Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Julieta: ¡Dulce hierro, descansa en mi corazón mientras yo muero! Romeo y Julieta, William Shakespeare.

Capítulo 12. Adiós, amor.

Se acabó Edward, hoy dejarás de amarme pensé mientras salíamos de la cafetería, no podía soportar el nudo en mi garganta mientras me enfrentaba a mi propia decisión, tenerle tan cerca diciéndome que me amaba, mi mundo se hundía debajo de mis pies, pero estaba claro, debía acabar con todo y sí eso pasaba por matar su confianza lo haría aunque mi corazón se desgárrese de nuevo.

— No es verdad, esa no eres tú.

— ¿Cómo puedes saber quién soy?, ni yo misma sé en qué me convertí sin ti, jugué con cada uno de ellos, incluso con Jacob, les atraje, les usé, me reí con cada sentimiento que decían tener por mí y perdí mi alma con cada día que pasaba.

— Me niego a creer tus palabras.

— Mírame, no te guardé luto Edward, no sufrí por ti más de una semana y me parece un tiempo demasiado largo. No te amo porque no lo mereces, no te quiero en mi vida porque está bien organizada y metódica. Perdiste y ahora no hay nada que puedas recuperar.

— Háblame con la verdad —empezaba a creérselo, lo veía en sus ojos, me miraba como sí no me conociese.

— No hay nada más que puedo decirte, a veces dudo de sí te quise de verdad o sólo me dejé deslumbrar por tu perfección —una mueca de dolor apareció en su rostro, estaba a un paso de rematar mi mentira, de conseguir mi objetivo.

Refrené el impulso de negarle todo, de correr a sus brazos y pedirle perdón por el daño que le hacía pero me mantuve estática en mi lugar, mientras él ordenaba sus ideas y me miraba como a una desconocida.

Se acercó a mí pero en sus ojos ya no había calor sólo ira, apretaba sus puños a los costados de su cuerpo, sentía su tensión como si fuera parte de la mía.

— Niégalo sólo una vez.

— Me revolqué con todo aquel que me prestó un poco de atención.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Bella? —se lo creía al fin y mi corazón se detuvo, sabía que a partir de este momento no volvería a latir porque acababa de pisotearlo frente a él.

— Tu Bella ya no existe, he intentado evitarte todo esto pero no me has dejado.

— ¿Cómo has podido hacer lo que dices? —de nuevo parecía que dudaba.

— Te crees con derecho a criticarme, hazlo, no me importa. Quise ser noble contigo pero tú decidiste continuar con esto, te pedí que no siguieses buscándome y lo hiciste. Tú mismo has encontrado tus respuestas.

Se alejó de mí como sí le diese asco, había logrado mi objetivo y mi alma estaba a un paso de abandonarme.

— Te dejaré tranquila. Espero que Daniel cumpla tus expectativas —tras esto se alejó, esta vez sí pude mirarle mientras lo hacías, hasta que giró en la esquina y desapareció.

Me costó un esfuerzo sobrehumano aguantar los sollozos hasta que pasó el tiempo que creía suficiente para que él estuviese lejos y me desplomé sobre la calzada mientras me aferraba el brazo izquierdo contra mi pecho y el dolor se hacía insoportable.

No sé en qué momento Daniel salió de la cafetería y me recogió del suelo, no podía ver entre el torrente de lágrimas que salían de mis ojos, me dejé llevar hasta el interior mientras mi mundo se derrumbaba a mi alrededor. Sollocé sentada en mi sillón beige mientras Daniel me daba un pañuelo tras otro sin saber que decir para calmarme.

— Y ahora, ¿me cuentas la verdad? —me pidió cuando comprobó que ya no lloraría más, no podía.

— No hay nada que explicar, era necesario.

— Sólo acabas de destrozar a una persona que te ama, pero nada importante. Y todo con mentiras.

— Daniel, yo… —mi voz estaba rasposa.

— A mí no puedes engañarme, soy psicólogo, llevo observándote todos estos días. No eres una femme fatale, y es increíble que él lo haya creído, tiene parte de culpa.

— Es difícil de entender.

— Siempre hay una manera y te vendrá bien.

Y se lo conté porque necesitaba hablar con alguien ajeno a todo, él no era mi amigo pero tampoco un desconocido, era una persona que había aparecido en mi mundo y que me tendía una mano sin pedirme nada. Desnudé mi alma frente a él, le conté la intensidad de nuestro amor, nuestra separación, el reencuentro y por último, mi plan para que él no siguiese persiguiéndome. Cuando acabé me di cuenta que lo que había hecho esa noche no tenía vuelta atrás, Edward no volvería y esta vez era por mi voluntad y no por la suya.

— Y ¿sí mañana decides perdonarle?

— Él nunca sabrá la verdad y sí llegase a enterarse de algo lo negaría todo, soy convincente, durante estos años he aprendido a mentir —corroboré con pena.

— Sí Keira me hubiese escuchado ahora podríamos estar juntos, estoy convencido de que su amiguita me tendió una trampa, nunca le gusté. Soy lo que soy pero nunca le fui infiel, así que estoy seguro de que me jugaron sucio. Tú te estás negando la felicidad sin pensar que tu futuro cada vez se te va a complicar más, serás infeliz. ¿Merece la pena por un orgullo mal entendido?, sólo tú sabes la respuesta.


Sí me quedaba haría una locura, todo estaba perdido, mis deseos eran agua pasada y mi monstruo clamaba por una satisfacción, quería sangre, calmar su furia, pero mi razón me impedía complacer ese anhelo y me dirigí hacía la consulta donde trabajaba Carlisle, sí alguien podía sujetarme ese era mi padre.

No le pasó desapercibido mi estado en cuanto pude pasar a su consulta

— Se acabó todo, Bella ya no existe —mi padre se levantó y se puso frente a mí sin entender mis palabras.

— ¿Qué ha pasado Edward? —preguntó sin un mínimo rastro de duda, como sí yo no fuese capaz de cometer ningún error, me sobrevaloraba, pero su fe en mí era la que me sujetaba en mis momentos de debilidad.

— Desapareció, la persona que está aquí no es ni el reflejo de la que yo amé —mi padre me abrazó pero no había consuelo posible, había fallado, la había abandonado y tenía toda la culpa de que ella hubiese perdido su esencia.

— Puede ser que te esté mintiendo.

— No lo creo, ella nunca supo engañar, Jasper tenía razón, no hay sentimientos en ella, nada a lo que aferrarse —no podía evitar sentirme herido y traicionado a pesar de haber sido yo el culpable, sólo quería que viviese una vida normal y la había convertido en algo que no podía describir.

— Esta dolida Edward, ha tenido que soportar tu marcha y vi lo mucho que te amaba, dale un poco crédito, tiempo para reflexionar y quizás ella venga a ti.

— Estoy tan confuso que no sé sí siento dolor o remordimientos, nunca quise que esto fuese así. Que ella se perdiese de esta manera, que entregase sus favores…

— Te entiendo hijo, ahora necesitas pensar, analizar la situación pero deberías tomarte unas días lejos de aquí. Además Tanya va a pasar unos días con nosotros así que sí decides marcharte lo entenderé.

— Esta vez no, ahora ya comprendo la postura de Bella y debo asumir las consecuencias de mis decisiones. No volveré a buscarla y sí había algo entre nosotros hoy se acabó.


Llovía con intensidad y yo estaba bajo la lluvia, las flores habían desaparecido al fin y Edward con ellas junto a mí misma, volvía a ser únicamente una carcasa vacía, un cuerpo autómata que se negaba a sentir nada, intentando proteger mi mente pero el abismo era tan tentador.

Los Cullen habían desaparecido de mi vida y no sabía como asimilarlo. Miré alrededor, me había perdido, no reconocía las casas ni las calles, me había alejado demasiado pero no me importó. Estaba arrepentida, sí hubiese podido creer en él, aunque fuese un poco. Mi mente me recriminó la debilidad de mi corazón, esa mañana Leslie me había dicho algo que había confirmado mis sospechas de que Edward sólo me buscaba para entretenerse.

No te lo vas a creer, yo aún estoy alucinando —irrumpió en mi despacho como un torbellino.

Tengo mucho trabajo.

Lo sé, lo sé, pero esto te interesa —llevaba una blusa naranja con la que podía verla el ombligo sí se inclinaba hacía delante, entorné los ojos, ¿por que se vestía así? pensé mientras esperaba su novedad— estaba observando a Jasper, es una pena que siga con esa…, bueno, ya me entiendes, es que es un dios griego —le acababa de subir de categoría en un segundo, sí ella supiese lo que eran realmente— me tiene loca por sus huesos, pero siempre que intento acercarme a él sale huyendo, es tan galante —suspiró y yo me volví hacía la pantalla del ordenador.

Leslie, sabes que Jasper no está disponible y ahora debo seguir.

Espera, he visto también a Edward, sí este chico que tanto te ha buscado, casi pensé que era un acosador y, de repente, desaparece. Estaba yo deleitándome con Jasper, cuando ¿qué crees?, veo a tu amigo con una rubia despampanante y muy acaramelados.

¿Qué? —no podía creérmelo.

Quizás exageré pero la sujetaba por la cintura y ella le miraba melosa, hacen una pareja preciosa, porque como vosotros no tenéis nada, sino también serías la pareja perfecta, pero bueno no tenéis nada. Tienes que darme unas pautas, quiero conseguir a Jasper para mí, para mí, por favor.

Puedes dejarme sola.

Leslie salió y la oscuridad me había absorbido de nuevo, yo le había empujado a otros brazos pero no por eso era más soportable el dolor.

A pesar de todo, lo entendía y no podía juzgarle. ¿Cómo podía pretender que él siguiese amándome? pensé mientras se mojaban hasta mis huesos, estaba completamente empapada pero seguí caminando sin que me importase nada. Entonces algo traspasó mi estupor, me seguían, me acechaban, de nuevo estaba en peligro.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que había bajado la guardia, alguien se acercaba a mí pero no me adelantaba, aceleré el paso y la persona que me seguía también empezó a ir más deprisa, el frío se colaba en mis pulmones impidiéndome respirar bien, no tenía que ponerme nerviosa pero no podía evitarlo.

Empecé a correr y doblé en la siguiente esquina pero los pasos seguían detrás, quien fuera se estaba impacientando por alcanzarme, sí se me ocurría pararme me expondría pero frente a mí tenía un paso de peatones con el semáforo cerrado y los coches pasando a gran velocidad, me detuve jadeando y una figura oscura se paró a mi lado.

— No sirve de nada —murmuró y no pude evitar dar un respingo, no reconocí esa voz, a pesar de todo no me sujetaba aunque yo estaba paralizada.

El semáforo se abrió pero mi acosador mantenía mi paso.

— Ha llegado el momento, no sabes cuánto lo he esperado.

Entonces frente a mí vi mi vía de escape y eché a correr rezando por no caerme, "ahora no, ahora no, ahora no" repetía mi mente una y otra vez y antes de que él pudiese agarrarme empujé la puerta de un extraño bar, entré y la cerré a mi espalda apoyándome en ella.

Mi refugió era un lugar donde nunca entraría por voluntad propia, miré a mi alrededor, el obeso y desdentado camarero me fulminaba con la mirada, el bar olía a sudor, en el suelo se amontonaban papeles, palillos y cáscaras de pipas como sí no hubiesen barrido en semanas pero mi cabeza sólo podía pensar en sí era o no seguro salir a la calle, podía estar esperando. Una sensación de ahogó se apoderó de mí.

— Le pongo algo o se marcha —me dijo con rudeza el camarero, estaba claro que no iba a obtener ayuda de su parte, y le pedí una botella de agua sólo para que dejase de mirarme. El vaso que me dio estaba lleno de manchas blancas así que cogí la botella y metí la mano en el bolso buscando mi monedero.

Mi mente era un auténtico caos, tenía miedo de salir y por otro lado, no sabía a quien acudir, no había guardado los números de teléfono de los Cullen en mi móvil y Seth y Jacob habían ido al parque natural de Denali, estaban a kilómetros de mí. Edward pensé como sí el simple echo de nombrarle pudiera servir para que él apareciese frente a mí.

Me disponía a salir y enfrentarme a mi destino cuando la puerta del bar se abrió con prisa, quizás mi acosador se había cansado de esperar pero no, frente a mí apareció la última persona que me hubiese imaginado que pudiese ver por aquella zona.

— Profesor, ¿qué hace aquí?

— Pasaba por aquí, vine al centro comercial y te he visto a través de la grasa del cristal.

El camarero gruñó a nuestras espaldas y yo no pude evitar soltar un suspiro de alivio.

— Isabella ¿qué ocurre?

— Es difícil de explicar.

— Vayamos a un lugar más higiénico —asentí y me dispuse a salir de allí antes de que el camarero arremetiese contra nosotros.

Paseamos tomando el camino que llevaba a mi casa, no estaba tan lejos de ella como yo creía, sino que mis propios pensamientos me habían absorbido demasiado, Peter me miraba extrañado por mí comportamiento. Debía contárselo, necesitaba hablar con alguien porque el miedo aún atenazaba mis músculos.

— Estaban persiguiéndome, pero no sé quién —le observé, él también iba completamente de negro y juraría que su estatura era la misma que la de la persona que se había situado frente a mí pero su rostro sólo reflejaba preocupación.

— Quién iba a pensar que en esta tranquila zona podían pasar cosas así.

— Pues le aseguro que no ha sido mi imaginación.

— Me alegro de haber llegado, preciosa. No podría soportar que te ocurriese algo.

Otro ataque a mi soltería, eso me recordó por qué evitaba relacionarme demasiado con él a pesar de sus intentos. No quería una relación con nadie, era tan difícil de entender. Él no continúo con sus palabras y yo guardé silencio, reflexionando con lo que me había pasado. Casi podría decir que era igual de alto que Peter y Daniel pero no quería creer que ninguno de ellos estuviese implicado en algo tan turbio.

Llegamos al portal y me volví hacia Peter para agradecerle que me hubiese acompañado, me miraba de un modo que me alarmó, como sí esperase algo más de mí.

— ¿Podría subir?, me encantaría conocer tu apartamento.

— Quizás en otra ocasión —no me había preguntado nada más ni siquiera sí había podido verle, lo único que le interesaba era estar más conmigo.

— Vamos Isabella, hoy he sido tu caballero andante, merezco algún tipo de compensación —sólo recordaba una expresión como aquella, la misma que tenía James el día que me atacó en la sala de ballet, Peter podría devorarme sin ser un vampiro.

— Y te aseguro que te lo agradezco muchísimo.

— Te vendrá bien distraerte y…

— Tal vez la próxima semana, nos vemos en el campus.

Me despedí con rapidez para que él no pudiera seguir insistiendo y subí a casa. Cuando abrí la puerta no esperaba encontrarme con Seth que me miraba con la expresión más seria que recordaba en él.

Estaba ansiosa por contarle lo que había pasado pero sobre la mesa de la cocina había un ramo de crisantemos, le observé extrañada sin comprender lo que pasaba.

— Estaban en la puerta de casa.

Cogí la nota que llevaba, nadie regalaría ese tipo de flores, se usaban en los funerales pero nada podía prepararme para el mensaje que contenía: "Te trasformaré a mi imagen y semejanza, te atraparé y serás mía durante el resto de la eternidad, no puedes huir, no puedes esconderte porque tu destino me pertenece por siempre".

Leí dos veces aquellas horribles líneas sin poder creer que la locura de una persona pudiese llegar hasta aquel punto, pero hay estaba la prueba y pertenecían a la figura negra que minutos antes había intentado secuestrarme. Volví mi mirada hacia Seth, estaba realmente afectado por lo que estaba pasando pero entonces me percaté de algo.

— ¿Dónde esta Jacob?

— Creo que no te va a gustar mi respuesta.

— No puede ser, no me haría esto jamás, sé lo pedí expresamente.

— Pero piensa que estás equivocada y valora más tu vida que cualquier otra cosa.

— ¡No! —no podía creer que mi mejor amigo actuase a mis espaldas. Seth se acercó a mí, me cogió la mano y mirándome a los ojos confirmó mis sospechas.

— Ha ido a hablar con los Cullen.


Espero que este regalo de Lunes os gusté, por mi parte ha sido un poco amargo escribirlo pero también necesario. Os dedico el capítulo a todos los que lo habéis leído.

Muchas gracias a Eddie, Maleja, Dioda, Sofylm y Renesmee por vuestros comentarios. Es bueno saber que la historia despierta el interés suficiente para robaros un minuto de vuestro tiempo y darme vuestras impresiones.

El próximo capítulo es uno de los que más ganas tenía de escribir pero parecía que no llegaba nunca. Como siempre espero vuestra opiniones para bien o para mal. Besos.