Tokio, Japon 2013

—Vamos que ella nos espera— decía un hombre con vestimentas oscuras y rojas carmesí, algo no propio para la época aunque con las modas que se cargaban últimamente eso ya no era de esperarse.

—Tranquilo, Vincent— dijo despreocupado con un traje negro con un estilo muy típico de los gansters aunque así no debería ser su vestimenta— ella estará bien, a parte nosotros vamos tarde— dijo riendo divertido al momento que aceleraba al motor.

Una chica con porte elegante y tranquilo recargaba su fino y hermoso rostro sobre su delicada mano, miraba todo el salón para soltar un suspiro, de nuevo llegaban tarde. Había regresado del extranjero hace un par de días y su padre insistió en que tuviera protección a lo cual solo acepto si eran sus antiguos guardaespaldas. Su mirada grisácea paseaba de nuevo por toda la sala para levantarse de aquella silla dejando caer su largo vestido de seda color perla, sus cabellos danzaban en el aire por una ventisca traviesa que entro por la habitación, mordió su labio inferior para caminar con tranquilidad hacia el jardín.

No sabe mucho sobre su pasado, solo sabe que su familia no es la verdadera. Lo que le contaron fue que la encontraron muy herida cerca de un rio cuando ellos fueron al festival de pétalos de cerezos, asustados le brindaron ayuda y la adoptaron con el tiempo, sin embargo ella es especial pues han pasado veinte años desde aquel suceso y su apariencia sigue igual a la de una chica de no más de veintitrés años.

—Llegan tarde… como siempre— dijo la chica para girar a verles con seriedad, el chico que vestia como gánster rio divertido, un chico alto pelirrojo, con ojos verdosos, su tez morena le hacia un chico atractivo— como siempre, tu vestimenta es deplorable— pronuncio soltando un suspiro—¿Qué hare contigo Anjo? — su mirada viajo a su otro guardaespaldas un hombre alto, con piel pálida, ojos carmesí y cabello negruzco largo, un chico sin duda con un apariencia misteriosa pero elegante— Vincent… tu siempre tan… oscuro— una leve sonrisa salió de sus labios color cereza para ver como el simplemente hacia una leve reverencia— es bueno verles de nuevo.

—Es bueno que se acuerde de los pobres ingratos— dijo Anjo dramáticamente— y bien… ¿Cuál es nuestra primera misión? —cuestiono eufórico para ver suspirar a Vincent quien negaba levemente.

—Algo no muy bueno, una misión peligrosa…— dije para caminar por el largo camino de piedras sobre el gran jardín— siento algo dentro de mi pecho… no sé lo que signifique pero debemos cerrar las puertas del tiempo. — dijo sin más la chica para ver a sus guardaespaldas.

—Cuente con ello, nosotros la protegeremos— dijo el tranquilo Vincent quien se arrodillo frente a ella seguida de un ahora serio Anjo, la chica sonrió levemente para asentir con su cabeza— Lady Sayuri.

—Ya lo creo, sin embargo a un no es el tiempo para viajar— dijo para ver hacia la gran mansión y saludar a una chica quien sonreía desde la sima de las escaleras— vaya… ha crecido mucho— susurro para caminar hacia la visita quien había llegado por sorpresa.

Habia sueños donde veía a un hombre en la lejanía, sus cabellos largos y plateados danzaban sobre el aire, sin embargo su rostro era estaba en duda pues siempre estaba dándome la espalda, a mi alrededor habían petalos de cerezo, flores de todos colores y una gran palacio. A su lado había una mujer elegante quien cargaba a un bebe. El mismo sueño una y otra vez desde hace veinte años atrás, no podía recordar nada sobre hace mas de veinte años, pero tenia la certeza que ellos podrían darme las respuestas que yo necesitaba. En ese lapso de tiempo me entere que podía ver predicciones del futuro, podía ver cosas que los demás no podían, sabia combatir cuerpo a cuerpo y manejar la espada a la perfeccion, inclusive que tenia poderes sobre naturales, sin embargo no los usaba mucho pues todo era tranquilo a mi alrededor.

—¿Cuánto tiempo a pasado?.. Sayuri— dijo la chica abrazandome a lo cual solo sonrió y la abrazo— mira que desaparecer mucho tiempo no es algo que te represente mucho— la escuche reir y solo asentí para reir igual.

—Me da mucho gusto verte de nuevo, veo que ya no eres una niña y ahora eres toda una jovensita— le dijo a la chica para ver a los demas— estoy segura que mi padre les dijo de mi llegada— solto un suspiro y tomo asiento con sus visitantes quienes solo asintieron y bebieron el te.

—No podía creer que después de tanto tiempo escucharía la voz de mi hermano— dijo la mujer mayor quien sonreía con amabilidad— cuando dijo que volverías a Japon me alegre mucho que quize que todos supieran y viniéramos a verte— escuchaba su tono de alegría lo cual me ponía contenta.

—Ya lo creo así, él debe ser tu hijo ¿no es así? — sus ojos grisáceos miraron al chico quien se sonrojaba ante su mirada, Sayuri le sonrió y le ofreció galletas— un gusto, tu eres mi primo después de todo… Souta. — le llamo por su nombre para ver a Kagome sonreírle.

Desde que tenía uso de memoria siempre me la pasaba en el templo Higurashi pues era un lugar muy pacifico, había visto crecer a Kagome, la pérdida del jefe de tal apellido, y el nacimiento de Souta que les trajo la alegría que había desaparecido, mi padre al cual quería como a uno de verdad era hermano mayor de mi tia Naoko madre de Kagome, ella me quería como si fuera su hija y siempre me cuidaba aunque yo fuera una chica de mayor edad, nunca se intimido ante mis poderes e inclusive el abuelo quería convertirme en sacerdotisa del templo, pero en mi vida había otros planes los cuales aun debía descubrir por mi misma.