Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.
Summary: Su mejor amiga insistía en que se estaba trasformando en una amargada, pero Sakura Kinomoto, una apasionada psicóloga, afirmaba que todo marchaba bien en su vida, sobre todo cuando el hermano de uno de sus pacientes hace acto de presencia en su "perfecta" vida.
Uno más uno
V
Irse de juerga y llegar como si nada al otro día se había convertido en su sagrada rutina, sabía en qué momento llegar y ser sigiloso aunque la resaca que siempre lo acompañaba hacía mucho más dificultoso el proceso, pero Yuga Li tenía las habilidades para pasar desapercibido ante los ojos de su hermana mayor, sin embargo, desde que comenzó a vivir con su hermano las cosas se habían complicado y más aún al sentirse obligado a convivir con él cuando estaba perfectamente bien con Shiefa.
Sabía perfectamente que ese actuar sigiloso no resultaría ese sábado, solo bastaba recordar que hacía un par de semanas había tenido una discusión bastante fuerte con Shaoran debido a su usual rutina de los viernes en la noche y hoy de seguro todo se volvería a repetir.
Con su mirada pegada en algún lugar del suelo se desordenaba los cabellos e intentaba centrar sus pensamientos, pero sentir como si su cabeza hubiese sido aplastada una y otra vez, y con solo intentar abrir sus adormilados ojos un dolor comenzaba a expandirse desde su frente hacia la nuca no le facilitaba dicha labor. No solo sentía su cabeza martiriar sino que también su estómago resentido dolía, ¿quién lo mandaba a beber cosas de dudosa procedencia? Al menos había valido la pena salir, había tenido una junta de esas épicas que sabes que nunca más se volverán a repetir y la mercancía que había conseguido Souta mejoró con creces la fiesta.
Sin embargo, no todo puede ser bueno, y ahí se encontraba, frente a la puerta del departamento de su hermano no atreviéndose a entrar pese a que tenía las llaves para hacerlo, estaba más que claro que él podía mostrarse todo un rebelde y que no aguantaba sermones de nadie, pero había cometido el gran error de no llegar temprano, lamentablemente se había quedado dormido en un rincón y vino a despertar a eso de las dos y ahora siendo las 4 de la tarde de seguro Shaoran estaba hecho una furia, era cosa de escuchar como Elvis Presley resonaba por todo el pasillo del piso, si había algo que había aprendido de los últimos dos meses viviendo con su hermano es que cuando este estaba molesto o estresado ponía a Elvis a máxima potencia y se echaba en algún sofá a tararear o a trabajar como un loco empedernido.
Sabía que estaba perdido, pero no lo iba a reconocer, y menos frente a Shaoran. Antes de entrar cruzó los dedos para que su hermano estuviera en su despacho y no en el living de su hogar en donde claramente vería su entrada.
—…Girl, girl, girl, you gonna set me on fire…
Soltó un suspiró al no ver a Shaoran cerca aunque podía escuchar perfectamente como cantaba, le causó un poco de risa aunque no cantaba tan mal que digamos, optó por encerrarse en su cuarto esperando que su hermano no lo descubriera, aunque tenía más que claro que tarde o temprano lo haría.
Bueno, a decir verdad, temprano.
La música se fue y cerró los ojos, Shaoran en menos de un minuto aparecería, juraría que había escuchado las pisadas de su hermano como si se tratase de un monstruo, optó por suspirar y observar la puerta de su habitación esperando con su común pasividad que esta se abriera con fuerza y Shaoran se pusiera a gruñir.
Y así sucedió, la puerta rebotó en la pared y Shaoran con un ceño más que fruncido estaba frente a él lanzando furia por los ojos.
—Te escucho, hermanito.
Error.
Craso error, con esas palabras la furia en su hermano mayor se desató y desde luego, él no se quedaría callado asumiendo su mal actuar, o no sería Yuga Li.
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—¿Y? ¿Muy cargado?
Tragó con cierta dificultad y hasta dolor, eso le pasaba por beberse un café sin antes soplar para no quemarse.
—Quema —comentó llevando sus dedos a su cuello, no solo su lengua ardía por lo caliente de la bebida sino que un sabor amargo, bastante a decir verdad, se mantenía en su boca, no fue necesario responder la pregunta de su tía, con su expresión estaba más que claro.
—Lo siento, querida, debo haberle puesto mucho café, o sea, eso es obvio —vio a Cho ir a la despensa, regresó con el azucarero en una de sus manos—. No le eché azúcar, siempre se me olvida que no todo el mundo gusta del café cargado y sin lo dulce del azúcar.
—Descuida, con un par de cucharitas lo amargo se va.
Revolvió su café por un momento intentando que este se enfriara un rato, unas galletas de chocolate llamaron su atención, sus manos casi como autómata volaron hacia el platillo y después de devorarse 3 recordó que tenía un café que beber.
Le era extraño desayunar tan temprano, no era algo a lo que estaba acostumbrada, solía levantarse sobresaltada al darse cuenta que esos 5 minutos que se daba para dormitar terminaban siendo el triple, motivo por el cual salía de su hogar bastante apresurada y a los segundos regresaba al recordar que no había dejado algo de comida para Grey, su gatito. Así que, dado eso, nunca desayunaba antes de ir al trabajo, y por eso le extrañaba tanto la situación y más aún al percatarse que no estaba para nada atrasada.
¿Será porque Cho te despertó temprano?
Asintió mentalmente, si no fuera por su tía estaría corriendo de un lado a otro y botando varias cosas en el camino.
—Veo que te gustaron las galletas, querida.
—¿Tan notorio es? Te quedaron riquísimas, ¿en qué momento las hiciste?
Cho soltó una carcajada, en realidad varias. Sakura la miró con extrañeza, ¿había dicho algo chistoso?
—Creo que nunca cambiaras, pequeña…
—No comprendo.
—Tú sabes que nunca me he llevado bien con la cocina, por eso tengo a Lili quien se encarga de la comida, aunque ya sabes que lo intento, creo que dentro de poco me atreveré a hacer algún platillo decente y que no sean huevos cocidos —Sakura soltó una risa, cómo olvidar la vez que su tía la invitó a su hogar y tuvieron que almorzar huevos cocidos con algunas ensaladas porque ni ella ni Cho sabían cocinar bien y lamentablemente ese día Lili no trabaja—. Las galletas las compré ayer en el supermercado, creo que ni siquiera has visto tu despensa y menos el refrigerador. Mientras dormías tu siesta de domingo yo me fui de compras, realmente no tenías nada bueno para comer.
—Cho, ¿era necesario? Pensaba ir hoy a comprar algo de comida…
—Sí, claro.
—En serio, además a Grey no le queda comida así que debía ir de todos modos, pero gracias, te pagaré.
—No es necesario, tómalo como un regalo.
—Cho, sabes que no me gusta la idea.
—Creo que Grey anda de parranda, no lo he visto en todo el fin de semana.
—No cambies el tema.
—Debe estar con sus amigos del barrio…
—Cho…
—… O con alguna novia, le das mucha libertad, querida.
Rodó los ojos, sabía que Cho seguiría ignorándola, así que tuvo que cambiar de estrategia.
—A las 7 y media en la cafetería Sun Day.
—¿Es la cafetería de los deliciosos beignets?
Asintió.
—Excelente, allá estaré.
Suspiró, era agotador cuando Cho siempre se salía con la suya, amaba a su tía, pero era tan testaruda…
Mira quién lo dice.
Dejó a un lado el comentario de su conciencia quien tenía un afán por molestarla. Sabía que Cho no aceptaría que le devolviera el dinero así que con una invitación a comer algo dulce al menos le devolvería algo de lo que gastó.
—Si alguien no sale en menos de 5 minutos de seguro llegará atrasada a su lugar de trabajo.
—Estoy más que bien en la hora.
—De seguro has escuchado hablar de Murphy…
—Cho, entendí, saldré de inmediato, si Grey se digna a aparecer, regáñalo por mí y luego le das algo de leche, su comida se acabó…
—También le compré comida.
Suspiró.
—No sé qué haría sin tus visitas inesperadas.
—Querida, me hice la promesa de cuidar de ti mientras la vida así me lo permita, ahora ve moviendo ese trasero y vete de inmediato a tu trabajo, no quiero que llegues tarde, mientras esté acá no lo permitiré.
Abandonó su hogar no sin antes darle un abrazo apretado a su tía y decirle un "Te quiero" con cierta emoción que intentó ocultar, aunque no fue necesario, Cho podría ver hasta lo imposible y lo supo cuando vio su sonrisa que le trajo recuerdos de su madre, se parecían bastante, aunque Cho tenía el pelo castaño claro a diferencia de su hermana quien tenía una larga y ondulada cabellera oscura, aunque ambas heredaron el mismo color de ojos, el mismo que también había heredado ella.
—Señorita, ¿no va a cruzar?
Parpadeó con cierta confusión, el anciano que le había hablado ahora atravesaba la avenida la miró negando con la cabeza, el semáforo había dado verde y ella como siempre andaba en la luna. Apuró el paso para alcanzar a cruzar. Luego siguió con su andar tranquilo, ese era el beneficio de no andar atrasada.
Acomodó sus gafas y se dedicó a observar su alrededor, como siempre las calles del centro de Tokio estaban repletas a esa hora de la mañana, algo que no le era molesto, más bien lo disfrutaba hasta en los días más fríos o más calurosos. Se entretenía viendo el millar de gente que pasaba, anónimas, pero con un rostro que le permitían hilar varias teorías acerca de sus vidas, siempre había un rostro que la dejaba pensando sobre los demonios y ángeles que podían habitar en dicha persona. El hecho de ser tan observadora frente a las expresiones y gestos de los demás fue algo que con años de esfuerzo logró aprender, no fue algo fácil sobre todo si eres una joven que la mayoría del tiempo anda en las nubes, sin embargo, la práctica hace al maestro y es así como siempre parecía estar en una alerta continua de problemas, lo extraño y quizás hasta irónico era darse cuenta que aquel especie de don o habilidad no se aplicaba en ella, le era complicado ver su vida y darse cuenta de sus necesidades por sobre la de los demás, era algo que Hana y Tomoyo le criticaban siempre.
Dejando a un lado aquellos pensamientos, sonrió al darse cuenta que ese día pese a estar frío no tenía cara de ser un día lluvioso porque si lo fuera tendría que asumir que llegaría toda empapada al trabajo y con la amenaza de una gripe segura, así que cruzó los dedos para que el día no cambiara y que los rayos de sol lograran brindar algo de calidez, así podría resistir las ganas que tenía de fundir su nariz en su acogedora y cálida bufanda en colores morados y amarillos, ya que apenas lo intentaba sus grandes gafas se empañaban.
"Esto de ser miope"
Al menos sus guantes a juego le daban algo de calor, el cual aumentaría apenas pusiera un pie en el atestado metro con gente pegada literalmente a su lado.
Esa era su rutina matutina que incluía ciertas exaltaciones a causa de la gente que no la dejaba bajar del vagón debiendo recurrir a un lado no tan delicado de su persona.
—Permiso, por fa… —un hombre le dio un empujón llevándola más al fondo del repleto vagón, con sus manos echas un puño y sacando fuerzas de alguna parte se hizo paso—. ¡¿Me dejarían bajar, por favor?!
Las personas que estaban a su alrededor llevaron su mirada a ella y con un sonrojo logró bajar finalmente soltando un largo suspiro de alivio.
"Todo porque soy pequeña"
Caminó cerca de dos cuadras hasta que llegó al antiguo edificio en donde su consulta se encontraba, optó por ocupar las escaleras en vez del único ascensor del edificio que tenía la costumbre de echarse a perder mínimo una vez al mes y para su pesar en alguna de esas veces había presenciado dicho problema, más bien vivido, una experiencia bastante traumática que no quería revivir por el momento. Claramente prefería la seguridad que le brindaban las escaleras por lo que subió hasta el tercer piso con lentitud luchando por sacarse su bufanda ya que venía bastante acalorada a causa del metro, definitivamente juntaría algo de dinero para aprender a manejar y finalmente comprarse un auto pequeño.
Lo primero que vio apenas puso un pie en el pasillo del piso fue el rostro alegre de Ren.
—Sakura, llegó bastante temprano.
—Hola, Ren… Sí, me cuesta creerlo.
—Es algo muy bueno, aún faltan 15 minutos para las 8 y ya está acá, el lunes pasado llegó con media hora de atraso y el anterior también.
Soltó una risa nerviosa.
—Ehh, sí, no es necesario que me lo recuerdes —comentó sonriente—. Iré a la consulta, ¿me esperas un momento?
—Por supuesto.
Caminó hacia el escritorio de Hana, como siempre había una carpeta en colores rosa que tenía de manera ordenada el listado de los pacientes que tendría ese día, si mal no recordaba los lunes tenía 5, pero el fin de semana Hana le envió un mail informándole que un sexto y nuevo paciente había agendado hora para ese día. Ya revisaría la carpeta para saber más de él, su amiga ni siquiera le mencionó el nombre del paciente y pensaba preguntarle el porqué no lo hizo, sin embargo, Hana no estaba por ningún lado motivo por el cual ingresó a su consulta con cierta extrañeza, era raro que Hana no estuviera si siempre llegaba media hora antes que ella. Mientras se cuestionaba si algo le pudiese haber pasado se sacó su largo abrigo negro el cual guardó en el pequeño armario que tenía la habitación. En el momento en que iba a llamar a Ren se fijó que alguien estaba en su consulta, un alguien al cual la poca luz que ingresaba por las cortinas semi-abiertas le llegaba en un sector de su cara mostrando unos ojos cansados y con unas ojeras realmente notorias.
La imagen le generó un miedo bastante grande que se vio expresado en un grito que de seguro resonó por todo el piso, sin ni siquiera controlarlo corrió a la puerta desesperadamente en busca de ayuda.
—Disculpe —escuchó exclamar—. No era mi intención asustarla de esta manera.
Llevó sus manos a su pecho, podía sentir como su corazón bombeaba frenéticamente dándole la sensación que en cualquier momento se iba a salir.
Había un hombre sentado en el diván que solían usar sus pacientes. Con una segunda inspección pudo percatarse que los ojos del hombre eran de un vibrante ámbar, un color que se le hizo más que familiar.
—¿Qué hace aquí? —cuestionó tras sentir que su cuerpo volvía a la normalidad.
—Necesitaba verla… las cosas con mi hermano no van muy bien.
Observó el semblante de Li: claramente algo muy malo debía haber pasado, algo que lo tenía con cierta… ¿tristeza? O no, también podía ser impotencia o amargura.
—¿Está molesta?
—¿Quién? ¿Yo?
Estaba segura que una fugaz sonrisa había aparecido en el rostro del joven.
—¿Hay alguien más que nosotros en esta habitación?
—No, es solo que la pregunta me extrañó, Li… volviendo al tema principal, si quería hablar conmigo debería esperar afuera, como lo hacen mis pacientes.
—Es que su secretaria me dijo que la esperara acá, pensé que ella le anunciaría mi presencia.
Suspiró, por culpa de Hana casi le había dado un infarto.
—No vi a Hana, pero descuide, tengo una cita con un paciente ahora mismo, cuando acabe podemos hablar, igual demoraré un poco, si quiere puede…
—La esperaré, tengo bastante tiempo.
—Sakura, ¿se encuentra bien?
La cabeza de Ren se había asomado por la puerta, tanto Sakura como Li observaron al hombre quien miraba con extrañeza a Shaoran.
—Si mal no recuerdo yo tengo cita a esta hora, Sakura.
—Claro que sí, Ren, él… bueno él…
—Error de mi parte, confusión de horarios —se excusó Shaoran generando un gran signo de interrogación en Sakura.
—Oh, ya veo, es algo que me sucedía a menudo, le aconsejo que lleve una agenda, así se mantiene el orden en la vida.
Shaoran asintió lentamente.
—Claro, una agenda, lo intentaré poner en práctica, quizás así mi vida deje de ser un jodido caos.
El sonido de la puerta cerrándose le hizo dejar de mantener la vista pegada en Li.
Realmente algo debía ir muy mal con él.
—Tendrá mucho trabajo con él, Sakura, me compadezco de usted.
—Ehh… Creo que abriré más las cortinas, esto está un poco oscuro.
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—¡Ja! No sé con qué cara me dices eso, no eres nadie, escuchaste, nadie para venir a decirme eso, ¿quien estuvo en rehabilitación aquí? ¿Soy yo acaso?
Subió el volumen de su ipod en un estúpido intento de dejar de escuchar las frases de oro que su hermano menor le había dicho.
—No, y escúchame, Yuga, no vuelvas a sacar cosas de mi pasado para crear un argumento, sé hombre y enfrenta tus problemas como yo lo hice.
—¿Y crees que lo hiciste?
—Sí, y por favor, no sigas mi ejemplo, y arregla tus problemas antes que sea demasiado tarde, necesitas reaccionar, no todo se centra en ti, hermano.
—¡Métete tus consejos por donde mejor te quepan! No eres nadie para mí, eres un completo desconocido y del cual no quiero oír estúpidos consejos, con Kinomoto ya tengo más que suficiente.
Máxima potencia, vio a la secretaria de Kinomoto mirarlo extrañada.
—¿Dónde mierda crees que vas?
—Me largo, no quiero vivir con un imbécil que dice ser mi hermano.
—Soy tu hermano, ¡no digas estupideces! —bramó.
—No, Shaoran —Yuga se detuvo en el marco de su puerta—. Quizás compartamos la misma sangre, pero jamás te consideraré mi hermano, no mereces tal categoría.
Apagó su ipod y lo guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta.
Cafeína, necesitaba altas dosis de cafeína.
O quizás una cerveza le vendría mejor.
Se quedó con la primera opción, eran solo las 8 y media de la mañana, una hora más apropiada para un café que para una cerveza.
—¿Le podría decir a Kinomoto que estaré en la cafetería de al frente? —le preguntó a la joven quien le sonrió ampliamente.
—Por supuesto, ¿algo más?
—Sí, dígale que la invito a desayunar, y si ya lo hizo no importa, de seguro no se negará a unos dulces beignets.
—Muy bien, le daré sus mensajes, señor…
—Li, solo Li.
—¿Li? ¿Shaoran Li? —la joven comenzó a revisar una serie de papeles.
—Así es, recuerde darle el mensaje a Kinomoto.
—Pero si usted...
—Gracias.
La joven guardó silencio y luego sonrió, estaba seguro que había escuchado alguna risa, bajó tranquilamente los 3 pisos y salió del lugar casi en un estado de coma al sentir el olor a café y a dulce que venía de la cafetería. De seguro si trabajara en ese lugar no habría ni un día en que no pisara ese local.
Sería una completa adicción.
Distrajo su mente con el periódico que le regalaron al momento de ingresar al lugar, su lectura fue amenizada con un café que bebió con bastante lentitud, al rato volvió a pedir otro, está vez cambió el expreso por un moca y agregó una porción de 4 beignets. En el momento en que cambiaba de página alzó su vista hacia la avenida, sus ojos de inmediato fueron a dar con la menuda figura de Kinomoto, quien atravesaba la calle casi corriendo mientras intentaba con una mano asegurar sus grandes gafas. La vio ingresar al local con cierta falta de oxigeno notoria y jalando su bufanda en colores morado y amarillo que resaltaba sobre todo el negro que la cubría.
—Kinomoto —la llamó tras ver a la chica mirar por cerca de 4 veces hacía donde estaba él y aún así no moverse de donde estaba.
El sonrojo en su pálida piel era bastante notorio en ella, con un caminar tímido la vio acercarse, la imagen de una pequeña luego de ser regañada por su madre se le vino a la cabeza, Kinomoto parecía una pequeña, temerosa y a la vez ingenua.
¿Acaso él daba miedo?
Hubo un momento en qué fue así en aquella loca juventud que su hermano le encantaba sacar a relucir, pero ahora las cosas y él en sí eran diferentes.
—Lo siento, tengo serios problemas de vista, creo que tendré que cambiar mis gafas.
No pudo más que sonreír ante ese comentario-excusa, bueno, ahora comprendía porqué la joven no lograba verlo bien.
—¿Ha pensado en operarse? —le preguntó una vez que ella se sentó frente suyo.
Vio como arrugaba la nariz tras acomodarse las gafas.
—No está en mi lista de prioridades, creo que el dinero puede ser mejor usado en otras cosas.
—¿Lista de prioridades?
—Claro, ¿acaso no tiene una?
Tomó dos sorbos de su café.
—No me gustan las listas —expresó generando en la psicóloga cierta curiosidad.
— ¿Algún motivo para su aversión?
—Estructuradas, prefiero la espontaneidad de la vida antes que el orden. Las prioridades están en continuo cambio y dependen de las circunstancias que se den en el ahora, así que prefiero que todo fluya, y según las cosas del momento llego a planear qué es lo que quiero en primer lugar… por ejemplo, estaba esperándola y me di cuenta que mi cuerpo necesitaba algo, en este caso cafeína así que este café que bebo ahora se transformó en mi prioridad del momento ganándole a la idea de esperarla fuera de su consulta y dejando en segunda opción mi deseo de hablar con usted.
La vio asentir.
—Es un punto de vista bastante interesante, pero ¿no cree que de igual modo debe haber un orden en la vida, ya sea para tomar decisiones o por el simple motivo de tener alguna meta en mente que sea en sí una prioridad para su bienestar o solo para brindarle cierta felicidad?
—Por supuesto, a veces es necesario el orden, eso es claro, sin embargo, para algunos le es dificultoso ser así, me incluyo en dicho grupo, siempre he creído que hay que vivir sin pensar en el futuro, así que mis metas siempre son cosas a corto plazo.
—De nuestro presente depende el futuro.
—Nadie dice lo contrario.
—Pero si comete algún error en el presente claramente repercutirá en su futuro próximo o lejano, ¿no cree que para evitar tantos inconvenientes es mejor ser conscientes y ser más focalizados en la vida?
—Eso se los dejo a quienes les gusta estructurar su vida, yo no podría ser así —cortó el contacto visual y se quedó mirando los dos beignets que le quedaban—. ¿Gusta comer algo dulce?
La chica frunció levemente su ceño, de seguro por el cambio notorio en la conversación.
—Es imposible negarse a uno.
—Totalmente de acuerdo con usted.
El silencio se mantuvo durante unos minutos, hasta que Shaoran se vio en la necesidad de interrumpirlo por el simple motivo que estaba bastante desesperado por soltar lo que tenía dentro, le llamó la atención la evidente urgencia por hablarlo con ella, una mujer que apenas conocía, pero que le daba confianza.
—Yuga se fue de casa.
—¿Cómo?
—Eso, lo que acaba de oír, se marchó... desde el sábado que no sé nada de él, no he querido preocupar a mi hermana ya que sé que debe estar con sus amigos, es algo que hice bastantes veces en mi juventud, al igual que las escapadas a media noche y las llegabas a escondidas para evitar las peleas con mis hermanas.
—¿Alguna discusión grave?
—¿Grave? No sé si grave sería la palabra adecuada, creo que fue una breve discusión, pero con bastante resentimiento de parte de Yuga… sus palabras me hicieron replantearme ciertas cosas que me permitieron llegar a la conclusión que soy el cabrón más egoísta que pueda existir.
Kinomoto lo observó detenidamente por un instante, luego simplemente sus labios se curvaron en un sonrisa que lo dejó absorto.
—Si fuera así como dice no estaría hablando conmigo ni menos habría buscado de mi ayuda para poder mejorar las cosas con Yuga. Ni siquiera hubiera aceptado que él viviera con usted, así que según estos hechos por lo menos yo no veo a ningún egoísta frente mío.
—Usted... usted sabe muy bien cómo hacer sentir bien a las personas con unas simples palabras y una sonrisa sincera.
Mantuvo la mirada en las verdes orbes de la joven, ella volvió a sonreír esta vez de una forma nerviosa y cortando el contacto visual con él.
—Yo…
—Hace bien, y no sé cómo agradecerle su apoyo, es decir, si fuera otra ni siquiera hubiera venido para acá.
—Usted lo dijo, no me negaría a unos dulces beignets.
La carcajada de Shaoran llamó la atención de varios comensales que estaban en algunas mesas cercanas.
—Kinomoto, le haré la mejor remodelación que jamás he hecho.
—No es necesario.
—Claro que lo es, ahora, dígame, ¿escogió un color?
—Es difícil teniendo tantas paletas de colores, hay muchos que realmente me cuesta escoger uno.
—Verá, los colores cálidos le darán bastante luminosidad así que escoja alguno de esos... También he pensado en agrandar las ventanas y cambiar el cielo…
—Eso sería mucho, ¿no lo cree?
—Eso no es nada comparado con mi habitual trabajo.
—Li, está bien, haga lo que crea necesario, pero necesito aportar con mi granito de arena, así que no es presión, pero me gustaría saber qué puedo hacer por usted, se nota que está afectado.
—Solo que ayude a mi hermano, hoy tiene cita con usted, quizás le cuente algo de lo ocurrido.
—¿Y qué hay de usted?
—Bueno, ya estamos haciendo algo.
—No comprendo.
—Solo cancele la última cita que tenía hoy.
Reprimió la ganas de reír, ¿es que acaso su secretaria no le había dicho nada?
La conversación con Kinomoto acabó tras aquellas palabras, ella partió con cierta confusión rumbo a su trabajo y él optó por hacer lo mismo, tenía una maqueta que terminar y una reunión con los dueños del edificio quienes después de una larga conversación terminaron escogiendo el mismo diseño que ya habían escogido con anterioridad, si no fuera por la famosa frase "El cliente siempre tiene la razón" que repitió en su mente cual mantra budista les habría gritado que eran unos imbéciles y que si se les ocurría cambiar algo más la construcción se acabaría porque él no tenía ánimos de dirigir una construcción en donde los dueños fueran unos jodidos indecisos.
Al menos el trabajo había acabado temprano y a eso de las 8 de la noche llegó a su hogar. Lo primero que vio apenas cruzó la puerta principal fue a Yuga sentado en un sofá mirando televisión.
—Hay comida china en el microondas —le informó con su tan común y hasta exasperante pasividad.
Lo observó por ciertos minutos sin aún dar créditos que su hermano estaba de regreso.
—¿Qué?
—Nada, solo me sorprende.
—No quiero hacer enojar a Shiefa y Sakura me dijo que…
—¿Kinomoto?
—Sí, la misma... ¿cómo sabes su apellido?
Aclaró su voz y miró hacia la cocina.
—Shiefa.
—Ah.
—Yuga —le llamó, como siempre la mirada de-qué-diablos-quieres de su hermano apareció—. Me alegra que hayas vuelto.
Yuga regresó la mirada a la televisión.
Sería un iluso al creer que su hermano comentaría algo más, lo bueno es que no rodó los ojos ni puso cara de fastidio como usualmente lo hacía.
Definitivamente Kinomoto se merecía algo más que una remodelación, grandes méritos tenía por haber logrado que su hermano volviera, claramente la psicóloga hacia muy bien su trabajo y más que ello le demostraba que era una muy buena persona, eso le permitió sentir cierta esperanza, había una gran posibilidad de que su vida finalmente fuera normal, sin los demonios de un pasado que creía olvidado.
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Notas de Caris:
Merezco ser odiada, me siento la peor por demorar mucho –o demasiado- para actualizar; y más aún este capítulo no es la gran maravilla, muy normal aunque con ciertas ventanitas que permiten saber sobre el pasado y más aún sobre cada personaje.
No prometeré una actualización porque siempre pasa algo y arruina mis planes, solo decirles que la vida me tiene con bastantes cosas, voy en cuarto año de u y realmente la cosa se ha puesto vertiginosa, sin embargo, soy la mujer más feliz al darme cuenta que amo lo que estudio y el tiempo que le dedico a mi carrera no es para nada en vano, eso sí me quita ciertos placeres de la vida como escribir y leer, así que solo pido que me tengan paciencia, actualizaré, ¿cuándo? Mientras el tiempo me lo permita.
Espero que les guste el capítulo, muchísimas gracias por sus RR, son las mejores, alegran mis días, espero leerlas aunque merezco el olvido u.u
En fin, saludines a todas :)
Pd: Como siempre, espero que no se me hayan pasado demasiadas faltas ortográficas, digamos que estaba contra el tiempo y teniendo la presión de mi conciencia quien molesta recordándome que debo estudiar, así que discúlpenme si ven uno que otro error.
