Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Ha habido una canción muy inspiradora en algunos fragmentos de este capítulo Si tu no estás aquí de Rosana.
Capítulo 19. En tus garras.
Era tarde y Bella aún no regresaba, Seth me observaba pasearme de un extremo al otro del salón mientras mi nerviosismo crecía por momentos, sí algo la estaba pasando nada podría impedir que atacase a los Cullen, otra vez en peligro por su culpa como sí no hubiese sufrido demasiado hasta el momento. Parecían disfrutar haciéndola sufrir, pero sobre todo tenía rabia de Edward, le había sido tan fácil volver a situarse donde antes había estado, dos palabras amables, un par de te quiero y ya está.
— Jake, está bien, ya leíste la nota que nos dejó, salió con Alice —le miré con furia.
— Te desconozco Seth, tú has vivido como yo todo lo que ha pasado y ahora pareces ansioso porque vuelva a suceder —mi amigo se levantó situándose frente a mí.
— No puedo soportar verla infeliz y lo ha sido durante todo este tiempo. Te entiendo pero no creo que Edward sea malo para ella, en realidad ninguno de su familia y deberíamos empezar a verlos como aliados para descubrir al loco que persigue a Bella más que como enemigos.
— No quiero nada de ellos o que les involucre, me voy a buscarla, tú sabrás sí quieres o no venir —Seth tan sólo asintió y nos apresuramos a salir de casa.
Quería verla, pasarme tantas horas lejos de ella ahora que podía estar a su lado era aún más doloroso que antes si era posible, una nueva melodía había empezado a formarse en mi cabeza pero no tenía ganas de tocar el piano, tan sólo deseaba estar junto a ella. Había tantas cosas que podríamos volver a hacer, tantas palabras por decir pero sabía que mi labor iba a ser complicada, tenía que volver a hacer que confiase en mí, demostrarla que no volvería a fallarle.
Carlisle había recibido la visita de un antiguo amigo, un nómada que parecía preocupado por nosotros y nos había pedido que estuviésemos todos en la sala, así que mientras esperábamos a Emmett y Rosalie que volvían de cazar, me introduje en los pensamientos de Alice para ver cómo lo habían pasado aquella tarde. Bella volvía a ser la joven de la que me enamoré, había perdido cierta timidez pero aún se sonrojaba, y estaba seguro de que en cuanto pasase una larga velada con nosotros Emmett no dudaría en demostrármelo.
Todos la habían extrañado a su manera y ahora entendía lo egoísta que había sido al obligarles a vivir aquello, el fin no justificaba los medios, tenía que haber otra manera de mantenerla a salvo. Alice hacía tiempo que había perdido parte de su entusiasmo, Emmett y sus bromas cada vez más escasas, Esme buscando mil y una tareas para no pensar en su hija perdida, todos habían sufrido como sí Bella hubiese muerto y ahora sería difícil encajar de nuevo las piezas pero estaba dispuesto a compensarles a cada uno de ellos.
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— No es cierto —murmuré y Alice se volvió hacía mí un poco avergonzada. No podía ser verdad lo que su mente me había mostrado.
— Mientras venía hacía acá rastreé el camino a su casa y no había nada peligroso —se excusó aunque no había mucha convicción en sus palabras.
No pude seguir hablando, mi hermana se quedó en silencio, con la mirada perdida en algún punto de la sala mientras tenía la más aterradora de las visiones, las escenas se sucedían una tras otra, Bella agarrada por el cuello y golpeada contra la pared, drogada y llevada a un edificio en ruinas y después la nada. La oscuridad más absoluta envolviéndola.
No hubo ni un segundo para explicaciones, tan sólo un breve murmullo con lo que había pasado entre Alice y Jasper bastó para que toda la familia se pusiese rápidamente en movimiento, en ese preciso instante Emmett y Rose llegaron. Corrí a más velocidad de lo que habitualmente lo hacía buscando su rastro, la zona donde ella estaba, tenía que llegar a tiempo, debía encontrarla y mataría a ese canalla por haberla tocado, por haberse acercado a ella.
La angustia se adueñó de mí mientras recorría el espacio que nos separaba, no podía dejar de repetirme que iba a estar bien, tenía que estarlo. Jasper me seguía de cerca mientras la distancia parecía insalvable, mi universo se estaba desvaneciendo por momentos, la encontraría pensaba pero mi mente no quería creerlo. Llegamos allí donde su olor era más predominante pero no estaba y mi ansiedad creció hasta cimas insospechadas.
A pesar de que su rastro estaba ahí no conseguía encontrarla, recorríamos las calles, nos dividimos buscándola, llamándola pero no estaba. El dolor me agarrotaba los músculos, mi herida hubiese sangrado si pudiera, necesitaba verla pero no podía hallarla, entonces aquel par de chuchos apareció frente a nosotros, su rabia era inmensa. ¿Qué le has hecho? Pensó Jacob mientras arremetía contra mí pero Emmett se apresuró a sujetarle.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Seth, su mente era igual de caótica que la de Jacob, pero acaso yo no estaba en la misma situación, no podía articular palabra.
— Alice tuvo una visión pero no encontramos a Bella —explicó Carlisle con preocupación en sus palabras.
— ¡Así es como pensabas cuidarla!, maldito… —se revolvió contra Emmett, estaba totalmente fuera de control y podría entrar en fase en cualquier momento.
— Lo primero es encontrarla y espero que nos ayudéis —afirmé haciendo un gran esfuerzo por no enfrentarme allí mismo con él, pero eso no solucionaría las cosas.
"Juro que te mataré en cuanto la encontremos, no podrás esconderte de mí sanguijuela" la mente de Jacob no paraba de insultarme pero no era nada comparado con mis propios fantasmas, era mi Bella la que no estaba, a la que había perdido de nuevo y nada que pudiese decirme podría afectarme más que eso.
Me perdí en mi incertidumbre, en mi lástima, ¿qué voy a hacer sin ti?, Bella pensaba mientras esas lágrimas que no podía derramar se agarraban en mi garganta, eres mi todo, ¿Dónde estás? Me preguntaba como sí el sólo hecho de pensarla me la pudiese devolver pero no podía soportar la idea de que ella ya no existiese, de que la hubiese perdido. Me ahogaba en mi mismo, pero no seguiría viviendo si ella había desaparecido, acabaría con mi existencia porque nada me retendría en este mundo cruel.
Jasper nos llamó desde la otra calle y nos apresuramos a ir hacía allí, estaba agachado cerca de la acera, se volvió hacía mí, no sabía cómo decirme lo que había descubierto, sentía el olor de Bella más concentrado en aquel punto, me acerqué a mi hermano y le aparté a un lado, miré hacia abajo y el estómago se me contrajo, mi monstruo gruñó mientras contemplaba la evidencia.
Me negaba a creerlo pero no había justificación posible, había un pequeño vestigio de su sangre. Bella estaba herida, caí de rodillas sin poder escapar de mi estupor y de la certeza de mi desesperante situación.
Estaba a su merced, completamente perdida sin saber si alguno de mis amigos podría llegar a encontrarme, había jugado mal mis cartas y esa era la prueba. Me golpeó de nuevo contra la pared de ladrillo y no pude evitar cerrar los ojos, el dolor era insoportable. La cabeza me retumbaba. Pude ver en mi mente la noche en que James me atrapó, las sensaciones eran parecidas pero ahora ya no estaba tan asustada sino decidida a salir de aquello de una vez por todas, no sabía cómo hacerlo pero lo haría.
Llamé a Edward en mi mente como sí con ese simple hecho el pudiese aparecerse frente a mí, había tanto por pensar aún sobre nuestra relación pero ya no podría ser. Me encontrarían días más tarde en alguna cuneta, todo tenía un final y el mío estaba próximo pero, aunque pudiese hablar, no le daría la satisfacción de gritar o rogar que no me hiciese daño. Le miré desafiante buscando un instante de arrepentimiento, algo que utilizar en su contra, me negaba a ser una vez más la frágil Bella Swan, pelearía por mi vida hasta las últimas consecuencias.
— He intentado hacer esto por las buenas —no distinguía el color de sus ojos pero pude atisbar un segundo de duda en él, relajó su agarre, me acarició la mejilla — ¿tan perturbadora te resultaba mi presencia? Y yo deseando la tuya.
Me había soltado el cuello pero mantenía su mano cerca por sí gritaba o hacía algo que él no esperase. Estaba arrinconada pero conseguiría mi objetivo.
— Ahora nos marcharemos de aquí y espero tu completa colaboración —me susurró al oído haciendo que un escalofrío recorriese mi espalda, tan sólo asentí y el pareció complacido. Me dio un repugnante beso en la mejilla deleitándose al hacerlo.
Una idea fugaz apareció en mi cabeza, estaba cerca de mí pero apenas me sujetaba, podría hacerlo, estaba segura. Guardó el pañuelo, había logrado engañarle, necesitaba reunir toda mi fuerza y cuando se disponía a sujetarme por el brazo confiado de mi actitud puse en marcha mi apresurado plan sin saber si funcionaría.
Me zafé de un tirón de su agarre y le propiné una fuerte patada en la entrepierna, no me paré a pensar o mirar y salí corriendo buscando la calle principal sin darme cuenta que me estaba internando más en la zona menos transitada pero debía aprovechar su dolor para escapar de él.
Corrí sin rumbo fijo y a toda velocidad, el aire frió me quemaba los pulmones, no escuchaba sus pasos detrás de mí, quizás había sido contundente en mi golpe y aún se retorcía de dolor pero no podía confiarme así que seguí avanzando todo lo deprisa que podía mientras intentaba buscar un lugar donde refugiarme para poder coger mi móvil pero las viejos apartamentos no tenían ni siquiera una pequeño cobijo que ofrecerme.
Lo sentí a mi espalda, me seguía, se aproximaba con rapidez, el ruido que hacía retumbaba en el silencio de la noche, empecé a hiperventilar sacando fuerzas de flaqueza e intentando sin éxito avanzar más rápido pero me era imposible, estaba exhausta y de nuevo a su merced. No podía avanzar más, me ahogaba y un dolor lacerante se instaló en mi costado.
Sólo unos segundos bastaron para que él me alcanzase, me agarró por el abrigo y me tiró contra la pared, me clavé unos de los ladrillos que sobresalían en el hombro, no podía respirar bien, apreté los puños y le miré desafiante.
— Pequeña estúpida, nadie ha escapado nunca de mí —así que no era su primera víctima pero no se lo pondría fácil.
— Entonces hazlo ya, acaba conmigo —susurré sorprendiéndole.
— Reservo para ti todos los placeres posibles, es tan sencillo Isabella como que desde que te conozco te clavaste en mi mente, no hay otra que pueda satisfacerme y tú lo harás por mucho tiempo —estaba a sólo un paso de mí.
— Al menos merezco saber quién eres —volví a decir sin darle la satisfacción de chillar o rogar por mí, se acercó y me sujetó por el cuello.
— Todo a su debido tiempo, debías haberlo averiguado pero eres tan ingenua.
Odiaba su contacto y no podía reconocer su voz, intentaba concentrarme, buscar algo que me recordase a algún conocido pero me era imposible, lo escuchaba distorsionado por la máscara, quería alargar mi mano para quitársela y saber quién era. Pero su siguiente movimiento me detuvo.
Metió su mano en el bolsillo y sacó un enorme cuchillo de él, me lo colocó sobre la garganta sin contemplaciones, sentí la fría punta sobre mi piel, una ligera presión y lo tendría clavado en mi cuello. Fue suficiente para mantenerme quieta.
— Vas a ser buena —no parecía sofocado por la carrera—, estamos lejos del coche por tu insensatez, así que colaborarás y yo seré considerado contigo.
— ¿Y si no lo hago? —estaba enfureciéndose con mi actitud pero no podía comportarme de otra manera, estaba cansada de ser la que siempre ha de ser rescatada, con la que todos juegan y a la que manipulan.
— No te mataré —se acercó a mí amenazadoramente— aún. Pero hay muchos métodos de tortura que no sé sí serán de tu agrado, de ti depende, para mí son igual de satisfactorios.
El miedo se reflejó en mi mirada e intuí una sonrisa perversa bajo su máscara, había conseguido mi atención y mi desesperación, ahora estaba realmente bajo su control, ninguna loca idea podría apartarle de mí. La ansiedad que sentía me recorría el cuerpo, quién hubiese pensado que acabaría en manos de un loco como aquel. Ojalá Edward me hubiese convertido pensé pero nada podía cambiar el hecho de que era una simple humana expuesta a cualquier peligro de mi mundo.
— Te aseguró que te gustará —me susurró con deleite, era un psicópata y no había nadie para salvarme en ese momento.
Cerré los ojos para que su imagen no siguiese perturbándome pero él recorría mi cuerpo con sus asquerosas manos, recordándome que estaba allí, una ligera lágrima corrió por mis mejillas. No sabes cuánto te amo Edward le hablé en mi mente pensando que quizás a él pudiesen llegarle mis palabras, nunca dejé de hacerlo en todo este tiempo y pase lo que pase seguiré presente en ti, aunque me haya ido, siempre sentirás mi presencia porque mi alma te pertenece y nada puede cambiar eso. Sé feliz por los dos, permítete amar a otra y velaré por ti hasta que tu tiempo acabe o durante toda la eternidad. Tan sólo recuerda que te amo con todo mi ser, que eres mi mundo.
— ¡No! —chillé cuando su mano se aferró a mi pecho devolviéndome a la realidad.
— ¡Estate quieta! —ordenó pero yo no dejaba de debatirme contra él.
— ¡Suelte a la chica! —él se apartó de mí mirando al muchacho que le había interrumpido, no tendría más de dieciocho años y a pesar de que su ropa podía generar cierto rechazo no había dudado en proporcionarme una vía de escape.
Pude ver en los ojos de mi acosador la ira por la interrupción, se apresuró a sacar el cuchillo de nuevo y avanzó hacía el joven que nos miraba sin entender la escena. No podía permitir que le hiciese daño.
— Eres un estúpido.
Avanzaba hacia él, pero el chico se mantuvo allí parado.
— ¿Por qué no se marcha? —preguntó cómo sí le importase bien poco la amenaza que pendía sobre él.
— Poco importa una vida como la tuya —señaló con desprecio, la certeza de que le haría daño cada vez era más abrumadora. ¿Qué podía hacer? Pensé mientras veía su incesante avance.
— Demasiado arrogante —dijo el joven con una ligera sonrisa irónica.
Sin pensarlo dos veces y antes de que pudiera alcanzarle, corrí hacía él y le empujé, mi golpe hizo que soltará el cuchillo que sujetaba y se volvió hacía mí totalmente descontrolado. Su rabia me paralizó por completo. Levantó la mano y antes de que pudiera separarme me golpeó con fuerza la mejilla, haciendo que me tambalease y cayese sobre el bordillo. El dolor de la herida que acababa de hacerme era insoportable y la noche me atrajo a una oscuridad infinita.
Capítulo intenso, al menos para mí, como siempre espero vuestras impresiones, opiniones, críticas... y sobre todo saber sí estaréis por este lugar en estas vacaciones o dejamos aparcada en doble fila la historia, vosotras tenéis la última palabra, yo por mi parte, tiempo tengo.
Gracias a Rosh, Chiarat, Cerezo, Maleja, Eddie, Soledad, Mheray, Adri, Hildiux, Yesiita, Bea y anónimo, valoro y leo con sumo cuidado e interés vuestras observaciones, espero que este capítulo también las merezca. Gracias a todos los que leéis la historia y la seguís con ganas, es lo mejor que me puede pasar.
Espero con ansiedad desmedida vuestras impresiones, pasarlo bien estos días. Besos.
