Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Os dejó dos canciones, "No digas nada" de Calee y el Dande (personalmente me gusta más la versión más tranquila de la canción pero para gustos los colores) para Edward y "No te pude retener" de Vanesa Martín para Bella.
Capítulo 17. Hablando el alma me destrozas.
Encendí mi portátil mientras el café acababa de hacerse, era ya mi segunda cafetera aquella noche pero no podía abandonarme al sueño, necesitaba aclarar mis ideas, entonces mientras Windows arrancaba me fijé en la fecha que estábamos. Me había olvidado por completo pero aquel once de noviembre era un día muy especial y debía cumplir con la tradición.
Me hice un ovillo en el sofá, había cogido una tableta de chocolate para acompañar al café y a mis reflexiones y recogí de mi bolso mi móvil, mientras buscaba el número de mi madre entre las últimas llamadas de nuevo me fijé en la constatación de que aquella mañana había sufrido uno de mis ataques. Llevaba tanto tiempo sin tenerlos que me había confiado pensando que no volverían, sabía que siempre estaría esa posibilidad pero hasta ahora no me había preocupado. Se presentaba ante mí una enorme duda, sí Edward se enteraba qué le diría y sobre todo ¿Cómo reaccionaría?
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Dos tonos después mi madre contestó podía intuir una sonrisa detrás de sus palabras, era reconfortante. Desde mi ingreso mi madre había madurado, cierto que seguía siendo la misma Reneé pero todo lo que me había pasado la había hecho crecer y ahora tendía a ser más sobreprotectora.
— Siento que sea tan tarde —me excusé.
— Andaba pendiente de tu llamada, es nuestra tradición, ¿cómo estás?, ¿hace mucho frío?, ¿siguen Jacob y Seth contigo?, ¿ha pasado algo que deba saber? —siempre me hacía esa última pregunta temiendo que un día de verdad tuviese que lamentar algo pero no pude evitar sonreír ante el despliegue de incógnitas.
— Estoy bien, trabajando mucho, he estado unos días con catarro, hace un frío infernal y Jake y Seth siguen por aquí y sin intenciones de marcharse aún. ¿Cómo sigue Carlie?
Aún recordaba con claridad una noche como aquella, el mismo día once de noviembre de hace cuatro años, mientras preparaba un trabajo de literatura mi madre me había llamado totalmente angustiada porque había una posibilidad de que estuviese embarazada, estaba aterrada por los problemas que pudiesen ocurrir y yo me había pasado la noche asegurándole que todo iría bien y, por suerte, así había sido. Carlie era una preciosa niña de tres años que había alegrado y alterado la vida de mi madre y de Philp, no la esperaban pero la querían muchísimo.
— Es un terremoto y ahora en el colegio está aprendiendo todo lo que no debe, es tan distinta a ti pero cada vez que la miro me recuerda a cuando tú eras pequeña. Está deseando verte —hizo una pausa y sabía lo que venía a continuación como cada vez que hablábamos— espero que vengas pronto, Bella sabes que aquí tienes tu hogar.
— Lo sé mamá —dudé un segundo sin saber sí yo tenía el derecho a preguntar lo que necesitaba conocer— ¿puedo hacerte una pregunta?
— Claro, ¿de verdad te encuentras bien? —estaba preocupada y no había sido mi intención pero necesitaba algo a lo que aferrarme para seguir adelante.
— ¿Cómo superaste el divorcio de Charlie?
El silencio se instaló al otro lado de la línea, estaba a punto de disculparme por haberme metido en algo tan personal pero mi madre empezó a hablar, no había pena en sus palabras sino seguridad.
— Fue difícil cariño, cuando una relación se acaba no puedes evitar sentir que una parte de ti ha muerto, que tu vida se ha quedado suspendida en el aire. Durante meses una y otra vez me repetía que debía volver, que no tenía que haberme marchado. Pero al final no puedes regresar, la vida continua y las nuevas posibilidades se abren paso.
Cada cosa que te ha sucedido en el pasado te hace más fuerte, te hace mejorar.
— Estaría mal volver…—no pude acabar la frase pero sabía que mi madre lo entendería.
— No, pero Bella no vuelvas a dejar que te hagan daño —podía percibir su propio dolor reflejado en cada una de sus palabras—, ten cuidado, es lo único que te puedo decir hija.
— Me gustaría que todo fuese más fácil.
— Edward está en Alaska ¿verdad? —mi madre era intuitiva, nunca me había visto en ese estado de confusión después de que acepté que él no volvería.
— Si —murmuré sin tener la certeza de su reacción.
— No había otro sitio donde encontrarle que en la otra punta del país —señaló molesta.
— Mamá —no sabía que decirle, ni yo misma había podido imaginar todo aquello.
— Eres fuerte cariño y hagas lo que hagas siempre tendrás mi apoyo, tan sólo espero que no debamos arrepentirnos de nada.
— Gracias. Te aseguro que hoy se acaba el dolor.
Quiso que le explicase mis palabras pero apenas podía pronunciar ni una más, me despedí de ella después de brindar por Carlie y su nacimiento como hacíamos siempre. Le aseguré que hablaríamos pronto aunque en ese momento estaba pensando en otras cosas.
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Daniel o Peter, tenía que ser uno de los dos él que estaba jugando conmigo, sus actitudes, su forma de hablar, había similitudes pero no sabía quién me confundía más. Debía averiguarlo, no podía quedarme de brazos cruzados mientras mi destino quedaba en manos de un loco. Cuando James me engañó me faltó tiempo para ir a ayudar a mi madre, cuando Victoria regresó no dudé en estar en la Push y ser parte del plan para acabar con ella y ahora, me sentía como una niña indefensa ante un humano que me amenazaba. ¿Dónde quedaba la Isabella en la que me había convertido en los últimos años? Aquella joven que había vivido sola en Chicago sin preocuparse de sí podía o no pasarle algo.
Era como si hubiese sufrido una regresión hacía mi yo pasado, hacía el momento exacto del abandono de Edward, en ese punto podían haber hecho conmigo lo que hubiesen querido siempre que me hubiese quedado en Forks. Pero esto tenía que acabar y me enfrentaría a quien hiciese falta para que terminase de una vez.
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Un ligero golpe en la puerta me sobresaltó, me levanté sorprendida, tanto Jacob como Seth tenían llaves del apartamento así que no podía ser ninguno de los dos. Miré por la mirilla y contuve la respiración con la mano en el picaporte, no sabía si abrir o no pero sí había decidido enfrentarme a lo que pasaba empezaría en ese instante.
Abrí la puerta aunque no del todo y observé a Daniel que tenía un gesto de preocupación en el rostro.
— Pensé que no estabas, iba a marcharme —al mirarme detuvo su explicación.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté en un susurro.
— Estaba preocupado por ti, esta mañana me llevé un susto de muerte, déjame pasar —me pidió apoyando la mano en la puerta y ejerciendo una leve presión—. Tienes mucho que explicarme.
— Daniel, ¿cómo has sabido donde vivo?
— Me lo dijeron en el hospital, fui a verte pero me encontré con que habías pedido el alta —sus ojos grises me escrutaron, no iba a cesar en su empeño por entrar en casa.
— Hablaremos en otro momento, estoy bien.
Se acercó a la puerta, sí él quisiese podría abrirla pero tan sólo la mantuvo abierta.
— Necesito respuestas ahora.
Entonces sentí un pequeño movimiento a mi espalda y por el rabillo del ojo vi a Edward situarse detrás de la puerta con los puños apretados, no pude evitar sentir un ligero estremecimiento ante su presencia.
— ¿Qué pasó está mañana, Daniel? — Me miró un poco extrañado ante mi pregunta
— No había hecho más que pronunciar la palabra Chicago cuando te quedaste parada, no respondías a mis preguntas. Estaba intentando recuperarte cuando apareció ese amigo tuyo y me ordenó que no me acercase a ti. No me pareció forma de tratarme —estaba molesto pero nada de lo que me decía era relevante.
— Gracias por contármelo.
— Bella —me llamó y yo recordaba claramente haberme presentado ante él como Isabella, me sujetó la mano con la que no sostenía la puerta— déjame ayudarte, sé que puedo.
— Es muy tarde Daniel, estoy cansada y confusa —mi negativa pareció enfadarle y sonreí— hablaremos pero no hoy.
La puerta de la casa de al lado se abrió apareciendo Seth en el vano. Pude ver en sus ojos un destello de furia y se acercó a nosotros.
— Daniel ¿verdad? —simplemente asentí mientras estudiaba la reacción de mi visitante.
— Estaba interesándome por ella, nada más —había un desafío en su voz. Seth arrugó la nariz, estaba segura de que había percibido a Edward pero tan sólo hizo un leve gesto de asentimiento dirigido a mí.
— Todos estábamos preocupados, pero las horas no son las mejores y Bella está ocupada —sí hubiese sido Jacob quien hubiese salido la situación hubiese sido sumamente peligrosa pero ahí estaba Seth con sus ideas tan opuestas a las del resto de la manada dándome un empujón hacía los brazos de un vampiro.
— ¿Hablamos mañana? —me preguntó y sentí la tensión de Edward crecer. ¿Acaso tenía celos de nuevo? Pensé mientras recordaba mi propia promesa, acabaría con esto de una vez.
— Es sábado, así que seguramente vaya a la cafetería, ahora necesito descansar.
Me despedí de ellos, Seth me giñó un ojo y por un segundo quise que no se fuera como sí él pudiese mediar en la conversación que tendríamos después de todo esto pero cerré la puerta y me paré, sin girarme hacía Edward. Sí alargaba mi mano podía tocarle pero notaba como el rubor subía por mis mejillas. No sabía que decir.
Si no llega a intervenir Seth no hubiese resistido ni un segundo más aquella conversación. Ese patán tenía demasiado interés en Bella, era posesivo como sí le perteneciese a pesar de las veces que Bella había rechazado sus avances. Pero sabía que mi Bella jamás podría fijarse en alguien como él, le atraía cualquier falda, era inconstante y se cansaba con facilidad pero algo más allá de toda lógica le llevaba una y otra vez hacía Bella.
Sabía que Seth me había percibido, en seguida recibí una clara advertencia de su mente "hazla daño y te aseguro que te mandaré de una patada al infierno", sin embargo, estaba más preocupado por aquel par de buitres que rondaban a Bella que por mí, tenía una visión más transparente, no nos juzgaba por lo que éramos, percibía las diferencias que había entre nuestro modo de vida y el de otros vampiros cosa extraña entre los suyos. Me caía bien.
— Así que fuiste tú el de la ventana —susurró para mi sorpresa, me había quedado mirándola sin saber cómo empezar, el sólo hecho de estar junto a ella era suficiente para llenar mi universo.
— El ambiente estaba demasiado concentrado, no deberías juntarte con esos chuchos —me miró y sonrió, podía perderme en sus ojos durante toda la noche.
— Has tenido suerte de que Jake no haya salido —se apartó de la puerta poniendo distancia entre nosotros.
— No sabía sí tendría el valor de hablarte, pero cuando ese hombre ha llegado no hubiera habido fuerza que me retuviese lejos de ti —se volvió hacía mí mientras aspiraba con fuerza.
— Siento todo lo que te dije, estaba tan herida y no fui capaz de contener mi lengua —cuanto daría por leer su mente, avancé unos pasos hacía ella y sentí su corazón acelerarse.
— No hay nada que perdonar. Sí hubiese sabido todo esto hace unos años te aseguro que no hubiese dejado que siguieras así, pero temía poner tu mundo patas arriba, volver a confundirte.
— Nunca estuve confundida Edward —el dolor se reflejaba en sus pupilas— eras todo para mí, pero yo no era suficiente para ti. Lo entiendo.
Me dio la espalda y tuve que contenerme para no darla la vuelta, había estado tanto tiempo sin verla que ahora me hería no poder hacerlo por su voluntad.
— Aún no comprendes que eres quien me devolvió a la vida, quien consiguió que mi corazón volviese latir. Mírame, por favor —rogué y ella se volvió hacia mí—. Desde ese día no hay nada que tenga sentido porque tú no estás, porque fui el más estúpido ser sobre la tierra y pensé que te protegía. No habrá día que no me arrepienta de lo que hice, de lo que te cause.
Recogí entre mis dedos su primera lágrima y ella volvió a dar un paso hacia atrás.
— Nada es culpa tuya, te esperé un día tras otro pensando que todo había sido una pesadilla, que algo te haría reflexionar. Descubrí que sí me ponía en peligro te escuchaba y cada vez lo hacía con más frecuencia, llevaba al límite mi cuerpo.
— Bella.
— Oía tu voz, soñaba contigo, llenaba mis días con tu recuerdo hasta que mi propia inconsciencia me llevo a la locura, sino llega a ser por Seth quizás jamás habría salido de aquel psiquiátrico. Pero sólo yo tengo la culpa de lo que pasó, no supe enfrentarme a la pérdida —intentó controlar las lágrimas pero fue en vano, su dolor se me clavaba como agujas, había estado tan ciego por mis propias ideas.
Antes de que pudiera alejarse más de mí coloqué mi mano en su mejilla.
— No llores por favor —sí pudiese estaría en el mismo estado que ella, mi alma, sí es que aún me pertenecía, se desagarraba con cada una de sus palabras.
— Es parte de mi castigo, nos aferramos a un amor que no nos correspondía y ahora pagamos las consecuencias —intentó apartarse pero se lo impedí cogiéndola por la cintura y acercándola a mí.
— Nadie puede obligarnos a amar, Bella.
No había palabras para describir la paz que sentía por tenerla tan cerca, por poder ver más allá de todo lo que me había querido mostrar las primeras veces que me nos habíamos visto. No tenía dudas de las mentiras que me había contado y estaba más decidido que nunca a compensarla día tras día por todo lo que le había causado. Nada ni nadie podría apartarme de ella.
— No voy a marcharme, estoy aquí y esta vez es para siempre. Mi eternidad te pertenece, mi ser es tuyo.
Vi sus ojos posarse en mis labios, quizás estaba a punto de rendirse pero un fugaz destello de ira me aseguró que no estaba en lo cierto.
— ¿Por qué ahora sí te quedarías? —Quiso alejarse pero la retuve— no tiene sentido, Edward mi cabeza no anda bien, acaso no oíste lo que dijo Daniel.
— También pude verlo pero eso no cambia nada, entiendo lo que te pasó y comprendo que tiene que ser muy difícil enfrentarse a tantos obstáculos sola pero eso se acabó. Pienso encargarme de todo —afirmé con determinación.
Mi resistencia cayó en picado, tenía tan cerca sus labios y no pude contenerme por más tiempo, la estreché contra mí y busqué su boca. Había anhelado tanto ese momento que mi corazón saltó cuando ella me devolvió el beso. Una y otra vez volví sobre su boca, buscando las respuestas que necesitaba y ahí estaban, ella me correspondía y su pasión empezó a inflarse. Rodeó mi cuello con sus manos y el beso se intensificó, mi monstruo rugió y la sed empezó a ahogarme.
Me aparté poco a poco de ella pero, a pesar de todo, estaba bajo control, el tiempo que habíamos estado separados se había convertido en mi mejor motivo para dominar a la bestia y me sorprendí de mi facilidad para controlarla a pesar del tiempo que llevaba sin poder estar con ella.
Bella me miraba confusa, en sus ojos la pasión y el dolor al rechazo se mezclaban. Pero no era por ella por lo que me había separado y necesitaba que lo entendiera.
— Ha pasado tanto tiempo desde nuestra visita al prado, desde nuestro verano juntos, no había sido tan feliz desde entonces.
Se llevó la mano a los labios, estaba temblando y mi deseo por ella creció. "Llegaría un día en que podría hacerla mía" pensé a pesar de todos mis valores y convicciones.
— Edward —puse uno de mis dedos sobre sus labios, no quería excusas ni motivos para abandonarla, no quería que nada arruinase ese momento.
— Dame otra oportunidad —le pedí con el corazón encogido y temiendo su respuesta.
Como siempre espero que os guste el capítulo, por mi parte tengo los nervios en el estómago, espero haberos trasmitido alguna sensación.
Quiero dedicaros este capítulo a Chiarat, Rosh, Adri, Maleja, Eddie, Mheray, Hildiux, Renesmee y Cerezo. Sólo un apunte para evitar líos no pretendía acabar la historia como si fuera un sueño tan sólo fue una locura transitoria.
Gaby cualquier cosa que quieras preguntar, hazlo y te aseguro que te responderé. Sofylm me alegra verte de nuevo por aquí y tomo muy en cuenta tu recomendación y tus ideas. Dar la bienvenida a Esme y a Yesiita espero vuestras impresiones (y también a ese anónimo, si me das un nombre es más fácil).
Que tengáis un buen comienzo de semana. Besos.
