Luna Lovegood despertó sintiéndose extraña y proviniendo de ella era porque realmente algo iba a suceder… o estaba sucediendo.

Desde que se levantó, sentía como un presentimiento crecía dentro de ella, fue tanto el presentimiento que tuvo una incontrolable ansiedad por averiguar qué era lo que estaba pasando. Por lo que dedicó unos momentos a observar a su alrededor, quería verificar si había alguna señal que pudiera darle una respuesta, pero el hecho de que todo lucía con normalidad sólo la hizo sentir frustrada. También tuvo el impulso de inspeccionar toda la habitación, quizás algunos snarggles se filtraron durante la noche aunque desistió de su teoría el ver que sus compañeras aún dormían con tranquilidad y aparente normalidad.

Convencida de buscar a sus amigos para contarles sobre su extraño presentimiento, decidió ir directo al Gran Comedor en lugar de dar un paseo como siempre acostumbraba cuando madrugaba. Cuando llegó al Gran Comedor, eran realmente muy pocos los alumnos que estaban empezando a desayunar, sabía perfectamente que sus amigos no eran personas especialmente madrugadoras como ella y aún así busco con la mirada a Harry, Ron, Hermione y Ginny, incluso se atrevió a mirar a la mesa de slytherin en busca de Malfoy. Pero ninguno de ellos estaba.

Entonces Luna decidió buscar respuestas, sin querer esperarlos a que llegaran, quiso ir directamente a la torre de Gryffindor. Quizás podría convencer a la Dama Gorda de poder entrar. Y si no lo lograba esperaría. Al menos caminar igual podría ayudarla a calmar sus pensamientos. Con esa actitud, Luna camino hacia el séptimo piso donde esta la torre de Gryffindor, atenta a todo lo que ocurría a su alrededor, esperando encontrar ver algo. De pronto se acordó de sus viajes con su padre, ambos buscando y cazando criaturas exóticas, de esa misma manera estaba ahora mirando por todo su alrededor sin perder detalle.

Sin embargo, después de un rato, Luna se dio cuenta que estaba perdida. Eran muy contadas las veces que había caminado por la zona de Gryffindor, generalmente lo hacia con Ginny o Hermione y ellas ocupaban un camino secreto como atajo por lo que difícilmente Luna podía recordar donde se ubicaba. Estaba tan enfrascada en observar a su alrededor que realmente no se había dado cuenta hacia donde caminaba.

"Estoy cerca de la enfermería…." pensó Luna mientras seguía caminando. No entendía por qué había caminado hasta ahí, pero justo cuando decidió dar media vuelta. Algo llamó su atención. Blaise Zabini caminaba a varios metros lejos de ella. Parecía que se dirigía a la enfermería pero… había algo en él que le dio un presentimiento a Luna. ¿Tendrá algo que ver con lo que ella sentía?

No estaba acostumbrada a seguir a las personas, pero no lo pensó demasiado. Siguió caminando a paso lento y manteniendo una considerable distancia, lo suficiente para poder huir si necesitaba hacerlo. Mientras seguía a Blaise, se dio cuenta que realmente nunca le había prestado atención al slytherin. Lo había visto por los pasillos o en la mesa de Slytherin pero nada más. Nunca había notado por ejemplo, lo alto que era, y aunque no lo conocía lo suficiente, podía observar por su lenguaje corporal que algo le preocupaba enormemente.

Una vez llegando al pasillo donde se encuentra la enfermería, Luna se detuvo porque Blaise también se había detenido, rápidamente la ravenclaw busco donde esconderse para no ser descubierta, pegándose al hueco de una ventana. Desde ahí, vio al slytherin observando la puerta como si fuera la primera vez que notaba su existencia. "¿Estará enfermo?" pensó Luna viendo como el slytherin parecía debatirse entre en dar un paso hacia la puerta o no. Mientras lo espiaba, Luna sentía su corazón latir rápidamente tenía la sensación de que en cualquier momento iba a ser sorprendida y no tenía ni idea qué excusa daría.

Entonces para su sorpresa, Blaise siguió caminando. Al parecer se había arrepentido de su decisión, lo cual hizo que Luna tuviera más curiosidad. Después de contar hasta 10, la ravenclaw siguió también el camino pero justo cuando paso frente a la puerta de enfermería, ésta se abrió con gran violencia.

–Luna –exclamó alguien conocido su voz.

La rubia casi choca con Ron Weasley quien había salido con gran velocidad de la enfermería. ¿Qué había ocurrido?

–¿Qué haces aquí? –preguntó Ron en un tono raro, no parecía estar sorprendido de la buena manera.

Luna estaba a punto de responderle, cuando se dio cuenta que Blaise los miraba desde lejos. Había escuchado perfectamente que la habían llamado y la verdad es que su mirada la había dejado desconcertada.

–Sólo paseaba –respondió Luna regresando su mirada a Ron.

Se sorprendió de verlo pálido y con ojeras bajo sus ojos. ¿Por qué estaba en la enfermería?

–Ven, vámonos de aquí –propuso Ron sin preguntarle más y sin dar más detalles.

Enseguida el pelirrojo la tomó del brazo y la condujo lejos de la enfermería por el mismo camino que ella había recorrido. Ignoro por completo la presencia del slytherin a unos metros de ellos. Lo último que Luna vio fue la mirada seria de Blaise Zabini, como si hubiese descubierto un terrible secreto.

–Espera… –dijo Luna caminando rápidamente tratando de seguir el paso de Ron.– Puedo caminar sola…

Al tiempo que bajaba la mirada hacia la mano del pelirrojo en su brazo, se dio cuenta con gran sorpresa que las mangas y las manos estaban manchadas de… sangre seca.

–¿Es… es tu sangre? –preguntó Luna demasiado sorprendida.

Definitivamente aquello tenía que ver con el presentimiento que ha tenido desde que despertó. ¿Alguien estaba herido? ¿Por eso Ron lucía como si no hubiera dormido? ¿Estarán también Harry, Ginny y Hermione involucrados?

Al escuchar su pregunta, Ron se detuvo abruptamente. La soltó sin delicadeza y se miró, por unos momentos tuvo la misma expresión de sorpresa que Luna, pero se compuso rápidamente.

–Vamos –respondió Ron con voz seria sin mirar a Luna y comenzando a caminar.

–Ron…

–Aquí no –fue lo único que respondió el pelirrojo.

Luna no insistió. Veía la manera en que Ron luchaba para mantenerse firme, pocas veces lo había visto así de serio y aquello la preocupaba más. Decenas de preguntas se formaban en su mente conforme caminaban, sobre todo cuando noto que Ron se frotaba las manos como un intento de quitarse la sangre seca de su piel.

Ambos mantuvieron un paso rápido, no dijeron ni una sola palabra en el camino. La ravenclaw no preguntó a donde se dirigían, simplemente se dejó guiar tratando de prepararse para una mala noticia. Odiaba las malas noticias. Pero pronto llegaron a las puertas del castillo y salieron, siendo recibidos por la fresca mañana.

Luna notaba como mientras más se alejaban del castillo, Ron parecía poder respirar mejor dejando sus tensiones atrás. Era como si poco a poco sus preocupaciones cayeran de sus hombros, dejándolos en el suelo aunque sólo fuera temporal. A los pocos minutos, la ravenclaw supo que se dirigían al lugar que ella le enseñó una vez cuando compartieron un paseo. Ese momento parecía ahora tan lejano y tan ajeno a lo que estaba sintiendo en ese momento.

Ron sin decir palabra alguna, se detuvo hasta que tuvo el paisaje del lago frente a él. Cerró los ojos y se dedicó a respirar al tiempo que escuchaba la naturaleza a su alrededor. No era algo que acostumbrara hacer pero tenía la necesidad de llenar su mente en otras cosas, aunque sea en las cosas más ordinarias. Necesitaba despejar antes de hablar. Y Luna lo dejó sin pedirle nada, aunque que por dentro moría de preocupación, sabía que Ron sólo necesitaba de unos momentos.

Y los minutos transcurrieron…

–Siempre me ha gustado la tranquilidad que transmiten estos paisajes –comentó Luna de pronto.

Ron la miró bien por primera vez desde que se encontraron afuera de la enfermería. El lago especialmente siempre la había transmitido una sensación de paz y la presencia de Luna últimamente también le brindaba lo mismo.

–Es uno de mis lugares favoritos –respondió Ron esbozando una sonrisa triste.

Nuevamente el silencio se instaló entre ellos, esta vez sin tensión o incomodidad. Luna estaba dispuesta a darle su espacio a Ron hasta que decidiera hablar, disfrutaría pasar tiempo con él de esa manera: sin hablar, sin mirarse, solamente sintiendo la cercanía de uno del otro. Además, era extraño ver al pelirrojo con un semblante tan serio, él siempre ha sido todo lo contrario y por ello ha podido ser uno de los mejores amigos de Harry y Hermione, su personalidad ha sido una parte esencial para complementar su amistad.

–¿Alguna vez has querido ahorrarle un dolor a alguien? O, ¿querer borrárselo de su memoria? –preguntó de pronto Ron, interrumpiendo los pensamientos de la ravenclaw.

Luna lo pensó unos instantes.

–Si, cuando murió el padrino de Harry –contestó Luna recordando con tristeza.– Nunca he visto a Harry tan devastado como en esos días, sabía que no podía quitarle ese dolor pero si podía intentar ayudar a reducirlo…

–¿Y si no sabes como? –preguntó Ron desviando su vista lejos de ella.

–No es como si todos supiéramos que hacer –respondió Luna mirando al pelirrojo.– Creo que lo más importante es hacerle saber a esa persona que no está sola, que su dolor puede ser compartido.

Ron cerró los ojos por unos instantes, preparándose para decir lo que tanto le preocupaba. Confiaba plenamente en Luna pero le estaba costando un enorme trabajo poder decirlo, porque decir su miedo en voz alta sólo lo haría más real y no sabía que tanto estaba dispuesto a seguir soportándolo.

–Tengo miedo… por Hermione –confesó finalmente evitando la mirada de Luna.

Esa horrible sensación lo había tenido desde la noche anterior, ni siquiera con Harry lo admitió, sin embargo empeoró después de presenciar la horrible escena de hace un rato en la enfermería, cuando Draco Malfoy empeoró.

–¿Hermione? –preguntó Luna entre sorprendida y confundida.

–Tengo miedo de que si Malfoy no sobrevive, ella nunca se recupere –respondió Ron mirando por un instante hacia Luna para después volver su mirada al lago. "Eso podría explicar la presencia de Blaise Zabini cerca de la enfermería" pensó la ravenclaw.

Luna agrandó los ojos asustada por la confesión e inmediatamente muchas preguntas se abrieron paso en su mente: ¿Por qué Draco Malfoy estaba en la enfermería? ¿Por qué Ron también estaba ahí también? ¿Qué ocurrió exactamente? La rubia deseaba preguntar pero sentía que no era el momento, podía ver la preocupación y el miedo reflejados claramente en los ojos del pelirrojo. Sabe que apenas Ron ha estado asimilando la relación entre Draco y Hermione pero esto era muy diferente, el hecho de hablar de que no podía imaginar a Hermione Granger sin Draco Malfoy, era demasiado.

–¿Es eso lo que quieres evitarle a Hermione? –preguntó Luna animándolo a hablar más.

No obstante, Ron sólo asintió con la cabeza. Luna realmente no sabía qué pensar, se sentía asustada. Miró a Ron y nuevamente llamó su atención la sangre seca en la manga de su camisa.

–¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Luna finalmente con gran preocupación. Deseaba poder ayudar y para ello, necesitaba saber.

El pelirrojo soltó un gran suspiro antes de comenzar a contarle. Omitió la parte de los horrocruxes, a pesar de confiar plenamente en Luna, aún era un tema demasiado delicado para decirlo por lo que sólo mencionó que tenían que cumplir una misión importante para poder ayudar a Harry a acabar con Voldemort. Ron también mencionó que Malfoy se había aliado con ellos, por lo que traicionó a Voldemort y no pudo darle más detalles por el simple hecho de que los desconocía. Pero aún así, le contó lo más posible. Mientras tanto, Luna trataba de imaginarse la situación en la que se habían expuesto al tiempo que ella tenía un día normal en el castillo y simplemente cerró los ojos cuando el pelirrojo le contó cuando creyeron que Malfoy había muerto y Hermione perdía la consciencia.

Después de ello, Luna ya no quería seguir escuchando porque quería correr a la enfermería y brindarle apoyo a Hermione, incluso también a Malfoy. No podía con la idea de que el slytherin tuviera pocas posibilidades de sobrevivir, simplemente no lo podía creer. No conocía a Draco Malfoy y tampoco había establecido una conversación con él, pero sabía que tan importante era él para Hermione y eso hacía que automáticamente también se preocupara por él.

Nuevamente Luna recordó que Blaise Zabini también estaba afuera de la enfermería, como si intentara encontrar algo. ¿Qué tanto sabrá también del estado de Malfoy? ¿Sabrá de su traición hacia Voldemort? Luna sabía que Blaise y Draco han sido amigos durante muchos años, pero también sabía perfectamente lo que significaba la traición en aquel circulo social. ¿Con qué intenciones habrá ido a la enfermería?

Luna paso una mano por el cabello intentando pensar. Sentía que de un momento a otro, todo se había vuelto un caos nuevamente.

–Pero… Malfoy no puede morir, ¿o si? –preguntó la ravenclaw después de unos momentos de silencio.

–Más le vale a ese bastardo que no –respondió Ron frustrado.

–Debe haber algo que podamos hacer para ayudarlo –dijo Luna mirando a su alrededor como si ahí se encontrara la respuesta.

–No lo sé, hasta papá trajo al medimago que lo ayudo cuando fue atacado por la misma serpiente –respondió Ron intentando también pensar.

Ahora es cuando se arrepentía de no ser más estudioso como Hermione, así al menos no se sentiría tan inútil.

–Pero estoy segura que algo más puede hacerse –contestó Luna tratando de no perder la esperanza.

Ron la miró, él no podía mantener una actitud positiva y aún así le agradecía a Luna por mantenerse así. Si todos perdieran la esperanza, estarían condenados.

–Hay que ir a la enfermería –dijo Luna dando ya media vuelta dispuesta a ir.

–Espera… –dijo Ron deteniendola.– Hay algo más…

Luna ya se sentía demasiado abrumada para soportar más malas noticias, aún así lo miró esperando a que continuara.

–¿Aún tienes tu galeón que usamos para el Ejercito de Dumbledore? –preguntó el pelirrojo, recordando que también tenía una responsabilidad. Si alguien le hubiera dicho un año atrás que estaría preocupado por si Malfoy sobrevivía o no, hubiera reído en su cara antes de darle un golpe. El destino parecía una maldita broma.

Luna asintió con la cabeza desconcertada por esa pregunta.

–Ayúdame a reunir a los viejos miembros, necesitaremos toda la ayuda posible.


"No puedo seguir perdiendo el tiempo, tengo que entrar ahora…" pensó por milésima vez Blaise Zabini mirando la puerta de la enfermería. No podía entender por qué le costaba tanto trabajo entrar a investigar, lo peor que podía pasar era que Draco Malfoy realmente nunca estuvo ahí y todo haya sido una perdida de tiempo.

Llevaba demasiado tiempo ahí parado como un completo tonto sin poder decidirse, cuando salió de la sala común de slytherin estaba francamente determinado y el constante recordatorio de la carta en su bolsillo era suficiente presión para saber que necesitaba encontrar a Draco lo más pronto posible. Entonces, ¿qué lo detenía? Incluso había estado tan preocupado que no se dio cuenta que Luna Lovegood lo había estado siguiendo, de no ser por Weasley quizás nunca lo hubiera notado.

Primero Draco Malfoy desapareció repentinamente, una carta dirigida a Theo Nott llega en la madrugada con una terrible noticia y de la cual solo Blaise sabía hasta el momento; después la corazonada de que su amigo esta en la enfermería. Pero, ¿Lovegood siguiendolo? ¿El pobretón de Weasley saliendo de la enfermería, justo el lugar donde ha decidido buscar a Draco? Las circunstancias parecían cada vez más incoherentes y necesitaba que algo comenzara a tener sentido o perdería la poca paciencia.

Nuevamente Blaise se alejó de la puerta caminando por el pasillo, dispuesto a calmarse un poco antes de entrar. Sin embargo apenas se alejó lo suficiente cuando una voz lo llamó tras él.

–¡Blaise! –exclamaron su nombre con sorpresa.

Lentamente el slytherin volteo para encarar a Pansy Parkinson, justo la persona que menos quería ver en esos momentos. Sintió nuevamente como si la carta de su bolsillo pesará demasiado.

–¿Qué haces por aquí? –preguntó Pansy con una fingida sorpresa, sus ojos brillaban expectantes.

–Lo mismo puedo preguntarte –respondió Blaise recuperándose, no iba a permitir que Pansy sospechará.

Pansy lo alcanzó hasta estar a un par de metros de distancia, y cruzó sus brazos mientras miraba a su alrededor. Blaise no sabía si era para asegurarse de que no había nadie o porque quería descubrir algo.

–Estoy buscando a Draco –contestó Pansy sin ningún atisbo de preocupación.– No llegó a dormir anoche y tampoco esta en el Gran Comedor.

–¿No crees que estas algo obsesionada? –respondió Blaise con sorna y disfrutando ver la expresión de enojo de Pansy.

La slytherin sonrió con arrogancia, al tiempo que miraba detrás de ella para observar unos momentos la puerta de la enfermería.

–Eso no responde a mi pregunta de qué es lo que haces, ¿te sientes mal? –preguntó Pansy mirando nuevamente a Blaise.

–Solo caminaba, pero si tanto te preocupo… –contestó Blaise al tiempo que se acercaba a ella con cierta malicia.– quizás puedas acompañarme a mi habitación y cuidar de mi toda la mañana.

Pansy le sonrió con cierta coquetería, al mismo tiempo que ella también se acercaba más a él.

–Ni lo sueñes… –respondió Pansy, después se alejó de él.

Blaise rio como si aquello le divirtiera realmente.

–Seguiré buscando a Draco –dijo la slytherin borrando su sonrisa del rostro.– Si lo ves, dile que necesito hablar con él…

Sin esperar respuesta, siguió caminando alejándose de Blaise y de la enfermería. El slytherin no se movió de su lugar hasta que los pasos de su amiga se perdieran, hasta estar completamente seguro de estar solo nuevamente. Sin duda, aquel encuentro con Pansy fue lo necesario para finalmente atreverse a entrar.

Parkinson estaba tramando algo, de eso era seguro. Por lo que Blaise necesitaba actuar antes que ella. Camino a la puerta de madera y la abrió con poca delicadeza. Lo primero que notó Blaise al entrar fue una extraña paz, sin duda no era lo que esperaba y por un momento se sintió un completo idiota.

De pronto, del despacho de la enfermería salió Madame Pomfrey con un aspecto bastante pálido y preocupado.

–¡Zabini! ¿Qué es lo que ocurre? –preguntó sorprendida Madame Pomfrey, lo cual era raro porque no era la primera vez que estaba ahí, y sus saludos siempre habían sido más cordiales.

–Creo que enfermaré, me duele la garganta y anoche estoy seguro que tuve temperatura –fingió Blaise inmediatamente y con naturalidad.

–Eso podría explicar su aspecto –contestó Madame Pomfrey dejando a un lado su sorpresa inicial.– Recuéstate en aquella cama y en un momento te reviso.

Blaise estuvo a punto de protestar, pero quería obtener respuestas. A pesar del ambiente tranquilo que aparentaba el lugar, quería cerciorarse de que realmente no había nadie más en la enfermería. Por lo que se sentó en la cama y miró a su alrededor. Cada una de las camas estaban vacías, excepto la última ya que era la única con las cortinas corridas y eso sólo significaba que había alguien ahí.

Sin embargo, parecía que no había nadie ahí. "¿Qué se supone que haga ahora?" se preguntó Blaise sabiendo que en cualquier momento vendría Madame Pomfrey y la idea de ir directamente a esa cama para quitar la cortina, no era lo más sensato. Y como si escuchará sus pensamientos, Madame Pomfrey salió de su despacho con un frasco en sus manos.

–Veamos, ¿cuándo comenzaste a sentirte mal? –preguntó Madame Pomfrey mientras dejaba el frasco en el mueble junto a la cama.– ¿Te duele la cabeza? ¿Ojos llorosos?

Blaise miró a Pomfrey fingiendo estar enfermo, pero antes de que pudiera contestar, se escuchó una cortina apartarse. El slytherin inmediatamente volteo hacia la última cama para descubrir a Harry Potter y Hermione Granger, el primero estaba ya caminando por el pasillo mientras Granger se quedó sentada en la cama con un aspecto devastador, parecía que había ¿llorado?

–Un momento –dijo inmediatamente Pomfrey al tiempo que caminaba hacia Potter.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Potter se dio cuenta de la presencia de Blaise Zabini y lo miró con cierto desconcierto. Lucía terrible, tenía ojeras debajo de sus ojos y un semblante demasiado serio. Sin duda algo había ocurrido, pero nada parecía tener relación con su amigo.

El slytherin le dedicó una mirada de pocos amigos a Potter y fingió total indiferencia, no obstante estaba totalmente pendiente de lo que pudieran decir y como si Potter pudiera adivinar sus pensamientos, con una seña le pidió a Madame Pomfrey hablar en un lugar más privado. Blaise cerró los puños con coraje, entonces miró a Granger.

Ella aún no había reparado en su presencia, se veía tan encerrada en sus pensamientos. Por lo que siendo cauteloso, Blaise bajó de la cama y camino directamente hacia ella, conforme se acercaba podía notar el miedo y la preocupación en la expresión de Granger. Nunca había visto esa expresión en ella. Lo que más le sorprendía, es que no lucía herida de alguna manera. Potter, Weasley y ella estaban bien, entonces ¿por qué parecía que alguien estaba a punto de morir?

"Draco Malfoy es un traidor. Su cabeza tiene un precio…"

"No puedo contártelo…"

Recordó Blaise esas frases de momento, a estas alturas lo único que necesitaba era encontrar a su amigo sin importar nada más.

–¿Donde está Draco? –preguntó Blaise con cierta dureza.

Hermione brincó por el susto, no esperaba encontrar a Blaise Zabini en la enfermería. Ni siquiera lo escuchó acercarse, ¿cómo rayos supo? Se limpió rápidamente las lagrimas, al tiempo que lo miraba.

–¿De qué hablas? –contestó Hermione sin mucho convencimiento.

–Draco Malfoy desapareció toda la tarde de ayer, no llegó a dormir y tampoco nadie lo ha visto en el Gran Comedor –comenzó a decir Blaise dispuesto a poner las cartas sobre la mesa.– Tengo mis motivos para saber que está aquí, y que tú lo sabes perfectamente. Así que lo preguntaré nuevamente, ¿donde está Draco?

–No tengo idea de lo que hablas –respondió Hermione bajando su mirada, incapaz de aguantar la dura mirada de Blaise.

Hasta ese momento no había nada que le asegurara a Hermione que nadie supiera sobre la verdad de Draco. Su traición pudo llegar ya a oídos de muchas personas, así que no podía confiar en nadie. Sin embargo, no espero que Blaise acortará la distancia y la agarrara por los hombros, levantandola con cierta violencia.

–¡Dime donde está! ¡Necesito hablar con él! –exclamó Blaise con furia, su paciencia ya había terminado.

No obstante, de pronto alguien lo jaló con fuerza soltando a Granger.

–¡Déjala en paz, Zabini! –exclamó Harry con furia en su expresión, al tiempo que se ponía junto a su amiga.

–Esta totalmente prohibido pele… –empezó a decir Madame Pomfrey escandalizada a unos metros de ellos, pero el slytherin la ignoro.

–Necesito ver a Draco, ¿donde está? –demando Blaise mirando a Harry y Hermione con cierto enojo. Sabía que no podía estar equivocado respecto a su presentimiento, y no iba a irse hasta asegurarse de ello.

–No lo sabemos –respondió Harry con dureza, pero el slytherin notó que Granger evitaba su mirada al tiempo que parecía estar luchando para no llorar. Aquello lo desconcertó, al punto de comenzar a pensar en lo peor.

–Tendré que pedirle que se retire –dijo Madame Pomfrey seriamente a su lado, pero Blaise no se movió, seguía mirando a Harry y Hermione con dureza.– Ahora…

–Ya escuchaste, Zabini –contestó Harry dando un paso hacia él, como si estuviera dispuesto arrastrarlo a la salida.

Sin embargo, el slytherin no se movió y en cambio miró directamente a la castaña.

–No entiendo qué es lo que ocurre, no estoy pidiendo una explicación de por qué ustedes están aquí y no están heridos, lo que sea que ustedes hagan no me importa –comenzó a decir Blaise con seriedad.– Sólo sé que hace unas horas, llegó una lechuza con una nota importante acerca de Draco…

Hermione de pronto alzó su mirada y miró a Blaise, lucía muy pálida y frágil. Una imagen que nunca había visto en la mejor amiga de Harry Potter, siempre con aspecto inquebrantable. No tenía ni un rasgo de su valentía, de su orgullo o de su fortaleza característica de ella.

–¿Una nota? –preguntó Granger en voz baja.

Blaise no sabía hasta que punto podía confiar en ellos, era la primera vez que hablaba con ellos de forma civilizada y por tanto tiempo, ya que siempre fueron sus rivales. ¿Será lo correcto? Apretó los puños con fuerza a su costado.

–No puedo confiar en nadie más, necesito hablar con él –respondió Blaise evadiendo la pregunta.

Hermione lo miró con cierta pena en sus ojos, era notorio que al slytherin le estaba costando un enorme trabajo ser sincero con ellos. Convivir con Draco la ha llevado a entender lo difícil qué es para muchos de los slytherin ser honestos, mostrar sus emociones y pedir ayuda. Así que el hecho de que Blaise Zabini este frente a ellos, pidiéndoles que le digan donde está Draco, es porque realmente es importante para él.

–¿Por qué? –preguntó Harry interviniendo, aún desconfiando en el slytherin.

–La misma razón por la cual tu estas aquí por Granger –respondió Blaise mirando al gryffindor.– Conozco a Draco desde que éramos niños, desde entonces hemos sido amigos.

–Esta bien… –respondió Hermione con más seguridad.

Harry miró a su amiga con expresión de sorpresa, era peligroso que alguien más supiera sobre la situación de Draco Malfoy.

–¿Estas segura? –preguntó Harry.

–Confiaré en ti, Zabini –respondió Hermione mirando al slytherin.

Blaise respiró un poco más aliviado, había algo en la actitud de Granger y Potter que comenzaba a llenarlo de preocupación. Se había lanzado a ellos sin haber confirmado que realmente supieran algo sobre Draco, ahora que al parecer si es así, estaba lejos de sentirse aliviado.

–¿Pueden dejarnos a solas? –pidió Hermione con seriedad.

Madame Pomfrey fue la primera en irse, esperando a que Potter la siguiera pero no lo hizo. Harry miraba a su amiga con confusión, ¿para qué quería estar a solas con el slytherin? Sin embargo, tanto como Hermione y Blaise no apartaron la mirada uno del otro, analizando y preguntándose si podían confiar.

–Harry, por favor… –volvió a pedir la castaña.

–Regresaré en un rato –respondió Harry sin mucho convencimiento.

Blaise ya estaba muy cerca de perder la paciencia, aunque por alguna razón la presencia de Hermione Granger lo hacía mantenerse tranquilo. No fue hasta que escucharon la puerta de la enfermería cerrarse cuando ella volvió hablar.

–Hay algo que deberías saber antes… –dijo Hermione con cierta preocupación.

Blaise no fue capaz de responder, en cambio se sentó en la cama frente a la castaña esperando a que ella continuara. Por su expresión y tono de voz asumía que era algo malo, así que trato de prepararse mentalmente para lo peor. No obstante, nada podía prepararlo para lo que escucho.

–Draco esta… apenas vive –soltó Hermione directo al asunto.

El slytherin sintió palidecer ante esas palabras, ni siquiera reparo en el detalle de que la gryffindor había llamado por su nombre a su amigo. Lo único que sintió en ese momento fue un nudo en la garganta. ¿Qué rayos quería decir con apenas viviendo? No tenía ningún sentido cuando ayer en la mañana había platicado con él y lo había visto completamente bien. ¿Lo estará poniendo a prueba? Porque si era así, no era nada gracioso jugar de esa manera con la vida de su amigo…

–Necesito escuchar lo que sabes antes de decirte el resto –pidió Hermione viendo con sorpresa la reacción de Blaise, era muy notorio que sus palabras lo habían afectado.

Blaise la miró sin responder procesando la pregunta. La carta que esta en su bolsillo decía la verdad, Draco traicionó a Voldemort y por alguna razón, Potter y Granger lo protegían e incluso Madame Pomfrey. Eso sólo podía significar que Draco Malfoy se involucró con la Orden del Fénix.

Pero, ¿por qué?

–Sé que ahora es un traidor –respondió el slytherin recomponiendo su seriedad.– Y que su cabeza ya tiene un precio…

Hermione bajó la mirada tratando de ocultar sus sentimientos, al tiempo que parecía abrazarse a si misma como una manera de consolarse. Blaise se sorprendió por esa reacción, tuvo una especie de revelación al verla.

–¿Quienes saben? –preguntó la castaña recuperándose pero sin mirarlo aún.

–Nadie más, hasta ahora –contestó Blaise esperando que así siguiera la situación.

–¿Por qué sólo sabes tu?

–Digamos que por fortuna el destinatario de la nota no estaba en su dormitorio, pero yo si –respondió sin querer dar más detalles.

Hermione lo miró un poco dudosa, era obvio que él ocultara cosas así como ella también lo estaba haciendo, aún así tuvo la necesidad de hacer una pregunta importante.

–Entonces, digamos que esa persona tenía que atrapar a Draco Malfoy para ganarse la mayor recompensa ante su amo –dijo la castaña volviendo a mirar a Blaise.

–Así es…

–¿Y qué quieres realmente, Zabini? –preguntó Hermione sin apartar sus ojos de Blaise.

El slytherin se tensó e incluso se sintió ofendido por ello. ¿Realmente creía que el buscaba la mayor recompensa por atrapar a Malfoy? Hermione Granger lo miraba ahora con total desconfianza, esperando lo peor de él y eso lo hizo enojar aún más. Pero discutir en ese momento sería lo más insensato ya que lo haría perder su única oportunidad de encontrar Draco y al parecer, él tendrá que dar su brazo a torcer si quería ver a su amigo.

–Quiero la verdad –respondió con honestidad, respiro hondo antes de seguir hablando.– Lo amas, ¿no es así?

Hermione se sorprendió totalmente por aquello, ni siquiera pudo disimularlo un poco por lo que mentir no iba a servir de nada. Esta completamente segura de que Draco nunca le contó a alguien sobre su relación con ella, ¿cómo rayos…?

–¿Cómo lo sé? –preguntó Blaise adivinando los pensamientos de la gryffindor.– Ustedes están protegiendo a Draco por alguna razón, dices que está apenas vivo y eres la única que se ve realmente afectada por ello. Potter nos dejó solos por ti, como si tu decidieras todo lo que tenga que ver con Draco y por tu pregunta, estas decidida a protegerlo cueste lo que cueste.

Blaise era muy observador y analítico. Había acertado totalmente con solo observar la situación durante unos minutos, las reacciones y forma de actuar de Hermione Granger hablaron por ella. No era ningún afecto o simpatía lo que la motivaban, era algo más fuerte.

–Y sé que para él eres muy importante –continuo Blaise sorprendiendo aún más a la castaña.

Hermione se quedó sin palabras, no podía desmentir ni confirmar lo que decía el slytherin.

–Una tarde, a unas semanas de cursar el primer año aquí, Draco llegó a mi casa y mientras nuestros padres se encerraron en el estudio para discutir sobre un asunto importante, él no dejaba de hablar sobre una niña que vio en el Callejón Diagon –comenzó a contar Blaise, nunca antes le había dicho a alguien sobre aquello ni siquiera se lo había recordado a Draco alguna vez.– La única forma de callarlo fue proponiéndole jugar quidditch. Después cuando estábamos en el expreso de Hogwarts, mencionó que había vuelto a ver esa niña y estaba impresionado por su inteligencia, su astucia e incluso su arrogancia. Todo el trayecto en el lago no dejaba de mencionar que deseaba que esa niña fuese seleccionada para Slytherin.

Blaise hizo una pausa para recordar lo insufrible que había sido Draco durante todo el trayecto, siempre se ponía así cuando descubría algo nuevo e interesante. Se obsesionaba con sus ideas hasta el punto de cumplirlas o hartarse de ellas.

–Después, durante la cena estaba enojado porque el Sombrero Seleccionador puso a esa niña en Gryffindor, ni siquiera cuando Potter rechazo su amistad se había enojado tanto –siguió relatando Blaise esbozando una ligera sonrisa al recordar.– Esa misma noche supo el origen de esa niña y nunca más volvió a mencionarla con el mismo interés.

Hermione recordaba esa noche, ella había estado tan nerviosa y entusiasmada con su nueva vida que nunca reparo en la presencia de Draco Malfoy. Recordaba su encuentro en el tren cuando ambos habían sentido la descarga de energía que hizo que ambos se asustaran, pero nada más.

–Eras tú, Granger –dijo Blaise mirándola con detenimiento.– Eventualmente el interés y entusiasmo que sintió por ti al principio fue reemplazado por enojo, pero nunca creí que fuera como una manera de reprimir sus sentimientos.

–Entonces, ¿cómo sabes que soy importante para él ahora? –preguntó Hermione sintiendo una enorme curiosidad, todos estos años había subestimado a Blaise Zabini.

–Hace unos meses, cuando los dementores atacaron Hogsmeade. Buscábamos a Draco y lo encontré primero, no tenía idea de que podía conjurar un patronus y no podía creer que había sido para protegerte –respondió Blaise sinceramente.

–¿Por qué nunca le preguntaste? ¿Protegerme no fue la mayor traición? –preguntó Hermione.– Él es un sangre pura y yo…

–Una sangre sucia, lo sé –interrumpió Blaise con cierto enojo por el uso de esa expresión.– Draco siempre alardeaba de las creencias y reglas de nuestra sociedad, como un mandatorio de vida, pero realmente siempre las desafiaba. Por eso necesito hablar con él, quiero saber la verdad y así poder ayudarlo.

Hermione miraba sorprendida al slytherin, hablaba con demasiada honestidad y estaba demostrando ser leal a su amigo de años. Él entendía a Draco de una manera que ella nunca podrá entenderlo por la simple razón de que ambos fueron educados del mismo modo, siendo parte de un mismo mundo.

Blaise estuvo a punto de preguntar algo cuando una puerta a metros de ellos se abrió. Hermione enseguida se levantó al escuchar, dandole la espalda inmediatamente al slytherin. Blaise nunca había visto que hubiera una puerta en esa zona de la enfermería, parecía ser un cuarto secreto, pero se sorprendió más al ver a un medimago saliendo de esa puerta con la ropa salpicada de sangre. Inmediatamente también se levantó.

El medimago se acercó a ellos pero solo miraba a Hermione con expresión sombria.

–He vuelto a tratar de curar sus heridas, pero me temo que no puedo hacer más –explicó ignorando por completo la presencia del slytherin.– Lo siento mucho.

Hermione volvió abrazarse a si misma como una manera de sentirse fuerte y asintió con la cabeza.

–Gracias por todo –respondió la gryffindor con la voz quebrada.

–Por momentos está consciente pero necesita descansar lo más posible –dijo y sin más, el medimago se fue dejando a Blaise aún más confundido por la situación.

Poco a poco Hermione encaró al slytherin, tenía los ojos llenos de lagrimas y nuevamente había perdido su característica fortaleza.

–Draco está ahí dentro, ve –dijo Hermione sin mirarlo, ocultando sus lagrimas.

–¿Qué rayos fue lo que pasó? –preguntó Blaise desconcertado, sintiendo sus piernas demasiado pesadas para caminar.

–Cuando salgas te lo diré, pero ahora deberías ir con él –respondió la gryffindor mientras se volvía a sentar en la cama.

Blaise miró hacia la puerta abierta por la que había salido el medimago, nunca antes había sentido esa clase de miedo. Nada lo había preparado para enfrentar la clase de miedo ante la idea de perder a alguien y no poder hacer nada para evitarlo.


Harry Potter entró con brusquedad a la sala común de Gryffindor ignorando a sus compañeros. Justo en ese momento, Ginny Weasley bajaba de los dormitorios de chicas con una mochila colgada en su hombro, cuando Harry le pidió salir de la enfermería decidió aprovechar el momento para llevarle ropa limpia a Hermione por lo que se sorprendió de ver a Harry tan frustrado.

–¿Qué es lo que pasa? –preguntó Ginny bajando rápidamente los últimos escalones para alcanzarlo.

Harry no le respondió de inmediato, se dedicó a respirar hondo unas cuantas veces para no perder el control. Después miró a su alrededor, había varios estudiantes en la sala charlando o esperando para bajar al Gran Comedor, aún no pasaba la hora del desayuno. A pesar de que podían hablar a solas, tomó a Ginny del brazo y la guió afuera de la sala común, después de eso recorrieron varios pasillos hasta que finalmente Harry entró a una aula vacía.

Una vez adentro, Harry le contó todo lo que había ocurrido cuando se fue. Desde la difícil situación de Draco Malfoy, cómo él y Ron ayudaron al medimago y Madame Pomfrey a controlar a Malfoy, hasta la llegada de Blaise Zabini a la enfermería. Ginny estaba sorprendida por ambos acontecimientos.

–¿Cómo supo Blaise Zabini? ¿Crees que intente hacer algo…? –preguntó Ginny preocupada, no conocía al slytherin y mucho menos sus intenciones pero Malfoy no estaba en ninguna buena condición para afrontar más problemas.

–No tengo idea, estoy arrepintiéndome de dejar sola a Hermione con él –respondió Harry esperando que haya tomado una buena decisión.

–Y… ¿crees… crees que Malfoy muera? –preguntó Ginny aún más preocupada, creía que Malfoy había pasado del peligro pero se había equivocado y ahora más que antes recordaba el mayor miedo de Hermione.

Harry le dedicó una mirada rápida, luego camino hacia al fondo del salón donde había ventanas como si buscará desesperadamente una vía de escape. Quizás así era, ya que su mente no dejaba de pensar en mil cosas, porque de un momento a otro parecía que todo estaba a punto de desmoronarse. Justo en el momento en que faltaba muy poco para el final.

–Espero que no. Hermione… ella… –respondió Harry después de unos momentos pero ni siquiera pudo concretar algo.

Ginny se paró a su lado, pero él la ignoro. Cerró los ojos, dejando que la luz del exterior lo cubrieran. En realidad la situación de Malfoy era lo único que le preocupaba ahora, aunque no le afectaba personalmente, no deseaba la muerte de Malfoy, Hermione por otro lado, se vería afectada en niveles que él apenas podía comprender. Por esa razón se sentía tan desesperado y frustrado, si el slytherin muere… él no tendría la menor idea de cómo aliviarle ese dolor a Hermione.

–No hay que pensar en lo peor cuando todavía no sucede –respondió Ginny después de unos momentos, tratando de animar a Harry y a ella misma.

–Pero temo que sucederá pronto –dijo Harry volviendo abrir los ojos y enfrentandose a Ginny.– Algo esta mal, tu padre se recuperó después de recibir un tratamiento especial…

–Escuché hablar a Madame Pomfrey y a Dumbledore cuando la Sra. Malfoy estaba con Hermione –comenzó a decir la pelirroja.– Nagini no solamente portaba dentro de ella una parte del alma de Voldemort, sino que también estaba transformándose. La maldad dentro de ella la cambió.

Harry la miró sorprendido, nunca se había imaginado que algo así pudiera pasar. Los horrocruxes corrompen la naturaleza de sus portadores.

–Por lo tanto, el veneno de la serpiente se volvió más letal y poderoso –siguió contando Ginny con preocupación. Por esa razón Malfoy no podía sanar en absoluto, nadie ha tratado con esa clase de veneno por lo que encontrar la cura era imposible.

Ginny estaba segura que ni siquiera Hermione o Narcissa Malfoy sabían de ello. Confiaba plenamente que Dumbledore estara en esos momentos buscando alguna cura para Malfoy, pero la rapidez en que las heridas lo están matando es una enorme desventaja.

Harry soltó aire totalmente frustrado, en ese momento se arrepentía de no ser lo suficientemente estudioso como para recordar algo importante que fuera de ayuda. Volvió su vista hacia el exterior y abrió la ventana, recargandose después en el marco. Sentía que la presión estaba a punto de demolerlo, estaba dividido entre Hermione, la destrucción de los horrocruxes y la búsqueda de otro más acompañado de Dumbledore. No obstante, lo que más lo tenía atado era Hermione. Odiaba no poder hacer nada para ayudarla y aunque le doliera admitirlo en voz alta, Hermione es mucho mejor que él en este tipo de situaciones.

Se llevó una mano a la cabeza, "si tan sólo pudiera recordar alguna cosa sobre veneno de criaturas…" pensó con fuerza, puso empeño en recordar algo que alguna vez hubiera mencionado Hagrid, Snape, McGonagall o quien fuera en clase, incluso trató de recordar algo que Hermione hubiera dicho como un dato curioso… de pronto, sus ojos verdes brillaron de ansiedad.

–¡Claro! –exclamó Harry con entusiasmo.

Ginny se espantó por el repentino grito, miró a Harry confundida pero antes de que pudiera preguntar él le regreso la mirada con una expresión triunfal en el rostro.

–Hace años en la Cámara de los Secretos, estuve a punto de morir por el veneno de basilisco –exclamó Harry como si fuera una anécdota feliz.

Ginny lo miró aún más confundida, ella apenas recordaba algo sobre esa noche ya que estuvo la mayor parte del tiempo inconsciente y haber estado sometida durante semanas por Tom Ryddle, tuvo sus consecuencias.

–Creí que moriría pero en ese momento llegó Fawkes, el fénix del profesor Dumbledore, y me curó –dijo Harry rápidamente intentando que ella ahora si entendiera.

–Lágrimas de fénix –interrumpió Ginny sintiendo el mismo entusiasmo que Harry.– Su poder curativo es muy fuerte, ¡podría funcionar!

Rápidamente los dos se apresuraron a caminar a la salida del aula. Quizás todavía había esperanza para salvar a Draco Malfoy.

–Harry, espera… –dijo de pronto Ginny justo cuando el gryffindor tomaba el picaporte de la puerta.

Con impaciencia, Harry volteo a mirarla, no podían desperdiciar más tiempo.

–¿Qué haremos si Fawkes no quiere dar las lágrimas? Se supone que las brinda a las personas buenas… y Malfoy no emana bondad –dijo Ginny con duda. Ambos sabían que era verdad.

Cuando Fawkes derramó sus lagrimas para Harry, fue porque él había demostrado ser realmente valiente tras enfrentarse y matar a un basilisco, además de demostrar ser bueno por salvar a Ginny.

–No hay que pensar en lo peor cuando todavía no sucede –respondió Harry repitiendo las palabras de la pelirroja.– Primero debemos decirle a Hermione…

Ginny le sonrió y ambos corrieron hacia la enfermería. Aún no terminaba el desayuno en el Gran Comedor, pero para Harry sentía que habían pasado días desde que regreso de Gringotts. Aún faltaban horas para ir a su misión con Dumbledore, puede que aún faltaran horas para que Voldemort se diera cuenta de la ausencia de los horrocruxes, pero a Malfoy ya no le quedaban horas. Y con ese pensamiento, corrió más rápido.


Los miembros de la casa de Slytherin se caracterizan por tener una personalidad muy peculiar, diferente a los miembros de otras casas, una de las razones por las cuales parece que tienen más amistades dentro de su casa que en otras además de que muchos prefieren solamente hablar con los de su mismo circulo social. Ser parte de la casa de Slytherin te da cierto status, no importa si es bueno o malo siempre causa alguna impresión.

La mayoría de sus miembros tienen el mayor status conocido en la sociedad mágica: sangre pura, y sus apellidos son sinónimo de riqueza por lo que también representan a la clase alta de la sociedad mágica. Pero, ¿cuál es la diferencia entre los sangre pura de Slytherin y los sangre pura de otras casas? La educación. Ser parte de un circulo muy exclusivo hace que tengas una educación particular para sobrevivir en esa sociedad, más si tienes un apellido digno de representar. Una de las principales enseñanzas que tienen desde niños, es aprender a ocultar sus emociones. Mostrar demasiada emoción respecto a algo o alguien, es como otorgar un arma a los demás contra ti. Por esa razón, los de slytherin se caracterizan por ser fríos y distantes.

Sin embargo, no todos fueron tan estrictamente educados en esa área. Algunos solo tienen la apariencia, pero hay otros que realmente son unos maestros en el arte de esconder sus sentimientos. Sobre todo cuando las familias planearon esperar el regreso del mago más tenebroso de todos los tiempos y deseaban que sus hijos fueran parte de su circulo. Como el caso de Malfoy, Zabini, Crabbe, Goyle, Parkinson, Nott, entre muchos otros.

Incluso para prepararlos mejor, tenían lecciones donde simulaban una situación y el alumno tenía que afrontarla lo mejor posible. Al principio consistían en cosas pequeñas como enfrentarte a tus miedos, pero poco a poco aumentaban de nivel.

Mientras Blaise Zabini caminaba hacia la puerta del cuarto dentro de la enfermería, recordaba todo aquello que le enseñaron, era como ir a un nuevo simulador. Pero no era ninguna prueba más, era real y no estaba nada listo para ello. Varias veces ha estado en el mismo cuarto que Lord Voldemort y nunca había sentido ese miedo. Cuando llegó al marco de la puerta se detuvo, sus piernas temblaban ligeramente y su expresión reflejaba puro miedo.

Draco Malfoy yacía en una cama a la mitad del cuarto, en un rincón había una pila de vendajes ensangrentados y sobre una cómoda, cerca de la cama, había diversos frascos de pociones. Pero lo que más le sorprendía era el aspecto de Draco… parecía muerto. Por unos momentos de pánico, Blaise pensó que su amigo no respiraba pero después de unos segundos notó que su pecho apenas subia y bajaba por la respiración. Había estado tan desesperado por encontrarlo que ahora que estaba frente a él, no tenía idea de qué hacer.

En ese momento, Draco jaló aire con desesperación y abrió los ojos, como si hubiera emergido del agua. Asustado, rápidamente Blaise camino la poca distancia hasta estar a su lado verificando que nada malo le estuviera pasando.

–¿Bl… Blaise? –preguntó Draco con voz ronca, apenas podía abrir los ojos y su cara estaba perlada de sudor, aún así lucia realmente desconcertado de ver a su amigo ahí.

Zabini no respondió, miraba las heridas de su amigo. Las múltiples vendas alrededor de su pecho, donde en el costado tenía una mancha enorme de sangre y luego otra venda en el brazo izquierdo donde también sangraba. Esas eran las únicas dos heridas visibles, entonces ¿por qué lucia tan pálido y casi muerto? No podía entender por qué el medimago había dicho que no podía hacer más por Draco.

–Blaise… –volvió a decir Draco.

–¿Qué rayos te paso? –soltó el moreno mirándolo ahora a los ojos lleno de horror.

Toda habilidad que había adquirido para no mostrar sus sentimientos se perdió en ese momento, incluso sentía que sus ojos se humedecían. En ese momento su educación, su apellido, la ideologías con las que había crecido, todo perdió sentido alguno.

–¿Cómo… qué haces… aquí? –preguntó Draco con enorme esfuerzo, todo su cuerpo le dolía y sus ojos le pesaban demasiado.

Blaise sacó finalmente la nota de su pantalón y se la enseño a Draco antes de leer el contenido, después de leerlo pudo ver que su amigo no se sorprendía o mostraba preocupación ante ello. Lo cual confirmaba totalmente lo que decía la nota: Draco Malfoy es un traidor.

–El padre de Theo se lo envió, pero él no estaba y yo tome la nota, tenía el presentimiento de que algo malo ocurría –comenzó a decir el slytherin después.– No lo podía creer y decidí buscarte…

–Ahora… lo sabes –respondió Malfoy cerrando los ojos unos momentos.

–¿Qué está pasando? ¿Qué fue lo que hiciste? –exclamó Blaise preocupado.

Draco esbozó una ligera sonrisa.

–No me creerías…

Blaise soltó un suspiro al tiempo que pasa se cubría el rostro con ambas manos.

–Malfoy…

–Siempre hemos dicho que para nosotros ha habido dos opciones… amigos o enemigos –interrumpió Draco mirándolo seriamente.– ¿Qué haces aquí?

Blaise se rio ante esas palabras, ahí estaba junto a él totalmente preocupado y atemorizado por su vida y aún así lo cuestionaba por sus intenciones. No lo culpaba, él tampoco confiaría plenamente. Ese era uno de los enormes defectos en su educación, nunca podían confiar en alguien porque aquellos que te saludaron con afecto un día podrían convertirse en tu mayor enemigo al día siguiente. Por esa razón, no le dijo nada a Theo acerca de la nota.

–Te lo dije ayer –respondió Blaise mirándolo con seriedad.– Estoy contigo…

Draco no pudo mantener su rostro impasible, estaba sorprendido por la honestidad de Blaise. Cuando le había brindado su apoyo, Draco no estaba tan seguro de ello ya que tenía la certeza de que una vez que supiera de su traición, Blaise le daría la espalda. Pensaba que su apoyo tenía limites, cuando en realidad a su amigo no le importaba en absoluto sobre lo que hizo. Había estado buscándolo e incluso Hermione tuvo que haberlo dejado pasar por una buena razón.

–Estoy dispuesto a escucharte para ayudarte –siguió diciendo Blaise al tiempo que jalaba la silla más cercana para sentarse al lado de Draco.– Granger me contó sobre tu condición, Malfoy ¿qué rayos…?

–Me atacó la enorme serpiente de Voldemort –contestó Draco sintiendo cada vez más la necesidad de cerrar los ojos.– No han encontrado una cura para su veneno…

Blaise bajó la mirada demasiado conmocionado por lo que ocurrió, conocía bien esa serpiente y había escuchado lo letal que era, Voldemort la usaba como un arma y la alimentaba con sus enemigos… ahora comprendía la actitud de Granger. Apretó los puños con fuerza. Draco sabía perfectamente el peligro que representaba enfrentarse a Voldemort, él siempre era llamado a todas las reuniones de mortifagos.

–¿¡Por qué lo hiciste!? Sabías perfectamente tus posibilidades de salir vivo –exclamó Blaise de repente con enojo.– ¡Nadie sobrevive después de traicionar a Voldemort! ¡Y ahora tú…!

–Lo sé… Pero tenía que hacerlo, él… mató a mi padre y… –balbuceó Draco, después tosió haciendo que se doblara del dolor a causa de sus costillas.

Blaise lo miraba enojado y con los ojos humedecidos, no podía creer el riesgo que había hecho Malfoy. Él nunca arriesgaba su vida de esa manera, la apreciaba demasiado y ahora… estaba cerca de la muerte. Aún enojado, se levantó para coger el vaso de agua que había cerca para ayudarlo a beber. Con esfuerzo, Draco tomó algunos tragos y se dejó caer nuevamente sintiéndose terriblemente cansado, mientras Blaise volvía a sentarse.

–Dime, ¿valió la pena? –preguntó Blaise.

Draco trataba de recuperar la respiración, le costaba un enorme trabajo respirar con normalidad y tener un ataque de tos lo complicaba más.

–Dijiste que ahora somos plenamente conscientes… de las consecuencias de nuestras… decisiones –comenzó a decir Draco con los ojos cerrados intentando respirar bien.– Y lo que hice, quizás… fue lo más arriesgado y estúpido que pude haber hecho en toda mi vida… pero es la primera vez que siento que hice lo correcto.

–Pero…

–Todo lo que he hecho… me avergüenza –continuo Draco abriendo finalmente los ojos para ver a su amigo.– No puedo estar al lado de Hermione, sintiendo vergüenza de mis actos.

–Entonces ¿lo hiciste para demostrar que vales algo? –cuestionó Blaise intentando comprender.

–No, lo hice para tener un futuro con ella –respondió Draco con una seguridad que dejó impresionado a Blaise.

–¡Y ahora estas muriendo! –exclamó Blaise frustrado por la situación, podía entender una pequeña parte de los motivos de Draco pero verlo totalmente pálido con la respiración errática, era demasiado difícil. Más cuando no podía hacer nada para ayudarlo, una de las razones por las que se empeño en encontrarlo.

Draco volvió a cerrar los ojos, él lo sabía perfectamente y Blaise era el primero que lo enfrentaba a esa verdad. Por supuesto que estaba muriendo, lo sentía en cada parte de su cuerpo y de su mente. No había modo de que pudiera recuperarse, no podrán encontrar un antídoto a tiempo… Iba a morir.

–Por eso quiero pedirte algo… –respondió Draco.

Blaise lo miró sin poder ocultar lo mucho que le afectaba todo, la frustración y el enojo era claramente visibles en su rostro, pero también la tristeza.

–Protege a Hermione… –pidió el slytherin dejando desconcertado a su amigo.– Ella aún cree que tengo esperanza, pero cuando muera… Ella estará totalmente vulnerable…

Era curioso como Draco ya no temía decir o demostrar sus sentimientos por Hermione, sabía que su amigo lo había descifrado por lo que tampoco hubo necesidad de explicarle nada y por otra parte, Blaise tampoco exigía nada porque tal como le había dicho a Granger, siempre lo supo.

–No dejes que alguien más de slytherin se acerque a ella, Pansy no debe saberlo –continuo Draco.– Promételo

–Lo prometo –dijo Blaise poniendo una mano en el hombro de Draco.

El rubio esbozo una ligera sonrisa antes de quedarse nuevamente dormido, había supuesto para él un enorme esfuerzo mantenerse consciente y hablando. Blaise se dio cuenta, lo miró unos momentos escuchando su respiración anormal. Él y Draco nunca fueron afectivos, su amistad no era como la de el trio dorado, era totalmente diferente y aún así siempre estuvieron juntos. Habían pasado por situaciones similares, se apoyaron sin pedir nada a cambio y de forma discreta, sabían identificar sus emociones detrás de sus mascaras de indiferencia.

Con brusquedad se levantó de la silla y salió del cuarto sin mirar a Draco Malfoy. Granger estaba sentada en el mismo lugar, se veía preocupada y en cuanto escuchó los pasos de Blaise, enseguida volteo a mirarlo.

–Se quedó dormido –dijo Blaise intentando no hacer contacto visual con la gryffindor, necesitaba salir de ahí lo más rápido posible.

–¿Quieres hablar…?

–Realmente no, tengo que hacer algo importante –contestó cortante sin poder evitarlo, dejando a Granger desconcertada.– Regresaré más tarde…

Sin esperar la aprobación de Hermione, Blaise camino rápidamente hacia la salida sintiendo que su autocontrol cedía ante cada paso. Abrió con violencia haciendo que casi golpeara a Ron Weasley con la puerta.

–¡Cuidado! –exclamó Ron enojado.– ¡Hey! ¿¡Qué rayos haces aquí!?

Pero el slytherin ni siquiera miró al pelirrojo, siguió caminando a grandes zancadas dispuesto alejarse de la enfermería.

–¡HEY! –gritó Weasley a sus espaldas pero lo ignoró.

Camino y camino, sin siquiera estar consciente de la dirección a donde iba. Era lo de menos, pero una vez sabiendo que nadie lo vería… se sentó recargandose en el frío muro de piedra, bajó la mirada apretando los puños con fuerza e incluso se clavó con fuerza las uñas en las palmas tratando de luchar contra sus emociones. Pero era inútil, el suelo poco a poco se tornaba borroso a causa de las lágrimas que inevitablemente salían.


Albus Dumbledore paseaba por enésima vez en su oficina. Siempre le pareció un ejercicio elemental para su mente, le ayudaba a resolver problemas que parecían no tener solución o para tomar decisiones importantes, como las de ese momento. Hace un rato, llegó una nota de Madame Pomfrey la cual le explicaba de la salud de Draco Malfoy, parecía deteriorarse cada vez más y ningún tratamiento o poción ha tenido efecto en sus heridas. Malfoy se estaba quedando sin opciones y eso le preocupaba a Dumbledore, no deseaba volver a llamar a Narcissa Malfoy para informarle sobre la muerte de su único hijo.

–¿Qué debemos hacer? –se preguntó a si mismo pensativo.

El director lanzó un largo suspiro. Draco Malfoy ha demostrado ser un gran hombre, mucho mejor de lo que pudo llegar a ser si no hubiera cambiado, y lo que hizo por todos fue realmente digno de reconocer. Si alguien le hubiese dicho hace siete años que el hijo de Lucius Malfoy daría casi su vida para salvar a la comunidad mágica, el director hubiese dudado dos veces sobre ese hecho pero después confiaría en el chico, sobre todo confiaría en que Narcissa Malfoy haya depositado cosas buenas que harían un cambio importante en Draco. Sin embargo, si alguien le hubiese dicho que el cambio sería detonado por su relación sentimental con Hermione Granger, Dumbledore se hubiese echado a reír en la cara de quien le dijera.

Pero aquella vez en la reunión de la Orden del Fénix, y después cuando ambos estaban en su oficina, pudo ver que la idea después de todo no era nada absurda. Malfoy y Granger reflejaban una relación bastante peculiar, donde ya nada tenía que ver la diferencia de casas, de sangre o de origen, ambos lograban transmitir un sentimiento completamente diferente. Un sentimiento que fue un detonante importante para los miembros de la Orden del Fénix: esperanza. Últimamente fuera de Hogwarts, la esperanza se ha ido perdiendo con la fuerza cada vez mayor de Voldemort, pero desde ese día en la reunión en Hogsmeade donde Draco Malfoy se presentó y muchos se dieron cuenta de su relación con Hermione Granger… las cosas cambiaron, parecía que la idea de que ellos lucharan por un futuro juntos tenía que significar que no todo estaba perdido, que aún podían derrotar a Voldermot y sus fuerzas.

Albus se detuvo al tiempo que esbozaba una sonrisa. Recordó el momento en que Malfoy le dio la justa razón para confiar en él una importante misión, cuando su primera petición fue la protección de Hermione Granger. La manera en que hablaba de ella, detonando lo fuerte de sus sentimientos más allá de un simple enamoramiento o capricho y la expresión de sus ojos… al menos todos alguna vez han tenido esa mirada cuando se trata de la persona más preciada, incluyendose el director. Hace ya tantos años atrás…

De pronto, la puerta de su despacho se abrió con fuerza. Sin inmutarse, escuchó diversos pasos apresurados acercándose.

–¡Espera, Hermione!

–No podemos pedir algo así, como así…

–No estás actuando con lógica

El profesor Dumbledore rodeo su escritorio hasta colocarse junto a su silla, ya tenía el presentimiento de una visita inesperada como aquella. Pero antes de que pudiera sentarse, Hermione Granger, Harry Potter y Ron Weasley entraron a su despacho caminando a toda prisa hasta detenerse frente a su escritorio. La castaña tenía el rostro enrojecido a causa de las lágrimas y seguramente por la carrera de llegar lo más pronto posible.

–¡Profesor Dumbledore! –exclamó Hermione desesperada intentando recuperar el aliento.– Perdón por la interrupción…

–¿Qué es lo que sucede? –preguntó Dumbledore con amabilidad mientras tomaba asiento.

El director señaló las sillas delante de su escritorio como invitación, por lo que Ron agarró a Hermione de los hombros para que se sentará pero ella se deshizo de su agarre. Ninguno de los tres se sentó, demasiado tensos por la situación.

–Necesitamos su ayuda, bueno más bien la ayuda de su ave fénix… es la única esperanza –dijo Hermione rápidamente invadida por los nervios.

–¿Fawkes? –preguntó Dumbledore confundido, era la primera vez que alguien lo visitaba por su ave.

–Lo que pasa, señor, es que… cuando abrí la Cámara de los Secretos hace unos años –intervino Harry explicando los hechos.– Fui atacado por el basilisco y su veneno me estaba matando, pero las lágrimas de Fawkes me curaron…

–¡Por favor! Draco las necesita, creo que es lo único que podrá salvarlo… –imploró Hermione sin importarle sonar demasiado exigente o grosera.

Dumbledore observó con atención a la joven delante de él. Ya no había rastro de la confianza característica en ella, sólo había desesperación, tristeza y esperanza ante la única oportunidad para salvar a Draco Malfoy. Por unos instantes admiró su coraje por no darse por vencida ante lo inevitable.

–Lo siento, srita. Granger. Yo no tengo a mi disposición lágrimas de fénix, verá… él sólo las otorga cuando sabe –contestó el profesor viendo con tristeza la expresión de su alumna.

–¿Cuándo sabe? –preguntó Ron confundido.

Dumbledore se levantó de su silla y caminó hasta el ave, quien en ese momento se mantenía impasible, casi como una estatua.

–Cuando sabe que sus lágrimas valdrán la pena, verán, las aves fénix ayudan a quienes son puros de corazón mientras a los impuros sólo con su llanto les impone miedo en sus corazones –explicó Dumbledore mientras acariciaba las plumas del ave.

Hermione se quedó desconcertada "puros de corazón", ¿eso quiere decir que se rehusará porque Draco… es un mortifago? No, el Draco que ella conoce podrá ser muchas cosas pero no un impuro de corazón, si el fuera de esa manera nunca habría pasado algo entre ellos. La castaña se sintió sin fuerzas, cuando Harry llegó a la enfermería a contarle sobre las lágrimas del fénix, agarró un frasco del almacén y no espero más para salir corriendo hacia el despacho del director. Mientras corría, cada latido lo sentía como una esperanza para recuperar a Draco… pero ahora, no quedaba nada. No podía simplemente observar como Draco se debilitaba más y más, no podía presenciar algo así y mucho menos perderlo. Nuevas lágrimas se formaron en sus ojos…

–Sin embargo, pueden pedirselo –dijo Dumbledore regresando su atención a ellos.– Yo no puedo intervenir por ustedes, si en verdad Malfoy lo merece, te dará las lágrimas…

Hermione lo miró sorprendida, aquello era algo inesperado. ¿Cómo podía pedirle a un ave sus lágrimas? En ese momento desearía que Luna estuviera con ella, ella sabría cómo hacerlo y la ayudaría. Aún así, asintió con la cabeza y tomando un momento para tranquilizarse, comenzó a caminar hacia el ave. Ni siquiera estaba segura si el ave la entendería, pero debía intentarlo. Detrás de ella, Harry y Ron intercambiaron una mirada de duda.

Mientras se acercaba, Hermione se dio cuenta que nunca había estado tan cerca de Fawkes, siempre la había visto desde la lejanía del escritorio del director y hasta ahora podía darse cuenta de lo grandiosa y bella que es. Sus largas plumas rojas, la elegancia de su porte, en verdad era una criatura fascinante… y la última esperanza para Draco. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Hermione estiró una mano con timidez para acariciarla, el ave reaccionó a ese gesto asustando por un momento a Hermione, pero al ver que no le haría daño, rozó las plumas con los dedos. Esbozó una sonrisa sincera.

–Fawkes… –susurró Hermione con cariño, se sentía maravillada por la suavidad de sus plumas.

Se sintió algo tonta hablando con un ave, se dejaba acariciar pero no le prestaba la más mínima atención. Siguió un rato más acariciandola y entonces, de alguna manera supo lo que tenía que decir.

–Necesito tu ayuda, necesito que me brindes tus lágrimas para salvar a alguien importante para mi –susurró Hermione y con sorpresa, el fénix pico el dorso de su mano con cariño.– Sé que él no es la bondad andante, pero tiene un buen corazón y necesita una segunda oportunidad para demostrarlo, aún puede reparar los daños que ha causado y…

Por un momento calló, se sentía algo tonta convenciendo a un fénix de por qué Draco necesitaba ser salvado y creía no estar explicandose tan bien como le gustaría, como normalmente describiría las propiedades de una planta o los efectos de un hechizo. Esto iba más allá de ella y por unos instantes, la inseguridad se instaló en ella.

–Todos tenemos un lado oscuro dentro de nosotros, lo importante es saber qué parte elegir y eso es lo que finalmente nos define. Draco ha tomado su decisión, él eligió su mejor lado y sin duda, fue lo que también me impulso a escogerlo a él… lo amo –continuó Hermione sin pensar en las palabras, alzó su mirada para observar los ojos de Fawkes.– Así que por favor… ayudalo.

Con la respiración agitada, Hermione miró al ave con súplica. No sabía que otro argumento podría decir en favor de Draco y sinceramente, estaba agotada física y mentalmente. Los segundos pasaron, haciendo la espera totalmente eterna, la gryffindor sentía un nudo en la garganta abriendose paso al sentir como la esperanza se desvanecía lentamente. Entonces, el ave la miró por unos momentos simplemente la observo y Hermione la miro también. Era algo extraño e incómodo pero lo hizo. Entonces, Fawkes inclinó su cabeza y la castaña lo supo, sacó rápidamente el frasco de su bolsillo y acercó la boquilla lo suficientemente cerca del rostro del ave.

La primera gota cayó dentro del frasco y Hermione sonrió aliviada. Atrás de ella Harry y Ron soltaban airé como sí todo este tiempo lo hubieran retenido, sintiéndose igual de aliviados que su amiga. Después de unos momentos, el fénix se incorporó y abrió sus alas, estirándose.

–Gracias... –susurró Hermione con el rostro menos pálido.

Fawkes de pronto alzo el vuelo y salió volando por la ventana abierta a la derecha de ella. Pronto se perdió de vista.

–Eres la primera persona que logra hacer que Fawkes dé lágrimas –dijo el director mientras también sonreía.

–Gracias, profesor –dijo Hermione mientras cerraba el frasco.

–No pierda más tiempo srita. Granger, estoy segura que alguien la espera –respondió Dumbledore con una sonrisa.

Hermione miró a sus dos mejores amigos, ambos le sonrieron de vuelta. Era increíble que nuevamente estuvieran juntos porque la castaña no hubiera podido soportar todo sin ellos, sin su ayuda y sin su apoyo. Se despidió del director y sin perder más tiempo se fue, enseguida Ron y Harry la siguieron pero antes de cruzar la puerta, la voz del director los detuvo.

–Harry, ¿puedes quedarte un momento? –pidió el director mientras tomaba nuevamente asiento detrás del escritorio.

El niño que vivió le dedicó una mirada cómplice a Ron, entendiendo perfectamente el motivo. De pronto, Harry y el profesor Dumbledore se quedaron solos.

–Es admirable lo que hiciste por Granger y Malfoy –dijo el profesor mientras con un ademan le indicaba a Harry que tomara asiento.

Harry obedeció, se sentó sintiéndose repentinamente incómodo por el tema.

–Fue por Hermione, más que por Malfoy –respondió Harry mirando con interés los artefactos encima del escritorio y evitando la mirada del director.

–Aún así, habla mucho de ti que hagas a un lado sus rivalidades pasadas –dijo Dumbledore.

Harry esbozó una sonrisa irónica.

–No es fácil, no he olvidado que fue un mortifago fiel y que participo en la masacre a las familias de nacidos muggles –contesto Harry mientras miraba a los ojos al director.– Pero ahora me importa más la felicidad de Hermione.

El director se sorprendió ante la cruel honestidad de Harry, no era común que demostrara una actitud negativa contra alguien.

–Te sorprendería saber que Draco Malfoy y tu tienen más parecidos de lo que imaginas –dijo Dumbledore con tono de sabiduría.

"El único parecido que compartimos es la preocupación por el bienestar de la misma chica", pensó Harry con incomodidad. A su parecer, ambos tenían grandes diferencias por lo que no entendía a lo que se refería exactamente el profesor.

–Pero, supongo que no me pidió que me quedará para hablar sobre Malfoy –repuso Harry con educación.

Hermione podría preocuparse libremente por Draco, mientras él podía ahora enfocarse en los horrocruxes.

–Supones bien –dijo Dumbledore con una sonrisa en forma de disculpa.

Cada vez conocía más a Harry, podía notar su incomodidad con el tema sobre Malfoy y un leve enojo cuando los comparo, pero igual notó que trataba mucho de reprimir sus emociones. Siempre lo hacía y seguramente es una consecuencia de vivir tanto tiempo con los Dursley, sin embargo también había algo más en él, el notable peso con el que vivía día a día sobre su destino, aunque fuera joven en su expresión se notaba algo mucho mayor.

Dumbledore dejó a un lado sus pensamientos, últimamente se sorprendía con ideaa totalmente nostálgicas y aquello sólo lo distraía de lo importante. Sacó de un compartimiento escondido, debajo de su escritorio, una espada y con mucho cuidado la colocó frente a Harry sobre el escritorio.

–¿Es... es la espada de Godric Gryffindor? –preguntó Harry sorprendido, hacia muchos años que el sombrero seleccionador se la dio en la Cámara de los Secretos.

–Efectivamente –respondió Dumbledore con una sonrisa.

–¿Para qué la necesita ahora? –preguntó Harry curioso, no podía dejar de observar los detalles de la grandiosa espada.

–La necesitas para destruir los horrocruxes…


Draco Malfoy se encontraba en un lugar sumamente iluminado por una luz blanca. El lugar le resultaba familiar pero no podía ver con claridad a causa de la brillante luz. También se dio cuenta de su vestimenta, ya no llevaba la ropa negra que había usado para ir a su misión sino algo más muggle y sencillo, enseguida Draco pensó que aquello era un sueño ya que nunca usaría ropa así en una situación real.

De pronto, escuchó unos pasos acercándose detrás de él. Rápidamente volteó esperando enfrentarse a algo maligno e instintivamente se llevó una mano adentro de su túnica en busca de su varita, pero no tenía ni túnica ni varita.

Una silueta comenzó a tomar forma, Draco entrecerró los ojos para ver mejor a pesar de la luz blanca, nuevamente había algo familiar. Estaba seguro que conocía a la persona que se acercaba, cuando finalmente la persona estuvo a unos pocos metros cerca de él, Draco abrió los ojos totalmente sorprendido. Toda su expresión mostraba sorpresa y conmoción, sintió que se le formaba un nudo en la garganta y seguramente también palideció.

Draco… –saludó Lucius Malfoy cuando estuvo más cerca.

Draco lo observo desconcertado, su padre se veía más joven y sano que la última vez que lo vio. Su vestimenta le recordaba cuando él era un niño y miraba a su padre con gran respeto y admiración, antes del regreso de Voldemort... Antes de que todo se fuera por un precipicio para la familia Malfoy.

¿Padre? –preguntó Draco aún sin poder creer su presencia.

Esperaba no verte tan pronto aquí –contesto Lucius con un dejo de tristeza.

Draco palideció aún más, "¿verte aquí...?" Pensó de pronto asustado.

Estoy... Muerto –susurró Draco con terror e inmediatamente recordó a Hermione y a su madre.

Aún no, digamos que puedes escoger –contestó Lucius acercándose a su hijo.

Draco no entendía nada pero no se atrevía a decir más, tener a su padre delante de él fue como la apertura de una herida que nunca ha sanado. Sólo una vez lloró por él y después se tragó cualquier sentimiento porque tenía miedo de sumirse en depresión. No podía darse ese lujo, tenía que ser fuerte por su madre. Sin embargo, ahora no podía hacer mucho para sentirse indiferente a sus emociones.

Lucius se detuvo a un metro de Draco, era un poco más alto que él y pudo darse cuenta que había algo en su expresión que no pudo identificar.

No tenemos mucho tiempo –dijo Lucius con una sonrisa triste.

¿Por qué? –preguntó Draco con temor.

Porque debes tomar una decisión y mientras más tiempo estés aquí será más difícil regresar –respondió con tranquilidad.

¿Tú… pudiste escoger?

No, mis circunstancias fueron muy diferentes –dijo el mayor de los Malfoy en un tono serio.

Draco quería preguntar mil cosas sobre todo del lugar en donde se encontraba, pero no podía formular ninguna. Se sentía abrumado por la situación inesperada y la presencia de su difunto padre. Después de su muerte siempre tuvo esa espinilla en su interior porque nunca pudo recordar con exactitud cuales fueron las últimas palabras que intercambiaron, o si alguna vez supo cuan importante era para él a pesar de llevar a su familia al mal camino. Sabía que Lucius Malfoy no había sido un buen padre, pero al final era su padre y eso nadie podría cambiarlo, realmente no lo culpaba.

Tengo miedo… –soltó Draco de repente, nunca antes había admitido tal cosa frente a su padre pero simplemente no pudo evitarlo.

Lucius miró a su hijo como muy contadas veces lo había hecho: con ternura. Si le dieran la oportunidad de empezar nuevamente su vida con su familia, hubiera cambiado muchas cosas… le hubiera gustado ser más afectuoso con su único hijo. Lamentablemente, ya no existe una segunda oportunidad para Lucius Malfoy.

Yo tenía grandes planes para ti Draco, planes que llevarían a convertirte en un hombre poderoso y llevarías al apellido Malfoy en el lugar más elevado en el mundo mágico –comenzó a decir Lucius con seriedad, delante de él le pareció ver a Draco de cinco años con sus ojos grises brillando de curiosidad por las palabras de su padre.– Nunca imaginé que echarías todo eso a perder…

Lo sé… –murmuró Draco con toda la dignidad que podía juntar.

Para convertirte en un hombre mucho mejor de lo que pude querer para ti –continuó Lucius ignorando el comentario de su hijo, miró su expresión de sorpresa.– Me di cuenta ya muy tarde de mi error, creer que estar en el bando de los mortifagos sería lo mejor para la familia… ya muy tarde me di cuenta de las consecuencias de esa decisión.

Entonces, ¿no soy una decepción para ti? –preguntó Draco ansioso.

Nunca lo fuiste, Draco –contestó Lucius esbozando una sonrisa nostálgica.- Desde que eras pequeño, siempre te empeñaste en ir en contra de lo establecido y temía que eso te llevará a tu ruin.

Draco sonrió, siempre le ha gustado desafiar las reglas aunque al mismo tiempo temiera la furia de su padre.

A decir verdad, por primera vez en toda mi vida siento que estoy haciendo lo correcto –confesó Draco mirando la expresión de su padre.

Bueno, aún sigo pensando ese asunto que tienes con Granger –dijo Lucius de pronto serio.

Draco palideció. La expresión de su padre cambió totalmente pero pudo ver que en sus ojos no llegó ningún enfado, de hecho, su mirada gris seguía siendo como llena de paz. Lucius alzó su mano y le dio un suave apretón al hombro de su hijo, luego le sonrió.

Cuando estuve encerrado en Azkaban, deseaba que encontrarás la felicidad a pesar de la situación en la que injustamente te puse –admitió Lucius.– Y me alegra que la hayas encontrado…

Lucius Malfoy nunca pudo comprender por completo la mente de su único hijo, sin embargo lo conocía a la perfección porque de alguna manera siempre entendió sus emociones. Por ejemplo, sabe que en este momento su hijo lucha por controlar sus propios sentimientos, no quería mostrar su vulnerabilidad. Por otro lado, Draco bajó la mirada… sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas, era simplemente inevitable. Daría todo porque en realidad su padre nunca hubiese muerto.

No quiero que te lamentes más por mi muerte, nunca fue tu culpa –dijo Lucius como si hubiera leído los pensamientos de Draco.

El rubio levantó la cabeza enfrentandolo, nunca había admitido ni en voz alta pero siempre tuvo esa culpabilidad dentro de él, de vez en cuando le invade la culpa por la muerte de su padre. Se sorprendía a si mismo pensando en las cosas que pudo haber hecho o cambiado para evitar esa muerte.

Pero yo… –comenzó a decir Draco.

¡Basta! Nunca fue tu culpa –lo interrumpió Lucius con voz entrecortada.

Los ojos grises del hombre mayor se humedecieron tomando por sorpresa a Draco, nunca había visto llorar a su padre. Lucius se volteó enseguida sintiendo una repentina vergüenza producto de su educación. Ninguno de los dos se atrevió a decir algo durante algunos instantes.

Tampoco fue tu culpa –dijo Draco de pronto.– La mayor parte del tiempo me sentía enojado contigo pero siempre te perdonaba… y te sigo perdonando.

Lucius Malfoy se quedó desconcertado ante esas palabras. Su hijo lo quería a pesar de todo lo malo que había hecho… Poco a poco volvió sobre si mismo para encarar a Draco, sin pensarlo, avanzó dos pasos y abrazo a su hijo con fuerza. Era simplemente ridículo el hecho de que era el primer abrazo que Draco ha recibido de Lucius Malfoy, al menos que él recuerde. Lo inesperado de aquel gesto dejó al menor de los Malfoy desconcertado y con los brazos pegado a sus costados, pero poco a poco y con torpeza le devolvió el abrazo. Los ojos de Draco se llenaron de lágrimas al instante en cuanto sintió un nudo en la garganta.

"Es demasiado tarde…" pensaron padre e hijo. Lucius recordó cuando Draco era pequeño y solía abrazarse a su pierna, pero él siempre lo regañaba recordándole que aquellas muestras de cariño son incorrectas para ellos, existen reglas de sociedad y protocolos que en ese momento ya no tenían ningún sentido.

Te he extraño, papá –soltó Draco con la voz ronca, nunca antes lo había llamado papá.– Desde el primer día… hasta ahora, he odiado el hecho de perderte.

Lucius lo estrechó con más fuerza, sabía que era su última oportunidad antes de Draco se fuera.

Recuerda que también estamos hechos de nuestras pérdidas y eso nos hace quienes somos –dijo Lucius calmando el dolor de su hijo.– Aunque duela…

Lucius fue el primero en deshacer el abrazo, se limpió las lágrimas torpemente.

Tienes que tomar una decisión –dijo mientras trataba de recuperar la normalidad de su voz.

Draco asintió, comprendía claramente que se estaba muriendo y que estaba en alguna especie de limbo. Aunque no se atrevió a preguntar si era solamente un juego de su mente o en verdad estaba pasando, no quería arruinar el momento. Y tampoco había necesidad de pensar en su decisión, simplemente Draco no renunciaría a la vida.

Dile a tu madre que… cuando sea el momento, estaré aquí esperándola –dijo Lucius con cariño mientras comenzaba alejarse.

Mamá también te extraña… cada momento –respondió Draco detendiendolo un rato más.

Lucius sonrió, igual como aquel joven Malfoy de la fotografía que encontró Draco sobre sus padres.

Tu madre es muy fuerte, siempre encontraba la fortaleza en ella –confesó Lucius.

¿La amaste? –quiso saber Draco, hasta hace poco vio una verdadera demostración de amor entre sus padres por medio de fotografías. Necesitaba saber si eso nunca cambió.

Los Malfoy tenemos la fortuna de amar una vez y de manera tan poderosa que nos cambia por completo –respondió Lucius con una sonrisa y finalmente se fue.

Draco no dejó de mirarlo mientras la silueta de su padre desaparecía hasta que de pronto, una luz blanca lo cegó por completo.

Draco Malfoy abrió los ojos abruptamente mientras jalaba aire con desesperación haciendo que inmediatamente tosiera. Toser lo hizo sentir como sí se partiera en dos, un líquido se escurrió por su mentón y no necesito comprobarlo para saber que era sangre.

–¡Draco! –escuchó una voz exclamando su nombre.

Alzó la mirada y vio a Hermione Granger en el marco de la puerta, sus mejillas estaban ruborizadas, sus ojos brillaban y su cabello estaba más desordenado que nunca. Unas manos lo forzaron a recostarse mientras pasaban un trapo húmedo por su rostro.

Draco no puso resistencia. Se dio cuenta que ya no sentía más dolor, sé sentía más despierto que hace rato y respirar ni siquiera parecía importarle. Lo cual no hacía falta ser un medimago para saber que pronto moriría, la última descarga de adrenalina lo llenaba y en cuanto dejara de circular en su cuerpo... Colapsaría.

Madame Pomfrey le dedicó una mirada triste a Hermione, luego negó con la cabeza. Por un momento, la castaña sintió que le quitaban el aire, pero apretó su mano derecha donde sostenía el frasco para después guardarla en su bolsillo. Ron se asomó detrás de ella mirando pálido el nuevo estado de Malfoy.

–¿Pueden dejarnos solos un rato? –pidió Hermione.

Madame Pomfrey asintió con la cabeza mientras una lágrima se derramaba por su mejilla al tiempo que salía del cuarto. Hermione volteó y Ron le dedicó una mirada de duda, la castaña le sonrió brindándole seguridad, entonces cerró la puerta.

La castaña se recargó en la puerta mirando a Draco, su tez era de un pálido calaverico y parecía que había envejecido unos años.

–En mi fantasía, tú tenías mucho menos ropa y yo estaba amarrado a los postes de la cama –insinuó Draco tratando de sonar seductor.

Hermione sonrió mientras negaba con la cabeza. Camino hacia él hasta sentarse a su lado en la cama, alzó su mano y acarició el rostro de Draco.

–No quiero morir... –soltó Draco con un semblante más serio.

–No lo harás... –dijo Hermione mientras dirigía su atención a la herida en el pecho de Draco.

–No hay nada más que hacer

–Estás equivocado, nunca me daré por vencida contigo –respondió Hermione esperanzada.

La castaña lentamente comenzó a quitar el vendaje del pecho de Draco, el rubio tuvo que incorporarse para facilitar la tarea. No preguntó nada, quizás aquello era un juego más de su subconsciente así que sólo se limitó a observarla. La castaña por otro lado se sentía ansiosa, notó que sus manos temblaban ligeramente. Una vez con la herida expuesta, Hermione observo que aún salía un poco de sangre y que la marca de la mordedura era de color morado, casi negro en el centro... No era nada bueno. Respiro hondo deseando con todas sus fuerzas que funcionara la única opción disponible. Sacó la pequeña botella y la abrió con cuidado.

–Recuestate otra vez –pidió Hermione con dulzura.

Draco lo hizo sin apartar la vista de ella. Hermione se acomodó mejor a su lado y coloco una mano en el abdomen de Draco para apoyarse.

–No te muevas... –susurró.

La castaña inclinó la botella justo encima de la herida. Uno, dos, tres... Contó las gotas. Al principio no pasó nada pero entonces salió vapor de las heridas de Draco seguido de un líquido espeso raro, era el veneno de Nagini. El slytherin no podía ver pero sentía frío en el lugar de la mordedura, de pronto también lo sintió por todo su cuerpo y podría jurar que su rostro se llenaba de color.

–¿Qué es...? –preguntó desconcertado.

–Lágrimas de fénix –respondió Hermione aliviada.

Con rapidez, la mordedura de la serpiente desaparecía y la piel del costado se curaba regresando a su color natural de siempre. Sin previó aviso, un crujido se escucho proveniente de las costillas de Draco haciendo que soltara un gemido de dolor.

–Me... Curó la costilla rota –murmuró Draco con una mueca de dolor al tiempo que se palpaba el pecho.

Hermione lo acarició para brindarle apoyo, después ansiosa tomó el brazo izquierdo donde también había recibido la otra mordida. Quitó la venda y notó que aún no había ningún cambio, por lo que usó el resto del contenido de la botella ahí. Enseguida los mismos efectos se hicieron presentes, poco a poco se curaba. La castaña miró su brazo hasta que igual parecía que nada había cambiado y de pronto lo notó.

–La marca… –susurró Hermione sorprendida.

Draco se incorporó, esta vez sin ningún esfuerzo. Alzó su brazo izquierdo y ambos lo miraron con desconcierto. La marca tenebrosa del antebrazo izquierdo de Draco había perdido color, como si estuviera a punto de borrarse pero simplemente se quedó así… como un reflejo de las nuevas lealtades de Draco. Hermione lo miró, sus ojos estaban llenos de lágrimas y comenzó a reír aliviada; sin pensarlo, se lanzó sobre el slytherin para abrazarlo mientras lloraba de alegría.

–Estás bien… estás bien –murmuró Hermione contra el cuello de Draco.

Sus hombros temblaban a causa de los sollozos pero también a causa de la rísa, era totalmente una contradicción. Draco sonrió, la envolvió en sus brazos con fuerza y recordó las últimas palabras de su padre: "Los Malfoy tenemos la fortuna de amar una vez y de manera tan poderosa que nos cambia por completo". Y así era porque Draco sentía que nunca amaría a alguien más que Hermione… y que nadie más lo amaría como ella lo hace.

–Gracias… –susurró Draco para después darle un beso en la frente.

Poco a poco sentían que regresaban a la vida, al igual que sentían lo cerca de lograr su sueño de tener un futuro juntos… y por ahora era lo único que importaba.


Lord Voldemort se encontraba en la cabecera de la gran mesa rectangular. Miraba a cada uno de sus mejores seguidores sintiendo un tremendo enojo a ellos. ¿Quién más intentará traicionarlo después? ¿Quién más será capaz de desafiarlo y sobrevivir para contarlo? Fijó su atención en Severus Snape, de pronto tuvo una idea.

En la mesa nadie hablaba ni se atrevía a mirar al Señor Tenebroso. No era ningún secreto su estado de ánimo y aquel que cometiera un error por mínimo que sea, será blanco de la furia de Voldemort. La reunión fue convocada de emergencia teniendo como significado que el golpe final se llevaría a cabo y a pesar del miedo la mayoría se sentía ansioso por saber los planes del mago más tenebroso. Estaban dispuestos a participar en todo para finalmente obtener la mayor recompensa.

–Las cosas han cambiado después del numerito que nos hizo nuestro traidor –comenzó a decir Voldemort con furia contenida.

Hubo varios insultos de indignación hacia el apellido Malfoy, ahora ese apellido era sinónimo de traidores y escoria.

–Sin embargo, la venganza será después de que tengamos el poder en nuestras manos… los traidores a la sangre son los segundos en la lista –continuó Voldemort saboreando ya esa victoria y varios sonrieron ansiosos.– Y por esa razón estamos aquí…

El silencio llenó la habitación, demasiado ansiosos por el suspenso en que la situación dio un giro. Bellatrix Lestrange miraba con devoción a Voldemort esperando escuchar lo que tanto ha soñado. El momento había llegado, desde que el Señor Tenebroso regresó hace tres años, todos los presentes habían jurado estar a su lado hasta el momento de la victoria. Finalmente el poder estará en manos de un líder con grandes planes para la comunidad mágica y los gobernantes serán ellos.

–Hoy tomaremos el Ministerio –finalizó con una mueca sádica.

La reacción no se hizo esperar, algunos aplaudieron y otros lanzaron gritos de emoción, Bellatrix reía con verdadero placer. El momento definitivo había llegado porque con el absoluto poder del Ministerio bajo Voldemort, el siguiente era el futuro de la comunidad mágica: Hogwarts. Habrá batalla de eso no hay duda… y será la batalla final. Los mortifagos comenzaron a celebrar la victoria asegurada.

–Severus… –llamó por lo bajo Voldemort, aprovechando el festejo de los demás miembros.

Snape se acercó para escuchar, por más indiferente que podía aparentar por dentro su corazón latía violentamente.

–Es hora de tu prueba final –dijo Voldemort deleitandose por su idea, las consecuencias de ello tenía un papel fundamental para su victoria.

Una vez que su enemigo perdiera cualquier esperanza, todos los seguidores de su enemigo serán lo suficiente vulnerables para ser aniquilados.

–¿Prueba final? –preguntó Snape reteniendo la respiración, demasiado tenso por saber la respuesta.

–Mata a Albus Dumbledore –ordenó.

Snape hizo acopio de todo su autocontrol para fingir que se alegraba de escuchar eso… el momento había llegado inevitablemente y está seguro que también su final. Es hora de probar que todo lo que ha hecho a lo largo de 18 años, ha valido la pena.


Hola,
al fin actualice. Perdón, perdón, perdón por tardar tanto.

He estado al tope de tareas y trabajos que no he tenido tiempo de escribir o a veces lo tengo pero simplemente no he tenido la inspiración para escribir algo propiamente bien. Así que me he esforzado para escribir bien este capitulo ya que suceden varias cosas muy importantes.

Espero hayan disfrutado leerlo y ahora me odien menos. Como verán, cada vez esta más cerca del final por lo que me esforzaré para darle un final digno a esta historia. Muchisimas gracias por su apoyo, por quienes esperan pacientemente y por aquellos que desde las sombras siguen leyendo y apoyando esta historia.

No pude contestar sus comentarios, pero quiero que sepan que los lei y me animaron a seguir escribiendo a pesar de lo ocupada que he estado.

Gracias por leer y espero ansiosa sus comentarios, besos!