-Tu familia es linda.

Edward cerró la puerta y se giró hacia Isabella, mientras una tenue sonrisa se extendía por su rostro.

-Tú eres linda.

Bella rodó los ojos.

-Eres un tonto.-Extrañamente, la castaña no protestó cuando Edward la tomó por la cintura, y la pegó a él en un rápido movimiento.

-Tengo ganas de terminar lo que estábamos haciendo antes de que mi familia llegara…

Su voz era un simple susurro mientras sus labios se deslizaban por el cuello de Bella, que sonrió suavemente.

-Creí que ya habíamos terminado.

-Cariño, eso fue solo el principio.-Murmuró el cobrizo, antes de tomarla en brazos.

.

Bella.

-¡Isabella Marie Swan!-Pegué un salto y levanté la vista de la pila de papeles, para enfocarla en una muy enojada Alice que venía caminando hacia mí con rapidez-Fui a buscarte a tu casa, y el idiota de tu casero me dijo que te habías mudado hace una semana, ¡Una semana! ¿¡Cómo puede ser que te hayas mudado y tu mejor amiga no lo sepa!?

Suspiré, meneando la cabeza.

-No seas tan exagerada, Alice. No quería interrumpir tu viaj-

-¿¡Interrumpir!? ¡Dios, Isabella! ¿Acaso estás loca? Soy tu mejor amiga. Mejor a-m-i-g-a.

-No me hables como si fuera tonta. Simplemente, me pareció innecesario.

Alice me fulminó con la mirada.

-Luego entraremos en detalles, ahora, cuéntamelo todo.

-Primero que nada, ¿Sabes que tenemos nuevo jefe verdad?

Alice abrió los ojos como platos.

-Eres la peor amiga del mundo. ¿¡Nuevo jefe!?

-Sí. Es Edward.

Los ojos de Alice brillaron durante unos segundos, y luego se apoyó sobre mi escritorio.

-¿Están juntos?-Bajé la mirada-¡Te pusiste roja! ¡Están juntos!

-Alice, deja de chillar. No estamos juntos.

-¿Follaron?

-Esto es desagradable.

-¿Follaron?

Bufé.

-Sí.

Otro chillido.

-¡No puedo creerlo!

-Alice, Edward está detrás de esa puerta, asique te agradecería si dejaras de gritar como una demente.

-Bien, bien, lo siento.

-¿Cuándo vuelves a trabajar?

-Dentro de tres días. Ahora, cuéntame lo de tu mudanza, vamos.

-No es tan interesante. Me robaron todo y como no tenía a dónde ir, Edward me dejó quedarme con él.

-Espera, espera. Rebobinemos. Entraron a robar a tu casa.

-Sí.

-¡Y no me dijiste nada!

-Alice, los gritos.

Sacudió la cabeza, molesta.

-No puedo creer que no me dijeras nada. ¿Qué se llevaron?

-Todo.

-Hijos de puta.

-Pienso lo mismo.-Me dejé caer sobre mi silla, mientras respondía a las preguntas de Alice. La enana estaba fuera de sí porque no la había llamado para contarle acerca de mi 'nueva vida', como le gustaba llamarlo.

-¿Bella?-Levanté la vista, para encontrarme a Edward parado en el marco de la puerta, sonriéndome.

-Edward, ya terminé el informe que me pediste, aquí está-Le entregué el papel, mientras ignoraba la forma en la que Alice clavaba sus ojos en nosotros. Seguramente luego me daría un informe completo de cómo nos comportábamos cuando estábamos juntos.

-¿Señorita Brandon?

-Hola, señor Cullen. Ya sé que no debería estar aquí hasta dentro de tres días, pero usted entenderá que si no vengo a ver como se encuentra mi amiga, ella es capaz de ocultarme hasta su dirección-Finalizó con una sonrisita angelical hacia él, y una mirada asesina hacia mí.

Rodé los ojos.

-No te estaba ocultando nada-Farfullé, pero ninguno de los dos me prestó atención.

-Comprendo su preocupación, pero como verá, he estado cuidando muy bien de Isabella.

-Eso me han dicho…

Estampé la palma de mi mano contra mi frente.

A falta de una madre que me avergüence, tenía a Alice.

-Creo que ya es demasiado. Alice, te acompaño hasta la puerta.

Alice le sonrió a Edward y se giró para ir hacia la salida, y yo pasé junto a Edward para acompañarla, pegando un saltito cuando este último apretó mi trasero con una mano.

Lo fulminé con la mirada, pero lo único que logré fue hacerlo reír.

-No da tanto miedo como dicen-Cuchicheó Alice en cuanto llegamos a la puerta.

-No da nada de miedo. A veces puede ser algo… frío. Pero no es malo.

Alice clavó sus ojos en mí, con un brillo maligno en ellos.

-¿Lo amas?-Soltó de sopetón, obligándome a abrir los ojos en demasía.

-¿Qué? Yo…No. No.

-Aja…

-Alice, no.

-Como digas.

-¿Puedo quedarme unos días en tu casa? Prometo no molestar, pero no quiero abusar de Edward, y no tengo donde quedarme, y-

-Bella, claro que te puedes quedar en mi casa. Pero, ¿Realmente te quieres ir de casa de Edward? Cualquier mujer daría lo que fuese por vivir con un espécimen como ese…

-No puedo seguir aprovechándome de él.

Alice soltó una carcajada.

-¿Aprovechándote de él? Cariño, es Edward Cullen. Nadie podría aprovecharse de un tipo como ese. Si no quisiera tenerte en su casa, te hubiera mandado a volar hace rato.

-Pues, prefiero irme antes de que eso suceda.

-Como quieras, yo solo digo que en tu lugar, ya hubiera-

-Alice, adiós.

Mi amiga soltó una risita.

-Adiós, Bells.

Cerré la puerta con un suspiro. Me amiga podía ser de lo más exasperante.

Al volver a mi escritorio, Edward todavía se encontraba allí, apoyado contra la puerta.

-Simpática tu amiga.

Le hice una mueca.

-¿Desea algo más señor, Cullen?-Susurré mientras me paraba frente mi escritorio, y pretendía acomodar una pila de papeles.

-Sí, hay algo que deseo en este momento…-Me estremecí cuando su aliento chocó contra mi cuello, y sus manos agarraron mi cintura con fuerza.

-Señor Cullen, no cre-

-Edward.

-Edward… No hagas eso, aquí no…

-Bien.-Chillé cuando en un rápido movimiento, me tomó en brazos y me llevó hacia su oficina, cerrándola con llave detrás de nosotros.

-Hablo en serio, Edward…

-Por supuesto que yo también hablo en serio. Ahora deja de hablar, y ven aquí-Soltó mientras me atraía a sus brazos.

No pude hacer más que callarme y complacer a mi jefe.

.

-¿Edward?

-En la cocina.

Acarreé mi maleta hasta la puerta allí, y me paré en el marco de la puerta, mientras lo veía moverse de un lado al otro por la cocina.

-¿Hay algo que no encuentres?

-La maldita sartén-Murmuró, enojado, y reprimí una sonrisa.

Era tan hermoso.

-Está en el tercer cajón de la derecha.

-No, ya revisé allí y no estaba.

-Pues revisa de nuevo.

Me miró con impaciencia y abrió el cajón.

-¿Ves…-Se paró en seco, mirando a la sartén que descansaba sobre una pila de platos con los ojos como platos-Te juro que no estaba allí antes.

Solté una risa.

-Claro, Edward.

Se giró hacia mí para replicar, pero cerró la boca cuando sus ojos se posaron en la valija que descansaba a mis pies, como si recién hubiera reparado en ella.

-¿Qué es eso?-Su voz se volvió fría, y me tensé.

-Mi valija.

-¿Te irás?

Estaba enfadado. Muy enfadado.

-Sí, con Alice. No quiero seguir abusando de ti, Edward.

-Te dije mil veces que no estás abusando de mí.

-Sí, lo hago.

-No te irás.

-Edward, no puedes obligarme a quedarme aquí.

-No te dejaré ir.

-Me iré, Edward.

-Ya no es divertido, ¿Sabes?-Susurró, y lo miré con el ceño fruncido.

-¿Qué cosa?

-Eso que haces. ¿Lo haces con todos, Isabella?-Me estremecí cuando pronunció mi nombre completo como si fuera un insulto-Vienes, pasas un buen rato y luego desapareces. Me lo hiciste la primera vez que estuvimos juntos, y lo estás haciendo ahora de nuevo.

-Edward, no es así.

Soltó una carcajada llena de amargura que me puso los pelos de punta.

-Eres igual que todas las demás.

Sentí como las malditas lágrimas se acumulaban en mis ojos, pero me negué a llorar.

-¿De qué hablas? Solo me voy porque no quiero seguir aprovechándome de ti…

-Aprovechándote de mí. Claro.-Me dio la espalda, depositando la sartén sobre la encimera. O más bien arrojándola sobre ella.

-Edward…

-Vete.

-Pero-

-¡Isabella, vete!

El tono frío y distante de su voz me hizo tomar mi bolso y salir de allí lo más rápido que pude.

No podía creer lo que había pasado.

No podía creer que Edward hubiera reaccionado de esa manera.

Y lo peor de todo, era darme cuenta de que su rechazo dolía. Dolía mucho más de lo que pensé que podría llegar a doler.

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Bueno, acá va otro capítulo. Les voy avisando de que el próximo ya será el último. Sip, se nos acaba la historia. Gracias por los reviews, son increíbles. ¡Besos!

Emma.