Capítulo V: Bienvenida.
Invierno-
Una carta había sido enviada al padre de la joven princesa, como en cada lugar en el que había estado, responder acerca de cómo avanzaba. También significaba que no había necesidad de ir al Valle Gerudo, donde había una gran cantidad de formas para relajarse y divertirse, pero era peligroso.
-Link – Zelda se acerco al joven recién aseado y lo abrazo por la espalda.
-Dime – dijo el joven sonrojado y feliz.
-Tú crees… que mi padre acepte lo nuestro – La doncella lo abrazo fuertemente con dudas sobre la decisión de su padre.
-Sinceramente no tengo la respuesta a eso – El joven se dio la vuelta y le miro – Pero de no ser aceptado, te secuestrare – Zelda se torno roja de la cara mientras Link le arrebataba un beso apasionado.
-Intenta atentar contra la hija de un hombre y perderás más que la cabeza – la chica se cruzo de brazos.
-Uf, pero si soy el héroe, ¿Qué tendría contra mí? Puede que haya entregado la espada maestra a su pedestal, pero mi espíritu de lucha se mantiene latente conmigo. Sin valor la espada no tiene ningún poder…
-Es mi padre, aun cuando me haya encerrado lo hizo para protegerme, símbolo de su amor paternal, Link.
Link la abrazo – se bien que es tu padre, pero si se entromete no me voy a poder alejar de ti – El joven héroe la mantenía entre sus cálidos y fornidos brazos.
Esta era la última parada. Habían ido antes al bosque de farone y después de estar en Kakariko las cosas habían mejorado de sobremanera. Ahora Zelda y Link compartían un vínculo enorme entre ambos.
El camino era corto, ya que las rutas comerciales entre la ciudadela y Kakariko se hacían más cortas cada año. Pronto llegaron al castillo, donde una sorpresa aguardaría para los dos.
La bienvenida era enorme, el rey había organizado un baile.
-Bienvenida, princesa Zelda, Sir Link - Decían los sirvientes del castillo mientras hacían una reverencia.
-Estoy más que feliz de que regresaras, hija mía – El rey la levanto y abrazo hasta que ella sonrió como de pequeña.
-Basta padre, estas avergonzándome – dijo la princesa algo sonrojada pero feliz.
-Hija… este baile tiene más propósitos que de una bienvenida… - el rey miro a ambos y luego enseño una gran fila de invitados. Eran familias nobles o familias reales, ricos, príncipes y princesas.
Link empezaba a sentirse incomodo luego de ver a cierta joven doncella que corrió hacia el joven abrazándolo con una gran tacleada provocando que cayera sobre el césped.
-¡LINK! ¡LINK! ¡LINK! – La princesa Zelda observo con molestia a la otra doncella, quien resultaba ser la princesa del reino del pico nevado.
Era una hermosa joven de cabello rubio, tan rubio que parecía casi blanco, ojos azules, la piel la tenia pálida y hermosa. Su vestido era elegante y hermoso también. Constaba de una tela casi transparente con color blanco y azul, esos colores iban tornándose más fuerte, de blanco a azul, y tenía tocados bordados de copos de nieve. Bajo esa tela se encontraba una tela normal, color blanco. En la parte de arriba el escote llegaba a su pecho y tenia mangas largas, las mangas tenían una tela igual a la del vestido. Sus zapatillas eran de cristal de hielo. Era tan frio que al ponerse prácticamente no se sentía nada, era como un cristal que no se podía derretir pero tampoco hacía daño.
-¡BASTA! ¡YA DEJEME, PRINCESA LEILA!
-¡No puedo! ¡No puedo hacerlo! ¡Disculpa mi forma tan salvaje de actuar, pero al verte siento que mi corazón explota!
Link se encontraba molesto, Zelda aun más. Este decidió levantarse educadamente y decirle.
-Debe hacerlo… saldrá lastimada – Dijo el joven calmado, la doncella tenía dieciséis años, era más joven que la princesa Zelda y por supuesto, menos reservada y seria.
-No hay por qué temerle al amor, mi amado héroe – Poso su mano en el pecho de Link, Zelda estaba que explotaba, pero Link tomo la mano de la princesa Leila y la retiro de su pecho de forma educada.
Link sonrió algo divertido – ¿Temerle? – Los ojos de Leila se iluminaron, sin saber que lo que estaba por decir la destrozaría – Por supuesto que no le temo… sin embargo no es a usted a quien he tomado por mi doncella… por favor, basta de esto princesa Leila, disculpa por no poder corresponder a tus sentimientos.
Link se quedo serio, jamás había sido de esa forma con una mujer. La princesa se quedo estática, casi sin brillo en sus ojos y luego corrió a sollozar al jardín.
Link simplemente miro con el semblante obscurecido y junto con el rey y Zelda entraron a la fiesta.
Zelda estaba algo preocupada por la forma en que Link le había dicho esas cosas, no había arrepentimiento en su forma de actuar, tampoco sentía lastima.
-Link, ¿no crees que fuiste muy duro? Frente a todos…
-¿Lo crees? – Link miro a Zelda a los ojos – No creo haberlo sido… de otra manera más amable no hubiera entendido y hubiera seguido molestándote el hecho de que me tomara por el brazo a o me abrazara todo el rato, ¿cierto?
Zelda no dijo nada más y luego comenzó el baile.
-A propósito Link, ¿quién es esa joven que amas? – pregunto el rey curioso, no tenía ninguna idea de que fuese su propia hija.
-Eso… lo sabrá en un tiempo.
-Vaya… que misterioso te has vuelto – El rey deja salir su sonora voz mientras la música suena y la gente baila o come.
Así estuvieron durante un largo rato, el rey aprovecho para llevar a su hija a los jardines reales para hablar de un asunto importante, mientras que Link estaba platicando con la princesa de los Zoras, Ruto tercera, y el jefe de los Gorons, el gran jefe Odonia, a quienes había conocido durante su viaje y había hecho amigos con ambos.
-Zelda… como ves este baile tiene más que el motivo de ser de bienvenida… y han venido todos estos nobles…
-¿Sí? – La princesa asintió algo pensativa sobre el asunto.
-Porque creo que después de recuperarte es edad de casarte – soltó el rey sin problemas y algo feliz… mientras que Zelda estaba inmóvil. – Tienes toda esta noche para decidir quién será tu amado esposo.
Zelda estaba seria y algo enfadada, por el hecho de que su padre ni siquiera se dio cuenta de que Link era a quien quería.
-Padre. No tenias que hacer esto – dijo seria, el rey se preocupo por ella de inmediato.
-¿Por qué? ¿Cuáles son tus motivos? – Preguntó de forma curiosa el rey.
Zelda miro cabizbaja – Yo estoy enamorada de otra persona.
El rey simplemente sonrió feliz, muy alegremente miro a su hija y luego pregunto – Ese hombre... es Link ¿cierto? – Con una mirada algo baja Zelda le respondió – Si… es Link.
El rey borro su sonrisa, no estaba en contra ni tampoco estaba triste o molesto.
-Hija mía… ay hija mía… - El rey miro hacia una lapida – ¿Sabes quién está aquí?
-Mi madre – dijo triste mientras cerraba fuertemente sus ojos.
-Sí… tu madre, una mujer que detestaba con mi corazón, una mujer que odiaba… y termine amando por muchos años hasta el día de su muerte… y aun sigo amándola. Ella era tan alegre y despreocupada que me daba envidia su felicidad…
Zelda miro curiosa a su padre – Tal como con Link…
-Exactamente, mi hermosa hija… -Siguió mirando la – Jamás me opondría a tu amor con el héroe, sin embargo el consejo lo hará…
-¡Pero padre! ¡Tú eres el rey! – Exclamo Zelda entre molesta y triste.
-Es cierto… Link ya es un noble, pero se gano el titulo, es un sir y por supuesto que se negaran a cumplir las exigencias de mi hija… por que el consejo nunca ha creído en el amor entre el héroe y la sangre y alma de la diosa.
-¡Pero lo hubo! – Dijo Zelda nuevamente molesta.
-Sí… la princesa Zelda siempre amo en secreto al héroe. Jamás hubo un romance más allá de un amante… El único héroe que ha podido cumplir la promesa del matrimonio ha sido el héroe lobo… el amo a la princesa con tanto fervor que lucho e hizo hasta lo imposible por estar al lado de la princesa…
-Y yo también seguiré el ejemplo de mi antepasado. – Dijo Link saliendo de la fiesta para encontrarse en el jardín – Porque yo amo a Zelda… ¡Y quiero que sea mi esposa!
La multitud se junto donde el rey, la princesa estaba sonrojada y Link tenía mucha seriedad en su rostro y palabras.
-Yo amo a la princesa Zelda Nohansen de Hyrule… y quiero hacerla mi esposa… en cada época y en cada era juro protegerla…
Todos los demás observaron a Link de forma confundida, unas se desilusionaban por el hecho de que gustaban del joven, algunos hombres miraban molestos a Link, por su atrevimiento de pedirle matrimonio a la doncella, pero no podían hacer nada.
Link tomo a Zelda por un brazo y corrió hacia la salida, llamo a su fiel compañera Epona, y yegua y salieron del castillo sin rumbo alguno.
-¡Link! – Zelda abrazo al joven muy fuerte, mientras este le mira a los ojos – No pasa nada, mi princesa… Pero advertí con sinceridad que te secuestraria y me casare contigo quieran o no… tengo una idea de donde podremos tener un matrimonio sumamente valido en alma. No nos podrán negar nada – sonrió el joven – Lo mejor es… que es ahí donde nos hemos casado una vez en nuestra vida anterior.
Continuara.
Bien. Creo que este capítulo es muy corto y sin mucha acción, pero es lo único que pude escribir en estos pocos días además no quiero dejar sin actualizar. En fin, gracias por leer el capitulo anterior, espero que les guste este. Seguiré escribiendo.
Nos leemos luego.
