-Isabella, ¿Te encuentras bien?- El señor Floyd miraba a la castaña con preocupación, y ella sacudió la cabeza levemente.
-Sí, señor. Estoy perfectamente bien-Le respondió Bella, y su jefe la miró sin creerse una palabra de lo que ella decía, Bella le sonrió forzadamente, y se apresuró a salir de la oficina de Marcus Floyd, para volver a su pequeño escritorio.
-¡Bella, línea dos, ahora! - La castaña salió de su mundo de pensamientos ante el grito de su amiga, que la miraba desde un escritorio posicionado justo frente al suyo. Se regañó mentalmente, y contestó el teléfono con rapidez.
- Oficina del Sr. Marcus Floyd, ¿En qué podemos ayudarlo? - Bella intento mantener el tono de profesionalismo mientras observaba las miradas de regaño que le dirigía Alice. - Claro que sí, señor Robinson, en un segundo le comunico con él.
Bella le pasó la llamada al señor Floyd, y dejó caer su cabeza con brusquedad sobre el escritorio, aplastando un par de papeles a su paso.
Soltó un gemido débil, y dejó su cabeza reposando allí, sobre su escritorio.
Oyó una pequeña risilla de Alice, pero que se apagó repentinamente, remplazada por un desesperado '¡Bella, ¡Isabella!'
La castaña hizo oídos sordos a su amiga, pero se arrepintió al instante, cuando una voz sumamente masculina y suave le susurró cerca del oído.
-¿Quieres que te traiga una almohada?
Bella levantó la cabeza tan rápido que sintió cómo todo le daba vueltas, y tardó unos pocos segundos en enfocar la vista sobre el sonriente joven que la observaba divertido.
-Bienvenido a la Empresa Floyd y asociados, ¿En qué puedo ayudarlo?- Edward soltó una risa despectiva, ganándose una mirada asesina por parte de Bella- ¿En qué puedo ayudarlo?- Repitió la castaña más fuerte, mirándolo con una ceja alzada, indiferente.
-Soy Edward Cullen, y deseo hablar con usted, señorita Swan, respecto a lo ocurrido la otra noche- Edward le respondió en un tono sumamente formal, logrando que Alice soltara una risita divertida.
Bella lo observó molesta, y rodó los ojos.
-No hay nada de qué hablar. Nos acostamos, y eso fue todo.
Edward se la quedó mirando durante un momento, y sin saber porqué, se sentía dolido.
-No me imagine que fueras ese tipo de mujer.
-Pues lo soy. ¿Necesitas algo más?- Bella notó la dura mirada que le dirigía Alice. Ella no era así, ¿Porque actuaba de esa forma?
-No, no necesito nada más.
-¿No quieres hablar con Marcus y seguir insistiendo con tu oferta? Después de todo, esa es la razón por la que hiciste todo esto.
Los ojos de Edward volvieron a brillar, como si acabara de resolver un acertijo.
-¡Asique es por eso!
-Mira, no sé qué gran idea se te acaba de ocurrir, y tampoco me importa, asique, si no necesitas nada, te pediría por favor que te retires, y me dejes trabajar- Edward hizo como si no hubiera escuchado las palabras de Isabella, y le sonrió pícaramente.
-No me acosté contigo por Floyd, me acosté contigo porque pienso que eres la mujer más sexi que he conocido en mi vida-Bella abrió los ojos asombrada ante las palabras sin censura de Edward, y el cobrizo le sonrió de lado, apoyándose sobre el escritorio de la castaña.
-No me interesa cuales fueron tus razones para acostarte conmigo. Y lo repito, si no quieres nada más, debo pedirte que te retires. Mi vida privada es mi vida privada, y no la mezclo con el trabajo. Adiós- Edward sonrió al reconocer la misma regla que el mantenía para con su vida, y la miró por bajo sus pestañas.
-Te invito a comer, una cita. ¿Cuándo es tu horario de descanso? - Bella rodó los ojos.
-No te lo diré.
-¡A las dos de la tarde!-Bella miró indignada a Alice, que le sonreía con sorna.
El cobrizo sonrió a un más.
-¿Quieres almorzar conmigo?
-No.
-Si quiere- Soltó Alice desde el otro escritorio, ganándose otra mirada asesina por parte de Bella.
-No quiero.
-Si quieres-Le respondió Edward sonriendo aún más.
-¡No!
-Te recojo a las 2, castaña. Cuídate-El muchacho cobrizo se giró ante la indignada mirada de Bella, y le dedicó una sonrisa a Alice mientras caminaba hasta la puerta.-Gracias por la ayuda, enana- Edward alzó una mano en el aire y Alice se la chocó con una risa.
Cuando Edward hubo desaparecido por la puerta, Bella miró a su amiga fijamente, y la pequeña pelinegra se acercó hasta el escritorio de su amiga.
-Me lo agradecerás, ya lo verás.
-Oh, sí claro. ¡En algún momento te agradeceré el haberme mandado en una cita con el hombre que solo se acostó conmigo para conseguir la empresa de mi jefe!-Alice rodó los ojos, mientras el tono de vos de Bella iba ascendiendo hasta terminar en la histeria.
-Bella, cálmate ¿Si?. Primero y principal, al chico le gustas, igual que a ti te gusta él. Y ya oíste lo que dijo, se acostó contigo porque piensa que eres 'la mujer más sexi que ha conocido en su vida' ¿Acaso eso no te pareció tierno? -Bella negó con la cabeza enfadada- Vamos, no te enojes conmigo, Belli, es por tu bien-La duende soltó una risa, y Bella la miró con una ceja alzaba.
-¿Me mandas con ese estúpido y engreído millonario por mi bien? Wau, eres genial Alice.
-No entiendo porqué la gente lo llama 'El demonio Cullen', parece demasiado agradable como para ser llamado demonio-Bella torció el gesto.
-Vaya a saber cómo es cuando está enojado.
Alice frunció los labios pensativa, y de la nada le sonrió a su amiga ampliamente.
-¿¡Puedo ser la madrina de sus hijos!-Bella la miró como si le hubiera salido un tercer ojo.
-No me gastaré en discutirte, pero definitivamente, estás loca amiga-Le respondió la castaña mientras tomaba una pila de papeles y salía de su escritorio hacia la oficina de su jefe.
..
.
Edward se frotó los ojos molesto, y volvió su vista al computador.
¡Demonios! Parecía un púber de 15 años contando los minutos que faltaban para ir a ver a su castaña.
Se volvió a golpear mentalmente.
Tenía que dejar de llamarla 'SU castaña', o en algún momento se le escaparía estando frente a ella.
Necesitaba conocer todo sobre ella, saberlo todo, y descubrir cuál era la maldita razón por la que ella lo atraía tanto, lo hacía sentirse tan tonto, y actuar como un completo idiota.
¡Vamos! Era Edward Anthony Cullen, no andaba rogándole a las mujeres una cita, esperaba que ellas vinieran a él, pero con Bella había sido diferente.
Tampoco entendía por qué le había dolido tanto cuando ella pensó que se habían acostado solo por sus ansias de conseguir la empresa de Floyd.
Debería haberle dado lo mismo, debería haber pensado lo mismo que ella 'Nos acostamos, y eso fue todo', pero no, no era así, el no quería que eso fuera todo.
Él quería que ella lo apreciara, que lo conociera, y se sacara ese prejuicio sobre él que tenía en la cabeza, que todo el mundo tenía en la cabeza.
Poca gente conocía al real Edward Cullen, a ese muchacho jovial, divertido y cariñoso, y el cobrizo todavía no entendía por qué quería que ella lo conociera.
-Señor Cullen, ¿Puedo ya irme a almorzar o necesita algo más?
Edward hechó una mirada a su reloz.
Las 13.40 horas.
-Puedes ir, Clary-Edward le dedicó una sonrisa algo forzada y se encaminó hacia las oficinas Floyd.
El cobrizó frenó de golpe frente a un puesto de revistas, cuando una revista de chismes rezaba en la portada 'El demonio Cullen ya tiene una nueva víctima: Las empresas Floyd'
Edward rodó los ojos con despreció y siguió caminando.
Definitivamente, odiaba la prensa.
Edward sonrió cuando divisó en la puerta del edifició de Floyd a la pequeña figura de su castaña, que casi parecía desaparecer debajó de tanta ropa que tenía puesta.
- ¡Asique decidiste venir! Pensé que tendría que subir y arrastrarte hjasta aquí-Comentó en cobrizo ironicamente y Bella rodó los ojos, con una media sonrisa en la cara.
-Hola, Edward- El cobrizo le sonrio ampliamente.
-¿A donde quieres ir a almorzar? Cualquier lugar, tu solo dilo, y allí iremos- Bella lo miró con expresión pensativa.
-Iremos a almorzar al mejor lugar de Nueva York- La castaña le sonrió ampliamente, y Edward forzó una media sonrisa.
Esto me va a costar caro. Pensó. Resulta ser que tiene los mismo gustos que todas las otras mujeres.
No sabía porque, pero se sentía algo decepcionado.
-¿Y se puede saber dónde queda el mejor lugar de la ciudad?
- A solo unas cuadras de aquí. Ven- Bella lo tomó de la mano y caminó con rapidez entre la multitud que aborrotaba las calles.
Edward estaba sorprendido por la confianza que Bella tenía con él.
¡Se acostaron! ¿Esa no es una razón para tener confianza?
Bueno, era cierto, pero nunca ninguna de las mujeres con las que se habia acostado lo habían tratado de esa forma. Más bien, nunca las había vuelto a ver.
-¡Aquí es!-Exclamó Bella triunfante, mientras paraba de caminar frente a un local que ni siquiera sobresalía a la vista.
-¿Este es el mejor lugar de Nueva York?-Edward levanto una ceja en dirección a Bella, para luego volver la vista hacia el pequeño restaurant, en el cual un cartel de madera desgastado rezaba 'Joe's Place'.
- Solo espera a probar su lasagna-Bella soltó una risa y caminó con desición hacia el interior del lugar.
- ¡Belly! - Edward miró con desconfianza a un muchacho rubio, con demasiado gel y algo de agné que se hacerco a Bella con mucha confianza.
Demasiada confianza diría yo. Edward frunció aún más el ceño cuando el muchacho estampo un beso en la mejilla de la castaña, de SU castaña.
-Buenos días -Edward interpuso su mano extendida entre el rubio y Bella, fingiendo una sonrisa.
- Mike, amigo de Isabella- El rubio lo miró con el miedo impreso en el restro- ¿Usted es Ed-Edward Cullen, verdad?
-Lo soy-Edward esbozó una sonrisa cínica, y Bella rodó los ojos.
-Nos vamos a sentar, Mike.
Cuando hubieron ocupado un lugar en el pequeñisimo lugar, Bella lo miró con reproche.
-¿Es necesario?
-¿Qué cosa?-Edward la miró con una ceja alzada.
-Intimidar así a la gente apenas los conoces.
-¡No los intimido!- Se defendió Edward.
-Si lo haces- Bella soltó una pequeña risilla.
-¿Te intimidé a tí?- El cobrizo se inclinó sobre la mesa, mirando a Bella con fijeza.
-Si lo hiciste- Bella lo miró con una media sonrisa- Pero luego descubrí quien eres en realidad.
-¿Y quién se supone que soy en realidad?
-Eres lindo. Haces comentarios sarcásticos todo el tiempo y eso me causa gracia. Y eres bueno, algo serio algunas veces, pero eso lo podemos cambiar. - Bella le sonrió ampliamente a el cobrizo, que la miraba con una pequeña sonrisa de lado en su cara, y cierto brillo en sus ojos esmeraldas.- ¿Sabes? Todavía no entiendo porqué la gente dice las cosas que dicen sobre tí.
-¿Y qué dicen sobre mí?
Bella se mordió el labio con nerviosismo, y sonrió apenada.
-Bueno... Dicen que eres el único ser humano que puede vivir sin usar el corazón, o que cuando naciste los médicos reemplazaron tu alma por un cubito de hielo. ¡Oh! También dicen que-
-Ya entendí, ya entendí. Me aprecian muchísimo- Comentó Edward irónicamente y Bella soltó una risa.
-Pero ellos no te conocen ¿Verdad?
Edward bajó la vista.
-No me afecta, ¿Sabes? Lo que la gente piense de mí...No me afecta en absoluto. Sólo me importa cómo piensan de mí las personas a las que amo, y las cuales me interesan.
-¿Te importa como piense yo de tí?-Se atrevió a preguntarle Bella, para luego morderce el labio.
Edward observó el gesto con fijeza, y le sonrió con cariño.
-Si. Me importa mucho cómo pienses de mí, Bella.
Bella le sonrió, y no supo porqué, pero sintió que su corazon se hinchó de felicidad.
...
..
..
Espero que les haya gustadooooooo muchachas.
Esta historia es una de mis favoritas, adoro a este Edward que puede parecer duro pero en realidad es toda una dulzura.
Espero que me dejen su opinion en un review, las quieeeeeeeere, Emma :)
