Capítulo II: La intensidad de su alma.

-He de caer de aquí… nadie sabrá que estoy en este lugar… sin fondo, infinita será mi caída – Zelda caminaba hacia un precipicio, que tenía un abismo interminable, obscuro.

-No lo harás… porque yo estoy aquí – El joven rubio había aparecido de la nada, mirando a la doncella con una sonrisa cálida, hermosamente cálida.

-Es muy tarde – ella termina cayendo sin ningún grito que suelte o expresión.


De repente despierta de golpe, todo había sido un simple sueño. Había sido tan real que pensó estaba muerta. Sin embargo era un alivio para cualquiera que fuese una pesadilla solamente.

Pero algo no andaba del todo bien. Resulto que estaba a punto de pararse en

su ventana y caer nuevamente.

Link había pasado por ahí, amaba estar fuera de noche. Se había acostumbrado a ello en sus viajes. Al voltear de inercia hacia la ventada de la princesa se dio cuenta que estaba ahí nuevamente por lo que decidió usar sus ClawShot y subir hasta su ventana.

-¿Me dirá que esto va ser de cada día? Porque tengo que estar alerta de usted. Dejare de salir en las noches sólo para cuidarla-

Comento semi enojado, aunque sólo fingía estarlo pues luego de ver afligida a la doncella dijo.

– Bueno, era broma. No hay de que angustiarse – Al termina de decir aquello toco su cabello – Siento ser tan torpe para animar a la gente – Dijo cabizbajo.

-No es tu deber… la única responsabilidad que tienes es mantener a salvo a HYRULE no a mí – Camino hacia su cama y luego se dio la vuelta.

Link se acerco hacia su cama y se sentó en ella – Lo sé… Aunque si es mi deber cuidarla pero aun así prefiero recordar esa sonrisa que la tristeza – Sonrió a la joven que se había dado la vuelta para mirarlo.

-¿Recordar? – Se pregunto algo confundida pues nunca se habían visto – Tú y yo jamás nos habíamos encontrado en el pasado.

-Muchas veces majestad. Muchas veces he visto su sonrisa en sueños, a veces es castaña, otras veces rubia… pero siempre tiene esa destellante sonrisa que cautiva el corazón de quien la mire.

Con esas palabras supo que se refería a sus vidas pasadas. Era un misterio pero era posible recordar la vida pasada en los sueños de los elegidos, por esa razón el joven sabía de ello.

-Vidas pasadas, has dicho – Dijo la joven algo molesta – De todas formas debieron sentirse mucho mejor que yo, estoy segura – Al momento de acomodarse para dormir Link le dijo.

-No es precisamente eso, Zelda. Una de ellas se veía tan entristecida como tú en estos momento… pero al pasar de los años se dio cuenta de que debía siempre sonreír ante cualquier cosa, ser más fuerte y no dejarse llevar por esa tristeza porque tenía una cosa que otros no.

-¿Que tenía?

-A sus nobles y fieles súbditos por los que veía, su país… y dos amigos – Dijo el mirándole sonriente nuevamente – Un amigo que hizo todo por sus seres amados y por su deber, pero no sólo eso, también se dio cuenta de la importancia de sí misma… no sólo por tener la trifuerza si no por su corazón. Al verla supuse que en esa sonrisa no la vería, pero al final de mi sueño esa sonrisa broto de su rostro tan repentinamente que yo…

-¿Qué tu? – Pregunto la joven nuevamente confundida.

-Que quisiera volverla a ver – Dijo finalmente para dirigirse a la puerta – Y sabes… la única persona que conozco tiene cabello castaño, ojos azules y es una princesa… eres tú.


A la mañana siguiente la joven despertó más calmada y comenzó escribir en su diario.

Querido diario…

Buenos días nuevamente. El día de hoy al menos cambiara una cosa… Podre salir al cálido sol a las praderas y a los jardines reales, estoy menos angustiada por quedarme siempre dentro.

Con todo esto siento que debo agradecerle a él, pues gracias a sus hazañas como héroe logro restaurar la paz de este país. Y ahora no hay tanto deber de protegerme te manera exagerada –sigh*- Al menos eso me parece.


Al termina de escribir se dirigió a asearse y bajar al desayuno. Como sus días comunes antes de cumplir catorce, pues después de aquello comía encerrada en su habitación, como si de una prisionera se tratase. Era casi tan deprimente como si hubiera estado presa en manos de la encarnación maligna. Quizá aquello hubiese sido más agradable que eso.

-Buenos días – dijo en frente de su puerta el joven rubio que la acompañaría hasta la cocina.

-Buenos días, Link – contesto Zelda cortésmente - ¿Qué haces tan temprano fuera de mi habitación? –Pregunto extrañada de su acción.

-Nada, solamente estoy observando, estaré todo el tiempo al pendiente de ti. Tarde o temprano vas a sonreír y no me lo voy a perder – le miro más de cerca al punto en el que sentían la respiración del otro.

Zelda se quedo pasmada, cada pequeño centímetro que se acercaba sentía como si su corazón explotaba. Estaba tan nerviosa que comenzó sudar de las manos y Link no se detenía.

-V-Vamos Link – dijo tartamudeando – debemos ir a degustar nuestro desayuno, mi padre seguro que te espera.

-Bien – sonríe deteniéndose, parecía que aquello hubiese sido a propósito.

Caminaron por un extenso pasillo de doce habitaciones, unas ocho recamaras pequeñas y las otras cuatro más grandes, en una de ellas también se hospedaba el caballero. Las paredes eran color hueso con tocados en una extensa franja color marfil. Había siete ventanales en las paredes de lado izquierdo, que daban justo al jardín del este del castillo, veinticuatro pilares hermosamente acomodados cerca de las puertas y al final del mismo unas hermosas escaleras, decoradas con una alfombra roja y dos franjas doradas en los extremos, que daban justo al centro del castillo.

En el centro del castillo se hallaba un gran círculo el cual tenía siete marcas. Una de las tribus de los Goron, otra de los zora, otra de los viejos Sheikah, los kokiri del bosque que ya no estaban presentes más que en la memoria de las personas, los habitantes del desierto, los hylians y en el centro la trifuerza que simbolizaba la sangre de la diosa, el alma del héroe y la encarnación del mal.

De lado derecho viendo hacia el frente se encontraba la gran sala de estudio, al lado la sala de estar y a la izquierda el comedor.

Ambos se dirigieron hasta ahí para poder desayunar.

En la realeza de Hyrule sólo podían comer con la familia real ciertas personas, entre ellos podían ser: Familiares cercanos, lejanos, Sires y su familia, la nana protectora, invitados por estos y el héroe de nación.

El soberano Hylian miro que los dos jóvenes llegaban, se paro y los menciono – Hija… Link – les señalo asientos a su lado – tomen asiento – al decir esto ambos hicieron una reverencia.

Nadie dijo nada, dentro de unos cinco minutos hubo silencio hasta que el soberano hablo.

-Zelda – llamo la atención de la joven que esperaba aun a que sirvieran el desayuno de todos.

-¿Si, padre? – pregunto mirándole a los ojos.

-Perdóname por no haberte entendido durante mucho tiempo… He sido distraído y te falle como padre.

Zelda se quedo triste agachando la cabeza – No padre… me salvaste de un terrible destino, igual que tu Link, les agradezco mucho.

-De todas formas… falle en no decirte las cosas que sucedían… pero bueno…

Después de volver a callar otros minutos volvió a hablar.

-Link – dijo el hombre dirigiéndose al héroe quien le miro – Como caballero de esta tierra y héroe tienes decisiones importantes en tus manos… ahora decide.

El rey le explico a Link que siendo el héroe también podían tomar ciertas decisiones, tales como: Titulo de Sir, comandante, ser un noble o único protector de la princesa del destino. Cuando elegían uno de esas recompensas terminaban por quedarse de esa manera hasta su muerte.

-Elijo protegerla – dijo mirando a Zelda con una destellante sonrisa – Hasta ese día el héroe seguía eligiendo ser el protector del alma de la princesa.

-Entonces… es un acuerdo – dijo el rey seriamente.

-Pero padre yo puedo cuidarme sola – dijo algo molesta por la decisión.

-Hasta ahora no me lo has demostrado con certeza, hija. Además pueden hacerse amigos.

Ninguno dijo nada.

La comida había llegado, eran unas ricas magdalenas en una canastilla en medio de los tres. La enorme mesa rectangular era para veinte personas, pero los tres se sentaron del lado norte, en medio el rey, a los lados Zelda y en el otro lado Link.

Además de las magdalenas un zumo de naranja para cada uno, un rico plato con huevo en omelette con algunos condimentos, verduras y poca carne. A lado de las magdalenas unos cuantos panes de trigo, y café para el rey.

Luego de terminar la princesa agradeció y se dirigió hacia los jardines. El rey se marcho a la salda de estudios y Link siguió a Zelda.


Como si de una niña se tratase, la princesa corrió risueña hacia su jardín. Estaba completamente como hacía tres años. Lleno de vida, Arboles frutales, arboles con flores, hermosas flores silvestres, rosales, lirios, hortensias, dientes de león, arbustos.

De repente se tiro en el suelo donde yacían hermosos pastizales, frescos por el roció matutino. Su olor era tan deseoso que comenzó a revolcarse cual gato en la hierba.

-Cuantos años han pasado ya… este olor me trae tristezas… pero también me trae buenos momentos.

-Un recuerdo no es triste si te trae buenos momentos, Zelda – dijo Link acercándosele – Este jardín lleva tu nombre, ¿verdad? – dijo algo feliz ante las acciones de la princesa.

-¡L-Link! – Rápidamente dejo de revolverse en el suelo para componerse seria – S-Si, lo lleva.

-Lo presentí – comento – captan tu belleza – con esto sonrojo a la doncella, extrañamente ella no se percato. Al cabo de unos minutos lo hizo aunque no le dio mucha importancia.

Link decidió recostarse en el mismo pasto que ella y luego viraron juntos el cielo.

El muchacho lucia tan tranquilo que no le podía dejar de mirar, sentía que deseaba tener esa tranquilidad, esa sonrisa.

-Link – llamo la princesa al joven que se encontraba con los ojos cerrados.


Pronto a ella vino un recuerdo. Uno demasiado antiguo.

-Link… ¿sabes una cosa? – Pregunto una joven rubia.

-¿Qué cosa, Zelda? – Pregunto el joven de cabello medio castaño.

-Te agradezco que me hayas salvado de Demise… que hayas devuelto la luz a estas tierras. Ahora podremos vivir todos en plenitud y felices… repoblar una tierra que nos pertenecía a todos. Link, siempre y por siempre estaré agradecida contigo.

-Era mí deber, Zelda – Paro un segundo algo sonrojado – Además… la vida de una persona, posiblemente la más importante, se encontraba en peligro. Mis padres ya no están… no iba a dejar que tu también te fueras. No sólo a mi hubiera dolido, a tu padre, tus amigos…

-Link… - Avergonzada le mira con sonrojo.

-¡Oh diosa Hylia! – Se hinca en el suelo tomándole una mano – Te juro que hoy y siempre serás mi mejor amiga, Zelda… a la que apreciare por siempre, cuidare hasta el último de mis días… porque yo… yo te…


-¿Si, Zelda? - Respondió ante el llamado de la futura soberana.

-¿¡TÚ ME QUE!? – Pregunto ofuscada, lo agito de ambos hombros. Link queda impresionado y al mismo tiempo comenzó a verse algo extrañado por las repentinas acciones de la chica.

-¿Estás bien, Zelda? – Pregunto el joven tomándole de la cabeza y acariciando su cabello.

-T-Totalmente – se aleja unos centímetros de su lado y vuelve a recostarse, pero dándole la espalda.

Minutos después Zelda decide aventurarse a preguntar al héroe sobre lo que había visto. Link sonríe y le dice – Finalmente volvieron a ti – Para luego tomarle una mano y volverle a sonreír.

-¿Qué importancia tiene que yo recuerde? – Antes de responder, Link le da un abrazo.

-Mientras más recuerdos, mejor estado de ánimo te pondrás, estoy seguro.

La princesa hace un pequeño gesto de desaprobación – No quiero recordar cosas que no siento, amistades de que no tengo…

Link se muestra algo lastimado pero no baja su sonrisa – Es mejor para todos que te encuentres bien… por que la intensidad de su alma, su majestad, es realmente admirable.

Volviendo a hacer el mismo gesto, la doncella se levanta y se retira – ¿E-Espere, a donde va? - pregunta el joven.

-Quiero estar sola, ¿entiendes? Quiero estar donde nadie me va a molestar.

-Bueno – Suspira el muchacho algo decepcionado – Bien – Se levanta – Yo iré a entrenar un poco… la veo luego – Hace una reverencia – Con su permiso, majestad.

Todos los días de esa primavera y una gran parte del verano, la joven doncella permaneció sola, en la biblioteca. Leyó tanto que no necesito nuevamente tutores. Cada día sus pesares se limitaban a crecer. El encierro de esta era la clave que no dejaba sanar su alma. Al parecer la lectura le favoreció en muchos aspectos.


OTOÑO…

Las hermosas hojas de los arboles en Hyrule se habían tornado rojizas anaranjadas. Hermosos colores se postraban en cada una de las hojas secas.

Ese día la doncella había decidió no salir, el otoño había marcado el principio de la sequia en sus esperanzas.

-¿Por qué te fuiste…? – Miro por la ventanilla de su habitación – Link… regresa pronto – comento por lo bajo.

En su corazón se había impregnado el héroe. Ella no estaba consciente de sus sentimientos… pero ¿qué había pasado antes de aquello entre ambos?

-A veces no sabía que responderte. Link… a veces no sabía comprenderte… pero aun así… es extraño para mí esto y quisiera que me ayudaras a descubrir que siento en mi pecho…

Continuo mirando hacia la entrada, cuando sin aviso alguno el héroe entra por ella, junto a una… mujer.

Zelda queda en shock. La mujer es bella. Su cabello es rubio platinado, hermoso, lacio y peinado en una trenza larga, vestida con un bonito conjunto de los pueblos de Ordon.

Se notaba que Link era atento con ella y sonreía mucho más de lo que lo hacía con Zelda.

-¿Eh? ¿Por qué es que me duele aquí? – señala su pecho y termina por caer en el suelo desmayada.

Unos minutos mas tarde el joven llega sumamente entusiasmado a la habitación de la doncella, con un hermoso regalo y unas flores, como era costumbre traerle cada semana.

-¡Zelda! No me lo vas a creer, pero creo que la… - Al verla tirada en el suelo corre hacia ella, la abraza en el suelo y después la sube a su cama – ¡Resiste! Lisa, llama al médico – le pide a la joven y esta corre en su búsqueda.


Mientras tanto en los sueños de la princesa existe otro recuerdo del pasado.

-Link… ¿estás realmente enamorado de ella? – Pregunta cierta princesa castaña.

-No lo sé, Zelda… pero si no le correspondo… tal vez la pierda, a mí amiga…

-Lo comprendo… - Aquella tenía una cara triste a punto de llorar.

-No quiero casarme con ella… No puedo, simplemente…. Mi corazón ya tiene una dueña, princesa…

Zelda pensativamente le mira al joven, este está confundido por las decisiones.

-Haz lo que el corazón mande en ti…

-Lo que él quiere… es.


-Zelda… ¿estás mejor? – Link se encontraba realmente preocupado por ella.

-¿Link? – Débilmente la princesa comienza a abrir los ojos.

-¡SI! Soy yo, princesa – sigue mirándola – Estaba tan preocupado qué…

-Casi cae de las escaleras para verle – dijo la otra joven – Mi nombre es Lisa… y yo soy hermana menor de Link. Aunque muchos murieron otros escapamos del peligro y estuve escondida en un pueblo lejano.

-Lisa - le llama la princesa.

-¿Sí…?

Niega con su cabeza – Sólo... bonito nombre...

Lisa sonríe y le agradece.

Un rato más tarde el joven héroe era el único junto a la princesa cuidándola mucho rato. Ella estaba algo adormilada y Link le hablaba.

-Sabes… al verte ahí tirada pensé que te habías hecho algo tu misma, después de todo tarde demasiado en regresar… Zelda perdóname – besa su frente – No quería preocuparte tanto, no era mi intención. Estuve pensando en ti mucho tempo…

El joven se sonrojo tanto que golpeo su cabeza con una mano – No, no, ¿¡Qué estoy diciendo, idiota!? No sé qué hacer…. No sé cómo decirte que actualmente descubrí mis verdaderos sentimientos hacia ti. Eres la princesa y yo el héroe…. Soy tan torpe que hasta ahora no me había percatado de que todo el tiempo estuve amándole… después de ese recuerdo al verte sonreír…. Yo caí como un insecto…

No podía seguir de esa manera. Link sabía que era casi imposible enamorarse de ella, pero cavia en cuenta de que siempre fue así en cada vida… aunque no en todas lograba hacer su felicidad con la princesa.

-Debería olvidarlo todo, pero no quiero… prefiero recordar el verano.


Continuara…

Hola, gracias por tu gran review Goddess Artemiss, no pensaba que me daría al menos una persona porque pues deje un fic incompleto por falta de ideas además Gracias. Puede que este capítulo no tenga mucho sentido por pasar tan rápido el tiempo, pero con los otros capítulos se va a entender mucho mejor (serán antes de esto).

Bueno seguiré escribiendo por acá, nos leemos luego.