Había sido la idea más peligrosa y estúpida que se le haya ocurrido jamás.
Hermione Granger se aferraba al lomo del dragón con tanta fuerza que no estaba segura si le estaba haciendo daño a la criatura. No sabía tampoco cuanto tiempo había transcurrido o que tan lejos habían avanzado, ni siquiera se había atrevido a mirar hacia abajo por miedo a que en el mínimo movimiento pudiera caerse.
Odiaba volar. Nunca compartió el entusiasmo de Harry y Ron sobre volar y si hubieran tenido otra opción para salir de Gringotts, la habría tomado. Pero no lo hubo, todo había sucedido tan rápido que ni tiempo tuvo para arrepentirse, sus piernas corrieron lo más rápido que pudo hacia el dragón y con Harry y Ron siguiendola confiando en ella. Después en cuanto libero al dragón, todo se volvió en un caos. Era curioso como a pesar de que el dragón estaba ciego a causa de toda una vida encerrado en las profundidades de Gringotts, sabía perfectamente la manera de salir. Fue como si hubiera estado esperando esa oportunidad por años.
Después Hermione no recuerda bien los detalles, simplemente sabía que ascendían en el lomo del dragón y luego el viento en su rostro. El dragón alzo vuelo en el Callejón Diagon y voló encima de la ciudad de Londres, la castaña esperaba que ningún muggle los hubiera visto. Pero una vez pasando el caos, Hermione se dedicó a mirar la ciudad debajo de ellos, de pronto sintió una adrenalina en su cuerpo. Habían sido capaces de salir de las bóvedas más profundas de Gringotts sin ser atrapados y sobre el lomo de un dragón, ¿cuántas personas podían contar una historia así?
Sin embargo, el tiempo transcurría y ellos seguían volando. El viento nocturno comenzaba a ser demasiado frío, lo que hacía más dolorosa las ampollas de sus quemaduras a causa de los hechizos protectores en la bóveda de los Lestrange. En el momento se le había hecho tan obvio subirse al dragón y liberarlo que no pensó después en cómo bajarse de él sin estrellarse en el suelo.
–Creo que estamos descendiendo –gritó de pronto Ron detrás de ella.
Harry miró hacia abajo para comprobar las palabras de su amigo. En efecto, debajo de ellos había un gran lago, al parecer el dragón necesitaba tomar agua.
–Es nuestra oportunidad, cuando lo indique ¡saltamos! –gritó Harry para ser escuchado.
–¿Saltar? ¡Estás loco! –gritó Hermione atemorizada.
–¡Sólo hazlo! –respondió Harry sin molestarse a discutir con ella, era una oportunidad que deberían aprovechar.
Si bajaban cuando el dragón aterrizara, podía atacarlos y esta vez no tenían a la mano su instrumento para alejarlo de ellos.
–¡Uno! ¡Dos! …
–¡Salten! –gritó Ron ansioso y los tres se aventaron.
Hermione sintió el vació del estomago por la caída libre antes de aterrizar en el agua. El agua helada la envolvió con fuerza, dejandola por unos momentos sin fuerzas para salir de ahí, mientras que por la caída se sumergía varios metros dentro del agua. Comenzó a mover sus piernas y brazos, mirando hacia arriba, en cuanto sintió el aire en su rostro, jaló una gran bocanada de aire. Detrás de ella, Ron y Harry salieron a la superficie y a unos metros de ellos, vieron al gran dragón aterrizar en la orilla para tomar agua del lago. En ese momento, Hermione dejó de tenerle miedo a la criatura.
Los tres amigos nadaron a la orilla lejos del dragón, por si las dudas, el agua del lago era demasiado helada por lo que pronto comenzaron a temblar a causa del frío. Una vez saliendo, el viento les provocaba escalofríos y Ron sacó su varita para secar la ropa de sus dos amigos por medio de un hechizo.
–¿Y ahora? –preguntó Ron mirando a su alrededor mientras Hermione lo secaba a él.
–¿Tienes la copa, verdad Harry? –preguntó Hermione primero alarmada, había olvidado por completo el horrocrux.
Harry sonrió triunfante mientras sacaba de su túnica la copa de Hufflepuff, al final había valido toda la pena la travesía. Un horrocrux menos y un paso más cerca para derrotar a Voldemort. Sus dos mejores amigos sonrieron e incluso rieron a pesar de la situación y del frío.
–Ahora tenemos que regresar a Hogwarts, Dumbledore sabrá que hacer –dijo Hermione.
El profesor Dumbledore les había dicho que podían aparecerse en la torre de astronomía, donde la terraza servía para que los alumnos pasaran horas en las noches observando las estrellas y constelaciones. Era el único lugar en Hogwarts donde podían aparecerse por esta noche.
–¿Creen que estará bien? –preguntó Ron de repente mirando al dragón quien aún estaba en la orilla del lago.
Hermione recordó la manera en que ha vivido aquella criatura, podrá ser una de las más peligrosas y grandes del mundo, pero no por eso merecía sufrir de esa manera. Algo en su interior la conmovió, algún día trabajaría para hacer nuevas leyes sobre los derechos de las criaturas mágicas, mientras tanto, aún había una guerra a la cual tenían que sobrevivir. Harry observó a la castaña brevemente adivinando sus pensamientos.
–Estará bien. Son criaturas extraordinarias y estoy seguro de que sabrá como reunirse con los suyos –contestó Harry desviando su vista hacia el dragón.
–Bueno, vámonos que ya es muy tarde –propuso Ron sintiendose mejor con las palabras de su amigo.
Hermione asintió y camino para ponerse en medio de sus dos mejores amigos, estiró ambas manos para poder desaparecer juntos. Ron y Harry tomaron la mano de la castaña, lo último que vieron antes de desaparecer fue cómo el dragón volvía alzar sus enormes alas para levantar el vuelo. Una imagen que recordarían el resto de sus vidas.
Cuando volvieron a tocar tierra, estaban en la torre de astronomía. Una hermosa vista de las montañas que rodean al castillo de Hogwarts, se abría ante ellos. Ya no sentían frío, era como regresar a la calidez del hogar. Lo habían logrado. Hermione jaló a sus dos mejores amigos de la mano y los abrazó contenta, los tres se abrazaron por varios momentos. A pesar de lo que había pasado este año, su amistad parecía seguir siendo fuerte.
De pronto unos pasos apresurados deshicieron el abrazo, vieron a Ginny Weasley con la respiración agitada y con expresión de alivio. La pelirroja no había estado en su partida pero seguramente Dumbledore le había dicho donde poder esperarlos.
–¡Ginny, lo logramos! – exclamó Ron mientras acortaba el paso para abrazar a su hermana también.
Harry y Hermione rieron mientras comenzaron a quitarse sus capas de viaje, era raro ver esos ataques fraternales de Ron hacia su hermana menor.
–¿Donde está Bill? –preguntó Ginny sabiendo perfectamente que había ido con ellos.
Ron se separó de su hermana aún con la sonrisa en su rostro.
–Está bien, es una larga historia pero no te preocupes por él –contestó Ron.
Ginny asintió aliviada, pero fue en ese momento en que su expresión cambió por completo, un cambio que sólo su hermano pudo ver.
–¿Qué ocurre? –murmuró Ron preocupado, pero pronto supo que no tenía nada que ver con él. Los ojos azules de Ginny se desviaron a Hermione.
La castaña no se había dado cuenta de ello, su brazo quedo ridículamente atorado en la manga de su túnica por lo que luchaba contra ésta, pero Harry si se dio cuenta de la mirada de Ginny y tuvo un terrible presentimiento por Hermione.
–Hermione… –la llamó Ron con demasiada fuerza, sabiendo que lo siguiente que sucediera, ella recordaría la manera en como pronunció su nombre.
Finalmente, la castaña pudo deshacerse de la manga de su túnica y miró a Ron aún con la inocencia de haber conseguido el horrocrux. Lo miró confundida porque no decía nada, así como su expresión no delataba nada y fue cuando posó sus ojos en Ginny, rápidamente sintió frio… un frio recorriendole todo el cuerpo.
–Hermione… –comenzó a decir Ginny pero su voz se le cortó.
No hubo necesidad de decirle nada más. Todos sus pensamientos se concentraron en Draco y sintió un terrible peso en el pecho.
–¿Ya está aquí? ¿Ya llegó? –exclamó Hermione, siendo lo único capaz de preguntar.– ¿Donde está?
–Lo siento… –pronunció Ginny mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. De entre ellas dos, la pelirroja siempre había sido la más fuerte en cuanto a sus sentimientos, pero esta vez Ginny no podía sentirse fuerte al saber lo que producirá a la castaña la noticia. Tenía en su mente el recuerdo de su mejor amiga llorando porque no podía soportar la idea de que algo le pasara a Draco Malfoy y ahora…
–¡Ginny! ¿¡Donde está!? –exclamó Hermione comenzando a temblar presa del pánico.
La pelirroja negó con la cabeza mientras una lagrima resbalaba por su mejilla.
–En la enfermería –contestó pero antes siquiera de terminar la última palabra, Hermione salió corriendo.
–¡Hermione! –gritó Harry pero fue ignorado, enseguida corrió tras ella y después Ron los siguió.
Hermione corría como sus piernas le permitían e incluso mucho más. Había estado mucho tiempo sobre el lomo del dragón y luego con el agua fría del lago, sus extremidades estaban entumidas pero aquello no significó nada para Hermione mientras bajaba las escaleras casi de dos en dos. No podía ni siquiera pensar en algo en concreto, sólo podía sentir un terrible nudo en la garganta y la imagen de Ginny diciendole lo siento como si se tratara de lo peor… Soltó un sollozo ante el posible significado de esas palabras, pronto su visión se torno borrosa a causa de las lagrimas contenidas.
La enfermería estaba lo suficientemente lejos de la torre de astronomía para sentir el camino como una eternidad. Era como esas pesadillas en las que corres y corres pero nunca llegas al lugar que quieras sin importar la desesperación o la velocidad. Su cuerpo le gritaba un descanso pero hizo caso omiso, necesitaba llegar lo más rápido posible y afortunadamente no había ningún alumno por los pasillos, su única compañía era sus pasos y su respiración cada vez más agitada. Conforme se aproximaba más a la enfermería, el nudo en la garganta llegaba a un punto de asfixiarla y su cuerpo temblaba sin control.
Tenía que haber predicho la situación. No era normal que nadie los estuviera esperando en la torre de astronomía, simplemente tuvo que haberlo presentido. Desperdició minutos cuando pudo ya haber llegado a la enfermería, ¿desde cuánto tiempo ya había llegado Draco? ¿Será demasiado tarde? Otro sollozo se le escapó de la garganta, dobló la esquina justo para llegar a las puertas de la enfermería y con las fuerzas restantes, abrió con violencia.
Se sintió perdida, como si en lugar de atravesar las puertas de la enfermería hubiera pasado a una pesadilla. Su peor pesadilla. No podía ver a Draco porque había al menos 5 personas alrededor de su cama haciendo Merlin sabe cuantas cosas. Los otros miembros de la Orden que lo habían acompañado estaban apartados, ni siquiera se atrevieron a mirar a la castaña por lo que entendió la gravedad del asunto.
–¡Rápido, alguien haga presión acá! –ordenó Madame Pomfrey mientras corría a un gabinete cerca buscando alguna poción.
Hermione con horror se dio cuenta de que su mandil siempre impecable estaba lleno de sangre. El aire no le llegó a los pulmones, su cuerpo temblaba con fuerza. Miró al suelo y vio pedazos de tela de la camisa de Draco igual de ensangrentadas, todo le parecía tan irreal. Pero nada se comparó con lo siguiente que escuchó:
–¡NO TIENE PULSO! ¡NO TIENE PULSO! –gritaron.
Aquello fue como un golpe duro para la castaña, tanto que instintivamente se hizo para atrás. No hubo manera de retener las lagrimas, el caos alrededor de Draco se intensificó. Hermione comenzó a negar con la cabeza incapaz de aceptar lo que acababa de escuchar, llevó sus manos a sus oídos y justo cuando daba media vuelta, chocó con alguien.
Entonces un gritó llenó la habitación, Harry abrazó fuertemente a Hermione mientras veía con horror la escena. La castaña deseó con todas sus fuerzas despertarse de aquella pesadilla, no podía ser cierto…
Draco no podía estar muerto…
No podía abandonarla de esa manera…
Aún les faltaba tiempo para estar juntos, no podía acabarse todo así…
El cuerpo le dolía, el pecho le quemaba y quería morirse con él ahí.
Nada como él. Nada sino él.
Y de pronto, todo se volvió oscuridad.
Presente
Hermione Granger se removió inquieta. Quería despertarse de la pesadilla pero no podía, era como si una fuerza la obligará a ver con horror todo: Draco, lleno de sangre y con la mirada fija al techo. Quiso gritar pero no salía sonido alguno de su garganta, su cuerpo no reaccionaba mientras comenzaba a desesperarse, ya no quería seguir viendo a Draco de esa manera.
–No… Draco… ¡No! –gimió Hermione entre sueños.
Abruptamente se despertó. Se sentía desorientada, tenía el rostro lleno de lágrimas y le dolía respirar. Cerró los ojos fuertemente tratando de calmar el terrible sentimiento, nunca antes había soñado con algo tan real. Mientras trataba de calmarse, fue consciente de un brazo abrazando su cintura, abrió los ojos sintiendose desesperada. Draco Malfoy dormía plácidamente frente a ella, al parecer no había escuchado a Hermione.
Ella lo observó, su rostro estaba totalmente relajado, disfrutando del sueño. No tenía nada que ver con la imagen de su sueño, el cuerpo totalmente inerte y frio con la mirada ausente… la sangre de sus ropas. Hermione soltó un sollozo para luego acortar la distancia entre los dos, como si fuese una niña pequeña se acurruco en el pecho de Draco y comenzó a llorar.
Draco escuchó como algo lejano el sollozo de la castaña, pero sintió el arrebato de ella por estar cerca de él. Eso lo despertó muy poco pensando que aquello era normal y antes de volverse a quedar dormido, sintió los temblores del cuerpo de Hermione. Entonces se despertó completamente, más sollozos se escucharon y Draco se espantó.
–Hermione, ¿qué ocurre? –preguntó Draco con voz ronca aún por el sueño.
Hermione negó con la cabeza sin dejar de llorar. Nunca antes había tenido tanto miedo, ni siquiera con la presencia de los dementores. Aquel fue un miedo totalmente diferente, no como la clase de miedo cuando uno tiene de niño a la oscuridad o a los monstruos en el armario. Si no un miedo demasiado desgarrador, de perder a alguien tan importante que la simple idea no te deja respirar.
Draco la abrazó con fuerza, casi podía sentir lo que ella sentía a través de la manera en que lloraba. Deseaba quitarle ese sentimiento tan desolador, pero no sabía cómo.
–Hermione, por favor… ¿qué paso? Habláme –imploró Draco mientras con una mano acariciaba sus rizos para calmarla.
La castaña se tomó un momento, respiró hondo dos, tres, cuatro veces seguidas y se limpio las lágrimas con sus manos. El calor del cuerpo de Draco la ayudó mucho más a controlarse.
–No sé que haría sin ti… –dijo Hermione con la voz quebrada.
Aquello desconcertó totalmente a Draco. Nunca antes le había dicho algo así, tan cargado de una verdad tan absoluta. Esas palabras y la manera de decirlo, valieron miles te amos.
–Te has vuelto tan importante para mí y te quiero tanto… –siguió Hermione pero no pudo porque se le formó un nudo en la garganta que le impidió seguir hablando.
–Lo sé… –contestó Draco sintiendo una sensación en el pecho parecido a la adrenalina.– Nos queda toda una vida juntos para que me digas todas las cursilerías que quieras.
Hermione río mientras más lágrimas amenazaban con salir. Se separó lo suficientemente de él para verlo al rostro, Draco le sonrió con ternura. Entonces se besaron, las palabras que faltaron decirse en ese momento no tuvieron importancia, porque lo más importante era estar así juntos como si no hubiera una guerra a la vuelta de la esquina… como si afuera de esa habitación no tuvieran que interpretar los papeles de enemigos.
–Tenemos clases –dijo Hermione después de más besos robados.
A causa del miedo que le había producido su pesadilla, no se había dado cuenta que ya era de día. No tenía idea de la hora pero seguramente tenían que apurarse.
–Cinco minutos más –murmuró Draco antes de besarla otra vez.
Para cuando Hermione caminaba por los pasillos rumbo al Gran Comedor, ya casi se terminaba la hora del desayuno pero eso no la iba a desanimar en todo el día, a pesar de tener aún estragos de su pesadilla, Draco la ayudó bastante para olvidarlo, lo suficiente para comenzar el día realmente feliz. Aunque llevaban alrededor de una semana durmiendo juntos, aún falta mucho para que pudieran estar juntos de la manera en como ellos quisieran, como por ejemplo estar tomados de la mano camino a desayunar. No obstante, cada vez que se separaban, la castaña se sentía más segura de su relación. Algo que se siente tan bien, no puede estar mal.
Sin embargo, Hermione no pudo comprobar ese último pensamiento porque en cuanto entró al Gran Comedor, todas las miradas se posaron en ella. Fue tan repentino que se quedó tiesa en la entrada sin saber qué hacer. En varias ocasiones, al ser la mejor amiga de Harry Potter -sobretodo en cuarto y quinto año-, las personas decían insultos en susurros cuando pasaban junto a ella o la miraban de más haciendola sentir incomoda muchas veces, todo por apoyar al niño que vivió. Pero no se podía comparar con ahora, la miraban con odio, resentimiento, envidia, sorpresa, confusión. Hermione sólo palideció al entender la única razón suficiente para generar esa reacción.
Había visto esas mismas miradas posarse en Millicent Bulstrode y Hopkins Wayne cuando su relación había salido a la luz.
Sin poder soportar más las miradas, camino torpemente hacia la mesa de Gryffindor, visualizo a Harry, Ron y Ginny, y prácticamente corrió los últimos pasos hacia ellos. Se sentó junto a Ron pero al mismo tiempo, los estudiantes de su mesa se apartaron de los cuatro amigos como si tuvieran una especie de enfermedad contagiosa. Pusieron una distancia de al menos tres metros. Hermione miró incrédula la reacción. Poco a poco, los alumnos volvieron a sus asuntos pero era muy obvio que en cada mesa, ella era el tema.
–Lo saben –fue lo único que dijo Ginny mirandola con una especie de desaprobación.
–¿Cómo? –preguntó Hermione asustada, incapaz de mirar alrededor.
–No lo sabemos, fue cuando bajamos a la sala común que nos abordaron ciertos compañeros para preguntar si era verdad –contestó Ron jugando con su comida.
Hermione iba a preguntar una vez más cómo se enteraron sin poder creerlo pero la mirada de Harry le indicó que el principal problema no era ese.
–Los de slytherin buscan derrocar a su líder y tomar venganza por medio de ti, pueden ser muy peligrosos –dijo Harry mirando detrás del hombre de Hermione, donde esta la mesa de las serpientes.
"Los sangre sucia no deben mezclarse con los sangre pura. Espero entiendas ahora lo cuidadosa que debes ser Hermione, porque si lo tuyo sale a la luz… los de slytherin irán por ti" le había advertido Anthony Goldstein el día en que ella había defendido a Hopkins de un ataque de los de slytherin.
La castaña se pasó una mano por el cabello sumamente nerviosa, mientras estuviera al lado de sus amigos no podía correr peligro alguno, pero Draco era otra historia. Estaba segura que no quedará ni una amistad después de la bomba que se ha soltado. Y como si lo hubiera convocado, un silencio irregular llenó otra vez el comedor, Hermione vio como todos miraban hacia las puertas. No había que ser un adivinador para saber quien acababa de llegar.
Hermione volteo hacia las puertas y su mirada chocó con la de él. Se mostraba impasible, como si fuera normal esa clase de bienvenida todos los días, ella no podía soportar que a él le dieran la espalda sus mismos compañeros, por lo que volteo.
–¿Qué esta haciendo? –dijo Ginny entre sorprendida y molesta.
–No se va atrever… –dijo Ron pero no termino incapaz de creer lo que Draco hacía.
Draco Malfoy caminaba directamente hacia Hermione. En el camino escuchó claramente cosas como: "Al final es un traidor a la sangre" "Relacionarse con una hija de muggles es demasiado bajo para él" "Está acabando con su apellido". En cuanto puso un pie en el gran comedor, Draco lo supo. Se había imaginado ese momento cientos de veces y siempre con un sentimiento de miedo, ansiedad y nervios, por ello se sorprendió al sentir seguridad y determinación. Hace unos meses igual se acobardaría, pero ahora no. Cuando se dio cuenta, su cuerpo lo conducía hacia la mesa de Gryffindor, en especifico, hacia Hermione.
La castaña volteo asustada después de los comentarios de sus amigos y cuando vio a Draco caminar hacia ella aguanto la respiración. No podía creer lo que estaba pasando, pero lejos de sentirse aún más nerviosa o asustada, miró los ojos grises de Draco y supo que el momento había llegado. Tantas veces imagino la situación, pero se sorprendió más aún de sentirse completamente segura de dar la cara y mostrarse orgullosa de ser la pareja de Draco Malfoy. Por ello no pensó dos veces cuando se levantó y acortó la distancia entre ellos.
Parecía que el mundo había caído en un trance total, donde nadie podía creer lo que estaba ocurriendo. Mucho menos cuando Draco le sonrió de una forma seductora a la castaña y sin previo aviso, sujeto su cintura y la beso ahí mismo en el Gran Comedor. Todos contuvieron el aliento, ni siquiera se atrevieron a pestañear.
Para la pareja, fue como una liberación total. ¿Por qué tenían tanto miedo al principio de ser descubiertos? ¿Por qué esconderse? Ambos en ese momento entendieron que el resto del mundo podia irse al carajo.
El beso duró poco pero fue demasiado intenso e intimo para los presentes que fue como si durase minutos. Draco miró a Hermione y una sonrisa se formó en sus labios, no iba a negar su relación con ella y mucho menos se escondería. Ya no. Ahora podrían estar juntos en cualquier lugar que quisiesen. Sin duda, la euforía lo cegaba por completo, porque justo en ese momento, alguien lo apartó bruscamente de Hermione. Varios slytherin estaban detrás de él, furiosos y ofendidos. Blaise Zabini fue quien lo sujetó con brusquedad.
–Entonces es cierto… –dijo con malicia. Esperaba que esos rumores fueran mentira, pero el idiota de Malfoy no le importó confirmarlos. Había metido la pata y ahora las consecuencias serían graves.
–¡Dejalo! –exclamó Hermione asustada.
Blaise empujó con fuerza a Draco hacia los de su casa, quienes los más robustos sujetaron a Draco de los brazos para que no se moviera. Mientras Zabini se acercó peligrosamente a Hermione, enseguida Harry y Ron se levantaron dispuestos a defender a su amiga.
–¿O qué, sangre sucia? Nos ocuparemos de él pero después seguirás tu, acabas de cavar tu propia tumba –amenazo Blaise.
–No te tengo miedo –dijo Hermione segura de si misma.
Blaise la sujetó del mentón con fuerza, sabía perfectamente que le hacía daño pero ella no lo demostró. Ni una expresión de dolor.
–Tenlo –amenazo el slytherin.
–¡Suéltala! Desquitate conmigo pero a ella déjala en paz –exclamó Draco furioso.
Zabini soltó a Hermione con violencia, haciendo que se echará para atrás varios pasos por la fuerza con la que la empujó. Ron sujeto a su amiga mientras miraba con odio al slytherin. La castaña sentía que todo daba vueltas, ¿qué le harán a Draco?
–No te preocupes, cuando acabemos contigo ni siquiera podrás recordar el nombre de la sangre sucia –prometió Blaise.
Varios slytherin rieron mientras los demás alumnos observaban el espectáculo. Sabían que en ese momento, Draco Malfoy había dejado de ser el líder de las serpientes para convertirse el mayor traidor a su sangre. Nadie se movía, ni siquiera se atrevían a comentar porque en el fondo sabían que el rubio y la castaña se buscaron esos problemas. La cuestión de la sangre no es algo que se toma a la ligera en el mundo mágico y todos lo saben, sobre todo en tiempos de guerra… sobre todo siendo quienes son. Por ello, nadie se sorprendió cuando Blaise Zabini arremetió un puñetazo en un costado de Draco. Hermione lanzó un grito ahogado, se separó de su mejor amigo y quiso correr para defender al slytherin pero sus compañeros de Gryffindor se lo impidieron, obstruyendo el paso.
–¡A un lado! –exclamó la castaña empujando a sus compañeros, pero otros más la sujetaron.
Mientras otro puñetazo era atestado en Draco, Hermione se ponía histérica. Forcejeo contra sus compañeros pero ninguno cedía, ni siquiera sus mejores amigos la ayudaron, gritó que pararan pero no la escuchaban. De pronto, todos se hicieron para atrás y Hermione pudo ver claramente mediante un hueco a Draco. La camisa blanca del slytherin comenzó a mancharse de sangre en uno de sus costados, como si una vieja herida se le hubiera abierto. Todos estaban sorprendidos, ¿qué era lo que ocurría? Aquellos que sujetaban a Draco lo soltaron asustados y desconcertados.
La camisa ya estaba cubierta de sangre, Hermione gritó, era como en su pesadilla: Draco cubierto de sangre. Quienes la sujetaban a ella también la soltaron y la castaña corrió hacia el rubio empujando a todos.
–¡Draco! –exclamó asustada al llegar a su lado mientras él cada vez se ponía más pálido.
–Lo siento… –susurró Draco al tiempo que un hilo de sangre salía de la comisura de su boca.
Hermione estaba en pánico, su mente en blanco y todo su cuerpo temblaba. No tenía idea de qué hacer.
–¡No, no, no! –exclamaba mientras ella igual se manchaba de sangre.– ¡Alguien que me ayude!
Pero nadie se movió. Se limitaron a observarlos mientras Draco se desangraba. Hermione volvió a gritar por ayuda pero nadie respondió.
–Lo siento… –volvió a decir Draco mientras la vida se le escapaba en cada respiración.
Hermione se aferró a la camisa de Draco mientras hundía su rostro en el cuello de él. No podía creerlo, no podía estar pasando… deseó con todas sus fuerzas morir con él. Entonces, todo fue oscuridad.
Su cuerpo le pesaba y su mente se negaba a despertar del todo. Estaba en un estado de conciencia donde no podía mover en absoluto su cuerpo y apenas podía permanecer despierta, sus párpados le pesaban por lo que no se molestó en intentar abrirlos. Era como si una parte de ella se forzará en mantenerla inconsciente, como si aún no estuviese preparada para despertar del todo y ella no le molestaba en absoluto dejarse llevar por la inconsciencia.
–¿Cómo sigue? –preguntó una voz de repente, la castaña reconoció inmediatamente, era Harry.
–Aún sigue igual. Madame Pomfrey dice que sufrió una especie de shock por lo que su mente decidió desconectarse de la realidad, sólo ella decidirá cuando despertar –contestó Ginny, su voz la escuchó cercana por lo que dedujo que estaba cuidandola.
Harry suspiró. Ginny lo observó, se veía mortalmente cansado y preocupado, pero lo que más llamó su atención fue la culpabilidad en sus ojos. Harry se estaba atormentando nuevamente por lo ocurrido.
–Acabo de escuchar hablar al profesor Dumbledore, traerán a Narcissa Malfoy a ver a su hijo antes de que los alumnos despierten –informó Harry sobre las noticias.
Ginny no respondió, aún no encontraba palabras para referirse a Malfoy. Miró a su mejor amiga, sabía que no estaba durmiendo como si estuviera en coma, estaba más bien en trance. Su expresión estaba llena sufrimiento y varías veces la escuchó llamar el nombre de Draco, buscandolo. Como el día en que supo la verdad, después del ataque de los dementores y Hermione había parado a la enfermería.
Cuando parecía que comenzaba a estar en una especie de pesadilla, Ginny sujetaba su mano y se tranquilizaba, aunque no le duraba mucho.
–Ahora entiendo –interrumpió Harry el silencio. Ginny lo miró curiosa.– Me negaba a ver por qué o cómo es que Hermione y Malfoy están juntos, siempre quise ver el lado negativo de la situación.
Harry se acercó a la cama de Hermione y se sentó a un lado, observandola. La pelirroja notó un cambio en él, pero espero pacientemente a que continuara.
–Hace rato, cuando vi que se despedían, lo comprendí todo. Me di cuenta que lo mío con Hermione sería demasiado fácil, sería algo natural por todos los años de amistad y quizás al final no hubiera verdadero. –siguió diciendo Harry al tiempo que tomaba la mano de la castaña.– Me di cuenta, mientras la chica que me gusta y el chico que más he odiado se besaban, que se quieren de verdad y yo sobro.
Ginny sintió lástima. Harry nunca ha sido particularmente feliz, desearía que por una vez lo fuera completamente, quizás después de la guerra por fin tendría su oportunidad.
–Así que Hermione –continuo Harry pero ahora dirigiendose a su mejor amiga.– Tienes que despertar, para que te vuelva a pedir perdón y volvamos a ser como antes. Eres mi mejor amiga desde hace mucho tiempo y quiero que así sigamos, no pienso perderte por culpa de mi rivalidad con Malfoy.
Harry acaricio los rizos de Hermione, le preocupaba demasiado el estado de su amiga, va a pasar mucho tiempo para que pueda olvidar su rostro antes de que se desmayara e incluso el gritó de impotencia. Desearía borrarle esa memoria para que no sufriera, desearía poder ayudarla.
–Creo que has madurado Harry –dijo Ginny bromeando.
Harry se levantó de la cama de Hermione y le sonrió a la pelirroja.
–Pues es un asco madurar –admitió Harry y ambos rieron, pero la felicidad no les llenó por completo el rostro.
Volvieron la mirada a Hermione. La castaña por un lado trataba con todas sus fuerzas poder despertar o mover su cuerpo, había escuchado claramente lo de Harry pero era curioso, cada vez que se esforzaba por reaccionar, una cuerda la jalaba hacia la inconsciencia… Esa desconexión de la realidad la envolvía con demasiado placer, porque una vez dejándote llevar por ella, nada dolía y nada importaba. Su parte racional luchaba pero no podía ganar, agotada se dejó llevar nuevamente a la oscuridad.
Futuro
Hermione miraba impaciente el reloj. Sentía que había pasado una eternidad pero cuando miraba el reloj no habían pasado ni cinco minutos. Siempre ese día solía ser el peor de cada año, a veces ni era consciente de la fecha simplemente cuando se despertaba su cuerpo y mente se lo recordaban con mucho pesar. Afortunadamente aprovechó su embarazo para avisar desde temprano que no iría al trabajo porque sabía que no podría soportar seguir su ritmo de vida, no al menos ese día en especial.
Se sentó en el sillón de la sala a esperar, esperar a que el día terminase ya o su propio cansancio la sumiera en un sueño largo, pero apenas eran las cuatro de la tarde y todavía faltaban un par de horas para que llegase incluso su marido. Año tras año pasaba lo mismo, él sólo preguntó una vez y ella le dijo la verdad a medias así que nunca más volvió a preguntar. Siempre le sugería quedarse pero Hermione nunca lo ha aceptado. Este es el único día en que se permite recordarlo con fuerza y llorar todo lo que no lo hace el resto del año, y no quería que nadie más la viera.
Hermione soltó un suspiro.
Habían pasado 10 años y todavía lo siente como si fuera el primer día. El primer día sin él. Sintió una punzada de dolor en el pecho, estaba segura que nada de eso era bueno para el bebé pero no podía evitarlo, no podía controlarlo. Volvió la vista hacia el reloj encima de la chimenea, 4:03.
Se levantó y camino hacia la cocina, quizás cocinar algo la calmaría. Sin embargo se olvidó de un detalle, justo en la puerta del refrigerador había un calendario, cruelmente marcaba el cinco de junio. Hermione se quedó quieta mirando la fecha, mientras su vista se volvía borrosa a causa de las lágrimas. Hoy es su cumpleaños pero no lo celebraría. Hermione se alejó del refrigerador hasta que chocó con la pared, por Merlin, todos los días lo extrañaba y no lo iba a negar. Su primer pensamiento estaba en Draco y su último antes de dormir, también. Y desde el primer año, el cinco de junio era una tortura para ella, un recordatorio de que él ya no estaba más en su vida.
La guerra terminó y gracias a Draco, Harry pudo vencer fácilmente a Voldemort. Lejos de sentir la euforia, Hermione se sintió miserable, porque ella y Draco habían planeado tanto para su futuro: lo que harían después de la guerra, a donde irían, si ella quería trabajar en el Ministerio o ser la impecable sra. Malfoy y la castaña ofendida respondia que podría ser perfectamente ambas cosas; cuando tuvieran hijos a quién se parecería, en qué casa de Hogwarts irían y si alguna vez Harry y Ron podrían convivir con Draco pacíficamente. Todos esos planes fueron frustrados el día en que Draco fue a destruir uno de los horrocruxes de Voldemort.
Después de la guerra, Hermione huyó del mundo mágico, aunque fue reconocida como una heroína ella simplemente quería cortar lazos con ese mundo que alguna vez consideró su hogar. Harry, Ginny y Ron a veces le mandaban correspondencia para saber sobre su estado pero todos sabian perfectamente que nunca pudo recuperarse de la perdida de Draco. Se mudó a Francia, en una pequeña ciudad donde conoció a un chico muggle y por primera vez, con él a su lado ya no tenía pesadillas sobre Draco muriendo de diferentes maneras. Por eso no dudó cuando le propuso matrimonio, sus razones fueron meramente egoístas, no obstante, con el tiempo le agarró cariño. Y ahora, un par de años después, resulto embarazada.
Hermione resbaló por la pared hasta sentarse en el suelo, abrazo su pancita de 4 meses con ternura. Cómo desearía que ese bebé dentro de ella fuera de Draco… comenzó a llorar en silencio, era demasiado doloroso recordar. Después de la inmensa depresión que le causó la perdida de Draco, una vez soñó con él, donde él le reclamaba que estaba dejandose morir de tristeza y le dijo que fuera feliz, aunque no le agradará la idea que no sea con él pero que buscara la felicidad. Desde ese día, Hermione pudo seguir con su vida, pensaba en Draco pero ya no se sumía en la depresión… hasta que un día amaneció totalmente deshecha, dandose cuenta de la fecha, supo que cada año se iba a permitir derrumbarse solamente un día. Un día en el que lo recordaría con alegría, con tristeza, con enfado y con la ilusión de volver a verlo cuando ella muriera ya anciana.
Mientras se limpiaba las lagrimas, Hermione sacó de su bolsillo una foto. Todo el día había estado con esa foto en la mano. Una tarde en Hogwarts, Draco confiscó una cámara mágica a un pobre alumno, el rubio aprovechó la oportunidad para él y Hermione así que después de aguantar un discurso sobre su abuso de poder como prefecto, pasaron un buen rato sacandose fotos. Hermione se quedó con todas, pero ahora tenía una en particular. Esa tarde, Hermione se dedicó hacer tarea de Aritmancia mientras Draco la esperaría para después buscar comida en las cocinas, hubo un momento en qué él se quedó con una mirada lejana y un semblante pensativo, la castaña aprovechó ese momento y le tomó una foto. En ella se veía al principio a un Draco Malfoy totalmente serio pero al darse cuenta de la foto, volteaba hacia la cámara y sonreía como sólo le sonreía a ella.
Dicen que las personas tienen un sólo amor, podrán enamorarse cientos de veces pero siempre va haber un amor en especial, el cual podría ser lo mejor o lo peor de tu vida. Hermione lo encontró, durante los meses que estuvieron fue realmente feliz a pesar de los tiempos en los que vivían… pero también lo perdió. Nunca llegará a saber cómo hubiera sido su vida junto a él fuera de Hogwarts. Ahora era feliz por momentos robados pero simplemente desearía que él estuviera ahí con ella para ser feliz por completo.
Miró al reloj, 4:40. Se levantó lentamente del suelo y caminó hacia la biblioteca. Tomó un pedazo de papel del escritorio, así como una pluma y escribió un pequeño mensaje. Con el papel en el pecho, caminó hacia el jardín cruzando la sala y el comedor, una cálida brisa que removió sus rizos la recibieron. Nuevamente los ojos se le llenaron de lágrimas, leyó el pequeño papel que tenía en la mano, le dio un beso y lo soltó.
Observó como el viento se llevaba el papel hacia arriba lejos de ella, mientras las lágrimas recorrían su mejilla. El mensaje decía: "Feliz cumpleaños, Draco".
De pronto escuchó varias voces a su alrededor, se sintió confundida. Habia regresado de la inconsciencia pero seguía sin poder moverse o abrir sus ojos. Se sintió tremendamente cansada pero sentía que había una razón importante por la cual estaba consciente. Pronto su respuesta llegó cuando después de varios momentos, se escuchó que abrían una cortina.
–¿Podrás dejarme a solas con ella? –dijo una voz que Hermione no reconoció, pero había algo familiar en ella, un característico tono arrogante.
–No sé si podrá escucharla –contestó Ginny antes de irse.
Narcissa Malfoy miraba inexpresiva a Hermione Granger, en poco más de 24 horas su vida había dado un giro inesperado y el motivo estaba frente a ella. Siempre tuvo la sospecha que aquella hija de muggles había causado una impresión en Draco, aunque creía que era solamente rivalidad, finalmente su hijo le aclaró el asunto. Narcissa se acercó y se sentó en la silla que momentos antes había estado la hija de Arthur Weasley.
–Creo que nunca nos hemos presentado formalmente pero ambas sabemos quienes somos –comenzó a decir Narcissa con la vista hacia la castaña.– Al parecer últimamente has sido lo más importante para mi hijo, después de la muerte de su padre, creí que Draco se arruinaría…
No era algo de todos los días escuchar a Narcissa Malfoy hablar con tanta honestidad sobre un tema personal, sobre todo cuando se lo estaba diciendo a una desconocida para ella.
–Siempre tuve el temor de que Draco escogiera el camino equivocado, por eso te digo gracias –admitió la rubia mientras apretaba sus manos con fuerza para que dejasen de temblar.– Gracias a ti, Draco supo ser mejor hombre y ha tomado las decisiones correctas, decisiones que yo nunca me atreví a tomar…
Hermione quería decirle que no debería agradecerle todo, está segura de que si Narcissa no hubiese criado a Draco, nunca hubiera podido cambiar porque nunca hubiera tenido un poco de bondad en él. Deseaba decirle que Draco es quien es por tener una gran madre a su lado. Pero su cuerpo se negaba a responderle, justo cuando creyó tener algún resultado, alguien las interrumpió.
–Ya es hora –escuchó una voz femenina pero no pudo identificarla.
Narcissa asintió con la cabeza, se sentía cansada emocionalmente porque deseaba llorar pero no iba hacerlo ahí. Alargó su mano y apretó brevemente la mano de Hermione. Después se levantó y sin decir nada más, se fue. Hermione se sintió terriblemente sola y cansada, por lo que a los pocos momentos, se dejó llevar por la inconsciencia.
Pasado
Hermione estaba maravillada. Ni en su más loca imaginación hubiera pensado que podría existir un mundo totalmente diferente y oculto de donde ella vivía. Hace unas semanas llegó una profesora a su casa, diciendole que ella no era una niña común y corriente, tenía poderes mágicos, en pocas palabras le dijo que era una bruja. Pero no sólo eso, sino también fue aceptada en una escuela llamada Hogwarts donde le enseñarían todo sobre la magia, cómo manejarla y conocería a otros niños en sus mismas condiciones. Sus padres quedaron totalmente sorprendidos, pero dadas algunas circunstancias extraordinarias le creyeron totalmente a la profesora McGonagall. Y ahora, estaba en el callejón Diagon donde conseguiría todo para su nueva vida e incluso ya había comprado libros para prepararse.
Llevaba al menos media docena de libros fuera de los escolares que le pidieron, apenas podía ver donde caminaba pero no le importo, estaba demasiado emocionada. Por ello no se dio cuenta que a lo lejos, un niño de su misma edad la miraba con curiosidad. Draco Malfoy se sintió realmente sorprendido al ver una niña sujetando libros que seguramente pesaban la mitad de su peso. Conocía a muchos niños de su edad, pero nadie parecía tener cierta fijación por la lectura.
En ese momento, Narcissa Malfoy se paraba junto a su hijo. Miró a su hijo con interés, hace unos momentos no paraba de hablar sobre qué tipo de varita seguramente lo escogería y todo lo que podría hacer con ella cuando de repente calló. Se dio cuenta que su hijo miraba a una niña con un cabello castaño demasiado alborotado para el gusto de Narcissa, enseguida notó que era una hija de muggles pero al parecer Draco no lo había notado.
–¿Cómo puede cargar con todo eso? –preguntó Draco para si mismo, pero su madre lo escuchó.
–Tenemos que ir con Ollivander, Draco –interrumpió su madre sus pensamientos.
Draco enseguida retomó su camino, por alguna razón se sentía realmente interesado por saber quien era. Algo le decía interiormente que aquella niña poco agraciada será parte de algo. Semanas después se toparía nuevamente con ella en el expreso de Hogwarts, pero mientras tanto tuvo un impulso.
–Madre, espera –dijo Draco al tiempo que volvía la mirada hacia atrás.
Hermione no encontraba a sus papás, le habían dicho que se adelantarían a preguntar algo y suponiendo que su hija tardaría un rato en la librería, la dejaron sola. Ahora estaba con diez libros gruesos y pesados en sus brazos tratando de encontrar a sus papás, afortunadamente la castaña no era de esos niños que entraban en pánico, siempre había una manera de salir adelante a pesar de estar en un mundo desconocido para ella, eso no le daba ningún temor. Justo cuando uno de los libros se le iba a caer, un par de manos detuvo la caída.
–¿En serio creíste que podrías cargar esto tu sola? –escuchó una voz demasiado arrogante para su gusto.
Lamentablemente, ella no lo podía ver bien porque los libros le tapaban la vista.
–Por supuesto que puedo y no necesito tu ayuda –respondió Hermione ofendida.
Draco sonrió, casi nadie se atrevía a responderle. Le gusta que alguien tenga el valor de desafiarlo, lo veía como una especie de reto porque cuando sucedía, terminaba obteniendo lo que quisiera.
–Obviamente no sabes quien soy –respondió Draco.
–No me interesa, estoy buscando a mis padres así que adiós –replicó Hermione. Estaba acostumbrada a tratar con niños mimados, creían que el mundo les pertenecía sólo porque sus padres los consentían de sobremanera.
Draco iba a replicar ofendido cuando unas voces lo interrumpieron.
–Hermione, cariño –exclamó una mujer, Draco supuso que era la mamá de la niña.
–Dijimos que esperarías en la librería –reclamó un señor quien iba al lado de la señora, el papá.
En ese momento, Draco Malfoy notó que aquellas personas eran muggles, no sólo por sus vestimentas sino porque parecían ajenos a todo lo de alrededor como si fuera la primera vez que estuviesen ahí. Recordó lo que su padre le había dicho docenas de veces y deseó que nadie lo hubiese visto.
–¡Draco! –lo llamó su madre, Draco enseguida obedeció a la voz y se fue.
Hermione volteo para ver a donde se iba el niño que la iba ayudar, sólo pudo ver su espalda y que se encontraba con una señora bastante atractiva, desde esa distancia pudo notar lo caro de sus ropas además por su porte aristocrático supo el nivel social al que pertenecían. De eso no hay diferencia con su mundo no mágico, también las clases sociales eran muy marcadas. Decidió olvidarse del asunto y reunirse con sus papás, de alguna manera en ese momento supo que ella no iba hacer bien recibida por algunas personas, ella es un caso especial entre los magos. Y aquellas personas como la señora rubia no aceptan a los casos especiales de magos como ella.
–¿Hiciste un amigo? –preguntó su madre contenta.
Hermione negó con la cabeza. Por alguna extraña razón, supo que no sería la última vez que vería a ese niño, a pesar de no verlo completamente del rostro, había algo peculiar en él. Y por las breves palabras que intercambiaron había dos opciones: amigos o enemigos. ¿Cuál será finalmente?
Sentía una punzada de dolor en la cabeza, instintivamente se llevó una mano hacia la sien. Pronto se dio cuenta que finalmente podía moverse, entonces con esfuerzo abrió los ojos lentamente. Lo primero que vio fue a su mejor amiga durmiendo incómodamente en la silla a la derecha de la camilla, por la luz parecía que estaba amaneciendo. Conforme recuperaba la consciencia, la cabeza dejó de protestarle ¿cuánto tiempo permaneció inconsciente?
–Ginny… –llamó Hermione a su amiga, sintió un sabor amargo en la boca además de la voz ronca.
Enseguida la pelirroja se despertó como un resorte, miró a Hermione y sonrió aliviada.
–Al fin despertaste –dijo mientras se levantaba, camino a la mesita de noche y le sirvió un vaso de agua a la castaña.
–¿Qué hora es? –preguntó Hermione al tiempo que se incorporaba, se sintió levemente mareada pero lo ignoro.
–Poco más de las seis de la mañana –contestó Ginny revisando su reloj.
Hubo un momento de silencio, un silencio antes de la tormenta. A pesar de haber sufrido como una serie de revelaciones, lo único claro que tenía eran los momentos previos a su desmayo. Todos estaban ayudando a Draco y él se veía mortalmente herido.
Tenía muchísimo miedo de preguntar pero necesitaba saber la respuesta de una vez por todas, porque si Draco no logró sobrevivir necesitaba saberlo ahora para llorarle al menos un día y después seguir adelante. Estaban tan cerca de acabar con la guerra que se convertiría en su máxima prioridad. Miró a Ginny con seriedad, la pelirroja le regresó la mirada con un dejo de tristeza en los ojos.
–¿Draco? –fue lo único que pudo pronunciar Hermione sin que se le quebrase la voz.
Ginny se sentó frente a ella en la cama antes de responder.
–Está vivo –respondió.
Hermione no se había dado cuenta que había aguantado el aliento. Soltó un sollozo y enseguida los ojos se le llenaron de lágrimas porque había esperado lo peor, estaba preparada para escuchar que Draco había muerto. Sentía que por algo había tenido esos sueños, para prepararla con la peor noticia. Pero ahora, se sentía totalmente aliviada, enseguida comenzó a llorar y se tapó la cara con las manos. De alguna forma sentía que regresaba a la vida.
Ginny alargó su mano para sujetar un hombro de la castaña como símbolo de apoyo, quería llorar con ella pero aún faltaban cosas por decir, por eso sólo aguanto las lágrimas ya que ahora más que nunca Hermione necesitaría su apoyo.
–Pero apenas está vivo. Malfoy recibió dos mordidas de la serpiente, su cuerpo tiene rastros de haber sido torturado durante horas y al parecer le infligieron mucho daño porque tiene dos costillas rotas, una de ellas le perforó superficialmente el pulmón –dijo Ginny todo de un jalón y sin rodeos.– Estuvo muerto durante unos momentos, pero lograron revivirlo, sin embargo no es suficiente. El veneno de esa serpiente es algo nuevo porque no encontraron el antídoto a pesar de que le administraron otros conocidos.
Hermione se limpió las lágrimas escuchando atentamente a Ginny, tratando de no imaginarse lo que Draco tuvo que vivir para recibir todas esas heridas.
–Tonks ha ido al Ministerio a conseguir otras pociones curativas, mi padre trajó al medimago que lo ayudó en San Mungo, pero dicen que no hay nada que hacer, solamente queda esperar… esperar a que Draco sobreviva las próximas 24 horas –terminó de decir Ginny sin apartar la mirada de la castaña.
–¿Si mejora? –preguntó Hermione.
–Entonces se recuperará, dejará de estar en peligro.
–¿Pero, si no mejora? ¿Si sigue igual?
–Probablemente muera…
Hermione dejó de sentirse aliviada. En pocas palabras, Draco estaba agonizando… batallando entre la vida y la muerte. Mientras ella estuvo inconsciente durante quien sabe cuantas horas, pudo haber estado junto a él desde el principio. Enseguida apartó las sabanas de su cuerpo, dispuesta a ir junto a Draco.
–Espera, tienes que descansar –dijo Ginny impidiendo que se levantará.
–¡No! Ya estuve mucho tiempo en cama, necesito estar con él. Tal vez pueda pensar algo para ayudarle –replicó Hermione haciendo a un lado a su amiga.
–¡Hermione espera! –insistió Ginny.
Pero la castaña volteo a mirarla, sus ojos castaños lucían desesperados y al mismo tiempo determinantes.
–Necesito estar con él, no quiero que este solo ahora porque si algo pasase… y yo no estoy a su lado, nunca me lo voy a perdonar. Por favor –dijo Hermione haciendo que los ojos de Ginny se llenaran de lágrimas.
–Dejame ayudarte –respondió, mientras la ayudaba a levantarse.– Lo llevaron a un cuarto para evitar que algún alumno lo vea por accidente, además para que estuviera más tranquilo.
Ginny guío a Hermione hasta al fondo de la enfermería, nunca había llegado hasta esa parte de la enfermería por lo que se sorprendió ver diversas puertas. Sin duda si un alumno estaba demasiado enfermo, lo llevaban alguno de esos cuartos, igual ella pudo haber estado ahí en segundo año cuando fue petrificada. Ginny abrió la segunda puerta a la derecha, Hermione respiró hondo antes de entrar.
–Veo que ya está despierta –dijo Madame Pomfrey cuando vio a la castaña en el umbral, pero no tuvo una respuesta.– Los dejaremos solos un momento.
Pomfrey dejó el trapo húmedo en una bandeja de agua y se levantó para irse, Ginny la siguió cerrando la puerta tras Hermione. La habitación era pequeña, las cortinas estaban corridas por lo que la iluminación venía de una lámpara de aceite en la mesa de noche y en medio yacía Draco Malfoy en una cama. Al parecer lo habían limpiado porque Hermione esperaba verlo cubierto de sangre.
Aún así podía ver lo grave la situación. Draco estaba totalmente pálido, de una palidez cadavérica que asustó a Hermione. Tenía profundas ojeras debajo de sus ojos, su respiración era irregular como si le costará mucho cada respiro, tenía vendas alrededor de su pecho por las costillas rotas. En el costado derecho, había una pequeña mancha de sangre donde seguramente ahí la serpiente le había mordido y en el brazo izquierdo también tenía una venda con restos de sangre seca, la segunda mordida.
Hermione se acercó más, Draco se removió como si pudiera sentir su presencia aunque no despertó. Se dio cuenta que estaba sudando y con un ligero temblor tocó su brazo derecho, ardía en fiebre. Con el corazón latiendole desbocadamente, se sentó en la silla donde había estado Pomfrey y tomó el trapo húmedo de la bandeja de agua. Pasó el trapo en el rostro del chico con lentitud.
–Draco –susurró la castaña al tiempo que se le quebraba la voz.
Siguió recorriendo el trapo húmedo, mientras las lágrimas comenzaban a caer por su rostro.
–Tuve un horrible sueño –comenzó a platicarle sin estar segura si la escuchaba.– Al parecer estaba casada y esperando un hijo, pero no era tuyo… era de un muggle. Luego tuve otro donde todos se enteraban de lo nuestro…
Volvió a remojar el trapo en la bandeja de agua y repitió su tarea, su mano temblaba ligeramente. Desearía poder recordar algún dato importante sobre el veneno de serpientes mágicas, o algo para contrarrestar el daño causado por el cruciatus.
–Draco, tienes que sobrevivir, tienes que luchar porque… porque te necesito. Nos falta mucho tiempo juntos, sobrevivir a la guerra y luego enfrentarnos al mundo mágico –continuo diciendo con la voz quebrada y con lágrimas cayendo sobre su regazo.– Puedes comprarme todos los lujos que quieras, pero no aceptaré más de dos elfos domésticos… sólo sobrevive, porque no pienso vivir en un mundo donde tú no estés…. yo… te amo…
De pronto, recargó su frente en el brazo de Draco llorando inconsolablemente. Tenía miedo, porque cada hora contaba para él, si iba a morir o si sobreviviría. No estaba segura de cuánto sufría Draco o si no sentía en absoluto. Tenía tanto miedo que su cuerpo le temblaba sin poder evitarlo, su respiración era pesada y los latidos de su corazón desbocados.
–No me dejes… –susurró Hermione entre sollozos, se sentía tan pérdida.
–Pero tú no te atrevas a dejarme por un muggle, Granger –respondió Draco.
Heme aqui nuevamente :)
El primer capitulo del año, espero hayan tenido unas esplendidas fiestas.
Bueno, este capitulo ha sido sufrimiento al por mayor y lamentablemente aqui no acaban las cosas, Draco aún sigue en peligro de muerte y aunque este capitulo solo fue Draco y Hermione, las cosas afuera comienzan a ponerse más intensas.
Espero les haya gustado el capitulo y hayan llorado un poco, muchisimas gracias por leer y seguir mi historia. Gracias a Suzione StarM y a Jaina-Mx por sus comentarios.
No olviden comentar, me gustaria saber que les parece la historia y que creen que pase en estos últimos capitulos.
Besos!
