Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.

Summary: Su mejor amiga insistía en que se estaba trasformando en una amargada, pero Sakura Kinomoto, una apasionada psicóloga, afirmaba que todo marchaba bien en su vida, sobre todo cuando el hermano de uno de sus pacientes hace acto de presencia en su "perfecta" vida.


Uno más uno


IV

Mi hermano me dio algo de su mercancía, iremos a casa de Ryu, sus padres andan de viaje, nos vemos allá.

Eran las una de la madrugada y Yuga Li se encontraba escuchando música en su viejo mp3 que pese a los años seguía cumpliendo muy bien sus funciones, y eso que había pasado por caídas, vasos de agua derramados, y seguía como si nada. Con un poco de pereza se puso de pie, buscó su chaqueta de cuero negra y su gorro del mismo color. Salió de su cuarto a paso sigiloso, y miró de reojo hacia la habitación de su hermano, Shaoran dormía plácidamente.

Buscó sus llaves y abandonó el departamento cerrando la puerta principal con el mayor cuidado posible, una vez en el pasillo soltó todo el aire que llevaba aguantando. Su usual sonrisa ladina apareció en su rostro: de seguro lo pasaría muy bien.

~:~::~:~::~:~::~:~

Tomoyo Daidouji por primera vez quería darle una bofetada a alguien o mejor dicho a su jefa, corrección, ex jefa quien ni siquiera se había dignado a darle un motivo claro de por qué ese sábado no había sido como los otros. Con su habitual sonrisa había llegado al taller en donde trabaja formando parte de las diseñadoras de interior de Art&Deco, pero apenas puso un pie en el lugar supo que algo andaba mal, las miradas de sus compañeras de trabajo le dijeron todo y armándose de valor partió a hablar con su hasta entonces jefa para que le explicará qué diablos pasaba.

Estás despedida.

Quedó perpleja por un instante, extrañamente no sabía que decir hasta que un "¿Por qué?" logró salir de su boca.

Querida, encontrarás trabajo, de eso no hay dudas, ¿quieres referencias? Te las doy.

Solo quiero saber si cometí algún error.

Reducción de personal.

—Perra —susurró con su ceño fruncido y mirando un punto lejano, no se dio cuenta que su malestar lo estaba canalizando en un envase de jugo que se rompió sobre su vestido—. ¡No!

Se puso de pie con rapidez de la banca en la cual se encontraba, para su pesar su vestido en tonos coral quedó mojado con jugo de fresas y una horrorosa mancha estaba expandiéndose no pudiendo hacer nada para evitarlo.

Definitivamente ese no era su día de suerte.

Negando y pidiendo a los dioses algo de ayuda miró su caja con las cosas de su ex trabajo y su bolso de diseñador, regalo de su querida madre.

—Tomoyo, tú eres una mujer fuerte y encontrarás trabajo en menos de un santiamén —se dijo mientras tomaba su celular para llamar a su amiga quien supuestamente debería haber llegado hacía 40 minutos al parque en el cual se encontraba.

Tomoyo sabía que Sakura llegaría tarde, era algo que todo quien conociera a la castaña lo tenía más que claro, pero su paciencia ya se había agotado, además de estar sin trabajo y con un vestido manchado moría de hambre.

Lo primero que escuchó salir de la boca de su amiga fue un "¡Mierda!".

—Lo olvidaste —afirmó mientras tomaba su bolso e intentaba coger la caja, usando su hombro derecho como soporte para su celular lo logró, eso sí rogó a los cielos no tropezar.

Tomoyo, lo siento, no sé cómo pude olvidarlo, perdóname.

—Estás perdonada, en 20 minutos estoy en tu hogar, tengo hambre así que espero que tengas algo delicioso.

¡Por supuesto! —sonrió al escuchar la exclamación de su amiga—. De esa forma te pediré disculpas, soy tan olvidadiza, me siento horrible, de seguro llevas mucho rato esperándome, y debes estar muerta de hambre, perdóname, Tomoyo.

Podría apostar que su amiga tenía los ojos acuosos y se encontraba recriminándose su error cada un segundo, la conocía muy bien, años de amistad por lo que para ella Sakura Kinomoto era un libro abierto.

—Sakura, por supuesto que te perdono, ahora te cortaré, espero encontrarme con un rico plato de comida para cuando llegue a tu hogar.

Así será, Tomoyo.

Con una amarga sonrisa Sakura cortó la llamada recriminándose lo boba que era a veces, habían planificado juntarse para almorzar y hacer algo entretenido ese día sábado en el cual Tomoyo trabajaba hasta medio día, pero como siempre ella metía las patas, y de la peor manera. De seguro su amiga ya tenía un itinerario para ese día y ella había arruinado todo.

Negando con la cabeza partió rumbo a la cocina, justo en el momento en que se deparaba para hacerse algo para comer Tomoyo llamó, ni ahí estando en la cocina se acordó de los planes que tenía, bueno ahora se pondría a cocinar algo delicioso, no tenía muchos ingredientes para hacer algo digno ya que debía ir al supermercado, pero de seguro unos ravioles con salsa boloñesa junto a un par de ensaladas le encantarían a su amiga.

Tras media hora el timbre resonó en su hogar, corrió a la entrada.

—Tomoyo, lo sien… —frunció su ceño al ver que su amiga sostenía una enorme caja—. ¿Y eso?

—Una caja.

Rodó los ojos.

—Tomoyo, sé que es una caja, pero, ¿qué haces con una caja así de grande?

—Desde hoy soy una desempleada.

—¡Oh por Dios! Pero, ¿por qué?

—Te explico cuando entremos, está un poco pesada.

Sakura asintió lentamente. Tomoyo dejó la caja sobre uno de los sofás del departamento de su amiga. El asombro era claro en la castaña quien miraba con absorto la caja, ¿cómo era posible que hubieran despedido a su amiga si era la mejor diseñadora que existiese?

—Cuéntame, estoy demasiado intrigada.

Tomoyo sonrió al ver la cara de preocupación de su amiga, pero más gracia le causó ver la enorme camiseta en color negro que vestía y que tenía un estampado central de una calavera, además, ver los pantalones rayados en colores verdes, naranjos y azules que usaba Sakura más ampliaron su sonrisa, sin embargo, prefirió no hacer ningún comentario al respecto ya que la joven se enojaba de inmediato.

—Vamos a la cocina a hablar —habló la castaña—. Aún no está listo el almuerzo.

La siguió hasta la cocina, un rico olor a pastas llegó a sus sentidos y su estómago no demoró ni un segundo en rugir clamando por algo de comida.

—Ñami, ¡ravioles! Me encantan —con una cuchara revolvió el sartén en donde Sakura estaba preparando la salsa y sacó un poco para probar—. Delicioso, si hay algo que adoro es el sabor que le da la albahaca a la salsa, definitivamente estás perdonada por hacerme esperar.

Sakura sonrió, Tomoyo pese a todo seguía con su buen humor característico.

—Me alegra escuchar eso.

—¿Cuánto le falta? Realmente estoy hambrienta.

—A lo sumo diez minutos, las ensaladas ya están aliñadas, así que solo falta que los ravioles estén bien cocinados y listo.

—Excelente.

Sakura entrecerró sus ojos, Tomoyo estaba evitando hablar del tema, eso era demasiado evidente.

—Suelta todo —dijo con completa seriedad.

Tomoyo asintió, sabía que Sakura insistiría y no cambiaría su semblante serio y preocupado a menos que le contara sobre lo acontecido en la mañana.

—Me despidió, el motivo, reducción de personal.

—¡Arrgg! Es una mentirosa, hasta yo sabía que te tenía envidia por ser mejor que ella y por dar mejores ideas y tener a los demás haciéndote caso y no a ella.

—No es el fin.

—¡Claro que no! Tomoyo, no te guardes lo que sientes, si sientes rabia, déjala fluir, pero canalízala en otras cosas, y ten fe, todo es por algo, y eres una excelente diseñadora, sé que encontrarás un trabajo en el que serás realmente valorada por tu talento y creatividad.

—Tan linda que eres, amiga, tus palabras siempre son asertivas.

—Las tuyas igual, Tomoyo, por eso siempre pensé que tú serías la psicóloga.

—Pero diseñar siempre ha sido mi pasión, y el papel de psicóloga te queda mejor a ti.

Sakura no pudo evitar sonreír.

—Vibras positivas, Tomoyo, ya verás que todo saldrá muy bien.

La castaña desvió su atención hacia los ravioles que ya estaban listos, aunque aún sentía arder su sangre, ¡¿Qué se creía esa mujer para despedir a su amiga?! Dejando a un lado esos pensamientos prosiguió con lo que estaba haciendo y junto a la ayuda de Tomoyo llevaron las cosas hacia el comedor y ordenaron todo para finalmente tomar asiento y empezar a comer. Ambas se devoraron los ravioles con una rapidez que les causó risa, Sakura trajo lo que quedaba en la olla y se sirvieron un segundo plato.

—¡Divinos! —exclamó la amatista—. Me siento una cerda comiendo tanto.

—Yo debería decir eso, de seguro estoy con sobrepeso.

—Hey, estás bien así, lástima que no lo muestras, tus curvas se ocultan en la "ropa" que usas.

—No empieces, Tomoyo.

La peli-negra se encogió de hombros, no había nada en el mundo que hiciera que Sakura renovara su estilo de vestir. Ella ya había intentado de todo, pero no había caso, la castaña insistía que para ella vestir a la moda no era una prioridad en la vida, y que ni loca iba a gastar cantidades de dinero en ropa exclusiva, cosa en la que Tomoyo no concordaba, no era necesario gastar un dineral para vestirse bien, solo era cuestión de escoger la ropa adecuada. En fin, Sakura era una testaruda de primera y ella se estaba cansando de batallar contra eso.

—No he empezado nada —comentó usando el tono más inocente que podía haber.

—Sí, claro.

Soltando una carcajada optó por dejar el tema a un lado, había algo más importante y que acababa de recordar. Sus ojos amatistas buscaron como locos lo que Hana le había comentado. Sonrió cuando vio unas hermosas rosas de un intenso rojo muy bien acomodadas en un florero blanco que estaba ubicado sobre una mesita esquinera.

—Así que es cierto.

Sakura se caracterizaba por andar muchas veces en las nubes haciéndola ser una chica bastante despistada la mayor parte del tiempo, ni ella podía entender cómo diablos pasó por su cabeza estudiar psicología, pero con los años de estudio llegó a la conclusión que esa era su misión en la vida y se sentía plena ayudando a sus pacientes e intentando aportar aunque fuera un granito de arena para hacer sus vidas mucho más llevaderas.

—¿Y? ¿No me dirás nada? —preguntó Tomoyo esperando alguna respuesta en Sakura.

—No entiendo —Sakura tenía un tanto ladeada su cabeza y miraba a su amiga con un gran signo de interrogación.

¿Acaso no era notorio cómo ella miraba las flores? Tuvo que indicar hacia el lugar donde estas se hallaban para que finalmente Sakura entendiera todo.

—Ahh, las rosas.

Tomoyo puso los ojos en blanco.

—"Ahh, las rosas" —imitó sacando una risa en su amiga—. Sakura, ¿crees que con esa respuesta tuya me quedaré tranquila?

—Claro que no, o sino no serías Tomoyo.

—Muy bien… ¿de dónde sacaste esas bellas rosas? Me sorprende ver flores, la última vez que vi flores en tu hogar gritaste a los 4 vientos que nunca más aceptarías que alguien te obsequiara algunas.

—En ese entonces mi pequeño departamento parecía velorio con tantas flores, no soportaba el olor.

—Lo recuerdo bien, sobre todo cuando le lanzaste al obsequiador de flores unas rosas amarillas.

Sakura soltó un gemido casi de dolor que causó la risa en Tomoyo.

—Es que esa escena fue épica, sobre todo cuando Kenta seguía cantando como si nada.

—Ha sido la peor serenata de la historia —comentó la castaña con cara de horror.

—Creo que te llevas el récord al ser la mujer que ha hecho gastar más dinero a un ex en flores y otros obsequios para conseguir tu perdón.

—Tal vez —dijo Sakura quien sin darse cuenta ya había hecho pedazos una servilleta—. Se lo merecía por todo el daño que me causó.

—Eso es cierto, nadie merece lo que él te hizo.

Sakura asintió lentamente, Tomoyo aún podía ver en los verdes ojos de la castaña cierta tristeza, una mirada ensombrecida que aparecía cada vez que Kenta salía a colación. Su linda amiga había sufrido tanto por culpa de un hombre que no la merecía, pero pese a eso la castaña salió adelante con esa entereza que la caracterizaba aunque como dicen, una mujer nunca olvida y Sakura por más fuerte que se veía su interior aún estaba resentido.

—Cambiemos el tema, no quiero ver esa expresión, sé que ya no lo amas, pero el hecho de haber sido lastimada aún pesa, para cualquiera sería así, así que volvamos a la pregunta inicial, ¿será que la gran psicóloga Sakura Kinomoto tiene un pretendiente?

Sakura sonrió y luego negó.

—Estoy segura que Hana te fue con el asunto.

—Lo de tu paciente felicitándote fue lo que más gracia me dio —agregó Tomoyo soltando una gran carcajada.

—La vergüenza de mi vida, en realidad, una de tantas, tú y Hana siempre me avergüenzan en público.

—Hana tiene mucha imaginación, yo no desvarío tanto como ella… Pero, cuéntame, ¿te ha llamado? ¿Han tenido alguna cita? Si es así, detalles, necesito muchos detalles.

—¡Tomoyo! No ha pasado nada, ni va a pasar algo, apenas lo conozco, es el hermano de uno de mis pacientes que más dolores de cabeza me da —aclaró atropelladamente—. Tú y Hana ya armaron toda una historia de esto, además no es ético tener una relación con un familiar de un paciente.

—¿Quién dice eso?

—Yo, y espero que con eso saques esa tonta idea de tu cabecita loca…

—Está bien, Sakura Kinomoto, era solo simple curiosidad, nada más.

La castaña asintió no muy convencida.

—Tengo algo de helado de fresas, ¿quieres?

—Mi vestido quedó manchado a causa de un jugo de fresas, pero me arriesgaré a comer helado.

Su amiga partió rumbo a la cocina sin decir nada más.

¡Vaya que se había molestado!

Rodó los ojos: Sakura y su carácter.

Dirigió nuevamente su mirada a las bellas rosas, si Sakura creía que ella se había tragado ese tema de la ética pecaba de ingenua, había visto el leve sonrojo que apareció en el rostro de su amiga cuando le aclaró las cosas, a Sakura alguna sensación le generaba ese hombre, eso lo daba por firmado.

~:~::~:~::~:~::~:~

—¡Yuga, saldré por unas horas, debo ver algo del trabajo! ¡Hay comida en el refrigerador!—esperó alguna respuesta de su hermano, pero esta nunca llegó, de seguro Yuga estaba con los audífonos escuchando música a todo volumen.

Se dirigió rápidamente al cuarto de Yuga, dio un golpecito para anunciarse y abrió encontrándose con una habitación sin rastros de su hermano.

Parpadeó confuso y salió del cuarto en su búsqueda, registró cada estancia de su departamento y no había señales de su hermanito, se extrañó ya que recordaba perfectamente cuando Yuga se había encerrado a eso de las 10 de la noche en su cuarto y de ahí no salió más, bueno eso creía él hasta ahora.

—Mierda—sacó su celular y lo llamó de inmediato, solo el buzón de voz le contestó.

A Yuga le esperaba una reprimenda, de eso no tenía escapatoria. Eran las 3 de la tarde, horario en el cual acostumbraban a almorzar los fines de semana, claro que ahora él debía salir de inmediato ya que lo necesitaban en la construcción del edificio por eso había cocinado algo rápido para su hermano y así poder salir con la tranquilidad de que Yuga tenía algo de comida.

Dando un gruñido abandonó su hogar llevando en una de sus manos el casco de su moto y en la otra su infaltable mochila gastada.

—¡Llegó el jefe! —escuchó exclamar apenas puso un pie en la construcción.

—¿Qué pasa? —le preguntó a Takashi Yamazaki, uno de los arquitectos con quien trabajaba.

—Los dueños han cambiado de opinión, quieren cambiar el diseño de la cima del edificio.

—Que se vayan a la mierda —gruñó con su ceño más que fruncido—. Hace meses que les presentamos los planos, que no vengan a joder ahora con eso.

—Pienso igual que tú, pero son los clientes, y como dice el dicho…

—Los cabrones tienen la puta razón —suspiró—. De seguro pidieron propuestas.

—Para el lunes.

—¡Más encima exigen! —bramó—. Haré varios y pondré el que habían escogido al final, te aseguro que terminarán escogiendo el mismo diseño que aceptaron.

—Creo lo mismo, mándame lo que lleves hasta la noche para poder ayudarte

Asintió.

—¿Algo más?

—Date una vuelta para ver si todo va bien.

Con su casco de moto puesto pasó observando la construcción, en realidad no había mucho que ver, estaban haciendo excavaciones para los estacionamientos, recién vería progresos en un mes más.

Regresó a su hogar molesto y más aún teniendo presente lo sucedido con Yuga, para aumentar su enojo su hermanito seguía sin aparecer. Tratando de controlar su enojo se encerró en su despacho para empezar a hacer algunas propuestas, no era la primera vez que Yuga desaparecía y eso era lo que más le fastidiaba, habían discutido tan fuerte la última vez que Yuga no había llegado que no quería volver a repetir esa escena otra vez, pero era ir contra la corriente, sabía que apenas su hermano pusiera un pie en el departamento ardería Troya, eso estaba más que claro.

~:~::~:~::~:~::~:~

La tarde del sábado se pasó bastante rápido para la castaña, después de almorzar con Tomoyo habían decidido ir a algún lado para hacer algo entretenido, optaron que ir al cine sería una buena idea. Debatieron entre ver una película de esas cursis que hacia unos años tanto adoraba ver Sakura o una que tuviera matices de romance, pero que no solo se centrara en eso.

"Silver linings playbook, esa es tu película, Sakura"

Y sí, Tomoyo no se había equivocado, el protagonista le recordó a Ren, su paciente bipolar y se alegró que la historia haya tenido un final feliz por así decirlo. A eso de las 9 de la noche se encontraba de vuelta en su hogar. Ahogando un bostezo salió de los ascensores y cuando se encontraba llegando a su departamento una música que se le hizo muy familiar llegó a sus oídos.

"Oh, no"

La música provenía de su departamento al cual ingresó justo en el momento en que "Tragedy" de los Bee Gees llegaba al coro, solo había una persona que cantaría con tanta pasión alguna canción de la onda disco y esa era Cho Amamiya, su madrina.

Cho se encontraba bailando mientras limpiaba el living del apartamento, su acción quedó detenida cuando sus ojos verdes se cruzaron con otros ojos igual de verdes que los suyos.

—¡Querida! Al fin llegaste.

—Hola, Cho —saludó Sakura con una sonrisa que cambió a una expresión de desesperación ya que su tía la estaba casi ahogando con su abrazo—. Cho, aire, por favor.

Su tía se separó de ella con una sonrisa de oreja a oreja.

—Si estás tan hermosa, y mira, ¿esos son los zapatos que te regalé? —bajó la mirada a los zapatos de plataforma para luego asentir—. Te quedan fabulosos.

—Gracias, Cho, ¿llegaste hace mucho?

—Dos horas, como siempre busqué la llave detrás de esas plantas que hay en el pasillo y bueno ya me encuentro acá para alegrar tu fin de semana y divertirnos…

—Escuchando música disco y viendo Saturday Night Fever hasta aburrirnos—agregó Sakura con una sonrisa.

—Tú lo has dicho muy bien.

Cho era una fanática de la música disco, era cosa de ver su ropa y su peinado totalmente setentero para darse cuenta de ello, y para Sakura no era ningún inconveniente ya que su adorada tía le había pegado el gusto por la música disco, claro que eso era un aspecto que muy pocos conocían de ella ya que no le gustaba hacerlo notar, era algo especial y que solo compartía con Cho, su querida madrina que había logrado alegrar su adolescencia y hacerla salir adelante tras la muerte de Nadeshiko Kinomoto, su adorada madre.

—¿Palomitas? —cuestionó Sakura sabiendo de antemano lo que diría su madrina.

—En la cocina, ¿alguna vez hemos visto Saturday Night fever sin palomitas?

—Oh, claro que no, Cho, Tony Manero nunca nos perdonaría tal aberración.

Las carcajadas de Cho resonaron por sobre la música.

Sakura solo sonrió.

Sería un fin de semana entretenido, de eso no había dudas.

~:~::~:~::~:~::~:~

Notas de Caris:

¡Hola, chicas! Sí, es verdad, estoy actualizando otra vez (ni yo me lo creo), pero me propuse actualizar lo antes posible así que bueno, he aquí el cuarto capítulo de esta historia.

Respecto a este capítulo, tenemos a una Tomoyo sin trabajo, a un Shaoran bastante molesto, un Yuga -de juerga- desaparecido y a una Sakura acompañada ahora por Cho Amamiya, un loco personajillo que empezarán a conocer en los capítulos que vienen.

Algo en relación también a este capítulo, más bien con el final: ¿Hay alguien que le guste la música disco?

Yo amo la música disco jajaja me encanta, al igual que el rock and roll, siempre digo que debería haber nacido en otra época, pero bueno aquí estoy (xD). Les hago la pregunta de curiosa que soy y además porque habrá un capítulo bien loco que tendrá como escenario de fondo este tipo de música, pero aún falta mucho para que ese capítulo salga a luz.

¿Qué más decir?

Mil gracias a ustedes lindas lectoras que se animan a dejar un comentario, y a las que aún no lo han hecho… háganlo, ¿qué esperan? jajaja no muerdo (xD) Me anima mucho ver sus comentarios y por sobre todo me animan a escribir.

En fin, esto se alargado mucho así que me despido, y espero que este capítulo les guste.

Saludines a todas y nos leemos pronto :)

Pd: Para las que no sepan Tony Manero es el protagonista de Saturday Night fever o Fiebre de sábado por la noche.