Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Os dejo una canción recomendada por DarkN de Paramore: Brick by boring brick (tuve que traducirla pero sin duda refleja el pasado de Bella, gracias) y por mi parte otra de Malú "Me quedó grande tu amor"
Capítulo 15. Pedazos de mi alma.
Corre pienso mientras el bosque se extiende ante mí pero mis pies se niegan y mi acosador cada vez está más cerca, intentó con fuerzas avanzar pero no puedo y el ruido de sus pisadas me anuncia la perdición, intentó chillar pero me es imposible como si tuviera cerrada la garganta y al apoyar mi mano en ella descubro que alguien me tiene agarrada, me ha alcanzado. Sólo veo una sombra que se cierne sobre mí.
Abrí los ojos sobresaltada, encendí la luz de mi mesilla comprobando que no había nadie, estaba temblando y mi respiración era agitada.
Llevaba dos días en cama, gracias a mi "paseo" debajo de la lluvia había cogido un resfriado con mucha fiebre, apenas podía ponerme en pie sin que el suelo se negase a sujetarme, me dolía todo el cuerpo y no podía parar de toser.
Pero lo que más me atormentaba era mi cabeza, mi mente no dejaba de repetirme lo injusta que había sido con los Cullen, con Jacob incluso con Seth. Al día siguiente, después de la discusión que habíamos tenido Jake y yo, se trasladó al piso de enfrente que pertenecía a la dueña de mi apartamento y que días antes nos había ofrecido al comprobar que mis amigos estaban viviendo conmigo. Recordé la última conversación que tuve con Seth antes de que se marchasen.
— Me quedaré contigo —Seth estaba tan preocupado, se sentía en medio de todo y, de alguna manera, lo estaba.
— No es necesario, nos separan unos pocos metros y me vendrá bien estar sola en algún momento.
— Sabes lo que significa, no habrá nada que retenga a Edward fuera de este apartamento.
— Sólo el hecho de que le mentí y fui muy convincente. Jacob sólo le contó lo que pasó en el primer año después de marcharse, no puede saber sí lo demás es o no cierto.
— ¿Puedo pedirte algo? —asentí y mi hermano se acercó a mí, no me gustaba cuando me miraba tan serio porque no podía negarle nada que me requiriese de esa manera— deja ya de sufrir, Edward es un buen tipo, no lo hizo bien pero todos nos equivocamos y estoy seguro de que te ama.
— Te prometo que voy a intentar no seguir sintiéndome así pero sabes que Edward y yo nunca podremos estar juntos, él tiene muchos prejuicios acerca de lo que es y yo no puedo atarle a mí, obligarlo a convivir con este cuerpo que se irá marchitando y ver un día en sus ojos que dejó de amarme.
— El amor no es sólo atracción física.
— Menudo espectáculo, él acudiendo al instituto y yo babeando en un sillón mientras espero a que vuelva —me reí sin ganas y Seth me abrazó comprendiéndose.
Me levanté de la cama aún asustada por mi sueño, sabía que pronto tendría que enfrentarme a ese loco pero estaba sola, no era un ser sobrenatural sino alguien que se había obsesionado conmigo, me duché con agua fría para intentar bajar la fiebre pero no me sirvió de nada. Salí del baño después de ponerme un chandal y me senté en el sofá, no podía concentrarme en nada salvo en lo que pasaría a partir de ahora, debía enfrentarme a Edward, hablar con Jacob, intentar que Alice me perdonase por cómo me había comportado.
Llamaron a la puerta sacándome de mis pensamientos y enroscada en una gruesa manta me apresuré a abrir no sin antes ver quien era, no podía creer que el padre de Edward se hubiese tomado un minuto para venir a visitarme, al fin y al cabo, yo sólo había sido la novia de su hijo durante unos meses, pero le tenía frente a mí con su maletín y una sonrisa compresiva. Me aparté para que pudiera pasar mientras mi cabeza se llenaba de preguntas.
— ¿Cómo estás?
— Bien, Carlisle ¿qué haces aquí? —pregunté en un murmullo.
— Ayer visité al señor Grant, Edward y Alice estaban preocupados al ver que no habías ido a trabajar —dijo colocando su maletín encima de la mesa de la cocina— el decano sigue todavía muy impresionado con la donación que hicimos y no dudó en contestarme.
Se acercó a mí y puso en mi mano un termómetro. No estaba tan mal como debería, tenía sólo unas décimas de fiebre, estaba recuperándome al fin.
— Gracias por venir —me senté en un taburete y Carlisle hizo lo mismo.
— Bella, sabes que puedes contar con nosotros, no estás sola incluso Esme te invito a vivir en nuestra casa, sería una buena manera de protegerte.
— Jacob habló de más, nunca debería haberos buscado —afirmé agachando la cabeza.
— No podríamos perdonarnos que te pasase algo malo —asentí pero mi mente me gritaba que no quería ni su ayuda ni su compasión.
— No sois responsables de lo que pueda ocurrir —mi gesto de dolor no se le escapó. Era fácil volver a tenerles en mi vida, sentir que el tiempo se había esfumado y nunca había ocurrido. Me recordaba a mis sueños, a mi locura que me había llevado a creerme importante para ellos, pensaba que había encontrado mi sitio pero me equivocaba.
— ¿Cómo te encuentras realmente? —estaba segura de que Carlisle había llamado a Forks interesándose por mi expediente pero yo había dado órdenes expresas de que nadie pudiese verlo incluido él.
— Poco a poco todo pasa, estoy recuperada. Dos años después de vuestra marcha me gradué y me fui a Chicago a estudiar, no aguantaba los recuerdos que Forks me traía —quería explicarme, dar algunas pinceladas que les hiciesen entender que mi vida había sido perfecta a pesar de que era otra de mis mentiras— pero de alguna manera necesitaba estar cerca de Edward, conocer dónde pudo estar, qué calle pudo pisar… Investigué un poco su pasado pero no había mucho por descubrir y un año después cerré ese capítulo de mi vida y me concentré en acabar la carrera.
Trabajaba en una librería, estudiaba por las noches, me aficioné al café y volví a Forks graduada con honores.
— Estudios y trabajo.
— No necesitaba nada más, ya no tiene caso seguir ocultando la verdad —me daba cuenta que era mi vida, mi manera de estar en este mundo y no me avergonzaría por ello ni un instante más.
— Nunca pensamos que todo esto te afectaría tanto —me levanté a por una taza de café.
— No lo hizo Carlisle, entiendo cada uno de los motivos —me volví hacía él con mi mejor sonrisa fingida— soy yo la egoísta y la injusta, no debéis sentiros culpables ni nada parecido, yo tomé mis decisiones y asumo sus consecuencias.
— ¿Cómo podemos ayudarte?
— Sólo necesito espacio, tiempo, que os mantengáis lejos para que pueda acostumbrarme a teneros tan cerca.
Durante la siguiente hora seguimos hablando de mi tiempo en Chicago, no había mucho que contar pero Carlisle captaba a la perfección lo que había sentido en aquellos años, a pesar de que me negaba a decírselo abiertamente parecía comprender mi vacío. Me dejó hablar y fue como sí mi herida sanase un poco, como sí el agujero de mi pecho se hiciese un poco más pequeño.
Me dio un medicamento y me hizo prometerle que lo tomaría, después se marchó. Siempre rehusaba tomar ninguna medicina pero esta vez lo hice, quería ir a trabajar al día siguiente, no me sentaba bien tener tanto tiempo libre para elucubrar y dar vueltas a circunstancias que no podía cambiar.
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Me había levantado bastante mejor y no dudé en encaminarme a mi trabajo, había perdido demasiado tiempo aquellos días y debía remediarlo. Aparqué y comprobé la hora, llegaba pronto como siempre pero eso no era un problema. Salí del coche enfundada en un largo abrigo pero el frío de noviembre ya era demasiado fuerte, debía recordar comprarme unos guantes mejores porque los que tenía no me servían de nada, tenía los dedos en estado de congelación.
— Buenos días, preciosa.
Me giré sorprendida para encontrar junto a mí a Daniel que me dio uno de los cafés que sostenía. Arrugué la nariz sí eran de la cafetería del campus estaba a punto de tomarme un purgante, mi gesto no le pasó desapercibido.
— Los preparé antes de venir. Sí la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña, has estado desaparecida todo el fin de semana.
— El café de por aquí es malísimo —expliqué, entonces me fijé en su mano derecha, la tenía vendada— ¿Qué te ha pasado en la mano?
— Un pequeño corte, digamos que —dudó por un momento y eso acrecentó mis sospechas sobre él— me peleé en un bar el otro día.
— ¿Has ido a curarte?
— No ha sido necesario, te aseguro que el otro quedó peor que yo.
Podía jurar que había visto en sus ojos algo aterrador, estaba dispuesta a cazarle sí era él mi acosador. Me pidió que le acompañase a dar un pequeño paseo alrededor del campus y acepté, era el momento de conocer la verdad o al menos intentarlo.
— ¿Qué ocurre, petite?
— ¿No conocías el campus? —él negó con la cabeza, mis sospechas se acrecentaron.
— Te diré la verdad, llevo poco en Alaska, mi abuelo sí vivió aquí pero nosotros nos mudamos a Chicago cuando yo era sólo un niño, cuando pasó todo lo de Keira y después de intentar infructuosamente acercarme a ella decidí dar un cambio a mi vida, el local donde puse la cafetería era de mi abuela. Fue cuestión de acondicionarlo —me miró mientras yo me encontraba en estado de shock, era posible qué él me conociese de Chicago, pero era una ciudad grande y mi tiempo allí había sido bastante poco.
— ¡Vaya! —no podía articular ni una palabra coherente, inhalé sintiendo como el frío penetraba en mis pulmones, intentando calmarme.
— Ma cheriè, ¿estás bien?
— Sí, tan sólo sorprendida, estudié mi carrera en Chicago.
— Menuda casualidad —exclamó con una sonrisa que me heló la sangre.
Nos habíamos alejado un poco del camino que llevaba a las clases, estábamos cerca de los altos apartamentos que utilizaban los estudiantes.
— ¿Hace cuánto que llegaste?
Daniel se paró frente a mí y yo di un paso hacia atrás, era posible que me hubiese metido en la cueva del lobo, su expresión era divertida como sí percibiese mi temor a pesar de mis intentos de parecer solamente sorprendida por aquella extraña coincidencia.
— No creo en el azar, todo ocurre por algo, somos dos almas atormentadas por un amor que no nos corresponde.
Tragué saliva y empecé a toser, saqué un pañuelo del bolsillo de mi abrigo, Daniel me miraba un poco preocupado cosa que me irritó. Al girarme mientras intentaba controlar mi espasmo, me detuve, no podía creer lo que estaba viendo.
A lo lejos estaba Edward de espaldas a mí, podría reconocerle en cualquier parte y agarrada a él una rubia despampanante, que no paraba de acariciarle. No podía creerlo pero seguí mirando ignorando el peligro en el que seguramente me encontraba.
— Alucinante.
Intenté respirar pero me faltaba el aire, no podía, mi corazón se aceleró pero mis ojos se negaban a apartarse de lo que veía, sentí aquel dolor que me atravesaba el pecho y por más que intentaba controlarme todo eran vanos esfuerzos. No podía dejar de mirarle, frente a mí la prueba de que su amor ya no me pertenecía, todo había sido por mi culpa y se le veía tan bien, tan contento como sí lo nuestro nunca hubiese existido.
Daniel me agarró y no pude detenerle, mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho, sí estaba sufriendo un ataque esperaba que acabase pronto, que mejor manera de morir, al fin comprobaba que Edward era feliz.
Dejé que me sentase en un banco mientras me aferraba el brazo contra mi pecho, cerré los ojos intentando detener las aceleradas palpitaciones.
— ¿Cómo te ayudo, Bella? — ¿por qué me llamaba así? Pensé sin encontrar sentido a nada de lo que me estaba pasando, era como un juguete roto en manos de los que me rodeaban.
— Busca en mi bolso —le pedí mientras todo mi cuerpo temblaba— coge mi móvil y llama a Seth, aún no habrá entrado en clase.
Le oí hablar apresuradamente por mi teléfono, mientras en mi mente la imagen se repetía una y otra vez, yo le había empujado a los brazos de aquella mujer, en mi pretensión y creyéndome que le conocía lo suficiente había pensado que él me quería, que a pesar de todo sus palabras eran ciertas, había empezado a considerar que lo nuestro fuese posible a pesar de que mi cabeza siempre encontraba una excusa para no caer. Mi corazón había empezado a descongelarse pero, de nuevo, me había engañado.
No podía respirar y el dolor cada vez se apoderaba más de mí, el abismo volvía a ser tentador, estaba en el borde del acantilado y sí saltaba podría escuchar su voz. Estaría conmigo y mi cordura desapareció empujada por el viento, y me lancé esperando que el golpe al fin terminase por rematarme.
Siento dejaros así pero es lo que toca, espero que os guste y dejéis vuestros comentarios, y si no os gusta también. Sabéis que podéis decir lo que queráis.
Como siempre gracias a mis incondicionales Chiarat, Rosh, Maleja, Adri, Eddie, Soledad, espero vuestra opinión con ansiedad incontenida.
También gracias a las que estáis empezando a ser habituales Hildiux, Reneesmee, Mheray, Gaby, Dioda, Lis. Y a las nuevas incorporaciones tanto a Cerezo y DarkN como a las que han empezado a seguir la historia. Espero que tengáis mucho que decir. Besos.
