Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.
Summary: Su mejor amiga insistía en que se estaba trasformando en una amargada, pero Sakura Kinomoto, una apasionada psicóloga, afirmaba que todo marchaba bien en su vida, sobre todo cuando el hermano de uno de sus pacientes hace acto de presencia en su "perfecta" vida.
Uno más uno
II
Alzó su pulgar para dar inicio a la demolición. A los segundos se oyó una voz por un megáfono que alertó a las 4 excavadoras que estaban en el perímetro listas para empezar a derribar todo, y tras una corta cuenta regresiva las maquinas comenzaron a hacer su trabajo.
Shaoran Li tenía la vista fija en la esfera negra que arrasaba con todo lo que se cruzara en su camino, con cierta tristeza observó como las pequeñas casas de aspecto colonial de ese antiguo barrio estaban siendo destruidas para poner en su lugar un colosal edificio en el cual la palabra consumismo se hallaba escrita en cada rincón. Lo irónico de todo es que él era quien había diseñado el enorme edificio que en un poco más de un año estaría reinando toda esa avenida repleta del comercio propio de una bulliciosa y movida ciudad.
No teniendo mucho más que hacer en ese lugar, cogió su mochila negra que estaba tirada en el suelo y sacó de su interior el casco de su moto, con un caminar pausado y haciendo un gesto de despedida se alejó hasta que llegó junto a su vieja Harley que estaba cómodamente estacionada al lado de un árbol.
Sin prisas subió, y tras ponerse el casco y ajustar su mochila emprendió rumbo hacia su lugar de trabajo oficial, llegó tras media hora de viaje al edificio de la compañía de su padrastro, quien era su jefe desde mucho antes que su relación fuera más directa, fue él quien actuó casi de celestino para que su triste madre y su deprimido jefe se conocieran y lograran animar sus desoladas vidas. Se sentía feliz por ello, sobre todo al ver el hermoso rostro de su madre con una sonrisa bailando cada vez que la iba a visitar, era algo que creyó nunca volver a ver desde la muerte de su adorado padre a causa de un cáncer terminal hacia unos 10 años.
—¿Cómo va la demolición? —le preguntaron mientras se dirigía a la oficina de su padrastro.
—Todo bien, a fines de esta semana empiezan a construir —respondió con rapidez continuando su rumbo, se detuvo frente a una puerta que tenía una placa plateada con el nombre de Eisuke Ashimira, dio unos golpecitos para anunciarse.
—Adelante.
La oficina de paredes blancas y negras llamaba bastante la atención sobre todo por las variadas esculturas que tenía en cada rincón y que le conferían original y elegancia. Detrás de un escritorio se encontraba Eisuke Ashimira, quien se puso de pie para saludar al joven de desordenada cabellera castaña quien con una sonrisa respondió al abrazo de su padrastro.
—Pensé que estarías en la demolición —comentó Eisuke tras el afectuoso saludo.
—Sabes que no me agradan mucho.
—Lo sé, tus sentimientos de culpabilidad te agobian.
—Siempre he dicho que en cada lugar u objeto hay una historia, pero no hay mucho que hacer con mi sentir, este es mi trabajo, mi pasión y de ella vivo, y bueno, ya debería estar acostumbrado a esto.
—Así es, muchacho... cambiando de tema, no es que quiera ejercer presión, pero hasta muy tarde esperé recibir un correo tuyo… correo que nunca llegó.
—Lo imaginé, pero la tecnología no es lo mío —dejó el casco de su moto en uno de los sofás que tenía la oficina—. Supongo que estás interesado en ver los planos en vivo y en directo.
—Por supuesto —tras sacarlos de su mochila se acercó al escritorio de color negro, despejando un poco la superficie acomodó uno de los planos para que Eisuke pudiera verlo bien—. Deberías hacer uso de ese programa que te recomendé la semana pasada, ahorras tiempo.
—Lo compré, me leí todo el instructivo, seguí los pasos que tiene como ejemplo y no resultó, por lo que agarré mis instrumentos y armé esto, que a mí parecer quedó mucho mejor que mi intento de plano con el dichoso programa.
Eisuke soltó una carcajada al ver la expresión de fastidio de Shaoran.
—Si tú lo dices.
Eisuke Achimira se acercó a observar el plano, sonrió al ver el toque que siempre el joven arquitecto le daba a cada una de sus invenciones, a veces eran la forma de las ventanas o los muros en la fachada que parecían tan fuera de lugar con el tipo de construcción y pese a eso al verlo en la realidad y no en un papel formaba un todo con el resto de la obra.
—La maqueta ya comenzaron a armarla, les envié un escaneo de este plano a los chicos anoche… —comentó mientras desordenaba su cabellera castaña, como supuso Eisuke frunció el ceño—, sé lo que me dirás, que me adelanto mucho para las cosas, que debería haberte mostrado el plano primero antes de empezar con la maqueta y los planos en 3D, pero tenía el presentimiento que te iba a agradar.
—A mí no es a quien debe agradarme sino que al museo que es nuestro cliente, confío en tu criterio y creo que lo has hecho muy bien, apenas tengan la maqueta me informas para planificar la junta y presentarles esta propuesta.
Asintió y guardando los planos en su gastada mochila negra comenzó a abandonar la oficina.
—Hey, se te queda algo —vio el índice de su padrastro dirigirse al sofá de cuero negro—. Cualquiera que te viera no pensaría que eres un arquitecto y que además es bastante reconocido.
—¿Lo dices por mi forma de vestir?
Jeans, camiseta negra y gastada con el rostro de Elvis estampado, su mochila que no soltaba nunca y ahora su casco que se le estaba quedando.
—Sí, y por tu modo de ver la vida con una seguridad que es envidiable, viendo la simpleza incluso en lo más complejo.
Se encogió de hombros.
—Que tengas un día productivo, hijo.
—Así será, para eso me pagan, ¿no?
Salió de la oficina recordando lo acontecido el día de ayer con su hermano menor, se consideraba un hombre de bien, con bastante raciocinio y por sobre todo paciencia, que era mucha cuando trataba con los demás a excepción de Yuga quien ya le estaba sacando canas verdes.
Su hermano parecía odiarlo mientras él solo quería ayudarlo, entendía que quizás él estuviera pasando por todos los procesos que abarcan ser un adolescente, y no podía ser un hipócrita olvidando que él también fue un tanto rebelde en aquellos años, pero había un motivo de su actuar tan poco civilizado, la muerte de su padre le había hecho tocar fondo no solo a su madre sino que a él también.
Suspiró, Yuga se parecía a su "yo" adolescente, pero su personalidad realmente le descolocaba y por más que trataba de comprenderlo no podía.
Shiefa, una de sus hermanas mayores, estuvo a cargo de su hermano que en ese entonces solo tenía 6 años, lo cuidó y educó mientras su madre parecía estar en otro mundo, fue ella quien decidió llevarlo al psicólogo hace unos meses y él se vio en la obligación de acoger a su hermano cuando la psicóloga planteó que a Yuga le faltaba una imagen paterna.
Y bueno, eso intentaba hacer, acercarse a su hermano, tratar de tener una relación "normal" y ganarse su confianza, lamentablemente Yuga parecía no querer lo mismo.
Soltó otro suspiro, al menos tenía la esperanza que con la visita a la psicóloga de su hermano lograría sacar algo provechoso.
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Yuga Li observaba con desgano el pizarrón repleto de números y operaciones matemáticas que no llamaban en nada su atención. Tras bostezar por quinta vez acomodó sus brazos en su pupitre y puso su cabeza en uno de ellos con la clara intención de dormir un rato, al fin y al cabo, las matemáticas para él no eran nada, y con una rapidez envidiable lograba entender los procedimientos.
—Li, si no va a prestar atención dedicándose a dormir, abandone la clase.
Alzó la vista encontrándose con los ojos grises del profesor Ishida. Sonrió ampliamente y tras ello tomó su mochila e hizo lo que le habían ordenado.
—Debería ser mucho más responsable, Li.
—Nah, de todos modos igual me va bien en este maldito ramo.
Salió del salón ignorando el sermón que comenzó a pronunciar su profesor, él no estaba para oír regaños de los demás, con los sermones de Shiefa tenía más que suficiente. Pasó rápidamente por los pasillos del instituto, ya en el patio caminó en dirección hacia la arboleda que había cerca del gimnasio, allí se encontraban dos de sus amigos esperándolo.
—Pensamos que no ibas a venir, como estás a un pelo de ser expulsado —comentó Daichi Fujimoto, un chico alto y delgado, de cabellera negra y ojos miel que adoraba jugar a los video juegos.
—Ese enano de Ishida pese a todo, me estima, como soy el mejor de su clase… gracias a mí logró ese premio en esa jodida prueba de conocimientos, se llevó los créditos como el profesor del "genio" en las matemáticas.
Se tumbó en el pasto y con una imperceptible sonrisa agradeció el cigarro que Souta, otro de sus amigos, le estaba pasando.
—¿No hay algo mejor que esto? —preguntó.
—No, el sábado mi hermano me dará algo de su mercancía, a cambio debo ordenar la casa y cuidar de mi hermano pequeño antes que llegue nuestra madre del trabajo.
—Para que el pueda follar de lo lindo con su novia —agregó Yuga provocando la risa en Daichi y el malhumor en Souta.
—Es un cabrón, debo poner la radio fuerte para que Rui no escuche los gemidos que salen de ese cuarto.
—Al menos tu hermano te da algo bueno, Shaoran es un imbécil, se las quiere dar del hermano del año, pero no le resulta, me tiene harto, sobre todo porque el muy ingenuo jura que me hará mejor persona.
—Debes entenderlo, Yuga, de seguro quiere enmendar su ausencia —se atrevió a decir Daichi sabiendo de antemano que Yuga se fastidiaría por su comentario.
—¡Y a mí qué! Nunca se ha detenido a preguntarme si yo realmente quiero eso.
—Díselo —propuso Souta a lo que de inmediato Yuga se negó.
—Nah, me gusta burlarme de sus intenciones, pero algún día le diré que solo quiero que se deje de joder, que estoy bien, y que no necesito de una amargada psicóloga que me de consejos de cómo debo llevar mi vida, ni menos de su presencia, no necesito de un hermano mayor, no lo tuve en toda mi infancia, ¿para qué tenerlo ahora?
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El sonido de la lluvia apartó su atención del hombre que le hablaba.
"Menos mal que no le creí a ese meteorólogo"
Según el pronóstico del tiempo existía una "leve" posibilidad de que cayeran uno que otro chubasco, pero la última vez que el meteorólogo había dicho eso ella pescó un resfriado que la tuvo 3 días con fiebre y postrada a una cama de un hospital gracias a esa "leve" posibilidad, debido a eso antes de salir a trabajar fue en búsqueda de su paraguas y de un impermeable, como dicen mejor prevenir que lamentar.
—… Yo sé que lo que tengo es complicado, pero no sé cómo decírselo a Misa, ella me gusta mucho, Sakura, la amo, pero cuando la veo siento la necesidad de huir… es como un… —el hombre apretaba y cerraba sus manos—, ella me dijo que me ama… debo ser sincero.
Asintió.
—Me mencionabas que Misa es una mujer muy comprensiva, ¿no?
—Eso es claro, ¿sabes? un día me dijo que quería una vida en pareja, matrimonio y yo estoy dispuesto a eso, podemos armar una linda familia, el amor está y eso es lo importante, sé que seremos grandiosos y yo le demostraré eso.
Sakura miró de reojo la hora en su reloj intentando que su paciente no se diera cuenta, sin embargo, falló en su misión.
—¿Estás mirando la hora? Lo sé, hemos acabado por hoy.
—Aún queda un poquito de tiempo.
—Oh, pero está bien, me iré.
—Ren, solo déjame preguntarte algo y puedes marcharte, sé que quieres ir a ver ese partido de fútbol del cual me hablaste ayer —el hombre asintió—. ¿Cómo vas con los medicamentos? Recuerda que debes tomarlos siempre, no te puedes olvidar.
—El Litio va bien, aunque ya sabes que me cuesta tomar esas cosas, siento que me ponen mal.
—Pero el Litio ha resultado mucho mejor que los otros medicamentos que te ha dado el doctor Adachi.
—Pero yo no estoy tan de acuerdo, no necesito pastillas, le diré eso al doctor Adachi cuando lo vea —se acercó a Sakura y le dio la mano a modo de despida—. Hasta la próxima, Sakura.
Suspiró cuando vio a Ren abandonar su consulta, él sí que era un paciente complicado, hacia un par de meses había tenido una crisis dado su trastorno bipolar y con la ayuda de medicamentos y tras haber estado en un centro psiquiátrico lentamente estaba saliendo adelante. Aunque si lo comparaba con su paciente rebelde y que atendía de lunes a viernes, ese sí que era un problema y que la hacía maldecir a los 4 vientos.
Se puso de pie en búsqueda de su celular, tenía una hora libre para comer algo ya que había tenido que saltarse el almuerzo debido a que una de sus pacientes pidió adelantar la hora por motivos de fuerza mayor, así que accedió, lamentablemente tuvo que aguantarse el hambre que tenía y que logró atenuar gracias a una barrita de chocolate.
Cuando se deparaba para salir de su pequeña consulta el intercomunicador comenzó a sonar, se acercó rápido y presionó el botoncito para escuchar el altavoz.
—Sakura, ¿estás muy ocupada? —le preguntó Hana, quien era su asistente y también una de sus mejores amigas.
—Pensaba ir a comer algo, estoy famélica, ¿por qué? ¿Algún paciente quiere adelantar la hora? —cruzó sus dedos para que la respuesta a su pregunta fuera negativa.
—Hay alguien que quiere hablar contigo.
Genial, su estómago tendría que esperar.
—Está bien... pásame la llamada, después almuerzo.
—Es que, está acá… bueno estaba, de seguro va a tocar tu puerta.
Apenas un segundo pasó y unos golpecitos resonaron en su consulta.
—Ya está acá, veré que quiere, ¿no te dijo nada?
—Es el hermano de uno de tus pacientes.
Atendía a cerca de 10 personas cada semana, entre tres a cuatro diarias, así que con esa información nada relevante podría sacar respecto a la identidad del "hermano" que ahora había vuelto a llamar a la puerta.
—¡Ya voy! —gruñó con cierta impaciencia—. Te dejo, Hana.
Acomodó sus gafas antes de abrir la puerta, sus ojos se encontraron con otros de un color ámbar junto a una intensa mirada que por poco la sonroja o quizás lo hizo, llamó su atención los cabellos mojados del hombre y su ropa negra bastante empapada, definitivamente él no fue tan precavido como ella.
Shaoran la observó detenidamente conteniendo un poco su sorpresa, ¿ella era la psicóloga de su hermano? ¿Cuántos años tendría? A primera vista se veía joven. Gracias a los comentarios de su hermano que la definían como una amargada y aburrida mujer se había hecho la idea de que era un tanto mayor, sin embargo, con solo ver su chaleco de variados y llamativos colores no le daba esa idea, ninguna persona con esas características escogería un chaleco tan divertido y que tenía los colores del arcoíris en todo su esplendor como prenda de vestir. Aunque no podía negar que su mirada era un tanto seria y que los grandes lentes que usaba dejaban en segundo plano el bello color de sus ojos, y su largo flequillo también ayudaba a ello.
—Disculpe… —su voz lo trajo a la realidad, tenía la costumbre de muchas veces perderse en sus pensamientos—. ¿Usted es…?
—Un intento frustrado de hermano mayor, definitivamente eso me describe muy bien.
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Notas de Caris:
¡Hola, Hola!
Estoy muy feliz por sus lindos comentarios y las alertas, me han animado mucho, tenía planes de actualizar el mismo día que subí el primer cap, pero las circunstancias no me lo permitieron y recién ahora he podido hacerlo, así que aprovecho de pedir disculpas por la tardanza.
A ver, este capítulo fue más informativo por así decirlo, no hubo tanta acción, pero en el siguiente tendremos a nuestros castaños como totales protagonistas del capítulo, como ven también aparecieron personajillos que tendrán un mayor o menor grado de relevancia en el transcurso de esta historia que será de capítulos cortos, aunque de seguro y a medida que la trama avance estos irán aumentando un poquitito en su extensión, aunque me acomodan más los capítulos cortos sobre todo para cuando regrese a la universidad y tenga poco tiempo para escribir.
Espero leer sus comentarios y mil gracias otra vez.
Saludines :)
Pd: Espero que no haberme saltado muchos errores ortográficos, tengo la manía de ponerme a editar cuando el sueño se apodera de mí, realmente es una lucha bastante ardua (xD)
