Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. La inspiración se la debo a dos canciones "Sin ti" de nuevo de Malú para la postura de Bella y "Volví a nacer" de Carlos Vives, para la de Edward, os animo a escucharlas antes de empezar a leer.

Capítulo 9. Sin ti.

Ahora lo entendía, todo este tiempo luchando por su vida sólo había servido para convertirla en la mujer que había visto el día anterior, fría, su sonrisa se perdía en la comisura de sus labios y sus ojos eran completamente inexpresivos. Pero sobre todo, comprendía al fin todo lo que la amaba y como había anhelado estar junto a ella, la noche se iba disipando y de nuevo el sol iluminaba mi vida. Quería decirle tantas cosas, explicarme, suplicarle sí fuese necesario pero sobre todo quería hacerle entender que no era bueno que se juntase con aquellos lobos.

La esperé durante un buen rato frente a la biblioteca y cuando a lo lejos la vi aproximarse, entré en la sala de estudios, estaba vacía pero un extraño olor atrajo mi atención, alguien esperaba entre las sombras, me puse alerta, no era el efluvio de un vampiro y mi mente recordó donde había olido antes ese apestoso hedor, en Forks.

Se abalanzó sobre mí con furia desmedida intentando golpearme pero logré esquivarle, sus pensamientos eran rápidos intentando que no adivinase sus movimientos.

— No sabes cuánto he deseado hacer esto, chupasangres —hablaba para no pensar y consiguió darme un puñetazo en la barbilla.

Esquivé un segundo golpe intentando mantener la compostura, no quería luchar con él, a fin de cuentas era amigo de Bella pero Jacob estaba ciego de ira.

— Vamos —dijo lanzándome contra una de las estanterías lo que hizo que la mayoría de los libros se cayesen al suelo con un gran estruendo —te sería más fácil sí me convirtiese, vampiro de pacotilla.

— No pienso pelear contigo, Black. No he venido a eso.

— ¿Y por qué no?, acaso con eso crees que eres más noble que yo, más apto para su amor, sé lo que piensas sin tener tu don. Volverás y cuando te canses la dejarás peor que antes.

Arremetió de nuevo contra mí y me aparté en el momento preciso, Jacob chocó contra otra de las estanterías volcándola.

— No pienso herirla sí es lo que te preocupa.

— Hay heridas que no sangran —se acercó a mí y me preparé para detener su próximo ataque— hay cortes que nunca se cierran y tú la marcaste a fuego y ahora te crees con derecho a invadir su espacio, no puedes saber cuántas veces quise tenerte frente a mí. Ahora estamos muy lejos del tratado, así que dame esa satisfacción y pelea.

— No es esta la batalla que pienso librar y seas lo que seas de ella no pienso desistir en mi avance —acaso Bella era su novia, no podía creerlo, no quería, en mi mente la sola idea de que ella pudiese reemplazarme era mi más dolorosa pesadilla.

— Para obtener qué: su perdón, su alma, su sangre…, que quieres de ella que no tuvieses hace seis años.

— Sólo a ella —sus ojos soltaron chispas mientras arremetía contra mí, sus temblores eran fuertes pero parecía tener bajo control sus instintos.

Me golpeó en el estómago y le di un empujón que le mandó al otro extremo de la sala cayendo sobre una de las mesas y rompiéndola. Tendría que donar una buena cantidad de dinero para arreglar el destrozo que estábamos haciendo allí.

— ¡Bien! —señaló con satisfacción sacudiéndose los pantalones cortos, acaso no se daba cuenta de que estábamos en Alaska y no podía ir por allí así vestido sin llamar la atención— sé que puedes hacerlo mejor Eddie, dame un motivo para matarte, para acabar con esto definitivamente.

— Eres un estúpido si piensas que voy a caer en tu burda trampa.

— ¿Quién es más estúpido, yo por querer defenderla o tú por pensar que puede llegar a perdonarte? Tú tiempo se acabó hace mucho.

— ¿Qué eres su portavoz? —señalé con sorna pero sus palabras se repetían en mi cabeza, no había previsto la posibilidad de que ella pudiese decidir no perdonarme, había pensado que su rechazo del día anterior se debía a la impresión de verme pero no a su deseo de alejarme de su vida.

— Soy quien la sostuvo mientras tú jugabas con alguna muñeca nueva, dime, ¿cuántas han pasado por tu cama?, ¿a cuántas les juraste amor eterno para dejarlas al poco tiempo?, ¿cuántos corazones has roto jugando al conquistador?, no eres un caballero aunque te lo creas, aunque lo quieras aparentar con tus refinados modales —un nuevo ataque y mi paciencia llegó al límite, le cogí por la camiseta y le golpeé contra la pared más próxima.

— No te daré explicaciones que no te corresponden.

— Espero que a mí sí —me volví para encontrarme con Bella que nos observaba desde el vano de la puerta, completamente furiosa ante el destrozo que habíamos organizado.


Cuando Leslie dejó de atormentarme con sus preguntas, me apresuré a llegar a la biblioteca, había perdido mucho tiempo con el señor Grant pero no pude avanzar ni dos pasos cuando el profesor Williams me interceptó.

— Me alegro tanto de verla, el señor Grant ha elogiado su trabajo, tiene que estar contenta.

— Llevo poco tiempo por aquí, profesor. Apenas unas semanas.

— No pude evitar preguntar por mi alumna favorita —su sonrisa era extraña, hacía que mi cuerpo se pusiese en tensión ante ella— me encantaría que el tiempo se hubiese detenido en el año pasado cuando acudía a mis clases.

Me hacía sentir incómoda sus palabras pero no quería desairarle y sonreí.

— El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible…—empecé a decir pero él siguió la frase.

— Incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un cardenal —estaba impresionada, como podía acordarse con tal claridad de otro de mis muchos trabajos de la universidad.

— Tiene una memoria excelente profesor —añadí rompiendo el incómodo silencio.

— Siempre —dijo y luego añadió para sí mismo—, para todo lo que te concierne a ti —murmuró pero pude oírlo, empezaba a asustarme, respiré hondo intentando simular que no le había oído, miré mi reloj y fingí resignación.

— El tiempo de nuevo, debo marcharme profesor.

— Peter —se acercó y me susurró en un tono que pretendía ser cautivador—, no pongas tanta distancia entre nosotros Isabella, la vida hay que vivirla con intensidad, como sí no hubiese mañana, como sí el mundo estuviese a un segundo de desaparecer.

— Hermosa reflexión, ahora sí, se me hace tarde, hasta luego.

Apresuré mi paso, pero no sentí que él me siguiese. Tenía la respiración agitada y mi corazón era como un caballo desbocado en mi pecho.

.

Cuando llegué a la biblioteca olvidé por completo al profesor Williams, no podía creerme la escena que tenía ante mí, no había un solo libro en su sitio, una de las mesas estaba completamente inservible, varias estanterías estaban en el suelo pero lo que más me impacto fue ver a Edward sosteniendo a Jacob contra la pared, podía sentir su rabia desde la puerta, nos salía de mi asombro cuando sus palabras me enfurecieron.

Así que no pensaba dar explicaciones, pero sólo habían destrozado por completo mi lugar de trabajo.

— Espero que a mí sí —apunté mientras sorteaba los pedazos de la mesa y entraba en la sala de estudio, aunque ahora se podría hacer de todo menos estudiar allí.

Edward se apresuró a soltar a Jake, los dos me miraban como sí les hubiese pillado en una travesura, acaso no eran conscientes de sus propias habilidades, de su fuerza, mi enfado crecía a cada paso que daba hacia ellos y Jacob empezó a sentirse avergonzado por su actitud.

— No puedo creer lo que habéis hecho, tan poco os importa mi trabajo, como voy a explicar esto al decano mañana.

— Yo me ocuparé de ello —su voz, la había anhelado tantas veces, me volví hacía él, no podía mirarle sin que mis propios deseos jugasen con mis decisiones, sin que mi amor por él me hiciese plantearme sí hacía bien o no en querer alejarle de mí. Cada vez me resultaba más complicada esta situación.

— Nos vamos —me pidió Jacob, acercándose a mí— sí él se ocupa.

— Hablaremos de esto en casa, pero yo me quedo a recoger.

— ¡No! —gritó Jake cogiéndome por el brazo, no pude evitar mirarle airada por su comportamiento, por el rabillo del ojo vi como Edward hacía un esfuerzo enorme por no intervenir. Mi mirada hizo que mi amigo me soltase y murmurase un lo siento, tan sólo asentí a sus palabras.

— Bien, ahora os pido que os marchéis, los dos —Jake sabía que no aceptaría un no por respuesta a mi petición pero el rostro de Edward mostraba decisión, no me lo iba a poner fácil y yo sólo quería que todo aquello acabase de una vez.

— Déjame explicarte, no sólo esto sino todo.

— Acaso no entiendes una negativa —Jacob se puso frente a mí, empezando a temblar y me apresuré a intervenir.

— Jake, acabaré con esto hoy mismo, ¿puedes esperarme fuera? —sí no me hubiese mirado con tanto dolor mi decisión no había flaqueado, pero lo hice, dudé y a mi amigo no le pasó desapercibido.

— No, sí quiere hablar lo hará delante de mí.

Edward cruzó los brazos sobre su pecho, estaba segura de que nada de lo que pudiera decir haría que él cambiase de opinión, provocando un nuevo desastre, no se iba a marchar le conocía bien, así que de nuevo se lo pedí a mi amigo y al final accedió.

— Bella —cuando Jacob se marchó se acercó a mí despacio, en un intento por evitar que yo me asustase, pero lo único que me aterraba eran mis propias emociones. Sería tan fácil entregarme en cuerpo y alma de nuevo.

— Tienes dos minutos —él se quedó parado, atónito ante mi frialdad pero eso era lo único que recibiría de mí.

— Todo lo que te dije aquella noche fue por tu bien, mi mundo es demasiado peligroso para ti, no podía seguir exponiéndote, sólo pensar que podía perderte a manos de otros James y mi corazón moría de nuevo.

Estaba callada, calculando su tiempo, intentando volverme impermeable a sus palabras.

— Te mentí, te conozco tan bien, sabía que no podía alejarme de ti sí tú no lo aceptabas y lo hiciste con tanta convicción. Como sí nunca hubieses dudado de que acabara en algún momento. Creíste con tanta facilidad la mentira a pesar de todas las veces que te dije que te amaba —no le contesté mi único interés era que aquellas palabras terminasen y él se fuese de una vez por todas.

— Te amo tanto, Bella, no podría describir cuánto te he echado de menos, ni cuántas noches he pasado en tu recuerdo. Cada segundo de mi tiempo he luchado contra mi mismo, contra mi deseo de volver a ti, de tenerte cerca. Y ahora entiendo que sin ti nada tiene sentido.

— ¡Tiempo! —se quedó paralizado y agaché mi cabeza para que no pudiese ver lo mucho que me habían afectado sus palabras— ya te escuché, ahora puedes irte.

— No me crees —era su rostro el que reflejaba más incredulidad de la que yo tenía en ese momento.

— ¿Por qué habría de hacerlo? Te fue tan fácil ilusionarme, dármelo todo para después arrebatármelo alejándote de mí. Sin ti mi mundo es mucho más sencillo.

— No ha sido fácil —se acercó a mí, sólo unos milímetros nos separaba y yo me quedé en mi sitio desafiante— te aseguro que he estado en el mismo infierno sin ti, en la noche más oscura.

Su fría mano se posó sobre mi mejilla, aquella corriente eléctrica volvió a recorrerme y dí un respingo hacía atrás. Sus dorados ojos me atraparon, podría pasarme ahí toda la noche y no me cansaría de mirarle.

— No soy la misma y mi pasado pesa sobre mí como una losa, no tengo nada para darte y no creo que tú entiendas en quien me he convertido.

— No hay nada que pueda alejarme de ti de nuevo.

— El problema es que no hay nada que me mantenga a tu lado, esta vez soy yo la que te pido que te marches, que no intervengas en mi vida.

Me sujetó por la cintura y no me resistí, sí no entendía mi decisión entonces yo misma le daría un motivo para odiarme.

Su cara estaba cerca de la mía y sus ojos no se despegaban de mis labios, sabía sus intenciones y debía impedirlo de cualquier manera.

— ¿Por qué tus labios contradicen lo que tus ojos me insinúan?

— Suéltame Edward —intenté parecer contrariada con su cercanía pero mi fuerza empezaba a disminuir.

— Se que debería hacerte caso, que no puedo pedirte nada, que no merezco tu perdón pero voy a hacer lo posible por recuperarte. Te aseguro que te demostraré que merezco una segunda oportunidad.

— No me lo hagas más difícil.

— Mi decisión es inamovible.

Subió su mano hacía mi rostro, me pasó un dedo por mis labios que se entreabrieron contra mi voluntad, debía hacer algo rápido y mi mente me dio la respuesta.

— Estuve con Mike Newton cuando te fuiste.


Nuevo capítulo y espero que me disculpéis pero seguramente no abra otro hasta el viernes, los exámenes me reclaman y los jueves son mi peor día.

Gracias a los que habéis leído el capítulo anterior. De nuevo Chiarat tu mensaje me alegro la tarde y afianzó mi motivación para seguir esta historia, espero que este capítulo te guste y espero tu comentario. Issa gracias por tu opinión, no quiero crear personajes planos ni que absorban la trama sino que interactúen en ella.

En cuanto a tu comentario Rosh, estoy de acuerdo en que es un poco extremo enloquecer por amor pero como siempre aún nos quedan trozos del pasado de Bella que creo que explicarán lo que la llevo a ese estado, pero eso será más adelante.

Y de nuevo pediros vuestros comentarios, críticas y demás que me hagan caer en algo que no me haya dado cuenta o lo tenga en mi mente pero no lo haya explicado (de nuevo siento este comentario tan largo). Besos.