Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 4. Alice.

Casi podía sentir la emoción de la que había sido mi mejor amiga, Jasper me miraba desconfiado como si yo fuese quien los había sorprendido, quería gritarles, exigirles que me dejasen tranquila, que saliesen de mis vidas pero había soñado tantas veces con verles, con poder hablar con ellos, saber lo que habían estado haciendo y, sobre todo, sí me habían echado de menos, pero me forcé a no hacer ningún movimiento, nada que me delatase.

Mis pesadillas no habían hecho justicia a la belleza de Alice, estaba como siempre, a su lado los años que había cumplido me hacían sentirme una vieja, agarré con fuerza mi bolso y avance los pocos pasos que me separaban de ellos y de mi coche.

— Bella, estas preciosa, no sabes cuánto te he extrañado —se acercó a mí y me abrazo efusiva, no pude corresponderla y se separó un poco alarmada.

— Me alegro de que estéis bien —era lo único que podía articular, necesitaba correr, escapar de las emociones que estaban amenazando con ahogarme.

Saqué la llave de mi coche pero ellos me impedían acercarme a él, me la clavé en la mano mientras intentaba mostrarme lo más fría posible.

— Podemos hablar, te encantará la casa que Esme diseñó —su entusiasmo había empezado a decaer ante mi falta de disposición.

— Creo que no, mira Alice no tiene sentido, tú me has visto yo te he visto, estáis bien y yo también pero no hay más que decir.

— ¡Isabellla! — gritó Leslie mientras corría hacía mí, me volví y la sonreí. Por primera vez me alegraba de una de sus constantes interrupciones.

Llegó hacía donde estábamos casi sin aliento y nos saludó mirando a Jasper con demasiado interés.

— ¿Qué ocurre Leslie? —pregunté al ver que no despegaba los ojos de la pareja de Alice.

— Se me olvidó decirte algo —aun estaba fatigada— te llamó Jacob esta tarde pero me pidió que no te molestara.

— Gracias Leslie, pero podrías habérmelo dicho mañana, no era necesario que volvieras.

— Pensé que era importante parecía demasiado ansioso, dijo que te había llamado al móvil y no se lo cogiste, a ver cuando me cuentas como es él, sonaba tan viril, ¿tendrás alguna foto para enseñarme?

— Leslie, ya —la pedí mientras trataba de controlar mi rubor, estaba de espaldas a ellos pero podrían malinterpretarlo —no tenías que hacer cosas.

— Me entretuve, me voy ¿verdad?

— Hasta mañana.

Me volví hacía los que una vez consideré mi familia, era raro tenerles tan cerca y no poder dejarme llevar. Alice no pudo evitar preguntar.

— ¿Quién es Jacob?

— Quizás te acuerdes de él, Jacob Black vive en la reserva.

— ¿El qué bailó contigo? —sólo asentí mientras Jasper me taladraba con la mirada, ¿qué estaba sospechando?

— Y ese Jacob… —no continuó pero sabía a lo que se refería, Sam se había convertido antes que Jake e igual que en la reserva existían las leyendas de los fríos, los Cullen debían conocer su propia historia.

— ¿Por qué no haces la pregunta concreta?

— ¿Jacob es un hombre lobo? —había sonado como una afirmación, el rostro de Alice se transformó en terror.

— Sí —la tensión podía tocarse con los dedos, Jake sabía todo lo referente a los Cullen por lo que me pareció adecuado confirmar lo que sospechaban.

Jacob me había salvado a pesar de las innumerables veces que había intentado destruirme, entonces uno de mis recuerdos me asaltó devolviéndome a la cama de hospital que había sido mi compañera durante mucho tiempo después de que Edward se marchase:

Escuchaba las voces de fondo, a lo lejos pero estaban a sólo unos pasos de la cama. Mi madre sollozaba sin poder articular palabra

— La situación es la siguiente —empezó a decir el doctor McGregor— la operación ha salido bien, el problema radica en otro factor.

— Doctor sea claro —le pidió con voz ronca mi padre.

— No responde al tratamiento, su cuerpo lo rechaza.

— ¿Cómo es eso posible?

— Creo que su hija no quiere vivir, ha dejado de luchar para salvarse.

Mi madre empezó a llorar aún más fuerte.

— Las próximas horas son cruciales, hablen con ella, pídanle que luche, que batalle con nosotros, que nos ayude, ustedes son los únicos que pueden conseguirlo. Vendré dentro de una hora.

El médico salió y, mientras mi madre se acercaba a mi cama, mi padre maldecía a Edward.

La voz de Alice me sacó de mis recuerdos haciendo que regresara a la realidad.

— Como has podido juntarte con licántropos, son inestables, pueden entrar en fase en cualquier momento, no controlan sus emociones —la preocupación de Alice me abrumó, yo sabía todo eso pero nunca había pasado nada, salvo lo de Emily, Sam la había atacado al principio de todo pero desde ese suceso nunca más habían dejado que ninguno perdiera el control.

— Fue lo que me quedó cuando os marchasteís —me arrepentí en el mismo momento que pronuncié esas palabras pero ninguno lo percibió.

— Por eso no podía verte —no entendí a lo que se refería pero necesitaba irme de allí— Esme está deseando verte, ven, Jasper conducirá tú coche— intentó sujetarme la mano pero la rechacé.

— Por favor, no sigas, no voy a ir a ningún lado con vosotros.

— Bella hay tantas cosas que te tengo que contar y Edward lo ha pasado tan mal…

— Estoy intentando contener mi lengua, te pido que por favor, me dejes irme a mi casa.

Jasper estaba alerta pero de nuevo Alice no me hizo caso y siguió pidiéndome que la escuchara, no pude aguantarlo más.

— Desapareces de mi vida sin una explicación ni una despedida. Eras mi mejor amiga, Alice, y te marchaste, me dejaste sola, y lo entiendo porque no podías dejar a tu familia pero sabes cuántas veces he esperado una llamada tuya, podías haberme mandado una carta, un email, algo pero no, sólo soy una simple y tonta humana que se interpuso en vuestras perfectas vidas —la cabeza empezó a dolerme— que soñó que podía tener una familia, que podía ser parte de lo que erais. Pero no era lo suficientemente buena y ahora ya no soy aquella niña tonta, no seré más vuestro pasatiempo, la humana que os entretiene cuando os aburrís.

Ninguno de los dos pudo articular palabra, Alice me miraba con un dolor indescriptible pero era sólo una fachada, nunca les había importado.

— ¿Se lo habéis dicho ya? —no tuve necesidad de decir su nombre, Jasper negó con la cabeza —bien, no es necesario que lo hagáis, de todas formas poco le puede importar

Me encaminé hacia el coche aprovechando su confusión, no podía seguir mirando a los ojos a Alice, a pesar de que cada palabra que había dicho era lo que había sentido.

— ¿No deseas verle?, ¿hablar con él? —Alice me miró con dolor.

— ¡No!, sé que me entiendes y aunque no lo hagas espero que respetéis mi decisión.

Sabía que de poco servía pedirles aquello, Edward lo vería, pero, ¿por qué habría de buscarme?, seguro que para este momento ya tendría más de una diversión a la que aferrarse.

Conduje hasta casa, silenciosas lágrimas corrían de nuevo por mi mejilla, debía controlarme, me estaba volviendo una llorona, era más difícil de lo que pensaba, esperaba que cualquier ilusión que Alice tuviese con respecto a nuestra amistad se hubiese quedado en el aparcamiento.

Cuando llegué a casa, llamé a Jacob.

— Jake ¿cómo estás? — le pregunté en cuanto contestó.

— Bien, ¿te noto extraña? —siempre tan perceptivo.

— Estoy bien, sólo quería saber como andan las cosas en Forks —él rompió a reír y me pidió que le contase cuánto le extrañaba y, en realidad, lo hacía— ¿cuéntame algo Jacob?

Sí mi insistencia le sorprendió no me lo dijo y durante la hora siguiente me transporte de la mano de Jake a la Push, haciéndome olvidar lo que había sucedido.


Corría por un bosque cubierto de nieve mientras Victoria me pisaba los talones, me tropezaba una y otra vez, ella podía alcanzarme pero cuando ya creía que iba a hacerlo se separaba, me quería exhausta, alejada de todos y yo les salvaría. Me levanté de mi undécima caída, la sangre brotaba de mis rodillas magulladas, una y otra vez miraba para atrás y la maraña de pelo pelirrojo se acercaba.

No podía más, y cuando volví a caerme ya no me levanté, "ya te tengo" me susurró mientras se agachaba para agarrarme por el pelo, me retorcí de dolor pero no grité, ella me quería a mí.

— Mátame de una vez —murmuré.

— Tu sangre canta para mí —parecía relamerse ante la expectativa— pero siempre hay algo más interesante.

Uno de sus secuaces apareció sujetando a Edward. ¡No! grité pero ella me miró con odio, no pude ver lo que hacía pero después se volvió hacía mí con la cabeza de Edward en sus manos.

.

Me desperté empapada en sudor, con la respiración entrecortada y mirando en mi cabeza una y otra vez la última imagen de mi sueño, eran las cuatro de la mañana, había dormido sólo tres horas, me levanté sabiendo que no podría volver a dormir porque mi pesadilla me atormentaría de nuevo.

Me duché, me vestí y me puse el corrector de ojeras, se había convertido en el único maquillaje que usaba y toleraba. Después de que durante el primer año de universidad la gente se fijase demasiado en ellas, haciéndome sentir bastante incómoda, había acudido a una perfumería y me había gastado casi doscientos dólares en maquillaje, había acabado todo en la basura salvo el antiojeras. Era un buen aliado y me libraba de preguntas incómodas.

Me senté en uno de los altos taburetes mientras el olor del café al hacerse empezaba a despertarme, sobre la mesa estaba mi portátil, abrí los correos electrónicos que tenía: uno era de Ángela que me preguntaba como lo llevaba y otros dos de mi madre, había estado navegando por Internet y le preocupaba el clima de Alaska, la prometí que me compraría ropa térmica y un abrigo mejor. Programé los emails para que mi gestor de correos les mandase un poco más tarde y me dispuse a hacer tiempo mientras el sol asomaba por el horizonte.

Aquel día no vi a los Cullen, otro largo día de rutina si no fuese por que era mi aniversario, el día que Edward me había dejado, año tras año lo celebraba y ese no podía ser menos, era el día en que mi corazón había dejado de latir y mi alma había abandonado mi cuerpo.

Salí temprano de trabajar, paré en una pastelería y compré un pedazo de tarta de chocolate, me había propuesto que esta sería la última vez que lo haría y quería celebrarlo por todo lo alto, en mi nevera una botella de vino tinto, sólo bebía alcohol este día, y cuando llegué a casa llamé al restaurante chino.

Llamaron a la puerta y mientras cogía el dinero que tenía preparado la abrí, no estaba preparada para la persona que tenía frente a mí y me quedé en estado shock.


Actualizo un poco antes porque mañana me va a ser imposible. Gracias a los que habéis decidido seguir esta historia y ahora sólo pediros una cosa, me gustaría saber sí voy bien encaminada, sí mantengo la actitud de los personajes y su forma de actuar, así que agradecería algún comentario y, por supuesto, vuestras críticas . Besos.