Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.
Summary: Su mejor amiga insistía en que se estaba trasformando en una amargada, pero Sakura Kinomoto, una apasionada psicóloga, afirmaba que todo marchaba bien, sobre todo cuando el hermano de uno de sus pacientes hace acto de presencia en su tan "perfecta" vida.
Uno más uno
VII
Una seguidilla de estornudos no le permitieron seguir escuchando a Li, quien por alguna razón ese día estaba bastante cooperador, ojalá su hermano rebelde fuera igual. Yuga parecía haberse esfumado de la faz de la tierra, no había ido a las sesiones de esa semana y ya estaba comenzando a preocuparse, sin embargo, si su hermano no mostraba tanta preocupación mejor se quedaba callada rogando silenciosamente que al adolescente no le hubiera pasado nada malo.
—Eso no está bien —comentó Li frunciendo su ceño.
—¿Qué… cosa? —preguntó con una voz bastante nasal.
—Usted, si estaba así de enferma debería haber cancelado las consultas de este día.
"Tía Cho me dijo lo mismo esta mañana" pensó Sakura rodando los ojos, si ella se encontraba en un estado decente para trabajar lo haría, además era un sutil resfriado, por favor, no era necesario exagerar tanto.
—No es necesario, estoy bien.
—Por favor, es un microbio andante —abrió sus ojos a más no poder, ¿un microbio? ¿Li había dicho?—. Me refiero a su estado, no es que la considere un microbio.
Le aclaró atropelladamente, luego lo vio sonreír.
—Comprendo, ¿dónde quedamos?
—En que esta sesión ha acabado —vio a Li ponerse de pie y dirigirse al pequeño closet que había en la habitación, de él sacó un abrigo morado y con estampados de flores amarillas—. Bastante colorido.
Li se acercó a ella y sin ni siquiera oponerse este la jaló de un brazo para ponerla de pie, un sutil sonrojo apareció en su afiebrado rostro. Li con bastante cuidado le puso el abrigo cerrando botón por botón. Incluso se dio el tiempo de acomodarle su larga y aleonada cabellera hacia un costado para poder colocarle el gorro que tenía el abrigo.
—Li…
—Si tiene algo que sacar, hágalo de inmediato, yo mismo iré a dejarla a su hogar.
Con sus ojos algo sorprendidos acató, como nota mental: Li tenía cierta actitud autoritaria y ella parecía ser bastante susceptible a ello, como niña buena y en extremo obediente tomó sus cosas y salió casi corriendo detrás de Li quien ya estaba hablando con Hana en la recepción.
—… Si es tan testaruda, ayer fui yo a dejarla, estaba con fiebre y la muy porfiada vino igual.
—Hana, no hables de mí como si no estuviera presente —se quejó, apenas terminó de hablar varios estornudos la atacaron.
Tanto Hana como Li negaban con la cabeza.
—La llevaré a casa, agende mi hora para el lunes, y avíseme si Kinomoto sigue igual, de serlo así vendré yo mismo a primera hora y la llevaré al doctor.
—Pero… —se quejó Sakura, sin embargo, la mirada de Li la hizo callar.
"Señor-aquí-mando-yo, ¿quién se cree?"
—Le llamaré si llega a suceder eso, parece ser que existe alguien en este mundo a quien Sakura le hace caso, lo felicito, señor Li, eso sí que es un logro.
—Hana, por favor —habló Sakura un tanto avergonzada. Se tomó la licencia de jalar a Li de un brazo y salir lo antes posible de ahí, de seguro el fin de semana tanto Tomoyo como Hana aparecerían en su departamento preguntando cosas en relación a su nuevo paciente quien por una mágica razón lograba que ella acatara todo lo que él dijera.
El silencio se hizo incómodo hasta que ambos estuvieron dentro del auto del castaño, en silencio Sakura se abrochaba el cinturón de seguridad, Li parecía absorto en sus pensamientos, bastante, ambos estaban en el auto y él parecía haber olvidado cómo conducir, solo miraba el volante casi sin pestañear.
—Gracias —susurró Sakura recibiendo como respuesta la penetrante mirada de Li, por un momento se sintió sin oxigeno, su mirada era extraña y fuerte, y más aún si ahora él la observaba de tan cerca.
—No hay nada que agradecer, Kinomoto…
Era extraña la situación por lo menos para la psicóloga quien no parecía creer que Li, su paciente, la llevaba a casa casi obligada por culpa de un estúpido resfriado, estuvo a punto de mandar una queja al canal donde el mitómano meteorólogo había anunciado que era muy improbable que lloviera en Tokio el día de ayer y que solo haría frío.
Oh, sí, llegó empapada a la consulta y pese a que secó la ropa, de igual modo llegó con fiebre a su hogar después de un largo día de trabajo, y si no fuera por su tía quien aún seguía en su hogar, de seguro estaría peor, gracias a ella y sus extrañas medicinas naturales la fiebre había descendido aunque ahora todo parecía indicar que esta había vuelto.
—Debe cuidarse, del trabajo no se vive, Kinomoto y tampoco del ayudar a los demás olvidándose de su persona.
—Eso lo sé, Li.
—No lo parece.
Mordió su labio inferior. Él no la conocía tan bien, hace menos de dos semanas que habían cruzado palabras y eso no le daba el permiso para empezar a suponer cosas, ella sí se preocupaba de sí misma, y su trabajo la hacía feliz.
—Quizá no, pero la única persona indicada para saber cómo va y lleva su vida soy yo, no usted.
—Perdone por mi intromisión —susurró Li—. Solo me preocupé —agregó viéndolo encoger sus hombros.
No supo qué decir, ¿él se había preocupado por ella? ¿Por qué?
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Escenarios extraños confabulada la vida, de eso no había dudas, él no habría imaginado que se encontraría en dicha situación, llevando a su psicóloga a su respectivo hogar. Pero fue inevitable no hacerlo, cualquiera que tuviera al frente a una chica que parecía estar a punto de desvanecerse haría lo mismo, incluso dudó en llevarla a un médico, era evidente que Kinomoto tenía fiebre.
"Gracias" le escuchó murmurar a su lado. Ahí, encogida en el asiento delantero estaba la joven envuelta en una bufanda morada con amarillo que combinaba perfectamente con su enorme abrigo de los mismos colores.
—No hay nada que agradecer, Kinomoto —comentó.
La observó detenidamente: por alguna razón, hasta el momento desconocida, sentía la imperante necesidad de ayudarla, quizá por el motivo que ella estaba ayudándolo a él y a su hermano.
Yuga.
Una tranquilidad lo apoderaba ese día en relación a su hermano, un tal Souta que se presentó como amigo de su hermano le informó que este se encontraba bien y que solo necesitaba cierto espacio, y que seguro volvería a casa.
Esperaba que así lo fuera, era ya un hecho que sus hermanas vendrían a visitarlo la próxima semana y si Yuga no regresaba por su cuenta, él se daría el trabajo de ir a buscarlo aunque tuviera que traerlo a la fuerza, no quería preocupar a sus hermanas quienes ya tuvieron suficiente con un hermano rebelde.
Suspirando volvió a centrar la atención en la joven psicóloga. Si había algo que no podía comprender era ver a aquellos que trabajaban como locos y no hacían nada para disfrutar de la vida, ¿es que acaso del trabajar se podía ser completamente feliz?
—Debe cuidarse, del trabajo no se vive, Kinomoto y tampoco del ayudar a los demás olvidándose de su persona.
—Eso lo sé, Li.
—No lo parece —agregó, sabía que no tenía ningún derecho de juzgar a la psicóloga, pero vamos, ella era joven, no podía permitir que alguien no disfrutara de las cosas de la vida, incluso las más simples.
—Quizá no, pero la única persona indicada para saber cómo va y lleva su vida soy yo, no usted.
—Perdone mi intromisión —buen punto, debería tener más cuidado con lo que decía, la joven se veía molesta, o por lo menos eso transmitían sus ojos ocultos en esas gafas gigantes—. Solo me preocupé —agregó encogiéndose de hombros, lo mejor sería callar y llevar de una vez por todas a la resfriada psicóloga a su hogar.
Tras consultarle por su dirección encendió el auto, la mayoría del viaje se dio en un silencio que pensó que sería incómodo, pero no, Kinomoto parecía perdida viendo las calles y él mirando hacia el frente y a ratos a la joven. Pese a ello encendió la radio en busca de alguna canción agradable, dejó lo primero que encontró:
"Para amenizar la tarde, Sing de Travis, en Play radio..."
Vio a Kinomoto voltear y fijar la mirada en la radio, una sonrisa apareció en su rostro provocando que se quedara mirándola como poseso.
—¡Li, cuidado!
Tras frenar profundamente exclamó un "Mierda", estuvo a un pelo de chocar con un auto.
—¿Está bien? —le escuchó preguntar.
—Quien debería preguntar eso soy yo… y sí estoy bien, ¿y usted, Kinomoto?
—Bien… ¿puedo subirle más a la radio?
Asintió, la joven parecía ensimismada con la canción, incluso la escuchó tararearla y luchó consigo mismo para no observarla, esa sonrisa… ¡joder! Jamás había visto ese tipo de sonrisa, la joven de usual mirada seria parecía otra, podía asegurar que hasta sus ojos verdes sonreían.
Desordenó sus cabellos y se concentró en escuchar la canción, solo una frase le quedó dando vueltas y vueltas, ya que parecía ser que era lo que Kinomoto necesitaba.
—Porque el amor que brindas no significará nada, a menos que cantes… ¿qué piensa la psicóloga, tendrá razón esta canción?
—¿Eh?
—Eso, ¿qué piensa de esa frase?
—Yo… sí, o sea, se podría extrapolar a las situaciones de la vida, no es solo cantar, es vivir, disfrutar.
—¿Y usted lo hace, Kinomoto?
Un silencio se vio interrumpido por otra canción de la emisora, esperaba por una respuesta, sin embargo, Kinomoto parecía tener una lucha interna, ¿tan complicada era la pregunta?
—Aquí me bajó —informó la joven evitando con ello responder la pregunta, o esa impresión le dio.
Tras escuchar las mil gracias que le dijo la vio bajar del auto y desaparecer por las puertas caoba del edificio en el cual vivía, fue tan rápida su despedida que no alcanzó a pedirle que le respondiera.
Soltó una risa y luego negó con la cabeza.
Estaba decidido, Kinomoto ayudaba a todos, pero ¿y ella? No solo arreglaría la consulta de la joven sino que también le ayudaría a "cantar", como decía la canción. Es lo mínimo que le debía.
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Los días habían pasado rápido, su intención era desaparecer por un día, pero la comodidad de estar en casa de su amigo le era amigable y más la preocupación que tenía su madre, siempre había envidiado la suerte de Souta, de tener una familia en donde el amor era claro, le hubiera gustado tener una familia así, sin embargo, debía conformarse con lo que tenía, una extraña familia, muchas veces se cuestionaba el si su hermano no hubiera sido un loco adolescente y drogadicto, quizá solo quizá su realidad sería distinta y tendría una familia linda de admirar.
Al menos sí notaba que se preocupaban por él y le agradecería eternamente el amor que Shiefa le entregaba, por eso muchas veces pensaba en las consecuencias que tendrían sus locuras para su querida hermana, y ese era el motivo que lo llevaba a soportar a Shaoran, de alguna manera no quería darle más problemas a ella, pero era imposible no sentir cierta apatía por su hermano quien quería a toda costa cambiarlo y evitar que él siguiera su ejemplo. Si supiera Shaoran que él jamás querría imitarlo, ni seguir su ejemplo, las cosas que hacía, las hacía porque quería, porque obtenía diversión y por el simple motivo que le gustaba hacer lo que se le daba la gana y cometer locuras como algunos adolescentes lo hacían, pero nada que lo llevara a terminar en una clínica de rehabilitación en algún lejano y desconocido país, él no quería eso.
—Ten, Li, ve a ver el cielo estrellado.
Los ojos rojos del hermano de Souta le dieron la clara señal de qué era lo que ahora tenía en sus manos. Salió a los jardines del frente y se lanzó al pasto tras haber encendido el porro.
Se quedó ahí pegado mirando el cielo y recordando que solía hacer lo mismo cuando pequeño, claramente sin un porro de por medio.
Escuchó unos pasos acercarse y luego ver algo cerca de él, le dio la impresión de haber visto un torbellino rojo… estaba loco, lo sabía.
Después de intentar centrar la mirada, Yuga logró asegurar que frente a él había una persona, una joven de larguísima cabellera roja fumando frente a él e inspeccionándolo sin ni siquiera disimular un poco.
"¿Qué diablos?"
La chica no dejó de observarlo hasta que acabó su cigarro, tras ello lo dio una última mirada y giró sobre sus talones para emprender rumbo a la casa que estaba junto a la de su amigo Souta. Con el ceño fruncido por lo que acababa de ocurrir se puso de pie y comenzó a emprender la marcha para regresar con los demás.
—No tan rápido, Li —volteó con extrañeza hacia la joven que le había hablado.
Sus ojos eran de un claro celeste, y su piel bastante pálida, sus rasgos le permitieron darse cuenta que no era japonesa, quizá americana. Por un motivo que desconocía, ella le sonreía de una forma que no supo interpretar.
—¿Te conozco? —le preguntó con curiosidad que supo opacar muy bien con cierta altanería.
—Puede que sí, aunque creo que mi jardín te conoce mucho más.
—¿De qué mierda hablas?
La sonrisa de la chica se hizo notoria y de un momento a otro el rostro de ella estuvo a centímetros de él.
—De ninguna mierda, Li, solo no vomites más en él, ¿de acuerdo?
Yuga pocas veces se había avergonzado y esta vez lo hizo, sintió cierto calor en su rostro, ¡ni siquiera recordaba haber hecho eso!
"¿Será porque alguien bebió hasta que el hígado no le dio más?"
Punto para su jodida conciencia.
—¿De acuerdo?
Asintió aún siguiendo en un estado de perplejidad, la joven seguía a centímetros de su rostro y además la sintió rebuscar algo en los bolsillos de su chaqueta.
—Algo es algo —la chica sacó la cajetilla de cigarrillos que había comprado hacia una hora—. Justo mis favoritos, gracias, Li.
Nuevamente la observó alejarse, cierto fastidio comenzó a invadirlo, y soltó lo primero que se le vino a la cabeza.
—¡Hey! Me estás robando.
Una carcajada resonó en la calle.
—Sí, lo hice, es lo mínimo que puedo recibir a cambio, luego de tener que limpiar tú... ¡ew!, no fue para nada agradable.
—Está bien —bramó avergonzado nuevamente—. Llévatelos, y tranquila, no lo volveré a hacer.
—Muy bien, porque si lo haces de nuevo, créeme que no te saldrá tan barato recompensarme.
Tragó pesado, por alguna extraña razón las palabras le sonaron como una real amenaza, por lo que apenas ingresó al hogar de Souta le cuestionó sobre la rara chica.
—¿Mandy?
Rodó los ojos.
—¡Qué se yo! Por eso te pregunto.
—Si hablas de la pelirroja… se llama Amanda,es obvio que no es japonesa, es inglesa, y sí, es media loca.
—Es rara.
—Aunque está bien buena —escuchó comentar a Daichi—. Es sexy, esos labios rojos, y ahora su cabellera roja… y esos ojazos, mira que yo siempre he intentado algo con ella y no acepta nada.
—¿De qué me perdí? —cuestionó Yuga sintiéndose totalmente fuera en la conversación.
—Si serás estúpido, es la chica de computación, la que maneja la sala, ¿acaso no la reconociste?
—No —contestó Yuga con cierto asombro—. ¿Ella es la friki, la misma?
—La misma, aunque ahora se ha puesto bien sexy, antes pasaba desapercibida —continuó Daichi—. ¿Por qué crees que todos los hombres del instituto pelean por tener un cupo en el taller de computación?
Un golpe en la cabeza lo hizo reaccionar.
—¡Qué mierda, Daichi! ¿Cuál es el gusto de andar dando golpes?
—Para que reacciones, resumiendo la sexy pelirroja es la friki de computación que antes tenía el pelo negro con mechas blancas.
—Así es, de todos modos mantente alejado de ella —aconsejó Souta con seriedad—. Dicen que es peligrosa.
—¿Ella? ¿Peligrosa? —cuestionó Yuga bastante divertido, una cosa es que de una apariencia de chica ruda y que es capaz de darte una paliza, pero peligrosa, eso no era posible.
—¡Qué mierda hablas, Souta! Ella es una chica ruda, pero sexy. Amanda no le haría daño a nadie.
—Yo solo comento eso por lo que sé, hace un tiempo escuché que amenazó al cabrón de Tadeshi, ¿recuerdan cuando apareció la policía y se lo llevaron? —tanto Yuga como Daichi asintieron—. Pues bien, dicen por ahí que ella fue la que habló con la policía, o algo así, y Tadeshi es un imbécil y a veces medio bruto, pero en narcotráfico no está metido.
"Solo puedo asegurar que está loca" pensó Yuga, luego de esa conversación siguieron embriagándose y fumando junto a las 20 personas que había en casa de Souta y que eran amigos del instituto.
Fue así como la noche pasó rápido, a eso de las 6 de la mañana Yuga se fue a dormir, no sin antes ayudar a Souta a ordenar un poco su casa, sus padres llegarían en menos de 6 horas y había que dar la impresión que en los 3 días de su ausencia el hogar estuvo muy tranquilo, sin nada de fiestas y excesos contantes.
Cuando dieron las 11 se despertó gruñendo y maldiciendo al estúpido vecino que tenía música a todo volumen. Se puso su polerón y salió a los jardines soltando uno que otro improperio.
Tras una inspección rápida se dio cuenta que la música provenía de la casa de la chica rara.
—¡Joder! Tenía que ser su casa —murmuró.
Desordenando sus cabellos se dirigió a la entrada de la casa de la joven y tocó el timbre, tras apretar el botón dos veces, se hartó y comenzó a tocarlo impacientemente hasta que por fin la música se fue. Luego de unos segundos escuchó un "¡Mierda!" desde el interior y la puerta de entrada se abrió con fuerza mostrando a una chica que parecía lanzar fuego por los ojos.
—¡Si echaste a perder el timbre tú mismo vendrás a arreglarlo, imbécil!
—¡Si no escuchabas el puto timbre no es mi culpa!
Quizá fue su rabia inicial que lo llevó a no percatarse de cómo vestía la joven… Tenía que darle la razón a Daichi, la chica era sexy. Y por más que lo evitó, sus ojos se fueron al pronunciado escote de la holgada blusa que usaba.
—¿Qué miras, Li? —le escuchó preguntar, nuevamente ella conseguía avergonzarlo, ya iban tres veces—. Pensé que eras más caballero, Li, al menos podrías disimular un poco.
—Yo…
La vio poner los ojos en blanco.
—¿Qué quieres?
—Solo que le bajes a la música.
—¿Resaca? —le preguntó haciendo un puchero a modo de burla.
—¿Tú qué crees?
—Está bien, solo porque quizá exageré con el volumen y… —el índice de Amanda presionó el timbre que retumbó en su hogar—, mi timbre sigue funcionando a la perfección.
—Gracias.
—No hay de qué, Li… Como consejo, no es bueno beber tanto, sé de lo que hablo.
Asintió recibiendo una fugaz sonrisa de vuelta. Regresó donde Souta, tras despedirse de su amigo volvió a salir, había llegado el momento de regresar con su hermano aunque muchas ganas no tuviera.
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Notas de Caris:
Sakura resfriada, Shaoran siendo un caballero, y por las que querían más acercamientos, créanme que este capítulo da muestras de ello y hacia dónde va la cosa.
¡Yuga apareció nuevamente! La sorpresa para él era esta chica, Mandy, que créanme que tendrá gran protagonismo en esta historia, y es un personaje que me encanta, ya la irán conociendo.
Mil gracias a las lindas lectoras que me alegraron con sus comentarios, y ¡ANÍMENSE A COMENTAR LAS QUE AÚN NO LO HACEN! (xD) Vamos, no cuesta nada, quiero saber sus opiniones y sugerencias si así lo desean :)
En fin, nos leemos, espero que prontamente.
¡Saludines a por mil!
Pd: Próximo capítulo: hermanas Li al ataque (xD) Dejaría un adelanto, pero aún no he escrito el siguiente cap, solo está en mi cabeza loca.
