Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.
Summary: Su mejor amiga insistía en que se estaba trasformando en una amargada, pero Sakura Kinomoto, una apasionada psicóloga, afirmaba que todo marchaba bien, sobre todo cuando el hermano de uno de sus pacientes hace acto de presencia en su tan "perfecta" vida.
Uno más uno
VI
Lo primero que llegó a la vista de la joven Tomoyo Daidouji fue la palabra "Constructora", y por poco le faltó el aire y aunque sus piernas claramente comenzaron a temblar logró mantenerse de pie.
Ella no estaba preparada para eso.
Y más aún sabiendo que había sido engañada por su propia madre.
Sus labios maquillados en un intenso rojo formaron una línea mientras que su ceño formaba una "v" de tan fruncido que estaba. Soltó un sonoro gruñido, no demoró un segundo en hallar su celular y marcar el número de Sonomi Daidouji.
—Mamá… —gruñó aunque de inmediato fue interrumpida.
—Te están esperando para una entrevista, así que entra y después me llamas y escupes tu furia contra tu querida madre que solo quiere tu bien.
—Solo llevo una semana cesante, no era necesario que hicieras esto… o al menos me podrías haber dicho la verdad y no haberme inventado un desayuno ficticio justo en la entrada de esta constructora.
—Supuse que ibas a descubrirme mucho antes, más aún cuando te di la dirección.
—No vi malas intenciones en un simple desayuno.
—Tampoco las hay en la entrevista que te conseguí.
Okey, punto para Sonomi.
¿Por qué tanta molestia?
Ella nunca había trabajado en una constructora y claramente sentía que no calzaba ahí dentro, era cosa de mirar su vestuario conformado de una blusa transparente, larga y suelta junto a unos pantalones ajustados. Sumándole a eso sus tacos altos, accesorios y su larga cabellera negra muy ordenada.
—Hija, ¿aún sigues ahí?
Se aclaró la voz antes de hablar.
—Iré a la entrevista… no pierdo nada —el grito de emoción de Sonomi la dejó con cierta sordera temporal.
—Después me cuentas cómo te fue.
—Por supuesto, gracias, mamá.
Cortó la llamada y tras dar una par de vueltas de un lado a otro presa de la indecisión ingresó al edificio de dos pisos. Pares de ojos masculinos llegaron a su persona, miradas que ignoró ya que estaba más preocupada en hallar alguna recepción o lugar de consultas, ¡ni siquiera sabía con quien debía entrevistarse!
—¿Tomoyo?
Perpleja se volteó, frente a ella estaba un hombre de unos 30 años, con una gentil sonrisa. Se observaron detenidamente, ¿si se quedaba en ese lugar tendría que trabajar con él?
Eso no podía ser.
—Kenta —habló con cierta seriedad en su rostro. Él en cambio seguía muy sonriente.
—Qué sorpresa verte por acá… ¿todo bien?
—Como siempre —comentó con una sonrisa casi verdadera.
Debía seguir su camino, no quería responderle una pregunta que de seguro Kenta estaba por decir, lamentablemente él fue más rápido.
—¿Y Sakura? ¿Cómo está? Aún la extraño.
Rodó los ojos, agradeció que junto a ella pasara una chica, al fin una mujer entre tantos hombres. De seguro ella podría ayudarla.
—Kenta, lo de ustedes ya fue, ahora, debo ir a una entrevista. Hasta otra ocasión.
Gracias a la joven llegó a su entrevista, el hombre que la entrevistó parecía estar de malas, al menos le gustó su forma de vestir, estilo rockstar, pero de esos que asustan. Después de hablarle de todas las cosas que hizo en Art&Deco él la interrumpió con un "Está contratada, empieza mañana mismo".
Fue tanta su impresión que no pudo reprimir cuestionar si era alguna broma, la mirada de hielo que le lanzó él le dejó en claro que no.
Tras soltar una risa nerviosa, agradeció su tiempo y le recalcó que mañana a primera hora estaría ahí.
Fue así como su mañana había pasado rápidamente y tras almorzar en algún restorán y pasar gran parte de la tarde tirada en el sofá de su departamento sin hacer nada, optó por salir e ir a beber un café.
Escogió la cafetería que estaba frente al edificio en donde trabajaba Sakura.
Llevaba cerca de una hora ahí sentada, pensativa y rememorando lo sucedido en la mañana.
Ni siquiera sabía el nombre de su jefe, fue tan expreso todo que realmente debía quedar en algún registro de récords su contratación tan expedita. Pero dejando a un lado eso, sus pensamientos iban hacia su mejor amiga, ¿qué dirá Sakura cuando se entere que Kenta preguntó por ella? Y peor aún, que él sería su compañero de trabajo.
Soltó un sonoro suspiro.
Hana.
Debía contarle a ella primero.
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Si había algo que a Hana Nomura le molestaba a montones era ver cómo la gente se cuestionaba tanto las cosas.
¿Es que acaso así se podía disfrutar de la vida?
¿Dónde diablos estaba la espontaneidad de las circunstancias?
Negó con la cabeza.
La joven que estaba frente suyo acomodando sus gafas de manera maniática no comprendía ese concepto, aunque hace un par de años sí hubo cierta libertad en su vida.
—¡Deja de joder tu maldita cabeza! —exclamó dejando a su amiga estupefacta.
"Santo remedio"
—¡Hana!
—Debía hacerte reaccionar, no veo el problema en que el sexy hombre de cuero sea tu paciente y no me vengas con la excusa de que es el hermano del adolescente rebelde.
—No es correcto —insistió Sakura negando con la cabeza consiguiendo con eso desarmar aún más la desprolija trenza que ataba su cabello.
—Muchachita, ¿no eres acaso una de las mejores psicólogas? Pues, el profesionalismo es primero, si él necesita de tu ayuda, debes dársela, o al menos intentarlo.
—Le estoy ayudando, pero esto de que sea mi paciente profundiza las cosas.
—Y que profundice más —comentó Hana riendo, era claro el sentido de sus palabras, Sakura solo negó la cabeza—. Yo no dejaría pasar esta oportunidad, quizás esté medio loco, pero lo guapo no se lo quita nadie, yo me aprovecharía de la situación, te remodelará esta mostaza consulta y además te hablará de su vida 2 veces por semana durante una hora… en una hora se alcanzan a hacer muchas cosas.
—Hana, tu mente pervertida no me sirve en estos momentos.
Un bufido se escuchó en la habitación, Sakura mantenía la mirada impasible ante sus consejos.
¡Vamos! Ella se estaba esforzando por aconsejar a la seria de amiga, pero parecía que ni su humor lograría alguna respuesta positiva en Sakura.
"Último intento"
—¿Dónde quedó la Sakura que le encantaba disfrutar de la libertad de la vida? —la mirada perdida de la castaña en algún rincón de la habitación le dio a entender que algo había removido en el interior de ella con esa pregunta. Al fin había logrado su objetivo—. Deja de cuestionarte, y haz lo que sabes hacer, allá tú si quieres seguir el resto de mis consejos.
Hana salió de la habitación comentando que Li ya debería haber llegado, cosa que la puso nerviosa.
Tras inspirar profundamente una sonrisa apareció en su rostro.
Si alguien necesitaba de su ayuda, ella estaría ahí.
Unos golpes a la puerta le anunciaron que su nuevo paciente acababa de llegar.
Li ingresó a la consulta con una seriedad absoluta, en una de sus manos traía una bolsa de papel de la cafetería del frente. Con lentitud lo vio sacar dos cafés, ambos fueron dejados en su escritorio junto a otra bolsa pequeña. Le dio la impresión que él meditaba algo, mientras esperaba pacientemente que él dijera algo Li pareció reaccionar dirigiendo su mirada hacia ella. Tragó pesado cuando los ojos de él la atravesaron, daba la impresión que él intentaba decirle algo, lamentablemente no era la mejor entendiendo el lenguaje de las miradas.
Estuvieron así por un par de segundos, que para ella le parecieron una eternidad, luego de la misma manera casi impredecible, Li cortó el contacto visual y volvió su atención a lo que estaba haciendo hace unos instantes. Tomó uno de los cafés y se acercó a ella.
—No era necesario —comentó Sakura al recibir la espumeante bebida.
—Para mí sí lo es.
Li se alejó nuevamente para tomar su café y tomó asiento en el diván que había en la habitación, luego lo vio negar con la cabeza y tras ello ponerse de pie y dirigirse nuevamente al escritorio, mientras esperaba que él acabara con la extraña escena, Sakura bebía con bastante pasividad su café, un mocachino tal como le encantaba, ni tan dulce ni tan desabrido. Li le ofreció la bolsita que hacia un momento estaba es su escritorio.
Indagó en su interior, unos deliciosos beignets llegaron a su campo visual, no puedo evitar hacer un sonido de placer, se veían tan tentadores, y ella adoraba comer cosas dulces.
—Son todos suyos, Kinomoto.
Acomodó la bolsa sobre sus piernas no importando que el azúcar en flor de los beignets ensuciara su larga falda de color café.
Li observó su falda sucia y luego se alejó tomando otra vez asiento en el diván, parecía que al fin había acabado su extraña actuación.
—Podemos compartirlos —habló Sakura llamando la atención del castaño.
—No, son suyos.
—Pero…
—No tengo hambre.
Suspiró.
A Li algo le pasaba, claramente lo conocía muy poco, pero con solo ver su seria expresión, los oscuros círculos bajo sus ojos y su ceño fruncido mirando a la nada le daban esa clara idea.
—¿Le molesta esto?
Parpadeó confusa.
—¿Qué cosa?
—Que yo sea su paciente.
Sus gafas se deslizaron por su nariz, y como siempre su índice derecho las acomodó nuevamente. Lo vio fruncir aún más su ceño, parecía que estaba algo impaciente por saber su respuesta, pero ella debía pensarlo un poco, ¿realmente le molestaba?
No.
Solo era algo extraño, la relación que ellos estaban comenzado a tener era particular, en un principio estaba esperanzada al tener la presencia de él y más analizando los beneficios que eso le traería con Yuga, sin embargo, ahora el escenario había mutado a uno bastante impredecible, ¿qué pasaría ahora? Claramente los demonios de Li aparecerían uno por uno, y ella debía estar allí para entender a cada uno, y además seguir con el trato de un inicio, todo en pro del bienestar de Yuga.
—Kinomoto, parece ida… ¿tan complicada es mi pregunta?
Sus mejillas se tiñeron en un sutil rosa.
—No, todo está bien, ninguna molestia, si usted requiere de mi ayuda, confíe en que intentaré hacer lo posible para entenderlo.
—Gracias.
¿Dónde se había metido el verdadero Li?
Él hombre que tenía al frente parecía otro, ¿es que acaso así era Li? No era algo que le molestara solo era extraño, casi preocupante.
—¿Se dedicará a observarme durante todo el tiempo que dure la consulta?
—¡Por supuesto que no! —aclaró subiendo un par de decibeles su voz, de seguro se había sonrojado bastante, el atisbo de una sonrisa en el rostro de Li provocó que su vergüenza aumentará aún más.
—Yo solo preguntaba, Kinomoto —agregó Li con ahora una clara sonrisa.
Sus ojos lo miraron casi con fastidio.
¿Quién diablos eres Li?
—¿Por qué decidió venir para acá? —preguntó, debía concentrarse y meterse en su papel diario de psicóloga, adiós a la Sakura que se moría de ganas por hacerle un comentario de porqué sonreía tanto.
—Es evidente el porqué, Kinomoto.
—Respóndame, yo no lo veo tan evidente.
Indecisión.
Confusión.
Sería una larga sesión, y eso que pensaba que con Yuga su paciencia parecía ir al límite.
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El día había comenzado temprano, a esos de las 3 de la mañana se encontraba embriagándose con cafeína mientras la voz de Elvis resonaba por lo bajó en la cocina.
Llevaba dos noches así,
De la conversación que había tenido con Kinomoto en la cafetería había pasado casi una semana, y su felicidad de ver a Yuga nuevamente en casa no duró mucho. Su hermano seguía hermético y prácticamente no hablaban nada. Hace dos noches que se había ido a casa de uno de sus amigos con la excusa de que tenían que hacer un trabajo para el instituto, ni siquiera tuvo ánimos de indagar por más información.
Y parecía ser que todo se ponía en su contra.
Shiefa llamó, tras los cordiales saludos su hermana comenzó con las preguntas en relación a Yuga, omitió la discusión que habían tenido hace un par de días y pese a que estuvo a punto de inventarle que todo iba bien entre ellos decidió ir con la verdad. Le comentó que con Yuga las cosas seguían distantes, que él llevaba más de un día sin tener noticias de él, pero que de seguro estaba de juerga con sus amigos. Shiefa le comentó que debía estar tranquilo y que Yuga era un buen niño, pese a todo y que había que darle su tiempo.
¿Pero cuánto sería suficiente?
A él le habían dado tiempo, mucho, y al final terminó en rehabilitación en un país que ni siquiera conocía, pero al menos consiguió traer la calma a su vertiginosa vida sabiendo de ante mano todo el daño que había provocado.
—Mamá está resignada.
Suspiró tras escuchar esas 3 palabras, no había porqué sorprenderse de ello. Era lógico entender la postura de Ieran frente a lo que pasaba con Yuga, era claro que la historia parecía repetirse, aunque tristemente solo él parecía estar desesperado por revertir todo.
—Dile a Yuga que lo extraño y que por favor piense antes de actuar… la próxima semana los iré a ver, es probable que se una más compañía.
"El resto de mis hermanas", pensó Shaoran.
Las horas que habían continuado de la conversación con su hermana las había ocupado enfrascándose en el trabajo para evitar pensar en otras cosas.
Tanto fue su afán que hasta se dio el tiempo de contratar a más gente sin ni siquiera comentarle algo a su padrastro. Ya hablaría con él sobre las 3 contrataciones que hizo en menos de dos horas sin ni siquiera haber necesidad.
Cuando dieron las 5 de la tarde su mente le recordó que en menos de una hora estaría con la psicóloga hablando de él.
Antes de ingresar al edificio dio una vuelta por la cafetería que envidiaba tener frente a su trabajo, pidió un expreso para él y un mocachino para la joven. Como siempre una porción de beignets complementaba el pedido, esta vez eran para Kinomoto, de seguro necesitaría de dosis de azúcar tras escuchar lo que fuera a decirle, su vida jamás había sido rosa y dulce.
No supo si la falta de sueño lo tenía molesto, quizás el verse tan impotente, lo tenía en ese estado que intentó ocultarlo de la joven, pero sin mayores resultados, la mirada de ella casi asustada y al borde del colapso nervioso la delataban.
Nota mental: dejar de asustar a la pobre psicóloga.
Se valió de su extraño y hasta impredecible humor para relajar el ambiente. Y hasta tuvo que luchar por no reírse de ella al ver su respuesta corporal frente a una pregunta que le había hecho.
Definitivamente Kinomoto era de esas mujeres que no podían ocultar su sentir, transparencia pura. Algo que le gustaba ver en el sexo opuesto e incluso le atraía.
Negó con la cabeza.
Debía enfocarse en su situación.
—¿Por qué decidió venir para acá? —le escuchó preguntar a Kinomoto interrumpiendo sus pensamientos.
¿Acaso su personalidad no le daba alguna idea?
Sus miedos, sus problemas, pese a que no la conocía hace mucho de alguna manera él lograba transparentar todo frente a la joven que tenía la manía de acomodarse las grandes gafas que usaba cada un minuto.
—Es evidente el porqué, Kinomoto.
—Respóndame, yo no lo veo tan evidente.
—Mi pasado no me deja en paz —comentó a modo de respuesta, Kinomoto frunció levemente el ceño y dejó a un lado su café y los beignets que tenía acomodados en su larga falda que le recordaban las cortinas de su primer departamento en China.
No era una burla de sus pensamientos hacia el vestir de Kinomoto, incluso el parecido le trajo una sonrisa a su rostro, tenía buenos recuerdos de su estadía en ese país.
—¿Recuerda nuestra breve conversación en la cafetería?
La psicóloga asintió rápidamente.
—Usted dijo algo que me dejó dando vueltas y vueltas. Como le aclaré ese día nunca me han gustado las cosas estructuras, y siempre he preferido la espontaneidad de las cosas, sin embargo, salirse de los límites propios de la espontaneidad puede traer consecuencias buenas o malas que dependerán netamente de uno.
—Creo captar hacia dónde va con todo lo que me está diciendo.
—¿La aburro?
—No, ¿por qué lo pregunta?
—Se le ve impaciente —agregó. Kinomoto frunció su ceño y luego sonrió.
Parecía que sonreír era una buena estrategia que tenía Kinomoto para ponerlo nervioso, ¿qué estaría pensando para sonreír así de esa manera?
—Despreocúpese de mí, hable todo lo que quiera, soy toda oídos.
—Está bien —agregó tras terminar de beberse su amargo café—. Citándola… usted comentó que si uno comete errores en el presente estos repercutirán en el futuro y me cuestionó si para evitar problemas era mejor ser más focalizados en la vida… yo en ese momento me negué rotundamente a esa idea ya que va en contra de mis ideales, sin embargo, y viendo mi realidad, las cosas que hice hace unos años atrás son mis demonios del presente y que no me dejan vivir tranquilo… usted tiene razón, Kinomoto, intenté enmendar las cosas, dentro de lo posible y pese a ello, me siento infeliz y más aún viendo como la vida intenta hacerme ver mis errores a través de Yuga.
Kinomoto se mantuvo pensativa por unos minutos, hasta que finalmente y tras carraspear sus labios comenzaron a moverse.
—Las actos de Yuga no son una especie de karma para usted, él es un adolescente y por todo lo que he hablado y observado de él, su actuar no es en un afán de molestarlo… Yuga es así, quizás la falta de preocupación hacia él y la postura de su madre al respecto sean algunos detonantes, pero Yuga ya es un hombrecito y él sabe perfectamente las consecuencias de su actos.
—Sí, pero es claro que dentro de sus actos el resentimiento hacia mí y en sí hacía nuestra familia es uno de los causales.
—Eso no lo puedo negar.
Miró su alrededor, el mostaza le recordó que había un trato entre ellos, la pobre joven ahora tendría que lidiar con sus problemas sumándole a ellos los de Yuga y los del resto de sus pacientes, y pese a eso, ella seguía ahí con una que otra sonrisa y con una preocupación clara hacia él.
Increíble.
Con suerte él lograba aguantar sus dilemas.
Quizás era egoísta, siempre lo había creído así.
La sesión pasó rápido, por el momento Sakura no indagó en su pasado, solo se centraron en el ahora.
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—A Sakura le dará un infarto cuando sepa que Kenta preguntó por ella —comentó Hana casi en un susurro, había un paciente de Sakura cerca y además estaban conversando muy cerca de la consulta.
—Hana, lo sé, pero debo decírselo, el mundo es tan pequeño que ya veo que Kenta vuelve a aparecer en su camino, la última vez que lo vio fue antes de partir al seminario en Londres, de eso un año ya. Sakura volvió renovada, si hasta se cambió de ciudad, y ahora que todo parece estar mejor, Kenta vuelve a escena.
—Pero Sakura dio vuelta la página.
—La tristeza sigue ahí, Hana, ¿olvidas que estuvo a punto de casarse con él?
Hana asintió, maldito Kenta y sus mentiras.
Su amiga estaba tan feliz con la idea de casarse con el hombre que en ese entonces amaba que en el momento que la realidad le golpeó duro se mintió creyendo que todo era una pesadilla, lamentablemente la alegre Sakura, la que iba libre por la vida, sin cuestionarse nada comenzó a desaparecer tan rápidamente que cuando ella y Tomoyo quisieron atraparla ya era demasiado tarde.
—Si Kenta vuelve a preguntar por ella, aclárale que ella está muy bien y que por favor no se le ocurra aparecer, ¡o se las verá conmigo!
—¿Quién se las verá contigo?
Sakura estaba al lado de ellas junto a Li, Hana reprimió las ganas de darse una bofetada, ¿quién la mandaba a ser tan expresiva?
Menos mal que no escuchó el nombre de Kenta.
—El cartero, ya sabes que siempre me deja las revistas y periódicos de mi odioso vecino.
—¿Cuál? ¿El que tiene un perro baboso? —cuestionó Sakura con humor.
—Sí, ¿quién más que él?
—Ay, pero no seas tan mentirosa, Hana, siempre dices que te coquetea y eso a ti te gusta.
—Sakura, tú y tus comentarios tan fuera de lugar —agregó Hana con cierta vergüenza, el hombre sexy de cuero estaba reprimiendo las ganas de reír.
Al menos había logrado sacar el tema de Kenta sin que su amiga sospechara nada.
—¿Desea agendar una nueva hora? —le preguntó a Li quien asintió.
Tomoyo miraba atenta la situación, ahora sí que podía asegurar que el mundo cabía en la palpa de una mano.
Él paciente de Sakura era su nuevo jefe.
—Para el viernes a la misma hora, a nombre de Shaoran Li —agregó el castaño.
—Agendado.
—Tomoyo, ¿qué haces acá? ¿Planean algo? —cuestionó la psicóloga mirando con suspicacia a sus amigas.
—Por supuesto, una salida de chicas —respondió Tomoyo con su habitual sonrisa.
Los ojos de Li cayeron en Tomoyo, la impresión en ellos le dieron a entender a la joven que se acordaba de ella.
—Señor Li, qué coincidencia verlo acá.
—Bastantes coincidencias… —comentó Li con se ceño, para variar, fruncido—. Bueno, me marcho, hasta el viernes, Kinomoto y hasta mañana, Daidouji.
Las 3 esperaron a que Li desapareciera tras las escaleras para finalmente poder hablar.
—¡¿Se conocen?! —preguntaron al unísono Sakura y Hana.
Al mismo tiempo Tomoyo habló.
—¡¿Es tu paciente?!
—Por si lo había olvidado, Sakura, tengo una sesión con usted… sesión que debería haber empezado hace 5 minutos.
La aludida se volteó hacia su paciente, y luego miró a sus amigas.
—Ya hablaremos.
Su curiosidad se moría de ganas por saber más detalles de porqué Tomoyo conocía a Li y más aún el porqué él le dijo que se verían mañana.
Pero el trabajo estaba primero.
Lamentablemente.
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Notas de Caris:
Gracias a que me quedé dormida, no fui esta mañana a la u (aunque ahora debo ir, cero ganas) y logré acabar con este capítulo recién salido del horno.
Espero que les guste, el próximo va dedicado a Yuga, porque se ha hablado de él, mucho, pero nos falta su punto de vista y ya lo tendrán, y habrá (quizás) una sorpresa para él.
Mil gracias, lindas lectoras, por leer y espero ver sus comentarios, ya les he mencionado cuánto me animan a escribir, pese a que el tiempo es escaso para hacerlo.
Se cuidan y saludines para todas.
Y perdonen las faltas de ortografías que se me pueden haber pasado.
Pd: Gracias a las que comentaron en el capítulo pasado, en la noche me dedicaré a responder sus lindos RR, también gracias por las alertas y los favoritos :)
