Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 18. Oportunidad.

Que sencillo era todo desde esa perspectiva, su beso había despertado tantas emociones dormidas, todo mi amor por él seguía intacto y deseaba tanto volver a besarle, alcanzar aquello que una vez perdimos. Podía ver en sus ojos la determinación y la fortaleza de sus palabras pero ¿Por cuánto tiempo sería mío?, ¿Cuánto tardaría en volver a dejarme sola? Acaso el mundo había cambiado en apenas unas semanas, todo era igual que siempre.

Posé mi temblorosa mano allí donde habían estado sus labios, mi propio anhelo era demasiado fuerte para controlarme estando tan cerca de él. "Dame otra oportunidad" había apenas susurrado y mi corazón gritaba un sí enorme pero mi mente era más práctica.

— Edward —empecé a decir pero las palabras se negaban a salir de mi boca.

— Sé que estoy pidiéndote mucho, que no merezco nada pero te aseguro que haré que superes todo lo que has sufrido.

— ¿Durante cuánto tiempo?

Se quedó confundido ante mi pregunta, mi dolor impregnaba cada una de las palabras que salían de mis labios pero no podía controlarlo.

— Por siempre —recorrió el espacio que nos separaba— estaré siempre contigo hasta que

Me volví y él no continuó la frase, ahí estaba la constatación de que nada había cambiado lo suficiente para hacerle entrar en razón, se quedaría conmigo hasta que la Parca me llevase con ella, hasta que diese mi último aliento de vida y yo podía ser egoísta porque intuía que me quedaba poco tiempo de vida pero no le haría pasar por eso. No permitiría que cuando yo me hubiese muerto él se inmolase por nuestro amor, no podía hacerle eso y haciéndome un nudo en el corazón me giré hacía él con las ideas más claras que nunca. Le salvaría de su propia inconsciencia a pesar de mi misma.

— No puedo aceptarte Edward, estoy demasiado confusa, no sé si te amo o sólo me agarró a lo que tuvimos.

— ¿Es tu última palabra? —asentí mientras un pequeño reflejo del dolor que iba a sentir en cuanto él se fuera me oprimía el pecho.

— Algún día lo entenderás, es mejor dejar las cosas de esta manera.

Me miró sopesando mis palabras, se acercó a mí y mi corazón se aceleró contra mi voluntad, empecé a respirar con dificultad y él me dedicó su sonrisa que tanto amaba.

— Mentirosa —susurró mientras cogía entre sus fríos dedos uno de mis mechones de pelo y lo colocaba detrás de mi oreja, tuve que contenerme para no caer en sus brazos—. Te daré tiempo sí lo necesitas pero no podrás mantenerme lejos de ti.

— Se razonable, Edward. Esto no nos va a traer más que problemas, ya no somos los que éramos.

— Y estaré gustoso de enfrentarme a cada uno de ellos. No hay nada que puedas decir, nada que me haga desistir de mi propósito. Fallé una vez y sufrimos los dos, ya hemos llorado bastante.

Sus palabras eran tan reveladoras, él también me había pensado, estaba herido pero ¿cómo le podía poner en la situación que teníamos enfrente?, no quería que él fuese otro Romeo ni que tomase decisiones que le impidieran seguir viviendo.

— Y si no vale de nada tanto esfuerzo, tiene que haber tantas mujeres que te podrían dar más de lo que yo te ofrezco. Estoy hecha pedazos y no hay manera de reconstruirlos. Inténtalo al menos, conoce a otras, no me interpondré.

— Lucharé cada día por cambiar lo que estás pensando —señaló confuso con mi rechazo, volvió a mirar mis labios y negué con la cabeza para que esa idea se marchase de la suya.

— Tengo que descansar.

Me dio un ligero beso en los labios y tras despedirse se dirigió a paso ralentizado hacía la ventana como buscando las palabras necesarias para quedarse. Quería cerrar los ojos para no ver como se alejaba de mí pero no podía dejar de mirarle, quería tener el valor de pedirle que se quedase esa noche conmigo pero no podía. Paso tras paso mi corazón se partía en pedazos cada vez más pequeños.

No pude resistirlo por más tiempo, cerré mis ojos mientras silenciosas lágrimas recorrían mis mejillas, sabía que no era una despedida pero no podía controlar más mis emociones, le necesitaba tanto junto a mí pero debía dejarle partir. Mi mente gritó un silencioso no mientras escuchaba la ventana abrirse y el frío me envolvía.

Estaba a un paso de derrumbarme en el suelo, era la decisión que mi corazón no entendía, que mi alma rechazaba pero mi cabeza me decía que era lo más justo para él. No oí cuando la ventana se cerró pero no pude aguantar más la angustia y sollocé contra todo lo que había pasado, ya no estaba, al menos no esa noche y sí jugaba bien mis cartas podría liberarle de mi. Segundos después Edward estaba a mi lado, abrí los ojos sorprendida y él simplemente me estrechó entre sus brazos, el porqué se había quedado era una incógnita pero me sujetó como sí no pensase abandonarme nunca más.

— Estoy aquí —que simples palabras y que reveladoras, cada segundo que pasaba junto a él mi herida se curaba un poco más.

Me aparté de él cuando mis lágrimas dejaron de atormentarme, no podía mirarle a la cara, estaba tan avergonzada por dejarme llevar por mis emociones de una manera como esa. Me acercó un pañuelo sin pronunciar una sola palabra más.

— Perdóname, pensé que ya te habías ido —murmuré mientras me secaba las mejillas.

— Aún no lo entiendes —le miré y me perdí en sus dorados ojos— puedes hacer lo que quieras pero siempre voy a estar en tu vida, así que sólo acéptalo y déjame demostrarte la verdad de mis sentimientos. Pienso conquistarte Bella y no puedes impedírmelo.

— Sabes que me persiguen ¿verdad?

— Eres un imán para el peligro —esta vez fui yo la que recorrí el espacio que nos separaba— sólo tienes que ver con quien te relacionas, vampiros, hombres lobo no hay ningún otro ser más con quién te juntes o sí.

— Había pensado buscar alguna bruja o algo así, pero no he tenido suerte aún —afirmé bromeando pero él se puso serio.

— No me gusta que te relaciones con ese par, Jacob es demasiado inestable, impulsivo…

— Nunca han perdido el control ninguno de los dos.

El reloj de la cocina dio la una de la mañana y Edward dirigió su mirada hacía mi rostro, sabía que se estaba fijando en mis ojeras, hizo un gesto negativo con la cabeza y me alzó en brazos. Estaba sorprendida, recorrió el pasillo hacia mi habitación y me depositó sobre la cama.

— Hora de dormir.

— No tengo sueño —en realidad tenía miedo de dormir y que todo hubiese sido uno de mis juegos mentales pero él se sentó al otro lado de la cama y me instó a echarme.

— Sólo cierra los ojos.

— Edward, mañana Jacob y Seth vendrán a desayunar y…

— Y yo no estaré, me iré antes de que vengan —asentí y me recosté sobre la almohada mientras él entonaba mi canción. Era raro oírla con tal claridad pero estaba ahí como él, mi propio cansancio me venció al fin y mis pesadillas quedaron eclipsadas por la presencia de Edward.


— Te extrañé anoche, creo que íbamos a salir a cazar.

Me volví hacía Tanya, estaba intentando llenar mi tiempo lejos de Bella pero sólo conseguía volver a revivir la noche que había pasado a su lado, me había nombrado en sueños inflando mi ego, reforzando mis intenciones, sí tenía alguna duda el estar presente en sus noches era suficiente para despejarlas.

— Estuve con Bella.

— Al fin —dijo sin entusiasmo— mi trabajo aquí parece que ha terminado.

— Tanya, sabes que te quiero, eres como mi hermana pero creo que nunca te engañé y sí hice algo que pudiera haberte inducido a pensar que

— No lo digas —me pidió interrumpiéndome, me conocía bien y sabía que no podía ser duro con ella— siempre he tenido en cuenta que no me pertenecías, Rose y yo pensamos que te vendría bien distraerte, tenerme cerca, algo que te hiciese no dar tantas vueltas sobre lo mismo pero siempre he sabido la verdad.

— Agradezco tu ayuda.

— Pero ya no la necesitas, aunque me gustaría quedarme por aquí sí te parece.

— No hay problema.

La vi marcharse de mi habitación con la cabeza echa un lío, se sentía atraída por mí pero siempre había evitado alentar cualquier sentimiento que ella pudiese tener.


Jacob arrugó la nariz en cuanto entró por la mañana a casa, Seth traía una sonrisa en el rostro y mientras ponía sobre la mesa de la cocina el copioso desayuno no pude evitar sonrojarme ante sus miradas.

— No puedo entenderlo —afirmó Jacob con rabia— ¿cómo puedes volver a enredarte con ese?

— No me he enredado con nadie, Jake. Estuvimos hablando simplemente y te pido que lo respetes.

— Porque no te pongo un lacito y te entrego en sus manos con un cártel que ponga muerde aquí apuntando a tu yugular —entendía a Jacob pero necesitaba que fuese más comprensivo.

— Eso no va a pasar, Jake sabes lo que son y…

— Sí, unos chupasangres, ya basta Bella. Pienso llamar a Charlie para que te obligue a marcharte de aquí.

Me levanté airada por su reacción, no dejaría que me manipulase ni pusiese a mi padre de escudo para conseguir lo que él quería.

— ¡No lo harás!, no volverás a fallarme Jacob o no podré perdonarte. Sí no confías en él, perfecto, lo entiendo pero al menos fíate de mí. Llevo años luchando y no pararé de hacerlo y sí te preocupa que pueda convertirme te aseguro que no va a pasar. Edward no lo hará nunca, anoche me quedó claro.

— Entonces ¿qué sentido tiene todo esto? —preguntó enfrentándose a mí.

Me quedé sin palabras, sin saber cuáles eran mis verdaderas intenciones, estaba tan atada a mis emociones.

— He intentado que se aleje pero se niega y lo poco que me queda aquí aceptaré que este cerca.

— ¿Qué quieres decir con eso? —Seth llevaba tiempo sospechando que le ocultaba algo pero no podía desvelar la verdad de todo lo que pasaba.

— Me refiero a nuestro tiempo en Alaska, así que por favor compréndeme Jake. Sólo esta vez.

Mi amigo recogió la chaqueta y me miró con rabia contenida, sólo asintió y salió de casa.

— Ve con él —le pedí a Seth aunque este se resistía a apartarse de mí —te necesita más que yo.

Me dio un beso en la mejilla y salió del apartamento siguiendo a Jacob, nunca había pensado que sería tan difícil moverme entre esos dos mundos, el odio que se tenían era demasiado grande pero yo no podía apartar de mi vida a ninguno de los dos, les necesitaba. Estaba en medio de un conflicto irreconciliable.

.

La mañana pasó lenta y la tarde tenía el mismo camino, no me sentía segura de volver a la cafetería pero debía descubrir la verdad de una vez por todas, había demasiadas incógnitas a mi alrededor. Me puse un vaquero negro y un jersey de cuello alto, mientras cogía mi abrigo llamaron a la puerta.

Alice se lanzó a abrazarme en cuanto abrí la puerta y no pude menos que corresponderla. La había añorado tanto y había sido tan dura con ella, llevaba días pensando como volver a acercarme a mi amiga pero me faltaba el valor para hacerlo.

— Creo que me debes una tarde para mí —mis ojos se inundaron de lágrimas pero logré contenerlas, entró en casa con su habitual vitalidad y su suave andar de bailarina y arrugó la nariz— ¿cómo puedes soportar este olor?

— Parece que no lo noto tanto como vosotros —sentía los remordimientos aferrados a mi pecho pero su sonrisa los desató—. No te esperaba, ni siquiera pensé que volverías a mirarme a los ojos.

— Piensas que dos palabras pueden alejarme de ti, no caeré en el mismo error —sonrió pero me miró con gesto de "no vas a salir así vestida de casa"—. Dame un segundo.

Mi amiga desapareció hacia mi cuarto, sabía lo que iba a encontrar en mi armario, era mucho peor que el que tenía en Forks pero cuando salió de allí no hizo ningún comentario sobre mi ropa.

— ¿Estás bien? —le pregunté al ver la preocupación en su rostro pero ella sonrió eliminando el gesto.

— Sí, ¿nos vamos? —me puse el abrigo en respuesta a su entusiasmo.

Por primera vez observé el centro comercial que tantas veces había pisado para ir al supermercado, era un edificio enorme de al menos cuatro plantas, tenía múltiples cristaleras y el techo era una gran bóveda con pequeñas lunas de colores.

Le había relatado mi estancia en Chicago aunque había poco que contar, me había disculpado con ella una y otra vez pero, al final, me amenazó con comprarme un vestuario nuevo sí seguía haciéndolo así me callé mientras un agradable silencio se instalaba entre nosotras. Parecía como si el tiempo nunca nos hubiese separado.

— ¿Cómo lo llevaste cuando nos marchamos? —me preguntó sorprendiéndome, Jacob ya les había contado todo pero Alice necesitaba saber más.

— Es complicado de explicar —por extraño que pudiera parecer, Alice aquella tarde no había comprado ni unos zapatos, ni siquiera había mirado los escaparates de las casí ciento veinte tiendas que allí había.

Me paré frente a una de las cafeterías le pedí que nos sentásemos en la terraza, eran ya las ocho de la tarde y el camarero nos ofreció la tarta especial pero la rechacé. Alice observó cada uno de mis movimientos y cuando el camarero se marchó me miró con gesto serio.

— Bella, dime la verdad, he visto tu armario y

— Y es nefasto, lo sé, pero no necesito más que unos cuantos trajes y unos vaqueros —temía que empezase la fiesta sí no me justificaba.

— No hablo de eso, ni del negro que predomina entre tu ropa, me refiero a la talla.

Suspiré, había esperado no tener que enfrentarme a eso y cuando Edward lo había pasado por alto no había podido evitar sentirme aliviada pero Alice había mirado más allá, como siempre y tampoco debía seguir avergonzándome sobre lo que había pasado.

— Es muy largo de contar.

— Tenemos todo el tiempo del mundo —señaló más obstinada que nunca.

— Estoy bien, durante el tiempo que tuve anorexia me acostumbré a comer poco y después me ha sido difícil engordar o al menos coger más peso, pero te aseguró que ya no he vuelto a cometer más locuras sobre mi cuerpo.

El teléfono de Alice empezó a sonar, mi amiga lo cogió tras disculparse, no pude entender ni una palabra de la conversación pero sí vi el gesto de preocupación que se formó en su rostro.

— Debo volver a casa, tenemos visita y Carlisle nos quiere a todos allí.

Algo estaba ocultándome como siempre, ¿quién les visitaba?, sabía que no me respondería así que no intenté preguntar nada.

— Vamos, te llevaré a casa y…

— No hace falta, iré caminando.

Se despidió insegura de dejarme allí pero no quería que se retrasase, algo grave estaba acechando en el horizonte y no podía interponerme ya que no les serviría de ayuda. Salí del centro comercial dispuesta a llegar pronto a casa, la inseguridad apareció de nuevo ante mí pero no podía seguir siendo esclava de ella.

.

La noche estaba cerrada y la sensación de que me seguían se hacía cada vez más intensa, estaba segura de que no era fruto de mi imaginación, "otra vez no" repetía mi cabeza pero nada podía hacer acallar el ruido de pasos que cada vez se acercaban más, giré la esquina y me paré, pensaba enfrentarme a quien fuera, estaba harta de huir, busqué en el suelo algo con lo que golpearlo pero no había nada a mi alcance y antes de que pudiera volver a ponerme en movimiento se situó frente a mí, casi podía intuir su gesto de satisfacción. A pesar de todo no estaba preparada para el primer golpe que recibí. Me dio una bofetada pero conseguí mantenerme en pie, le miré desafiante enfrentando a mi destino.

No murmuré ni grité mientras aquel hombre sin rostro me agarraba por el cuello y me golpeaba contra la pared, no podía ver su cara porque la tenía tapada por completo, me estremecí ante su fría mirada, esos ojos me recordaban algo pero no sabía qué o quién se escondía detrás de aquella máscara.

—Has jugado conmigo y has perdido.

Empezó a buscar algo en el bolsillo mientras me debatía por soltar su agarre pero cada movimiento que yo hacía él lo acompañaba con un nuevo golpe de mi espalda contra la pared.

— Pronto estaremos lejos de aquí, y tenerte va a ser mi mayor logro.

Sacó un pañuelo de tela que despedía un olor penetrante, iba a drogarme, estaba segura, empecé a moverme con más fuerza, su agarré me impedía coger el aíre suficiente para gritar, mi valentía sólo era su triunfo.


Deciros que mañana no habrá actualización porque esta semana, mi jueves complicado se convierte en miércoles. En respuesta a Chiarat decirte que esta historia (la trama) tan sólo está en mi loca cabeza y en cuatro papeles que escribí antes de atreverme a publicar.

Gracias a Maleja, Chiarat, Rosh, Adri, Hildiux, Mheray, Soflym, Dark, Chivis, Cerezo, Soledad, Renesmee y Nathalia, siempre estáis para levantar mi ánimo y espero vuestras impresiones con muchas ganas.

Gracias a todos los que seguís la historia, espero que siga despertando emociones que es lo mejor que puede pasar cuando lees algo. Besos.