Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 16. Engañosas apariencias.

Me removí inquieta, estaba tumbada en una cama, sentí las ligaduras en mis muñecas, estaba atada, los párpados me pesaban y no podía abrir los ojos para mirar a mí alrededor. Me sentía totalmente indefensa, a merced de lo que quisieran hacerme. Intenté mantener mi respiración lo más pausada posible aunque mi corazón latía apresurado.

Oí una voz a lo lejos que me hablaba pero no lograba distinguir qué me decía, hice un intento por soltarme pero no pude, mi nerviosismo crecía por momentos.

Necesitaba ver pero la oscuridad me envolvía con su manto, "acaso Daniel me había secuestrado" pensé recordando cada una de las palabras que me había dicho, él era mi acosador y, sin duda, había obtenido lo que pretendía.

El pánico estaba a punto de enredarme y apelé a mi fuerza de voluntad, no sería una presa fácil, no caería en su juego porque yo lo decidía. Libraría la más feroz de las batallas.

"Edward" pensé y el alma se me desgarró, ¿cómo podía haber estado tan ciega?, ¿por qué habría de amarme? No era más que una simple, torpe y egoísta humana. Él merecía ser feliz y me alegraba por ello aunque mi existencia en este mundo había dejado de tener sentido. Ya no habría un quizás ni un mañana para nuestro amor. No me interpondría entre ella y él porque le amaba demasiado para hacerle daño, él había decidido y yo continuaría mi camino. Las lágrimas amenazaban con ahogarme pero debía ser práctica, ya habría tiempo de llorar por un amor imposible.

Una fragancia desagradable inundó mi olfato, podía distinguir con claridad el aroma de las medicinas, el olor ha cerrado, el calor era apenas soportable y el ambiente estaba demasiado cargado. Apenas podía respirar sin sentir que me ahogaba, necesitaba aire puro y limpio.

Sentí como la cama se hundía cuando alguien se sentó en ella cerca de mí, mi mente empezaba a despejarse y estaba alerta a cualquier movimiento, ya podía abrir los ojos pero necesitaba recapacitar en mis opciones. "Bella" me llamaron y apreté más fuerte los párpados, no estaba preparada aún para enfrentarme a Daniel, "sé que estás ahí" esta vez reconocí la voz, podría hacerlo en cualquier sitio y entreabrí los ojos con temor a haberlo imaginado. Seth sonrió al observar que le miraba.

La cruda realidad me golpeó en la cara, no podía ser cierto pero la posibilidad estaba ahí, igual que me había pasado hacía tantos años ¿había soñado todo lo que había pasado hasta el momento?, ¿estábamos en Forks y nunca me había reencontrado con Edward?, ¿mi mente había sido tan retorcida para crear aquel universo?, mi ansiedad crecía a pasos agigantados.

— Tranquila —me dijo pero no logré controlar una solitaria lágrima que se deslizó por mi mejilla.

— ¡Lo soñé todo! —exclamé mientras la realidad de mi misma me abrumaba—. Me volví loca de remate.

Miré a los lados intentando comprender lo que me había pasado. La habitación era amplia, al menos no estaba nuevamente encerrada en una sala acolchada pero poco me faltaba, había otra cama pero nadie la ocupaba. Mi cordura había muerto definitivamente.

— Estamos en Alaska —Seth me acercó un pañuelo, estaba muy preocupado por mí— los Cullen están aquí y todo lo que ha pasado es cierto.

Alargué mi mano sin poder creérmelo del todo y Seth la cogió entre las suyas.

— ¿Estás seguro? —pregunté mientras me incorporaba y comprobaba con alivio que no estaba atada.

— Tanto como que estamos hablando ahora mismo. Sufriste un ataque de ansiedad y no reaccionabas, cada vez estaba más inquieto por ti.

— ¿No ha sido un infarto? —sus palabras empezaban a tener sentido y poco a poco me fui relajando.

— No y me alegro, Charlie me matará sí te pasa algo —bromeó y no pude evitar sonreírle.

Cerré los ojos mientras ponía en orden mis pensamientos, recordaba con claridad lo que había sucedido, la visita de Daniel al campus, sus tétricas palabras y a Edward en brazos de otra mujer. Leslie me lo avisó y no quise creerla pero ahora comprendía todo.

— Sé puede saber qué te llevo a esto.

— ¿Qué te contó Daniel cuando te llamó? —en su rostro había confusión como sí le estuviese gastando una broma.

— Él no me llamó —afirmó con convencimiento.

— Yo le pedí que lo hiciera, después de ver a Edward allí. Dame mi móvil —Seth me lo acercó.

Lo abrí y busqué las últimas llamadas, tenía que estar pero no estaba, esa mañana no habían usado mi teléfono para nada.

— No puede ser —afirmé agitada, con la respiración entrecortada y con el miedo recorriéndome todo el cuerpo—. Yo vi como te llamaba, le oí hablar contigo.

— Te encontré recostada en un banco y a Daniel nervioso sin saber que hacer.

.

¡Se puede saber que la has hecho! —gritó Seth mientras corría hacía donde estaba Bella. Él que la acompañaba parecía totalmente atónito y ante la reacción de Seth se apartó del lado de la muchacha.

Seth se arrodilló frente a ella pero Bella estaba totalmente ida.

¿Qué le has dicho? —preguntó con furia Seth dirigiéndose a Daniel, este no parecía reaccionar.

Nada, estaba contándole que viví en Chicago y al segundo estaba así, por más que la llamaba no respondía. Jamás la haría daño pero me asusté no sabía que hacer.

Espero que estés diciendo la verdad.

¿Por qué está así?

Hace al menos cuatro años que esto no le ocurre, debo llevarla a un hospital.

Seth se apresuró a levantarla mientras Daniel la miraba en estado de shock, Bella no respondía a ningún estímulo que pudieran hacerle.

Te voy a pedir algo, apártate de ella.

No he hecho nada que pueda haber provocado esta reacción, estaba normal y de repente, había desaparecido como sí su mente vagara libre. Puedo ayudarla con esto, soy psicólogo y hay que tratarla para que pueda curarse.

Eso lo decidirá ella —le miró furioso.

.

— ¿Lo negó todo? —pregunté cuando Seth terminó de contarme lo que había hablado con Daniel.

— Sí, debo decir en su favor que estaba aterrado, sin saber que hacer.

No daba crédito a sus palabras pero empezaban a tener sentido aunque eso no cambiaba nada, quizás me había creado la conversación con Daniel desde que oí la palabra Chicago. Mi mente podía haber asociado eso al hecho de que él fuese mi acosador pero lo otro no lo había imaginado, estaba segura.

— Seth yo lo vi, no me lo inventé. Edward está con otra.

— ¿De dónde has sacado esa idea? —podía ver en sus ojos cierta comprensión y algo más que no podía descifrar.

— Leslie me lo contó hace unos días.

— Tu compañera es una envidiosa, está celosa de ti y seguramente se lo inventó o aumentó algún pequeño gesto que haya podido ver. En todo este tiempo no he visto a Edward con nadie más que con sus hermanos, ni siquiera la rubia ha estado por el Campus.

— ¡No!, yo le tuve frente a mí esta mañana, sé lo que he visto —me negaba a creer que todo formaba parte de mi imaginación.

Me cogió la barbilla con su mano para que no pudiese evitar mirarle, había determinación en sus ojos y sabía que nada de lo que pudiera argumentar serviría para lo que iba a pasar en ese momento.

— Cierra los ojos.

— No quiero Seth, no necesito rememorarlo otra vez —durante el tiempo que mi mente era un caos, mi hermano siempre lograba que yo supiese que era verdad y que mentira con esa pequeña técnica de regresión, volvía al momento en el que me había dado el ataque y podía saber donde había empezado mi locura.

— Por favor —me rogó y simplemente le hice caso —. Bien, ahora no iremos muy lejos —asentí concentrándome en su voz— te levantas, te arreglas y sales de casa, ¿qué ves?

— Salgo del portal y saludo a un vecino, me montó en el coche, hay poco tráfico y llego enseguida al campus. Apago el motor y miro la hora en el reloj del coche…

— ¿Qué ocurre?

— El sol me deslumbra los ojos y tengo que mirar dos veces la hora —al fin lo entiendo y abro los ojos atónita.

— Esta mañana el sol brillaba muchísimo, ninguno de los Cullen estaba en el Campus.

Quise negarlo pero no pude, aferrarme a la excusa que mi mente había creado para dejar escapar a Edward pero no era más que una mentira. ¿Qué me pasaba? Me pregunté con pánico, estaba al borde de la locura.

A pesar de mis intentos no conseguía respirar con tranquilidad, Seth cada vez estaba más nervioso mientras me miraba sin saber que decirme para ayudarme, pero no había nada que pudiera consolarme, nada que me alejase de la sensación de que algo no andaba bien en mi cabeza.

Me levanté de la cama buscando mi ropa desesperadamente, necesitaba salir de allí, no quería permanecer ni un minuto más en el hospital, Seth me pedía que me calmase pero no podía, entonces la puerta se abrió y en el vano apareció Peter con un ramo de rosas.

— No sabes lo que me asusté —ni Seth ni yo éramos capaces de pronunciar una sola palabra. ¿Qué hacía él allí?, ¿Cómo se había enterado?—. El señor Grant me informó de tu malestar e imaginé que estarías un tiempo en el hospital, quería hacerte tu estancia más agradable.

Había llegado a odiar las rosas desde el momento en que se habían convertido en la flor que algún demente me mandaba día tras día pero alargué la mano para cogerlas por no desairarlo. Debía hablar con el decano para evitar que siguiese informando de cada uno de mis movimientos.

No me pasó desapercibido que, a pesar de que el profesor Williams siempre cuidaba mucho las formas, no se había quitado los guantes pero no tenía tiempo de ponerme a divagar sobre un hecho tan insustancial. Tenía que irme de allí, volver al mundo real e intentar no volver a pisar un hospital en mucho tiempo.

— Me alegra tanto verte bien, querida —un escalofrío recorrió mi espalda— por un instante pensé que tu perseguidor había dado contigo al fin —señaló remarcando las dos últimas palabras.

Seth empezó a temblar, estaba totalmente disgustado con la intervención de aquel hombre pero era incapaz de articular palabra.

— No tengo ninguna intención de dejarme atrapar por nadie, profesor —comenté sin poder evitar ser agresiva.

— Por supuesto, y yo estaría tan contento de ser tu paladín.

— No necesito a nadie.

Peter se acercó a mí con una sonrisa calculadora, me evaluaba, me juzgaba y podía jurar que se relamía ante mi valentía.

— Todos en algún momento necesitamos a alguien y yo estoy a tu disposición —afirmó en un tono que pretendía ser seductor.

— Creo que debería marcharse profesor —Seth se puso a mi lado reconfortándome— necesita descansar y no pensar en sí está o no sola, lo cual le aseguro que no es cierto, espero que le quede bien claro.

— Transparente, déjame recordarte Isabella que nos queda pendiente una cita, espero que no lo hayas olvidado.

Me sentía incómoda bajo su escrutinio, como sí me desnudase y pudiese conseguir cualquier cosa de mí.

— En otro momento —rechacé intentando sonar lo más neutral posible.

Peter asintió y desapareció de su rostro cualquier gesto amenazador que pudiese haber creído ver, tras despedirse se marchó, estaba confusa, perdida sin saber sí volvía a imaginarme todo.

— ¿Qué ha sido esto?

— La conversación más surrealista que pudieras haber tenido.

— ¿Qué has visto en él? —pregunté presa de la sensación de que estaba a merced de los que me rodeaban.

— Interés, demasiado sí me lo preguntas. Muy insistente como sí no estuviese acostumbrado a que le rechacen.

— Empiezo a no confiar en mi misma —afirmé recogiendo la ropa que estaba metida en una bolsa blanca.

— Bella, sea quien sea el que está detrás de ti lo cogeremos, sí debo hablar con los Cullen y pedirles ayuda lo haré pero te necesito —Seth me cogió la mano, la gravedad de su gesto me afectó— tienes que estar bien, no dejarte llevar por el estrés de la situación, sabes que sí no lo controlas lo que te pasó esta mañana volverá a suceder.

Sólo pude asegurarle que lo intentaría y me apresuré a vestirme, me sentía tan mal por ponerle en aquella tesitura pero yo no había planeado todo lo que había pasado hasta el momento, no era consciente de que alguien me acosaría o que volver a ver a Edward desataría el caos en mi interior.


— ¡Es inútil! —exclamé sin poder contener mi frustración.

Jasper me miró comprendiendo mejor que nadie mi estado de ánimo, estábamos en nuestra habitación, llevaba toda la mañana intentando forzar una visión que no llegaba, algo que me dijese quien iba detrás de Bella.

— Vamos cariño, sé que lo conseguirás —mi angustia era evidente pero Jasper se dedicaba a mantenerla a raya para que no me ahogase.

— Hay algo que no anda bien, es como sí no tuviese futuro, no veo nada, sí al menos pudiese tener un poco de luz, empiezo a pensar que tiene algo que ver con su enfermedad. Desde que nos fuimos ella empezó a relacionarse con esos amigos suyos pero yo podía verla, siempre encontraba algún punto al que aferrarme pero desde que la noche se cernió sobre ella no hay nada.

— Carlisle no ha podido obtener su historial médico —me informó Jasper y tan sólo asentí.

— Necesito estar con ella.

No era una petición sino una afirmación que sabía que mi Jasper entendería, él estaba en contra de que volviera a verla pero desde que habíamos sabido lo que había pasado sus ideas habían cambiado, ahora la entendía como todos los demás.

— Le vendrá bien —dijo tras unos minutos de reflexión, como siempre me protegía hasta de mi misma. Esta vez mi querida amiga me necesitaba y no la iba a fallar de nuevo.


El doctor Smith entró mientras me colocaba el abrigo, había pedido el alta voluntaria y había evitado escuchar la diatriba que Jacob me había intentado soltar en cuanto había llegado. No necesitaba más consejos, ni recetas ni tratamientos, quería estar en mi casa lamiéndome las heridas mientras encontraba la verdad en todo lo que me estaba pasando.

— Señorita Swan —estreché la mano que me ofrecía— quiero que reconsidere la posibilidad de someterse a un tratamiento, he estado hablando con el psiquiatra del hospital y su caso es un tanto alarmante.

El doctor de unos cuarenta años me miraba con gesto paternal y le dediqué una sonrisa comprensiva.

— Doctor, todo esto ha sido fruto del estrés, llevo muchos días sometida a una gran presión y sé lo que necesito —afirmé intentando no parecer prepotente sin conseguirlo.

— Lo que me ha contado su hermano me preocupa, hace unos años hubo un caso parecido al suyo, la joven estaba siendo acosada y acabó en una cuneta —intentaba hacerme comprender la seriedad de lo que pasaba pero yo era muy consciente de ello.

— Le aseguro que eso no pasará esta vez —ni yo misma me creía mis palabras pero no estaba dispuesta a que nadie me aterrorizara.

— Espero que se tome el tiempo de reconsiderar la situación, decida someterse al tratamiento y no olvide poner en conocimiento de la policía lo que está pasando.

Tan sólo asentí sabiendo que no haría ninguna de las dos cosas que me proponía el doctor, se estaba extralimitando en sus funciones pero parecía algo preocupado por mi suerte. Sí él supiera todo lo que había pasado en estos años creería más en mi fortaleza pero estaba cansada de confesiones así que me despedí asegurándole que consideraría todas las opciones.

Estaba ansiosa por llegar a casa y mientras Jacob aparcaba el coche me despedí de mis amigos y les pedí que me dejaran sola aquella noche, Seth me miró con cierta desconfianza y no pude menos que asegurarles que le avisaría sí pasaba algo.

El apartamento estaba frío y al mirar hacía la ventana vi que estaba ligeramente abierta, me apresuré a cerrarla sin recordar haberla abierto aquella mañana pero le quité importancia mientras me encaminaba hacia la cocina y ponía mi cafetera a funcionar, iba a ser una larga noche la que tenía por delante.

La imagen de Edward me asaltó, "te amo" repetían sus labios en mi cabeza, cada vez me costaba más rechazarle, había ansiado tanto su presencia, tenerle cerca, pero no podía estar con él y ahora no tenía nada que ofrecerle. La certeza de mi locura era la prueba de que todo era imposible, ¿cómo someterle a mi presencia tan insulsa e incompleta? pensé mientras el olor del café impregnaba el ambiente.


La observé mientras preparaba aún más café, no pensaba dormir, estaba seguro y yo necesitaba estar cerca, poder hablar con ella pero no encontraba las palabras adecuadas. ¿Podría lograr su perdón?, ¿podría al fin convencerla de todo lo que la amaba? Me sentía igual que la primera vez que había reconocido mi amor por ella, demasiado inseguro pero ahora no temía al monstruo que era sino a hacerla más daño del que le había hecho hasta entonces.

Estaba escondido entre las sombras, silencioso, reuniendo el valor para enfrentarla.


Estuve tentada de escribir que todo lo que había pasado era fruto de la locura de Bella acabando así la historia pero fue mi propia locura pasajera, aún queda mucho por descubrir de esta historia y no podía acabarla así, de una manera tan horrible.

Gracias a Rosh, Chiarat, Maleja, Soledad, Dark, Hildiux, Adri, Chivis, Gaby, Cerezo, Mheray y Renesmee por comentar, como siempre sois parte de mi inspiración con cada una de vuestras opiniones. Y no, no podía dejaros con la intriga hasta mañana.

Espero vuestras reacciones ante este capítulo y del próximo sólo deciros que promete. Besos.