfoy?

–No te queda el papel de héroe, Malfoy. Das pena –respondió Voldemort con burla, mirandolo desde abajo como si no fuera nada.

–Al menos no soy el patético que no pudo matar a un niño de un año –respondió Draco con sorna.

Incluso Snape desde un extremo de la habitación apretó los puños para ocultar su temblor. Sabía que Draco estaba jugando muy peligrosamente y aún estaba lejos de terminar con su misión.

–¿¡Quién te crees para venir a desafiarme!? Hablas como si tu hubieras hecho grandezas cuando eres un don nadie sin ese apellido tuyo… rectifico, aún con tu miserable apellido –lo provocó el Señor Tenebroso tomando la decisión de matarlo de la forma más lenta y dolorosa posible, como si fuera una escoria.– Después de todo, resultaste igual a tu padre…

Draco en ese momento sintió hervir su sangre, el tema de Lucius Malfoy era demasiado delicado para él. Apretó los puños con furia sin quitarle la mirada a Voldemort, ya no tenía ningún miedo hacia él.

–Quizás también debería ponerle fin a tu mediocre existencia –continuo Voldemort deleitandose con hacer sufrir a Draco.– Si hubieras escuchado la forma en que tu padre rogó antes de morir, su intento tan patético de pedir que no lo matase… no estarías tan orgulloso después de todo.

Aquello fue demasiado para Draco. No sólo le acababa de confirmar que fue él quien asesino a su padre y no murió por las condiciones de Azkaban, sino también le dijo los últimos momentos de Lucius, humillando su memoria. Eso no lo iba a permitir, no iba a permitir que manchara la memoria de su padre. Por eso inconscientemente, sacó su varita apuntando con fiereza a Voldemort, la reacción de los presentes no se hizo esperar. Bellatrix enseguida sacó su varita también apuntando a su sobrino pero una mano del señor tenebroso la detuvo, miraba con satisfacción la reacción de Draco.

–No se metan, yo lo mataré –dijo Voldemort de manera divertida, mostrando una vez más su lado psicópata.

–En su miserable existencia vuelva hablar así de mi padre, ¡nunca! –exclamó Draco fuera de sí.

–No te preocupes, no estarás vivo para escucharlo –anunció el Señor Oscuro con malicia, de un movimiento rápido y sin el uso de su varita, lanzó la de Draco a unos metros lejos de él. Sus ojos rojos le dedicaron una mirada llena de odio.– Porque acabas de firmar tu sentencia de muerte.

El cruciatus que golpeó a Draco fue tan fuerte que le quitó la respiración e inmediatamente lo tiraron al suelo, se mordió el labio inferior a tal grado de saborear su propia sangre con la condición de no soltar ningún grito. Por un momento creyó volverse loco por el dolor… por un momento creyó que fallaría en la misión, por un momento tuvo miedo de no volver a ver a Hermione, antes de que el dolor cegará por completo sus sentidos para poder pensar. Muy pronto, perdería el control sobre su cuerpo, sus músculos estaban totalmente rígidos por el esfuerzo de retenerlos al igual que su corazón parecía a punto de estallar dentro de su pecho.

El slytherin desde el principio sabía que Voldemort no tendría ningún placer en matarlo enseguida, si lo provocaba lo suficiente le daría una muerte totalmente dolorosa y aunque resultase algo erróneo, Draco contaba con esa tortura para llevar a cabo su plan. Aún así, tenía sus dudas al enfrentarlo de esa manera ¿cuántos han sobrevivido más de un par de horas bajo las torturas del Señor Tenebroso?

Tenía que ser cuidadoso, su cuerpo tenía un limite y sobre todo su mente. El riesgo de sufrir una lesión grave se incrementaba más conforme recibía más maldiciones. De pronto terminó el dolor, sintió como sus pulmones se llenaban de oxigeno aunque eso le generaba una punzada fuerte de dolor en las costillas. Pero antes de poder abrir los ojos, sintió unas cuerdas sujetarlo por todas partes de su cuerpo, lo envolvían por completo haciendo que permaneciera en el suelo sin poder defenderse ni evitarlo.

Las cuerdas se enroscaban alrededor de su cuerpo, entonces poco a poco una fuerza lo levantaba hasta estar completamente parado. Sin poder evitarlo, sus brazos eran levantados manteniéndolo a total merced de su enemigo. Una risa fría captó su atención, Voldemort lo miraba con superioridad.

–Es una lástima esto, por un momento creí que serías útil en tu miserable existencia –pronunció el Señor Tenebroso cruelmente, algunos de los presentes que se mantenían pegados a las paredes de la habitación rieron, al mismo tiempo con la ayuda de la varita levantó a Malfoy del suelo para poder ver mejor su cara.– Ya veo que quieres ser como tu padre.

–¡NO SE ATREVA! –gritó Draco enfurecido.

–Un cobarde… –siguió hablando Voldemort ignorando el reclamo.– Patético… Inservible…

–BASTA –calló el slytherin pero sólo obtuvo una mirada burlona.

–Bueno al menos debo reconocer que lo único bueno en él era su pureza de sangre, seguro es lo único que lo hacía sentirse orgulloso de si mismo –siguió Voldemort provocando a Draco.

Pero entonces, el slytherin dejó a un lado el enojo y fue su turno de mirar con arrogancia al Señor Oscuro.

–Algo que tú no puedes Tom –contestó Draco disfrutando ver como se borraba la sonrisa psicópata del rostro de su oponente.–Ahora puedo comprender tu odio hacia los muggles, sobre todo si tu padre era uno de ellos.

La reacción no se hizo esperar, todos los presentes soltaron una reacción de sorpresa e incluso Bellatrix Lestrange palideció a unos metros. El ambiente se volvió aún más tenso y las facciones de Voldemort cambiaron drásticamente mostrando enojo y odio puro, nunca nadie lo había humillado de esa manera. Nadie se había atrevido a decir algo así enfrente de él sin recibir graves consecuencias. En ese momento. supo que no podía subestimar a Draco Malfoy a pesar de estar inmovilizado, el rubio podía tener información que nadie más debería saber.

Por otra parte, Draco no pudo evitar lanzarle ese dato a la cara. En una de las veces en las que fue al despacho del director, Dumbledore no sólo se intereso en enseñarle hechizos poderosos a Draco para ayudarlo con su misión, sino también se intereso porque supiera más sobre Voldemort y así atacara sus puntos débiles con aquella información. Draco imagino que las mismas cosas que el director le enseñó, Potter también ya lo sabía de antemano. Hubo una vez en que Malfoy pensó acerca de las expectativas de Albus Dumbledore sobre él, le enseñaba cosas realmente importantes, como si viera en él una oportunidad para derrotar a Voldemort… como si él llevará a cabo la victoria en la guerra final y no Potter.


La entrada de la bóveda de los Lestrange era increíblemente imponente. Era irreal su tamaño y su estructura lo hacía lucir como la entrada de un castillo, muy antiguo y abandonado. Tuvieron sus dudas, ¿cuántos tesoros habría allí dentro? ¿Cuánto tiempo tardaran en encontrar la copa de Hufflepuff? Ahora tenía sentido porque Voldemort pidió esconder un objeto tan importante en un lugar así.

Antes de alguno dijera algo, escucharon un terrible estruendo detrás de la gran puerta de metal. Harry, Ron y Hermione sintieron un escalofrío, aquel sonido no significaba nada bueno. Después el silencio fue interrumpido por un rugido, el trio miró a Bill preocupados sin embargo vieron su semblante serio, él sabía exactamente lo que había detrás de aquella puerta.

–¿Qué criatura que custodia la bóveda, Bill? –preguntó Harry con preocupación.

Bill miró a los tres dudando de su reacción, realmente no era un peligro lo que había detrás de esa puerta así que decidió no contarles sobre ello para evitarle preocupaciones innecesarias.

–Un dragón –contestó y los tres amigos palidecieron.

–Bueno, como Harry tiene más experiencia en pelear con dragones entra primero –contestó Ron ganandose una mirada enojada de Harry.

–No es necesario pelear contra nada, estos dragones son una medida más de seguridad por lo que al entrar tenemos que buscar un artefacto que nos ayude a que no nos vea como enemigos –explicó Bill con calma al tiempo que miraba a todos lados, como si esperara que en cualquier momento los atacaran.

–¿Artefacto? –preguntó Hermione intrigada.

Otro rugido se escuchó con fuerza, espantando a todos.

–No te va agradar escuchar esto Hermione –respondió Bill mirándola con cierta compasión.–Estos dragones fueron entrenados por medio del dolor. Hacian un sonido en especifico mientras los torturaban, de esa manera las autoridades utilizan ese sonido e instintivamente el dragón no ataca por miedo.

La castaña hizo una expresión de horror, seguido de enojo.

–¡Eso es despreciable! –exclamó indignada, quizás los dragones no eran las criaturas más lindas o amigables que existen pero eran criaturas vivas al final de cuentas. No merecían ser tratados de esa manera.

–Bueno, eso evitará que nos mate –respondió Ron ignorando la mirada de enojo de su amiga.

Bill y Harry, por medio del imperius, llevaron a los duendes por el camino hasta situarse enfrente de la gran puerta. Bill tomó la mano del jefe y colocó la palma sobre el metal. De cerca, Harry pudo apreciar que tenía relieve formando una serie de garigoleados que en cuanto hicieron contacto con la mano del duende, se movieron a lo largo de puerta. Escucharon un ruidoso clic metálico, como si un cerrojo pesado se abriera.

Justo antes de que Bill abriera la puerta, Harry lo detuvo.

–Creo que hasta aquí llegas Bill –dijo seriamente mientras el pelirrojo lo miraba totalmente confundido.

Hermione y Ron quienes estaban detrás de ellos, intercambiaron una mirada. Al parecer los tres habían pensado lo mismo.

–Si sigues con nosotros, corres un gran riesgo de ser descubierto por brindarnos tu ayuda y te meterás en graves problemas –continuo Harry con honestidad.– A los duendes podemos borrarles la memoria de lo ocurrido y a ti podemos aturdirte, como si hubiera sido un ataque.

–Así nadie podrá incriminarte –concluyó Hermione, Bill la miró aún desconcertado por el repentino cambio de planes.

–Tienen razón, es más seguro para ti –dijo Ron mientras le daba unas palmadas en el hombro a su hermano, esperando que aceptara.

Ninguno quería poner en peligro la seguridad de Bill. Además, a decir verdad sólo lo necesitaban para poder entrar a Gringotts y a la bóveda de Bellatrix Lestrange, lo demás dependía de Harry para encontrar el horrocrux. Bill miró a su hermano menor, suspiró entendiendo las palabras de Harry.

–Un consejo: aunque puedan apartar al dragón, no bajen la guardia –dijo Bill apartandose de la puerta y como si aquello lo confirmase, un nuevo rugido llenó el silencio.

–No te preocupes –aseguró Harry con seriedad.

–Apresúrense –respondió dándose cuenta que podían haber perdido tiempo valioso.

–Hermione, tu eres buena con los encantamientos complicados –dijo Ron mientras sacaba su varita.– Quizás sea lo mejor que les borres la memoria a los duendes.

Hermione asintió nerviosa sacando su varita. Mientras caminaba hacia el duende que ayudo abrir la puerta, sintió una especie de deja vú, no hace mucho tiempo había utilizado el mismo hechizo hacia sus padres, cuando levantó la varita se dio cuenta del ligero temblor de su mano y cerró los ojos concentrandose, apartando el recuerdo de sus padres. "¿Cómo estarán?" se preguntó a si misma mientras abría nuevamente los ojos.

Obliviate –pronunció Hermione el duende quien la miraba sin ninguna expresión ahora la miraba con un vacío extraño en sus ojos.

Sin pensarlo más, camino hacia el otro duende, se concentró una vez más y pronuncio el hechizo.

–Creo que será mejor también aturdirlos antes de que regresen en si -murmuró Ron caminando hacia el primer duende.– Desmaius

Repito el mismo hechizo con el otro duende y después camino hacia su hermano, quien poco a poco se recostó sobre la fría piedra.

–Nos veremos pronto, mucha suerte –dijo Bill mirándolo a los tres, pero especialmente a su hermano menor.

–Lo siento –murmuró Ron de pronto sintiéndose injusto con él. Bill sólo le dedicó una sonrisa para calmarlo. –Desmaius

Su hermano colapso y entre los tres amigos, pusieron a Bill en una posición cómoda aunque también con el fin de parecer haber sido atacado.

Una vez listos, Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada decisiva antes de abrir la gran puerta de metal. Harry fue el primero en entrar, el lugar era tan grande como lo imaginaban, parecía una gran cueva donde efectivamente en el centro se encontraba un dragón, enseguida lo primero que notaron era que el dragón estaba ciego. Sin embargo, eso no fue obstáculo para el animal porque inmediatamente su atención se concentro hacia ellos.

–¡Rápido, localicen el artefacto! –exclamó Ron mirando a los lados.

Hermione localizo una caja de madera con unos extraños aparatos en el interior, la base era de madera pero tenía como unas sonajas de metal. Rápidamente, pasó una a Harry y Ron, mientras ella sujetaba uno con cierta desconfianza. Un rugido los paralizo de momento, cuando volvieron su atención al enorme dragón se dieron cuenta que ya avanzaba hacia ellos por lo que Harry comenzó agitar el artefacto, de él salió un sonido escandaloso de metales chocando. El efecto fue inmediato, el dragón dejó de ser agresivo para echarse hacia atrás asustado.

–Esto es indignante –exclamó Hermione enojada viendo como el enorme dragón se hacia lo más pequeño posible del otro lado de la habitación, como si esperara un golpe. Aquello le provocó ganas de llorar.

–Si no vas ayudarnos, al menos guíanos para el interior de la bóveda –contestó Ron agitando el aparato lo más escandaloso posible.

Hermione aún indignada, comenzó a rodear a la criatura viendo perfectamente que detrás de él se encontraba la entrada. Harry y Ron la seguían mientras espantaban al dragón para mantenerlos lo suficientemente lejos. La segunda puerta era de madera pesada e increíblemente se encontraba abierta, la castaña supuso que no creían que si algún ladrón, lograría pasar todas las medidas de seguridad y trampas que había en el camino. Enseguida, los tres entraron y cerraron la puerta tras ellos, el dragón nuevamente había comenzado a rugir en cuanto dejó de escuchar los artefactos pero por ahora no podía lastimarlos.

Harry, Ron y Hermione se quedaron quietos, la habitación estaba en absoluta oscuridad. Sólo esperaban no encontrar más sorpresas desagradables cuando prendieran sus varitas.

Lumos –pronunciaron al unisono.

Ninguno se movió de su lugar, quedaron asombrados por el interior de la bóveda de los Lestrange. El lugar no sólo era enorme, sino también estaba lleno de grandes cantidades de oro, junto con cientos de objetos desde armaduras de plata, muebles lujosos, al parecer pieles de algunos animales mágicos, toda una sección de frascos (seguramente pociones) y demás objetos en oro. Nunca antes habían visto tantas reliquias y en cualquier rincón podría estar la copa de hufflepuff.

–No toquen nada –dijo Harry saliendo de su asombro.

–¿Puedes… puedes sentir el horrocrux? –preguntó Ron mirando a todo su alrededor en busca del objeto que tantas veces les describió el pelinegro.

–Si, esperen un momento –respondió Harry mientras cerraba los ojos para concentrarse.

Hermione miró a su mejor amigo con paciencia, aunque por dentro sabía que el tiempo se les podía acabar en cualquier momento. Además, aún no tenían un plan de escape.

–¡Ahí esta! –exclamó de pronto Harry emocionado, apuntando con un dedo la dirección donde se encontraba la copa.

Ron y Hermione rápidamente miraron a la misma dirección que su amigo. En efecto, en una alta estantería, junto a otros objetos de oro se encontraba una copa que desentonaba un poco con lo de su alrededor. La castaña estaba entusiasmada, aquella travesía había valido la pena. Pero antes de que ella pudiera compartir su emoción, sin querer, su mano izquierda golpeo lo que le pareció un collar de plata.

–¡Ay! –gritó espantada, no sólo porque lo había tirado por accidente, sino porque la había quemado al tacto y cuando cayó al suelo se multiplico en cinco collares más.

El trio intercambio una mirada de espanto. Parecía muy fácil para ser verdad, los objetos también estaban encantados.

–¿Estás bien? –preguntó Harry preocupado, sin atreverse a mover mucho de su lugar.

–Hay que tener mucho cuidado –contestó inmediatamente la castaña ignorando la pregunta, había identificado perfectamente los encantamientos.– Los objetos están bajo la maldición Geminio y Flagante

–¿Geminio y Fagante? –repitió Ron sin entender.

–¡Lo que acabas de ver! Los objetos están protegidos, al ser tocados no sólo se multiplican sino también queman –contestó Hermione impaciente por tener que explicar y nerviosa porque eso podría resultar un gran problema.

Harry regresó su mirada al objetivo. Sabía que tratar con un hechizo invocado era inútil, por lo que sólo había una manera de alcanzar aquella copa. Tenía que pasar por numerosos objetos, no había otra opción, pasar entre todos los objetos sin tocarlos sería una tarea tediosa y lenta por lo que Harry miró a sus dos mejores amigos con preocupación.

Ron y Hermione quienes no se habían movido de sus lugares, interpretaron perfectamente la mirada de Harry. No había tiempo para delicadezas, tenían que ser rápidos y precisos para conseguir la copa. Harry volvió a mirar el horrocrux, respiró hondo y entonces se lanzó.

El estruendo de los objetos al caer era demasiado, rápidamente se multiplicaban aún cuando Ron y Hermione trataban de no moverse, pero en cuanto comenzaron a sentir las quemazones fue inevitable. Aún así, con todo el escándalo, lograron escuchar una alarma. Harry ni siquiera se tomó la libertad de detenerse por el pánico.

Los habían descubierto, sabían su ubicación y pronto alguien podría irrumpir en la bóveda. Si no se apresuraban, estarían perdidos.


Por un miserable momento, Draco Malfoy creyó que la maldición cruciales era lo único a lo que tenía que resistir. Fue un ingenuo. Las cuerdas alrededor de todo su cuerpo servían para dos propósitos: amarrarlo y estrangularlo. Las primera cuerdas en movimiento fueron las de su toráx, cuando menos lo esperó, las cuerdas apretaron sacándole el aire de los pulmones. Inmediatamente después un cruciatus le impactó en el pecho y por unos interminables segundos, creyó que moriría ahí mismo. Ese era el juego de Lord Voldemort, cada vez las cuerdas apretaban más y la maldición cobraba más fuerza.

–Ahora Draco, vas a decirme la verdadera razón por la cual me desobedeces –pronunció Voldemort con amenaza bajo sus palabras.– Por mucho que Bellatrix te haya entrenado en Oclumancia, no estarás en condiciones para practicarla. Así que mejor dime de una vez la verdad.

Draco sintió pánico, había olvidado por completo ese detalle, cuando no tenga las fuerzas suficientes para bloquear su mente Voldemort entrará en ella y eso puede ser peor que todo lo físico que está sufriendo. Solamente una vez lo vio torturando con el poder de la Legeremancia, literal tomó posesión de la persona y la torturo mediante sus propios recuerdos hasta perder la razón. Nuevamente Draco se maldijo a si mismo por olvidar ese gran detalle.

Cuando fijó sus ojos grises a su oponente, tardó unos instantes en enfocarlo correctamente, sentía la sangre latirle en la cabeza y eso fue una alarma, tenía que apurarse aniquilar la serpiente.

–No vas a ganar esta guerra. Antes creía que si e incluso Potter me daba lastima porque terminaría muerto por nada –dijo Draco con la respiración pesada, las costillas le ardían por la presión de las cuerdas.– Pero estaba equivocado, porque en realidad ya no tienes ningún arma para ganar esta guerra. Estás terminado.

Voldemort soltó una carcajada fría al escuchar las palabras de Malfoy, ¿en verdad ese mocoso había dicho todo eso? Algo simplemente no concordaba con el muchacho que tenía enfrente, su manera de desafiarlo como si tuviera todas las probabilidades de salir ileso al decir aquello. La seguridad que tiene para hablarle de esa manera y su mirada retadora son algo completamente nuevo. Levantó su varita a la altura de su pecho y mientras las cuerdas se apretaban un poco más, un nuevo cruciatus impactaba contra él.

Voldemort lo miró negándose a gritar, observó la reacción de su cuerpo. Ahora que lo pensaba, Draco Malfoy ha cambiado en los últimos meses, ya no era el muchacho débil y sumiso a sus ordenes… ya no le tenía miedo, es muy claro al ser capaz de desafiarlo y respondiendo con tanto veneno. Pero cualquiera lo suficientemente idiota podía atreverse hacerlo, lo importante aquí era ¿por qué? ¿Por qué el hijo de Lucius Malfoy sin esperanzas ya no le tenía miedo?

Y mientras bajó con lentitud su varita, sus ojos rojos brillaron ante la revelación. Sólo existe algo tan estúpido y débil que podría convertirte en el hombre más valiente del mundo, así como en el más insensato e idiota. ¿Por qué otra razón Draco Malfoy no estaría prácticamente suicidándose? Esto iba más allá de su padres, de su apellido, de su sangre. Esto es…

–Amor… –murmuró muy bajo para si Voldemort al entenderlo todo.

Draco soltó un ligero gemido de dolor mientras trataba inútilmente de llenar sus pulmones de oxigeno. Si respiraba muy hondo, las costillas le reclamaban con un fuerte dolor por lo que se concentraba en respirar de forma rápida. No obstante, estaba tan enfrascado en las sensaciones dolorosas de su cuerpo que lo siguiente que escuchó, creyó habérselo imaginado.

–Severus –llamó Voldemort con dureza. Snape emergió de uno de los rincones de la habitación, todo el tiempo se resistió en no ayudar a Draco porque entonces se delataría y eso sólo llevaría grandes consecuencias, a pesar de todo, tenía que confiar en Malfoy a como de lugar.– Cuando fue el exterminio de las familias muggles se comprobaron que cada uno de los nombres en las listas estuvieran muertas comparando los datos que tenía el Ministerio, ¿no es así?

El Señor Tenebroso ahora tenía toda su atención en Snape, tenía un presentimiento y sólo él podría ayudarlo a comprobarlo.

–Así es, Señor –contestó Snape con tranquilidad aunque por dentro estaba confundido, no sabía a lo que quería llegar el Señor Oscuro.

–Tengo entendido que inexplicablemente, faltaron dos, ¿no es así? –siguió Voldemort como si aquello fuera un juego.

Snape inmediatamente entendió y sintió un escalofrío recorrerle en la espalda. No había forma de evitarlo ni ayudar a Draco Malfoy a partir de ese momento.

–Así es, señor –respondió con calma aparente.

–¿Quienes eran? –preguntó Voldemort regresando su mirada a un sudoroso Draco Malfoy.

–El Sr. y la Sra. Granger –pronunció Severus como si fuera una sentencia.

Draco palideció, esta vez no pudo hacer nada para esconder su reacción. Se dio cuenta que esta tortura podría acabar más rápido de lo que creía y aún no conseguía desatarse de las cuerdas. Esos simples nombres, estaban a punto de arruinarlo todo.

–Tengo entendido Malfoy, que ellos fueron parte de una de tus secciones. –dijo Voldemort mirandolo con rabía contenida.

Una vez que todo el mundo mágico se enteró de la masacre, Voldemort pidió a los infiltrados en el Ministerio que extrajeran todos los datos obtenidos de las víctimas de la exterminación para poder comprobarlas con las listas que ellos aún tenían. Para alegría de él, todas las víctimas estaban en ambas listas y cuando creyó que la situación había salido perfecta, se dio cuenta que faltaron dos nombres en especial. Al principio no supo quienes eran, pero después Snape lo ayudó aclarar esa información. Esos dos nombres son los padres de Hermione Granger, la mano derecha de Harry Potter -y hasta donde sabe el cerebro del muchacho también-, la bruja más inteligente de Hogwarts y la misión de Draco Malfoy. Creyó que ellos habían sido protegidos por Albus Dumbledore por lo que no sería una sorpresa que ni siquiera estuvieran en su hogar, lo cual tenía sentido y lo dejo pasar. Pero por Salazar Slytherin que Voldemort se dio cuenta de la ligera reacción de Malfoy cuando le menciono que debía deshacerse de ella. Todo tenía sentido ahora.

–Por eso tienes la cabeza llena de basura –continuó el Señor Oscuro con la mirada de profundo asco y rabia.– ¡Estás enamorado de una sangre sucia!

Draco dejó de pensar, la cabeza le punzaba dolorosamente y creyó sufrir un infarto. Un intenso miedo se apoderó de él al comprender las consecuencias, no sólo ahora su vida peligraba más sino que Hermione estaría en mayor peligro que antes. Ya no solamente era la mejor amiga de Potter, sino también se involucró con un sangre pura, una de las peores faltas en el mundo mágico.

Las reacciones no se hicieron esperar, la habitación se llenó de diversos murmullos. Nadie podía creer lo que acababa de decir Voldemort.

–¡TRAIDOR! –gritó de pronto Bellatrix Lestrange quien miraba con furia y asco a su sobrino. Sacó su varita comenzando a caminar peligrosamente hacia Draco, pero Voldemort la detuvo con un gesto.– ¿¡Cómo te atreves a manchar el apellido de esa manera!? ¡Asqueroso traidor!

Malfoy no lo podía creer, todo se estaba cayendo en mil pedazos. Ni siquiera podía pensar en algo para defenderse o siquiera para desmentir, algo con tal de proteger a Hermione. Sin embargo, cuando creyó que las cosas no podían empeorar más, lo hicieron.

–No vas a descargar tu furia con él, Bellatrix. Hay una mejor venganza y creo que Fenrir Greyback estará complacido de ayudarte –dijo Voldemort como si le hablará a una pequeña niña que le compraría un mejor juguete.– La sangre sucia es tuya.

Bellatrix miró a su amo con asombro y gratitud en los ojos. Draco Malfoy conocía esa mirada, esa ansiedad por sangre y toda fortaleza dejó de existir en él.

–¡NO! ¡Ella no! –gritó desesperado, dejandose llevar por sus sentimientos porque sin querer acababa de firmar la sentencia de muerte de Hermione también.

Voldemort lo apuntó con su varita, el cuerpo de Draco se movió dejando sus extremidades en ángulos raros haciendo que soltará un gemido de dolor.

–No te preocupes, ambos tendrán el mismo final –declaró Voldemort.

Lo último que recuerda Draco de ese momento, fue un nuevo cruciatus en su dirección así como las cuerdas en su tórax se apretaron con salvajismo. Lanzó un alarido tan fuerte que varios de los presentes sintieron un escalofrío terrible recorrerles por la espalda, al parecer, una costilla se había roto.


Harry, Ron y Hermione tenían múltiples quemaduras por todo el cuerpo. Después de interminables minutos, Harry logró alcanzar la copa de Hufflepuff que para su fortuna no se multiplico ni le quemó. La mayoría de los objetos comenzaron a multiplicarse por si solos al contacto uno con otros, prácticamente nadaron entre miles de riquezas.

–¡Tenemos que salir de aquí! –exclamó Hermione desesperada intentando salir lo más rápido que podía.

–¿¡Cómo rayos saldremos!? –preguntó Ron evitando no soltar un gemido de dolor por las quemaduras.– Me refiero de Gringotts…

–Aún no tengo idea –contestó Hermione desesperada.

Los tres amigos empujaron con todas sus fuerzas la puerta de madera para salir de la bóveda, dejaron todo su peso por lo que todos cayeron al suelo sintiendo un alivio en el cuerpo. Un rugido junto con el ruido de un aleteo, los puso alerta pero antes de que alguno de los tres pudiera alcanzar los artefactos a unos pasos, el dragón dejó salir una columna de fuego de su boca. El trio se alejo lo más rápido que sus quemaduras los dejaron para evitar el fuego. Entonces, un hechizo aturdidor pasó rozando la cabeza de Harry.

–¡AQUÍ ESTÁN! –gritó una voz del otro lado.

–Nos descubrieron –dijo Harry mientras se levantaba para enfrentar a los guardias de Gringotts.

–Hermione, ¿alguna idea? –preguntó Ron alzando la varita ante cualquier posible nuevo ataque.

–Estoy pensando –contestó la castaña tratando de controlar sus nervios para poder pensar en algo.

El dragón comenzó a ponerse más violento, al darse cuenta de muchas presencias, no sabía a quien atacar por lo que comenzó a lanzar fuego por todas partes. Del otro lado, se escucharon varios gritos sorprendidos por la reacción del dragón, los únicos artefactos para alejar al dragón estaban muy lejos de su alcance, dándoles ventaja al trio para poder escapar. Pero nuevos hechizos llegaron de su lado tratando de atacarles. Harry y Ron comenzaron a lanzar hechizos para defenderse, mientras Hermione ideaba algo.

El enorme dragón comenzó a rugir nuevamente, la castaña lo miró desesperada… pero sólo por unos segundos. Se le acaba de ocurrir la idea más loca, peligrosa y tonta del mundo, aunque su única oportunidad.

–Tengo un plan, es arriesgado –exclamó Hermione entre el alboroto.

–Sólo dilo –dijo Ron esquivando un rayo amarillo.

–Siganme –exclamó la castaña sin darles especificaciones.

Harry y Ron se miraron confundidos pero antes de poder preguntar algo más, la castaña salió corriendo tratando de rodear el dragón, rápidamente la siguieron sorprendidos. Del otro lado, guardias y numerosos duendes, trataban inultimente de legar hacia donde estaba el trio. Ignoraron un grave error, no sólo ahora eran como unos 20 en la entrada metálica, sino entre los gritos y los hechizos, el dragón optó por atacar a quienes más lo molestaban. Dejó de tener interés en el trío, lanzando llamas directamente en la entrada metálica, haciendo que varios retrocedieran o esquivaran la dirección del fuego. Una gran ventaja para Hermione quien hasta ahorita rezaba para que el dragón no se diera cuenta de sus presencias.

Corrieron hacia el costado izquierdo del dragón, sin pensarlo mucho Hermione comenzó a trepar agarrandose de las gruesas escamas del animal para subir a su lomo. Harry y Ron se miraron totalmente sorprendidos por la hazaña de su mejor amiga, sin perder el tiempo la imitaron hasta colocarse igualmente en el lomo.

–¿Y ahora qué? –exclamó Harry entre el ruido.

–¡Lo liberamos! –gritó Hermione al tiempo en que veía la cadena con la que sujetaban al dragón, apuntó su varita a ella y la rompió.– ¡Agarrense!

Sin cuestionar más sus ordenes, sus dos mejores amigos se sujetaron firmemente del dragón, luego Hermione apunto hacia la puerta metálica y gritó: bombarda máxima. A los pocos momentos, las enormes alas comenzaron a aletear haciendo que casi perdieran los tres el equilibrio. Hermione se sujetó lo más que podía, sin poder creer su plan ¿en qué rayos estaba pensando? Pero los movimientos del animal interrumpieron sus pensamientos y mientras sintió el vació en su estomago por el despegue del dragón, supo que había conseguido su salida.


Un sabor metálico en su boca fue lo que lo llevó a la realidad una vez que el dolor cedió un poco. Draco Malfoy supo la gravedad de ello porque esa sangre no tenía nada que ver con morderse el labio inferior para no gritar, tenía que ver con el dolor insoportable del pecho y lo frenético de su respiración. Sabía que si esas cuerdas volvían apretar violentamente otra vez, no sólo podrían romperle otra costilla sino también la que ya estaba rota podría atravesarle un pulmón y entonces, nada ni nadie podía salvarlo. Dejó caer su barbilla en pecho, incapaz de mantener la cabeza alta con superioridad como lo había estado haciendo. Se sentía totalmente derrotado, el dolor de cabeza no lo dejaba pensar con claridad y menos por miedo que le produjo la sentencia de Hermione Granger.

No lo podía creer.

Había fracasado.

Muchas veces Draco vio la mirada de decepción de Lucius Malfoy en él cuando no cumplía con sus expectativas. Lo había visto más veces de las que le hubiera gustado. Y ahora que él había decidido forjar su propio camino, también fallaba. Pero, quizás siendo lo peor, también le fallaba a Hermione, ella siempre tuvo esa tonta confianza y fé en él.

La oportunidad de ser algo más que un peón de Lord Voldemort, de que en un futuro pueda ser señalado por algo que valía la pena fue una de las razones por la que decidió unirse a la Orden del Fénix. Arriesgar su vida, no obstante, no había sido para tratar de ser un héroe sino para permitir que la guerra terminara a favor de los buenos y así tener un futuro con Hermione, sin miedo y felices. Todas esas decisiones no habían sido nada fáciles de tomar, sintiendo que su esfuerzo por luchar por lo que quería valiéndose por habilidades que usualmente las ocupaba en algo malo, traerían recompensas. Por primera vez en su vida se sentía seguro de sus decisiones y de él mismo. ¿Pero a quien iba a engañar? Lo único bueno que ha hecho en su vida y fracaso rotundamente.

Mientras luchaba por llenar de aire sus pulmones, era consciente que en cualquier momento podría desmayarse, no recibía suficiente oxígeno y las heridas provocaban que su cuerpo llegara a su limite.

"Regresa a mi…" escuchó la voz de Hermione como si ella estuviera a su lado susurrandole al oído. "Sólo regresa".

Su mente recobró imágenes de su relación, sobre todo Hermione sonriendo; sus tardes juntos en la habitación secreta, las ultimas noches en las que durmieron juntos. Cuando comenzó a observar cada detalle en ella en clases, sus expresiones y sus miradas que le dedicaba, desde odio hasta cariño; el recuerdo de una caricia de ella fue tan fuerte que podría jurar que ella estaba ahí reconfortandolo como la noche anterior. La idea de dejarla sola, de no volver a verla o peor, de que ella siguiera con su vida y se enamorara de alguien más, fue simplemente insoportable para Draco Malfoy.

Entonces recobró fuerzas, no podía terminar de esa manera, algún día moriría pero no será hoy ni en ese momento. Levantó su mirada hacia Voldemort quien lo veía con satisfacción, estaba disfrutando de su dolor. Draco Malfoy escupió sangre cerca de los pies del señor tenebroso y dibujo una sonrisa maliciosa en su rostro. Tuvo el presentimiento de que la hora había llegado. Recibió un cruciatus más pero las cuerdas afortunadamente no lo apretaron más, no obstante no pudo evitar gritar.

De pronto termino y sin ningún aviso, las cuerdas desaparecieron de su cuerpo. Voldemort lo aventó unos metros con crueldad. Draco cayó abruptamente, soltó un nuevo alarido de dolor, sintió como si la costilla rota terminara de romperse, por unos momentos de pánico simplemente no podía respirar. Se incorporo desesperado en busca de aire y con una agonía, recupero la respiración agitada. Cuando alzó su mirada una punzada fuerte de dolor le llegó a la cabeza, sabia que su cerebro no estaba recibiendo el suficiente oxigeno y eso representaba un problema para su concentración. Por otra parte, se dio cuenta que debajo de su pierna derecha estaba su varita, sintió la suerte de su parte.

Miró hacia Voldemort con desafío, veía que él hablaba pero no escuchaba nada, apenas tenía fuerzas para respirar pero puso todo su empeño y sólo logró identificar ciertas palabras: traición… muerte… triste… patética… Narcissa. Y eso fue suficiente para encontrar la fortaleza que le faltaba para incorporarse y enfrentarlo. Sigilosamente alcanzó su varita, en un movimiento en que aparentaba levantarse escondió su arma en un bolsillo de su túnica. Las piernas le temblaron cuando se levantó y escupió nuevamente sangre en el suelo.

–Es realmente decepcionante cómo decides acabar con tu vida Draco –comenzó a decir Voldemort con lástima, sus ojos rojos lo miraron de una forma psicópata y sádica.– Es una gran pena como morirás.

Draco supo que el momento había llegado. Voldemort no levantó su varita hacia él, de hecho, la guardo y por unos instantes su atención se concentro en la serpiente a su lado. Nagini respondiendo a su amo, se alzó para que pudiera acariciarle la cabeza, a unos metros de distancia Bellatrix Lestrange sonría complacida por lo siguiente mientras detrás Snape tenía una expresión de profunda tensión.

Draco cerró los ojos concentrandose en mejorar su respiración, no iba a negar que sus nervios estaban dominandolo así como el temor de enfrentarse ahora a esa enorme serpiente, aún así aparto esas sensaciones no había tiempo de dejarse llevar por la emociones. Necesitaba concentrarse para ejecutar correctamente el hechizo.

–Nagini… –llamó su amo a la criatura.– La cena.

Después Voldemort habló en parsel repitiendo las instrucciones. Draco Malfoy abrió los ojos, su rostro ya no mostraba dolor, la determinación en sus ojos grises sólo hizo reír al Señor Tenebroso, creyendo que era un último acto de heroísmo. El slytherin dio varios pasos hacia atrás los cuales fueron confundidos por temor ante la serpiente, cuando la idea era separarlo lo más posible de su dueño. Draco en ningún momento despegó los ojos de la mirada depredadora de Nagini, entonces una media sonrisa se dibujo en el rostro de Malfoy.

–Te equivocas Tom –dijo Draco sintiendo la adrenalina correr por sus venas.– Aquí no termina.

Con una increíble rapidez, Draco sacó su varita de la túnica y alzó el brazo haciendo movimientos circulares en el aire. Palabras en latín salieron de la boca del slytherin, pero antes de que alguien pudiera detenerlo, una barrera de fuego se interpuso entre Draco y los mortifagos. Gritos de sorpresa inundaron la habitación junto con gritos de horror porque el fuego los alcanzaba peligrosamente dejando apenas unos centímetros entre sus cuerpos y las llamas. La altura del fuego era casi del alto de la habitación, lo suficientemente fuerte para que nadie pudiera atravesarlo.

Entonces Draco cometió un error, mientras veía la reacción de Voldemort entre las llamas, no puso atención a los movimientos de la serpiente hasta que la vio saltar sobre él. La mordida fue increíblemente dolorosa, al no tener tiempo de quitarse, Draco sólo alcanzo a girar su cuerpo por lo que los dientes de la serpiente dieron en un costado por debajo de las costillas. El slytherin le dio una patada en la cabeza a la serpiente para alejarla, el efecto del veneno fue inmediato, pronto sintió una pesadez en su cuerpo y la vista comenzó a nublarle.

Cayó de rodillas incapaz de levantarse nuevamente. Vio nuevamente como la serpiente se abalanzaba sobre él y sólo pudo protegerse con el brazo izquierdo el cual recibió la segunda mordida. Una risa fría se escuchó sobre las llamas, Draco pudo ver cómo Voldemort disfrutaba del espectáculo, ahora ya no luchaba por contrarrestar el hechizo de la barrera de fuego, ahora se dedicaría a ver.

Draco se sintió demasiado débil, ambas manos las colocó en el suelo sintiendo como el veneno recorría su cuerpo, un hilo de sangre salía de su boca. Entre la costilla rota, su cuerpo adolorado y los rastros de la maldición imperdonable, no iba a durar mucho. Tenía que hacerlo ahora, había llegado demasiado lejos como para morir en ese momento. No fracasaría en esto. Con un esfuerzo sobre humano se volvió a levantar, se limpió la boca con la manga y retiró los cabellos de su frente. En ese momento, muchas personas confíaban en él, en su capacidad de hacer las cosas por su propia cuenta y no por su apellido. Nunca lo aceptaría abiertamente pero agradecía esa confianza en él porque en este momento son quienes le están dando fortalezas para terminar su misión.

La serpiente lo observaba con satisfacción, como si creyera que en cualquier momento caería desfallecido a causa del veneno. Pero Draco alzó su varita hacia ella, cerró los ojos y citó el hechizo que Dumbledore le enseño. Antes de que Nagini pudiera escapar o atacarlo, una gran figura de fuego se materializo entre ellos, era un enorme dragón.

–Tu cena… –dijo Draco con ironía.

Entonces la figura del dragón se abalanzó sobre la serpiente que no pudo escapar y rápidamente las llamas la envolvieron.

–NO –escuchó el gritó colérico de Voldemort.

Sin embargo, Draco sentía que era momento de irse. sin deshacerse del hechizo del fuego maldito, corrió hacia la salida y con un movimiento de varita aparto el fuego de la puerta. Aunque sus piernas casi se negaban a responder, puso todo su empeño en correr lejos de ahí. Cada paso que daba era una agonía en su pecho y en sus pulmones, sentía que su cuerpo ardía y le dolía como nunca. Sabía también que con cada movimiento rápido de su cuerpo, el veneno de la serpiente avanzaba más rápido por su cuerpo y como si lo confirmara, su vista comenzaba a ser borrosa provocando que chocara con algunos objetos en su huida.

No sabía si era sus nervios o su paranoia, pero escuchó que habían detenido el fuego, pronto irían tras de él. Trato de ir más rápido pero más bien se tambaleaba, su cuerpo le reclamaba descanso y podría haberse rendido ahí mismo, pero jaló aire ignorando el dolor agudo que aquello le provocaba para seguir huyendo.

No había manera de que Draco Malfoy pudiera salir con vida de ahí pero no se dio por vencido. Después de lo que le pareció una eternidad, finalmente sintió el viento nocturno en su rostro. Ahora más que antes, el aire le llegaba difícilmente a los pulmones sentía su boca llena de sangre… aún así, camino como pudo unos metros más hasta que cayó en cuatro, como pudo alzó su varita para lanzar chispas en el cielo.

"Sólo regresa…" escuchó la voz de Hermione en su mente.

–Perdóname –susurró Draco antes de caer en la oscuridad.


Hola,

les traigo un capitulo largo largo largo. Espero lo hayan disfrutado tanto como yo lo disfrute al escribir.
Bueno, con este capitulo les informó que ya son los últimos capitulos de este fic... se acerca el final, ¿qué creen que vaya a pasar en el proximo capitulo? Me interesaria leer sus teorias.

Muchas gracias por seguir mi historia, por leer y comentar. En verdad agradezco mucho su apoyo y su paciencia.
Felices fiestas desde México! :)
Besos!