Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Mi inpiración a las canciones de Malú: "Que esperabas" para Bella y de Pablo Alborán: "Desencuentro" para Edward.
Capítulo 11. Un nuevo desencuentro.
Mala elección mi querida Bella, nadie podrá salvarte de mí, te tendré porque yo lo he decidido. Pensó mientras se acercaba a la papelera y recogía las rosas que le había regalado con todo sus anhelos entre los negros pétalos.
Llegué temprano a la biblioteca y cuando me disponía a sacar las llaves de mi bolso miré hacía el suelo, me agaché para recoger las flores que había allí pero lo que no podía esperar era el color de las mismas, eran rosas negras, ¿quién podía regalar algo tan macabro?, me giré para ver si alguien me observaba pero no había nadie a mi alrededor, llevaban una nota "Serás mía", no reconocí la letra y, por supuesto, de lo único que estaba segura era que Edward no me las había regalado, no tendría tan mal gusto. Me acerqué a la papelera y las tiré, intentando no pensar en quién podría tener una idea tan horrible como esa.
Estuve todo el día con la extraña sensación de que me observaban a pesar de que ninguno de los Cullen apareció por allí, estaba en un estado de alerta permanente y cuando Leslie entró en mi despacho sin llamar no pude evitar soltar un pequeño grito. Debía serenarme así que salí pronto de trabajar y fui al centro comercial para distraerme.
De nuevo me sentía acechada, como sí cada uno de mis movimientos fuese fotografiado por alguien, pagué la compra en el supermercado y cuando salía con rapidez para volver al apartamento y contarles a Seth y Jacob lo que estaba pasando, alguien me llamó. Me volví hacía la voz sin muchas intenciones de hablar con nadie y me encontré frente a frente con Daniel.
— Déjame que te ayude —me dijo y sin darme tiempo a negarme cogió las pesadas bolsas.
— No sabía que vivías por aquí —esa mirada, había algo extraño en él, acaso podía ser el de las rosas, no parecía la clase de persona que se dedica a cosas tan absurdas pero apenas le conocía.
— No, pero sólo hay este centro comercial y bueno, también me alimento —señaló su propia bolsa pero apenas llevaba un par de cosas.
Me parecía extraño que se desplazase hasta allí cuando podría comprar en cualquier otro supermercado. ¿Acaso me había seguido?, ¿había mandado él las flores?, pero ¿por qué? Pensé mientras me acompañaba hasta mi coche.
No dejó que yo las metiese en el maletero, me hubiese parecido un buen gesto sí no fuera porque algo en él seguía sin gustarme, tenía una amplia sonrisa cuando se volvió hacía mí.
—¡Et voilà!, ya lo tienes pero esto se merece una compensación por tu parte.
Levanté una ceja ante su expresión, ahora me daba cuenta que tenía cierto acento francés del que no me había percatado, sus ojos grises me taladraron.
— Quizás en otro momento, pero sí no vuelvo pronto a casa mis amigos saquearán mi maltrecha despensa —afirmé intentando sonar graciosa cosa que no conseguí, pero el misterioso gesto que apareció en el rostro de Daniel no me gustó, parecía disgustado por el hecho de que hubiese gente conmigo.
Me despedí y mientras mi Volvo hacía el esfuerzo de arrancar dado que tenía muchos kilómetros, intenté sacudirme la sensación de que Daniel era quien me acosaba, esperaba que esto acabase pronto, que la persona que me perseguía se cansase de hacerlo.
La majestuosa casa de los Denali apareció ante mis ojos, bajé de mi fabuloso coche y me coloqué bien mi preciosa chaqueta azul que había escogido porque realzaba mi belleza. Siempre había pensado que el estilo de vida de nuestros primos era mejor que el nuestro, tampoco se alimentaban de seres humanos pero por lo menos no debían marcharse de su hogar cada cierto tiempo porque vivían lo suficientemente alejados de los humanos, estaba cansada de tanto viaje, nuevas adaptaciones, volver a empezar el instituto. Por todo ello, esta vez había decidido no matricularme en nada, tenía más carreras de las que usaría nunca y empezaba a ser tedioso todo el proceso.
Había intentado convencer a Emmett para que pasásemos una temporada con nuestros parientes pero él se negaba a dejar a la familia, en mi caso, no es que quisiese abandonar a los Cullen, siempre serían mis padres y mis hermanos pero necesitaba un cambio, algo más ya que no podía cumplir con mi deseo de ser madre.
— Me alegra tanto que hayas venido —señaló Tanya mientras me abrazaba, en aquellos años que llevábamos en Alaska nuestra relación se había estrechado. Fuimos hasta la amplia sala de estar decorada en tonos morados, toda la gama de ese color estaba presente en la estancia.
— Tenía que salir de esa casa, van a volverme loca, tanto Bella para acá Bella para allá —Tanya no me entendió y no pude evitar sonreírle ante su expresión.
— ¿Qué pasa con ella? —preguntó sentándose a mi lado.
— Esta aquí y Edward se pasa los días buscándola y las noches mirando hacía su ventana, está obsesionado —mi prima se levantó del sofá morado y se dirigió hacia la ventana, sí bien no amaba a Edward sus deseos de tener una persona a su lado a veces nublaban su raciocinio.
— No me dirás que no le va a perdonar —en sus ojos se reflejó cierto ansia, como sí esperase que no ocurriera.
— Sí lo hiciera sería una estúpida, si Emmett actuase igual que Edward y luego regresase te aseguro que no habría nada que pudiera hacer para que volviese a su lado. No entiendo por qué Edward se empeña en seguir buscándola.
— Nunca será mío —señaló con resignación y desánimo.
Entonces se me ocurrió un plan que podía funcionar, Edward necesitaba algo que le distrajese y le hiciese olvidar a Bella, ella había decidido no perdonarle entonces tendría que aceptar las consecuencias de su desplante.
— Y sí hacemos algo para cambiar eso —Tanya se volvió hacía mí y sonrió como si estuviese pensando lo mismo que yo.
Octubre casi había volado entre mis dedos, mi rutina era simplemente eso rutina sólo interrumpida con las constantes visitas de Edward, nada le detenía y poco a poco mi corazón se iba recuperando, como si despertase de su letargo, como sí el hielo fuese desapareciendo. Eso me asustaba y había empezado a pensar en la manera de alejarle de mi vida para siempre y sólo se me ocurría una, desilusionarle, era lo mejor para él y para mí.
Sólo había una cosa que me preocupaba a parte de la manera de conseguir que Edward dejase de buscarme, recibía flores, cada mañana aparecían delante de la puerta de la biblioteca pero el problema eran las notas que contenían, eran cada vez más macabras "o me aceptas o mueres" era lo más suave que pude encontrar, había decidido guardarlas porque, sin lugar a dudas, estaba siendo acosada. Jake se paseaba nervioso cada noche mientras le relataba la nueva nota que había recibido, estaba seguro de que eran de Edward pero por más que yo se lo negaba él no parecía escucharme.
Jacob había encontrado un trabajo en un vivero y Seth acudía como oyente a algunas clases en la Universidad por las mañanas pero les había pedido que no estuviesen por el Campus por las tardes para evitar que se encontrasen con Edward y este acabase enterándose de mi "admirador", no quería que interviniese, era mi problema y Edward estaba fuera de mi vida. Me lo repetía tantas veces que hasta había llegado a creérmelo.
Otras veces, deseaba tanto poder contarle lo que estaba pasando, que él me abrazase y me asegurase que todo iba a estar bien. Llamar a Alice y poder desahogarme, pero no sabía cómo mirarla a la cara después de lo que le había dicho, de como la había tratado, sabía que ella simplemente había cumplido con la voluntad de su hermano pero me dolía tenerla tan cerca y no poder contar con mi amiga.
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Era viernes y, para mi sorpresa, las flores no aparecieron, respiré aliviada pensando que quizás ya se habrían cansado del juego y yo podría continuar con mi vida sin mirar siempre a los lados. Por primera vez me sentía tranquila, segura de que mi acosador había desistido de su actitud.
Aún así debía comprobar que me equivocaba con Daniel, que no era él el inductor de este tétrico entretenimiento, así que el sábado vestida con unos vaqueros y un jersey de cuello vuelto salí de casa no sin antes recibir una severa mirada de Jacob, no quería que me expusiese a ningún peligro pero no podía permanecer todo el día encerrada allí y no quería compartir con nadie mi lugar de evasión.
Para mí sorpresa la cafetería estaba prácticamente vacía, me acerqué al mostrador donde Daniel devoraba el último libro de Harry Potter, no entendía nada la mente de aquel joven.
— Es la sexta vez que le leo, ¿no sería estupendo un mundo con magia?
— Seríamos simples muggles —yo también les había leído, hacía tiempo que evitaba cualquier libro romántico o que pudiera tener algo que me recordase a Edward.
— Exacto —afirmó mientras preparaba mi capuchino— y dime ma cheriè, otra tarde de sábado entre libros.
— Eso parece, ¿puedo hacerte una pregunta? —puso frente a mí la taza de porcelana y sonrió.
— Por supuesto, ya era hora que tuviésemos una conversación —en su rostro había diversión y yo no podía controlar mi rubor, no era buena detective estaba claro, pero necesitaba saber lo que él ocultaba.
— ¿Cuál es tu lado oscuro?
En sus ojos se reflejó la melancolía y supe que añoraba algo que había perdido, mi pregunta había sido demasiado concisa, debería haberla planteado de otro modo para que él no se sintiese incómodo pero, a pesar de todo, me sonrió.
— Contestar a esa pregunta tiene un precio, deberás contarme el tuyo.
Era justo y mi interés crecía a cada momento, así que asentí aunque sólo le contaría aquello que me hiciese menos daño recordar.
— Tienes ante ti al mayor crápula que puedas encontrar —se sentó a mi lado en uno de los pocos taburetes que tenía la barra—. Hace ya dos años y nueve meses cometí el peor error de mi vida, yo era un mujeriego, no quiere esto decir que ahora no lo sea pero aprendí la lección. Junto a mí tenía a la mejor mujer que nunca encontraré, Keira es… no sé como describírtela —afirmó con devoción—, aún la amo pero nunca podremos estar juntos.
— ¿Qué hiciste? —pregunté al ver que se detenía.
— Yo no era un buen novio, vivíamos juntos pero me empeñaba en hacer mi propia vida, salía con mis amigos durante todo el fin de semana sin importarme sí era viernes o domingo, quedaba con ella y aparecía dos horas más tarde o no llegaba. En las reuniones familiares la abochornaba emborrachándome. La ignoraba pero ella no decía absolutamente nada, nunca me reprochó mi comportamiento.
— No puedo creer que actuases así.
— Espera que aún falta mi momento de gloria —el sarcasmo era evidente en sus palabras— el día de su cumpleaños Keira organizó una fiesta para todos nuestros familiares y amigos, llegué tarde y medio borracho, flirteé con cada mujer que había en la fiesta y seguí bebiendo. A la mañana siguiente me desperté en la cama de la mejor amiga de Keira. Ella aseguró que nos habíamos acostado y yo no tenía forma de comprobar si era o no cierto.
El silencio se instaló entre nosotros, el dolor que reflejaban los ojos de Daniel hacía que le comprendiese pero, a pesar de todo, nunca podría entender por qué alguien se comporta de esa manera con la persona que ama.
— Casi podría jurar que no hice nada pero el problema es que no lo recuerdo, no creo que bebiese hasta ese punto, nunca lo he hecho. Cuando llegué a casa Keira se había marchado, unos meses después me enteré que estaba embarazada, iba a decírmelo la noche en que lo arruiné todo, y aunque intenté buscarla ella no quiso saber nada de mí. Así que tengo una hija a la que no puedo ver.
— Es normal, pero ella debería haber oído tus explicaciones.
— Y tú ¿cuándo me escucharás a mí? —aquella voz, no podía creer que Edward estuviese detrás de mí pero ahí estaba.
Se negaba a entender mis motivos, a darle un poco de veracidad a lo que le decía pero hay estaba, hablando con un completo desconocido que la miraba fascinado y entendiéndolo. No pude soportarlo más y me levanté, durante los últimos días me había dedicado a seguirla, a conocer todo lo que hacía y en los únicos momentos en que se comportaba como realmente era y dejaba de lado la frialdad que exhibía, era cuando estaba en aquella cafetería y hablaba con ese tal Daniel sobre libros. Pero esa tarde la conversación era demasiado personal y no había podido evitar los celos de verla tan relajada con otro que no fuese yo.
Me miró impresionada, Alice era la culpable, iba vestido totalmente distinto de mi manera habitual y los altos sillones de aquel lugar me habían proporcionado poder estar cerca de Bella sin que ella me viese.
— Creo que me merezco tu atención —se levantó del taburete, la había pillado desprevenida y al fin veía emoción en sus ojos y no hielo.
— Estamos hablando Edward —señaló casi sin aliento.
— Conmigo te niegas y sin embargo, con él no paras de conversar. Sal fuera.
— No permitiré que la hables así —se puso delante de ella como sí pudiese protegerla, "lárgate" pensó mientras me miraba desafiante.
— Hoy no tengo paciencia para esto. ¡Bella! —sabía que no se negaría y, a pesar de sus recelos, recogió su chaqueta y asintió pero casi podía imaginarme como en su mente se formaba una nueva mentira, pero esta vez no la creería.
Cuando traspasamos el umbral se quedó parada, no pensaba moverse, estaba seguro por su expresión.
— Edward, he intentado hacerte comprender que esto no tiene sentido, día tras día discutimos lo mismo, ya basta.
— El problema es que no quieres entender lo que te digo —me acerqué a ella, el deseo de llevármela lejos de allí y asegurarle una y otra vez que la amaba cada vez era más fuerte, no soportaba la distancia que mantenía conmigo.
— Lo nuestro ya es pasado —parecía agotada, era mi momento de llegar a su corazón.
— Soy tú más acuciante presente —la tomé por la barbilla para que no pudiera dejar de mirarme—. Te amo Bella, no voy a abandonarte, esta vez no.
— ¿Estás seguro de eso? —una solitaria lágrima corrió por su mejilla. Había soñado tanto tenerla así, sin su coraza, sin el hielo que la cubría, había expresión en sus ojos aunque su dolor me abrumaba.
— Por supuesto.
Negó con la cabeza apartándose de mí, buscaba la manera de decir algo, otra mentira quizás pero no estaba preparado para su confesión.
— Edward, no quieres entenderlo y me obligas a ser aun más dura contigo. He estado con otros, con muchos realmente, a algunos les he usado como pañuelos de papel porque era lo que me apetecía —su tono se volvía cada vez más firme despidiendo una seguridad aplastante— y sí hoy me dejase llevar es lo que haría contigo. No hay amor en mí, espero que lo entiendas de una vez.
Este capítulo me ha llevado más tiempo del esperado, no sé sí mi musa estaba haciendo tortilla de patatas o simplemente mi catarro no me dejaba concentrarme, pero espero que os guste.
Gracias a las personas nuevas que han empezado a comentar: Emina, Soledad, Luna y Sofylm, sólo aclarar que no uso carteles porque considero que te sacan de la historia de una patada pero intentaré ser más descriptiva para que no queden dudas de quien habla.
Gracias a mis queridas Chiarat y Rosh como siempre esperaré con ansiedad vuestros comentarios. Eddie, Bella no es paranoica pero a veces todos dudamos de lo que percibimos de los demás. Maleja has dado en el blanco, casi temía que nadie hubiese caído en la cuenta de la última frase del capítulo. Y Adri, espero que sigas comentando, en cuanto al final es un misterio incluso para mí, cada paso que doy en la historia me lleva más lejos del final que pensé que tendría.
Se van acercando las explicaciones, espero vuestros comentarios y críticas, lo que considereís como siempre. Besos.
