Finalmente, Lord Voldemort se había quedado solo.

Estaba parado en la misma habitación donde hace unas horas pasó lo impensable para él. El hijo de Lucius Malfoy resulto ser un completo traidor, y no sólo eso, igual demostró una gran resistencia y habilidad mágica que desconocía por completo. No podía recordar quien había sido la última persona que resistió tanto tiempo a sus maldiciones, además, nadie lo había desafiado como Draco Malfoy e incluso logró ganarle en su propio juego. Reconoce que desde el principio, vio habilidades en él que lo ayudaron a ser un mortifago de confianza, Lucius lo había criado con ese fin, pero nunca hubiera imaginado que el chico se convertiría en un gran mago.

Lo había subestimado, un error que no pensaba volver a repetir. Malfoy no uso sus grandes habilidades a favor de su causa, sino en su contra y lo peor de todo, para asesinar a su querida Nagini.

Voldemort volvió a recordar la escena que se llevó a cabo. Demasiado tarde se dio cuenta que el verdadero objetivo de Malfoy era Nagini, no había sido un simple ataque de rebeldia o un acto suicida como había creído. Pero, ¿por qué Nagini…? "¿Acaso…? " pensó al tiempo que apretaba los puños con fuerza tratando de contener su ira. No era ninguna coincidencia que Malfoy hubiera utilizado el fuego maldito para matar a la serpiente, de todas las opciones… Draco estaba preparado para emplear aquel hechizo, un tema que no se enseña en ninguna clase de Hogwarts o en cualquier libro.

Un mal presentimiento lo recorrió, todo apuntaba a que Malfoy lo sabe… sabe su gran secreto. "Imposible" pensó llenó de rabia, pero la satisfacción en el rostro del chico cuando mató a la serpiente lo confirmaba. Su secreto ya no era más un secreto.

De pronto, de la varita de Voldemort salieron chispas al tiempo que su rostro se endurecía por una expresión llena de rabia. Está muy cerca de obtener el poder del mundo mágico en Gran Bretaña, muy cerca como para que surja otro problema más del cual lidiar, porque efectivamente, ese problema sólo le concierne a él. No existe nadie a quien le confiara sobre la existencia de sus horrocruxes.

Tenía la urgencia de revisar cada lugar para asegurarse, pero no podía desaparecer por el momento, necesita antes que sus planes sigan funcionando o todo habría sido en vano.

–Maldito Malfoy –susurró con furia.

Desde el momento en que Malfoy reveló su más intimo secreto sobre la sangre sucia se convirtió automaticamente en un gran traidor, pero en cuanto asesino a Nagini, se volvió en su enemigo personal. Tal vez Malfoy piensa que en Hogwarts estará seguro, si es que ya esta muerto a causa de las heridas, pero en el fondo Voldemort deseaba que sobreviviera para entonces poder vengarse de la forma más dolorosa y cruel. Era una verdadera lástima, Draco Malfoy había resultado ser un excelente mortifago y termino siendo igual de patético como Lucius. Al final ambos sacrificándose por razones sentimentales, realmente patético. Sus ancestros seguro se retuercen en sus tumbas al ver en lo que se convirtieron los Malfoy.

Tiempo después, Voldemort comprenderá por qué nunca debió subestimar a las personas que son movidas por amor. No obstante, en ese momento estaba furioso e incluso paranoico. No podía confiar en nadie, a partir de ese momento tendrá que ser más meticuloso, observador y calculador. Sabía perfectamente el costo de sus errores, un chico con una cicatriz en forma de rayo es prueba de ello. Cualquier mínimo error podría ser su fin.

De pronto, alguien abrió la puerta detrás de él. Voldemort no necesitaba voltear para saber quien era, la única persona que se atrevía a entrar de esa manera era Bellatrix Lestrange. Quizás, la única que valía la pena mantener a su lado. A pesar de ser la tía de Draco Malfoy, ella nunca ha mostrado ninguna clase de debilidad como toda su familia.

–Amo –dijo Bellatrix inclinando la cabeza, sabía que era portadora de malas noticias.

Voldemort había ordenado a Bellatrix a ir al Mansión Malfoy en busca de Narcissa Malfoy. Buscaba venganza y la madre del chico resultó ser la idea perfecta para empezar, utilizaría a Narcissa para que Draco perdiera la cordura y se arrepienta de sus actos. Pero aquella fantasía fue arruinada por el largo silencio de parte de Bellatrix, era demasiado tenso, así que lentamente el Señor Oscuro volteo para encarar a su seguidora, intentando no demostrar su furia al verla sola.

–Narcissa no está en la mansión, me temo que… ha desaparecido –informó Bellatrix sin ningún rodeo.

Aquello fue sólo una confirmación para el Señor Tenebroso. Draco Malfoy había planeado todo perfectamente. Una ira irracional se apodero de él, no sabe como rayos Malfoy supo sobre los horrocruxes pero lo había traicionado de la peor forma. Más vale que estuviera agonizando en alguna parte porque no se comparará con lo que sentirá cuando lo encuentre.

–¿¡Estás consciente que tu familia resulto ser traidores!? –exclamó Voldemort apretando los puños para esconder el temblor de sus manos.

Bellatrix bajó la mirada sintiéndose totalmente avergonzada. Por supuesto que estaba consciente de ello y le repugnaba de sobremanera, aún no podía salir de su asombro que su sobrino ,destinado a grandes cosas como mortifago, estuviera bajo la falda de una asquerosa sangre sucia. Bellatrix también estaba furiosa, pero sobre todo, con su hermana Narcissa. Después de haber sido fieles testigos de la situación de Andromeda años atrás, siempre creyó que ella y Narcissa se mantendrían juntas. Si Bellatrix aún tenía algo de humano dentro de ella era por Narcissa, pero todo termino pues ella sabía perfectamente lo que planeaba su hijo y aún así lo apoyo.

Su desaparición no era ninguna coincidencia. No la iba a perdonar.

–Lo sé –contestó Bellatrix con decepción en su voz.

–¿Y cómo lo resolverás? –preguntó Voldemort con malicia, mirando directamente con sus ojos de serpiente a su más fiel servidora.

–Narcissa actúa por amor a su hijo. Draco Malfoy puede ser lo suficientemente persuasivo por lo que pudo esconder a su madre sin que ella supiera sus verdaderas intenciones –respondió Bellatrix queriendo también convencerse de ello.– Todo lo planeo él, por lo que tendrá que sufrir las consecuencias.

Bellatrix no estaba segura de su hermana, pero en cuanto a su sobrino le importaba muy poco lo que le pudiera pasar.

–Ahora sabemos quien es lo más importante para Draco –siguió hablando con malicia.– Daré caza yo misma y me encargaré de eliminar a la sangre sucia.

Voldemort se sintió complacido con esa respuesta, sabía que no eran palabras vacías sino promesas que incluso hicieron que Bellatrix sonriera de manera sádica.

–La persona más importante para él… –dijo Voldemort con cierto desprecio.

–Todos tienen una debilidad, mi sobrino no es ninguna excepción, pero cometió la más grande falta a la sangre –contestó Bellatrix con asco.

Voldemort frunció el ceño, ¿cometer decisiones irracionales? ¿Firmar una sentencia de muerte? ¿Dar la espalda a todo un linaje de sangre pura? ¿Eso es amor?

–Después de tu trabajo en el Ministerio, encárgate de Malfoy –dijo Voldemort al tiempo que los ojos le brillaron de expectación.– Quiero que se arrepienta de todo y sufra de todas las formas posibles antes de morir…

Ahora no sólo Potter era su objetivo.

–Así será, Señor –respondió Bellatrix complacida, al tiempo que daba una ligera reverencia.

Voldemort podía sentir las ansias de matar, de hacer sufrir y condenar. Falta muy poco para su golpe final y esta vez, él obtendrá todo el poder. Lo que siempre quiso.


Severus Snape caminaba a paso rápido por los pasillos hacia el despacho del director. No había dormido en absoluto, pero se encontraba demasiado ansioso para sentirse cansado.

A pesar de sus expectativas, Draco Malfoy logró cumplir y regresar de su misión suicida, claro, apenas viviendo. Y no sólo eso, el Señor Tenebroso descubrió la relación entre Malfoy y Granger, ocasionando que ahora ella también estuviera en amenaza de muerte. Y eso era lo que más le afectaba a Snape, tenía un terrible presentimiento, una especie de deja vú.

Por otro lado, también se enfrentaba con una situación importante: Draco Malfoy aún no debía saber sobre su papel como espía y por esa razón no pudo acercarse a la enfermería para ayudarlo, mandó algunas pociones curativas para él pero no podía hacer más. Y por si fuera poco, a las pocas horas, recibió la visita inusual de quien menos pensó: Narcissa Malfoy.

Severus, por favor… –rogó Narcissa con los ojos brillantes a causa de las lágrimas que luchaban por salir.– Es sólo un niño…

Estoy en desacuerdo contigo –repuso Snape con frialdad.– Draco ya no es ningún niño y lo ha demostrado esta noche.

Narcissa Malfoy desvió la mirada fría de Snape tratando de buscar autocontrol, no bajaría la guardia ahí. No ahora.

¡Sólo demostró que pudo haber muerto! –exclamó Narcissa llena de coraje.– Cuando me contó sobre unirse a la Orden del Fénix no mencionó ninguna misión suicida. ¡La Orden no lo protegerá!

La rubia apretó los puños con fuerza. Recordaba claramente cómo su hermana Andromeda irrumpió en su nueva habitación totalmente pálida, diciendole las malas noticias sobre Draco. Después todo se volvió borroso para Narcissa hasta su llegada a Hogwarts porque uno de sus más grandes miedos se estaba desarrollando. El sólo recuerdo de ver a su único hijo en una cama de la enfermería, mortalmente pálido y luchando por vivir… la había dejado totalmente vulnerable.

Nadie lo obligo, él tomó la decisión –dijo Snape con honestidad.

¿Por qué? –preguntó Narcissa más como un lamento que como una duda real.

Aún así Severus le recordó el por qué de las acciones de Draco.

Lo sabes perfectamente, estoy seguro que tu hijo te contó el verdadero motivo por el cual está en la Orden ahora.

Claro que lo sé –respondió Narcissa enojada pero su rostro sólo expresaba tristeza.

Severus Snape lanzó un gran suspiro. Se sentía terriblemente cansado, física y emocionalmente. ¿En qué momento las cosas se complicaron tanto? Ya estaba conforme con su papel de espía en el bando de Voldemort, todo el tiempo se arriesgaba a ser atrapado y ese riesgo era suficiente. No obstante, hace rato confirmo que no era suficiente. Cuando ya no tienes nada que perder dejas de sentir miedo. Por eso se metió de lleno en un problema que no debería importarle, pero su corazón herido de años lo motivo a aceptar. Por Merlin, no le deseaba a Draco Malfoy una vida como la de él… Al menos su sangre sucia le correspondía porque si Snape ha aprendido algo importante en su vida es que el amor no correspondido es una mierda. Y aún así te impulsa a hacer lo impensable, seguramente el amor correspondido te hace creerte invencible o Malfoy no estaría en aquel estado.

Aún así, por más que se regañara a si mismo por haber aceptado más problemas a sus hombros, en el fondo sabía que no se arrepentirá de ayudar a Draco. Dumbledore había tenido razón, el chico resulto tener varios ases bajo su manga.

Siempre lo supe –reconoció Narcissa con una sonrisa nostálgica.

Snape quien había estado viendo con interés las llamas de la chimenea de su despacho, se volteo para mirar sorprendido a Narcissa. Aquella mujer de alguna manera siempre lo sorprendía. Durante mucho tiempo se preguntó cómo una mujer como Narcissa Malfoy acabo enamorándose de Lucius Malfoy. Aunque al principio fue un matrimonio arreglado entre familias, no cabe duda de que la pareja tuvo la fortuna de enamorarse… muy a su manera, claro está.

¿Cómo? –preguntó Snape realmente intrigado por saber.

La rubia miró a su único amigo a los ojos mientras le dedicaba una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Conozco a Draco mejor que nadie. Desde el principio, siempre la mencionaba con mucho desprecio, pero lo hacia. Esa joven ha sido la única que ha tenido el valor de desafiar a mi hijo –respondió Narcissa dejandose llevar por los recuerdos.– Draco siempre fue demasiado arrogante para su propio bien y ella, lograba sacarlo de sus casillas.

Narcissa lo recordaba perfectamente. Draco de once años indignado porque Hermione Granger era la favorita de los profesores y no él; a los doce años, Narcissa le advirtió que tuviera cuidado en usar la palabra sangre sucia contra ella; a los trece años, Draco estaba enfurecido porque no podía creer que la chica se hubiera atrevido a golpearlo mientras Narcissa reía por dentro. Entonces en su cuarto año, Draco admitió que Granger era una chica digna de ser vista. Después de eso, Narcissa comenzó a darse cuenta que no era un simple capricho era más bien el principio de un enamoramiento. No iba a permitir que su único hijo tuviera sentimientos hacia una hija de muggles, le advirtió que cesara con el tema o le diría a su padre.

Así terminaron las menciones de Granger en las cartas. Lo había amenazado por el propio bien de Draco, siendo un Malfoy y sangre pura, no era posible cualquier tipo de sentimiento hacia los nacidos muggles y él parecía haber comprendido en ese tiempo. Después llegó su hora de preparación para ser un mortifago y las cosas cambiaron por completo para Draco.

¿Lo aceptas? –preguntó Snape interrumpiendo los recuerdos de la rubia.

Antes me hubiera asegurado de que no ocurriese, pero todo cambió –respondió Narcissa de forma ambigua.– Draco se convirtió en un honorable hombre y no en el perfecto mortifago como mi hermana.

Severus no insistió, miraba con sorpresa a Narcissa. Sin duda hay momentos que cambian por completo la vida y forma de pensar de las personas. Lo que antes parecía correcto deja de serlo y es tu decisión cambiar o quedarte atrás. La mujer frente a ella tuvo como primer suceso la muerte de su esposo, luego el cambio de su hijo para después verlo agonizando. Las cuestiones de sangre y apellidos dejaron de ser importantes.

El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras finalmente se encontraba subiendo las escaleras de caracol del despacho del director. Sin importarle los modales, abrió la puerta del despacho y camino directamente hacia el director con pasos urgentes. No se sorprendió ver a un demacrado Albus Dumbledore sentado con un montón de cartas en el escritorio, aún así, Snape sintió una especie de nudo en la garganta. Ya no quedaba mucho tiempo.

–Buenas noches, perdón, días –saludó el director aún cuando estaba oscuro y como si fuese un encuentro casual en el pasillo.

–Sólo vaya directo al asunto –contestó Snape con voz cansada.

Dumbledore sonrió, parecía ser la única persona a la que no le causaba ninguna reacción la frialdad de Snape. Se levantó de la silla y con una señal, le indicó a Snape que lo siguiera. Caminaron hasta la pequeña sala detrás del escritorio, donde una vez Dumbledore se sentó con Harry después de la muerte de Sirius Black. Ambos hombres tomaron asiento, quedando frente a frente, Snape sintió un mal presentimiento.

–He podido localizar otro horrocrux –comenzó hablar Dumbledore directo al grano.– Está en uno de los lugares de la infancia de Tom Riddle, durante su estancia en el orfanato, visitaron un lugar peculiar que fue de significado para él. Le he pedido a Harry que me acompañe hoy mismo.

Hubo una pausa, un silencio demasiado pesado que nunca había sucedido entre ellos.

–Ha llegado el momento Severus –continuó diciendo Dumbledore con un tono más serio, Snape se esforzó por mantenerle la mirada.– Estoy seguro de que Voldemort en estos momentos está pensando en revisar cada uno de los lugares donde escondió un horrocrux. No obstante, también estoy seguro que por demasiada confianza en si mismo, no lo hará pronto.

La respiración de Snape se volvió pesada, sabía perfectamente a donde iba aquella charla.

–Una vez que Harry y yo hayamos destruido el siguiente horrocrux… comenzará la última batalla –continúo el director mirando seriamente a Snape.– Estarás a cargo del colegio en mi ausencia, confío en ti Severus.

Y eso fue lo único que basto. Había algo implícito en la última parte que sacó de sus casillas a Snape.

–No te das cuenta, ¿verdad? La maldición está ya muy avanzada y probablemente esta misión podrá matarte –respondió Snape conteniendo su enojo para no gritar y mantener el control.

Pero eso no era el motivo por el cual se había exaltado, el avance de la maldición era inevitable, el problema es lo que implica la ausencia de Albus Dumbledore. Dejará el castillo vulnerable, si todo salía de acuerdo al plan, Severus Snape tendrá que aprovechar esa oportunidad para realizar la mayor prueba de todas.

–Tenemos un acuerdo. Voldemort desde hace tiempo ha empezado a dudar sobre tu lealtad –le recordó con dureza, algo muy impropio del director.– Hemos dejado muchas pistas para que lo hiciera y la única manera de convencerlo de que estás de su lado es…

De pronto, Snape se levantó del sillón con rudeza e interrumpiendo las palabras del director.

–¿No crees que estás pidiendo demasiado? –exclamó Snape enojado.– ¿Por qué hacerlo?

–Sabes que esto es de vital importancia si queremos que Voldemort caiga…

–¡Lo sé! Eso lo tengo muy claro, lo que necesito saber es ¿qué es lo que no me estás diciendo? –cuestionó Snape mirando con severidad al director.– Esto ya lo hablamos hace meses y me sigues repitiendo lo mismo, sin embargo hay algo que ocultas.

Dumbledore lo miró desconcertado por la honestidad y el reclamo, sin duda no podía seguir ocultandole la verdad.

–No puedo seguir haciendo esto si no sé todo –continuo Snape declarándolo como un ultimátum.

Por unos momentos, Dumbledore parecía envejecer unos años, ya no lucia como uno de los magos más poderosos de la historia. Lucía más bien como un anciano cansado de los años. Con lentitud, se levantó de su asiento para mirar directamente a Snape.

–Lo más importante de todo esto es… hacerle saber a Harry Potter que él es el último horrocrux –soltó Dumbledore sin más.

La revelación fueron como un balde de agua fría.

Snape cerró los ojos por un instante, sintiendo palidecer aún más de lo que ya estaba. Había jurado cuidar a ese chico por Lily, mantenerlo con vida significaba que ella no habría muerto en vano… su Lily se había sacrificado por amor a su único hijo para que pudiera vivir. Y ahora, por Merlin… ahora se entera que desde el principio el destino de Harry Potter era morir para salvar a todos.

–No… –susurró Snape volviendo abrir los ojos, sentía que todo su trabajo había sido en vano.– Es imposible…

La expresión de Dumbledore cambió, mirándolo ahora con tristeza, podía ver lo mucho que le afectaba a Snape y por esa misma razón había evitado el mayor tiempo decirle la verdad. Le explicó que la noche en que Voldemort intentó matar a Harry Potter y no pudo, una parte de su alma quedó prendada en la única cosa viviente que había en el lugar: Harry. Por esa razón tenía una conexión con Voldemort, además de que adoptó algunas habilidades de él como hablar la lengua de las serpientes.

Snape dejó de mirar al director, se sentía traicionado, débil, inútil, y sobre todo, decepcionado. No podía seguir escuchándolo, era demasiado.

–Todo este tiempo, salvándolo sólo para matarlo en el momento apropiado… Lo has criado como un cerdo para el matadero –dijo Snape con total acusación, incapaz de creerlo y sintiéndose asqueado por el giro de la situación.

–No me digas que al final le agarraste cariño al chico –dijo Dumbledore ignorando la acusación.

Snape lo miró con enojo. ¿Todavía se atrevía a burlarse de sus sentimientos? Después de todo este tiempo, no era justo que tuviera que terminar de esa manera. No cuando se arriesgo numerosas veces y atravesó un largo camino.

–¿En verdad quieres seguir ocultando lo mejor de ti, Severus? –siguió preguntando el director, con cierta compasión.– Como desde hace años te has arriesgado cada día para protegerlo…

Severus recordó al principio, en lo mucho que le desagradó Harry porque le había recordado terriblemente a James Potter. Odiaba a su padre por haber sido un arrogante, que le hizo la vida imposible y que se quedó con el amor de Lily; pero luego vio la mirada del chico, los mismos ojos de Lily, haciendo que su promesa por protegerlo fuera más fuerte.

–No puedo hacerlo… –contestó Snape demasiado abrumado por sus sentimientos.

–Es lo último que falta y es esencial para la última batalla. Es importante que nunca olvides la razón principal por la que aceptaste hacerlo –recordó Dumbledore al ver la reacción de su amigo.

–¿Y cuál es esa? –cuestionó.

–La misma razón por la que Draco Malfoy se encuentra en la enfermería luchando entre la vida y la muerte –respondió Dumbledore con calma.– La misma razón por la que también proteges a Malfoy.

Muy pocas veces Snape se había sentido tan expuesto, tan vulnerable. Las palabras del director lo dijeron todo. La razón por la que Snape ha tomado cada decisión desde hace 17 años, era amor… Sintió un nudo en la garganta mientras sacaba su varita de su túnica.

Expecto patronum –exclamó al tiempo de que salía una figura plateada de su varita.

Dumbledore se maravilló de ver una cierva plateada brincando por la oficina para luego atravesar la ventana. Nunca podrá imaginarse el dolor con el que Snape ha vivido a lo largo de los años, por eso sin poder evitarlo, los ojos azules del director brillaron a causa de unas lágrimas contenidas y miró con asombro a Snape.

–Lily… ¿después de todo este tiempo?

–Siempre –respondió Snape la infinita verdad.

Con lentitud, el profesor guardó su varita sintiéndose mejor. Conjurar su patronus fue como una liberación de todos los sentimientos que había acumulado en las últimas horas. Se sintió más tranquilo y decidido a cumplir su parte del plan.

–¿No hay forma de evitar lo de Potter? –preguntó Severus rompiendo el silencio. No era su costumbre hacer preguntas tontas, pero necesitaba escuchar la respuesta.

–No. Es esencial que el mismo Voldemort lo haga…

–¿Algún otro pendiente? –preguntó Snape con sorna, volvía a ponerse su mascara de frialdad. Regresaba a ser el mismo de siempre.

Dumbledore comprendió que el momento había pasado y la charla ya estaba por terminada. Negó con la cabeza incapaz de sentirse herido por el tono de Snape, conocía demasiado al profesor para tomarlo como algo personal.

–Entonces daré aviso… –dijo el profesor refiriéndose al hecho de que Dumbledore abandonara el castillo.

El director asintió con la cabeza, justo cuando Snape le dio la espalda, se acordó de un asunto más.

–¿Qué pasará con Draco Malfoy? –preguntó.

Severus sabía perfectamente que si Draco sobrevivía a sus heridas, tendría que afrontar un obstáculo más: la batalla final. Su cabeza tiene un precio y ese día, muchos mortifagos querrán la recompensa.

–Evitaré que le paso algo –respondió Snape como una promesa.

Severus… ¿qué pasará con mi hijo? –preguntó con voz quebrada Narcissa, después de tomar un trago de whisky de fuego que le ofreció Snape.

Ahora más que nunca tendrá que cuidarse las espaldas –respondió dispuesto a decirle toda la verdad.– Además, Voldemort lo también descubrió su relación…

Narcissa se terminó de golpe el resto de su bebida y dejó que el calor abrasador del alcohol la reconfortara, mientras evitaba que las lágrimas salieran de sus ojos. Desde que estaba embarazada de Draco, prometió protegerlo de cualquier peligro… incluso daría su propia vida para salvarlo. Pero ha fracasado en ello. Desde que supo de sus misiones como mortifago, no hacia más que permanecer sin comer o dormir pensando en que algo malo podría ocurrirle. Y ahora que estaba en mayor peligro, no podía cuidarlo… ¿En qué clase de madre se había convertido?

Es mi único hijo –dijo Narcissa esperando que la voz no se le quebrase.– La único bueno en mi vida que me queda… no quiero perder la esperanza…

¿Esperanza? –preguntó Snape sin entender bien a lo que se refería.

La esperanza de que él logre ser feliz…

Snape sintió esas palabras como dagas. Nunca antes había hablado de esa manera con Narcissa Malfoy, con honestidad y profundidad. Era como conocer a otra persona, pero le alegraba, porque ahora entendía de donde vino el cambio en Draco.

Draco Malfoy no era una persona mala que con la llegada de Granger a su vida, cambio mágicamente a una persona buena. Esa es una idea absurda, tales cosas no existen en la vida real. Simplemente paso que Draco todo el tiempo tuvo las herramientas para convertirse en un buen hombre, por la educación y cariño de Narcissa, y decidió utilizarlas.

Ser lo que esperaban de él.

Ser mejor que esas expectativas.

O ser quien realmente quieres ser.

Esas son las opciones que todos tenemos. Las decisiones forjan nuestra identidad y Draco Malfoy eligió cada uno de los pasos para convertirse en quien es ahora. Un camino difícil de seguir.

Aquellos pensamientos, llevaron a Snape a decir lo siguiente:

Lo cuidaré –soltó mirando a los ojos a Narcissa, para demostrarle su honestidad.– Te prometo que haré todo lo que este a mi alcance para protegerlo.

Narcissa miraba conmovida a Snape. No esperaba esa ayuda, sobre todo sin tener que pagar un precio. No estaba acostumbrada a esa clase de promesas.

Estaré profundamente agradecida, Severus –respondió Narcissa, sintiendo por primera vez en horas una sensación de alivio.

Ya nuevamente solo, Snape reflexionaba sobre los últimos acontecimientos. En todo lo que había pasado en menos de un día. Sentía que había estado a merced de sus sentimientos, decidiendo y pensando con ellos, lo cual no era mucho de su agrado. Estaba tan cerca de cumplir con su promesa y aún así, parecía como si faltarán demasiadas cosas por las cuales aún sobrevivir.

Por otra parte, no estaba seguro del siguiente paso de Voldemort. Después de lo que ocasionó Draco Malfoy, seguramente los planes del Señor Oscuro se agilizarán para que dé lugar la última batalla. Noticias que pronto escuchará, eso es seguro. Después, estaba la inesperada misión de Dumbledore y Harry Potter para buscar otro horrocrux -la última vez había recibido una maldición incurable-, ¿qué ocurrirá esta vez?

Snape tomó un largo trago de whisky de fuego. Es lógico lo que ocurrirá: tendrá que llevar a cabo la mayor prueba para asegurar la confianza de Voldemort. Eso lo tenía muy claro. Lo que no entendía, era por qué todo le ocasionaba un mal presentimiento hacia él mismo.


–Pero tú no te atrevas a dejarme por un muggle, Granger –respondió Draco Malfoy en un susurro apenas audible.

Hermione Granger levantó el rostro totalmente sorprendida y con el corazón latiéndole violentamente. Creyó que había sido un juego de su mente por la desesperación de escuchar a Draco, pero al verlo supo que no se lo había imaginado. Rápidamente, la castaña se incorporó para verlo mejor.

–Draco… –susurró entre asustada, aliviada y con tremendas ganas de llorar.

Draco Malfoy hizo un esfuerzo sobrehumano para girar su rostro hacia ella. Luchaba para mantenerse despierto, sentía cada centímetro de su cuerpo con dolor y el pecho le ardía con cada respiración. Pero no le importaba, Hermione estaba a su lado y era lo único que necesitaba en ese momento.

Draco no tenía recuerdos concretos de cómo rayos llegó a Hogwarts, si se empeñaba veía fragmentos de ser llevado por los pasillos y de cómo había muchas personas a su alrededor una vez en la enfermería, lo que más recordaba era el dolor. Era tanto el dolor que no le importó cuando le rompieron la camisa, después de eso todo fue oscuridad. Estaba seguro de que ya habían pasado varias horas, de las cuales estuvo entre la consciencia e inconsciencia, tenía un dolor de cabeza como prueba de ello. Seguramente también tuvo delirios porque no había otra razón para haber escuchado la voz de su madre.

Aún despierto, nada le parecía real. Podría dejarse llevar otra vez por la inconsciencia pero la presencia de Hermione se lo impedía, además después de escucharla decir algo sobre estar casada con un muggle definitivamente se mantendrá despierto el mayor tiempo posible.

–¿Me escuchaste, Hermione Granger? No te atrevas a cambiarme por un muggle –insistió Draco con amenaza dejando en claro que había herido su ego.

Hermione soltó una risa que casi se convertía en sollozos. Al menos la salud mental de Draco seguía intacta.

–Te estaba poniendo a prueba –contestó Hermione mientras se limpiaba las lágrimas y le dedicaba una mirada arrogante.

Draco quiso reír con ella pero una punzada en las costillas le indicó que no hiciera demasiados movimientos. El slytherin volvió a mirarla, notó que a pesar de limpiar sus lagrimas seguían saliendo. Sintió un mal presentimiento. Por supuesto escuchó sus súplicas de no dejarla sola mientras lloraba en su brazo, aquello sólo le indicaba de su estado de gravedad. "¿Tan mal me veo?" se preguntó. Por unos momentos, tuvo miedo de preguntar sobre su estado… Con el hecho de no tener fuerzas para alzar su mano y limpiarle las lágrimas a Hermione, era una mala señal.

–Tampoco pienso abandonarte y no moriré, al menos no ahora… así que deja de llorar –dijo Draco con ternura, no quería que llorará más por su culpa.

Pero para Hermione, lejos de generarle alivio esas palabras, fueron como un recordatorio de su miedo. Su sonrisa se borró y su rostro se descompuso por una mueca de profunda tristeza. Aún podía sentir la adrenalina en su cuerpo, los sentimientos encontrados al enterarse de su estado, sobre todo recordaba fuertemente cuando por unos momentos estuvo muerto.

Entonces Hermione se acercó a él y lo beso con ansiedad. No era un beso especialmente romántico, era más bien la necesidad de sentirlo, una sensación más pasional para dejarse llevar por completo. Draco sentía la ansiedad y el miedo de Hermione casi como si fueran de él, ignorando por completo el dolor, alzó su brazo bueno y hundió la mano en los rizos de la castaña. Ni siquiera cuando se despidieron se habían besado de esa forma, tan desesperada y necesitada. No había ternura e incluso era casi doloroso, pero no importaba, porque es la clase de dolor placentero que de alguna forma te recuerda lo que es amar sin control.

Hermione se separó y recargó su frente en la de Draco, aún con los ojos cerrados mientras esperaba que los latidos de su corazón se calmaran. Poco a poco su cuerpo se relajaba, olvidando la tensión a causa del miedo.

–¿Cómo estás? –preguntó Draco de pronto.– ¿Estás herida?

–Estoy bien, sólo tengo unas raspaduras y moretones… ya te contaré –respondió Hermione sin atisbo de querer moverse.– ¿Cómo te sientes?

–Terrible –admitió Draco aunque trató de sonar como si no fuera nada importante.

Hermione finalmente se incorporó para mirarlo.

–¿Qué te han dicho sobre mi? –preguntó sin más Draco, sintiéndose preparado para escuchar las malas noticias.

La castaña evito su mirada, en cambio se incorporo por completo para sentarse en la silla cerca de la cama. Draco la miró con cierta impaciencia, no necesitaba que ella le mintiera o lo evitara por lastima. No necesitaba eso, sólo quería escuchar la verdad.

–Tus heridas son graves… eso lo sabes –comenzó a decir la castaña indecisa de sus palabras.– Estuviste horas bajo hechizos de tortura, recibiste dos mordidas de Nagini y tienes dos costillas rotas.

En ese momento, Hermione se atrevió a alzar la mirada y encararlo, intentando mantenerse inexpresiva. Pero su respiración agitada no le ayudaba a demostrar una actitud calmada.

–Estuviste muerto unos momentos… apenas pudieron revivirte, estabas demasiado herido cuando llegaste –siguió contando la castaña, prácticamente repitiendo lo que Ginny le había dicho.

–Sobreviví, pero hace rato estabas llorando como si no hubiera esperanzas de que lo hiciera –dijo Draco con seriedad, no parecía afectado.

–Porque no han encontrado el antidoto para el veneno de la serpiente…

–Por lo que sin importar mis otras heridas, puedo morir… –interrumpió Draco sabiendo perfectamente lo que quería decirle.

Hermione sintió un nudo en la garganta, ¿cómo podía estar tan tranquilo? ¿Acaso no tenía miedo? Porque ella estaba aterrada, no había garantía de nada hasta que encontraran el antídoto o bien, Draco sobreviviera a las próximas horas.

–Están buscando el antídoto y estoy segura que el peligro es menos –contestó Hermione dandole ánimos.– Estas despierto ahora y mejor de lo que se esperaba.

Draco no contestó. Se sentía realmente abrumado y no lo demostraría. Deseaba una poción para disminuir el dolor, además estaba seguro de que en cualquier momento se dejará llevar por la inconsciencia. Lo estaba atrayendo demasiado.

–¿Qué fue lo que ocurrió? –preguntó Hermione desviándolo de sus pensamientos.

–Ven acá –contestó Draco señalando la cama. Con un esfuerzo sobrehumano, se movió lo suficiente para que ambos pudieran acostarse.

Hermione se quitó los zapatos y se acostó poco a poco en la pequeña cama junto a él. Cuidaba de no tocarlo o provocar un movimiento que pudiera lastimarlo, sin embargo eso no le importó a Draco quien trató de ladear su cuerpo hacia ella. Su cercanía hizo que pudiera una oleada de alivio lo recorriera, haciendolo creer que todo saldrá bien. Mientras tanto, la castaña se coloco de lado hacia él, recargando por unos momentos su frente en el hombro de Draco para luego recibir un largo beso en la frente.

Ambos necesitaban este momento. Un momento para sentirse seguros y no pensar en nada, salvo la presencia del uno junto al otro.

–¿Me vas a contar? –preguntó Hermione rompiendo el silencio.

–Shh… no arruines el momento –respondió el slytherin mientras sentía que el cansancio lo estaba venciendo.

–Draco… –murmuró Hermione con ese tono mandón que usaba sin darse cuenta.

El slytherin sonrió. No lo admitiría en voz alta pero, si realmente no había esperanzas, no le importaría morir de esta manera. Recordó cuando en los últimos momentos, mientras creyó que moriría dentro de esa horrible casa, sintió un terrible miedo al darse cuenta que no volvería a ver a Hermione. Quería tanto al menos tocarla, abrazarla o besarla por última vez… estaba tan asustado como muy pocas veces había sentido.

–Ya te contaré –respondió Draco como ella lo había hecho momentos antes.

Hermione no insistió, sea lo que hubiera pasado Draco no estaba listo para contarlo. Se acomodó mejor junto a él y pronto, comenzó a sentir demasiado cansancio. No sabía bien cuantas horas pasó inconsciente pero su cuerpo le reclamaba más descanso, y mientras se debatía entre dormir o permanecer más tiempo despierta, con cariño puso una mano en el pecho de Draco… cerca de su corazón. Pudo sentir los latidos del rubio bajo su palma y eso la tranquilizó más.

Draco ladeo su rostro hacia ella. Deseaba poder abrazarla pero era imposible en su estado. Podía sentir las consecuencias en su cuerpo por estar en esa posición, cada vez le dolía más sus heridas.

–Draco, te quiero… –susurró Hermione inesperadamente.

–Lo sé –respondió mientras le daba otro beso en la frente.

La castaña esbozo una ligera sonrisa. No había necesidad de decir más palabras, estaba claro cuales son los sentimientos de cada uno y con eso bastaba. Hermione esperaba que Madame Pomfrey les diera al menos un par de horas a solas, ya después habrá tiempo para afrontar nuevamente la realidad.

–Ahora Voldemort lo sabe… pero al menos estás aquí a salvo –murmuró Hermione refiriéndose a la traición de Draco al matar a Nagini.

No obstante, eso hizo recordar a Draco un asunto importante. Lo había olvidado por completo, Voldemort había descubierto su relación con Hermione Granger, señalado como un peor traidor. Tenía suficiente con que los mortifagos lo buscaran a él para vengarse, pero no podía con la idea de que también había puesto al mismo peligro a la castaña. Estuvo a punto de decirle a Hermione sobre ello, pero calló. ¿Sería buena idea decirle que irían tras de ella?

Si él le pidiera que huyera, ella no lo haría prefiriendo permanecer a su lado. Y eso no le importaria a Draco, si estuviera en mejores condiciones… francamente, él no podía mantenerla a salvo. No cuando estaba tan débil y con veneno de serpiente recorriendo en su cuerpo. Tenía que buscar una mejor opción para protegerla. Draco soltó un suspiro al darse cuenta de su única opción confiable. ¿Quién le podría asegurar la total seguridad de Hermione? ¿Quién lo haría sin pensarlo? Y aún más importante, si las cosas se complicaban ¿quién estaría dispuesto a llevarse lejos a Hermione? "Harry Potter" pensó Draco. A su orgullo le dolía la idea pero, francamente era la única persona a quien podía confiarle la seguridad de Hermione.

Necesitaba hablar con Potter y Dumbledore para decirle los futuros planes de Voldemort. Nada había terminado aún, no podía darse el lujo de seguir inconsciente sin embargo, en cuanto lo pensó, sintió con fuerza como era arrastrado hacia la oscuridad.


Un golpe...

Dos golpes...

"¿Qué rayos…?" Se preguntó Blaise despertándose de muy mal humor. Había algo golpeando la ventana.

Un nuevo golpe…

Definitivamente es en la ventana que está entre su cama y la de Nott.

–Theo... –murmuró Blaise con voz ronca a causa del sueño, pero no recibió respuesta.– Theo…

Con peor humor, abrió los ojos y giró su rostro hacia la cama de su amigo, sólo para descubrir que no había nadie. Blaise soltó un suspiro, ahora recordaba que Nott había tenido una cita con una chica de Ravenclaw, por lo que seguramente no lo vería hasta el otro día. Una nueva serie de golpes en el cristal de la ventana lo hicieron incorporarse. ¿Por qué tenía el sueño ligero?

–Maldita sea... –murmuró mientras se levantaba, escuchando ahora perfectamente los ronquidos de Crabbe y Goyle del otro lado de la habitación.

Con la poca luz que daba el exterior, vio con sorpresa una lechuza esperando afuera, no era cualquier lechuza, era el ave personal del padre de Theo. Sin duda era para su amigo y tenía que ser de suma importancia.

Todo el día había tenido la sensación de que algo pasaría y ahora estaba despierto a quien sabe qué hora de la madrugada, abriéndole la ventana a una lechuza. Su presentimiento no tenía que ver con el ave, sino tal vez con el contenido de la carta. Inmediatamente, la lechuza dejó un sobre en la cama del destinatario para luego salir volando por la ventana hacia la oscuridad. Blaise cerró sin despegar su vista del sobre.

¿Podría ser una coincidencia?

Todo el día se había sentido ansioso por algo que no pudo identificar, incluso después de hablar con Draco Malfoy, las cosas no mejoraron. Puso mucha atención a todo lo que sucedía a su alrededor con el fin de descubrir algo, pero las clases se impartieron con la misma monotonía. Hora tras hora con las mismas personas, los mismos profesores y las mismas conversaciones aburridas. Para la hora del almuerzo, Blaise se había sentido bastante frustrado.

Entonces Draco desapareció.

Desafortunadamente Pansy fue la primera en darse cuenta, gracias a su obsesión por saber qué hacia Draco en los últimos días, y su paranoia sólo sirvió para empeorar la situación. Blaise pasó gran parte de la tarde buscando a su amigo pero nunca pudo encontrarlo. Y ahora en la madrugada, el padre de Theodore Nott le enviaba una carta a su hijo.

Simplemente no podía ser ninguna coincidencia, tal cosa no existía y Blaise tenía la respuesta frente a él.

"Sabemos que hay ordenes, que por muy difíciles que puedan ser, no podemos ignorarlas" Le había dicho Blaise justo esa mañana a Draco Malfoy después de verlo mal y dejándole en claro que estaba de su parte. Por alguna razón ese recuerdo llegó a su mente en ese momento.

El slytherin soltó un gran suspiro mientras se sentaba en el borde de su cama, no podía quitar su mirada del sobre, preguntándose si sería prudente tomarlo. Nunca se había entrometido en la correspondencia de alguien más y era la primera vez que lo pensaba con seriedad, sentía que traicionaba la confianza de Nott.

"No puedo contártelo" había respondido Draco después de que Blaise le ofreciera ayuda. Lo que más recordaba era que sus palabras no sonaron egoístas o dichas por desconfianza, parecía más bien por seguridad.

Antes de poder cuestionar sus actos, Blaise se levantó y tomó el sobre. Se quedó parado junto a la ventana demasiado ansioso para buscar su varita y tener una mejor luz. Mientras rompía el sobre, lo único en que pensaba era en la conversación que tuvo con Nott y Pansy, acerca de una posible misión para Malfoy: el asesinato de Albus Dumbledore, ¿Nott habrá tenido razón?

Con las manos ligeramente temblorosas y la respiración agitada, sacó el pergamino. Sin embargo nada lo preparó para lo que leyó. Al principio creyó que había leído demasiado rápido como para entender las palabras de la carta; después pensó que era una broma o una trampa porque simplemente era imposible… pero después lo entendió y su respiración se hizo pesada.

"Draco Malfoy es un traidor. Su cabeza tiene precio y tú serás quien lo entregue cuando llegue el momento. Nadie más en Hogwarts lo sabe, dándonos ventaja"

Blaise leyó varias veces el contenido antes de arrugar el sobre en su puño. ¿Draco Malfoy un traidor? ¿De qué estaba hablando? ¿Qué rayos había ocurrido? Él no podía… era una locura pensar en ello, más cuando tenía razones muy importantes para estar en el bando de los mortifagos.

"Ya no somos unos niños que hacían todo para complacer las expectativas de nuestros padres, sabemos perfectamente las consecuencias que conllevan nuestros actos…" También le había dicho Blaise esa mañana a su amigo, pero nunca creyó que había dado en el blanco. Por esa misma razón Draco tenía esa expresión en el rostro, por lo que iba a hacer. Porque cometería traición.

No podía ni siquiera imaginar en lo que tuvo que pasar Malfoy para llegar a considerar la posibilidad de traicionar a Voldemort. La razón por la que él, Malfoy y Nott han sido amigos por tanto tiempo era porque fueron criados por el mismo propósito: ser los perfectos mortifagos para el servicio de Lord Voldemort. Una tradición que empezaron sus padres y que ellos también tuvieron que seguir. Ese camino se les fue impuesto como sus otras responsabilidades de sangre puras. Y en ningún momento lo cuestionaron, eran unos niños y la idea de aprender todo sobre la magia les entusiasmaba demasiado.

Juntos tenían lecciones de magia mucho antes de entrar a Hogwarts, aprendiendo solamente la teoría por ser menores de edad, pero para Nott, Blaise y Draco era suficiente. Se sentían superiores e invencibles, sobre todo cuando sus padres les hablaban de las grandezas que podían llegar a realizar y al ser prácticamente parte de la aristocracia en la sociedad mágica por sus apellidos, eso los hacia sentir como reyes.

Entonces conocieron la realidad…

Al final, ninguno de los tres quería ser parte de un grupo tan extremista y menos estar al servicio de una persona como Voldemort. Para empezar, no deseaban seguir las ordenes de nadie pero no tenían opciones. Entonces, comenzaron a dudar de las ideas con las que fueron criados, sobre la pureza de sangre, el exterminio de los muggles, claro que nada de eso era dicho en voz alta.

Lo que comenzó como una gran oportunidad para convertirse en grandes magos, termino siendo una vil mentira por parte de sus padres. Ahora sólo veian la manera de mantenerse al margen y sobrevivir. Malfoy fue quien logró estar en el circulo más cercano de Voldemort, pero tuvo que pagar un precio muy alto. Sin embargo, ahora era un traidor…

Con rapidez, Blaise se levantó y busco su uniforme. No tenía idea de la hora pero dormir seria inútil, necesitaba respuestas y sobre todo necesitaba encontrar a Malfoy. Se arriesgaría y volvería a buscarlo por el castillo. Trató de hacer el menos ruido posible para no despertar a sus compañeros de cuarto, pero su propio nerviosismo no le ayudaba demasiado.

Una vez listo, tomó la carta y la guardó en el bolsillo de su túnica. De ninguna manera le diría a Nott sobre ella, está seguro que él tendría que obedecer las ordenes de su padre a como diera lugar. Además, quería escuchar la versión de Draco Malfoy antes de tomar cualquier otra decisión o involucrar a alguien más.

Salió de la habitación y sabiendo que todo el mundo estaba dormido, Blaise llegó rápidamente a la sala común de Slytherin. El ambiente se sentía inusualmente frío, pero el slytherin lo asoció con sus nervios. Entonces, alguien entró.

Blaise palideció, mientras Nott se agarraba el pecho con una mano igual de sorprendido.

–¿Blaise? ¡Rayos, me espantaste! –exclamó Nott para luego reír, sintiéndose avergonzado por reaccionar de esa manera.– ¿Qué haces aquí?

Blaise tragó saliva incapaz de pensar rápidamente en una excusa. No esperaba ver a Nott de regreso, por lo general cuando salía lo veía hasta en el desayuno.

–Necesito aire fresco… –respondió no muy convincente.

Theo dejó de sonreír y lo miró con cautela. Pudo notar el nerviosismo de su amigo, no tenía idea que era lo que ocurría pero algo estaba ocultando.

–¿Aire fresco? –repitió Nott con duda.

¿Desde cuando Blaise Zabini era de las personas que tomaban aire fresco? ¿Qué rayos significa eso de todas maneras? Theo miró directamente a los ojos de su amigo, mientras el ambiente se volvía denso.

–Si, salir de aquí y caminar –respondió Blaise con calma, se recupero rapidamente del susto inicial y mantuvo el semblante indiferente.– ¿Pansy te pegó su paranoia?

Theo esbozó una media sonrisa. Blaise tenía sus secretos y él también, no iba a interrogarlo.

–Como sea, ten cuidado –dijo con una actitud más calmada.– Peeves anda haciendo de las suyas.

–¿Te hizo una mala broma? –preguntó Blaise sintiendo como si la carta en su bolsillo le quemara mientras fingía interés.

Nott se sentó en el sillón más cercano antes de responder, la cita no había resultado como él esperaba lo cual sólo lo ponía de mal humor, además de que no había dormido en absoluto. Definitivamente no valió la pena.

–No, pero tuvimos que escondernos. Estaba bastante ocupado con la chica de Ravenclaw que te mencioné cuando se escucharon numerosos pasos y gritos –comenzó a contar Nott con indiferencia.– Incluso escuchamos un grito espantoso, seguro Peeves trató de hacernos una muy mala broma o se le hacía a alguien más.

Blaise se quedó pensativo. ¿Gritos y pasos en la madrugada? Eso no sonaba algo que haría Peeves, ¿por qué haría esa clase de ruidos? No tenía ningún sentido. Sin embargo, no compartió su opinión. Su amigo era lo suficientemente egoísta como para darle vueltas a un asunto que sólo arruinó su oportunidad de un buen revolcón.

–¿Fue cerca de aquí? –preguntó como si se tratara de una molestia que quisiera evitar.

–No, fue cerca de la enfermería –contestó Nott para luego dar un enorme bostezo.– Pasamos más tiempo escondiéndonos, lo cual fue muy aburrido.

–Mala suerte –murmuró Zabini como respuesta, pero su mente estaba muy lejos.

Definitivamente algo había sucedido. ¿Y si…?

–Suerte con tu aire fresco, yo me iré a la cama –dijo Nott ignorando la expresión de su amigo, sin esperar más, se levanto del sillón y camino directo a los dormitorios.

"Tiene que tratarse de Draco…" pensaba Blaise sin moverse de su sitio. Algo dentro de él le gritaba que aquello tenía que ver con el slytherin. Sin perder más el tiempo, camino hacia la salida de la sala común, dispuesto a averiguar lo que había sucedido cerca de la enfermería.


–Hermione… –escuchó su nombre por tercera vez.

No podía seguir ignorando que alguien trataba de despertarla.

–Ya vi que estás despierta –susurró

Hermione Granger se removió inquieta. Entre sueños escuchó su nombre pero estaba tan cómoda que por eso prefirió ignorar la voz. Con esfuerzo, entreabrió los ojos y vio a Ginny Weasley inclinada hacia ella, con una expresión algo incomoda.

Con lentitud, la castaña se incorporo hasta sentarse cuidando de no despertar a Draco.

–¿Qué ocurre? –preguntó Hermione con voz ronca.

Ginny miró unos instantes a Draco con expresión aún más incomoda. Seguramente no se esperaba verlos durmiendo juntos, pero luego regresó su mirada a su mejor amiga.

–Lo siento, es importante… –respondió la pelirroja apenada.– Harry y Ron están esperándote afuera.

Hermione asintió con la cabeza, sentía su cuerpo pesado y tenía un ligero dolor de cabeza. Sin embargo, ya no podía seguir ignorando la realidad.

–¿Qué hora es? –preguntó la castaña mientras se ponía sus zapatos.

–Poco más de las seis –dijo Ginny con tono de cansancio.– Hace rato Madame Pomfrey te trajo algo para que comieras…

Ginny señalo una bandeja de comida encima de la mesa de noche. Enseguida Hermione se ruborizo al imaginar a Madame Pomfrey entrando al cuarto y verlos juntos. No tenía problema con que supiera sobre su relación, pero verlos dormir juntos… En ese momento, Hermione volvió a mirar al slytherin dormir. Su respiración seguía siendo rápida y tenía el ceño ligeramente fruncido, seguramente a causa de sus heridas. Con cariño, estiro una mano hacia el rostro del Draco y paso un dedo por su frente, notando como su expresión se relajaba.

–Madame Pomfrey y el sanado que vino de San Mungo también están esperando afuera –interrumpió Ginny el momento, no quería ser grosera pero al parecer, Harry tenía algo urgente que decirle.– Necesitan revisar las heridas de Malfoy.

La castaña reaccionó y sonrió apenada, se levantó de la cama y siguió a Ginny fuera de la habitación. Sus dos mejores amigos la esperaban sentados cerca de una de las camillas del área general de la enfermería. El primero en levantarse fue Harry, pero fue Ron quien acortó la distancia y abrazó a Hermione con cariño, ella se sorprendió por el gesto ya que rara vez el pelirrojo podría ser tan afectuoso. No le dijo nada pero le dedicó una sonrisa, después Harry la abrazó con fuerza.

–Hermione… –susurró Harry feliz. Quería hablar con Hermione tal como le había dicho a Ginny, quería disculparse sinceramente.

–Estoy bien Harry –calmó la castaña con ternura.

"En otro momento…" pensó Harry sabiendo que no era el lugar para hacerlo. Por lo que sólo le sonrió. En ese momento, Madame Pomfrey y un hombre de al menos 30 años, se acercaron a ellos.

–Buenos días, veo que han decidido venir desde temprano –saludó Madame Pomfrey mirando a Harry, Ron y Ginny.

Harry y Hermione se separaron, la castaña se acercó a Pomfrey con preocupación.

–¿Revisarán a Draco? ¿Cree… cree que se recupere? –preguntó Hermione.

–Aún no lo sabemos, querida. Ahora entraremos a revisarlo y veremos sus heridas –respondió con honestidad, después señalo a su acompañante.– El señor Augustus Pye trajo algunas pociones que podría ayudar al señor Malfoy…

–El problema de Draco Malfoy son las múltiples heridas sufridas por la tortura, además por el uso de la maldición cruciatus en él, su cuerpo difícilmente tiene la fuerza y capacidad para recuperarse –comenzó a decir Augustus, lucía también cansado pero estaba siendo amable explicándole la situación a Hermione.– Existen dos problemas más: el veneno de la serpiente sigue en su sistema e impide cerrar las heridas, por lo que poco a poco se está desangrando y debemos tener mucha precaución con eso.

Hermione sintió palidecer en cuanto escucho eso. Aún tenía esperanzas de que Draco mejorara, pero aquella información no le estaba ayudando en absoluto.

–En cuanto terminemos de revisarlo, le informaremos más –dijo el sanador, mirando a todos.

Hermione murmuró un débil gracias mientras veía como ambos entraban a la habitación donde se encontraba Draco. Respiró hondo un par de veces y miró a sus amigos quienes lo miraban preocupados, al parecer tenían miedo de que pudiera desmayarse otra vez.

–Ginny me dijo que tienen algo importante que decirme –habló Hermione rompiendo el silencio y para distraerse.

–De hecho, es Harry quien tiene algo que decirnos –contestó Ron volviendo a sentarse en una de las camas de la enfermería.

El rostro de Harry cambió, enseguida se puso serio y miró a sus dos mejores amigos sin saber cómo se tomarán la noticia, pero antes:

–Ginny, lo siento pero debo pedirte que salgas de aquí –dijo Harry mirando a la pelirroja seriamente.

La pelirroja no protestó, asintió con la cabeza y camino hasta la salida. Harry se espero hasta escuchar la puerta cerrarse para volver su atención a Hermione y Ron.

–Dumbledore me mandó, al parecer aún no destruye la copa porque ha encontrado la localización exacta de otro horrocrux –dijo Harry sin rodeos mirando la reacción de sus amigos.– Dumbledore y yo iremos esta noche por él, dice que es un lugar peligroso ya que no sabemos qué clase de protecciones pudo haber colocado Voldemort.

–¿No te dijo exactamente qué objeto buscan? –preguntó Hermione.

–Al parecer es el medallón de Salazar Slytherin, Voldemort tiene cierta fascinación por objetos de los fundadores –respondió Harry.

–Espera… Dumbledore se irá del castillo –dijo de pronto Ron con preocupación, miró a sus amigos esperando que comprendieran pero sólo lo miraron confundidos.– Hogwarts quedará desprotegido.

–¿De qué hablas Ron? Todos los maestros están aquí y el castillo está asegurado –contestó Hermione sin comprender por qué tanto alboroto.

–Pero no es lo mismo… Su ausencia es como una invitación para los mortifagos –dijo Ron con seriedad.

–Ron tiene razón, yo también pensé lo mismo –intervino Harry.– No creo que estemos tan seguros como piensas…

Desde que despertó, Harry había tenido un presentimiento y no fue hasta que Dumbledore le informó sobre ir tras un nuevo horrocrux de Voldemort que entendió el porque de su presentimiento. Además, el propio ambiente parecía cambiar, como anticipación a algún acontecimiento. Harry no podía explicarlo pero tampoco podía ignorar una sensación así, por eso sintió la urgencia de hablar con sus mejores amigos. Además Draco Malfoy no ha estado en condiciones para tener más información sobre los planes de Voldemort, por lo que después de su traición, cualquier cosa podría pasar.

–¿En verdad creen que algo pase? Nadie más sabe que Dumbledore no estará por unas horas –opinó Hermione analizando los hechos.

–Lo sé pero piensa en esto: ¿cuál crees que sea el plan de Voldemort? ¿Esperar a que lo encontremos? O, ¿atacar? –cuestionó Harry intentando demostrar su preocupación.– Hogwarts no es tan segura como antes creíamos.

–Es cierto…

–Ustedes serán mis ojos esta noche, ¿recuerdas los galeones que hechizaste para el Ejercito de Dumbledore?

Hermione asintió mientras Ron miraba con seriedad a su amigo.

–Vamos a ocuparlos otra vez, llevaré el mío conmigo a donde sea que vaya y si algo grave llegará a pasar pueden avisarme por ese medio –dijo Harry su plan, mirando a ambos.– También podemos alertar a otros miembros.

–Si, estoy seguro que varios querrán ayudar –contestó Ron emocionado por el plan.– No te preocupes Hermione, si quieres yo avisaré a los demás y te traeré una moneda para ti.

–Dile a Ginny que revise mi baúl, aún debo tener una bolsa con varias monedas –dijo Hermione dispuesta ayudar en lo que podía.

Hermione no se sentía segura de dejar a Draco y menos si algo malo pudiese pasar, aunque por otro lado quería encerrarlo en esa habitación, asegurarlo e irse a vigilar los pasillos del castillo. Y podría hacerlo si Draco mejorará en las próximas horas.

–Aún tenemos tiempo para prepararnos por si algo pasa, pero será mejor iniciemos –dijo Harry refiriéndose a él y Ron.– Regresaremos al rato…

–En cuanto pueda, los alcanzaré –interrumpió Hermione decidida.

Pero antes de que Ron y Harry pudiesen despedirse de Hermione, la puerta de la habitación de Draco se abrió con violencia. Madame Pomfrey salió pálida buscándolos con la mirada, la castaña sólo podía centrar su atención en el delantal, antes impecable, manchado totalmente de sangre.

–¡Necesitamos su ayuda! –exclamó Pomfrey mirando a Harry y Ron.- ¡Quédese ahí, Hermione! Sólo nos estorbará…

Para asombro de Hermione, Harry y Ron corrieron sin pensarlo hacia la habitación de Draco. Pronto el pánico regresaba a la castaña y con el corazón a punto de salirle del pecho caminó hasta el marco de la puerta.

Se quedó paralizada por lo que veía: sus dos mejores amigos sujetaban a Draco para que dejara de moverse… era demasiado irreal.

–¡NO! ¡ELLA NO! –gritó Draco totalmente perdido en una pesadilla. Se retorcía dispuesto a liberarse.

Hermione miró con horror como las heridas de la mordedura de la serpiente comenzaban a sangrar, sobretodo la del costado. Draco forcejeaba contra todos, mientras Madame Pomfrey buscaba una poción y el sanador Augustus hacia presión en la herida del costado para detener lo mas posible la hemorragia.

—¡Aún no termina de reponerse de sus costillas rotas, puede perforarse el pulmón! —exclamó el sanador luchando.

Harry y Ron intentaban inmovilizarlo pero Draco luchaba demasiado. Con una fuerza sorprendente a pesar de su estado, tenía una expresión de total pánico a pesar de tener los ojos fuertemente cerrados, su piel brillaba a causa del sudor y se veía moralmente pálido.

–¡Draco basta! –gritó Hermione sintiéndose impotente al no poder hacer nada.

Madame Pomfrey se acerco a Draco con una pequeña botella de color azul, sujetó la cabeza del rubio y con rudeza la echo para atrás, lo obligo abrir la boca y vertió toda la poción dentro, luego se la tapo. Draco se atraganto y enseguida comenzó a toser desesperado, lágrimas comenzaron a caer por su rostro. Toser en sus condiciones seguramente era una tortura. Hermione no tenía ni idea para qué era esa poción pero no sirvió porque Draco siguió forcejeando.

—¡No! Matame a mi... En su lugar matame a mi —imploraba Draco desesperado.

Hermione entró a la pequeña habitación y empujo al sanador para que la dejara pasar, agarro el rostro de Draco entre sus manos mientras él intentaba deshacerse de su agarre.

—Draco, es una pesadilla... Estoy aquí contigo, ¡Despierta! –exclamó Hermione al tiempo que le acariciaba el rostro.

Pero Draco parecía no escucharla, ni siquiera parecía reconocer sus caricias. Hermione en ese momento se dio cuenta que sus manos temblaban con violencia.

—Es una fuerte alucinación, producto de lo que vivió hace rato, la fiebre, el veneno y la pérdida de sangre. Me temo que... Está agonizando —dijo el sanador cambiando las toallas de sangre por otras limpias para detener la hemorragia.

—¡No! ¡Draco, no te atrevas! –exclamó Hermione, pero eso sólo causo que el rubio peleará con mayor fuerza.

Hermione comenzó a sollozar sin saber que hacer.

Desmaius —exclamó de pronto Harry apuntando su varita a Draco.

El slytherin cayó sobre la cama inconsciente, Hermione no dejaba de sollozar mientras veía un hilo se sangre salir por la boca de Draco.


Hola,
he regresado con un nuevo capitulo. Debo admitir que me ha encantado escribirlo y es uno de mis favoritos haha aunque creo que he dicho eso con los anteriores.
Siento enormemente la tardanza, mi computadora estuvo varios dias en reparación, lo cual me volvió loca porque no tenía respaldo del capitulo. Pero bueno, aqui está y espero les haya gustado.

Muchisimas gracias por leer, por tener en favoritos esta historia y más que nada, por comentar. En el capitulo anterior, recibi muchos comentarios que realmente me conmovieron y me motivaron a seguir con la historia hasta el final. (Que no falta mucho)

Que tengan feliz día, es san valentin y que mejor forma de pasar el día que leyendo dramione.

Besos!